¡Wow, les gusto!, jaja en mi vida pensé que esta idea iba a ser… Bien, basta de justificaciones, me encanta que les encante jaja. Ahora bien, en mi profile iré subiendo imágenes de cosas que me imagino de los capítulos, ya pueden ver a los mellizos Lorcan y Grace, son adorables XD. Jaja. A lo igual que una foto de la librería donde trabaja Bells y el departamento de las chicas.
Por otro lado mil gracias por los reviews, los contestaré al pie de la página. Mientras les recuerdo que: NINGUN PERSONAJE DE TWILIGHT ME PERTENECE, TODOS SON PROPIEDAD DE STEPHENIE MEYER, ALFAGUARA JUVENIL Y SUMMINT ENTRETAINMENT. LA HISTORIA A LA QUE SON SOMETIDOS, EN CAMBIO, ES TOTALMENTE DE ESTA MENTE LOCA.
Luces… Cámara… ¡Acción!
Disfruten…
Martes de Cuentos.
Me dirigí a la pizzería en la que había quedado con las chicas para comer, pues estaba cerca de los trabajos de las tres. El restaurante La Bella Italia quedaba a pocas calles de la librería, por lo que me fui caminando a pie. Cual sería mi suerte que justo en ese momento se lanzó a llover como si fuera un diluvio. Hoy si que no era mi día, sobre todo porque lo más extraño me pasaba a mí, sólo ahora faltaba que un vampiro me atacara… ¡Qué ironía!
Al llegar al lugar, que por cierto estaba lleno de gente, la señorita de la entrada me dirigió una mirada de reproche al verme toda mojada, y es que parecía que me hubiera metido bajo la ducha y con todo y ropa, a pesar de haber llevado paraguas, el agua me había empapado toda.
-¿Tiene reservación?- me preguntó.
-Esto… si no me equivoco es a nombre de Alice Brandon sino Angela Webber- le respondí.
La chica revisó en la lista que tenía enfrente.
-Si, Brandon… mesa para tres- me miró- sígame por favor- me indicó el camino entre las mesas, me sentí observada mientras caminaba torpemente a la mesa de mis amigas.
Seguramente me observaban por toda el agua que escurría, estaba hecha una sopa humana.
-¡Hey Bells!- me saludaron las dos a coro.
-En seguida le traemos el menú- dijo la mujer, yo asentí mientras tomaba asiento.
-¡Qué día!- suspiré- estoy agotada y eso que a penas es la mitad- tomé un pancito de la canasta que había en el centro de la mesa y lo partí llevándome un trozo a la boca, estaba hambrienta.
-Un pajarito me contó que te ofrecieron un nuevo trabajo…- cantó Angy.
-Le dijiste- acusé a Alice que me sacó la lengua como una niña chiquita.
-Y, dejen de pelear como si tuveran cuatro años- rió Angela- ¿vas a contarnos?- me preguntó.
-¿Qué quieren saber? Todo lo que pasó se lo conté a la enana aquí presente- señalé a Alice que tenía una sonrisa de oreja a oreja.
-¿El padre es soltero?- rodé los ojos, la misma pregunta me había hecho Alice.
-No lo sé, sólo sé que los niños me dijeron que no tenían mamá y que me querían a mí de niñera, casi le arman un berrinche al padre en medio de la tienda.
-Pero consiguieron que te preguntara- rió Alice- no los conozco pero ya me cayeron bien, si aceptas, cosa que estoy segura que harás, me los debes de presentar.
-Seguro, para que seas la mala influencia de los pobres, no gracias. Además no creo que vaya a aceptar estoy a gusto trabajando en Barnes & Noble…
-Pero Bells, a ti siempre te gustaron los niños, además te serviría para practicar para cuando seas Profesora de Literatura, claro si eso es lo que quieres, a menos de que tengas pensado pasar el resto de tu vida en la librería- Angela me miró seria, sabía que mis amigas querían lo mejor para mí.
-No lo sé, es que… fue todo tan repentino, me tomó por sorpresa, los niños son encantadores…
-Y el padre un Adonis- me cortó Alice, sentí mis mejillas arder mientras mis amigas se rieron- En serio Bells, tenías que haberte escuchado cuando me lo dijiste, corrección gritaste en el oído.
-¿Lo grite?- ¡Oh, no! Mis amigas rieron.
-No te preocupes, yo me hubiera puesto peor- me aseguró Angela.
-Buenos días, mi nombre es María y seré su camarera el día de hoy- nos dijo una muchacha morena de pelo negro sedoso, y una sonrisa que dejaba al descubierto unos hermosos dientes blancos.
-Tres cocas- pidió Alice- yo quiero spaghetti a la boloñesa.
-Yo voy a pedir canelones en salsa blanca- dijo Angy.
-Y yo quiero ravioles de verdura en salsa roja- pedí.
La camarera se alejó con pasó bailarín en dirección a las cocinas.
-Tienes que aceptar- dijo Alice- algo me dice que este trabajo te traerá cosas buenas- añadió.
-¿Otra vez con tus predicciones?- le pregunté divertida, mi amiga era conocida por sus "visiones" del futuro, aunque muchas veces acertaba. Pero para mí el futuro nunca estaba grabado en piedra, así que no le creía del todo.
-No, esta vez es algo seguro, se te nota en la cara…- rió ella.
-Muy graciosa.
-¿Cómo dijiste que se llamaba?- preguntó Angela.
-Mmm… déjame ver- saqué el papelito con el número- Edward Cullen.
-¡Oh, Dios mío!- exclamaron a coro las dos, haciendo que todos los presentes se voltearan a vernos, sentía mis mejillas arder de la vergüenza.
-¿Qué tiene?- pregunté sin entender.
-¿No sabes quién es E…?
-Baja la voz- susurré- nos están escuchando- señalé a la pareja de mujeres que nos veían entretenidas.
-Lo siento- se disculpó Alice- ¿no sabes quién es Edward Cullen?- me preguntó ofendida, como si estuviera cometiendo un grave delito.
-Lo siento, pero no- respondí.
-Es el médico cirujano más importante de la ciudad, es una eminencia y lo mejor de todo- Angy me miró pícara- es el soltero más cotizado.
-Tienes que aceptar- me dijo Alice seria- tienes que decirle que sí, porque si no Bells te doy una tunda de la que te vas acordar hasta el día que estés en la tumba.
-Le dije que lo iba a pensar, además el hombre parecía tan incómodo como yo ante la propuesta de ese par de angelitos, que a estas alturas se me hacen como dos tiernos diablitos con cara de angelitos, nunca pensé que pudiera encontrar a alguien que te hiciera competencia- Alice me miró confusa- en cuanto a poder manipulear a la gente a su antojo- añadí.
-¿Qué yo qué?- Alice estaba a punto de decirme unas cuantas cosas nada agradables para el oído humano cuando llegó la comida, salvándome de una rabieta de la duendecillo.
La comida transcurrió tranquila sin mención alguna de nuevo sobre el Dr. Cullen o sus terribles y adorables hijitos. Pero sabía que el tema se volvería a tocar, tarde o temprano volvería a salir a la luz y ahora sí no iba a haber quién me salvara.
-Mañana es martes- me miró Alice al terminarse su segundo helado de fresa.
-¿Qué tiene?- pregunté dejando a un lado mi flan.
-Es martes de cuentos- me respondió la chica rodando sus ojos- en serio Bells ¿dónde tienes la cabeza?
-Creo saber por donde- rió Angela, Alice y ella se lanzaron miradas cómplices.
-Qué graciosas- les dije- se me había olvidado, es que estoy muerta…
-Si, bueno ¿sabes de qué te toca mañana?
-Déjame reviso- busqué en mi maletín una carpeta con los horarios de las actividades de la librería.
A mí todos los martes se me encargaba la sección de infantes, sólo que los martes de cuentos (que eran cada cuatro martes) me contaba hacer de cuenta cuentos y disfrazarme de alguna que otra cosa, esa parte del trabajo era la que más me estresaba, pero la que más disfrutaba Alice ¿Por qué? Porque le encantaba probar en mí todos sus vestidos de corte princesa, los cuales me hacía poner todos los martes de cuentos para salir a contar los cuentos de hadas a los niños que visitaban el lugar. Lo más terrorífico del asunto era de que mi amiga me acompañaba hasta la librería y me utilizaba como su muñeca de tamaño natural, me maquillaba, me vestía y me peinaba a su antojo; y lo peor del asunto era de que no podía quejarme pues a la jefa le había encantado la idea y me obligaba a hacerlo por reglamento. El que parecía más complacido con ello en la tienda era Mike, pues aprovechaba la ocasión para hacerle al tonto y en varios momentos se presentaba en medio del cuento diciendo que era el príncipe que rescataría a la damisela en apuros, simplemente patético. Si alguien quiere hacerse una idea de lo tonto que se veía el pobre deberían de ver la película "Encantada" de Disney, Mike sería el tonto del príncipe Edward… ¿Me pregunto qué estarán haciendo esos niños?...
-¿Y bien?- Alice me sacó de mis pensamientos.
-Eh…- leí la carpeta- toca la Cenicienta- bufé, odiaba a horrores ese cuento.
-Perfecto- sonrió mi amiga- ya tengo el vestuario perfecto para la Cenibella- Angela rió por lo bajo.
.Anda ríete, si a ti te pasara lo mismo no te reirías- le dije.
-Es que es tan gracioso. Lastima que mañana no voy a poder verlas en acción.
-¿Por qué no?- Angela nunca faltaba a los martes de cuentos, es más siempre nos ayudaba con el bendito vestuario.
-Porque Ben y yo debemos de ir a Washington a arreglar un asunto con un banco- hizo una mueca como de disconformidad, pero sabía que en el fondo estaba brincando de placer, ya que estaba perdidamente enamorada de su compañero el Licenciado Ben Chenney.
-¿Entonces no vendrás a casa?- supuse.
-No, creo que estaremos allá toda la semana- Alice me lanzó una mirada de diversión.
-Angy no hagas nada que yo no haría- rió ella, Angela se puso roja.
-Sabemos que te gusta- le dije- sólo cuídate ¿lo prometes?
-Lo prometo- me sonrió mi amiga.
-Ahora bien, debemos marcharnos porque sino…
El resto del día fue muy llevadero, la librería se llenó a eso de las cinco de la tarde, los niños estaban más hiperactivos que lo de costumbre, así que terminé hecha polvo, pero no lo suficiente como para no intentar pegarle a Mike que no dejaba de decirme estupideces. La verdad era insoportable, más por el hecho de que por su culpa Jessica Stanley me miraba como si quisiera asesinarme.
-¿Ya te vas bombón?- me preguntó Mike por enésima vez en el día.
-¿Cómo me llamaste?- le pregunté a la par que le mostraba mi puño cerrado y se lo ponía delante de su cara.
-No te enojes dulzura- apreté los dientes, realmente quería pegarle pero no podía hacerlo delante de la oficina de nuestra jefa ¿verdad? Menos si quería seguir conservando mi valioso empleo pero ya tienes en puerta otro.
-Mira Newton, no te pego porque estamos delante de la oficina de McCatle, sino…
-Vamos corazón sabes que te encanta- se me acercó de forma peligrosa.
-Apártate Newton, no te lo repito.
-¡Señor Newton!- le llamó para mi alivio McCatle.
-¿Si señora?- Mike se volteó y entró en la oficina de nuestra jefa.
Aproveche la interrupción de Mike para poder firmar y salir corriendo a casa, donde seguramente Alice ya me estaba esperando con un café en la mano. Era adorable saber que al llegar de trabajar tu mejor amiga te esperaba con su café, el mejor café que he probado y eso gracias a que la Señora Brandon le enseñó muy bien a Alice el como prepararlos. En Forks la mamá de Alice tenía una cafetería a la cual acudíamos siempre al salir de la escuela, se llamaba Charlotte's Coffee, y tenían el mejor café de todo el lugar ideal para el clima lluvioso de Forks. Pero ahora nos hallábamos en Chicago así que…
-Bendita eres Alice- le dije al llegar a casa y oler mi café en la cocina.
-Lo sabía- rió mi amiga.
Alice me esperaba en uno de los sillones que se hallaban en la entrada del departamento, estaba viendo la televisión, suponía que alguna serie del Warner pues se escuchaba la propaganda del canal. Dejé mi saco en el perchero que había detrás de la puerta. Mi amiga me siguió a la cocina donde me esperaba el café. Ambas nos sentamos en la barra.
-¿Qué tal tu día?- pregunté.
-Terminó fatal- admitió- pero igual, mañana debo de ir a conocer a esta modelo Rosalie Hale, es para una sesión de fotos, así que te dejo en la librería y me voy pitando a Vogue.
-¿Vas a vestir a otra Barbie?- le pregunté haciéndome la ofendida.
-¡Hey!- exclamó ella- sabes que tu siempre serás mi única y favorita- las dos reímos.
-Desde la secundaria- recordé.
-Cómo olvidarlo…- me miró con nostalgia- ¿sabes? ya te tengo el vestido de mañana. Es azul, así que resaltará tu tono de piel.
-Gracias- sonreí agradecida- ahora no sé que canciones poner, sabes como le gusta a McCatle que uno cante canciones el martes de cuentos…
-Cierto. Pero no estas hundida, de hecho justo estaba viendo una novela que trataba de ello.
-¿De Cenicienta?- pregunté.
-Sip- respondió Alice alegre- es muy linda, creo que es argentina y se llama Floricienta. Te voy a buscar las canciones, así puedes ensayar algo para mañana.
-De acuerdo- hice una mueca, no me gustaba la idea de cantar, aunque no se me daba mal.
-¿Ya has pensado lo del Dr. Cullen?- quiso saber mi amiga, suspiré.
-No, aún no.
-No es mala idea si te lo pones a ver. Te gustan los niños, tienes un sentido maternal inigualable… y creo que tu camino apunta a ese lugar.
-No creo en el destino Ali- le recordé- hace mucho que dejé de creer en los cuentos de hadas.
-Ahí mi Cenibella… ¿Qué voy a hacer contigo?
-Tenerme listo el vestido mañana a primera hora- le respondí.
-Algo me dice que mañana va a suceder algo grande…
-No empieces- supliqué.
-Lo presiento- rió ella- aunque no lo creas, presiento que algo bueno va a pasar.
-¿Ah si?- le miré divertida- entonces dime… ¿Aceptaré trabajar en ese lugar?
-Definitivamente, pero te harás de rogar- Alice me sonrió de forma maliciosa- y creeme eso le pone de cabeza al doctorcito…
-Hablas como si le conocieras- dije tratando de que mi voz no sonara alterada.
-Mmm… Leo revistas- me guiñó un ojo- Bueno Bells, me voy a la cama, estoy muerta.
-Yo también- dije- voy a tomarme una ducha y luego me meto en la cama, avísame cuando me mandes las canciones.
-De acuerdo- Alice bostezó.
Me metí en la ducha y dejé que el agua caliente me relajara. El olor de mi champú hizo el efecto que necesitaba. Me puse el pijama, el cual consistía en una vieja camiseta llena de agujeros y unos pantalones de franela, Alice ya me había puesto la letra de las canciones en la laptop que se hallaba en mi recámara. Mi cuarto como siempre estaba a medio ordenar, las paredes pintadas de naranja, ya que el color indicaba calor y era una de las cosas que me gustaba. Mi recámara era cálida, el resto combinaba con el resto de la casa, que a votación de todas, los lugares en común tenían color blanco y rosa. Las otras recámaras no eran distintas a la mía pero todas teníamos colores diferentes. Alice por su parte tenía además un clóset enorme donde guardaba todos los vestidos que diseñaba, se podría decir que era como una mini boutique dentro de su cuarto. Revisé lo que mi amiga me había dado. La canción que más me gustó fue una llamaba Por qué así que elegí esa canción para mañana. Ahora sólo quedaba dormir, mañana sería un día largo.
Triiiiiiiiiiiiiiiiiin. Triiiiiiiiiiiiiiiiiiin.
Demonios Alice voy a matarte por el mugre reloj.
Triiiiiiiiiiiiiiiiiin. Triiiiiiiiiiiiiiiiiiin.
-Estoy enferma- murmuré molesta- no voy a trabajar.
-¡Oh, no!- exclamó Alice tirándose en mi cama, por lo que salté de inmediato.
-¡ALICE!- grité, ella rió.
-Buenos días- me saludó- No voy a permitir que mi modelo número uno no modele el traje que le tengo para hoy- bufé.
-Lo que quieras.
-Gracias- me abrazó y salió zumbando de mi habitación.
Estaba muerta, agotada y eso que no empezaba aún el día. Gracias al café de Alice me desperté del todo. Me vestí con unos jeans y una camiseta marrón que me había regalado mamá para mi cumpleaños pasado, por encima me puse un sweater pues afuera estaba fresco. Alice me llevaría al trabajo en su coche. Un Beetle convertible blanco, ciertamente muchas veces molestaba a Alice con su auto, ya que decía que por la forma de la parte de adelante parecía que tenía una cara sonriente, la misma que Alice siempre traía.
-Su carruaje la espera Cenibella- me dijo Alice.
-Cállate y sólo concéntrate en manejar.
-Lo que diga Cenibella- rodé los ojos.
Hoy iba a ser un día muuuuy largo. Llegamos a la librería en menos de lo que truenan los dedos. Alice maneja como loca. Nos dirigimos a los baños que estaban designados para el personal, ahí empezó mi pesadilla.
-¿Así de enorme es el vestido?- pregunté aterrada al ver la enorme bolsa que sostenía mi amiga en su brazo.
-No te quejes y póntelo- tragué saliva y me dirigí al baño.
El vestido era el más hermoso que jamás había visto en mi vida, era la réplica del vestido de la Cenicienta de Disney, sólo que más hermoso era de seda azul, muy delicado, con mucho cuidado me lo puse, tenía miedo de romperlo.
-¡Wow!- exclamó mi amiga al verme salir del baño con el vestido- Pareces Cenibella en serio- las dos nos reímos.
Luego empezó la tortura. Después de una hora y veinte minutos de intensa sesión de peinado y maquillaje quedé lo que se podría decir… lista.
-Gracias Ali- la abracé.
-Cuidado con los caireles, me ha costado sólo Dios sabe que queden perfectos para que no se te deshagan con facilidad.
-De acuerdo.
Mi pelo era un desastre siempre, aún no sabía como Alice había logrado rizarlo de forma perfecta.
-Bien, es el momento en que la hada madrina desparece y le dice a la Cenibella que cuide sus zapatillas de cristal…- sacó de su bolso un par de zapatos de…. ¡cristal!
-¿¡Alice quieres que me mate y me desangre!?- ella rió.
-No tonta Bella…- me miró fijamente- estos son para la historia, los tuyos son estas ballerinas- me pasó unas ballerinas de color azul a juego con el vestido, suspiré aliviada- ¿no habrías pensado que iba a permitir que te dieran puntadas en tus pies o si?
-No, sólo que…- la abracé- lo siento, gracias.
-De nada, ahora ya me voy…- miró su reloj- la señorita Hale me debe de estar esperando.
-Ve con cuidado- le dije de despedida.
Me encaminé a la sección infantil cuando alguien silbó detrás de mí, era Mike.
-¿Qué quieres Newton?
-Dios Bella, estas…- me miró de una forma que sólo podría enfadarme.
-Vete de aquí Newton antes de que te pegue un puñetazo o mejor te parta el zapatito de cristal por la cabeza y creeme… te va a doler- blandí los zapatos que Alice me había dado, tenían un tacón amenazador, por lo que los ojos de Mike se abrieron por el pánico.
-Bien, esto… voy a la caja, si me necesitas…- salió corriendo.
Suspiré, odiaba a Mike, era lo único que hacía imposible mi trabajo.
-Señorita Swan- me llamó McCatle.
-¿Si señora?
La señora McCatle era bajita y regordeta, me hacía recordar a la señora Weasley de Harry Potter, era su réplica pero con el pelo canoso. Me miraba con ternura.
-Estas divina hija- para mi sorpresa me abrazó, tardé unos segundos en devolverle el gesto.
-Gracias.
-Ya ahí bastantes niños en la sección- me dijo al soltarse- Buena suerte- me guiñó un ojo.
Esto es extraño… muy extraño.
-Te dije que no iba a estar- escuché una vocecita conocida en el pasillo antes de doblar a la sección infantil, donde ya estaba llena de sillones y sillas para que los niños se sentaran a escucharme contar el cuento.
-Yo quería verla- las voces me eran familiares.
Me apresuré a llegar a mi destino, teniendo cuidado con los estantes y el vestido que la verdad era muy voluminoso.
-Ahí que quedarnos un rato más- dijo aquella vocecita infantil.
Suspiré y me subí a la tarima que había sido colocada allí, puse las zapatillas en la mesa con el cogín y tomé el libro que había al lado.
-Hola chicos- saludé a los niños que ya se hallaban sentados en el lugar.
-¡Ahí esta!- me volteé a ver quién había gritado- ¡Hola Bella!
Mi corazón dio un vuelco al ver a los dos hermanos Cullen, que corrieron a sentarse en la primera fila. Le sonreí a modo de saludo.
-Hola- respondió el resto de los niños a coro, me reí.
-Bien, hoy les vengo a contar un cuento…
-¿De princesas?- me preguntó una niña de unos tres años rubia y con las mejillas más rosadas que jamás había visto en mi vida, era preciosa.
-Si, de princesas… de príncipes y dragones.
Los niños se veían entusiasmados.
-Érase una vez, una princesa que vivía en un lugar lejano…- me encantaba ver como los niños contenían la emoción al empezar el cuento, era algo único- ella vivía feliz con su padre el duque, tenia todo lo que podía desear a pesar de que su madre había muerto cuando ella era una bebé. Nuestra princesita creció rodeada de cariño, por lo que era inmensamente feliz, sólo que su padre pensó que lo que ella necesitaba era una madre… Así fue como el duque se casó con una duquesa viuda, quien trajo a vivir con ellos a sus dos hijas Griselda y Anastasia.
-Te apuesto a que son malas- le susurró Lorcan a Grace.
-Papá dijo que no debías apostar- le regañó- ya sabes que tío Emmett siempre se mete en líos por eso…
-Al poco tiempo el padre de nuestra princesita cayó enfermo, estaba muriéndose.
-¡Pobrecita!- exclamó una niña.
-¿Se va a salvar?- preguntó un niño esta vez, les sonreí con tristeza.
-La enfermedad venció…- se hizo un silencio- y con ello la madrastra tomó posesión de la casa, y obligó a la pobre princesita a hacer todos los quehaceres de la casa. Así fue como sus hermanastras la empezaron a llamar: Cenicienta.
-¿No sería Cenibella?- preguntó para mi enojo Mike que había llegado al lugar y me miraba divertido, le lancé una mirada asesina.
-Si, que se llame Cenibella- dijeron a coro los niños, suspiré me las vas a pagar Newton.
-¿Puedo continuar?- pregunté, los chicos asintieron- bien, así fue como Cenicienta…
-¡Cenibella!- sentí mis orejas arder, Mike en el fondo reía.
-Bien, Cenibella…- este no es mi día- nuestra chica se dedicaba a limpiar la casa como si fuera la sirvienta de la misma, todos los días se levantaba temprano para cumplir las locas órdenes de sus malvadas madrastra y hermanastras.
-Hermanastaradas- afirmó Lorcan.
-Eso no se dice- le regañé.
-El tío Emmett siempre lo dice- Grace asintió afirmando lo que decía su hermano.
-Bueno, pero no lo repitan queda mal- esto lo dije para todos- ¿de acuerdo?- los niños asintieron- Bien, un día un lacayo del Rey vino a la casa de Cenicienta…
-¡Cenibella!- exclamaron a coro los niños esto es más difícil de lo que creía.
-Bien, llegó a la casa de Cenibella con una invitación a un Baile que daría el Príncipe Azul…
-¿Cómo el Príncipe Edward de Encantada?- preguntó una niña, hice mi esfuerzo para no reírme.
-Si, algo así…
-¿Se llamaba Edward?- preguntó la misma niña con los ojos abiertos de par en par, sentí mis mejillas arder.
-No lo sé- dije rápidamente.
-¿Escuchaste Lorcan?- le dijo Grace- ¡Papá es un Príncipe!
Demonios, sólo pido que no aparezca el diablo…
-¿No era doctor?- preguntó Lorcan.
-¿Tu papá es el príncipe Edward?-le preguntó la niña rubia a Grace.
-Si- respondió la pequeña ojiverde alegre.
-¡Tienes una mamá muy bonita!- me señaló.
-Niños… niños…- habló Mike Dios mío que me trague la tierra- El único príncipe de esta doncella soy yo- se acercó a abrazarme.
-En tus sueños Newton- le pisé antes de que se acercara demasiado.
-¡Auch!
-Y la próxima vez…
-Te defiende tu príncipe- dijo la niña rubia.
Mike se alejó cojeando, por lo menos se podía decir que me había librado de él. Seguí contando la historia, los chicos comentaron que el baile debió de ser grandioso, y ya que empezaron a ponerles nombres a los personajes dejé que el Hada Madrina se llamara Alice, los chicos parecieron fascinados en cuanto describí a la pequeña Hada Madrina con el pelo negro corto y saltando en todas direcciones y que parecía un pequeño duendecillo. Algunos lloraron al escuchar que había perdido la zapatilla y el príncipe no la había besado, jamás entenderé a los niños de esa edad, pero aún así me divertía en grande. Lorcan y Grace eran los más entusiasmados, me aliviaba internamente que el padre no estuviera cerca y si estaba no lo había visto… aún.
-Entonces cuando la madrastra se dio cuenta de que Cenicienta…
-¡Cenibella!- me corrigieron entre risas los niños.
-Que Cenibella- suspiré- había sido la princesa con la que había bailado el Príncipe Azul…
-Edward- susurró la niña de ojos verdes, rodé los ojos.
-Bien, que ella había sido la que había enamorado al príncipe, la madrastra la encerró en una torre de la casa. El día estaba tan lluvioso y gris como se sentía…- hice una mueca- Cenibella, lo peor de todo era que ese día el Príncipe recorrería todo el reino e iría casa por casa en busca de su amada.
En ese momento empezó a sonar la música, McCatle era la que ponía la música en el momento adecuado, me llamó la atención que no hubiera aparecido para jalarle las orejas a Mike, pero lo dejé correr y empecé a cantar.
-Miro caer las gotas de lluvia en mi ventana, sé que todo será igual no cambiará mañana…
-¡Canta hermoso!- exclamó Grace, sonreí.
-El sol volverá a salir, la Luna será más blanca, el río será más rió, no caerán las montañas…- me quedé casi helada al ver al padre de los niños en el pasillo me miraba con curiosidad- ¿Por qué me quedo muda, prendida en tu mirada?- no podía apartar la mirada de esos ojos esmeraldas- ¿Por qué todo es lejano, por qué sin ti ya no hay más nada? ¿Por qué no existen hadas, ni príncipes ni sueños, por qué todo es mentira por qué sin ti ya no hay más vida?...
-¡Qué triste!- exclamó un niño, eso hizo que perdiera el contacto visual con aquél hombre.
-Un día profundo y claro llegarás a buscarme en una carroza blanca como en los cuentos de antes…- empecé a caminar entre los niños que me miraban con ilusión- tu seguirás allí, yo seguiré soñando ese beso que al final te robaré mientras tanto…- me acerqué a uno de los niños más pequeños y le di un beso, se puso colorado- ¿Por qué me quedo muda prendida en tu mirada? ¿Por qué todo es lejano, por qué sin ti ya no hay más nada? ¿Por qué no existen hadas, ni príncipes ni sueños, por qué todo es mentira, por qué sin ti ya no hay más vida? Ya no hay más vida…
Los niños suspiraron, sonreí. Mientras subía de nuevo al escenario sentía la mirada del padre de los mellizos. Lo cual me puso nerviosa.
-¿La va a encontrar?- preguntó Lorcan un poco triste- Yo quiero que el príncipe la encuentre.
-¡Dile al Hada Alice que la saque de la torre!- pidió un niño, yo sonreí.
-Mmm… ¿me creen si les digo que unos pequeños amigos la ayudaron?- sus ojos brillaron de la emoción.
-¿Cómo?- preguntaron.
-Sus amigos unos ratoncitos llamados Gus-Gus y Jack-Jack…
-¡El tío Emmett y el tío Jasper!- exclamó Lorcan, escuché como el doctor intentaba en vano contener una risita, le fulminé con la mirada.
-Bien, estos simpáticos ratoncitos…
-Son humanos, uno parece un oso- me corrigió Grace, ahora yo estaba a punto de partirme de la risa, no podía imaginarme a un hombre que pareciera un oso.
-De acuerdo, entonces estos dos… amigos… libraron a Cenicienta…
-¡Cenibella!- Dios no mis orejas estaban que ardían, el hombre parecía a punto de partirse de la risa.
-Bien, me liberaron- espera dijiste ¿me? Los ojos de los niños se abrieron de par en par.
-Sabía que era ella- dijo la niña rubia.
-Eres la princesa más linda que he visto- dijo el niño al que me había acercado a darle un beso en la canción.
-Esto…- estaba nerviosa- gracias, eh… entonces la salvaron…
-Te salvaron- me corrigió una voz aterciopelada, era el doctor Cullen, los niños lo miraron con curiosidad.
-Señor- le llamó la niña rubia- ¿es usted príncipe?- el hombre rió, su risa hizo que mi corazón diera un vuelco,
-Si, mi papi es el Príncipe Edward- dijo alegre Grace.
-Si, y ha venido a salvar a Cenibella- agregó Lorcan, a estas horas mi cara era el fiel reflejo de un tomate.
-Esto…- traté de decir- Niños… él no…
-La rescaté- dijo él para mi sorpresa- la rescaté de las malvadas hermanastras y su madrastra estaba enojadísima- se acercó a donde yo estaba, por cierto si alguien quería saber, estaba paralizada, estatizada, no me movía para nada, sólo le veía avanzar a mí con paso galante.
-¿Le puso la zapatilla?- quiso saber un niño pelirrojo que estaba cerca de Lorcan.
-Le puse la zapatilla- el hombre me miró con intensidad, no me había dado cuenta de que había agarrado una de las zapatillas de Alice hasta que se agachó y me la colocó en el lugar de la ballerina- y le pedí que fuera mi princesa- Lorcan y Grace estaban pegando brinquitos, el padre se arrodilló y me tomó de la mano- ella aceptó y…
Un leve cosquilleo me recorrió al sentir su mano sobre la mía.
-Y vivieron felices… dije con la voz que me quedaba- para siempre…
Mil gracias por los reviews, chicos, ya casi son 20… madre mía nunca me emocioné tanto en un primer capítulo… jaja sigan así, sigan así jaja. Gracias especialmente a: Vianny Black, DaNnYeLla, Edwardkname, M. de Cullen, Caro.Chan. Nonblondes, fer-black, Rosii, andii, Shikita Malfoy Cullen, DiliCullen, Dark Warrior 1000, mitzukii, Annie Potter Cullen, elianna.cullen, xxbluueexx, The Little Cullen… Y a todos los que leen, agregan a favoritos pero no le dan al GO! Chicos como casi todos los reviews en esta ocasión van de lo mismo se los respondo a todos por igual: MIL GRACIAS, ME ENCANTA LEER QUE LES GUSTE, LOS MELLIZOS CULLEN SON LOS MEJORES PEQUEÑOS ANGELITO-DIABLILLOS QUE MI IMAGINACIÓN HA PODIDO CREAR, ES BUENÍSIMO SABER QUE LES GUSTA. MIL GRACIAS POR EL APOYO Y ESPERO SEGUIRLOS LEYENDO. LOS ADORO.
XOXOX
Aye436.
