¡Hola, hola! Criaturitas jajajaa...n.n Ok, ya sé que están con sus antorchas, sus lanzas y a punto de asesinarme por dejar olvidado este fic, tanto como el de Hora de Aventura.
Pero serenos morenos, que lo que pasó fue lo siguiente, al menos con este fic: No tenía ni idea de cómo continuarlo .w. Me faltaba trama y demás, pero... ¡Adivinen! Jejeje...ya le di estructura a la historia y me verán subiendo capítulos...un poco más seguidos jeje :3
En fin, gracias a los comentarios que he tenido, solo dos capis y tengo varios comentarios positivos... ¡Muchas gracias! :') eso fue lo que me inspiro a continuar :3 gracias!
Y en fin, les dejo este capítulo :3 de seguro les gustara y es que Jack...esta vez ha caído en las redes de Cupido...Podría ser que su sensualidad a partir de ahora le juegue suciamente a nuestro joven protagonista.
En fin, dejo que lean. De nuevo una disculpa por la demora…u.u…Pero espero que lo disfrutenlo :3
Beso Espinado
"Ella ignora sus advertencias y se acerca a él, con paso lento y desafiante. Cuando se besan, una furiosa llamarada lo inunda todo..."
-Lauren Kate
-¿Cómo sigue Cupido?- preguntó Jack preocupado cuando vio a Tooth salir de una de las habitaciones en la Fábrica de Santa.
-Ha despertado pero... Se le ve tan pálida y decaída...- dijo el Hada, con aire de cansancio.
-Bueno... Pero eres amiga suya... Podrías hablar con ella y hacerla sentir mejor...¿No?- dijo Aester, recargado en uno de los muebles de Norte.
-No quiere escucharme, no quiere comer nada y mis hadas tratan de animarla ahora...- contestó ella, pero entonces se frotó un brazo muy insegura- Pero no sé si están llegando a algo ahora...-
Los Guardianes por un momento se quedaron callado y pensando. No quería arruinar a Cupido... Y en ese momento parecía que todos habían empeorado todo. Le habían quitado a esa muchacha lo que más apreciaba.
Era como si a Conejo le hubiesen quitado su boomerang, o como si a Tooth le hubiesen quitado todas sus hadas...y luego se detuvieron a pensar; había sido así. Pitch, en algún momento les arrebató todo a los demás y ahora...Cupido igual.
Era verdad, el Hombre Sombras había partido su arco, pero...ellos la habían llevado a Cupido en un plato. No la culpaban si ahora quería matarlos uno por uno...o si no quería ayudarlos más.
-¡Perfecto!- bufó Norte- Ahora esta niña jamás querrá echarnos la mano-
Jack lo miró tristemente y supo que tenía razón, aunque le hubiese gustado empezar con el pie derecho con ella. Por alguna razón, sabía cómo se sentía.
Tan insegura de que la hubieran ascendido, tan confusa...tan...tan... Sintiéndose tan insignificante e inútil con los demás. Era eso... Tal vez solo necesitaba sentirse...con confianza...y quien sabe... Igual y podían arreglar el asunto del arco.
-Bien. No podemos quedarnos con los brazos cruzados- dijo Jack, tomando la iniciativa y dirigiéndose a la puerta.
-Jack...Yo no...Haría eso- dijo Tooth, dando un respingo al igual que todos. No les parecía buena idea que su 'secuestrador' y el que la había llevado a la trampa fuera de ayuda en ese momento.
-¿Y por qué no?- soltó Jack, girándose a verlos- Es nuestra culpa de cierta manera que esté así. Lo menos que podemos hacer es hacerla sentir mejor y ayudarle a recuperar su arco-
-Muchacho... Te incinerará si entras ahí- dijo el Conejo, frunciendo el ceño.
-Tal vez...- dijo él, ladeando los labios- Pero por mi culpa cayó en la trapa se Pitch. Creo que es justo... Además, como dijo Norte...Puede que la entienda mejor que nadie-
Los Guardianes se quedaron callados, pensando en que las palabras de Jack tenían razón. Así que conteniendo la respiración vieron como fue abriendo la puerta poco a poco. Con un chirrido la puerta de ébano se abrió y al instante el olor a jengibre que siempre desprendía la casa de Norte se le metió a los pulmones,
-¿Cupido?- la llamó con cierto temor y la buscó con la mirada.
En efecto estaba ahí ella, pero pese a que oyó que abrían la puerta y la voz de Jack no se volteó ni a mirarlo. Solo...parecía abatida y miraba a la ventana... Su respiración hacía vaho en el cristal y estaba sentada con un pie afuera y uno apoyado en el marco.
Jack se sorprendió. No tenía nada que ver con la joven berrinchuda y salvaje que capturó... Y eso le hizo sentir mal. ¿Cuánto había afectado el que Pitch destruyera su arco como para incluso cambiar su humor?
Viendo que no había peligro, se encaminó a ella y cerró la puerta detrás de sí, quedando completamente solos. Vio que a un lado de la ventana estaba su arco destrozado. Empezaría suave por ese tema, aunque no fuese el mejor, pero tampoco se andaría por las ramas.
-Era un lindo arco...-dijo y caminó a él y lo levanto del suelo- Es muy parecido al material del que está hecho mi cayado... Aunque nunca supe en realidad de que estaba hecho, je...- sonrió un poco, intentando romper el hielo, pero Cupido ni siquiera se había limitado a verlo- Oye, lamento lo que pasó. De verdad. Yo...no sabía que Pitch ya te estaba acechando…-
-Tus disculpas no lo arreglaran... ¿o sí?, Jack Frost- dijo al final ella, mientras dibujaba en el aire con una pequeña flama un corazón.
-Tal vez si... Si hayas...tu centro- dijo él, recordando lo vivido hacía un año en carne propia.
-¿Mi centro?- repitió ella con cierta burla- Por favor...-
-Es verdad... Pitch también destruyó mi cayado...pero, lo logré recuperar... Cuando supe cual era...mi centro- dijo con una sonrisa y se puso una mano en el pecho. Cupido lo miró y enarcó una ceja, dejando unos segundos en el silencio.
-Es lo más estúpido que he oído- le contestó con frialdad, haciendo que a Jack se le borrara la sonrisa- Eso está bien para ustedes..."¡Oh! El Conejo de Pascua me va a traer muchos huevos" "¡Oh! ¡El hada de los dientes dejo una moneda debajo de mi almohada!"- dijo, agudizando su voz y dándole falsa emoción a su voz- Pero yo soy algo mucho más serio... Yo soy el centro del mundo. Sin amor... No puede haber ni la milésima parte de vida es este planeta. No juego con niños... Yo uno a las personas que están destinadas a estar juntas...toda su vida-
La explicación de la pelirroja pareció calarle los huesos a Jack. No solo porque le había puesto los pies bruscamente en el realismo, sino porque se había burlado del trabajo de sus amigos. Y tenía razón.
Era fácil divertir a los niños. Un juguete, una moneda bajo la almohada, un huevo bien pintado, un buen sueño o una fina nevada podría sacarle a cualquiera una sonrisa... ¿Pero el amor? Nunca lo había pensado.
No se había enamorado... Sonaba absurdo que en trescientos años nunca hubiese pasado...sin embargo...era así. Ni siquiera le atraían bellas mortales que paseaban por ahí, estaba más concentrado en hacer felices a los niños que eso... Pero ahora que veía a Cupido, bueno...parecía que había malgastado un pelo su tiempo.
No podía decir que le atrajera... No eso nunca...pero si le daba curiosidad, porque eran tan diferentes... Ella tenía un control sobre el fuego (o al menos eso vio cuando calentó los pelajes de los Jetiz)... Era radiante, su mirada era...tan abrasadora...de manera literal...y el...era...Hielo.
-Ok... Entiendo que tu trabajo es importante...pero...esto también lo es para nosotros- dijo él- Escucha, Cupido... Si no hay niños, nosotros vamos a desaparecer...y si no hay quien los procree tú vas a desaparecer...- le explicó y la miró sin temor a los ojos- Necesitas de mostros y nosotros de ti... Por eso necesitamos tu ayuda y tú la de nosotros-
-¿Y que recibo YO a cambio?- dijo ella, frunciendo el ceño.
-Realmente eres bastante interesada como para ser Cupido- dijo Jack, sonando algo molesto...Pero ella solo sonrió divertida y encogió un hombro de manera coqueta. Jack se rascó la nuca y miró su arco destrozado, entonces recordó:
Cuando él estaba en el Polo Norte, atrapado con la hadita cuando Pitch quebró su cayado, supo como repararlo... Quién sabe si tendría acceso al arma de Cupido, pero bien valdría intentarlo...y si no, bueno... No creía que nada en la Tierra lo pudiese reponer.
-Tu arco...- lo dijo.
-¿Mi arco?- dijo ella, y se aferró un poco a una parte rota, mientras enarcaba una ceja- ¿Qué pasa con mi arco?-
-Si nos ayudas, te prometo que repararemos tu arco- dijo Jack, con una sonrisa- De verdad, haremos lo que sea para que vuelva a ser el mismo-
Cupido entrecerró los ojos y lo miró mejor. No parecía que mintiera en lo absoluto, pero tampoco le daba la confianza debida, considerando que gracias a el había caído en una trampa que ahora le iba a costar mucho.
Pero si lo veía por otro lado, tenía razón. Ahora sin su arma el día de San Valentín estaba más vulnerable, además, había visto a Pitch en carne y hueso, y se fortalecería...y volvería por ella, por ellos, por todos. Necesitaba ayuda para salvar su trabajo y no estaba en condiciones para que su orgullo la hiciera renegar.
Entonces se le ocurrió la idea de encadenar a Jack a ella, o al menos hasta que su promesa se viera cumplida. Sonrió de manera satisfactoria y lo encaró, mirando sus ojos e incluso su alma.
-Vale, acepto el trato- dijo ella, con aire orgulloso.
-Que bien...- dijo Jack contento y sacando el aire que había contenido.
-Pero, no creas que solo con palabras vamos a sellar este pacto, Jack Frost...- dijo ella, sonriéndole ampliamente. Al instante el rostro alegre del muchacho se borró y vio como sus ojos resplandecían ligeramente.
Si, al parecer se tornaron más suaves y brillantes y ella acercó más su rostro al suyo... Como por acto reflejo él se hizo hacia atrás, pero entonces notó que su calor corporal había subido ligeramente... ¿Qué era eso? ¿Y por qué Cupido lo miraba como chivo herido?
-Ahhh...entonces... ¿Cómo?- dijo él y sonrió nerviosamente.
-Mi estilo de jurar es diferente... Y es así...- Entonces tomo su rostro entre sus manos y lo acercó al suyo, presionando sus labios.
Uno, dos, tres...
Tres segundos le tomó a Jack reaccionar y darse cuenta de lo que estaba pasando. Estaba... ¿Besando a Cupido? ¡Cupido le había dado su primer beso? Pero...¿Como? ¿Cuándo? Él ni siquiera se había detenido a pensar como quería que fuera.
Ni siquiera pensaba en alguien para besarse. Era como si...como si le hubiesen volcado un balde de agua fría. Y eso era un decir, porque los labios de Cupido eran tremendamente cálidos, tanto que la temperatura de él también subió.
Sintió como el hielo de su suéter comenzaba a escurrirse un poco y como las mejillas se le ponían de un color rosadito y completamente lindo. Sentía las manos de Cupido en sus mejillas, las cuales las hacían arder más... Pero no cerró los ojos, al contrario los tenía bien abiertos y la estaba mirando completamente sorprendido.
Ella, por el contrario, tenía los ojos suavemente cerrados y parecía disfrutarlo. Vio esas traviesas pecas en su nariz y sus largas y abundantes pestañas.
Entonces sintió un cosquilleo en sus bocas, como una diminuta descarga electrica que lo hizo vibrar y sentir un hormigueo en la parte derecha de la cabeza. Oyó un zumbido en su oído que cada vez se hacía más fuerte hasta que lo obligó a cerrar los ojos de golpe y Cupido se separó...
Cuando los abrió, la miró a ella sonriente y con una expresión totalmente sensual y confusa.
-¿Que pasa Jack Frost? ¿Fue demasiado para ti 'El beso de la muerte'?- rió traviesamente y lo miró mejor- De un momento a otro te pusiste todo pálido-
-¿Que me hiciste?- dijo Jack, con la respiración agitada y comenzando a asustarse.
-Es simple. "El Beso de la Muerte" es referencia a un pacto que tengo...- dijo y luego frunció el ceño, lo tomó por la camisa algo húmeda y salió un vaporcito a su contacto- Escucha, Frost...- dijo, apretando los dientes- El beso que acabas de probar es el de la muerte. Es simple, es como el veneno. Si no quieres que te consuma tendrás que cumplir mi promesa...de lo contrario lo dejaré correr en ti hasta el final...- dijo y lo soltó bruscamente, mientras la miraba lleno de pánico.
-¿Qué...?-
-Por el contrario, si cumples tu promesa, veré que se detenga en ti y te lo quitaré, claro, con otro beso... Pero solo si cumples tu promesa- dijo ella, con una sonrisa audaz que le pareció a Jack la del mismo diablo-¿Entendido, Frost?-
No supo si asentir por miedo, mecánicamente o porque de su sorpresa el pensamiento no le alcanzaba para otra cosa. Lo que si era que se sentía raro, sucio... Como si hubiesen cambiado algo en él que no quería o se hubiesen llevado por lo menos parte dé.
Si, era como el veneno...y ahora corría por su sangre, la esencia letal y peligrosa de Cupido...y lo consumiría hasta la muerte si era posible, poco a poco. Pero... ¿Que no era inmortal? Debía de haber una regla especial que el Hombre de la Luna haya hecho para impedir ese tipo de cosas.
-Ser inmortal no significa que otro no pueda matarte...- le susurró Cupido coquetamente y le guiñó un ojo... Era como si...le leyera el pensamiento... Y eso lo asustó... Tanto había perforado en él... ¿Qué le leía ya el pensamiento?
-Quítamelo...- dijo Jack, rechinando los dientes.
-Obvio no lo haré, hombrecito...¿Y sabes por qué?- dijo ella y lo encaró muy de cerca, matándolo con una mirada sombría y tétrica- Porque no me voy a ir de aquí sin que tu y todas esas marionetas del Hombre de la Luna que están allá afuera me devuelvan lo que es mío- dijo y luego besó su mejilla, fue gracioso porque, cuando lo hizo, salió un humito de entre sus labios y la mejilla del chico-Buena suerte, Jack Frost...-susurró a su oído y luego se enderezó, justo en el momento en el que las puertas se abrían.
-Toc, toc...- canturreó el Hada de los Dientes, asomando su cabeza- ¿Podemos pasar?-
-Adelante, Tooth...- dijo Cupido, con una sonrisa. Tras el asentimiento, entró con una tropa de haditas, seguida por Santa, Aester, Sandman y un Jetiz. Al ver esta escena, Cupido rió un poco- ¿Tan peligrosa soy que hasta han traído un ejército con ustedes?-
-Solo en caso de que le quemes la cara a Jack...- sonrió Santa- ¿Te ha convencido de algo?- preguntó con curiosidad, mientras Morfeo dibujaba un "?", en su cabeza.
La chica sonrió casi de manera diabólica y se levantó del lugar de donde estaba Jack y se paseó enfrente de ellos. De nuevo, y a pesar de haber perdido una gran parte de ella, sonreía y seguía teniendo ese porte orgulloso que solo ella podía poseer.
-He llegado con Frost a un interesante tratado...- dijo, mientras los Guardianes se sorprendían de su repentino cambio de actitud... Hacía un momento estaba doblándose del dolor e ignorando cada cosa que le decían los Guardianes...y en ese momento estaba como si nada ya.
-¿Y...a qué tratado llegaron?- preguntó Aester con cautela y cuidado. Ella se encaró a ellos con un giro grácil y dijo:
-Los ayudaré a derrocar a Pitch, pero no solo por ustedes... Él también me las debe...pero a cambio...- dijo y tomó su arco del lado de Jack y se los arrojó. El Conejo apenas y pudo sostenerlo para que no le diera en la cara y la miró molesto-...Tienen que reponerlo-
-¡Pero no sabemos reponer esto!- replicó Aester.
-¡Ah! tss...tsss...tsss...- dijo ella, moviendo su dedo índice- Oh me prometen reparar mi arco o no hago nada de lo que me piden...- los amenazó.
Todos la miraban con miedo...pero más Jack. Tal vez omitió la parte en donde ella lo besaba y hacía que sus días entraran en cuenta regresiva... Dudaba que besara a Santa o al Hada de los Dientes, pero no dudaba que si los ponía contra espada y pared por él, la obedecerían.
-Está bien, Cupido... Tu ganas- dijo Santa, tomando el arco roto- Repararemos esta cosa, pero solo si tu nos ayudas...-
Al instante, menos ella claro, lo miraron como si hubiese enloquecido. La verdad, dudaban un poco que, tratándose del Arma de la Diosa del Amor...pudieran repararla solo los Jetiz.
-Excelente. Porque además...- dijo y se giró a ver con una sonrisa burlona a Jack- Puede que uno de ustedes no sobreviva esta vez o que el tiempo corra para algunos otros-
Jack apretó los dientes. Era lógico que fuera a omitir esa pequeña parte del beso, solo para ahorrarse comentarios como 'embustera'...porque bien sabía que él se los contaría más adelante y eso apresuraría todo... Eso le convenía a ella.
Con ese beso había estructurado cada uno de sus movimientos.
-Vale, pero tenemos nuestras reglas también, muchacha...- dijo Aester, y luego vio a Santa, cediéndole la palabra.
-Haber, escucho...- dijo ella rodando los ojos.
-Bueno, ejem...- Santa dio un paso al frente y se aclaró la voz- No puedes agredir a ninguno de los Guardianes a partir de ahora...- dijo Santa. Al instante amplió una sonrisa burlona y miró de reojo a Jack.
-Seguro... Eso no será problema- estaba claro que ese "...a partir de ahora" la dejaba libre de cargos.
-No puedes pasarte haciendo lo que quieras y te plazca, deberás seguirnos y ayudarnos...- dijo Aester. Ella al instante bufó.
-Eso tampoco será problema- respondió y lo miró desafiante. Luego miró a Meme, quien sonrió nerviosamente, al parecer hasta a él le ponía los pelos de punta- Pero yo también tengo mis condiciones-
Norte suspiró, era lógico y no se esperaba otra cosa de ella.
-¿Cuáles?-
-Bueno, primera; no amarraran de nuevo ni me tendrán al cuidado de los Jetiz...- dijo, y señaló a ambos con sus dedos detrás de los demás- Si, a ustedes me refiero... Segunda; no pueden darme ordenes de ningún tipo, trabajaremos juntos, pero eso no significa que seré su cachorrito faldero... ¿Estamos?-
-Está bien...No retenerte y no ordenes...pero debes ayudarnos en lo que te pidamos, ¿Vale?- dijo Norte, apuntándole con su bastón.
-Vale...y...por último... No crean en absoluto que por ayudarlos ya soy un Guardián. Estoy en esto para salvar mi trabajo...y mi arco...- dijo, señalándolo.
-Eso no será problema de olvidar- resopló Aester y la miró con indiferencia- Así que... ¿Tenemos un trato?-
-Bueno, ya hablando con el joven Frost...- dijo, tomando sus botas y ya hemos sellado el trato, dándome su palabra y yo a él la mía... No es así... ¿Jackie?- dijo, con falso sonrisa melosa y se giró a verlo, quien al instante se sonrojó y la miró frustrado.
-Así es...- dijo, apretando los dientes.
-Excelente... Pues entonces, ¿Por dónde empezamos?- dijo Norte, dando un fuerte aplauso.
-Sereno, mi querido Santa... Si van a necesitar mi ayuda y a reponer un poco lo que entre ustedes y Pitch me arrebataron... Lo haremos a mi modo- dijo ella, tomando su carcaj y sacando la cadera.
-¡Ah no! ¡Eso si no, muchachita loca!- le increpó el Conejo- No lo haremos a tu modo porque te conocemos muy bien-
-¡Por favor, Aester!- soltó una carcajada la pelirroja- Son los Guardianes, no hay cosa que no puedan hacer, y si salvaron a los niños de Pitch ya una vez, les aseguró que lo harán de nuevo... Aunque esto...bueno, se trata de mí y yo...soy mas...complicada- dijo ella, con un tono tan sensual que se le erizó la piel a Jack.
-Bueno, entonces dinos... ¿Por donde debemos comenzar para conocerte?- dijo Tooth. La chica la miró por encima de su hombro mientras su larga cabellera le caía sobre su espalda y sonrió:
-Por el Palacio de Querubines, claro-
-Ok, yo entiendo que debemos aliarnos con esta mocosa, pero... ¿Esto es necesario?- dijo sin muchos ánimos Aester y mirando incomodo esa escena.
-Si no te gusta, nadie te obliga Conejo- rió Norte- ¿O es que estas aquí por la bella Cupido?- río Santa, mientras tiraba un poco de los rieles para guiar a los renos. Al instante Sandman y Tooth rieron divertidos y Jack solo sonrió... No podía concentrarse... Estaba preocupado aun.
-Oye, Frost...- oyó una voz a su lado, sacándolo de sus pensamientos, aunque no duró mucho, pues se topó con la sonrisa audaz y sínica de la joven peligrosa.
La situación era simple. Una vez puestos de acuerdo, la joven los guió a el Palacio de Querubines, pues, así como Tooth tenía su Palacio donde las hadas trabajaban los recuerdos y dientes de cada niño y Conejo tenía su Madriguera, ella también tenía los suyo.
Así que abrieron el portal, salieron disparados con el trineo y Cupido los guiaba.
No quiso subirse con ellos, puesto que dijo, no quería llenarse de pulgas de Jetiz, así que fue flotando con sus polvos esos por delante de ellos a través de el vapor de las nubes y el azul del cielo. Por ello no había escuchado la broma de Norte hacia Aester y solo miraba a Jack divertida, flotando de lado a ellos y a la par de Jack, quien la miró molesto.
-¿Qué se te ofrece?- bufó Jack, mirándola por el rabillo del ojo.
-¿Por qué tan callado, hombrecito?- dijo, poniendo sus manos detrás de su nuca.
-¿Que no te cansas de molestar a la gente?- dijo Jack, enojado.
-La verdad, Frost... No. Soy Cupido... No es mi intención lastimar a las personas con el amor, pero si hacerlo...más interesante ¿no te parece?... Es como tú. Vuelves interesante el agua congelada volviéndola copos de nieve mágicos, je, je...-rió un poco.
-Ok... ¡Estoy harto!- susurro Jack con rabia y se enderezó para encararla mejor- Quítame esto o te juró que lo pagarás…-
Cupido enarcó una ceja y en lugar de verlo asustada por su frívola mirada, lo miro divertida. De acuerdo, apenas estaba conociendo a Jack, pero, incluso en ese poco tiempo ya se le hacía completamente interesante.
En su vida inmortal jamás había visto un muchacho tan mas...interesante. Era verdad, muchos de los mortales que había flechado eran apuestos. Muchachos con ojos grandes y verdes, enormes, fuertes, altos...pero Jack tenía algo...peculiar.
No era tan alto como otros, ni tan fuerte como otros o musculoso...pero, tenía algo que le llamaba la atención. Quizás era su piel de porcelana; ella nunca había visto una tez tan blanca y perfecta, o esa sonrisa de perlas que tenía; Tooth y las hadas tenían razón, eran los dientes más blancos que había visto... Pero, esos ojos azules con un toque marrón al fondo.
Si, ella podía ver un poco de lo que fueron sus ojos castaños, y por alguna razón...le resultaban tan...familiares. Pero, pese a ese toque marrón, ese azul cristalino tan puro...le llamaba la atención.
-Tienes unos muy bellos ojos como para que arrugues las cejas- rió divertida y un poco hipnotizada por los ojos de Jack, quien se sonrojó un poco mientras ella tocaba traviesamente su nariz.
-¡Oye! Deja de coquetearle a Jack y dinos si vamos en el camino correcto- refunfuñó Aester. Cupido alzó la mirada y flotó delante de ellos con una sonrisa audaz.
-Ooh...Aester está celoso, cosita bonita...- dijo ella, agudizando su voz y haciendo que sonara falsamente tierna- Pero, ja, ja... Van por buen camino- dijo y se sentó en la orilla del trineo con una pierna cruzada, mientras la hadita de Tooth y fiel acompañante de Jack se posaba sobre su hombro- Hola, bonita...- dijo ella, mientras la acariciaba y el viento le despeinaba su cabellera.
Jack se detuvo a mirarla por un momento, seriamente... De acuerdo, su primer beso había sido un complot total, lo estaba matando y ahora era un secreto para con sus amigos, pero, si no fuera tan letal...Cupido podía ser realmente... ¿Guapa?
Sacudió la cabeza cuando se dio cuenta en que pensado. ¡Ella era la que había sellado quizás su propia muerte!
-Quisieras, mocosa...- refunfuñó el Conejo, ligeramente nervioso, un tono que no le pasó desapercibido a ninguno de los otros Guardianes.
-Vamos, deja de pelear... Es bueno sentir el humo de las nubes rozando tu piel... ¿no lo crees?- dijo, mientras flotaba hacia atrás y extendía la mano para rozar el vapor de las nubes...- Además, ya hemos llegado...- sonrió.
Al instante los ojos de Jack brillaron cuando vio el paisaje que tenía frente a ellos. Era...un Palacio, pero no cualquier tipo Palacio, uno en el cielo, sobre las nubes... Escondido entre esa neblina y el vapor de agua. Era majestuoso, impotente... Tenía aire griego, y podría jurar que se trataba del mismo Olimpo.
Ese acabado helenístico, de mármol blanco y oro en algunas partes, las plataformas, las columnas, el techado, se podía decir que, de los refugios de todos los Guardianes, ese tenía la arquitectura más complicada de todas. Tenía algunos grabados de corazones, filigrana de oro y demás.
Se veía majestuoso, pues tenía fuentes de agua cristalina y al acercarse vieron una pista...era como si Cupido los hubiese esperado.
Ella sobrevoló y se dirigió a la pista, donde toco el fino mármol, luego se metió los dedos a la boca y silbó para indicarle a Norte que ese era un buen lugar para aterrizar su trineo. Norte rió complacido de la grandeza de ese lugar, tiró de los rieles y con una velocidad mayor, descendieron para aterrizar.
-¡Ahhhhh!- gritó el Aester, pegándose a las paredes del trineo, mientras Sandman extendía los brazos divertido. Sentían el aire helado en sus rostros y para cuando el trineo tocó absurdamente el suelo con una suavidad burlona, el corazón del Conejo estaba a punto de salirse del pecho.
-Indiscutiblemente... Prefiero la tierra- jadeó Aester asustado, mientras Jack reía de ver su cara pálida.
-No hubieses llegado esta vez por tierra, estamos en el cielo- explicó Tooth, mientras igual reía un poco.
-Buen punto- dijo Cupido, colgándose el arco roto al hombro y mirando a todos -Bienvenidos al Palacio de Querubines...mi...humilde hogar- dijo con falsa modestia.
-¿Humilde?- repuso Norte con sarcasmo y diversión- Veo que este pequeño regalo de Serafina lo supiste aprovechar muy bien- dijo mientras bajaba del Trineo y este lo sacudía, debido a su enorme peso y Jack bajaba antes de que lo sacara disparado junto con su báculo.
-Ciertamente lo he sabido aprovechar, mi querido Norte... Pero además... Me brindó ayuda extra- dijo y le guiñó el ojo.
-¡Mi señora!-
Una voz aguda llamó la atención de los Guardianes y vieron como un pequeño niño se acercaba a ellos... ¿Volando? Sí, porque tenía alas... Unas pequeñas, pero bonitas alas mas blancas que las de un cisne y les pareció ver algunos toques rojos en ellas de una que otra pluma pinta.
Tenía unos enormes ojos azul zafiro y su cabello rubio se encrespaba graciosamente, por no mencionar esas bonitas mejillas con hoyuelos y sonrojadas por naturaleza, además de algunas pecas que se asomaban debajo de sus ojos y de su nariz. Parecía que tenía prisa, pues cuando vio a Cupido se le llenaron los ojos de preocupación y llegó a ellos jadeando.
-Michel... Ya era hora de que llegarás...- le reprendió Cupido al pequeño niño cuando se postró ante ella. Realmente era pequeño, pues no le llegaba ni a la cintura el rubiecito.
-¡Disculpe mi señora! Estaba viendo que todos tuvieran listo de una vez todo listo para el día de San Valentín- dijo nerviosamente, mientras se inclinaba ante su presencia.
-¿Que no ves que tengo compañía?- dijo, mientras señalaba con su pulgar por encima de su hombro a los Guardianes. El niño se asomó para verlos mejor y ahogó un grito de emoción.
-¡Oh por el Hombre de la Luna! ¡No puedo creerlo! ¡Son los Guardianes! Santa Claus, el Hada de los Dientes, Sandman, el Conejo de Pascua y...y...Jack Frost ¡El nuevo Guardián!- exclamó con emoción, mientras estrechaba sus manos fuertemente y ellos esbozaban sonrisitas nerviosas, pero amables ante tanta admiración- Soy Michel, el querubín a cargo y mano derecha de la Señorita Cupido- se presentó.
-Un placer, pequeño- contestó Jack, mientras le despeinaba el cabello, divertido.
-Si, bueno... Llama a los otros por favor. Necesito que me atiendan en a los invitados en lo que yo me encargó de esto- dijo ella, mostrándole el arco roto. Al instante el muchachito palideció y se llevó las manos a la boca.
-¡Oh! ¡No puede ser! ¿Como suce...?-
-Me gustaría explicarte, pero necesito el arma de repuesto y has que ellos se sientan cómodos ¿Vale?... Aunque no demasiado- dijo, refiriéndose a los Guardianes.
-¡Claro que sí, mi Señora!- dijo, en un tono casi militarizado y luego silbó para los enormes portones que daban a la entrada. Al instante llegaron más niños con alas que sorprendieron a Jack, más que nada.
Eran pequeños niños que no rebasaban la estatura de el pequeño Michel, todos increíblemente hermosos y angelicales. Algunas eran niñitas de cabellos rubios, castaños y pelirrojos adornados con florecillas blancas y de sus alitas, en lugar de los toque rojos que tenía Michel y otros niños, estos eran rosas pastel.
Sin duda la palabra "feo" no era mencionada en ese lugar. Pues tanto niñas como niños, eran tan apuestos y tiernos que los Guardianes no pudieron evitar sonreírle a cada querubín que los saludaba con emoción, igual que el primero.
Sin más preámbulos, Cupido y los demás los guiaron dentro del enorme palacio, dejando el trineo y los renos a cinco querubines que comenzaron a cepillar el pelaje de los animales y a pulir el lujoso trineo de Santa.
Y cuando entraron...a Jack se le desencajó la mandíbula al ver la majestuosidad de ese palacio: techos de cristal, paredes de oro y mármol, miles de esos niños con alitas yendo de un lado a otro, preparando diferentes cosas y trabajando arduamente... Le recordó a la Fábrica del Polo Norte, solo que en vez de Jetiz, eran Querubines, y en vez de Navidad, era San Valentín.
Del techo de cristal llovían de la nada pétalos de rosa y flores de cerezo hacía la proyección de un globo terráqueo muy parecido al de Norte, solo que hecho con los polvos rosas de Cupido y con puntitos de luz rojos, señalando en lugar de niños, a los millones de enamorados en el mundo.
Y había diferentes áreas en todo el Palacio. Había un enorme invernadero por el que pasaron y muchas adorables niñitas cuidaban de diferentes rosas y otras flores, estaban grandes, vivas, brillantes gracias al rocío y al cuidado que le daban a cada flor para que fuera regalada el día de San Valentín.
Por otro lado, había otra sección donde se hacía chocolate... ¡Y tenía una fuente enorme de chocolate líquido! Ahí los querubines tomaban el chocolate, lo trabajaban y lo volvían macizo, para luego tomar trocitos y hacerlo un corazón. Todo esto, según Cupido, para regalar a los enamorados y amigos el catorce de febrero.
En otro lugar lleno de partículas luminosas y estancia inspiradora miles de Querubines trabajaban algo que Santa también hacía con las cartas de los millones de niños: El Correo del amor. Pues muchos escribían en maquinas anticuadas o con plumas de cisne y tinta diferentes cartas en forma de corazón, blancas, de muñequitos abrazados y demás... cartas que los enamorados mandaban y que esperaban ser respondidas.
-¿Ya habían venido aquí antes?- le preguntó Jack a Tooth, quien era la más cercana y aun viendo, admirado y perplejo que el Día de San Valentín fuera tan complicado como para tener esa carga de trabajos.
-La verdad es que si- respondió el Hada con una sonrisa- Cupido y yo somos buenas amigas, así que a veces me invitaba a venir... Aunque claro, estaba tan ocupada con los niños que ya no podía visitarla regularmente. A mis hadas, les encanta venir, sobre todo por la fabricación del chocolate- sonrió ella, mientras el hadita en el hombro del peli blanco accedía con la cabeza, dándole la razón.
-Mis huevos son mas ordenados...- bufó el Conejo, sonriendo maliciosamente.
-Te he escuchado...- dijo Cupido, sin voltear a verlo y sonriendo, a lo que el resopló.
Había otros apartados más, pero el que llamó la atención de Jack fue una presa de un liquido morado con más partículas luminosas, donde los Querubines tenían especiales cuidados para seleccionar un lugar y recoger en botellitas de cristal un poco de este liquido, que caía como cascada de algún lugar y que desprendía algo de vapor en el cual se dibujaban unos corazón apenas visibles.
Esto llamó la atención de Jack. Porque, todo lo que hacían los Querubines era con esmero y dedicación, pero a esa sección en particular le tenían mucho cuidado, como si le tuvieran miedo.
-¿Qué es ahí?- le preguntó a Michel, quien miró primero donde señalaba y luego le respondió:
-Es la fórmula del enamoramiento. La señora baña sus flechas ahí y después las seca, de manera que quede solo su esencia. Nosotros la trabajamos con cuidado porque sabemos que es poderosa y muy peligrosa en cantidades mayores- explicó el pequeño niño.
-¿Por qué es peligrosa?- preguntó de nuevo Jack, quedándose atrás de todos los Guardianes junto con Michael.
-Si se consume en cantidades mayores crea en los humanos la llamada Fiebre del Amor. Es muy peligrosa, dado que, cuando se enamora de una persona no se puede separar de ninguna manera. Debe la persona que está bajo el encantamiento te la formula estar con el o ella, de otro modo se enfermaría, dejaría de comer, de bañarse, incluso de respirar...y, en el peor de los casos...-
-La muerte...- completó Cupido, ya que había oído la conversación al igual que todos, aunque no se volteó a verlos siquiera. No supo porqué, pero se le erizó la piel a Jack cuando supo que la respuesta había venido de ella.
Una vez que llegaron a un enorme portón dorado, Cupido se detuvo y se giró a verlos con su sonrisa perspicaz.
-Bueno, pues...me prepararé y ustedes pónganse cómodos ¿Si? Michel, asegúrate de su comodidad y envíame a Rafael y a Rose por favor- le pidió al niño, quien hizo una reverencia, captando la orden.
-Si, mi señora-
-Y ustedes...- dijo, apuntándoles y mirándolos con los ojos entrecerrados, duramente- No-toquen-nada...- dijo, amenazadora y entrecortadamente- Y estén listos. Regresaré y saldremos para ver qué haremos con Pitch-
A todos se les erizó la piel cuando oyeron esto. Bien, Cupido se había mostrado indiferente y grosera respecto a eso de salvar el amor a petición del Hombre de la Luna, pero esta vez parecía que iba en serio.
Parecía... Atemorizantemente decidida.
Una vez dicho esto, se dio media vuelta, haciendo revolotear su espesa melena pelirroja, levantando el rostro y abriendo por portones. Entró a la estancia siguiente y, moviendo sus caderas a su caminar, cerró la puerta sin mirar atrás de un golpe.
-Bien, Guardianes. Síganme...- pidió Michel.
-Pensé que Cupido trabajaba sola- dijo Jack.
-En realidad lo hace, muchacho. Todo lo que hacen sus Querubines es material de trabajo para su día. Pero la que se encarga de enamorar a la gente por medio de las flechas, de los chocolates y cartas y es Cupido- explicó Norte, dándole una enorme mordida a un trozo pastel de chocolate con cerezas que había pedido a Michel, así como Meme una taza de chocolate caliente y Tooth algunas fresas- Debo decir que, me copió el método de trabajo-
- En sí el trabajo de Cupido es pesado- explicó Tooth- El Día de San Valentín solo es el día de mas demanda en el amor... Pero Cupido en realidad enamora personas los trescientos sesenta y cinco días del año y se la pasa afuera todo el tiempo. Casi no viene aquí a no ser que sea para mas flechas o demás. Ni siquiera viene a dormir aquí-
Sandman solo asintió, dándole la razón al Hada. Él lo sabía porque cuando le causaba el sueño gracias a sus arenillas generalmente se quedaba a la orilla de un lago, en la rama de un árbol o arriba de un edificio.
Y Jack se puso un poco serio... Ella era como él antes de ser un Guardián. Trabajaba sola de cierta manera y errada en una fantasía no visible. Tampoco era que los jóvenes creyeran en ella como los niños en Santa o el Hada de los Dientes...pero si en el amor.
Por un momento se sintió mal por ella.
-¿Que tienes, Jack?- preguntó Norte, frunciendo un poco el seño- Te ves preocupado...-
-Si, estas muy pálido- dijo el Hada.
Al instante, las miradas de los Guardianes y del hadita se posaron en él, mirándolo, inseguros y preocupados... Y se puso nervioso, tanto que tenso el agarre de su báculo.
De acuerdo, las mentiras nunca habían sido su fuerte y mentir le saldría mal. Él lo sabía... ¿Debía decir la verdad, entonces?... ¿Qué les diría? ¿Qué Cupido había puesto en su vida inmortal el Beso de la Muerte y si no le entregaban el arco, moriría? ¿Se le aventarían cuando reaccionaran a ella?
¿Y si empeoraba las cosas y en lugar de ser una guerra contra Pitch, se volvía una guerra contra Pitch y Cupido?
-No... No tengo nada...- trató de disimular Jack- Solo estoy cansado-
-¡Oh! Vamos, Jack... Cansado debería estar yo... Ya estoy viejo- dijo Norte con una sonrisa divertida- Y mírame... Estoy aquí, fuerte...¡Y comiendo pastel!-
-¿O será que incluso Jack Frost ya cayó en las redes de la belleza y el sensualismo de Cupido?- dijo Tooth, con aire romántico.
No supo porqué, pero al oírle decir eso, se ruborizó entero.
-¿Qué?...¿Y-Yo? ¡Na!- dijo él, nervioso y se topó con la sonrisa burlona y picara de Meme a su lado, subiéndole más el pulso- ¡Santo cielo! ¡Dejen de mirarme así...!-
Al instante, todos soltaron unas risitas a excepción de Jack y el Conejo, quien lo miró que manera más inquisidora.
-Bueno, bueno...- rió Norte- Sería normal que el joven Jack le haya atraído... Cupido es...ciertamente... Hermosa-
-Bueno, lo guapa nadie se lo quita... ¡Pero por favor! Está loca...- dijo Jack, pensando igual en aquel beso- Nadie se podría enamorar completamente de ella-
-Lo creas o no, Cupido es muy codiciada...- rio Tooth- Ahí está Pitch... O no vamos lejos... Aester también cayó en sus redes y sin usar flecha-
-¡Eso fue hace mucho tiempo!- replicó el Conejo- Sin embargo, debo aceptar que sigue estando igual de bella...- refunfuñó, cruzando sus atléticos brazos en su pecho. Esta vez Sandman le sonrió a él pícaramente y asintió un poco, haciéndole burla.
-He llegado- dijo Michel, entrando por la puerta de la pequeña, pero lujosa sala a donde los había llevado. Pues tenía un enorme ventanal con vista al azul cielo y la estancia tenía unos cómodos sofás donde los Guardianes se habían instalado, mientras esperaban a Cupido- Dice mi señora que en un momento viene. Solo está buscando el arco de reemplazo-
-Gracias, enano...-agradeció el Conejo de Pascua.
-De nada señor...- dijo el muchacho y luego titubeo un poco, pensando mejor si decía algo que tenía en mente a raíz de un aviso de Cupido- Y...si no les molesta que lo diga claro, la señora ya me tiene al tanto de lo que pasó con el Señor de las Sombras. Para todos los Querubines ha sido muy fuerte que la señora haya perdido su posesión y arma más valiosa- dijo con pena.
-Lo sabemos, muchacho. Es por eso que, trabajando juntos, haremos que las pesadillas de Pitch desaparezcan y que tu ama recupere su preciado arco- sonrió Norte, con confianza.
-Eso espero, señor- sonrió Michel- La Señora le habla muy bien de ustedes. Dice que los encuentra bastante interesantes y geniales... A excepción del joven Frost, dijo ella-
Las alarmas de Jack salieron disparadas de su cabeza cuando oyó su nombre y el de Cupido en una misma oración. Así que lo odiaba... Bien, ya estaban a mano. Al menos el no la estaba teniendo en una presión mortal gracias a un absurdo beso, que lejos de haberle gustado, tenía contando sus días inmortales.
Miró a Michel con el seño fruncido, asustándolo un poco por su repentina irritabilidad y se levantó de golpe del sofá, tomando sus cayado con firmeza.
-¿Podría hablar contigo unos minutos?- refunfuñó con los dientes apretados y tomando su hombro.
-S...Sí, señor...- dijo el niño, con voz temblorosa. Entonces se dirigieron a la puerta, mientras los Guardianes miraban dudosos la actitud de Jack, luego de que sus miradas desaparecieran al cerrar la puerta.
Ya afuera, Jack se encaró al pequeño niño, quien tenía miedo de su mirada, que irónicamente se había vuelto matadora y él notó como bajaba las alas, en señal de miedo.
-¿En qué puedo servirle, señor?- preguntó Michel.
-Necesito que me digas todo lo que sepas acerca del Beso de la Muerte- dijo Jack con decisión. No le gustaba aprovecharse de las otras personas para sacar información. Pero ese niño era lo más cercano a Cupido y quizás sabía cómo quitarlo y en qué consistía más a fondo.
Michel abrió los ojos un poco sorprendido de que se hubiese informado de eso, ya que esa era una de las armas secretas de Cupido que solo usaba con enemigos que ella consideraba peligrosos.
-¿Como lo...?-
-No importa como lo supe- dijo Jack con dureza- Solo...necesito saber-
-Mire, señor. No sé mucho de eso, solo sé que la Señora utiliza esa táctica para sellar pactos, matar a sus enemigos y atarlos primero a su conveniencia-... De acuerdo, había comenzado a preocuparle más- El Beso de la Muerte es un Conjuro muy poderoso... Logra penetrar el alma a quien se le aplica y comienza a destruirlo desde adentro-
-¿De qué manera?- pregunto Jack, serio.
-Como solo los inmortales pueden tener contacto con ella, el Beso de la Muerte hace que el corazón inmortal de una persona... Se vuelva mortal. Así que, si alguien tiene ciento cincuenta años, y recibe el beso, volverá a su forma vital... Y por ende, moriría, porque nadie tarda tanto tiempo en seguir vivo si se es mortal-
Tuvo que recargarse en la pared cuando escucho lo que Michel le decía... Estaba anonado, como si le hubieran pateado el estomago fuertemente...
Mortal. Mortal. Mortal... Se repetía una y otra vez esa palabra.
No...No podía ser...si seguía pasando el tiempo volvería a tener el cabello castaño, o los ojos marrones...
No.
Eso no iba a pasar. Tenía más de cuatrocientos años siendo Jack Frost...cuando se volviera inmortal a lo mucho se convertiría en un montón de cenizas... Por eso se sentía cansado... El peso de los años lo comenzaba a sentir.
-Señor... ¿Está usted bien?- preguntó Michel preocupado cuando vio lo pálido y amarillo que se había puesto. Parecía que en cualquier momento se iba a desmayar o a vomitar.
-No puede ser...-susurró Jack, asustado y lo miró con ansiedad- ¿Hay alguna manera de revertirlo? ¿¡UN ANTIDOTO O LO QUE SEA!?- pronto comenzó a gritar preso del miedo. No quería morir, no así...hecho cenizas...no ahora que ya no era invisible, que los niños lo amaban y que tenía un lugar con los Guardianes.
-S...Se supone que no debo hablar de ello- balbuceó el niño, retrocediendo algo asustado.
-¡Dímelo!- exigió Jack- O te juro que te desplumare poco a poco...- le amenazó, entornando su mirada a una diabólica y apuntándole con su cayado. El niño lo miró asustado y retrocedió hasta pegar de espaldas con la otra pared.
-Está bien, está bien... De cualquier forma no sé para que le podría servir esa información.- Jack esbozó una sonrisa sin gracia. Si ese niño supiera...- Escuché, en efecto hay una reversión ante ese conjuro. Es tan simple como la manera en la que se marca-
-Dime cual es...- dijo Jack interesado, retirando un poco de él su cayado.
-Debe recibir otro beso de la señorita Cupido- dijo Michel. Al instante los ojos de Jack se ampliaron un poco y se relajó... ¿Besar a Cupido de nuevo? Sería intenso...pero tal vez no tan complicado.
-Suena fácil...- dijo el peliblanco, separándose un poco mas su cayado de él y enderezándose, igual que el niño.
-En realidad no lo es... Porque la señorita Cupido debe besar al que se le aplicó el conjuro. No puede ser al revés dado a que no sería válido- explicó Michel.
-¿Ella debe besar a él involucrado...sino no se revierte el hechizo?- dijo Jack débilmente, matando toda esperanza posible.
-Así es- dijo Michel, asintiendo un poco.
-¿Y cómo se le puede hacer para que ella bese a una persona?- preguntó Jack, tratando de sonar optimista.
Pero pareció que la pregunta había sido ilícita y muy prohibida, pues cuando lo hizo la expresión del querubín cambió a una muy extraña. Miró por detrás de él y a los lados, cerciorándose de que no los pudiera escuchar nadie y con su dedo de pidió de favor que se acercara.
-Solo existe una y solo una manera para que la Señorita Cupido besé a alguien- susurró el joven.
-¿Cual es esa manera?- pregunto Jack impaciente. Fuera lo que fuera no podía ser tan difícil o complicado para que volviera a probar los labios de la pelirroja. Miró a Michel y él se acercó a su oído.
-Enamorándola...-
Bien. Eso podía ser realmente difícil.
Hasta aquí, criaturitas…jajajaja xD…Lo sé, lo sé…adelanté el beso entre Jack y la hermosa Cupido, pero asi tiene que ser, para hacer mucha más tensión en la historia xD
Bueno, en el siguiente capítulo sabremos acerca de Jaimie, el niño que sale en la película, además de que Pitch hará su segunda aparición aquí…¿Jack realmente podrá enamorar a Cupido y recuperar su inmortalidad? Y… ¿Quién es el nuevo aliado de Pitch? Bueno, el siguiente capítulo ya tiene nombre y está en proceso, y para remediar un poco mi terrible demora les diré como se llamara: "El lado oscuro de la Nieve". Ajam… haber si eso les dice algo :3
Y bueno, debo agradecer a una lectora o lector (disculpa, desconozco tu sexo) que me ayudo a corregir algunas faltas de ortografía además de algunos datos como "Jetix" y el nombre del muchachito que interviene con Jack. Gracias por los datos y debo decir que en este tiempo me he tomado de varias páginas de internet para saber más acerca de esta peli y de los libros, algo que me inspiro mucho a seguir dado que el jugo que le puedo sacar es bastante.
Bueno, pues gracias por leer y espero vernos en el siguiente capítulo, y para los lectores del fic "Las Olimpiadas de la Perla" tranquilos, que ya subiré el siguiente capi y este ya tiene título.
Bueno sin más, de nuevo gracias por sus reviews, se me cuidan y nos estamos leyendo.
Bye :D
