Summary: "Una regla esencial en el ejercito es nada de mujeres… y yo la rompí. No podía dejar que mi padre se enfrentara a aquello, acarreando con su avanzada edad. No me importaba cuanto debía arriesgar… ¿o sí?"AU. TODOS HUMANOS. Aye436 y M.- Way
Disclamer: No somos dueñas de nada, porque del polvo venimos y al polvo vamos y bla bla. La cosa acá es que los personajes son de nuestra intima amiga Steph, la Guerra es de los guerreros (¿?), el titulo del fic es de un grupito llamado "Toquio Motel" o "Toque Mote" o como sea que se llame (ojo no tenemos nada en su contra). La idea de Aye, adaptada a Mulan y remixada por el drama de Mee.
Mee: Ehhhh… Los hechos y/o personajes que están a punto de leer son completamente ficticios, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Si alguien sufre un ataque/paro cardiaco/hiperventila…no nos hacemos cargo… ¿o si?-pensante-¿Cómo esta nuestra situación legal Ashee?
Aye: (se pone sus lentes de lectura y desenrolla un laaaaaargo pergamino) A ver… déjame ver… Aquí dice que… (se rasca la cabeza) ¡Dios esto está en chino!
Mee: duh, como decía… no nos hacemos cargo. Ok, no las aburro mas con temas legales, nosotras nos lavamos las manos… ya saben. Ashee los honores esta vez te tocan a vos…
Aye: De acuerdo XD, lo prometido es deuda… (se aclara la garganta y con voz de aero moza) A todos los lectores del Fic se les solicita disfrutar de la lectura… (tose, se pone seria y sacando una bandera, corre al estilo Mel Gibson en El Patriota) ¡A LA CARGAAAAAAAA!
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I'M A FAKE
(…And I am not afraid to die, I'm not afraid to bleed, and fuck, and fight. …)
Se sacudió en la cama, e hizo el vano intento de hacer caso omiso a sus moralistas pensamientos y continuar durmiendo. Era temprano todavía, los soldados no llegarían hasta que por lo menos fueran las 9am, por lo cual no veía motivo coherente para forzarse a despertar. Pero lo cierto era que aun quedaban muchas cosas por preparar en las siguientes horas y si quería empezar aquel mismo día el entrenamiento con el grupo de soldados que le habían asignado, tendría que levantarse ahora mismo de la cama; sin importar que apenas eran las 6am y que se había acostado a última hora, luego de una visita al burdel Denali.
Se levantó con suma agilidad, como en el era característico y estiró sus extremidades mientras bostezaba y buscaba a tientas los pantalones de su uniforme reglamentario. Se los colocó sentado en la cama y terminó de vestirse; gruñendo internamente porque sabía que había llegado la hora de hacer el trabajo más desagradable de la mañana… Despertar a Emmett.
Detestaba que su amigo no tuviera las mismas facultades que él y Jasper poseían, aquel pequeño reloj biológico incorporado, que no les permitía dormir ni un minuto más, ni un minuto menos del horario pactado. Aquello era casi tan injusto, como que él tuviera que ser el encargado de despertar al grandulón cada bendita mañana. Hasta el paciente y comprensivo Jasper había perdido la paciencia a la hora de despertar al fortachón y se había agarrado con él a los golpes; si bien Emmett era un niño de 10 años, mentalmente hablando, por las mañanas llevaba el peor humor del mundo y era capaz de masacrar a cualquier persona que osara con interrumpir su sueño.
Cuando salió de su cabaña, luego de asearse como era debido y ponerse en condiciones presentables, caminó directo a la pequeña cabaña de junto que Emmett ocupaba. Tener un lugar de importancia en el ejército podía llegar a ser altamente beneficioso, ya que en su caso, al igual que en el de sus amigos, podían llamarse dichosos y afortunados de tener un espacio propio y desechar la idea de compartir sitio con alguien ajeno.
Abrió la puerta y caminó con pasos fuertes y decididos por el lugar, avisándole a Emmett lo que vendría. Se acercó a la ventana principal, aun cubierta por cortinas que impedían que la luz se filtrara y le diera de lleno en el rostro ladeado a su amigo, y la abrió sin más preámbulos, bruscamente.
Su amigo se retorció en la cama y gruñendo se tapo los ojos aun cerrados con sus manos, haciendo gestos y muecas de desagrado, como si fuera un autentico vampiro y la luz solar lo dañase…
-Vamos Emm, ya conoces las reglas… arriba-le dio un golpe en el hombro al fortachón, mientras éste aun se quejaba.
-No Edward, necesito dormir un poco más… estoy agotado.
-Fue tu idea ir con esas señoritas, así que asume las consecuencias-sentenció.
-De acuerdo, lo aceptaré, solo cierra las cortinas-pidió su amigo con un vago gesto con la mano y volteó contra la luz.
-No lo haré, arriba. A parte, ni siquiera hay luz-Edward frunció el ceño.
Lo cierto era que en aquel sitio la luz no era abundante, sino que escaseaba. Todo lo que se podía llegar a atisbar era el verde reflejo sombrío de los árboles que rodeaban la fortaleza y algún que otro día con suerte, un solitario rayo solar.
Edward se fue con una previa advertencia y caminó directo hacia el comedor, listo para desayunar junto a los otros cabos y generales.
Hoy sería el primer día de su nueva vida, y si bien no sabía cuán importante podía ser aquello, estaba seguro que algo cambiaría… fuese por su nuevo cargo, o no…
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Se removió incomoda en la cama y cayó al suelo abruptamente, provocando un sonoro ruido contra el suelo de madera del cuarto… despertó abruptamente, sobándose la cabeza, con lo que había amortiguado la caída y se puso de pie… miró el reloj que descansaba en la pequeña mesa de luz, mientras escuchaba junto a ella los molestos ronquidos de su hermano, suspiró cansinamente; el reloj dictaba las 5.30 am, lo cual era demasiado temprano para ella. Normalmente solía dormir hasta las 8 am, pero si quería entrar al ejército debía acostumbrarse a este horario, puesto que no la dejarían dormir ni un minuto más, ni un minuto menos.
Sacudió con brutalidad el cuerpo de su hermano, sin obtener resultado alguno, por lo cual se dio por vencida en aquella tarea. Con los ojos pesados y el cabello seguramente alborotado, salió de aquella pequeña habitación de la casa de Esme y su difunto marido, que la señora Platt les había prestado para pasar su primera noche. Caminó hasta llegar al cuarto de sus amigas y se sentó en los pies de la cama de Rosalie. Se esforzó por despertar a ambas chicas y luego de varios intentos logró que la pequeña duende –como solía llamar a Alice- despegara sus ojos.
-¿Qué haces Bella?-la chica abrió mucho los ojos y la miró sorprendida-¿Qué hora es?
-Casi las 6 y recuerda, me tienen que ayudar todavía-dijo la castaña, con una nota de histeria en su voz.
-Te ves nerviosa-Alice se sentó en la cama- ¿te sientes bien?-atrapó las manos de su amiga.
-¿Cuán bien te puedes sentir si sabes que entrarás al ejército y que probablemente caigas debido a tu torpeza, en la primer mina que se te cruce?-Bella arqueó una ceja, mientras Alice por su lado se daba un golpe mental por ser tan poco elocuente.
-Entiendo el punto-asintió la chica de cabello azabache.
Ambas chicas se pusieron de pie y Alice nalgueó fuertemente a Rosalie para despertarla; la rubia dio un bote en la cama y se puso de pie velozmente, alarmada. Bella y Alice por su lado se permitieron reír de la expresión atónita de su amiga, mientras esta fulminaba a ambas chicas con la mirada.
Finalmente se decidieron a ir al baño y ayudar a que Bella se bañara decentemente, como sabían, que no podría hacer por mucho tiempo. Mientras tanto Rosalie y Alice aconsejaban a la pobre y abrumada chica que descansaba dentro de la bañera, preocupada.
-Escupe un par de veces-Rosalie le enjuagó el cabello, la chica hizo una mueca de desagrado, entonces la rubia agrego- Recuerda que tienes que verte bien macho, si no quieres que te vean como un niño gay y te llamen niñita-entonces Bella asintió, resignada.
-Y no te olvides de fruncir el ceño cuando alguien se te quede viendo-Alice comentó cantarinamente.
-Si alguien te da un pequeño empujón, ponte a la defensiva y hazte la matona.
-Acuérdate de agravar la voz cuando hables y que suene firme.-la pequeña se vio pensativa y luego agregó con una sonrisita- Y di muchas malas palabras… como Mike.-la castaña asintió, meditabunda.
-Tu nombre es Ian, presta mucha atención cuando te lo pregunten; que no te pillen con la guardia baja y se te escape decir Bella-la rubia dijo concentrada.
-Se les olvida algo importante-Bella se preocupó- se supone que soy hombre y voy al baño parada-se ruborizó
-Oh-Alice quedo sorprendida y con los ojos abiertos, mientras Rose y Bella la miraban con gestos de "piensa algo"- entonces… digamos que… -suspiró- no tengo la menor idea.-se dejó caer rendida, contra la bañera.
-No quiero entrar al baño con esos tipos y ver… esas cosas-Bella se puso nerviosa frente al simple pensamiento, mientras la rubia soltaba risitas de nerviosismo.
-Recuerda que te tendrás que bañar con ellos-Bella se mordió el labio inferior mientras maldecía a su amiga por ese comentario, parecía estar disfrutándolo.
-Iré después de hora. No me ducharé en su presencia.
-Claro, a parte seria extremadamente peligroso que vieran sueltas tus gemelas o una ausencia en… tú ya sabes-Alice se sonrojó
-Creo que lo más peligroso de ello, seria que salieras viva de aquel lado… de aquí a 2 semanas, si ellos notaran que eres la única mujer. Seria caótico y créeme, no quieres servir de…
-¡Rosalie!-Alice la interrumpió al ver que insinuaba su amiga. Bella miró a la rubia con pánico, comprendiendo finalmente a lo que intentaba referirse.
-¡Asco!-se le arrugó la nariz
-Eso mismo Bella- Rosalie sonrió- salvo que haya algún soldadito musculoso y…
-¡Hemos venido a ayudar a Bella, no a flirtear con soldados, Rose!- interrumpió los pensamientos de su amiga.
-Claro, Alice-asintió rápidamente la chica rubia.
-Ok, saquémosla de aquí antes que su piel se torne como una pasa de uva y Esme despierte-Alice se acercó con una toalla y Bella se envolvió con ella.
Bella se sentía abrumada y contrariada. Amaba a su padre pero el esfuerzo que estaba haciendo por él era enorme. Estaba llegando más lejos de lo que jamás habría pensado que llegaría. Todo fuera por amor a su familia y no dejar solo a su tonto hermano. Sabía que al fin y al cabo valdría la pena.
Ella no quería terminar como una señorita más, con monótona vida, aquello no era para ella y tal vez el ejército la ayudaría a encontrar un rumbo fijo en su vida, su destino.
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El Cabo Masen caminó tranquilamente hacia exteriores, mientras hablaba con sus amigos y ultimaba detalles para cuando los soldados llegaran finalmente. Una vez afuera del comedor, se vio sorprendido al notar que el transporte que los traería hasta la fortaleza Lewis, ya había arribado y de él habían bajado unos cuantos jóvenes, que estaban siendo controlados por el Gral. Marlon. Gruñó mentalmente al notar que aun había cosas por hacer; seguramente el transporte se había adelantado y había partido antes de hora a destino. Estaba bien, quería prepararlos cuanto antes para que se alistaran a la hora de la llegada de los Japoneses, ya habían permanecido neutrales durante la primer etapa de la guerra y era hora de preparar a sus soldados para demostrarle a los Japoneses de que madera estaban hechos. Suspiró y se quedó viendo a su tropa, mientras el joven Withlock y McCarty veían incrédulos a los "soldados" que su amigo tendría que preparar.
Gran parte de los hombres allí presentes estaban o bien avanzados en edad, o bien eran muy jóvenes. Unos cien soldados formados en una larga fila, con los brazos rígidos a los costados de su cuerpo y claramente asustados, escuchaban las palabras del General.
-Masen, acércate.-demandó Marlon, sin voltear a ver si estaba.
-Si, mi General. –contestó el joven con voz autoritaria, caminando rápidamente hacia su tropa.
-El joven aquí presente, es el Cabo Masen y será quien se encargue de su entrenamiento y quien los dirigirá-dijo con rudeza a los soldados- al final del entrenamiento escogerá a dos soldados como Soldado E1 y E2. –avisó y levantó el tono- ¿De acuerdo?
-Si General-dijeron a coro los soldados ahí presentes.
-Bien, entonces quedan bajo su supervisión. No quiero sublevaciones, ni vacilaciones. Ustedes vinieron aquí para servirle a su bandera y eso mismo es lo que harán. El Cabo les hablará sobre las reglas a seguir y espero que las acaten como si fuera la Biblia misma, no quiero revolucionarios, ni niñas así que ármense de valor y comiencen el entrenamiento.- el General volteó y caminó rápidamente hacia el cuartel principal.
Edward resopló por lo bajo mientras se paseaba entre las filas que habían armado los soldados, estudiando a cada uno profundamente y frunciendo su ceño cuando veía algo que no le gustaba. Había hombres de unos 50 o tal vez 60, había jóvenes de su edad, unos cuantos de 40 y más de uno se veía inestable. Muchos otros se veían asustados, la gran mayoría para ser sinceros. Muchos otros intentaban camuflar el terror de sus ojos con miradas duras y frías, pero al fin y al cabo, el miedo estaba presente. Muchos necesitaban ponerse en forma, o bien eran muy flacos y huesudos, o bien eran bastante regordetes y poco saludables. Como máximo podía contar a 20 soldados bastante musculosos, lo cual era bueno; él había esperado no encontrarse con ninguno en buena forma. Suspiró cansinamente luego de observarlos por 15 minutos en silencio, tendría mucho trabajo por hacer.
-De acuerdo-se colocó al frente de las filas-. Por si a alguien no le ha quedado claro, soy el Cabo Edward Masen y me ocuparé del entrenamiento, que por lo que veo… será duro.-dijo enfocando sus ojos en el más gordo de la tropa que comenzó a temblar ligeramente, Edward temió que por un momento fuera a mojar su uniforme o desmayarse, pero prosiguió como si nada, debían acostumbrarse- Necesitamos que estén saludables y que puedan correr.-el gordito asintió aun asustado por sus ojos rígidos.
-¿Hay algún veterano de Guerra o ha estado alguno de ustedes en el ejército anteriormente? –levantó la vista, con voz firme.
Unos cuantos hombres mayores levantaron las manos y otro par de musculosos también.
-Bien, que el resto se nutra de sus experiencias- exigió-, si alguien pensó que esto será fácil se ha equivocado y lamento informarles que muchos de ustedes no saldrán vivos de aquí,-se tensó al ver el rostro de temor y en algunos casos, pánico, de sus soldados- pero valdrá la pena, porque será por su bandera.- intentó compensarlos de algún modo, sin éxito alguno.
A continuación se dispuso a relajarse y comenzar a dictar y explicar cada una de las reglas, mientras continuaba examinando aquella pequeña tropa.
-Y despertaran a las 6:00 horas, el desayuno se impartirá desde entonces hasta las 6:30.- alzó la vista, nadie se inmutó pero podía ver algunos rostros inconformes- Nunca lleguen tarde o serán rudamente castigados…- frenó su charla al sentir ruidos de fuertes pisadas, o lo que parecían ser, trotes… a distancia, frunció el ceño- Parece ser que tendrán por ejemplo a estos dos ejemplares.-comentó con una sonrisa fingida, mientras veía llegar a dos jóvenes.
El joven más alto era rubio y con rostro aniñado, mientras que el otro era morocho, de tez sumamente pálida, rasgos finos y ojos chocolate. Se dispuso a observarlos mientras los chicos, ahora intimidados por la presencia de alguien uniformado, caminaban a la par, con cautela.
Una vez llegaron lo suficientemente cerca del Cabo, continuaron bajo el escrutinio de Edward, siendo observados detenidamente.
Bella se sentía intimidada por la presencia de todos aquellos hombres, pero en especial, por la presencia de aquellos orbes verdes que la examinaban atentamente y con frialdad. Quiso tomar desesperadamente, la mano de su hermano y apretarla hasta sentirse segura con él. Pero sabía que no sería lo más apropiado para comenzar; ya bastante había sido que llegaran tarde gracias a que su hermano se resistiera a levantarse de la cama, mas tarde se cobraría aquello.
Mike miraba atónito al Cabo, que cada tanto despegaba los ojos de su hermana y lo miraba con tensión y cierto grado incomprensible de odio. Por él estaba bien, en cambio si seguía mirando así a su pequeña hermana… lo mataría, y con sus propias manos.
Edward no podía despegar sus ojos del joven soldado castaño, daba la impresión de ser simplemente un niño, con cuerpo de adolescente. Mientras se preguntaba como haría para que este chico se mantuviera vivo en lo que la Gran Guerra durase. Posiblemente seria uno de los primeros en caer, lo cual le daba pena, nadie tan joven merecía morir de aquella forma.
-Nombres-demandó con descortesía, intentando intimidarlos, mientras alzaba la lista con los nombres de los soldados.
A Bella se le erizaron los bellos del cuerpo al escuchar hablar aquél hombre, su gesto era autoritario, intentó no mostrar miedo, por lo que con el rostro levemente alzado se dispuso a contestar con la poca dignidad que tenía.
-Ian y Michael Eustaquio Swan-contestó el joven castaño, con voz rígida y graciosa. Mike le lanzó una mirada acusatoria, pero ella no se inmutó eso era poco comparado con lo que le haría a su hermano por la humillante escena que estaban viviendo.
Edward se tuvo que morder la mejilla interna para no reír ante el extraño tono de voz del chico. Él recordaba lo que era pasar por la adolescencia y aquellos cambios. La voz se tornaba sumamente extraña con todo aquél proceso hormonal del que solía hablarle su madre cuando tan solo era un crío. De fondo se oyeron las risas del resto de los soldados y mientras marcaba sus nombres como `presentes´ en la lista, volteó y encaró a los soldados que reían, con gesto amenazante. Automáticamente cada uno de los soldados dejó de reír y lo miró con temor. Sonrió para sí mismo, ante lo que causaba en cada uno de los soldados.
-Perfecto, los hermanos Swan…-habló con voz fuerte- Justamente les comentaba a sus compañeros la importancia de la puntualidad y que cada uno que no cumpla será severamente sancionado- miró con rudeza a Mike, que no paraba de mirarle como si quisiera asesinarlo… ambos hermanos asintieron rápidamente con un gesto de entendimiento y sin amedrentarse.- ¿Se puede saber el motivo de su retraso?
-Hemos llegado anoche y… nos retrasamos al vestirnos- rápidamente contestó Ian, con la voz recompuesta, Edward frunció el ceño.
-¿Anoche?- cuestionó el joven Masen.
-Somos conocidos de la señora Platt y tuvimos que viajar antes de tiempo por asuntos personales.- habló Michael rápidamente, encarando al Cabo.
-Bien.- asintió aun mirando al chico- Eso no significa que estén acomodados, por lo cual recibirán los mismos tratos que el resto de la tropa a la hora del ejercicio y de cumplir con las normas correspondientes.-ambos hermanos asintieron con rapidez- tomen posiciones, proseguiré con el reglamento- dijo apartando los ojos de el castaño, mirando al resto de los soldados.
Ian y Michael se unieron al resto y formaron con rigidez, mientras oían la voz autoritaria, de quienes supusieron sería el encargado de la tropa. El Cabo continuó dictando y explicando cada regla necesaria, enviando miradas de advertencia a cada soldado que le mantuviera la vista; él no quería infundirles miedo, pero si quería que vieran que era estricto y exigente, como correspondía y debía ser. Cada tanto miraba al joven Ian y se maravillaba al ver que no causaba efecto alguno en él, por mucho que intentara atemorizarlo, éste siempre le mantenía la mirada y la barbilla en alto, con un gesto de orgullo que el Cabo se había prometido, hacerle tragar. Le irritaba aquello.
Bella no podía creer que aquél tipo –que aún no sabía ni quien era- intentara infundirle miedo y mirara con aquél especial odio a su hermano. ¡No tenía motivos, por todos los santos! Le molestaba aquello y bastante, porque no por estar un par de puestos por encima podía atreverse a tratarlos de semejante modo. Porque si bien había ido al ejército para luchar por su país, era por amor a su familia y su patria; lo último que quería, era ver a un ser arrogante creyéndose mejor que ella y que el resto. Aquél tipo no le daba miedo a ella, y ya se lo dejaría claro por lo que se llamaba Isabella Marie Swan, o mejor dicho… Ian.
-Rompan filas-anunció el Cabo, luego de dar por finalizado su discurso.
Los soldados se fueron esparciendo por el campo. Algunos dirigiéndose a las cabañas que les habían asignado y otros, caminando hacia el comedor, para poder desayunar algo. Bella y Mike se miraron y caminaron juntos, unos pasos hacia el comedor. Pero cuando pasaron junto al Cabo, él los llamó.
-Swan- revisó la lista por última vez, para asegurarse de no haberse confundido de apellido. Ambos chicos frenaron en seco y se pusieron a la par, frente al Cabo- Creo haber sido lo suficientemente explícito a la hora de explicar las normas de convivencia.- ambos chicos asintieron- Bien, porque aquí se toma como grave falta de respeto, el retraso.- volvieron a asentir.
-¿Qué haremos?-preguntó, tenso pero firme, el más pequeño para sorpresa y molestia de Edward.
-En principio, no interrumpir cuando hablo. Sé que debes de estar impaciente por comenzar el entrenamiento- se acercó un poco al castaño, que había hablado. El asintió.
Edward volvió a maravillarse ante la predisposición de aquel joven y el valor que demostraba tener. No parecía tenerle miedo, ni mucho menos. Aquello podía llegar a ser tan bueno, como tan malo. Dependiendo del sitio que el chico decidiera ocupar, estaría dentro de la bolsa de los acomodados o rechazados.
-Correrán por toda la cuadra durante la próximas horas e irán a la cabaña para almorzar, por la tarde se reunirán nuevamente con el resto de la tropa, para comenzar a entrenar. –miró a Michael.
-¿Toda la mañana corriendo?-le pareció oír que decía el chico de ojos azules.
-Bienvenidos al ejercito-les contesto el Cabo con una sonrisa socarrona y dio palmadas velozmente-comiencen.
Bella le envió una mirada asesina a su hermano y levantó la barbilla con orgullo al sentirse observada por el Cabo. Aquel ejercicio no la mataría, sabía que esas cosas eran las más suaves dentro del ejército y estaba plenamente preparada para hacerlas. Por otro lado, enfrentaría cada desafío que le insinuaran, gustosa de saborear una nueva victoria.
Ella era una farsante, lo sabía. Pero no tenía miedo a sufrir, sangrar, pelear, intentar o hasta incluso; morir.
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Mee: Gracias Aptra por el Martín Fierro!... quiero agradecerle a la Academia también, por el Oscar recientemente recibido, como mejor guión y-
Aye: ¡Mee! Estos no son los MTV Movie Awards, ni ningún otro premio, es más no sé de premios que se les otorguen a Fics en ESPAÑOL (le lanza miradas asesinas al público latino) solo los TwilightAwards, o como se llamen, son para Fics en inglés y lamentablemente no entramos en esa categoría…
Mee: cierto!... eso es lo que pasa cuando una se enamora de un fic tan bueno y…
Aye: (suspira) Sólo debemos contentarnos con saber que les gusta, así que si quieren más de esta súper producción no se olviden de dejar sus reviews.
Mee: VIVA LA FICCION!
Aye: ¡Si, señor!
