Summary: "Una regla esencial en el ejercito es nada de mujeres... y yo la rompí. No podia dejar que mi padre se enfrentara a aquello, acarreando con su avanzada edad. No me importaba cuanto debía arriesgar… ¿o si?"AU. TODOS HUMANOS. Aye436 y M.- Way
Disclamer: No somos dueñas de nada, porque del polvo venimos y al polvo vamos y bla bla. La cosa acá es que los personajes son de nuestra intima amiga Steph, la Guerra es de los guerreros(¿?), el titulo del fic es de un grupito llamado "Toquio Motel" o "Toque Mote" o como sea que se llame (ojo no tenemos nada en su contra). La idea de Aye, adaptada a Mulan y remixada por el drama de Mee.
Mee: Este capitulo habla un poco sobre nuestros protagonistas… u.u
Aye: Si, ya verán es la misma cháchara introductoria a la vida de nuestros héroes… Dios Mee estoy sonando como el discurso de un presidente, así que mejor empieza antes de que empiece a cantar como De Narváez en Gran Cuñado… "Soy un tipo como vos…"
Mee: ok, adelanto un poco; había una veeeez un soldado llamado…
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In Regards To Myself
(It's time to meet the concrete)
El soldado Masen llevaba poco mas de seis meses como Soldado de Primera Clase, no sabía si contentarse o no con la reciente noticia de su conversión a Cabo. Aún así lo sentía como un honor y a la vez el orgullo de encargarse de representar en gran grado a los soldados de su país. Por otra parte estaba aterrado por lo que vendría, tendría que encargarse del entrenamiento de la tropa que le asignaran y aquello no era poca cosa, ni un trabajo de menor grado. En él recaería la responsabilidad de enseñar a los jóvenes soldados a protegerse, era un gran peso para aquél chico. Pero estaba seguro de poder hacerlo, era lo suficientemente maduro como para aquello, estaba lo suficientemente preparado luego de sobrevivir dos largos años en aquél ejercito, además ese era su sueño desde que tenía memoria. Para lo que no estaba preparado era para ver a sus soldados y compañeros caer al cruzar aquella delgada línea roja; aquella línea que dividía la vida de la muerte, tan delgada e invisible… imperceptible en un campo de batalla. Hasta él mismo podría cruzarla en cualquier momento sin darse cuenta, pisar una mina, bajar la guardia por 5 segundos, voltear a ver a tu compañero, agacharse a rescatar a otro de los suyos, cualquier mínimo de distracción y "adiós a todo el mundo". Todo debía estar fríamente calculado a la hora de ingresar al campo de batalla, de nada servían las tontas teorías matemáticas aprendidas en la escuela, la realidad era sobre la sangre y el instinto, bien había dicho Maquiavelo con su célebre frase "el fin justifica los medios". Y una regla bien sabida por todo soldado dictaba "nunca mires atrás", no importaba cuanto uno tuviera que esforzarse, no importaba cuanto había que ignorar, quien caía y quien quedaba. Solo cerrar los ojos y aferrarse al invisible escudo de su país, soñando en pasar a la historia y anhelando sobrevivir.
Se sentía aturdido y suspiró, realmente quería hacer un buen trabajo.
-¡Hey!-el joven Sargento McCarthy, recientemente ascendido se sentó junto a su amigo.
-Hola Emmett-dijo un desanimado Edward.
-¿Que pasa, hermano?-le animó el joven fortachón- me he enterado que te han ascendido a Cabo y andas… ¿así?-lo apuntó- Deberías venir conmigo y los muchachos, esta noche iremos de juerga a lo de las Denali, y sé que Tanya se enojará si no apareces…
-Lo se, discúlpame si no me ves saltar de la alegría Emmett, no todos somos como tú-observo el chico-. Además no estoy de humor… dile a Tanya que lo siento.
Y era verdad. Emmett fue su mejor amigo a la hora de entrar en el ejercito, a pesar de ser 2 años menos que Edward, el había ingresado un año antes que el muchacho y a la hora de conocerlo ya era un Soldado E2 y fue también quien le enseñó todo sobre como subsistir en aquel sitio. Sabía que sin su ayuda no hubiera permanecido tanto tiempo allí, viendo a sus compañeros partir y sometiéndose a los duros "bailes" que les asignaban, aquellas misiones de entrenamiento donde en más de una ocasión, una `inofensiva´ y pequeña mina había mutilado a alguno de sus compañeros.
Emmett era un chico alegre en si, no importaba lo que con su físico aparentara y se viera como un fornido oso, no. Él por dentro tenía el espirité de un alegre niño de 6 años, la jovialidad siempre grabada en sus ojos y una sonrisa impresa en su rostro. Aun así el fornido muchacho se mostraba bastante exigente y amedrentador ante los ingresantes y quienes no caían en su agrado, el resto era historia. El chico McCarthy podía llegar a ser el mejor o bien el peor.
Pero Edward no podía ser así, no como su amigo. ¿Cómo podía continuar con aquella sonrisa viendo a sus compañeros caer, como podía? No, el ejército se había llevado sus mejores costumbres y todo aquel sentimentalismo que en algún momento heredó de su madre. En la vida las cosas no eran "cantar y coser", nada era color de rosa ni azul cielo, eso se lo había enseñado el ejército y estaba completamente de acuerdo. La frialdad característica de Edward era su marca registrada desde el primer día que vio a su amigo y compañero, Jacob Black morir.
A menudo solía soñar con aquel día. Simplemente cerraba los ojos rendido en su almohada, resignado a que Morfeo viniera a por él y en lugar de eso… se encontraba arrastrando el mutilado cuerpo de su amigo a través del minado campo, manchando a su paso la tierra de sangre y escuchando las insistencias del joven muchacho; "No Edward, déjame y sigue adelante, sálvate tú". ¿Cómo vivir el resto de su vida con aquello?, con las imágenes tatuadas en la cabeza, viendo a su amigo morir y sin una pierna. Tal vez otros pudieran, pero Edward Masen no.
Desde entonces el muchacho había jurado no encariñarse más que con sus mejores amigos Emmett y el joven Whitlock. Con ellos dos bastaba y sobraba. Ya seria demasiado difícil recuperarse de perder a uno de ellos como para tomar a otro amigo allí dentro.
Suspiró con pesadez viendo los ojos de su mejor amigo, no podía celebrar el ascenso poniéndose a brincar como un niño o festejar hasta la ebriedad como lo había hecho su amigo.
-Relájate- apremió Emmett, envolviendo sus hombros con un brazo, muestra de afecto tan característica suya.-Estaremos bien- le aseguró mirándole a los ojos, con confianza.
-Así será- prometió el joven Masen, asintiendo con dureza.
-Los nuevos soldados llegaran pasado mañana-le comentó el chico- he oído que te han asignado a una de las mayores tropas.
-Lo sé-agitó la cabeza.
-Lo harás bien, hermano. Solo tranquilo y no les exijas mucho, si las cosas se ponen negras recuerda que ahí estamos Jasper y yo para ayudarte…-Emmett revolvió su alborotado cabello, con una sonrisa juguetona. -Ahora vamos a prepáranos, mañana por la mañana habrá reunión muy temprano y hablaremos con los Generales, y si no me equivoco llega el "misterioso" Doctor Cullen- el fortachón se puso de pie.
-¿Misterioso?- preguntó Edward tratando de mantenerse serio.
-Dicen que es "todo un tipo inglés"- Emmett se encogió de hombros-, para mí eso significa que es gay- Edward rió.
-Creo que esta casado- le dijo Edward a su amigo, aunque no estaba muy seguro de ello.
-Pobre mujer.
-Vamos Emmett, Jasper no nos esperará…- Emmett se paró de un salto.
-Le dije que si tocaba mi comida…- Edward no se enteró de lo que le haría a su otro amigo, ya que Emmett salió disparado al comedor.
El chico de cabello bronce revoleó la cabeza, mientras se ponía de pie. Estaba listo para afrontar lo que su cargo le presentara. Perfectamente predispuesto a cumplir con su deber… ¿cierto?
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Lo había decidido y estaba completamente segura de ello. Lo iba a cumplir sin importar los efectos colaterales de ello, aceptaría gustosa las consecuencias, llevaran donde la llevaran, ella lo haría. Su lugar era ese y lo supo en el preciso instante que levantó la cabeza para mirar a su padre a los ojos hacía unas horas atrás mientras la familia cenaba en un incómodo y frío silencio. Él era motivo de su adoración, él era quien le había enseñado su lugar en el mundo, él le había dado a su niña los privilegios que ningún otro padre le daría a su pequeña y lo amaba por ello.
Razón suficiente como para tomar su lugar en la batalla y darle rienda suelta a su cometido.
Se deslizó sigilosamente sobre su cama y caminó con cuidado hacia la puerta de su cuarto, la entreabrió y se aseguró de que las luces estuvieran apagadas y cada quien descansando en su habitación. Entonces salió en puntillas de pie del cuarto y camino unos diez pasos hasta colocarse frente a la puerta de su hermano. Estiró la cabeza y encontró el reloj de pared, marcando las 12.:15 de la madrugada. Era perfecto. Nadie lo notaría…
Giró la perilla cuidadosa de no hacer ruido alguno y entró a aquella habitación con la pastosidad gravada a fuego en cada uno de sus actos.
"No hagas ruido, ten cuidado… no te choques con nada" se repitió una y otra vez a sí misma, mientras tropezaba incontable cantidad de veces sobre sus propios pies o con la pata de alguna mesilla o silla presente, ella era un caso perdido en cuanto a la torpeza y era patente… gracias al cielo su padre había pensado en ello a la hora de alfombrar toda la casa.
Resignada de actuar con tanto cuidado y de aquella forma tan ridícula, se rindió alzando sus manos al cielo y mirando sobre su cabeza el techo, con un gesto de reproche… "Tú te ríes de mi, ¿no?" reprendió al Señor. Como respuesta solo recibió un sonoro y desagradable ronquido de su hermano, viniendo desde la otra esquina de la habitación. "Gracias Dios, por la Divina Señal" susurró a regañadientes.
Caminó a paso ligero por el cuarto y se arrodilló frente a la cama de su hermano. Cuando estaba a punto de prender la luz del velador notó una pequeña carta de color carmesí junto a la mesita de luz. Su corazón bombeó con más rapidez y un escalofrío le recorrió la espalda. Sabía lo que aquella carta era, y estaba segura de querer hacer esto.
La tomó entre sus manos y sin despertar a su hermano, caminó hasta el otro extremo de la habitación y se sentó en el alfeizar de la ventana del cuarto. Siendo alumbrada por la luz de la luna abrió aquella carta, encontrándose con un blanco papel plegado en dos partes; con manos temblorosas y haciendo acopio de su característica torpeza se cortó el dedo meñique con la filosa hoja. Llevó el dedo a su boca, negándose a oler la sangre y ver su color, puesto que si no vendrían las nauseas y en consecuencia, el vomito.
Agitó su cabeza y liberó su dedo apoyándolo en su regazo. Se dispuso a leer aquella carta formal donde convocaban a los hombres de la familia Swan a formar parte del ejército. Suspiró y ahogó un sollozo al ver los nombres de su padre y hermano escritos en aquella perfecta caligrafía. Esto era una broma de mal gusto. Mike era joven, pero aun así temía por su vida. Charlie era mayor y no estaba en la plenitud de un joven soldado, no podía arriesgarse a perderlo y dejar a su madre sin su padre. No era una invitación, sino una "amable orden" de enlistarse en el ejército y sabia que de ello su padre no podría huir. Sintió un abrazador dolor en la boca del estómago. Apretó los ojos y corroboró su decisión, sabía que no se arrepentiría.
Ahora si, camino hasta la cama de su hermano y se sentó en el borde de esta, comenzó a empujar gentilmente el hombro de Mike sin recibir respuesta alguna por parte de este. Él se encontraba acomodado en la quinta nube, pero ¿que más daba?, ella necesitaba hablar urgentemente con él y lo haría ahora.
-Mike… Mike…-dijo entre susurros empujando el hombro de su hermano, lejos de parecer gentil…
-Hmmm-gimió el chico, volteándose al lado contrario de la cama…
-¡Carajo, Eustaquio!... ¡Despierta!-le regañó Bella.
Solía llamar a su hermano por su segundo nombre, cada vez que perdía la paciencia o se enojaba con él. Era razonable, viendo el efecto que provocaba en Mike que ella lo molestara de aquel modo… ¡Él no había decidido llamarse así!... que injusta que era la vida.
-¿Bella?-su hermano se removió en su cama y gruñó somnoliento.
-No, soy Jessica Stanley-dijo ella de modo socarrón.
Michael en su ensoñación, se sentó rápidamente apoyando su espalda contra el respaldo de su cama y se peinó mecánicamente su rubio cabello. Suspiró y se frotó la adormecida cara, con sus manos al ver que simplemente se trataba de su burlona hermana, su rostro dibijó una mueca de desagrado.
-¿Ha pasado algo?-al joven Mike se le trabó la lengua al hablar... su hermana asintió en respuesta.
-Ya sé que hoy haz hablado con papá sobre alistarse en el ejército. Sé que los han llamado-dijo muy pagada de sus palabras.
-¿Qué…qué dices?-balbuceó Michael lívido. Él era su hermano mayor y si bien sabia que ella no era una tontita a la cual evadir con facilidad, prefería mantenerla lejos de todos estos conflictos por su protección.
Ambos jóvenes peleaban a menudo. Pero se adoraban ciegamente, aunque sus personalidades chocaran constantemente y fueran el agua y el aceite, desde pequeños habían aprendido a vivir juntos y apoyarse mutuamente en todo.
O casi todo.
Bella le mostró el sobre color escarlata y los ojos de él se abrieron como platos. "Idiota, solo a ti se te ocurre dejar tremenda carta a la vista de tu perspicaz hermana". Pensó el rubio muchacho.
Perspicaz. Esa era la palabra que la definía, claro; siempre en conjunto de tenaz, como él solía decirle. Ella no era el estereotipo de mujer de la época y se culpaba a si mismo de que así fuera, no debió jugar tan brutalmente con ella de pequeña o influirla en su modo de hablar y reaccionar. Pero había que admitir que su hermanita Bella no tenía nada de pequeña, por mucho que así él quisiera que se quedase. Odiaba verla y tener que chocar con la realidad, viendo a aquella mujer fuerte y decidida que era.
¿Sería así por dentro? Él estaba seguro de que no.
-¿Por qué tocas mis cosas, Bells?-preguntó el muchacho, dolido.
-¿Cuándo pensabas contármelo?-evadió la pregunta.
-Bella, no quiero que…
-¿Estás dispuesto a ver a papá morir en la guerra?-ella lo interrumpió abruptamente, a él se le desencajó la mandíbula de terror. No podía concebir aquella idea.
-Por supuesto que no.-contestó anonadado.
-Perfecto, porque tengo un plan-dijo sonriendo de modo travieso la chica, pensando en la heroica aventura en la que se adentraría.
Él gruñó mentalmente previniendo la maquiavélica y desquiciada idea de su hermana. La conocía tan bien..., cuando Bella sonreía así solo significaba una cosa: problemas.
-Espero que todo esto salga bien…- le pareció escuchar murmurar a su hermano.
Sabía que eran grandes las posibilidades de que no saliera viva de ahí. "Pero… seguramente,- pensó ella- morir en lugar de otra persona, alguien a quien se ama, era una buena forma de acabar… Incluso noble." Por Charlie ella lo haría.
"Puedes hacerlo, tú puedes", se repetía incansablemente Bella. Ahora tocaba lo más difícil de su plan que hasta unos momentos iba a la perfección.
Si quería salir de su casa sin que se dieran cuenta, entonces debían de hacerlo todo esa misma noche, o mejor dicho, madrugada. Se irían sin despedirse de nadie más que sus dormidos padres. Por un momento Isabella se planteó en despedirse de sus mejores amigas, pero sabía que eso despertaría a medio vecindario, y si ella conocía realmente a las chicas, sabía que Alice, ya sabía que eso iba a pasar. Su amiga tenía un "don" premonitorio que nunca fallaba, si algo había aprendido en todos estos años era "Nunca apostar contra Alice Brandon", esa era su regla número dos, porque la uno era "Nunca decirle que no a Alice"…
La voy a extrañar, pensó triste. No era un acto de cobardía lo que haría para despedirse de los que quería. Había acordado con Mike que escribirían una carta sus padres y ella a sus amigas explicándoles los motivos de su huída. Además era conveniente que llegaran a Washington antes de que llegaran los demás soldados. Bella debía aprender a ser un chico en todo el sentido de la palabra, y para eso Mike y ella debían acampar fuera de la Fortaleza Lewis, la cual era la que les habían asignado, hasta que por lo menos pudiera actuar como un hombre.
Volvió a su tarea de buscar un mapa entre las cosas de Charlie en su pequeño despacho. En el librero no había nada, así que probó en los cajones del viejo escritorio. El mueble se balanceó peligrosamente cuando intentó abrir uno de los cajones, a causa de la falta de una de sus patas. Luego de forcejar un rato, Bella logró abrir el cajón.
-¡Lotería!- murmuró pagada de sí misma al sacar un mapa maltratado, pero aún así fácil de leer. Según lo que sabía era que para llegar a Washington tardarían por lo menos un día y medio en llegar.
Se apresuró a salir de ahí. Debía tomar su bolso de viaje ya listo con ropa vieja de Mike, y despedirse desde las sombras de sus padres que dormían plácidamente ajenos a lo que sus dos hijos planeaban como si fuesen maestros del escape.
-¿Lo tienes?- murmuró Mike haciendo que Bella pegara un respingo.
Mike se mordió el labio para no reírse, era la primera vez que lograba que su hermana se espantara con algo.
-Deja de burlarte y apúrate, no tenemos mucho tiempo antes de que despierten- le dijo Bella con tono amenazante.
-Lo que digas hermanita…
Pronto se encontraron despidiéndose de sus padres. A ambos hermanos se les hizo un nudo en el estómago al pensar que tal vez, sólo tal vez, no pudieran volverlos a ver. Pero debían ser fuertes. Estaban juntos en eso.
-¿Lista?
-Cómo nunca- Bella depósito un beso en la mejilla de su padre para luego colocar junto a la mesita de luz un sobre con las cartas, que explicaban la cobardía de sus actos.
Ambos hermanos se escurrieron en la absoluta oscuridad que reinaba la casa, sólo la respiración acompasada de ambos era la única música de fondo en aquél tétrico escenario. Lo que ambos no contaban era con lo que les esperaba fuera de las puertas de la casa que iban a abandonar.
-¿A dónde creen que van?- ambos hermanos se detuvieron en seco.
-Estamos en problemas- murmuró Mike con gesto de terror.
-Ni que lo digas…
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Mee: entonces, apareció Victoria y… pataplum, le clavo los colmillos (¿?)
Aye: ¿Victoria?... ¿Eso no era en "Eclipse"?
Mee: ok, creo que me confundí de cuento… ¿Decís que les gustó, Aye?
Aye: Mmm… no soy Alice pero puedo jurar por los reviews que… ¡el público se alborota y eso que no es Showmatch o La Academia! Hablando de la academia, no se pierdan esta noche los MTV Movie Awards, seguro que los twilighters nos llevaremos una sorpresota con el trailer no es así Mee???
Mee: si, yo escuche que iban a pasar un minuto de Edward bailando La Macarena desnudo, asi que no se lo pierdan ;-)…
