Sé que he tardado mucho. Entenderé que haya quien quiera clamar por mi sangre. Los Howler podéis mandarlos en forma de comentario o de mensaje privado, porque mi lechuza tiene la gripe, y no querréis hacer volar a una lechuza con gripe, ¿no? Sería muy cruel por vuestra parte. Las lechuzas tienen sentimientos.
Espero que la espera os haya merecido la pena, va por ti, Bonnie.
6 Remus
Nueve de Abril de 1981, Casa de los Black-Lupin, Oeste de Escocia.
El ministerio se había pasado por allí esa mañana a recoger el cadáver de Clara. Les había dado tiempo de sobra para recoger la habitación y eliminar las manchas de sangre, pero aun así estaba preocupado. ¿Y si interpretaban que ella había muerto por dar a luz a un niño concebido con el Manuscrito de Antínoo y Anu? Todos sabían de lo que Voldemort era capaz. Podría incluso condenar a muerte a su hijo por asesinato o algo por el estilo.
Sirius ya había llevado al niño a San Mungo dejándole sólo una elocuente nota:
"Me llevo al niño a San Mungo.
Le llamaremos Régulus James.
Luego te explico.
Padfoot."
El amor personificado, vamos.
Lily ya se había ido a su casa, no quería dejar a su hermana sola Harry con y Dudley mucho tiempo, preocupada por sobrecargarla. Siempre había sido demasiado buena. Su hermana era una malencarada insoportable.
Oyó como se abría la puerta y se giró dispuesto a echarle una reprimenda a Sirius por haberse ido sin avisarle y haberle cambiado el nombre a su hijo sin su consentimiento-lo segundo le preocupaba más que lo primero, porque aunque entendía los motivos y los aprobaba, que no lo discutiese con él era imperdonable-. Desgraciadamente, Sirius no parecía en condiciones de escuchar nada.
Estaba bastante pálido y parecía al borde del colapso. Soltó su bolsa de deporte donde llevaba la ropa sucia y dio un par de pasos hacia las escaleras.
-Sirius-se levantó y se le acercó preocupado-, ¿cuánta poción reconstituyente de magia te has tomado?
-… Más de la que debía-susurró estremeciéndose y aferrándose con fuerza a su cintura para no caer.
-Te ayudaré a llegar arriba-resopló colocándole el brazo sobre sus hombros.
Sirius murmuró algo inteligible.
-¿Qué?
-Levicorpus-repitió con un carraspeo.
Remus le entendió y le hizo levitar hasta su habitación.
Como tantas veces había hecho en Hogwarts, cuando acababa borracho como una cuba después de una noche movida, ya fuese por una reunión de los Merodeadores o por la chica de turno, le tumbó en la cama y le quitó las botas, antes de arroparle con la colcha. Sirius tembló al sentir la gruesa tela gris sobre su cuerpo, encogiéndose en posición fetal y balbuceando algo que Remus no consiguió entender.
-Vuelvo ahora-anunció retirando algunos mechones de su cabello que le caían por la frente.
Bajó a la cocina y buscó en las alacenas el polvo de plumas de augurey, las hojas de alihosty y las púas de knarl. Sacó el caldero de debajo del fregadero y se dispuso a hacer la poción que sabía que le calmaría. No es que fuese un genio en pociones, pero esa poción en particular era bastante sencilla y rápida de hacer.
Unos minutos después, Remus subía con un vaso de la poción en la mano hacia el dormitorio.
Sirius seguía acurrucado con la colcha y mortalmente pálido.
Sacudió su hombro con cuidado para despertarle, pero este apenas abrió los ojos. Levantó ligeramente su cabeza para hacerle beber un líquido negro verdoso.
Un cuarto de hora después, más o menos, Sirius dejó de temblar y abrió los ojos, sonriendo ligeramente al verle. Le devolvió la sonrisa e inclinó un vaso de agua sobre sus labios para darle de beber.
-Gracias.
-De nada-respondió limpiando un reguero de agua que resbalaba por su barbilla-. ¿Cuánta poción has tomado?
-Me tomé una antes de salir, otra antes de aplicar la maldición y una más después.
-¿Tres en menos de veinticuatro horas? ¿Quieres morir?-le reprendió.
-Necesitaba llegar a San Mungo.
-¿Y las otras dos?
-Una para poder realizar la maldición y otra para no morirme allí mismo.
Remus chasqueó la lengua, pero optó por no decir nada y dejarle dormir. Necesitaba descansar urgentemente.
Poco después bajó a la cocina, dejando a un exhausto Sirius dormido como un bebé en el piso de arriba.
Pronto se dio cuenta de que, para su desgracia, iba a volverse loco.
No tenía nada que hacer, nadie con quien hablar, y su hijo estaría solo en el hospital, al que no podía acceder por las puñeteras restricciones para licántropos.
Desesperado por algo de actividad intelectual para sobrellevar el confinamiento, buscó algo interesante que leer, pero, como no, todos los libros que había en la casa ya se los había leído, y aunque Remus siempre se había considerado fan incondicional de la relectura, lo que necesitaba no era reflexionar y buscar detalles olvidados, sino encontrar algo que captase su atención.
Supo que estaba verdaderamente desesperado cuando se planteó leer el Profeta.
Sirius lo seguía leyendo porque, como tan sabiamente decía, no puedes criticar algo sin tener una mínima idea de lo que va. Normalmente hacia la crítica literaria con James, pero si la noticia era muy importante o afectaba a alguno de los dos directamente, lo comentaba en el desayuno entre insultos al ministerio. El que cerrasen el paso a medios de transporte a Haymarket entraba en la lista de cosas cotidianas, así que no lo había comentado.
La verdad es que, aunque ya no creyese en la prensa, estar completamente desinformado podía ser peligroso, así que lo cogió dubitativo y se sentó a leerlo.
En primera plana aparecía la noticia la maravillosa marcha de la guerra de Noruega, frente a los penosos resultados de la guerra de Nueva Zelanda. Leyó los artículos muy por encima, sabiendo que si los leía a fondo se deprimiría, y evitó cuidadosamente las cifras de muertos, sabiendo que él debería estar entre ellos.
El resto eran noticias de poca monta, pero a las que prestó su debida atención después de lo que había pasado. Habían presentado otra propuesta de ley que proclama que un matrimonio debía tener DOS hijos para que fuese legalmente aceptado, aunque esa propuesta contaba con bastantes disidentes después de que se hubiese aprobado que debía ser uno sólo un año antes.
También se iba a abrir un colegio primario para niños magos, algo que se llevaba años solicitando en vano al ministerio.
Rodolphus Lestrange estaba luchando por romper el cerco mágico que se había aplicado a Hogsmeade siglos atrás para impedir la entrada de muggles. Cosa que ahora impedía que se utilizasen muggles como mano de obra esclava. Al contrario, Lucius Malfoy luchaba porque fuese mantenido, alegando que Hogsmeade se había creado con el espíritu de ser un lugar libre de muggles, ya fuesen libres o esclavos, y que debían respetar esa voluntad como respetaban las tradiciones más antiguas.
Por otro lado, el palacio de Buckingham, donde la realeza británica había vivido desde 1703, se había convertido en el centro cultural del mundo mágico.
Gran parte era un enorme museo de arte mágico, pero también habían creado una enorme biblioteca y un magnífico teatro en esos salones de mármoles y dorados. No sabía que le daba más rabia, si el hecho de que precisamente fuese Voldemort el que lo había transformado, o el hecho de tener tantas ganas de ir.
Había pocas noticias, y menos noticias interesantes, así que lo acabó pronto y decidió ponerse con los pasatiempos. El crucigrama estaba sin hacer, ya que Sirius no se había pasado por casa a desayunar. Decidió aprovechar la ocasión porque la posibilidad de hacer un crucigrama en esa casa era reducida.
Mientras reconsideraba la opinión que le ofrecían las capacidades de atención de su marido, ya que resolver ese crucigrama no era nada fácil, sintió unas extrañas vibraciones en los terrenos.
Miró el reloj, y observó sorprendido que ya habían dado las doce de la noche.
Salió al jardín envuelto en un desgastado abrigo.
Su jardín siempre había sido un lugar precioso. Estaba lleno de árboles, sobretodo en la parte de atrás, y en la delantera había una enorme mesa de roble, un camino de pequeñas piedras grises, varios tipos de flores y esa reja de metal por la que, pegada a la fachada de la casa, trepaban unas enredaderas negras de frutos negros y redondos que no eran venenosos.
Además, había un círculo sin hierba, de tierra negra, alrededor del cual estaban incrustadas siete piedras enormes. Eso había sido lo primero que había hecho Sirius al comprar los terrenos. Un viejo ritual de magia antigua por el que hacían suyos esos terrenos, para que respondiesen a su sangre y fuesen fieles a su familia. No entendía del todo las implicaciones de ese hechizo, y ahora lo lamentaba. El círculo irradiaba una tenue luz dorada, y era sacudido por los estertores del terreno. ¿Qué estaba pasando?
Entonces, la luz se hizo más tenue, y un calor que no sentían desde que se liberaron las bandadas de dementores se hizo presente en su pecho.
Después, los grillos volvieron a cantar y se hizo la calma en el jardín.
Sirius iba a tener que darle muchas explicaciones.
Diez de Abril de 1981, Casa de los Black-Lupin, Oeste de Escocia.
Sirius tardó bastante en bajar. Llevaba una vieja bata de Remus y unas viejas zapatillas de andar por casa con el logo de los Montrose Magpies que había comprado a los dieciséis en el Callejón Diagon. Seguía muy pálido, tenía el pelo revuelto y unas leves ojeras-en comparación con él, claro-. Pero al menos había dejado de temblar.
Se sentó en su silla y gruñó como saludo. Remus puso el plato de tostadas francesas sobre la mesa y la taza de café.
-¿Estás mejor?
Él sólo asintió.
-Oye, ¿cómo funciona el hechizo que hace nuestros los terrenos?-preguntó sentándose también a desayunar.
-Es muy complicado, no lo entenderías-dijo encogiéndose de hombros.
-Ayer por la noche la casa tembló, salí al jardín y el círculo estaba iluminado.
-¿Era dorada, verdad?-preguntó asustado.
-Sí, ¿por?
-Gracias a Morgana-suspiró-. Me has dado un susto de muerte-bebió de su taza de café y se dispuso a explicar que había pasado-. Ese círculo depende intrínsecamente de nuestra familia. Sólo ha reconocido a Reg.
-Pero, él nació un día antes.
-Sí, pero cuando sólo lleva unas horas en la tierra no cuenta, la magia todavía no se ha estabilizado del todo ni se ha fundido a la sangre, por lo que hacen falta unas doce horas antes de que lo reconozca, y los terrenos sólo lo pueden reconocer a media noche, porque al estar cambiando de día de producen unas fluctuaciones en la magia que los hacen más poderosos.
-Ah-observó como seguía bebiendo de su café-. ¿De dónde sacaste ese hechizo?
-De la biblioteca de los Black-respondió mordiendo una tostada-. ¿Es mermelada de naranja?
-De melocotón.
-Ah.
-Deberías ir a ver a Reg.
-Sí, luego, ahora estoy muy cansado.
-¿Cómo fue la maldición?
-Bien, está todo resuelto y me han dado dos meses de baja por las molestias.
-Vaya, ¿dos?
-Eso me han dicho todos mis compañeros, soy un hombre afortunado-volvió a morder la tostada-. Mi hermano se ha pasado por allí.
-¿Ah, sí?-su marido se encogió de hombros- Por cierto, ¿Régulus James?
-Sí, bueno, quería agradecerle a Régulus que hubiese salvado a nuestro hijo-dijo ligeramente a la defensiva.
-Sin consultarme.
-Lo siento, no quería interrumpiros.
-Ya. Seguro que fue por eso.
-Remus, él ha salvado a nuestro hijo, después de todo lo que le dije y de cómo me comporte, lo mínimo que podía hacer era ponerle su nombre.
-Quizá, Sirius, pero te recuerdo que también es mi hijo.
-Soy consciente de ello, Remus, yo estaba allí-dijo arrastrando las palabras-. Te aseguro que no trataba de quitarte autoridad.
-Actúas como si tú fueses el único que importase.
-O tú me malinterpretas-respondió-. Siento no haberlo discutido contigo, ¿vale? Pero estabas ocupado con lo de Clara, y haberle llamado así era importante para mí, no quería discutir.
-Lo habría entendido.
-¿Cómo lo estás entendiendo ahora?
-¡Por qué no me lo dijiste!
-¿Y qué cambia que te lo diga ahora?
-Eres imposible-bufó dándose la vuelta.
Sirius se levantó con brusquedad y salió de la cocina.
-Me voy a San Mungo y después a Corazón de Bruja a denunciar un artículo no autorizado que han publicado sobre NUESTRO hijo. Puede que no venga a comer.
-Avisa por Red Flu si es así.
-Como quieras.
Oyó el portazo de la puerta de su habitación y bajó al sótano. No quería encontrarse con él cuando bajase.
Diez de Abril de 1981, Casa de los Black-Lupin, Oeste de Escocia.
-Exageras-aseguró Lily-, es normal que le pusiese el nombre de su hermano. No sabes lo que duele tener mala relación con ellos-suspiró.
-No lo entiendes, Lily, eso me da igual, pero ni siquiera se ha dignado a discutirlo conmigo, me ha informado de un hecho que afectaba directamente a mi hijo con una nota.
-Era importante para él llamarle así-razonó-, no quería que te negases.
-No me habría negado.
-Lo siento Remus, pero viendo como os tratáis entre vosotros es normal dudarlo.
-Nos sentimos incómodos, es normal. No es que yo no quisiese avanzar en nuestra relación, pero lo hemos hecho todo demasiado rápido, demasiado forzados. ¿Y si Sirius se da cuenta de que lo ha hecho todo para que no me vaya, pero que no alberga ningún sentimiento hacia mí? ¿Y si ser padres destruye lo poco que queda de nuestra relación?
-Remus-dijo apenada-, no puedes lamentarte y temer en soledad toda la vida. Debes enfrentarte a él.
-¿Pero cómo?
-No lo sé-respondió-. Pero se te ocurrirá algo.
Él no estaba tan seguro.
Madrugada del once de Abril de 1981, Casa de los Black-Lupin, Oeste de Escocia.
Sirius entró en la casa quitándose la chaqueta de cuero, que dejó en el perchero de latón de la entrada. Arrastró los pies hasta la cocina y bebió una copa de agua.
Había sido un día de mierda.
Oyó un aullido en el segundo sótano-porque sí, la casa tenía tres sótanos, uno debajo de otro- y se dio cuenta de lo que, en su estupidez, había olvidado. Era luna llena.
Dejó caer la copa de agua al suelo y corrió hacia las escaleras del sótano. Bajó a toda velocidad y abrió la puerta del segundo sótano.
Lunático aullaba descosido, y una nueva cicatriz adornaba su hombro. Sirius cerró la puerta y se transformó en Canuto mientras el licántropo se lanzaba sobre él. Rodaron por el suelo, luchando con desesperación.
Al cabo de unas horas, los cuerpos de ambos mostraban dolorosas magulladuras, pero ambos habían dejado de luchar.
Canuto lamía su nueva cicatriz con una muda disculpa por todo lo que había pasado, Lunático le daba suaves golpecitos con el morro y apoyaba la cabeza sobre el grueso pelo azabache.
Como siempre, Lunático y Canuto siempre conseguían arreglarlo todo mejor que sus alter ego humanos. A veces, lo único que necesitaban era dejar de pensar, y dejarse llevar.
El círculo mágico es importante. Surgió de la necesidad de alargar el capítulo, pero es importante. Es magia pura, antigua, sin estar pervertida por nada. Magia familiar, que hace que esos terrenos en Escocia respondan a su sangre, a la de los Blck-Lupin. La luz dorada significa que ha reconocido a un miembro de la familia, la luz roja significa la muerte y la luz azul invasores. Ya casi nadie utiliza el hechizo, pero Sirius es un perro, ¿cómo no iba a marcar su territorio de alguna forma? Y mearse en a su alrededor habría sido muy poco higiénico.
La mesa redonda también será importante en la infancia de los niños, los frutos negros no tienen ninguna relevancia, pero cubren la fachada de la casa de forma preciosa, y me gusta el detalle.
La poción que prepara Remus no existe. Bueno, puede que exista, pero me la he inventado yo, por lo que lo más probable es que no hagan lo mismo. Los ingredientes si existen, los saqué de Animales Mágicos y Dónde Encontrarlos, libro que os recomiendo.
El próximo capítulo volverá a ser diversa gente bajo un nombre que los unifique, se llamará Las Familias de las Colinas y no será tan... Dramático.
Ahora, los comentarios:
Bonnie: Me alegra que te gusten mis Black, y que Régulus te parezca interesante. Yo amo a esa familia desde antes de leer La Maldición de los Black, que comparte con Mauraders!Crack la potestad de servirme de canon, es una mezcla entre ambos, a veces, entran en conflicto, entonces tengo que arriesgarme y ver como sale todo luego. Tú si que eres un amor, Bonnie, y gracias de nuevo por el mensaje, me ha halagado mucho ver tu aprecio por este fic.
Odisea: Ya, Régulus y Sirius también son de mis partes favoritas, sobretodo en ese capítulo. Gracias por comentar.
Sé que tengo mucha cara en decirlo después de tanto tiempo sin publicar, pero... Si no comentas, un Kneazle se muere. Nacen de ocho en ocho. Tienen miedo y son muy monos, pensad en ellos.
