Summary: "Una regla esencial en el ejercito es nada de mujeres… y yo la rompí. No podía dejar que mi padre se enfrentara a aquello, acarreando con su avanzada edad. No me importaba cuanto debía arriesgar… ¿o sí?"AU. TODOS HUMANOS. Aye436 y M.- Way
Disclamer:No somos dueñas de nada, porque del polvo venimos y al polvo vamos y bla bla. La cosa acá es que los personajes son de nuestra intima amiga Steph, la Guerra es de los guerreros (¿?), el titulo del fic es de un grupito llamado "Toquio Motel" o "Toque Mote" o como sea que se llame (ojo no tenemos nada en su contra). La idea de Aye, adaptada a Mulan y remixada por el drama de Mee.
Mee: Oh baby, here comes the sound!... Aprovecho el espacio dado para rectificar que ambas vamos a seguir actualizando el fic, en ambas cuentas.
Aye: Cualquier duda o comentario… dejen RR.(Aye se aclara la garganta y con voz de periodista) Disculpas por la tardanza. Mee y Aye se encontraban en las calles de Bs As buscando debajo de las piedras a Michael Jackson… (carraspea) ¡Sabemos que estas acá!
Mee: Con Ashe apoyamos la importante teoría de que MJ se encuentra en algún café de San Telmo, tomandose un café con Elvis…¡yay baby!... pronto vamos a empezar nuestro propio grupo de facebook que diga "¿Dónde está Michael?" (si, al mismo estilo que "¿Donde esta Wally?"), la cobertura de las andanzas de MJ hora tras hora cortesía de Mee y Aye. Por otro lado tenemos una BUENA sorpresa para las lectoras/autoras de la pagina… ok, ya que lo piden tanto; vamos a hacer-
Aye: (mirando mal a Mee) ¡Melanie Way!
Mee: Oops… otra vez, casi casi… como decía… Asheee las presentaciones formales… ¿De quien era la guerra?
Aye: (toma un micrófono y con voz solemne) La Primera Guerra Mundial pertenece a… (mira el papel que tiene delante, se rasca la cabeza) ¿Alguien sabe a quién demonios pertenece la Guerra?... Ok, puedo ver sus cerebros trabajar a través de la pantalla así que mejor a lo que vamos… Ready?... Set?... GO!
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S.O.S
Sintió los ojos vidriados, se estaba sintiendo rabiosa e impotente. ¡Habia sido tan descuidada! Una regla básica bien sabida por todos era "si hay una luz prendida,… ¡hay alguien adentro!". ¿Cómo no pudo percatarse de aquello, antes de entrar al cuarto? Ahora ya era muy tarde como para salir corriendo de aquel lugar, como hubiera querido. No le quedaba más remedio que acomodarse en aquel incómodo cubículo y esperar a que ese jodido soldado de trasero pálido y fuertes bíceps, se fuera.
¿Trasero pálido? ¿Fuertes bíceps?...
¿¡En que estaba pensando la tonta Bella Swan!?
Se regañó mentalmente por darse el lujo de aquellos pensamientos. Ella debía tener la mente en frió y su meta siempre presente, no podía perder su valioso tiempo en estupideces tales. No importaba cuan fuertes lucieran aquellas piernas, cuan marcadas estuvieran las líneas de su espalda y cuan musculosos fueran aquellos brazos…
"Joder, creo que estoy divagando demasiado" se dijo a sí misma, mientras agitaba su cabeza, sintiéndose inmoral y promiscua.
Después de todo, ella era una mujer. No estaba tan mal admirar la belleza masculina que se duchaba frente a sus incrédulos y ahora nada inocentes ojos, pero no debía ser así. Ella allí era un hombre. No podía ver a los hombres de aquella forma… ¡lo tildarían de gay! Y ese seria su lecho de muerte, lo harían añicos en poco tiempo. Especialmente el idota del soldado McCarty, el amigote gigante del Cabo…
Pero por otro lado…, la joven Swan nunca antes había visto a un hombre como un… hombre. Ridículo ¿no? Pero era la verdad. Los hombres eran hombres, además el ser hombre desde la perspectiva de ella era ser algo ruidoso, algo asqueroso, algo molesto, algo estúpido, algo sin cerebro y algo grotesco, tal vez había dejado que la imagen de Mike influyera mucho en ello. ¡Pero vamos!... al fin y al cabo su hermano era o intentaba ser un hombre y si tenia que pasar el resto de su vida con alguien como el idiota de su hermano… simplifiquémoslo diciendo que preferiría quedarse soltera a pesar de las protestas de su madre y tía.
Pegó un leve respingo al escuchar como se cerraba el grifo de la canilla y se cubrió la boca, temerosa de ser oída por cualquier movimiento leve o respiración que efectuase, no sabía si el hombre detrás de la puerta tenía el oído súper sónico que parecía tener el Cabo Masen...
Asomó un ojo por la rendija de la puerta y solo pudo sentir como el vaho del agua caliente volvía cristalinos sus ojos y agradeció ver a aquél tipo de espaldas, ahora envuelto en una toalla. Habría sido demasiado shockeante ver algo más en lugar de aquella bendita toalla que cubría esas partes desconocidas para ella pero que sabía que ahí estaban, la mera idea hacía que las mejillas le ardieran y sabía muy bien que no era a causa del calor del baño.
Sonrió con alivio minutos después, en cuanto la puerta del baño se cerró. Eso había estado cerca.
Agradeció a todos los dioses por aquello, aunque no habría sido tan malo ser descubierta, después de todo se veía –y ahora, hasta olía– como un hombre, por lo cual podría haber alegado algo como ser sonámbulo o estar descompuesto. No. Demasiado asqueroso. Pensó para sus adentros.
Contó hasta 100 esperando que aquél soldado estuviera lejos, y salió del incómodo cubículo que le había servido de tapadera, ya relajada y sonriente.
Sonreía porque había visto a un soldado demasiado potable, ese era el primer hombre que despertaba un extraño e inexplicable deseo propio de una mujer en ella. También sonreía porque finalmente podría darse una ducha como bien se lo merecía, luego de soñar todo el día con agua tibia y un poco de aquel shampoo de fresas que solía usar en casa…
Caminó lentamente hacia el sector de duchas y abrió el grifo. Rápidamente el vapor hizo acto de presencia, entrando por sus fosas nasales y haciéndola sentir un extraño cosquilleo por todo su cuerpo.
Lo primero que hizo fue sacarse su camisa reglamentaria y desabrocharse las agujetas de aquellos incómodos y horribles zapatos que debía usar a los que llamaban botas. Si Alice tuviera que usarlos seguro pegaba el grito en el cielo, y qué decir de su despampanante amiga Rosalie. No, ninguna de ellas lo habría soportado.
Una vez despojada de sus ropas y solo cubierta por aquella tela elástica en su busto y sus bragas, se revolvió un poco el cabello, mientras se agachaba hacia su pantalón y sacaba de un bolsillo un pequeño recipiente de su shampoo favorito, que Alice le había dado, junto a un bonito jabón de tocador con aroma a fresias.
No porque debiera verse como un hombre tenia que oler como uno. Si por lo menos iba a fingir todo aquello de la masculinidad, estaba bueno que siguiera presente su aroma femenino que tan cómoda y bien le hacia sentir.
Se despidió de sus bragas y se desenrolló de aquella banda elástica que le daba la sensación de estar siendo aprisionada. Suspiró y sonrió al sentirse libre. Extendió sus brazos y se puso en puntillas de pie, para desperezarse y relajarse, meció su cuello de izquierda a derecha reiteradas veces y camino deliberadamente hacia la ducha abierta.
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El Cabo Masen entró a su cabaña privada y encendió la luz, apoyó en una silla cerca a su cama la ropa sucia y se quitó su camiseta limpia y su pantalón pijama.
Lo cierto es que el simplemente lo usaba para viajar desde el baño hacia su cabaña, porque le era incomodo dormir con tanta ropa, simplemente dormía en bóxers.
Se recostó en la cama y se escabulló por debajo de las sabanas. Miró hacia el techo y acomodo sus manos bajo su cuello, suspiró sintiéndose cansado. Recién era el primer día y ya estaba molido. Si él que estaba en perfecto estado de forma… ¿Cómo se sentirían los pobres obesos de la tropa, su tropa? Sonrió frente a aquella idea. Iba a sacar buenos a aquellos soldados, quisieran o no, estarían mas saludables que nunca y luego se lo agradecerían. Aunque no estaba tan seguro de Ian Swan.
El joven Swan. Ese chico simplemente era un dolor en el trasero. No concebía que hubiera alguien tan corajudo y tenaz como aquel pequeño niño. Seguía incrédulo por la reacción del chico frente a la degradación de su amigo, por la no-reacción del joven frente a su castigo y por aquella forma particular que tenía a la hora de mirarlo a los ojos. No lo miraba con miedo, no lo miraba con tranquilidad, no lo miraba con respeto, no lo miraba mal, lo miraba… raro.
Si, la palabra ideal era "raro". Porque lo miraba de veinte formas diferentes, con irrespetuosidad, con altanería, con desafío, con reproche, con orgullo… Aquel chico posiblemente era el chico más valiente que había conocido en todo el tiempo que llevaba en el ejército –incluso más valiente que el bueno de Jake–, y eso que apenas era el primer día, pero ya podía ver que el valor que aquel pequeño poseía, era probablemente superior al que él mismo tenia y aquello lo asustaba.
Porque hasta el grandote de Emmett se amedrentaba a la hora de enfrentar a su superior, porque Jasper solía callarse frente a un General, por miedo a decir algo inadecuado y porque él mismo, el Cabo Masen agachaba la cabeza y acataba cada orden que su mayor demandaba. Pero Ian Swan… nada. Él simplemente asentía, manteniéndole la mirada desafiante.
Intrigante, aquel joven era intrigante.
¿Qué hacia pensando en un soldado? Ni siquiera pensaba en trabajo a la hora de que su cabeza tocaba la almohada, pero ahora era diferente. Maldijo al joven varias veces, por quitarle minutos de sueño en pensamientos inútiles. Probablemente si tuviera mala noche al día siguiente lo convertiría en blanco de todos sus enojos y lo haría trabajar duro. Quería que aquel chico se tragara su orgullo.
Giró sobre su cuerpo y gruñó con enfado al percatarse de que había olvidado en el baño sus botas y sus rodilleras. Estaba demasiado cómodo en su cama, como para levantarse. Pero si no iba por ellas al baño, probablemente se las robaría algún soldado o peor, un Mayor las encontraría y lo regañaría al día siguiente.
Se incorporó en la cama y tanteó hacia su izquierda, hasta dar con su camiseta blanca, sin mangas; se la colocó con pesadez y se puso sus pantalones de franela, mientras balbuceaba maldiciones e incoherencias que ni el mismo llegaba a comprender.
Salió de la cabaña y caminó lentamente por la cuadra hasta vislumbrar la figura del baño. Frunció el seño y abrió ligeramente la boca, al ver las luces prendidas a través de las pequeñas ventanas en la parte superior de aquél edificio. Juraba haberlas apagado antes de salir del baño.
Caminó con cautela e incertidumbre. Tal vez algún otro Cabo o Mayor estaba usando el servicio, era bastante lógico, ya que ellos contaban con aquél privilegio. ¿Y si era algún soldado de su tropa? Se tragaría una buena penitencia por faltar a sus órdenes y a las reglas establecidas.
Cuando llegó a la puerta del baño, tomó aire y posó su mano derecha en el picaporte. Lo giró con cuidado de no hacer ruido, quería agarrar desprevenido a aquel posible desobediente soldado.
Entró al cuarto y cerro la puerta silenciosamente, mientras caminaba con cautela, cual felino preparándose para cazar. Caminó hacia la parte delantera, donde se encontraban los bancos y donde solía cambiarse; encontró sus botas sobre los asientos, junto a sus rodilleras, exactamente como las había dejado. Miró a su derecha donde se encontraban los cubículos, junto a los orinales y sintió el ruido de la ducha abierta.
Alguien se estaba dando una ducha, ya que en aquella habitación había vapor y hacia calor. Un extraño aroma inundó sus fosas nasales, por lo cual hizo una mueca. Era un olor raro, agradable y suave, pero raro, nunca antes lo había sentido. Podría jurar que olía a algo floral, pero no estaba del todo seguro.
Avanzó hacia las regaderas con sumo cuidado, por alguna extraña razón, sabia que debía ser cuidadoso y no hacer ruido.
Se detuvo cuando se percató de la figura que reposaba a unos 20 pasos de distancia. Era… un soldado.
De espaldas a él había un soldado enjuagándose el cabello. Tragó pesado al ver lo que estaba viendo. Se sintió sumamente gay al notar que sus ojos estaban enfocados en el redondo y blanco trasero de ese chico. Agito su cabeza y abrió mucho los ojos. ¡El no era gay! Examinó de arriba abajo al soldado. Tenia pies pequeños, una cintura bastante fina y marcada, tal vez demasiado, mientras que mas abajo sus caderas se ensanchaban solo un poco, elevándose con magnificencia en la zona trasera.
¿Magnificencia?... ¡Gay! Se dijo a si mismo, sintiéndose ridículo. Ya podía escuchar las risotadas de Emmett en su cabeza si llegaba a saber lo que le estaba ocurriendo.
Pero lo cierto era que aquel soldado tenia un trasero… poco masculino, para nada chato como el suyo, era mas pequeño y circular.
Se sintió enfermo al darse cuenta que aún seguía con su vista fija en aquel cuerpo y sintió la necesidad de huir de ahí, toda gana de regañar a aquel chico desapareció de su mente y vio mucho mas tentadora la idea de correr.
No contuvo sus impulsos, corrió desmedidamente hacia los bancos, donde tomó sus cosas y abrió con urgencia la puerta, para luego azotarla y correr hacia su cabaña.
Tal vez necesitara volver al burdel de las D'Nali. Hizo una nota mental de decirle a Emmett que le daba luz verde para distraer a los soldados el fin de semana yendo de visita a aquél excéntrico lugar. Sólo esperaba que su amigote no preguntara demasiado ni viera sospechosa la sugerencia.
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—Vamos Eustaquio— le alentó su hermana—, no actúes como niña y sigue corriendo si es que allí abajo te cuelga algo. —añadió dándole un sonoro zape a su hermano.
—Oh mira quién habla, juro por el cielo que lo lamentarás hermanito. —le contestó el chico con una sonrisa traviesa en su aniñado rostro.
—Yo no soy quien esta cerca del piso llorando como niña, corre que no te morirás por un poco de ejercicio extra. —Bella tiró del brazo de su hermano con fuerza y lo arrastró por el campo para terminar la ronda.
Mike bufó por lo bajo, pero no se quejo. Era una patada a su ego mostrar debilidad frente a su hermana pequeña, pero la verdad es que el entrenamiento físico destrozaba cada uno de sus pobres huesos; no es que fuera debilucho, claro… simplemente era… difícil.
Se reunieron con el resto de sus compañeros en el centro del campo, donde el Cabo Masen los esperaba, de brazos cruzados y con aquel ya característico gesto de superioridad.
Cada uno de los soldados se había acostumbrado ya a aquella actitud altanera… ¿Quién no se acostumbraría luego de una semana viendo esa cara? Cada soldado, exceptuando por supuesto a los hermanos Swan, con quienes Edward parecía tener una extraña fijación.
Con Michael porque lo veía como a uno de los soldados más débiles de la tropa -junto a cada obeso, claro-. Y con "Ian" porque mostraba una actitud desafiante y orgullosa que lo descolocaba; quería que el joven soldado se tragara cada gramo de su orgullo y se esforzaba en ridiculizarlo y atarearlo -cosa que aun, luego de tantos castigos insólitos, no lograba-. Se decía a si mismo que ya encontraría una forma de hacerlo, sólo faltaba que siguiera hurgando un tiempo más en la mente indescifrable del castaño y podría dominarlo como si fuera un caballo salvaje de campo, como los que adiestraba su abuelo en antaño.
—Se dividirán en 2 equipos— anunció el Cabo con voz firme—. Quiero verlos luchar sin armas, ya que algunas veces nos enfrentaremos a situaciones que requieran cara a cara y cuerpo a cuerpo.
Automáticamente se rompieron las filas formadas y los soldados se agruparon en dos sectores opuestos uno de otro, los murmullos de desafío de unos a otros no se hicieron esperar.
Los hermanos Swan, por supuesto quedaron divididos para sacar a relucir su rivalidad e intentar lucirse el uno contra el otro. Lo cierto era que se amaban, pero no se soportaban completamente, luego de tantos años de convivencia… preferían la competencia. Con lo que no contaban era con la brillante idea del Cabo Masen.
—Conforme los vaya llamando se aproximarán y les diré con quién deben trabajar.
—Voy a matar al Cabo…— se dijo por lo bajo Bella, nadie la escuchó gracias a la ola de protestas que empezó a alzarse.
—¡No estamos en la escuela para que rezonguen! —les calló Edward— Vinieron aquí a aprender, y eso es lo que van a hacer.
A partir de ahí nadie se quejó.
Uno a uno cada soldado fue llamado para conocer a su "rival" dentro de aquél ejercicio. A Bella le hizo acordar a aquellas ridículas ideas de su Tía Maggie a la hora de intentar que Sharon le "lavara la cabeza". De más está decir que nunca funcionó.
Ya sólo quedaban cinco personas. Cuando el terror se apoderó de ella. La tropa poseía un número impar de soldados…
—Michael Eustaquio Swan— le llamó Edward a su hermano, el que avanzó hacia él con gesto que dejaba en claro que quería pegarle un puñetazo en cualquier momento, Edward tuvo que hacer un gran esfuerzo para mantenerse serio—, tu compañero de pelea será el soldado Paul Wolf. En cuanto a usted Ian Swan…— el joven lo miró sin temor, ya sabía lo que le esperaba— tendrá el honor de tenerme como compañero.
—¡No! —rugió Mike, Bella le lanzó una mirada suplicante, la iban a descubrir si se ponía en plan protector— Póngame a mi con mi hermano, me debe bastantes…— usó como excusa Mike, Edward lo miró con burla.
—Órdenes son órdenes joven Swan.
Mike no dijo nada más, sólo le lanzó una mirada de odio al Cabo Masen y una de consuelo a su hermana, sólo le pedía a los dioses que el idiota del ojiverde no lastimara a su hermana sino le iba a matar y no le importaba lo que llegara a ocurrir después.
—Ya que están todos listos, quisiera demostrarles los ejercicios que deben hacer. Cómo son esquivación y golpe sorpresa.
Bella no creía lo que escuchaba, sonaba a clase para niños de dos años que deben aprender a defenderse de los que se aprovechan de ellos.
—¡Swan! —le llamó el hombre, ella se paró a su lado, haciendo caso omiso a las miradas de su hermano enfrente de ellos— Usted y yo seremos el ejemplo. Por favor…
Bella se sorprendió al escucharle decir amablemente que se pusiera frente a él. Pero cambió de parecer en cuanto el Cabo intentó pegarle un puñetazo, tomándola desprevenida, que solo logró esquivar por poco.
Si quieres guerra… guerra vas a tener. Pensaba Bella, al fin y al cabo, estaba segura que a los golpes aprendería a no meterse con ella tal y como pasó con el gigante de su amigo.
Minutos más tarde el campo vitoreaba cada vez que el joven Ian Swan le pegaba al Cabo, era muy rápido aquél pequeño soldado. Edward estaba que echaba chispas, aquél flacuchito intentaba dejarle en ridículo, pero debía de admitir que sabía pegar. Aún le dolía el brazo de las patadas que le propinaba cada que se descuidaba.
Bella a pesar de haber recibido un golpe en el trasero, del cual estaba segura que dejaría un cardenal, seguía peleando como una leona. No dejaría que el creído del Cabo le ganara. Así que aprovechó en cuanto el hombre iba a decir algo para tomarlo por sorpresa y tirarlo al suelo, apuntando con un arma imaginaria a su cabeza generando un torrente de aplausos de los soldados.
Por algún extraño motivo no podía apartar la mirada de los ojos esmeraldas del Cabo, eran de un verde tan hipnótico… parecían tener un laberinto de información.
—Te lo dije Eddie, este muchacho es una máquina— la voz atronadora del soldado McCarty despertó a Bella de su ensoñación.
Algo ruborizada, se apartó del Cabo para salir corriendo rumbo a los dormitorios, no tenía ganas de seguir siendo el centro de atención.
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Mee: Entonces el la agarro de la cintura y-
Aye: ¿El Cabo le tomó de la cintura? ¡Mee eso aún no pasa! Te confundiste de nuevo…
Mee: Como decía… destaquemos en negrita que no hay extorción que valga con nosotras y nuestro hermoso fic=).
Aye: Nones, nosotras somos tan fuertes como el roble… ¡Dios ya me emocioné! Dejen sus reviews porque les tenemos miles de sorpresas. A los críticos también… a ver si así nos los ganamos… XD
