Lo siento realmente chicos (as), me he tardado mucho pero deben entender que más allá de los Fics nosotros tenemos vidas… y no del todo vacías de problemas o situaciones que a veces no permiten tener veinte brazos y ojos par atenerles lista la historia. Además quiero anunciarles que comencé un nuevo Fic llamado She is my Sin, eso es debido a que The Princess Swan está llegando a su fin- si leyeron bien-, pero estoy tomando en cuenta en hacer una secuela ya verán en su momento por qué, y… ¡Estoy escribiendo mi propia novela! Lo único que les puedo decir al respecto es que hay mucho romance y fantasía a lo Crepúsculo, sólo que esta vez no hay ni vampiros ni hombres lobo y mucho menos es sobre magos como Harry Potter, sólo les puedo adelantar que se trata sobre una leyenda familiar y que en cuanto esté lista se los haré saber por si quieren leerla.

Edward me dio mucha lata en los capítulos anteriores así que, en este por fin le cederé el micrófono a él para que nos cuente el por qué de lo que vimos anteriormente. Además… bueno, sólo les digo que romperé con todo cliché, ya verán porque…

Disclamer: Los personajes de Crepúsculo© son propiedad de Stephenie Meyer, Summint Entretainment, Alfaguara Juvenil y Little Brown Editions. Cualquier parecido con telenovelas o películas de Disney… ¿es coincidencia? XD

Disfruten…

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"Me muero por abrazarte y que me abraces tan fuerte y que me beses cuando despierte acomodado en tu pecho…"

–Alex Ubago, Sin Miedo a Nada.

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JUEGO DE GEMELOS

EPOV

–Doctor Cullen– una de las enfermeras me llamó una vez que salí de la sala de emergencias.

Tanya estaba en estado grave, y lo peor de todo era que no tenía familiares cercanos a quienes acudir.

–Dime Hepzibah– le dije con voz cansada.

–Su padre, quiere verle– me anunció y así sin más pegó la media vuelta y se alejó por el pasillo.

Hepzibah estaba molesta conmigo por no haber caído en sus redes… Mujeres… ¿quién las entiende?, además yo no estaba para iniciar una relación… bueno… tal vez este mintiendo un poco en ese aspecto teniendo en cuenta de que un par de ojos color chocolate me persiguen por todos lados…

Suspiré con frustración. Eso está prohibido, Edward. Es la nana de los niños…, no podía darme el lujo de anteponer mis sentimientos antes del bienestar de mis hijos. Estaba prácticamente seguro que si Bella los dejaba no habría Dios que… inclusive a mí, nos devolviera la vida. Por eso no era bueno jugar con fuego. Me había apañado todos estos años sin una mujer a mi lado…

¿A quién quieres engañar? ¡Estas peor qué un adolescente enamorado de ella! Ella es TODO lo que deseas, ama a tus hijos, es inteligente, es preciosa, es un ángel. Pero por sobre todas las cosas los quiere a los tres, o al menos eso parecía… ¡Demonios! Es frustrante no saber qué pasa por su cabeza… ¿Sentirá lo mismo que yo? ¿Recordará la mañana en que despertamos juntos? ¿Mi olor la perseguirá como lo hace el de ella conmigo?

–Edward, hijo– la voz de mi padre me sacó de mi torbellino de inseguridades.

–Padre– le saludé.

–Hijo, he pedido que vinieras a verme porque ha surgido un problema. Me he enterado de lo de Tanya…– asentí para darle a comprender que estaba al tanto de su participación en el proceso de rehabilitación que se daría después de esta cirugía a la que la habíamos sometido– El problema está en que no voy a poder estar para seguir con su tratamiento…

–El Congreso de Washington está próximo, lo sé– le dije serio, no entendía por qué de pronto Carlisle me estaba evadiendo con la mirada– ¿Ocurre algo, papá?

–Hijo, tú sabes que la Doctora D'Nali no tiene familiares aquí en los Estados Unidos…

–Si, estoy al tanto de eso.

–Entonces deberás saber, que yo había ofrecido la casa para que ella se recuperara luego del tratamiento… sólo que se me olvidó… que teníamos el Congreso…

–Puedo hacerme cargo yo.– le dije con seguridad, siempre me había gustado ayudar a mi padre y ésta no sería la excepción, sólo que yo estaba equivocado en varios aspectos que se me pasaron por alto antes de abrir mi gran bocota.

–Edward, no es necesario…

–Yo me ocupo, papá– le repetí serio–. Además recuerda que en casa hay bastantes habitaciones…

–Tienes un corazón de oro, Edward– me sonrió mi padre, pero pese a que se le notaba aliviado la alegría no le llegó a los ojos.

–Me estás ocultando algo…– le dije.

–Verás, hijo– suspiró Carlisle mientras se pasaba la mano por su rubio cabello señal de que este tema sería algo incómodo, un acto que yo había heredado de él–. Sé que hay algo entre tu y Bella…

–Papá…

–Déjame terminar, hijo– me miró serio, yo asentí dándole luz verde para que continuara con aquello que quería decirme–. Sé que hay algo entre ustedes… tal vez aún ninguno halla dicho nada… pero… las cosas… los cambios… tu sonrisa a la hora de venir a trabajar…, se nota que algo ha pasado, no sé ni intento conjeturar nada. Sólo te quiero pedir que mientras la Doctora D'Nali esté en tu casa… No des pie para que la relación entre tu niñera y tú dé de qué hablar o que Tanya llegue a malinterpretar la situación. Porque a pesar de lo que sientan, ella sigue siendo tu empleada y tú su jefe…

Las palabras de mi padre quedaron grabadas con fuego desde ese día. "A pesar de lo que sientan, ella sigue siendo tu empleada y tú su jefe…", en sueños me perseguían…

Al final tomé una decisión, que estaba seguro, de la cual me arrepentiría más tarde… Comencé a alejarme de Isabella Swan. Me torné el patrón frío y distante que había sido los primeros días que la había conocido.

Grace y Lorcan sintieron el cambio tanto como la misma Bella, sino es que más. Ya no estaba todo el tiempo en casa, me la pasaba en el Hospital, trabajando como loco, evitando que las cosas se me fueran de las manos.

Sabía que tanto Emmett como Jasper, estaban al tanto de lo que estaba pasando, debido a que papá debió contárselos durante alguna cena en casa de mis padres.

Durante toda una semana estuve actuando "raro". El cambio me estresaba más de lo que había pensado, era difícil volver a ser aquél huraño que se la pasaba horas en el trabajo. Y eso se debía a que había sido segado con una luz… pero ahora todo esto estaba destinado a desaparecer, debía hacerlo, pero ya sabía yo que era imposible porque… cuando el meteorito cayera sobre el horizonte, todo se volvería negro. Nada habría cambiado, pero mis ojos ya estaban cegados por la luz. Ya no podría ver las estrellas nunca más…

¿Qué clase de hechizo me pusiste, Bella Swan?, suspiré frustrado mientras me pellizcaba el puente de la nariz.

Me lo estaba haciendo sumamente difícil. Inclusive el mismo día del partido de Lorcan fue cómo el ojo de un huracán, verla a ella con Grace en el equipo de porristas, animando a Lorcan… dolía de sólo verlo. Lo que más me impactó fue ver que ella llevaba el mismo número que solía llevar yo en la secundaria, cuando había sido parte del equipo de rugby junto con Emmett.

Aquella noche, Jasper y Alice anunciaron su compromiso, estaba realmente feliz por ellos, se notaba que se amaban pese a que sólo se habían conocido desde hacía unos meses atrás. Pero como muchas veces ha dicho Esme: "El destino siempre obra de maneras extrañas", y Jazz y Alice no eran la excepción. Ojalá todo fuese como su relación, así de fácil.

Maldigo la hora en que tuve que pedirle a Bella que fuera la nana de los gemelos, a lo mejor, podría haberla invitado a salir… Si, claro Edward. Si no hubiera sido por los niños tú ni siquiera te habrías fijado en ella…, bueno eso no era del todo falso… si Lorcan y Grace no se la hubiesen cruzado, jamás la hubiéramos conocido.

Por ello sabía que los niños no recibirían con júbilo la noticia que les tenía. Es más sabía que ellos no querrían a Tanya bajo el mismo techo. Sólo esperaba que no me complicaran las cosas, no quería que Tanya pensara lo que no era y se generaran mentiras.

Y no me equivoqué… Lorcan y Grace no estaban nada contentos con la idea… sólo esperaba que Bella les hiciera comprender, y ella algún día me perdonara…

BPOV

¡Arrrggggg!, tenía ganas de estrangular a cierto intento de Barbie… esa doctorcita ya me tenía hasta el copete. ¿A caso tengo cara de sirvienta? ¡Oh, pero no! La mujer necesita esto… la mujer necesita lo otro.

Al menos tenía a Queque, que pobre, me ayudaba en lo que ella podía mientras estaba en la Mansión. ¿En qué demonios estaba pensando Edward cuando acepto traer a esta mujer a la casa?

Ya habían pasado dos semanas desde su llegada y cada día más se sentía como la dueña y señora de todo lo que la rodeaba… ¡Dios era insoportable! Además ninguno de los niños la toleraba, por lo que era bueno que aún no tuviera permiso de salir de su cuarto, el cual se encontraba en la planta baja, acondicionado para su necesidad. Tenía el presentimiento de que los pequeños iban a hacer todo lo posible para que Tanya no se sintiese bien recibida…

Y no me equivoqué. Odiaba que Edward hubiera tenido razón… y para mi mayor desgracia… él estaba presente en aquél primer incidente. ¿Qué que pasó? Mmm… digamos que la pequeña escena se dio durante la primera cena que Tanya D'Nali pasó con nosotros, los cuatro juntos, esta involucró una silla y una piña de pino… nada que no pude arreglar antes de que pasara a mayores, aún no sabía cómo Grace la había colocado ahí sin que nadie la viera. Y menos cómo hice yo para no gritar…

–¡Edward!– la voz chillona de la doctora resonó por todo el comedor aquella noche.

Reprimí una mueca de disconformidad que comenzaba a asomarse en mi rostro, o al menos sentía que así era.

Tanya ya no necesitaba de una silla de ruedas, pero si de una andadera, al parecer el accidente la había dejado un poco inválida, pero nada que no se pudiese solucionar con el tiempo y los cuidados necesarios.

–No sabía que venía a cenar– le dije seria en cuanto él recién llegado hizo acto de presencia.

¿Fue mi imaginación o esbozó una mueca al comprobar que ya no me dirigía a él de "tú" sino de "usted"? ¡Ja, toma ésa Edward Cullen! Si creías que ibas a seguir siendo tratado como si nada… yo también podía ser fría y si quería dura.

Rápidamente recompuso su rostro, ayudando a Tanya a entrar en la habitación con él. Grace y Lorcan ya se hallaban sentados en la mesa, mientras yo empezaba a poner la cena que les había preparado: molletes, algo típico mexicano que había aprendido a hacer durante mi estancia en Phoenix con mamá.

Fue entonces cuando me percaté que la silla que se suponía que estaba destinada a Tanya tenía algo oscuro y puntiagudo sobre ella. Sin pensarlo dos veces me lancé a sentarme en ella, antes de que la doctorcita pudiera hacerlo. Mi trasero aún lo lamenta, incluso traté por todos los medios mantener mi rostro sereno, supe que habían sido los gemelos cuando me miraron con preocupación.

–¿Estas bien, Bella?– Grace me miró con mucha pena y preocupación, la culpa se reflejaba en sus ojos esmeraldas.

–Mmm… sólo…– tomé aire para que no se me quebrara la voz, esta mierda dolía como la condena y no podía hacer nada, pues era una falta de respeto levantarse de la mesa cuando estábamos comiendo, por lo que me limité a tratar de moverme y sacar la piña que…, los ojos se me pusieron vidriosos, me mordí el labio para frenar las lágrimas que amenazaban con salir–… no… no es nada…

–Perdón– susurró Grace una vez que terminamos la cena y los estaba arropando, ambos habían querido dormir en el cuarto de Lorcan.

–Eso quiere decir que…

–Lo siento– me miró con sus ojos verdes llenos de culpa.

Suspiré, nunca podría negarle algo a ella o a Lorcan.

–No lo vuelvan a hacer…– les dije seria– ¿Lo prometen?

–Pero Bella…

–Nada de pero, prométanme que no lo volverán a hacer…

–Te prometo que no volveré a poner una piña en el asiento de Tanya.

No se me escapó lo que la promesa implicaba, sólo esperaba que no hicieran nada que molestara al patrón.

Pronto se iba acercando Halloween, lo que significaba que iríamos de acampada, o al menos ese era el plan hacía unas semanas atrás, pero ahora con Tanya aquí…

–Anímate, Bells– Alice me miró con preocupación.

Faltaban sólo cinco días para la supuesta acampada, y Edward seguía tan frío y distante como siempre, incluso más. La que estaba toda encantada con ello era la doctorcita oxigenada.

–No puedo, Ali– suspiré derrotada, mientras echaba la cabeza para atrás en un intento de adquirir una postura relajante en aquél cómodo sillón del departamento de mi amiga.

Angela y Rosalie me miraron con reprobación.

–¿Qué?

–La vida no es sólo de hombres…– empezó Rose.

–Si a mí Ben me hiciera lo que hace Edward…

–Chicas…– las detuve– No somos nada. No tengo derecho de enfadarme si está frío o distante, incluso no tengo derecho de sentir ira cuando Tanya se pone de coqueta con él…

Lancé un gruñido de frustración. Lo peor del asunto era que él no le era tan indiferente a la doctora… o al menos eso parecía. Siempre le preguntaba atentamente cómo se encontraba, escuchaba lo que había hecho en el día… ¡incluso hasta dejó que se pusiera a trabajar en su despacho!

–Estás celosa– zanjó la cuestión Alice.

–No… bueno… ¡Ah, es tan confuso! De una semana para otra dio un cambio de ciento ochenta grados…– les miré a las chicas con desesperación.

–Tal vez, no quería que la Doctora pensara mal de ti…– se aventuró a decir Alice.

–Si, claro…– se mofó Rose– todos los hombres… son iguales. Grábatelo.

–¿Y a ti qué mosca te picó, ahora?– rió Angela.

–Emmett– respondió Alice para sorpresa de Rosalie.

–No es cierto– Rose se sonrojó. Este par era duro de roer, era cómo el tira y afloja… hasta que alguno de los dos cediera…

–¡Oh, Rose!– chilló Angela– ¿No era que ya habían tenido una cita?

–Debes darle una oportunidad al pobre, no todos son como Royce…

Royce King, el ex de Rosalie, la había dejado plantada en el altar. Maldito bastardo, sólo un idiota dejaría a una diosa como ella. Desde entonces Rose, se ha dedicado a partirle el corazón a medio mundo, lo que deja a Emmett cacheteando banquetas…

–Lo sé– suspiró rendida–. Dios, Bella– me miró con una sonrisa– los hombres apestan, deberíamos juntarnos tú y yo…

–Seguro, eres tan hermosa mi Rose– le seguí el juego, tratando de imitar a Leonardo DiCaprio en Titanic.

–¡Oh, Jack!

Las cuatro nos reímos de nuestras payasadas. Una noche de subidón de estrógeno era necesaria en esta semana que me esperaba.

Fue Alice la que dio con la solución, la que haría que la relación con Edward cayera de un lado o del otro.

–Tú, no te preocupes por nada… el destino lo decidirá.

Sólo esperaba que los niños pudieran perdonarme.

GRACE POV

Hoy era un día especial. Sonreí al mirar mi atuendo en el espejo, hábito que había adquirido después de ver a Bu-Bu Esme hacerlo todas las mañanas cuando nos quedábamos en su casa. Hoy iríamos de campamento con Bella y papá. Por fin nos deshaceríamos de la bruja pelirroja, que cada vez más me hacía acordar a la de la película de Disney Hocus Pocus (1).

Me apresuré a bajar las escaleras, sólo para ser recibida por un Lorcan triste.

–¿Qué pasa?– pregunté con la voz algo entre cortada, algo no iba bien.

–Bella…

Justo en ese momento se abrió la puerta del despacho de papá. Bella se veía triste.

–Entonces… es…

–Temporal. Mi padre me necesita– los ojos de Bella brillaron, por un momento pude ver la sombra de la mentira en ellos.

Algo no estaba bien, no entendía a qué se referían. Papá tenía una expresión seria en el rostro, pero sus ojos no me engañaban, lo conocía demasiado bien…

–¡No, Bella!– fue Lorcan el que rompió el silencio, lanzándose contra ella, con una fuerza que no creí que tuviera– ¡Lo prometiste!

Fue en ese momento en que las piezas encajaron como un rompecabezas…

–¡Bella, no!– corrí junto a mi hermano, no podía dejarnos. No.

–Lo siento– se agachó para estar a nuestra altura, sus bellos ojos chocolate nos miraban con dolor infinito–. Mi padre se puso enfermo de último momento… tengo que ir a Forks.

–Pero… ¿qué va a pasar con nuestra acampada?– pregunté entre lágrimas.

Este día pensé que iba a ser especial. Por fin había armado un plan perfecto para que papá y Bella terminaran juntos.

–Iremos con la Doctora D'Nali– respondió papá por ella.

–¿¡Qué!?– no lo podía creer, papá no era capaz de haber hecho semejante cosa.

–La do…– Bella suspiró– Tanya los acompañará en mi lugar…

–Pero…

–No, corazones. Simplemente no puedo ir, mi padre… él me necesita.

No tenía ganas de despedirme de ella, por lo que corrí a mi habitación. No quería hablar con nadie. No era justo.

No sé cuanto tiempo pasó, pero pronto escuché a Bella despedirse de mí desde el otro lado de la puerta. No quería abrirle. Supe que era demasiado tarde cuando papá vino serio a buscarme. Me gustase o no, debía acompañarlos. No es justo.

La Doctora Loca ya se hallaba abajo, con un bolso de mano, supuse que lleno de su ropa. Iba vestida muy ridícula. Demasiado elegante para una acampada. Para mi sorpresa Lorcan, estaba tranquilo y sonriente. Sólo verlo así hizo que mi enojo regresara… ¿es que acaso no quería a Bella en la familia? ¡Hombres, sólo ven una falda glumarosa y la siguen!

La mujer me miró mal.

—Deja de lloriquear mocosa, al fin y al cabo ya podrás tener madre— me dijo con aire mandón.

Un par de lágrimas corrieron por mis mejillas, quería a Bella. No la quería a ella como madre, no quería…

—Tranquila.— me susurró Lorcan, una vez que nos subimos al auto— Todo estará bien.

Le miré mal, ¿cómo podía decir aquello si Bella no estaba?

Me sonrió con picardía, mientras de su mochila de Superman sacaba un walkie-talkie.

—¿Qué…?

—¡Sh!— me regañó, papá y Tanya estaban conversando, o al menos la doctora lo hacía, él se veía… tenso.

—No entiendo— le dije susurrando.

—Bella no nos abandonó— me sonrió con complicidad, señalando el aparato en sus manos—. Tía Alice tiene un plan…

La mera mención de la palabra plan hizo que mi rostro se iluminara con una sonrisa…

LORCAN POV

El camino hacia el lago había sido algo tenso. Quería contarle todo a Grace, pero simplemente no podía hacerlo por miedo a que papá o la oxi me escucharan. Rodé los ojos al recordar el plan de Tía Alice… simplemente era… se merecía un beso gigante. Era una alegría saber que el Tío Jazz se casaría con ella dentro de poco.

Pronto nos encontramos bajando la ladera de la montaña para encaminarnos a nuestro destino, esta parte del trayecto era la que a mí más me gustaba, sólo que debimos parar un poco, debido a que la oxi no estaba en forma. Fruncí el ceño al recordar el primer sermón de papá diciendo que recién había salido operada.

Rodé los ojos, ni siquiera a mí me duró tanto la recuperación después del apenininditis hace cosa de un año atrás, la bruja sólo estaba fingiendo… y precisamente, eso era lo que iba a demostrar.

En una de nuestras tantas paradas, logré capturar una pequeña rana que había cerca de un charco junto a un gran roble. Papá me había enseñado los nombres de aquellos árboles el año pasado.

Me guardé a René en el bolsillo de mi saco, sonriendo ante mi gran plan. Tía Alice estaría muy orgullosa cuando se enterara, ya que este era sólo el comienzo…

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Ok. Les dejo hasta ahí, porque quiero que sepan que seguiré con la historia, el capítulo en sí es un poco más largo… así que lo dividí en dos, estoy con el mejoramiento de la segunda parte…

Primero les aclaro que (1) es la película, en español titulada Abracadabra, en ella actúa la excelente Beetle Meedler, es una de mis películas de brujas favoritas XD.

En cuanto a que Bella se haya ido… es parte del plan. No les aclaro esto porque entonces el siguiente capítulo sería sin chiste. Edward no es tan malo como aparenta… recordemos que el pobre se debate internamente con un problema moral enorme.

EN EL SIGUIENTE CAPITULO DE "LA NANA SWAN":

—¡Ahhhhh!— la voz de Tanya resonó en todo el bosque.

La bruja había volado. Pero… papá estaba… ¿enojado?

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—¡Oh, miren a ese lindo fantasmita!— el vozarrón de Emmett atrajo mi atención.

—¡Truco o Trato!— chillaron los niños en la puerta.

—Los niños son un amor, ¿no crees?— me miró con una sonrisa.

Sin pensarlo dos veces me tiré encima de él. Al Diablo con el diablo.

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—Jake te dije que…

—No soy Jake— su voz aterciopelada hizo que pegara un respingo.

—¿Qué haces aquí?

Uhggg eso si que fue largo… Espero que no me maten si llego a tardar mucho. Dejen sus RR, que los leo todos y me encanta saber lo que opinan, espero no estar siendo muy… cliché XD.

XOXOX

Aye436