Summary: "Padre, he pecado". La vida de la hermana Isabella nunca fue fácil, pero todo se pondrá de cabeza cuando una de sus alumnas enferme y se cruce con una mirada esmeralda…

Disclamer: Los nombres de los personajes de la saga Twilight© son propiedad de Stephenie Meyer, Alfaguara Juvenil, Little Brown Editions y Summint Entretainment. Cualquier similitud a algunas telenovelas… no es coincidencia- Alice es prácticamente la Tía Pelucas de Carita de Ángel… XD-, la historia le pertenece a su servilleta. NO INTENTEN PLAGIO.

N/A: En vista de esta gran acogida que ha tenido este nuevo Fic, acá les dejo este nuevo capítulo, la verdad costó mucho traerlo a "la vida" pero… sin la cooperación de Mee, no hubiese sido posible. Así que…

Consejo: Para mayor disfrute del capítulo Aye436 les aconseja apagar toda fuente que sirva como distracción para la lectura del Fic, estos pueden ir desde celulares y teléfonos repiqueteando, en tono de llamada o mensaje recibido, hasta hermanas molestas que te pidan la computadora a cada rato porque "es su turno"…

Disfruten…

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EL SOL SALDRA MAÑANA

La vida de la Hermana Isabella nunca había sido fácil. Nunca había sido tormentosa, tampoco. Solo complicada. Su madre había muerto al nacer ella, y aunque se buscó a algún otro familiar que ella pudiera tener en el mundo, no pudieron encontrar realmente nada, ya que su madre, Renée –así le habían informado que se llamaba–, no había dado mucha información sobre su identidad antes de que diera el último suspiro.

Sólo me dejó el nombre, solía pensar con ironía ella, ya que su nombre… nunca le había agradado del todo. Por eso le gustaba simplificarlo sólo a: Bella. Aún recordaba la cara del Padre Ildelbrando cuando comenzó a usar ese apodo.

—¿Cómo te llamas?— le preguntó uno de los chicos del coro, cuando tenía cosa de cuatro años.

—Bella— le contestó la niña pagada de sí misma.

Sólo bastó que el sacerdote escuchara a la niña para que los acordes del Ave María de Schubert salieran desentonados y desafinados.

Aún no entendía la reacción del sacerdote, a quien quería como a un abuelo o a un padre, debido a que este siempre había jugado un papel importante en su vida. Desde que tenía memoria, el Padre Ildelbrando había estado siempre a su lado, ya fuese en El Milagro, el Orfanato, o en la escuela a la que asistía. Por ello nada más al terminar la Preparatoria, decido unírsele, sin dudar, en la Misión de Predicar y Ayudar a los demás.

Isabella a la edad de 18 años se había unido a la congregación benedictina del Estado de Washington. Hacía ya cuatro años que ella había tomado los votos como religiosa y además se había graduado como educadora. Pues si bien, a pesar de ser monja, ella quería ayudar a los niños que como ella no había nacido con las condiciones para tener una vida "en familia".

—¿Otra vez rezando?— la atronadora voz de su amigo y sacerdote preferido, después del Padre Ildelbrando, inundó la pequeña capilla.

—Se supone que no hay horario para la vocación— le respondió ella sin levantar la cabeza, pues sabía que el hombre no tardaría en unírsele.

Sonrió al sentir como se arrodillaba a su lado.

—¿En qué lío se ha metido de nuevo la pequeña Nessie?— le preguntó en susurros.

Bella rodó los ojos, aunque su amigo no la pudiera ver.

—Ya te he dicho que no me gusta ese apodo…, que el pequeño Jake se lo haya puesto es una cosa. Además es desagradable que te llamen como el monstruo del Lago Ness— el sacerdote soltó una risita, provocando que Bella frunciera el ceño—. Y respondiendo a tu pregunta anterior, no se ha metido en ninguno…

—Si mientes, estas pecando Isabella— le acusó—. Además, el nombre de Renesmee le da a pego, con eso de que significa oveja… es la pequeña más inquieta que he conocido en mi vida, después de ti claro— ambos sonrieron recordando momentos que habían compartido juntos.

—Esta vez no ha hecho nada— suspiró ella—. Estoy rezando por la nueva chica que viene.

—Oh.— fue todo lo que respondió su amigo.

Se hizo un silencio en el que Bella aprovechó para terminar de rezar. Esa noche llegaría a la abadía una nueva chica. Por lo que tenían entendido venía del Estado de Chicago.

Lentamente se levantó, hizo la señal de la cruz y se giró para marcharse. A sabiendas que el sacerdote, no tardaría en seguirla.

—Emmett, ¿qué te hizo pensar esta vez que Renesmee se había vuelto a meter en líos?— le preguntó la Hermana una vez que ambos estuvieron fuera de la capilla, dónde el frío aire otoñal les pegó de lleno en la cara.

—Sabes que Nessie siempre se mete en líos, Bella— le sonrió el sacerdote dejando ver los hoyuelos de sus mejillas, dándole un aire de niño travieso—. Y cada vez que ella hace algo, tú sales pitando rumbo al Templo Mayor o a la Capilla para rezar por la piedad de la Madre Superiora con la niña…

—Me conoces tan bien…— suspiró Bella, Emmett sólo atinó a reírse.

Ambos habían sido amigos desde el día en que ella se unió al coro. Emmett parecía un niño de esos con los que uno no debe meterse, infundía un poco de pánico a los demás, ya que a sus ocho años parecía un pequeño guardaespaldas por su complexión robusta, que luego transformó a músculo a causa de las diarias ejercitaciones a las que se sometía. Nadie nunca pensó que aquél chico –algo buscapleitos–, terminaría siendo uno de los sacerdotes de la congregación.

Emmett McCarty supo muy bien cómo sorprender a todos, incluso a sus padres, al meterse como monje. Él, en respuesta a los constantes cuestionamientos que le hicieron en su momento, decía que había tenido un llamado a la vocación. Pero Bella sabía muy bien, que ese llamado habían sido los niños del Orfanato, ya que Emmett se había encariñado con varios, lo cual no era de esperarse, después de que pasara horas con Bella en aquel lugar. Emmett siempre había sido como un hermano mayor de ella, y viceversa.

Después de que el mejor amigo de Emmett, cuando este tenía cuatro años, se fuera de la ciudad, él había quedado muy solo, por lo que cuando Bella llegó aquél primer día a unirse al coro, el chico se dijo que esa pequeña sería su nueva amiga, a pesar de la diferencia de edades (Emmett le llevaba cuatro años y medio).

—Entonces… ¿cómo esta la pequeña carita de ángel?— sonrió con complicidad al nombrar a la pequeña más traviesa del Milagro.

—Hasta ahora no se ha metido en líos, la verdad me sorprende que alguien tan pequeño sea capaz de tener tanta creatividad para buscar problemas…— se rió Bella.

Ambos amigos sabían muy bien que la pequeña Nessie de sólo cinco años de edad era capaz de formar una bomba nuclear cada vez que se le ocurría alguna idea para "divertirse".

La niña se había ganado el corazón de Bella desde el momento en que la vio por primera vez, cuando ingresó en El Milagro, sus padres habían fallecido en un accidente de carretera, ella sólo contaba con un año de edad y por puro milagro se había salvado, ya que esa noche la habían dejado con una vecina, pues no tenían familiares o parientes cercanos. Nessie había quedado sola en el mundo. Tal vez por eso Bella se había encariñado tanto con la chiquita, la historia de ella era semejante a la suya propia. Pero lo cierto es que Isabella adoraba a Nessie como si fuese su hija, bien sabía que le desgarraría el alma si algún día llegaran a adoptarla…

—¿Y tú no eras de meterte en líos?— se burló Emmett.

—¡Era una santa!— exclamó con ironía Bella.

—Tan santa que una vez nos dejaron de castigo ayudar a la Madre Irina a preparar su platillo especial…— ambos hicieron una mueca de disgusto al recordarlo.

—Aún no sé por qué la dejan seguir cocinando— añadió Bella.

—Que no te oiga la Hermana Tanya el salchichón es su comida favorita…— rió Emmett.

—¿Otra vez con chistes subidos de tono?— le reprochó Bella— Si la Madre Superiora te escucha…

—Me pondrá a rezar cien Padre Nuestro, un Credo y veinte Salves— se apresuró a decir el Padre—. Nuestra Superiora nunca ha sido tan creativa con eso de las penitencias…

—Mejor que no nos pongan en penitencia… no soportaría estar en claustro— Bella se encogió ante la idea, cosa que no pasó desapercibida por su amigo, sabía que la chica le estaba ocultando algo.

Nessie esta enferma de nuevo, ¿verdad?— le picó Emmett.

Bella suspiró. Su amigo realmente sabía como sonsacarle información.

—La veo un poco pálida… nada de que alarmarse…

—Bella, deberías dejar de estar tan al pendiente de la niña. Un día de estos vendrá una familia que querrá adoptarla… y tú no podrás hacer nada al respecto. —Emmett miró a su amiga con tristeza.

—Lo sé— Bella bajó la vista y sin decir nada más se hizo la señal de la cruz con rapidez y salió de la capilla sin voltearse, a sabiendas de que su amigo no tardaría en seguirla.

El aire otoñal le pegó de lleno en la cara, provocando que las lágrimas que había contenido hasta hace un momento fluyeran con mayor libertad.

—Lo siento, Bells— susurró Emmett ya a su lado.

—No, Em. Tienes razón, es que… es tan difícil… adoro a Renesmee, daría mi vida entera por ella… pero sé, que algún día alguien vendrá a buscarla… ella merece una familia…

—Ella siempre te querrá… si eso llegara a pasar… ten por seguro que vendrá a visitarnos. No puede deshacerse tan fácilmente de nosotros La Dupla Dinamita— Bella rió, Emmett siempre sabía cómo calmarla.

—Gracias.

—No hay de que…

Mientras los dos religiosos tenían esta conversación a unos cuantos kilómetros de distancia, para ser más precisos, en el corazón de Inglaterra, un joven de cabellos cobrizos terminaba de empacar sus maletas. Mientras una chica de cabellos rubios intentaba detenerle.

—No puedes irte— le chilló la muchacha una vez más.

—Giana… hablamos de esto cientos de veces… no puedo dejar pasar esta oportunidad— le repitió el chico por enésima vez—. Además, con esto podré trabajar con mi padre, como tanto había querido hacer durante años.

—Pero Edward…— la chica le tomó el brazo con gesto cariñoso— Voy a extrañarte, mi vida…

—Giana… entiéndeme, cada quién debe seguir su rumbo.

—¡No es justo, sabes que somos cómo la pareja perfecta!— Giana se cruzó de brazos con gesto de enfado, Edward le sonrió con tristeza— Somos incluso mejor que la pareja Brangelina

—¿No es mejor la llamada Robsten?— le preguntó Edward en tono burlón.

—¡Edward Cullen!

—Sólo estaba de broma— rió el chico con pesar—. Sabes muy bien, que lo nuestro no funcionó…

Ambos se quedaron en silencio unos minutos.

—Voy a extrañarte. A ti, a Jane y a Alec…

Edward sonrió al escuchar el nombre de sus dos hermanos. Los gemelos habían nacido un año después de que llegarán a Inglaterra. Edward había estado muy solo desde que dejó su país natal, pero la llegada de sus hermanos le había ido como anillo al dedo. Jane era el vivo reflejo de su padre en versión femenina, sus ojos azules y cabellera rubia iban a la perfección con sus suaves facciones, tan parecidas a las de una muñequita de porcelana. Alec, en cambio, había heredado como él el cabello de su madre, ambos eran algo parecidos, lo único que los hacía del todo diferentes eran los ojos, los del chico eran de un gris verdoso, a diferencia de Edward que los tenía de un verde intenso, cómo los de su madre.

—Este es un proyecto que los tres teníamos en mente desde hace tiempo— le recordó Edward.

—Lo sé— suspiró Giana—. Es sólo que… tenía esperanzas…

Edward se acercó para abrazarla con fuerza, depositando suavemente un beso en la frente de la muchacha.

Giana había sido amiga de Jane de la Universidad, así era como ambos se habían conocido y después de unos años decidieron llevar las cosas a un nivel diferente. Su relación con ella estaba hecha en base a la frase "sin compromisos", pero desde hacía tiempo que Edward sospechaba que Giana tenía otro tipo de sentimientos para con él. Algo a lo que aún no estaba preparado para enfrentar, por eso era buena la separación que estaban por tener. No era que estuviera huyendo, de hecho el proyecto con sus hermanos era real y desde hacía años que estaba esperando realizarlo. Hacía tanto que ansiaba volver a casa…

—Adiós, Edward— la muchacha se apartó de él, para darle un suave beso en la mejilla y después marcharse como un bólido de aquél, ahora, vacío departamento.

Edward suspiró con pesadez. Sería una reverenda blasfemia si dijera que desprenderse de toda su vida en Inglaterra no estaba siendo duro. Dejaría atrás a sus padres, el lugar dónde había crecido junto con sus hermanos… a pesar de todos esos recuerdos siempre había sentido que algo le faltaba, cómo si su vida fuese un rompecabezas a la que le faltaba algo… pero no sabía qué.

Frunció el ceño. Ojalá las cosas fueran fáciles…

Sonrió con pesar al recordar una de las tantas ocasiones en las que había dicho las mismas palabras, su pequeña hermana siempre le sacaba una sonrisa cantándole su canción favorita que por aquél entonces era la del musical de Brodway: Annie. Ciertamente había algo en la historia de la pequeña huerfanita que siempre le había atraído, por lo que sin duda alguna "Tomorrow" era su canción predilecta.

Se enfocó por un momento en terminar de empacar algunas cosas, estaba tan absorbido con lo que estaba haciendo que no escuchó entrar a su hermana hasta que la escucho.

The sun'll come out tomorrow. Bet your bottom dollar that tomorrow, there'll be sun!— Edward se encontró cara a cara con su pequeña hermana que lo miró sonriente.

—Jane— rió el chico—, ya no tienes diez años, ¿sabes?

—Annie era mi favorita Eddiekiens— Edward la miró mal, odiaba que le pusieran apodos—. Y si mal no recuerdo, la tuya también… es más casi todas tus películas favoritas tratan de una huérfana…

—¡Jane, por favor!— le pidió el chico con el seño fruncido, este era un tema de burla que siempre salía a colación.

—¿Qué?— la chica lo miró con ojos inocentes.

Aunque Edward sabía muy bien que su hermana no era nada inocente, era bastante manipuleadota. Sus ojos eran tan hipnóticos que lograba infundir miedo si uno no la conocía. Pero en el fondo su hermana era todo un angelito.

Un molesto angelito de veintiún años.

A pesar de ser muy unidos, ambos eran como el agua y el aceite. Donde Jane era extrovertida, Edward era reservado. Su hermano Alec era quién se le parecía un poco, sólo un poco.

—Alec ya está abajo. Mamá y papá no tardarán en llegar…— le anunció—. Por cierto… vi salir a Giana…

Edward gruñó.

—Oh. Por lo visto no todo se solucionó bien. Te dije, hermanito querido, que la chica estaba loca por ti, te advertí mil veces…

—Déjalo ya, Jane— la voz suave del hermano gemelo de la chica la detuvo. Edward miró agradecido a su hermano, que estaba recargado sobre el marco de la puerta de entrada—. Mamá y papá han llegado— anunció, entrando completamente en el departamento.

—Supongo que es hora chicos— suspiró Edward pasándose una mano por sus cabellos cobrizos, acto que hacía cada vez que estaba nervioso, y esta era una de esas ocasiones.

—Voy a extrañarlos— susurró Jane con la voz algo quebrada, Edward la tomó en brazos, mientras Alec le frotaba la espalda.

—Nosotros también— le aseguró Edward—. Pero nos tendremos los unos a los otros…

—¡Oh, Dios, serás peor que papá!— se quejó Alec de pronto— No podré salir con ninguna chica…

Jane soltó una risita.

—¡No es cierto!— se quejó Edward— Es más, prometo que no me meteré en su vida aunque vivamos en el mismo departamento, además… estaré muy ocupado con el Hospital…

—Cómo siempre— rodó los ojos Jane—. Tienes que vivir un poco Edward. Tienes veintiséis años…

—Lo que digas, mamá.

Jane lo miró mal. Pero sin decir nada, agarró y le tomó la mano, no hacía falta que dijeran nada. Los tres se tenían los unos a los otros, y juntos se enfrentarían a la siguiente gran aventura.

Afuera el cielo estaba algo nublado, era la hora del crepúsculo. Y su avión partiría a medianoche.

—Llamen en cuanto lleguen, no importa la hora— su madre los despedía en el Aeropuerto.

Esme era una mujer fuerte, pero se le notaba la tristeza en sus ojos verdes. Iba a extrañar a sus tres tesoros. Carlisle le infundió ánimos.

—Cuídense— les repitió por milésima vez su padre.

Los tres hermanos sonrieron, asegurando entre besos y abrazos de despedida, que no perderían contacto.

Después de pasar largo rato registrándose –la vigilancia de los aeropuertos era demasiado rigurosa, en cuanto a los vuelos rumbo a los Estados Unidos–, por fin pudieron abordar el avión. Para alegría de Jane sus asientos eran de first class.

—¡Pido en al lado del pasillo!— chilló Jane para desmayo de sus dos hermanos.

—Sabes que me mareo con facilidad…— comenzó Alec, viendo con ojos suplicantes a su hermano mayor.

—De acuerdo…— suspiró el ojiverde con una mueca de complicidad.

—Eres el mejor— le sonrió agradecido Alec.

—¡Te haré recordar tus palabras!

Pronto anunciaron en despegue del avión. En unas horas estarían llegando a Miami, para abordar otro avión rumbo al estado Washington…

Edward miró por última vez las luces de la ciudad de Londres, mañana estaría en por fin en dónde quería estar. En casa…

—¿Desean algo de tomar?— la voz de la azafata lo distrajo de sus pensamientos. Negó con la cabeza en señal de respuesta, al fin y al cabo dentro de poco les traerían la cena.

-

La cena era una de las comidas más importantes del día en el Milagro. Era la comida que todos compartían después de un largo día de trabajo.

La Hermana Isabella se sentó junto al Padre Emmett, cómo siempre, en la mesa destinada a los religiosos.

Los niños empezaron a llenar el lugar. A decir verdad, no eran tantos cómo sonaba, serían alrededor de cuarenta chicos de distintas edades. Bella sonrió al ver entrar a Renesmee, la pequeña de rizos cobrizos tenía las mejillas algo encendidas, y la mirada vidriosa.

—Creo que Renesmee está enferma— le susurró Bella a Emmett, que la miró con una sonrisa desaprobatoria.

—Te preocupas demasiado, debe estar así de apagada por algún otro motivo— aunque Emmett debería confesar que era extraño que la niña no estuviese molestando a su fiel amigo, el pequeño Jacob Black—. Tal vez… puede ser que sea porque ya casi es diez de septiembre…

—No lo sé…— murmuró ella dudosa.

Renesmee tomó asiento junto a Jacob, un chico de tez morena y cabello negro como el ébano cuya sonrisa era capaz de contagiar a cualquiera, sólo que esta vez no afectó en lo más mínimo a su compañera de juegos. El chico frunció el ceño.

—¿Qué te pasa?

—Nada— murmuró con la voz algo lastimera la chica, tono que no engañó a Jacob que la conocía desde que había llegado al Orfanato hacía por lo menos tres años, es decir, casi toda su vida. El chico la miró con el ceño fruncido—. De acuerdo… de acuerdo— se rindió Nessie—, no me siento bien. Pero no quiero que se lo digas a la Hermana Bella, ya sabes cómo se pone…

—Pero se preocupará más…— alegó Jake.

—Dentro de tres días será mi cumpleaños, no quiero pasarlo en cama— dijo la chica seria.

—No lo pasarás en cama— le aseguró su amigo—. No si no dices ahora que te sientes mal.

—No es nada, Jake— intentó razonar Nessie con él—. Estoy segura que para mañana se me pasa, además…— y en un intento de probar que lo que decía era cierto, se aclaró la garganta, tomó el cucharón del puré y se lo puso a modo de micrófono, Jake rodó los ojos, pero sonrió a sabiendas de lo que estaba por hacer su amiga— The sun'll come out tomorrow, so ya gotta hang on 'til tomorrow, come what may… Tomorrow! Tomorrow! I love ya Tomorrow! You're always a day away!

Cuando la pequeña de cinco años, casi seis, terminó de cantar, su mesa estalló en aplausos, provocando que sus mejillas se tiñeran de rojo, pero lo que le provocó aún más pena fue la sonrisa que tenía su amigo.

Nessie estaba, secretamente, enamorada de Jacob, sólo que no sabía que el sentimiento era mutuo.

La Hermana Isabella hizo un esfuerzo enorme por no reírse ante la vista de la Madre Superiora y el Padre Ildelbrando con cara de sorpresa. El canto de Nessie, había llegado hasta sus oídos y seguramente ya la superiora estaba maquinando un castigo. La hora de la cena era sagrada.

—Y aquí vamos de nuevo— rió silenciosamente a su lado la Hermana Tanya, una de las monjas que había sido amiga de Bella desde que había entrado en la congregación.

Carita de ángel, como tú no hay ninguna…— suspiró Bella.

—Pero tiene razón…— dijo Emmett, Bella lo miró confundida—. Te apuesto a que sale el sol mañana…

Eso espero, pensó en su fuero interno Isabella. Pero el Padre Emmett no se equivocaba, el Sol saldría mañana y traería nuevas cosas.

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OK, tardé un poco… lo siento, es que ando con mucha tarea, mucha inspiración y demasiadas cosas en poco tiempo lograrán hacer que mi cabeza explote.

Además estoy sumamente enojada con , no se vale lo que han hecho con una autora estupenda como mi Best –Mee desde acá sabes que yo te banco mujer, y la verdad duele ya no leer tus Fics desde acá–.

Entre otras cosas, para los que leen los demás Fics, no sé cuando actualizaré. Me enojé con la página y mi imaginación se ha ido a un solo lugar… espero salir pronto de ahí. Sé que hay gente que lee estas cosas. Gracias por aguantar la espera, prometo que hay momentos que lo valen.

Mil gracias por su apoyo. Espero desenojarme pronto con , les prometo que en cuanto suceda, una actualización saldrá con ello XD.

XOXOX

Aye436