Siento la tardanza, ha sido una mezcla entre el proceso de edición y la semana de exámenes, gracias por vuestra comprensión.

Y ahora, el cuarto capítulo.


4 Sirius

Ocho de Abril de 1981, Casa de los Black-Lupin, Oeste de Escocia.

-¿Cómo? ¿Cómo es posible?-Sirius se pasó la mano por sus gruesos cabellos, parando un momento en su ajetreado paseo en círculos por el salón, antes de girarse hacia Lily-. Explícamelo porque no lo entiendo, explícamelo porque hace dos días estaba bien y ahora acaba de dar a luz con dos meses de antelación.

Lily suspiró resignada, dando signos de una ligera incomodidad.

Raro.

Lily Potter nunca se había dejado amilanar por Sirius.

-Lo estaba, no se ha adelantado el parto por motivos médicos-explicó.

-¿Y entonces por qué coño ha sido?-preguntó enfadado, la frustración parecía brotar de cada uno de los poros de su piel.

-Sirius, déjala hablar-le cortó Remus con gesto serio-. Responde, Lily, porque de ser sincero esto a mí tampoco me hace ninguna gracia. ¿Qué ha adelantado el parto?

-No tenías que haberla dejado sola, Remus, sé que no podías habértelo imaginado, y que no es culpa tuya, pero no tenías que haberlo hecho. Esos seudo-aurores de pacotilla la han atacado al salir de Haymarket.

-Pero, ¿cómo? ¿Por qué?-al ver las miradas incrédulas de Sirius y Lily decidió especificar- ¿Por qué salió de Haymarket? Sabía que era peligroso. ¿Por qué no llamó al Autobús Noctámbulo desde allí?

-Remus, se prohibió el acceso de transportes de cualquier tipo a Haymarket hace semanas-dijo Sirius incrédulo.

Remus seguía conmocionado.

-Pero, ¿por qué nadie me lo ha dicho? ¿Por qué soy el último en enterarme de estas cosas?

-Remus-dijo Lily con voz maternal-, salió en el Profeta, y en la radio.

-Yo no leo el Profeta ni escucho la radio-dijo con simpleza-, me pone de mal humor y sólo dicen estupideces.

-Bueno, eso ahora da igual-zanjó Sirius-. Continua.

Lily asintió.

-Esos cabrones le… Bueno, le dieron una patada en el abdomen. Eso es lo que adelantó el parto.

Sirius bajó la mirada, preocupado y un poco-muy poco- avergonzado por haber dudado de la capacidad de Lily para tratar esos temas, sino fuese por ella nunca habrían conseguido realizar la poción que había traído al mundo a su hijo. Todavía tenían un laboratorio avanzado de pociones en el sótano.

-Hay algo que no encaja-dijo Remus frunciendo el ceño, buscando cual era la nota discordante en esa historia, pareció localizarlo, porque chasqueó los dedos antes de mirar a Lily-. Los seudo-aurores no habrían avisado a nadie al ver que se ponía de parto, ¿cómo lo supiste?

Lily parecía definitivamente molesta porque se hubiesen dado cuenta de ese detalle, claramente era un detalle que no quería rebelarles.

-Alguien la ayudó, dejó inconscientes a los seudo-aurores y me envió un patronum para avisarme de la situación.

-¿Un patronum?-preguntó Remus sorprendido- Pero, ninguno de nuestros conocidos está libre de la prohibición de patronum-le recordó.

Lily suspiró, dándose por vencida.

-Era Régulus Black, él salvó a Clara.

Sirius quedó conmocionado, sin saber como debía reaccionar a esa información.

-Te equivocas, Reg no se habría enfrentado a los suyos por una muggle-negó con la cabeza.

Era imposible. Su hermano era un sangre pura estándar, se había dejado influenciar por sus padres y le habían lavado el cerebro. Régulus ya no era ese niño que jugaba con él en Grimmauld Place. No podía serlo.

Todo lo que había hecho con respecto a él estaba planteado en función de un maldito y odioso sangre pura de rancias tradiciones que quería asesinar a los muggles. Si no era así… Si era el mismo de siempre… Merlín, todo lo que había dicho, todo lo que había pensado… No, no podía ser. Si Reg no había cambiado, si seguía siendo el mismo, él habría sido un verdadero hijo de puta. Uno de los gordos. Su mundo se estaba tambaleando como un bonsái en medio de una tempestad. No. Régulus seguía siendo el mismo. Tenía que serlo. No podía haberse equivocado tanto.

-Se lo pregunté, Sirius, me dijo su nombre. Además, era bastante parecido a ti.

No, no, cualquiera podía parecerse a él, estaba emparentado con todas las familias mágicas británicas, claro que podían parecerse a él. Y lo de mentir sobre su nombre… Bueno, nadie querría que les relacionasen, tenía que ser eso. Aun así, la incertidumbre le estaba matando, y de pronto, como un relámpago estallando en mitad de la noche, se dio cuenta de que podía darle la certeza.

-¿Qué forma tenía?-preguntó girándose hacia ella.

-¿Perdón?

-El patronum de ese tipo. ¿Qué forma tenía?

Lily se sorprendió y dudó, indecisa.

-No estoy muy segura, era un felino, eso seguro, pero podría ser una pantera o un puma.

Una pantera. El patronum de Reg era… Era una pantera.

Se dejó caer en el sillón. No podía seguir negándolo. Reg era de los suyos. Seguía siendo el mismo.

Remus debió suponer-muy acertadamente- que él no estaba en condiciones de continuar con las preguntas, así que siguió él solo.

-Pero nuestro hijo está bien, ¿verdad?

-Sí, a primera vista sí, las pocas comprobaciones que pude hacerle indicaban que sí, pero habría que llevarlo a San Mungo.

-¿Y Clara?

-Mal. No había tiempo, tuve que hacerle una cesárea, pero carecía del instrumental necesario para una muggle, y desde luego para una mágica. Lo único que se me ocurrió fue lanzar un sectum bastante profundo, pero la sangre comenzó a manar a borbotones, y yo…-tragó saliva- No podía cortar la hemorragia sin cerrar el corte, y tenía que sacar al bebé primero, tuve que abrir más el corte para poder rescatarlo. La cosa se descontroló. Conseguí cerrar la herida mientras vosotros os ocupabais de subir al bebé a la habitación, pero ha perdido mucha sangre, está delirando y se niega beber ninguna poción. ¡No hay hechizos para devolver el nivel de sangre!-exclamó con culpabilidad- Y no dejaba de llorar y revolverse, pálida como el papel, pidiendo a alguien que se apartarse, que la dejase en paz, que escogiese a otra esa vez. Decía cosas…-volvió a tragar saliva- Decía cosas terribles. Creo que el que le llevó al centro de doma se dedicó a juegos sexuales bastante duros con ella. No sabéis lo que dice, lo que grita, lo que llora… Ese hombre, quien quiera que sea, es un monstruo.

Sirius sacó un cigarrillo y lo encendió girándolo entre sus dedos, a nadie se le ocurrió echárselo en cara, es más, Remus también cogió uno.

-El que la llevó al centro de doma-dijo expulsando el humo después de un par de caladas-, fue Rodolphus Lestrange.

-Pero, ese hombre…

-Es un sádico-afirmó Sirius-. Lo sé-aspiró otra calada-. En realidad tuvo suerte de que no fuese mi prima.

Lily suspiró y se levantó del sofá.

-Me quedaré con Clara, le he dado un veneno bastante fuerte, no durará mucho más-tragó saliva por tercera o cuarta vez-. De no haberlo hecho, la agonía habría sido terrible.

-Tranquila.

Ella se dirigió hacia la cocina, desde donde se accedía a las habitaciones del servicio.

Ellos siguieron fumando sin mirarse.

-Deberías llevar el niño a San Mungo-le recordó Remus.

-Sí. Oye, he contactado con Gringotts por Red Flu, me han dicho que mañana es imposible que falte. Hay que acabar de aplicar la maldición de la que te hablé y Christopher no sabe ni atarse los cordones-Remus dejó que su marido acabase de despotricar sobre el inútil de su subordinado-. Si no se acaba de lanzar la maldición protectora, se descontrolará, y eso viene a decir que la maldición se extenderá por todas las cámaras y que no se podrá acceder a los subterráneos durante, bueno, el resto de la eternidad-carraspeó-. Yo… No quiero ir, te lo juro, pero, es Gringotts lo que nos protege del ministerio, ya lo sabes, si lo tenemos en contra…

-No podemos permitirnos tener a Gringotts en contra-asintió Remus-. No pasa nada. Se pasará semanas en la incubadora, que tú estés allí no cambiaría nada, hay que se prácticos en esto.

Sirius suspiró con pesadez. Dios, todo lo que estaba pasando había acabado de destrozarle, no sólo estaba hecho un guiñapo por el esfuerzo de esa mañana, sino que ahora había muerto su ama de llaves, había nacido su hijo, y tendría que tomarse una poción reconstituyente de magia, la poción que peor le sentaba en el mundo.

Entró en la habitación de su hijo, que entre Remus y Lily habían amueblado hacía ya meses. No era la más grande de la casa, pero sí era la más luminosa. Las paredes estaban pintadas de color blanco puro, con una tira de papel pintado, salpicada con huellas de perro que se movían, más o menos a la altura de su pecho.

Los muebles eran de roble en su mayoría, incluida la pequeña cuna de madera cubierta de almohadones, mantas y sábanas, en la que descansaba su hijo.

Se acercó a él, apoyándose en la barandilla con cuidado de no despertarle. Sintió inmediatamente una burbuja de calor estallándole en la cara, y entonces recordó todos los hechizos calefactores que Remus había aplicado para que sirviese de incubadora mientras hablaba con Lily.

Sacó al niño la cuna y comenzó a vestirle con algo de torpeza. Lo había hecho miles de veces con Harry, pero algo en el hecho de estar vistiendo a su propio hijo le ponía nervioso.

No se podía creer que ese pequeño trozo de carne arrugado fuese su hijo.

No es que fuese feo-creía recordar que sólo había habido una Black en la historia que se pudiese calificar de feo, y la habían echado de la familia con la excusa de que se había casado con un Weasley-, pero, era un recién nacido. Para las mujeres podía ser una monada, pero él no estaba ciego, era demasiado pequeño, demasiado débil, demasiado ligero, demasiado frágil… No sabía como explicarlo, pero, aunque como padre sentía que su hijo era lo más hermoso del mundo, objetivamente nunca había conseguido ver algo ligeramente atractivo en un bebé.

Tendría sus ojos, pensó cuando el pequeño abrió su par de ojos ciegos, para él en ese momento no era su padre, era sólo una sombra extraña entre miles. Aun así, los niños de su raza solían tener los ojos de un gris sucio al nacer hasta que en unos meses evolucionaba a su color definitivo. Su hijo los tenía más cercanos a la plata de lo que debería tenerlos a menos que fuese a heredarlos.

Se parecía bastante a él, aunque creía que en la articulación del pulgar tenía una pequeña peca que había heredado de Remus.

Pensó de improviso en que, de no ser por su hermano, en ese momento no tendría a su hijo en brazos. Sumergió el rostro entre los pliegues de la manta con la que acababa de cubrirlo, disfrutando del aroma dulzón propio de los bebés.

Quería pedirle perdón, no sólo por lo que había dicho, que no había sido mucho, sino, sobretodo, por las cosas que había pensado. Pero, ¿cómo pedir perdón si no podía hablar con él ni escribirle?

Entonces, su hijo soltó un pequeño ruidito y el cayó en la cuenta. Un mensaje claro para su hermano sin tener que contactar con él. Había salvado a su hijo, era la excusa perfecta frente a todos, pero Régulus entendería el mensaje.

-¿Tú qué crees?-le preguntó cogiéndole de la manita- ¿Régulus Sirius Lupin te suena bien?

El niño gorjeo algo removiéndose en los brazos de su padre.

-Tienes razón, suena demasiado pomposo, ¿sabes qué? Eso de ponerle a los hijos el nombre del padre siempre me ha parecido una tradición muy estúpida. ¿Qué tal Régulus James? Así no ofenderemos a tu padrino-el niño se agarró el pie y se lo llevó a la boca, ignorando a su padre-. Me lo tomaré como un sí.

Dejó al pequeño Régulus en la cuna y cogió el carrito que les habían regalado los Longbottom, al que hizo una serie de hechizos calefactores. Colocó al recién nombrado Régulus James en él y encendió el móvil antes de salir de la habitación.

Sirius se planteó momentáneamente como lo harían los muggles para cuidar de sus hijos si ni siquiera podían comprarse carritos de bebés todo terreno con encantamiento para evitar las escaleras, pero se dijo así mismo que los muggles eran muy capaces de conseguir las cosas sin magia. No les quedaba otro remedio.

Remus no está en el salón ni en la cocina, supone que ha ido a ver como está Clara y no le da más importancia. Mira a ese pequeño ser que balbucea sobre las mantas, todavía no puede creerse que sea suyo, su hijo.

Es tan pequeño, está tan indefenso…

De pronto, el peso de lo que significa el nacimiento de su hijo cae sobre él con toda su fuerza. En ese momento no podía garantizar su propia seguridad ni la de Remus, ¿cómo podría hacerlo con un recién nacido? Dependería de él para todo, para comer, para dormir y para alimentarse. Nunca había sido responsable de nada. Sólo tenía que ocuparse de sí mismo, Moony no dependía de él, sabía arreglárselas solo, y hacía mucho que su hermano no le necesitaba. Pero ahora las cosas habían cambiado. Reg sí le necesitaba, dependía directamente de él. Sintió el pánico trepar por su garganta. Circe santísima, ¿qué había hecho? Trató de tranquilizarse, lo había hablado hasta la saciedad con James, no pasaba nada, era normal sentirse así, podría con ello.

Sólo esperaba que James no se hubiese equivocado.

Tragó saliva y condujo hasta la cocina, donde bebió una poción reconstituyente de magia con un suspiro y dejó una nota a Remus, antes de salir de los terrenos y desaparecerse.


Madrugada del nueve de Abril de 1981, San Mungo, Londres.

A Sirius, ya fuese para su suerte o su desgracia, le había atendido la jefa del área de maternidad. Era una belleza rubia, de ojos verdes muy claros y piel de porcelana. Sino se equivocaba era Lucy Marwood. Los Marwood. Automáticamente Sirius recordó todo el árbol genealógico de la medimaga, no porque lo pretendiese, sino porque las malditas clases de heráldica que había recibido en su infancia salían a la superficie cada vez que conocía a alguien nuevo. Era hija de Dylan Marwood, varita de manzano, sociólogo y escritor bastante reconocido, tenía una hermana mayor, Mina, que se había casado con un Lovegood, su madre había fallecido al dar a luz a otra niña y tenía una tía squib. Todos esos datos se habían presentado con claridad meridiana, salpicados de escudos y árboles genealógicos, nada más verla.

-Bien, ¿cuándo ha nacido?-preguntó haciendo algunos hechizos comprobatorios al niño.

-Alrededor de las cuatro de la tarde de ayer-respondió dubitativo.

No recordaba bien a que hora habían salido del ministerio, y Lily no se había preocupado por mirar la hora mientras Clara se moría.

La joven asintió sin cambiar la expresión. No había sonreído desde que habían entrado, ni siquiera parecía agradable. Más bien, parecía guardarle rencor por algo. Sirius trató de recordar si se la había tirado, pero dedujo que no. Lucy Marwood era apodada "La reina de hielo" en Hogwarts, además, le llevaba tres años. Quizá era homofóbica.

Introdujo al niño con cuidado en la incubadora de cristal anaranjado, en la que introdujo su varita para activarla. El cristal se empañó por el cambio de temperatura.

La medimaga hizo las comprobaciones de rigor y dejó al pequeño en una especie de caja de cristal anaranjado. Introdujo la varita en una cavidad y una nube de vaho opaco el cristal por la activación del hechizo calefactor.

-Listo-afirmó la joven-. El niño está bien, pero necesitará una semana en la incubadora. Debe darnos el nombre del niño para que lo identifiquemos.

-Régulus James Lupin.

-¿No se apellida Black?

-El orden en el que pongamos sus apellidos es cosa nuestra.

-Desde luego, no quise insinuar lo contrario-dijo arrastrando las palabras.

Lo apuntó en un enorme cuaderno de tapas blancas con una pluma verde lima. Sirius se preguntó a que vendría esa obsesión con el verde lima que tenía San Mungo. En un lateral de la incubadora hubo un pequeño estallido, apareciendo de la nada una plaquita de metal con la información sobre el pequeño.

"Régulus James Lupin. Sietemesino. Nacido el ocho de Abril de 1981 a las cuatro de la tarde. Mestizo."

Sirius se mordió la lengua al leer la plaquita para no decirle a la medimaga que podía meterse las clases de sangre en donde no le diese el sol. Y eso que los mestizos estaban bien considerados en el nuevo régimen.

-Bien, puede retirarse-le informó la medimaga en un tono que le decía claramente: "Fuera".

Sabiendo que no podía hacer nada para desobedecerla, se conformó con dirigirle su mejor mirada de desprecio y superioridad-cabe decir que era una pose imponente, después de todo era un Black- antes de salir.

Era demasiado tarde para dormir, tendría que levantarse a las seis y no sería capaz después de haber tomado la poción reconstituyente, por lo que decidió irse a tomar un café a la quinta planta y hacer tiempo antes de irse a trabajar. Podía ducharse y cambiarse en el trabajo. La perspectiva de pasar por casa con, seguramente, el cadáver de Clara todavía caliente sobre la cama no era excesivamente atrayente.

Gruñó de mal humor y se sentó en una de las sillas verde lima del salón de té. En serio, ¿desconocían la existencia de más colores? Seguro que era cosa de Slytherin resentidos… Miró la carta, se pediría un expreso bien grande y lleno de cafeína, lo necesitaría. Ojeó la carta de té, en serio, ¡tenían hasta té verde! Los mortífagos estaban dominando San Mungo.

-Eh, ¿cómo estás?

Sirius quedó sinceramente sorprendido al ver a James Potter sentándose frente a él con una sonrisa comprensiva en la madrugada de un viernes-en realidad ya era sábado- y en San Mungo.

-¿Qué haces aquí?

-Lily me avisó de lo que había pasado, así que deje a Harry con los Longbottom y vine a ver como estabas.

-Gracias-susurró-. No era necesario.

-Sí lo era.

-Lo sé, era una frase de cortesía.

-Me di cuenta.

Suspiraron.

-¿Quieren tomar algo?-preguntó un camarero joven, de unos veintitantos años y con un tono de voz resignado.

Claramente, uno de esos hijos de muggles que no podían ejercer más que como camareros o criados.

-Yo un expreso de tamaño gigante y con muchísima cafeína-dijo tendiéndole la carta.

-Yo un café con leche, por favor.

El camarero asintió mientras los pedidos se apuntaban automáticamente en su libreta y se retiró.

-James.

-¿Si?

-Llamaremos al niño Régulus. Sé que te dije que le llamaríamos James, pero…

-Eh, no importa-sonrió-. Siempre que yo sea el padrino.

-Lo serás, tío, eso nunca me lo he planteado.


Bueno, pues ya sabéis que ha pasado con la pobre Clara y al bebé, espero que os haya gustado. Sé que la muerte de Clara ha quedado un poco gratuita, pero la Clara que he escrito es la original, la que apareció en mi cabeza nada más empezar, y la siguiente ama de llaves pega más con la casa y con la historia, ya lo entenderéis.

Sé que alguno estará preguntándose porque la medimaga se comporta así con Sirius, pues bien, sólo diré dos cosas: 1. No le importa la pureza de sangre. 2. No es homofóbica. Y sí, aparecerá en la historia, será importante, pero aun no tenéis que preocuparos.

No creo que haya mucho más que aclarar en este capítulo, así que diré simplemente que en el siguiente capítulo habrá varios personajes, bajó un nombre que los unifique a todos, porque sino esta historia se alargaría hasta lo indecible y se haría muy pesada.

Ah, y tardaré bastante en volver a actualizar porque me voy de viaje a Londres y no podré acceder a internet con el ordenador que llevo-larga historia-.

Ahora, manifestaré mi emoción por haber recibido SEIS comentarios-los he contado mil veces, y sigo sin creérmelo-.

kary muggle: Querida, que me vas a contar a mí, soy una inútil en el inglés, no puedo juzgar a nadie. A todos nos duelen esos prejuicios, pero, como comprenderás, yo no puedo hacer nada. El esqueleto de esta historia es que Voldemort está en el poder, y no se va a poner a repartir caramelos, precisamente. Ya es bastante que no quite las varitas a los sangre muggles. (Remus siempre ha sido inseguro, y con ese hombre al lado, yo le comprendo)

LaOdisea: ¿Por qué? ¿No te van estas tramas? En cualquier caso, me alegro de que no lo haga-por ahora. Te agradezco tus palabras, y tranquila, seguiré actualizando.

Bonnie: La verdad es que me siento más cómoda con el personaje de Sirius, pero Remus también me gusta mucho y me encanta escribir sobre él. Me alegra estar haciéndolo interesante, y tranquila, no está en mis planes abandonar este fic, al menos, no próximamente.

Valeria: Encantada de leerte, me alegra de que te guste la historia. Espero que te alivie saber que el bebé está perfectamente. Gracias por leer.

Adrienne Lupin: Sirius siempre defiende a los suyos, aunque en esa ocasión en concreto... Debo admitir que entró en ese despacho de improviso, ya que no se me ocurría como conseguir que no quedase registrado, aunque no lo parezca, la señora Miller es dura de pelar (no sé si volverá a aparecer, la verdad) Yo siempre pensé en él como alguien bueno, adoro al personaje de Régulus, y aunque en este fic comete algunos errores, yo le tengo mucho aprecio. ¿Por qué no comentaste desde tu cuenta? No te reconocí hasta ahora, pero me alegro volver a leerte.

bonniegrrl-huffle: Hoy mismo. Encantada de leer a una Hufflepuff en esta historia. Si todo sigue según mis planes, habrá personajes importantes que vayan a la casa de los tejones.

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Trataré de sacar algunas fotografías de los lugares de Londres donde sucede esta historia, pero no prometo nada;)