Ta-da! Me atrase un día, pero aquí esta el capi. Como dije anteriormente este tiene un poco de Spamano, espero que lo disfruten ^^
Con el tiempo… Llegara.
- ¡Antonio! -escucho una cantarina y nada dulce voz que lo llamaba con indignación.
- ¡Isabel! Pronto anochecerá ¿Qué haces aun en la calle? -pregunto preocupado mientras la saludaba con dos besos.
- Es obvio que estoy con mi abuelo, idiota. -contesto mientras tiraba su cabello tras su hombro.
- Aah es un alivio.
- ¿Y tu donde estabas? Supongo que no andarás engañándome pedaso de español infiel. -casi grito mirándolo con furia.
- ¡Jamás! Solo tengo ojos para ti, mi querida Isabel, -tomo sus manos y junto sus frentes.- desde el momento en que nos conocimos solo eh tenido ojos para ti, eres la única mujer que esta mis pensamientos. -la italiana enrojeció a mas no poder.
- N-no digas esas c-cosas, che palle. -contesto tartamudeando y alejándose del otro.
A pesar de que a simple vista pareciera que Isabel no odiaba, Antonio le gustaba muchísimo y cada vez que lo escuchaba decir todas esas cosas no lograba evitar avergonzarse.
- Vamos Isabel, dentro de nada seremos esposos, -sonrío con sinceridad- no tienes porque avergonzarte.
- Tú, grandísimo…
- ¡Antonio! -saludo de la nada un gran hombre.
- ¡Abuelo Roma! -ambos hombres se saludaron con abrazos y dándose la mano- han pasado algunos días ¿Cómo se encuentra?
- Perfectamente, pero siempre estaré mejor en la compañía de alguna hermosa…
- ¡Abuelo! -el rostro de la italiana era un poema.
- De una hermosa cena que compartir al lado de mis nietos y mi queridísimo futuro yerno. -la muchacha se cruzo de brazos y Antonio simplemente sonrío apenado, ya se estaba acostumbrando a las actitudes del mas viejo.- ¿Nos acompañas a cenar?
- Pues… -dudo un poco en contestar, se suponía que iba de camino a buscar a Francis y celebrar los tres juntos que su plan hasta ahora iba a la perfección, pero si lo pensaba mejor… nada como cenar junto a su hermosa y queridísima prometida.- ¡Por supuesto! -y los tres se encaminaron hacia el hogar de los Vargas. Antonio estaba seguro de que al día siguiente a Gilbert le iría excelente en la entrevista.
- Maldito Antonio hijo de su madre, como se le ocurre dejar plantado al asombroso Gilbert. -efectivamente el día anterior su amigo nunca regreso y ahora el ojirrojo caminaba cojeando con un terrible dolor a casa de Misstres Alice mientras maldecía en voz alta al español y al francés. Golpeo la puerta y abrio una mucama.- Buenas tardes, soy Gilbert Beilschmidt y …
- Pase por favor, la señora Kirkland la espera con el té.
Gilbert entro y se impresiono con la decoración, todo estaba adornado en un estilo perfectamente ingles con jarrones antiguos y exquisitas pinturas, pero justo al final del pasillo toda la decoración se iba al infierno con un enorme cráneo de vaca que desencajaba totalmente con el lugar. Tras pasar tantos años en el campo de batalla y entrenándose, el albino casi no conocía nada sobre la cuidad en donde vivía a excepción de lo que le contaban sus amigos, que tampoco era demasiado confiable. Tal vez el esposo de la casamentera era uno de esos nuevos americanos que llegaban en gloria y majestad. Entro a una salita muy femenina decorada en tonos pastel; constaba de un fino juego de sofás, mesita de té y el mismo servido en pequeñas tacitas de porcelana.
- Buenas tardes joven Beilschmidt, el joven Carriedo me ah hablado mucho de usted. -saludo desde el sofá.
- Buenas tardes Misstres Alice, es un gusto.
- Tome asiento por favor, -indico la rubia- el gusto es mío. -sirvió el té para ambos y se acomodo para comenzar a hablar.- Pasando directamente al asunto que nos convoca, -era una mujer de armas tomar- lo eh investigado un poco y podría ser un buen partido para cualquier jovencita menos problemática.
- Debo suponer entonces que esta al tanto del apuro que tengo por casarme, -la mujer asintió- y dado el casi de que se me ah permitido "elegir" no me gustaría casarme con una mujer común y aburrida, ahora mi vida solo consistirá en entrenar chicos debiluchos para que sobrevivan un par de meses en el campo de batalla y quiero tener, al menos un poco, de la emoción que tenia antes. -Alice lo observo pensativa.
- ¿Cree usted que podrá soportar el carácter indomable de la señorita Erzebeth? -Gilbert noto de inmediato en vez de usar palabra como Dominar o Controlar, utilizo "Soportar", por lo que dio por hecho que la tal Erzebeth era imposible de doblegar y eso lo animo aun mas a seguir con esta locura.
- Me gustan los desafios. -Sonrío arrogante.
- Ella no se compadecerá de su condición. -comento señalando la pierna del otro.
- No quiero ni busco la compasión de nadie, Misstres Alice, -irguió su cuerpo lo mas que pudo y con voz seria y profunda- no busco una esposa, no busco una mujer que se desviva por cumplir con mis expectativas y mis caprichos. Lo que busco es una compañera que libre las batallas a mi lado y si la tal señorita Erzebeth me acepta será porque yo, personalmente, me abre encargado de que así suceda NO por una obligación o compasión.
- Admiro su determinación, pero antes de buscar la aceptación de la señorita Erzebeth, debe agradarle y ser aceptado por el señor Sadic y para eso tendrá que ser mas gentil, educado y mucho menos soberbio. -dijo cortésmente, casi como aconsejándolo- Recuerde que el también fue militar.
- No me subestime, fui criado y entrenado bajo el mas estricto régimen, si la situación lo amerita seré el hombre mas educado de esta inmunda cuidad. -termino de decir orgulloso de si mismo.
- … esperemos que así sea. -lo que paresia una sonrisa apareció en los labios de Misstres Alice, hace mucho que no pasaba algo tan interesante.
Tras un rato mas de preguntas básicas y un par de datos que Antonio no le había proporcionado, Alice despacho a Gilbert de su casa. Estaba impresionada, dos hombres muy bien parecidos pretendían a su peor pesadilla, al parecer esta año al fin podría librase de ella.
- ¡Gilbo! - saludo cariñosamente el español que esperaba a su amigo afuera de la casa de este junto con Francis.
- ¡Español traidor! -le devolvió el saludo "afectuosamente"- ayer nunca regresaste. -ayudado de su bastón corrió de forma graciosa hasta llegar junto a los otro dos.
- Tranquilo Mon ami, te trajimos un par de buenos vinos para compensarte. -comento calmadamente el francés. - y Antoni tiene una muy buena escusa.
- Jeje camino a buscar a Francis me tope con Isabel y su abuelo, y resulta que me invito a cenar y tú saaaabes que no podía negarme. -sonrío apenado y un poco nervioso.
- bien, bien estas perdonado solo porque se trata de esa italiana loca. -dijo ya mas en broma que con enojo.
- Bueno Cherris, entremos de una vez y pongámonos al día con la entrevista de Gilbert.
Una vez adentro y con el vino ya servido, Gilbert comenzó a contar sobre la entrevista de hace algunas horas, las cosas que había tenido que responder y lo directa y a veces amargada que le pareció Misstres Alice.
- Gilbo eres un exagerado, hasta donde se, esta felizmente casada con Jones. -comento sonriendo.
- ¿Quién es Jones? -odiaba su desinformación, pero poco a poco se iba poniendo al día.
- Alfred es el jefe de seguridad de la ciudad. -contesto apenado Francis.
- Y vaya que Francis lo conoce -se burlo Antonio.
- ¿Eh? Por favor Francis no me digas que…
- ¡Oh no! Mon diu el no es de mis gustos honononono -rió con ganas contagiando a los demás- lo que pasa es que mientras estabas en el hospital mi pena fue tal que abuse un poco del vino. -contó con dramatismo sobreactuado.
- Y estuvo detenido vaaaaaarias veces por desordenes. -contó con burla Antonio.
- ¡Vaya! Yo muriendo de soledad en el hospital y ustedes pasándosela de lo lindo de bar en bar. -dijo Gilbert enfurruñándose en el sofá.
- ¡Brindábamos a tu salud! -gritaron los dos.
- Malos amigos, no merecen mi asombrosa amistad. -murmuro antes de tomar otro sorbo de vino.
- De todas formas -Antonio se levanto y tomo otra botella que estaba cerca de la chimenea verificando el año- tengo noticias para ti, son sobre Erzebeth.
- Uh lala, desembucha Antoni.
- Aparte de ti Gilbert, solo hay otro pretendiente. -dijo seriamente.
- ¿Cómo sabes eso? -inquirió haciendo amago de levantarse.
- Tengo mis contactos. -sonrío con suficiencia- El tipo se llama Roderich Endelstein, músico y aristócrata.
- Abra que conocerlo entonces -el rubio bebió todo el contenido de su copa- tenemos que analizar al enemigo y luego eliminarlo.
- Sacare a ese señorito podrido del camino y Erzebeth será mía.
Los tres se rieron a carcajadas por el apodo que le dio Gilbert, pero Francis se quedo pensativo.
- Es curioso, ni siquiera la conoces, pero solo por lo que te hemos contado esta completamente seguro de que ella es la mujer perfecta para ti. -sonrío con ternura.
- Ustedes son mis mejores amigos, confío ciegamente en todo lo que me han contado de ella. -derepente el cuarto de lleno de una atmosfera de ternura y los tres se miraron con sinceridad.
- Entonces… ¿De donde salieron tus contactos, Toño? -pregunto con sorna Gilbert.
- Bueno… Isabel y Lovino me han enseñado algunas cosas. -dijo bobaliconamente dejando a libre interpretación.
Chan! Quiza se me vaya a pasar la mano un poco con la turbiedad del Abuelo Roma y sus nietecitos jajaja ojala se divirtieran.
Tengo escrito hasta el capitulo 7, pero aun no se que hacer con la vida de Francis, así que acepto sugerencias, por si no lo recuerdan esta metido en eso de la moda y tiene una tienda.
Ahora un adelanto del proximo capi… ¡Gil y Eli al fin se conocen!
Onny.
