Summary: "Una regla esencial en el ejercito es nada de mujeres... y yo la rompí. No podia dejar que mi padre se enfrentara a aquello, acarreando con su avanzada edad. No me importaba cuanto debía arriesgar… ¿o si?"AU. TODOS HUMANOS. Aye436 y M.- Way
Disclamer: No somos dueñas de nada, porque del polvo venimos y al polvo vamos y bla bla. La cosa acá es que los personajes son de nuestra intima amiga Steph, la Guerra es de los guerreros(¿?), el titulo del fic es de un grupito llamado "Toquio Motel" o "Toque Mote" o como sea que se llame (ojo no tenemos nada en su contra). La idea de Aye, adaptada a Mulan y remixada por el drama de Mee.
Y también queremos mandarle un beso a nuestros papas, hermanos y a ustedes…
Aye: Faltó mandarle saludos al perro… ¡Hola chucho! (mi perro me mueve la cola)
Mee: yo quiero mandarle un saludo a Harry Potter que me esta viendo desde mi poster ^.^. Hola Harry!
Aye: Ejem, chicas… ¿¡Dónde quedaron los cien reviews del Prefacio!?
Mee: igual estuvimos cerca eh!... solo faltaban 80 mas xD…
Aye: Bueno cómo sea, aquí esta el primer capítulo. Mee las presentaciones…
Mee: Somos dos mentes activas en potencia, no nos culpen… nuestros dedos se mueven por si mismos.
Aye: Enjoy…
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WE SHOULD'VE SEEN THIS COMING
(…Too young, too proud to understand…)
Los primeros rayos de sol entraron por la ventana, golpeándole de lleno en la cara y consiguiendo así despertarle completamente. Gruñó ante la molestia que le causaba, sabía que debía levantarse si no quería que su madre entrara en su pequeña guarida -como le gustaba llamar a su desordenada habitación-, pero le era imposible resistir la tentación de seguir en la cama. Al fin de cuentas el día para ella no empezaría hasta dentro de unas horas, cuando su tía Maggie llegara a impartirle clases de "como ser una buena esposa". Se rió mentalmente de la idea, el matrimonio era territorio que Isabella Swan nunca pisaría.
Desde que tenía memoria lo suyo había sido la libertad y la independencia, tal vez eso era en consecuencia a juntarse demasiado con su hermano mayor Mike Swan y que su padre le permitiera leer los periódicos. Cuando chicas de su edad jugaban a ser "mamás", ella jugaba a los guerreros. Cuando las chicas vestían vestidos, ella simplemente corría a ponerse los pantalones viejos de Mike, escandalizando así en más de una ocasión a su madre. La dulce Renée Swan podía culpar realmente a su hija por cada cana que coloreaba su anteriormente hermosa cabellera castaña.
La familia Swan no era una de esas familias ricas, y poderosas de los Estados Unidos. No, cómo Isabella decía, ellos eran… la clase media, no importaba que aquel famoso charlatán llamado Max Weber pusiera en tela de juicio la existencia de dicha clase, ellos eran la fiel prueba de ello. Vivían en el Estado de Arizona, justo en la ciudad de Phoenix en una casita lo bastante grande como para que ahí vivieran cómodamente Isabella, Mike y sus padres.
Isabella Marie Swan era una joven de veinte años, una chica típica de casa, amante del aire libre y de la lectura instructiva, todo lo opuesto a su hermano Michael Eustaquio, alias Mike. Mike era el típico soltero empedernido, un don Juan de primera, cuyo corazón pertenecía a una de sus cotillas vecinas, la jovencita Jessica Stanley. Varias veces Isabella persuadió a Mike a declararle su amor a Jessica, pero todo intento era en vano, ya que la familia Stanley era rica y no les parecía adecuado que dentro de su familia hubiese una chica-macho, como le decían a Isabella a sus espaldas.
-Isabella- llamó una voz detrás de la puerta de roble que separaba su habitación con el mundo real.
Gruñó por lo bajo, hundiendo su rostro en la almohada.
-Se que estas despierta- la voz cantarina de su amiga y vecina Alice, resonó con tal intensidad en sus oídos que estaba casi segura que la chica se había atrevido a entrar en su guarida.
-Vete a la mierda Alice…- contestó con voz pastosa.
-¡Bella!- chilló la sedosa voz inconfundible de su otra amiga, la rubia y hermosa Rosalie.
Isabella podía claramente imaginarse la cara de disgusto de Rosalie al escuchar semejante palabra en boca de ella, mientras que Alice intentaba sofocar su risa con una tos. Si, Isabella conocía perfectamente a sus amigas, eran casi como sus hermanas. Se había criado con ellas desde que tenía memoria y ellas aceptaban su forma de pensar sin critica alguna. Aunque algunas veces Rosalie la hacía enojar llamándola "feminista".
Isabella, o Bella, como ella prefería que la llamaran, se levantó con pereza de su cama para dirigirse a la puerta de su habitación, sin importarle un ápice ponerse una bata encima o arreglarse el cabello para saludar a sus amigas.
-Bella, pareces un león- fue la forma de saludo de Alice al verla.
-Y tú un duende- le respondió la chica.
Alice le sacó la lengua provocando la risa de Rosalie. No es que fuera mentira lo que había dicho Bella, ya que Alice Brandon era un tanto bajita al resto y las facciones de su delicado rostro le daban aire de un… duendecillo, aunque era bastante bonita, su larga cabellera negra recogida en un moño le daba un ligero aire aristocrático, ya que acentuaba su delicada figura. Y qué decir de los ojos de aquella chica, Bella solía compararlos con dos zafiros en constante exposición a la luz, debido a la alegría y energía de su propietaria.
Rosalie Hale era un caso aparte, ella era toda una dama. Hermosa, rubia, de ojos color verde, y una figura de impacto que provocaba que todo hombre se volteara a mirarla por dondequiera que ella pasara.
Isabella era la típica chica promedio, como le recordaban su madre y tía, para fortuna o desgracia de la chica había heredado los ojos almendrados de su padre Charles Swan al contrario de Mike que había heredado los ojos azules de Renée. Era un tanto flacucha a comparación con las demás chicas, pálida hasta la médula y cabello castaño que fácilmente sería la envidia de muchas, este era el único orgullo de su madre, el hermoso pelo largo de Bella.
-Ya que me han despertado a tan temprana hora…- comenzó a decir Bella.
-No creo que sea temprano- rió Rosalie-, tú tía ya esta abajo con Sharon.
-¿¡Qué!?- soltó Bella alarmada, su voz no sonó para nada femenina.
-Lo que escuchaste, tu tía Maggie y tu encantadora prima Sharon ya están abajo- repitió Alice.
Ninguna de sus amigas eran fieles partidarias a su odiosa prima Sharon Dwyer, la chica en cuestión era un "dolor en el culo" según las palabras de Mike. Se dedicaba a criticar a Bella a más no poder y ahora a vanagloriarse acerca de que ya había encontrado prometido, un doctor llamado Eustace que procedía de una adinerada familia. Renée nunca le perdonaría a Bella que su sobrina siendo más joven ya fuera a casarse y que ella siendo su propia hija, continuara sin sentar cabeza.
-Mátame- murmuró Bella.
-No creo que sea posible,- dijo seria Rosalie- te esperan viva en el salón de té, nosotras te acompañaremos.
-¡Y yo me encargo de vestirte!- exclamó con alegría la joven Brandon, Bella la miró con pánico.
-¡No, no y no!
-¡Vamos Bella, quedarás hecha toda una señorita y eso te quitará un peso de encima!- la tomó por los hombros Rosalie.
Bella estaba atrapada, nunca podía decirles que no a sus amigas, sino sabía las consecuencias… de sólo imaginarlo un escalofrío le recorrió el cuerpo.
-De acuerdo, pero nada muy femenino.
-Debes verte femenina- rodó los ojos Alice.
Media hora más tarde Bella y sus amigas entraban en la salita, donde ya se encontraban su madre, su tía y su prima.
Renée fue quien saludó primero a Bella con alegría al verla vestida como una señorita y no como un chico.
-Madre…- la saludó Bella- tía Maggie…- la aludida sólo le sonrió, aunque la sonrisa no le llegó a los ojos.
Maggie Dwyer era de corazón frío y le escandalizaba tener como sobrina a una feminista como Isabella, aún así trataba de cumplir con su hermana y ayudarle a "educar" a la incorregible Isabella a pesar de ser casi una adulta.
-¿Sharon cómo has estado?- preguntó Alice para sonar amable, la chica le miró con desdén.
-Excelente, Eustace me llevó ayer a conocer a su familia, es sumamente adorable.- miró con reproche a las tres amigas- No sé como ustedes tres aún no consiguen a alguien.
-Pues verás…- comenzó duramente Rosalie, a ella Sharon la sacaba de casillas fácilmente.
-Mike esta a punto de salir de la Universidad- le cortó Renée, ella sabía como se ponía la amiga de su hija y no quería más problemas con su hermana.
-Yo siempre dije que la Universidad era para que los jóvenes encontraran esposa o en el caso de las chicas, que no entiendo como es que sus padres les permiten ir, un esposo- alegó tía Maggie, sus ojos azules resplandecieron con orgullo al ver a su hija-, cosa que mi Sharon no tiene de que preocuparse, Eustace es el chico ideal.
-Pobrecito de él- murmuró entre dientes Bella provocando la risa de Alice y Rosalie, quienes lo disimularon con una tos.
-¿Cómo ha estado Charlie?- preguntó Maggie sin hacer caso de las amigas de su sobrina.
-Oh, esta…- Renée frunció el ceño- Charlie ha estado en mejores días.
-Sigue con la absurda idea de ir a la Guerra- afirmó su hermana al ver la cara de Renée, siempre le era fácil leerla.
Bella apretó los puños, Maggie sería la hermana de su madre, pero su tía era una vieja rata a la que le gustaba entrometerse en la vida de los demás, era peor que la madre de Jessica Stanley en el cotilleo.
-Para mí, es mejor pensar en ayudar a nuestro país, que pasársela en casa alardeando de un título de médico- soltó Isabella con enojo refiriéndose a su tío Phil, un médico reconocido en la ciudad, que ahora disfrutaba de un año sabático.
Charlie no entendía como el esposo de la hermana de su mujer no hacia nada por su país, sabiendo que éste se estaba viniendo abajo, por lo que Isabella tenía la misma idea. Ella y su padre casi pensaban igual, por eso ella era la "favorita" de papá, aunque Mike también era bastante querido por su padre, sólo que este no entendía cómo su propio hijo alegaba tener el corazón para una sola chica y se comportaba como un playboy.
-Debemos de dar gracias que no estamos participando en la Guerra…- le miró la tía Maggie con seriedad.
-Yo no diría eso- una voz masculina resonó en la habitación.
Charlie Swan hizo acto de presencia. Se le veía cansado, era un hombre en sus plenos cincuenta, caminaba algo cojo por una herida que le había provocado la Guerra. Los años pesaban en el rostro del padre de Isabella, su cabello estaba lleno de canas, y sus ojos estaban surcados de arrugas, pero eso no impedía que su figura fuese imponente.
-Charlie- saludó tía Maggie al recién llegado parándose de su lugar.
Las demás le imitaron.
-Oh. Siéntense- dijo algo cohibido el hombre, a él no le gustaba ser el centro de atención.
-¿Qué ocurre Charlie?- Renée miró preocupada a su marido.
-Nada…- Charlie le lanzó una mirada a su mujer que no pasó desapercibida por su hija.
Esa noche ella se enteraría de lo que sucedía. Mike y ella se dedicaban a espiar las discusiones de sus padres desde que eran chicos, gracias a ello se habían enterado que Bella no iría a la Universidad como lo hacía Mike, o que Charlie no quería comprometer a Bella con el hijo de su jefe en el banco, Eric Yorkie (Mike le había hecho inconstantes bromas acerca del tema), o cómo cuando se enteraron de que su abuela Marie había sido internada y no querían que ellos lo supieran.
-¿Han venido a las lecciones?- cambió de tema Charlie.
-Así es…- empezó tía Maggie con su monólogo acerca de lo necesarias que eran las lecciones y cómo Sharon había conseguido un hombre joven y rico gracias a ellas.
Las amigas de Isabella y ella estaban a punto de sucumbir en los brazos de Morfeo cuando un portazo interrumpió la charla tediosa de su tía. Los presentes dirigieron su vista hacia la entrada. Mike había llegado y por la cara de pocos amigos de su hermano, Isabella supo que algo andaba mal.
-Padre tenemos que hablar…
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-No hay tiempo que perder- le dijo serio el General Wrathe.
-Lo sé señor, por eso ya han mandado aviso a todos los hombres del área- dijo el joven a su jefe.
-Eres un eficiente soldado Masen- le sonrió como un padre le sonreiría a su hijo.
Edward Masen se esforzó por devolverle la sonrisa. Siempre se sintió algo cohibido ante las muestras de afecto de gente que no fuesen sus padres. Patético, lo sabía. Tenía veintiocho años y aún era el "hijo de mami", pero no por eso no poseía el respeto de sus compañeros. Llegar a ser general era la vida de Edward. Desde chico sabía que quería entrar en el ejército, salvar a la gente, pasar a la historia como un héroe…
-Gracias mi General- le hizo un gesto con la cabeza.
-Supongo que eso es todo.
-Así es.
-Bien, chico.- le palmeó el hombro- Puedes retirarte, mañana mismo enviaré al Doctor Cullen a su Cuartel, Cabo Masen…
-De acuerdo.
Sin una palabra más el Cabo Masen se retiró de la oficina del General Wrathe.
Desde hacía ya dos años que estaba bajo el cargo de aquél hombre, por lo que no era nada inesperado el trato "afectuoso" que le daba. Según el hombre le hacía acordar a su hijo menor muerto en Guerra hacía unos cinco años atrás.
Corrían tiempos difíciles en el mundo. Alemania estaba decidida a atacar los submarinos americanos y eso había llevado a que el presidente Woodrow Wilson estrechara sus lazos con los otros países aliados, uniéndose así a la terrible Guerra que estaba a punto de estallar. Estaba a su cargo reclutar jóvenes y adultos para entrenarles en poco tiempo.
Su Cuartel General se hallaba en el Norte, a unos días de dónde ahora se encontraba el lluvioso Estado de Washington, la Fortaleza Lewis era perfecta para el entrenamiento al que sometía a sus soldados. Sólo esperaba que no hubiera "niñitas" a su cargo.
Rió al recordar una discusión con su madre acerca de por qué las mujeres no iban a la Guerra. Elizabeth Masen era sin duda una feminista, pero no era extremista, para ella la mujer debía tener los mismos derechos del hombre. Su padre y él pensaban lo mismo, pero nunca lo decían en voz alta. La machista sociedad en la que vivían tenía la idea de que la mujer era nada más útil en casa, Edward difería en ello, pues su madre era el claro ejemplo que una mujer podía trabajar de lo que quisiera, gozando los mismos derechos de un hombre.
Durante una época en la que su padre estuvo enfermo y él era pequeño cómo para ayudar en casa con tareas pesadas, su madre demostró que no hacía falta "tener huevos" como para poder cortar leña o reparar una ventana. Ella misma se encargó de enseñarle a tocar el piano.
Había momentos en los que extrañaba a sus padres, los visitaba cada vez que podía. Y ahora tenía oportunidad para hacerlo. Sobre todo porque Estados Unidos había decidido unirse a la Gran Guerra, como llamaban a la batalla que estaba dándose lugar en Europa.
-Debimos haberlo previsto- les dijo a sus padres aquella tarde, antes de terminar su visita.
-¡Oh, Edward!- su madre le abrazó- Hay veces en las que quisiera retroceder el tiempo y que no tuvieses que marcharte…
-Madre…- a Edward le partía el corazón que ella se pusiera así.
Eran estos momentos en los que él podía mostrarse como quién era, sin la máscara de frialdad que debía poseer para la Guerra.
-Ten cuidado, ¿si?- le pidió su padre.
-Cómo siempre- le dijo serio.
-Así se habla- sonrió su papá- Sabes que si yo fuera más joven…
-Si llegaras a recibir una de esas cartas rojas yo me escaparía en la noche y sería quién tomara tu lugar- le cortó su hijo.
-¿Y dejarías solo a tu madre?- Elizabeth le miró con fingido dolor.
-Claro que no, papá se quedaría y afrontaría que ya no esta para la Guerra.- sonrió el joven.
-Tonterías, estoy más sano que un roble…
-Claro, tanto que anoche casi te rompes la columna intentando seducirme…- rió Elizabeth.
Edward frunció el ceño.
-¡Mamá!- exclamó el chico- ¡Es mucha información para mí!
-Edward no finjas que no sabes de dónde llegaste, hace años que te di la plática de las abejas y los pájaros…- le miró sería su madre.
-¿Así le llaman ahora?- rió Edward Masen padre.
-Lo llamarán así cuando deje de ser tabú.
-Lo que digas, mamá…
-Lo digo en serio. Además Edward, ¿cuándo planeas que estos viejos tuyos tengan el honor de ser abuelos?- Edward tosió para calmar sus nervios.
-Mamá…
-Edward, sabes que ese es el sueño de toda madre.
-¿Tener nietos?
-¡Obvio!- exclamó Elizabeth.
-Lizzy, sabes que Edward…- empezó su padre, quien miró a su hijo con seriedad- tiene que cumplir una obligación más importante, que pensar en andar formando una familia.
Y sí, si alguien se preguntaba de dónde llegaba la frialdad característica de Edward… debían preguntárselo a Edward Senior, su padre podía ser blando, pero cuando eran temas del gobierno, o del honor, se encargaba de dejar en claro en qué lado estaba, aferrándose patriarcalmente a su adorada bandera como si de un crucifijo se tratara; aún así compartía ideas semejantes a las de su mujer, pero sin ser tan cargadas de sentimentalismo, no.
-Oh. No me prives de ser abuela algún día hijo- fue lo único que pudo decir su madre en ese momento.
Edward soltó un suspiro. Ese era un tema demasiado delicado desde hacía bastante tiempo. Y no es que fuese "marica" como llegó a bromearle su compañero el Teniente Clearwater, es que aún no encontraba a una chica que fuese capaz de quitarle el aliento, y eso que había frecuentado junto con sus hombres la casa de las Denali, uno de esos burdeles finos a los que iban con costumbre para poder despejar la mente de vez en cuando. Pero en ningún momento se le cruzaba por la cabeza la palabra "matrimonio".
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"No puede ser cierto, no puede"… Isabella se repetía esto constantemente, ya era de noche y se había enterado de lo que sucedía.
Su padre no podía ir al ejército. Debía de haberlo visto venir cuando los periódicos matinales anunciaron la pérdida de submarinos en la Costa Este.
Solo había algo que podía hacer para impedirlo, pero estaba cien por ciento segura que su idea no le gustaría para nada a sus padres. Por eso necesitaba la ayuda de Mike…
Ella ocuparía el lugar de Charlie, costara lo que costara…
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Aye: Ok, si alguien tenía dudas sobre si esto era Mulan espero que se hayan borrado.
Mee: Esto es Mulan mix… jajaja… no. Mulan las Bahamas. Capishe?
