-¡DOCTOR! Caminaba por un corredor en el que nunca había estado, era más angosto iluminado de color naranja, solo un día antes también me había perdido en los corredores de la nave a la que el doctor llama TARDIS, mientras pasa sus dedos por la consola y ahora me encontraba igualmente perdida, gritando su nombre. -¡DOCTOR! -¡Aquí estoy! sigue mi voz. -¡La última vez que seguí tu voz termine frente a una radio que trasmitía en vivo! -Inteligente radio, nunca se le escapa nada. -Las radios no pueden ser inteligentes. ¿Cierto? Doble en la esquina del corredor y vi la luz de la consola de mando, al llegar a la consola el Doctor se encontraba leyendo un viejo libro, al verme dejo el libro a un lado, y continúe. - Una radio no puede ser inteligente, para eso de vería de tener cerebro y los aparatos eléctricos no lo tienen. - No, los de la tierra al menos, tú siempre tan lógica. -De acuerdo olvídalo, estoy muy cansada para entender las cosas extraterrestres a las que sueles estar acostumbrado. Y estaba cansada, desde el día en el puente, habían pasado varios días, semanas quizá. Es difícil tratar de llevar la cuenta del tiempo cuando el tiempo es literalmente relativo. Durante todo ese tiempo había visto y vivido cosas que jamás hubiera podido imaginar, planetas con múltiples soles, creaturas majestuosas de dos cabezas, cielos desde los que se pueden ver galaxias enteras, pasado, presente, futuro. Cuando el Doctor había dicho al abrir las puertas de la TARDIS que lo era todo, no mentía, si, la TARDIS era inmensa, infinita si quisiera, pero la magia de la TARDIS es que al final en su infinita gloria, la TARDIS es solo el vehículo. -Cuando dices que no tienes orientación, lo dices en serio, ¿cuantas veces te has perdido?

-Dos.

-¿Solo dos?

-Hoy.

Me sentía algo avergonzada, por perderme con facilidad pero lo cierto era que había pasado toda mi vida en la misma ciudad, recorriendo las mismas calles, y por lo mismo había aprendido a no perderme ahí pero ahora tan lejos de casa, sin nada que fuera familiar, hace un año me habría sentido ansiosa, pero hoy me hacía sentir libre, un poco avergonzada, pero libre.

Había puesto instintivamente mi mano en mi cabeza, despeinando me cabello, estaba mirando al suelo y cuando levante la mirada y vi al doctor, el me miraba con curiosidad con su cabeza un poco ladeada.

-¿Puedo hacerte una pregunta?

-Sí, claro

-Aquel día en el puente, justo antes de que me vieras, lucías triste. ¿me equivoco?

Le mire en silencio un instante antes de contestar, quería mentirle, pero no encontré una razón para hacerlo, era como si no tuviera un motivo para mentirle a este hombre.

-No, no te equivocas, estaba triste.

-Aun lo estas.

-Si.

-¿Por qué?

-tu también luces triste, a veces.

-Hice una cosa para arreglar tu problema de orientación.

Corrió alrededor de la consola, hasta las escaleras, bajo a la parte inferior de la TARDIS y regreso con lo que parecía un brazalete de metal con una pantalla incrustada y varios botones distribuidos por doquier.

-Dame tu brazo derecho.

-¿Perdón? ¿Qué es eso?

-Es un regalo, va en el brazo derecho, anda dame el brazo.

-Eso no contesta a mi pregunta.

Suspiro mientras apuntaba el destornillador hacia el brazalete y este se abría.

-La pantalla te dirá donde estas y solo necesitas decirle adonde quieres ir.

-Como un GPS.

-Un poco más refinado que eso. Puede hacer otras cosas ya te enseñare después. El brazo.

Extendí mi brazo derecho, el arremango mi playera y cerro el brazalete. Este hizo un ruido de cerraduras al cerrarse y el Doctor apunto al brazalete con el destornillador. La pantalla en el brazalete se prendió y apareció un mapa que decía que estaba en la consola de la TARDIS.

-Y ya no te perderás de nuevo.

-¿y cómo se quita?

-No se quita.

-¿Qué?

-Si ahora se quedara en tu brazo, todo el tiempo. No te preocupes nada puede dañarlo.

-Pero ¿y si quiero quitármelo?

-¿quieres?

-No realmente ahora pero, ¿qué pasa si quisiera?

-Te lo puedes quitar pero no puedes ponértelo de nuevo. Ahora esta sincronizado contigo si te lo quitas el brazalete dejara de funcionar. Por alguna extraña razón el brazalete que abarcaba de mi muñeca hasta casi llegar al codo me parecía un accesorio interesante.

-¿Dónde deberíamos ir para probar a este nuevo juguete?

-No es un juguete. Pero… en la galaxia de Gikyola hay un pequeño planeta que es enteramente un laberinto. ¿Quieres ver quien llega a la TARDIS primero?

-El perdedor paga la cena.

-Hecho.

Corrió por la consola mientras arrancaba la TARDIS esta tembló bajo nuestros pies, mientras nos llevaba un nuevo planeta y a una nueva aventura.