Bueno, siento la tardanza, pero aquí está el capítulo cinco. No está por orden cronológica.

Espero que os guste.


5 La Familia Black

Nueve de Abril de 1981, Grimmauld Place, Londres.

Walburga Black había sido una mujer hermosa. Su temperamento fuerte, su carácter y su desbordante energía sólo daban más fuerza a su presencia. Ella había tenido varios pretendientes dispuestos a tomar su mano, y no sólo como la mano de una Black, sino como la mano de una hermosa mujer. Los había rechazado todos. Walburga Black era la viva imagen de la obsesión y del fanatismo. Consideraba que ser una Black significaba ser superior, ser la realeza del mundo mágico. Por eso, veía a todos sus pretendientes como seres inferiores que no eran dignos de ella. No, ninguna familia estaba a la altura de los Black.

Por ello, cuando a los treinta años, edad en la que las ofertas comenzaban a dejar de llegar, su primo Orión pidió su mano, no tardó en concederla. Era un Black, después de todo, y uno de los hombres más atractivos de Londres, o de Gran Bretaña, si me apuras. Había algunos rumores de que las mujeres no eran lo suyo, precisamente, pero ella no los creía. Después de todo, era un Black, y los Black eran perfectos, sino se había casado era porque también opinaba que nadie estaba a la altura de un Black.

El día que se enteró de que los rumores eran ciertos, Walburga Black sintió miedo de que sus hijos, sus niños, heredasen la enfermedad de su padre. Esta preocupación se tradujo en severidad y normas que había que cumplir a rajatabla, sin dar lugar para que creciese la semilla de la homosexualidad en sus hijos. Régulus era el que más le preocupaba, pues Sirius se parecía más a ella que a su padre, pero este demostró ser un niño sano y obediente, en cambio, su hermano mayor demostró ser un rebelde vocacional.

Si no le llegaba con saber que su marido y su hermano Alphard tenían más que palabras con regularidad, tuvo que aguantar que sus hijos le adorasen. Sirius mencionó una vez que Alphard era el mejor tío del mundo y que de mayor quería ser como él. Finalmente, Sirius lo había conseguido. No del todo, pues su hermano nunca demostró abiertamente sus preferencias-que eran tanto de hombres como de mujeres- ante nadie que no fuese o ella-que le había encontrado con su marido en pleno acto- o uno de sus amantes, y nunca se había casado tampoco, pero esos eran detalles sin importancia.

En cualquier caso, en ese momento, viuda y madre de un hijo maravilloso con una alta posición en el nuevo régimen, no tendría que tener ninguna preocupación, pero la tenía. Aunque fuese una deshonra, Sirius era su hijo, y, sobretodo, sobretodo, llevaba el apellido Black. Su casa, su familia y su estirpe estaban vinculadas a las acciones de ese traidor. Por ello, no le hizo ninguna gracia encontrarse la mañana del día ocho de abril de 1981 con la noticia del nacimiento de su nieto en las páginas de sociedad.

Corazón de Bruja había dedicado un artículo a doble página sobre ese nacimiento, el primer niño nacido gracias al Manuscrito de Antínoo y Anu. Que si se adelantó el parto porque la "madre" había sido atacada, que si gracias al ataque la mujer no había sobrevivido, que si el niño había sido llevado a San Mungo sin tardanza, que si era un niño sano y hermoso, que si se llamaba…

-¡RÉGULUS ARCTURUS BLACK! ¡BAJA AQUÍ AHORA MISMO!

Su hijo menor-su único hijo, él era su único hijo, debía recordar eso-, bajó con aire indolente arreglándose el puño de la camisa, acostumbrado a los estallidos de su madre.

-¿Pasa algo, madre?

-¿Qué relación tienes con la deshonra de mi casa y la vergüenza de mi sangre?-dijo agitando la revista ante sus ojos.

-No te entiendo, madre. Sabes que yo no me relaciono con Sirius desde que salió de esta casa.

-¡Pues explícame porque le han puesto tu nombre a ese ser pecaminoso nacido para sumir en el escándalo a esta familia!-chilló.

Régulus arqueó una ceja y cogió la revista.

Sí, había una fotografía del pequeño, era exacto a Sirius cuando nació, según las fotografías que había habido en casa antes de que se fuese y él dejase de existir, y debajo de ella, en unas letras pequeñas e inclinadas, ponía: "Régulus James Lupin fuera de la incubadora en el momento en el que se le alimenta". El pequeño succionaba con desesperación la leche del biberón verde lima de San Mungo, muy concentrado. La verdad es que era un bebé bastante… ¿Cómo decirlo sin parecer sentimental? Bonito. Sí, digamos que era un niño muy bonito. Simplemente bonito, sí. En cualquier caso, llevaba su nombre, y no pudo refrenar el gesto de sorpresa, que traspasó momentáneamente la máscara de indiferencia que solía llevar. Su hermano le agradecía lo que hizo de esa manera, siempre fue demasiado noble… Siempre lo fueron ambos.

-No lo sé-respondió al fin-. Supongo que tiene que ver con que son Gryffindor y Régulus significa "el corazón del león".

-Tu hermano nunca se interesó por el significado de los nombres-dijo entre dientes.

-No-reconoció-, pero a lo mejor su marido sí.

Esa frase calló a Walburga, que volvió a sentarse con pesadez. Cierto, su hijo no estaba solo en ello, tenía a un hombre a su lado que compartía las decisiones sobre ese niño, esa vergüenza, esa deshonra, ese estigma, su primer nieto.

Despertó de pronto, levantándose con la fuerza de un ciclón, y murmurando entre dientes contra su primogénito, se encerró en la habitación del tapiz con un portazo.

-¿Mi ama está mal?-preguntó Kreacher desde un rincón.

-Dale tiempo, se le pasará-dijo mirando la puerta-. Voy a salir, Kreacher, ocúpate de mi madre en mi ausencia, necesitará compañía después de un rato.

Y, sin esperar la respuesta del elfo, cogió su sombrero y su capa y salió de Grimmauld Place.


Nueve de Abril de 1981, Mansión Lestrange, Noroeste de South East.

Se había levantado de buen humor, como de costumbre. Ese sería un gran día, como lo eran todos desde que su señor tenía el poder. Envuelta en su bata de seda roja como la sangre bajó al comedor.

Los muggles que había comprado estaban en los huesos, vestidos como unos simples elfos domésticos y con marcas de tortura por todas partes. Los elfos seguían trabajando en las cocinas, no dejaría que ningún muggle tocase su comida.

Mientras algunos de sus elfos la servían, un muggle le tendió el Profeta y Corazón de Bruja. Abrió el primero con gesto indolente, pero leyendo todos los artículos con avidez, conforme con la impecable política de su Lord.

Corazón de Bruja le parecía una revista absurda, pero la ojeó mientras desayunaba. Sólo un artículo logró llamar la atención.

Había nacido…

Esa maldita criatura había llegado a existir.

Sus manos se crisparon sobre las hojas, furiosa, frustrada, dolida.

Ese maldito traidor a la sangre de su primo… ¿Por qué? ¿Por qué tenía que dolerle tanto? Maldito fuese.

Maldito fuese él, con sus ideas liberales, con su nobleza, con su temperamento Gryffindor, con su orgullo inamovible, con sus ojos grises e hipnotizantes, con su pelo negro y grueso, siempre perfecto, con su energía y su cuerpo hecho para el pecado… ¡Maldito fuese!

No, no sentía nada por su primo, no lo había sentido nunca. Excepto deseo, claro, ¿quién no? Siempre quiso meterle en su cama. Desde que tenía quince años. Ya entonces parecía un hombre adulto, preparado para dar placer. Pero claro, cada vez que cruzaban dos palabras trataban de asesinarse el uno al otro, eso no ayudaba. Y luego se fue de Grimmauld Place, se enamoró de un hombre, que era mestizo, que resultó ser-por encima- un licántropo, se casó con él, y habían tenido un hijo. No, desde luego, el destino no estaba de su parte en ese pequeño objetivo.

En cualquier caso, sus instintos sexuales no eran lo importante en ese momento. No entendía como su Lord había permitido eso, no lo entendía, ¡maldita sea!

Su sangre mancillada por esa aberración, por ese niño cuya existencia era un insulto constante. ¡Cómo les odiaba a ambos!

Se levantó de la mesa, dejando a medias el desayuno, y subió a su habitación. Pensaba ir a visitar a su hermana.


Nueve de Abril de 1981, Mansión Malfoy, Wiltshire.

Narcissa Black, ahora Narcissa Malfoy, siempre había sido una joven madrugadora. No le gustaba quedarse mucho tiempo en cama, una dama debía levantarse pronto para poder arreglarse como se debía, y al contrario que su hermana Bella, ella sí era una dama.

Nada más pensarlo, su hermana apareció en la chimenea.

Lucius había salido, y ella se encontraba a solas con Draco. El niño estaba tratando de dibujar uno de los pavos reales del jardín, pero no parecía irle muy bien.

-¡Cissy!-exclamó sin ningún saludo previó- ¿Has leído Corazón de Bruja?

-No, no lo he leído. Leo esa revista con el aperitivo de media mañana-respondió con simpleza, sin dejar acariciar la cabeza de su hijo.

-Ha nacido.

-¿Quién?

-El monstruo ese que ha creado nuestro primo Sirius.

-Yo no conozco ningún Sirius-dijo con firmeza, deteniéndose en su tarea-. Te confundes de persona.

La mujer le tendió la revista, que Narcissa cogió con resignación.

Aparecía una mujer rubia de ojos verdes-una Marwood sino se equivocaba, buena familia, sangre pura, aunque no a su altura, desde luego-, dándole el biberón a un niño que habría jurado que era su primo Sirius de niño, de haber tenido un primo llamado Sirius.

El artículo hablaba largo y tendido sobre el nacimiento del niño e incluía comentarios del personal de San Mungo. "No parecía un niño distinto a los demás-afirmaba la recepcionista-, nunca me lo habría imaginado"; "Es un niño bastante tranquilo, ha llorado muy poco, aunque, cuando lo hace, parece que tiene pulmones de cantante-mencionó la ayudante de la medimaga"; "Es un niño normal, y como tal será tratado, no sé a que viene esta campaña de acoso y derribo, por favor, es un recién nacido-comentaba indignada la medimaga al cargo".

Narcissa le devolvió el artículo.

-¿Y esto que tiene que ver conmigo?

-¿No lo entiendes? ¡Nuestro apellido ha quedado por los suelos!

-El niño se apellida Lupin, Bellatrix.

-Aun peor-murmuró-. Todos nos tomarán como si fuésemos débiles y serviles.

-Bella, querida, ni ese hombre ni ese niño son de nuestra familia, no nos afecta-le miró inquisitiva-. Es extraño que te moleste tanto. ¿Por qué, te molesta tanto, Bellatrix?

La mujer se hinchó ofendida y apretó los puños, tiró la revista ante ellos antes de volver a la chimenea y desaparecer, no sin antes dirigirle una fulminante mirada a su hermana menor. Esta le ignoró en favor de su hijo.

Estaba claro que no podía permitir que ese… Ser, se acercase en lo más mínimo a su familia. Draco debía estar alejado de ellos, y, a poder ser, desconocer el parentesco que les unía, total, ya no existía.

Su hijo comenzó a pegar al dibujo, frustrado porque no le salía, y esta lo cogió en brazos, susurrándole dulces palabras para calmarlo.

Miró la fotografía que seguía moviéndose sobre la mesa, la verdad es que parecía un niño normal, y, de ser sinceros, un niño bastante hermoso.

Aunque no tanto como Draco, por supuesto.


Nueve de Abril de 1981, Casa de los Tonks, Londres.

Andrómeda no leía el Profeta. No le gustaba la política. Pero no dejaba sin comprar un solo número de Corazón de Bruja. Por ello mientras Nymphadora y Ted desayunaban y ella leía la revista sin dejar de cocinar, fue la primera Black que se enteró del nacimiento de Régulus James Lupin. Hizo una mueca ofendida y cerró la revista mientras sacaba la sartén del fuego.

-¿Qué pasa, querida?

-No delante de la niña.

-¡Ya tengo ocho años!

-Eres una niña, ¡y vuelve a tu color natural ahora mismo!

Nymphadora bufó, volviendo a su cabello castaño. Mala suerte, a ella le gustaba el azul turquesa.

Cuando la pequeña se retiró a su cuarto para "leer un rato" lo que se traducía a "jugar con mis muñecas a escondidas para que no creáis que soy pequeña", Ted la miró interrogante.

-Ha nacido-bufó.

-¿Quién?

-El hijo de Sirius con ese… Licántropo-escupió la palabra-. Oh, Merlín, ¿cómo ha podido hacer algo así?-suspiró.

-Bueno, si se quieren…

-Es un licántropo, Ted. ¡No se puede querer a alguien así! Que vergüenza, por Circe, que vergüenza.

-Bueno, yo soy un muggle, también se supone que eso es terrible.

-Hijo de muggles-le corrigió-. Y no es lo mismo. Además, ¡es un hombre!

-Yo también lo soy.

-Pero yo soy una mujer-le recordó bebiendo de su taza-. No es lo mismo.

-Tranquilízate, Meda-dijo cogiéndole la mano.

-¡Es que no lo entiendo!-se quejó- Sirius era mi primo favorito, al que siempre quise por encima de todo, y ahora… Ahora es un enfermo que atenta contra la propia naturaleza.

-No es para tanto, cariño.

-No, claro-bufó-. Para ti nada es para tanto.

-Las noticias sobre los Black te afectan demasiado.

-Fueron mi familia, Ted-desvió la mirada-. Lo fueron-se levantó con un suspiro-. Tengo que limpiar el salón.

Andrómeda cogió la varita que estaba al lado de la revista, y miro a esta última fijamente, antes de murmurar un "incendio". Las llamas devoraron la revista, y dejó de verse al niño que tomaba el biberón y a la medimaga que los sostenía.

Andrómeda, sin inmutarse, se fue a recoger el salón mientras su marido miraba las llamas algo impresionado.

Nunca entendería a los Black.


Nueve de Abril de 1981, Gringotts, Callejón Diagon, Londres.

Régulus suspiró, mirando el enorme edificio. Finalmente, decidió que quería respuestas y que no iba a tener miedo a su hermano eternamente, así que entró.

Todo estaba como antes de la subida al poder del Señor Oscuro, nada había cambiado.

Sin esperar indicaciones-no por nada se había criado para caminar por esos pasillos como si fuesen suyos- se dirigió a la zona de los rompedores de maldiciones, donde trabajaba su hermano. Según el duende de la entrada, hoy no le habían dado el día libre, así que podría hablar con él un rato.

Entró en su oficina sin llamar y sin dejar que nadie le preguntase que hacía allí.

Su hermano estaba cambiándose. Acababa de quitarse una camisa sudada y la había dejado sobre los pantalones que ya se había cambiado. Se giró con una reprimenda en los labios, que se le atragantó al ver a su hermano en esa habitación.

Régulus carraspeó:

-¿Sigues tratando de fardar de músculos siempre que puedes como cuando eras un adolescente?

-Reconoces que tengo más músculos que tú.

-Yo no he dicho eso.

-Pero es verdad.

-No obstante yo no lo he dicho.

Sirius hizo que su ropa se doblase y volase hacia un rincón con un movimiento de varita, que le costó demasiado para ser un hechizo tan fácil.

-Siéntate-él lo hizo-. Muchas gracias por lo que hiciste, Reg-él leyó también el mensaje oculto: "Siento todo lo que he dicho de ti".

-Era lo justo-negó con la cabeza- "No lo sientas, tenías razón."

-Sino hubiese sido por ti…- "Después de todo lo que te he hecho…"

-Lo sé-respondió-, pero no tienes que agradecerme nada- "Eres mi hermano."

-Y… ¿A qué has venido? No sueles pasarte por Gringotts- "Aunque sea mentalmente, me niego a parecer sentimental."

-He venido porque he leído el artículo- "Sí, dejémoslo."

-¿Qué artículo?-preguntó extrañado.

Régulus sacó la revista y la abrió por el artículo sobre el niño.

-Este.

-Yo no he autorizado este artículo-dijo entre dientes-. Malditos sean, pienso denunciar esto, es ilegal.

-¿Crees que te harán caso?

-Cierto-admitió Sirius a regañadientes-. No lo harán.

-Gracias por ponerle mi nombre-dijo por fin.

-No es nada, es lo mínimo que podía hacer. Además, te lo prometí, ¿recuerdas?-suspiró suavizando su gesto.

-Sirius, tenías cinco años.

-La palabra de un Gryffindor vale más que el oro, ¿nunca lo has oído?

-Sí, pero también hay un dicho que dice que todos los verdaderos Gryffindor mueren jóvenes.

-Aun estoy a tiempo con ese-rió poniéndose una camiseta.

-A madre casi le da un ataque al ver como le habéis llamado.

-Oh, no había caído en eso.

-¿Y si te hubieses dado cuenta?

-Lo habría anunciado antes.

Rieron.

-Bueno, ha sido un placer verte, Sirius-se levantó. "Nada ha cambiado, Sirius, no puede cambiar. Todavía."

-Lo mimo digo, Régulus-este hizo lo propio y le dio la mano. "Lo sé, suerte."

Estaba húmeda y todo el lugar olía a sudor y a algún tipo de magia bastante desagradable. Serían los efectos de alguna de las maldiciones. Se fijó en la botella de poción reconstituyente de magia y sonrió con sarcasmo. A su hermano le sentaban fatal esas pociones, no debía haber escogido un trabajo tan exigente.

Soltó su mano y se fue, la capa bailando a su alrededor y la revista sobre la mesa del despacho.


Ahora todos preguntaréis: ¿El padre de Sirius era gay? No, no lo era. Esta es una de mis teorías absurdas surgidas por mis dificultades para comprender un personaje, pero como ya he explicado, JK no existe y el canon me la repampinfla bastante. Para mí, Orión Black estaba liado con Alphard, y no tiene nada que ver con la sexualidad de Sirius, simplemente, me ayudo a dar una explicación a varios detalles. Fin.

No, Bellatrix no está secretamente enamorada de Sirius, dejo eso claro. Ella solo se siente atraída por él. Es su primo, vale, ¿y qué importa? La endogamia era común entre los Black, y ella ha hecho cosas mucho, pero mucho peores. Como habréis observado, es una fanática muy explosiva, pero no está loca, después de todo, no ha pisado Azkaban.

Narcissa es una mujer que me encanta. Para ella, el peor pecado es la traición. Considera los lazos de sangre la unión más importante que existe, y por ello desprecia a Sirius y Andrómeda, nunca tuvo una buena relación con su primo, pero sí quería a su hermana, y por eso le dolió tanto que abandonase a su familia por Ted, al que además, considera inferior. Ahora no sólo es una Black, también es una Malfoy, ya que el matrimonio para los sangre puras es como pasar a formar parte de la otra familia también, y lo que más le importa son su marido y su hijo, aunque sigue queriendo a su hermana mayor y a su primo Régulus. Puede parecer que no, pero Narcissa Malfoy tiene sus razones para hacer lo que hace, que sean buenas o malas, ya es cuestión de cada cual.

Andrómeda no puede olvidar así como así su educación y todo lo que le han enseñado a lo largo de su infancia. Al igual que su hermana menor, consideró el matrimonio de Sirius como una traición. Es irónico, ¿no creéis? Andrómeda no es mala persona, desde luego, pero tampoco es una santa, puede que no crea en la pureza de sangre, pero sigue creyendo en ser un Black. Lo único, es que ama a Ted más que su apellido, pero lamenta profundamente que hayan entrado en conflicto.

Sobre Régulus y Sirius, no está todo dicho, nunca mejor dicho-juego de palabras inevitable-. Todavía no pueden recuperar la relación, la sombra de Walburga es larga, y Régulus nunca dañaría a su madre. Esperaremos noticias.

Comentarios:

bonniegrrl-huffle: Aunque va contra mi naturaleza Slytherin, admito que sois un amor;) Espero que te haya gustado, y sí Londres es precioso.

LaOdisea: ¿Quién es estéril? Ya, supongo que no he quedado muy bien, pero el destino del personaje ya estaba escrito desde antes de decidir su nombre. Eh... No rima, aunque sí queda bastante bien. Espero que te haya gustado.

Londres:

Hamley. Olvidaos de King Cross, de el Caldero Chorreante y de cualquier cosa en la que hayáis pensado. De lo que he visto, el verdadero santuario de Harry Potter, es Hamely. Una tienda de juguetes de SEIS pisos.

Yo fui allí a por el segundo objetivo de mi lista de dos objetivos que hacer en Londres. Ya tenía mi camiseta de los Rolling Stones, pero quería una bufanda de Slytherin. La verdad, es que con todo el tiempo que había pasado desde que acabó la saga, me imaginaba que sería una estantería con bufandas sobadas y unas cuantas varitas manoseadas con cajas abolladas. Me equivoqué de medio a medio.

En el quinto piso-maravilloso, maravilloso quinto piso- había una sección a la que a mí me gusta denominar freakelandia. Tenía cosas para todos, el Señor de los Anillos, el Código Da Vinci... Pero, sobretodo, había cosas de Harry Potter. Había una Saeta de Fuego y una Nimbus2001, varitas de todos los personajes de Harry Potter-excepto los Merodeadores, claro-, escudos de las casas, una maqueta del tren de Hogwarts, el relicario de Slytherin, la espada de Gryffindor, un sombrero seleccionador-de plástico-, varitas con bombillas para invocar el lumus, mapas de los Merodeadores, mascaras de mortifagos, el bastón de Lucius Malfoy, unos pendientes de Hermione-muy monos pero que costaban más de cien euros-...

De. Todo.

No pude comprarme la corbata porque costaba ochenta libras-yo también me quede tal que así :0-, pero me compré la corbata por treintaiseis. Total, era una de las bufandas de la cuarta, y era horrible, la corbata sí que era preciosa. Caja negra, bordes dorados, Logo de Madama Malking, envuelta en seda y con un lazo dorado atando la corbata-suspira-.

Ha sido un viaje fructífero aunque no haya podido hacer fotos.