Bueno, he tardado dos meses, y me merezco una muerte lenta, a ser posible dolorosa, porque sé lo que duele la espera, aunque sea a cuatro gatos. Lo lamento mucho. Pero mucho, ¿eh?
Aquí está el capítulo prometido, aviso de que no va por orden cronológico. Espero que os haya merecido la pena.
7 Las Familias de las Colinas
Diez de Abril de 1981, la Madriguera, afueras de Ottery St. Catchpole, Devon.
Arthur Weasley era conocido por su obsesión con lo muggle, por ser un orgulloso traidor a la sangre, por su pobre estado económico y por tener seis hijos, próximamente siete.
El señor Weasley amaba a su antiguo trabajo, y se podía pasar el día dibujando planos de bugías y leyendo manuales de electrodomésticos con una enorme sonrisa y las gafas redondas torcidas en la punta de la nariz. Además, era muy bueno en su anterior puesto, pero con Ya-sabes-quien en el poder, el trabajo al que con tanto esmero se había dedicado desde que dejó Hogwarts había desaparecido. Le dieron dos opciones, o trabajaba en el departamento que lo sustituía-que iba contra todos sus principios y creencias-, o se iba a la calle. Arthur tenía seis-siete- hijos, y no se podía permitir el despido, ¿de qué comerían Bill, Charley, Percy, Fred y George, Ron y la pequeña que venía en camino si era despedido?
Al llegar Quien-tú-sabes, paso a dedicarse a examinar objetos muggles y controlar si cumplían con las restricciones para objetos muggles, vigilado de cerca por Alecto Carrow que no de dejaba pasar ni una. Había tratado de salvar las tostadoras, pero había sido una batalla perdida. Quizás, por eso había aceptado el ascenso.
Ahora, se dedicaba-en el más absoluto secreto, claro- a adaptar objetos muggles al mundo mágico. No era que sirviese de precedente: el tren de Hogwarts, el autobús Noctámbulo, el sistema de cañerías de Hogwarts, la radio… Todas esas cosas estaban basadas en el mundo muggle, y aunque algunos sangre puras se quejasen, la gente las utilizaba y las había sumido como parte del mundo mágico.
Aun así, se sentía culpable al saber que estaba utilizando el saber muggle en su propio beneficio cuando esa pobre gente era vendida como esclavos por debajo de los elfos domésticos. Nunca había visto a los elfos domésticos tratar tan mal a un ser humano hasta entonces. Por muy buenos que pareciesen, estaban resultando ser desalmados con sus subalternos.
Suspiró tratando de concentrarse en el informe sobre porque deberían producir coches voladores en Gran Bretaña.
Los gritos y juegos de los niños se lo ponían muy difícil.
Harry Potter, Neville Longbottom y su hijo Ron parecían estar haciendo muy buenas migas.
Se alegraba de ello. Ron parecía feliz jugando con esos niños. Pero lamentaba la jaqueca que tendría al día siguiente.
Volvió a suspirar antes de recoger sus cosas con un movimiento de varita y subir a su habitación a trabajar. Normalmente le gustaba estar rodeado de niños, pero de ese informe dependían todos sus sueños sobre un Ford Anglia volador. Oh, como deseaba uno…
Diez de Abril de 1981, Torre de los Lovegood, afueras de Ottery St. Catchpole, Devon.
Mina Marwood de Lovegood era una mujer muy hermosa. No era tan bella como su hermana Lucy, pero era hermosa.
Con sus cabellos de un rubio muy claro, sus ojos verde suave y su piel pálida y perfecta había robado algún corazón en Hogwarts sin pretenderlo si quiera. Pero lo más destacable de ella era esa dulzura que tenía en todos sus movimientos, rasgos y gestos. Con el embarazo, esta se había agudizado tanto que muchos hombres se quedaban mirándola sin poder evitarlo.
Su marido no reparaba en ello, desde luego, él asociaba esa extraña actitud a los nargles de la zona o a cualquier cosa igual de extravagante. Nadie entendía como una mujer tan bella, inteligente y además de buena familia como Mina Marwood se había casado con el extravagante Lunático Lovegood.
Para ella, su marido era como un niño, tenía una fe tan fuerte y entregada hacia esas cosas tan "singulares", que en vez de asustarla o sacarla de quicio sólo podía provocarle una enorme ternura. Amaba a su marido más allá de lo natural.
Aun así, a veces podía frustrarle un poco esa forma de desestimar los problemas atribuyéndolos a seres inexistentes, sobretodo si se referían a ella. Siempre le arrancaba una sonrisa eso de que sacudiese flores rojas sobre su cabeza para espantar a los seres que provocaban sus nauseas matutinas, pero cuando se trataba de su trabajo, los Marwood eran increíblemente irascibles.
No sería la primera vez que arruinaba su trabajo porque decía que los nargles lo habían contaminado y que no se podía quedar en la casa sin que esos seres formasen una colmena en los azulejos del baño.
Por eso, la noticia de que el ministerio, por muy cercano a Voldemort que fuese, por fin iba a financiar sus investigaciones sobre encantamientos, la llenó de alegría. No sólo el reconocimiento, sino que iba tener un laboratorio normal. Era maravilloso.
Mina comenzó a arreglar las flores mientras tatareaba una cancioncilla. Quería preparar una cena maravillosa para celebrar la noticia.
Había puesto un mantel blanco de encaje y la cubertería de plata de duendes, ambos parte de su ajuar. También acababa de preparar salmón ahumado y pan de castañas, los platos favoritos de su marido.
Este último salió de su oficina con una extraña túnica amarilla chillón y un colgante con la forma del logo del Quisquilloso.
-Querida, tenemos una maravillosa historia. ¡Un hombre ha volado hasta la luna en escoba! Creo que en una Barredora2, no estoy seguro. ¿Qué te parece?
-Cariño, eso es imposible-rió.
-No, porque lo han hecho-dijo con su irrefutable lógica-. En todo caso, sería improbable.
-Siéntate, vamos a cenar.
-¡Oh! ¡Pan de castañas!-dio un saltito emocionado.
-Primero la comida, cariño-le recordó sirviendo el salmón-. ¿No me preguntas que celebramos?
-¿Celebremos algo?-preguntó inclinado la cabeza.
-Me van a dar una subvención para mis experimentos, y tendré un laboratorio más avanzado-dijo con una enorme sonrisa mientras se sentaba en su silla.
-Oh, eso es terrible-dijo afligido-. Debes negarte, Mina, quieren meterte en la conspiración de Rudolph.
-¿En qué? Da igual-le interrumpió-. Voy a aceptar, es la oportunidad que llevo soñando desde Hogwarts.
-Pero, querida…
-No, ni de broma Xenophilius-apretó la mandíbula molesta-. Esto no es discutible.
-Oh, querida, tampoco es para tanto, no tuviste problema en dejar pasar la beca en Francia, y allí no había una conspiración como la de Rudolph.
-¿Qué no tuve problema?-exclamó irritada- Me quedé para no dejarte sólo, Xenophilius, ¡di mi sueño por ti!
-Pero, Mina…
-No. Voy a aceptar esa subvención y si no te gusta te aguantas.
Se encerró en su cuarto enfadada, se le había pasado el hambre.
Diecisiete de Abril de 1981, Oficina de A. Weasley, Ministerio de Magia, Londres.
Arthur esperó pacientemente a que Alecto llegase a comprobar su trabajo, sabía que su informe era excelente, pero también sabía lo que le odiaba esa detestable mujer.
Oyó una especie de risita. De esas que sueltan las mujeres cuando están coqueteando-su Molly nunca había usado esa risita ni había coqueteado, era superior a esos truquitos absurdos-, o una copia muy mala de ello, al menos. Era como el sonido que suelta un cerdo el día de la matanza y unas uñas arañando un encerado luchando por hacerse oír.
El señor Weasley no era cotilla, desde luego, pero no pudo-ni quiso- evitar escuchar.
-Vas a conseguir que me sonroje, osito.
-No es como si no fuese verdad, pichoncito.
-No me llames así.
El señor Weasley pensó que era el tono más falso del mundo.
-Bueno, primor.
Oh, Merlín… ¿Primor? Eso sólo se lo había oído decir a Sirius, y estaba convencido de que sólo el tono gamberro y sexual que le imprimía a la palabra había conseguido que la gente no le perdiese el respeto por ello.
-Oh, osito, eres tan, pero tan tierno…
-No tanto como tú.
-Mentiroso-masculló el señor Weasley por lo bajo, recordando lo dura y perversa que era su jefa.
-Ay, te quiero tanto, osito.
-No más que yo.
-Siento tanto que no podamos estar juntos… Mi hermano te mataría.
-Lo sé-el miedo era palpable en su voz-. No puede saberlo.
-Le estoy preparando, poco a poco, pero sigue creyendo que eres un inútil cobarde.
-¡Eh!
-Yo no lo pienso, osito-se apresuró a asegurar-. Sé que eres el mejor de todos. Bésame.
Del interior de su despacho salieron desagradables sonidos de besuqueo y roces desesperados.
El señor Weasley hizo gala de la asombrosa capacidad para enrojecer más de lo que es sano que poseía su familia. Y contuvo las arcadas. ¿Quién podía estar tan desesperado para liarse con Alecto Carrow? Si hasta Quien-tú-sabes evitaba mirarla directamente para no hacer una mueca. ¿Sería Snape? Si lo era, tendría que contárselo a Sirius, era como un deber moral. Pero, Snape no era un cobarde, ni tan… Patético. Además, esa voz no era la suya ni de broma.
-Tenemos que irnos, he quedado para revisar un informe.
-Vale, primor-se estremeció hundiéndose en la silla, sobretodo cuando se escuchó el ruido de una palmada contra una parte del cuerpo de su jefa que pudo imaginarse.
-Osito-le reprendió ella en broma abriendo la puerta.
Ambos amantes quedaron paralizados al verle en su despacho, que, desgraciadamente para ellos, era contiguo al de Alecto.
Peter Pettigrew. Tenía que habérselo imaginado. ¿Quién sino un tipo sin nariz podía liarse con Carrow? Era dolorosamente obvio.
Sí, Peter Pettigrew había perdido la nariz el día en el que Voldemort subió al poder y él se reveló como un traidor. Todos los de la Orden trataron de atacarle, pero estaban bien sujetos, nadie podía con dos hombres sujetándolo. Nadie… Excepto Sirius Black. Primero le dio un puñetazo en el ojo, dejándoselo negro como el carbón durante meses, cuando lo sujetaron entre cinco hombres, se contentó con hacer un hechizo no verbal, sin varita y de magia negra, con el que le explotó la nariz, dejando un cráter rojizo en su lugar. Desde entonces, traicionar se decía "quitarse la nariz" en algunos círculos. Ya-sabes-quien lo consideró una gran muestra de poder digna de un Black-eso no le gustó a Sirius, en absoluto- y se rió del tema con sus mortífagos ignorando los quejidos del animago ilegal.
Ahora, Peter Pettigrew trabajaba en el departamento de Control de antiguos miembros de la Orden del Fénix, como ayudante del director, ni siquiera le habían dado el control de un departamento…
-Weasley…-comenzó Carrow, callándose al instante, sin saber continuar.
Arthur decidió aprovechar la ocasión y se levantó de un saltó de su silla con una gran sonrisa.
-Oh, señora Carrow, aquí tiene el informe sobre porque deberían fabricarse coches voladores. Estoy seguro de que le parecerá muy… Primoroso.
La mujer cogió el informe mordiéndose los carrillos internos, había entendido perfectamente el mensaje. "Si no quieres que tú hermano se entere, acepta mi propuesta."
-Concuerdo-dijo arrastrando las palabras.
-Es un informe muy largo, supongo que querrá leerlo con calma-aventuró el señor Weasley, la mujer asintió cada vez más enfadada-. Entonces me cogeré el día libre y le dejaré leer-afirmó alcanzando su abrigo.
-Se lo agradezco-escupió.
-Por cierto-dejó el abrigo en el perchero, estaba mal, pero era una mortífaga perversa, y él tenía seis-siete- hijos-, quería pedirle un aumento, señora Carrow. ¿O es Pettigrew?
Once de Abril de 1981, Torre de los Lovegood, afueras de Ottery St. Catchpole, Devon.
Mina estaba empaquetando sus cosas, pensaba trasladarlas a su laboratorio esa misma tarde.
Mientras consideraba si sus libros de Hogwarts podrían serle útiles, sintió que algo rozaba su cabeza. Levantó la mirada, sonriendo al encontrarse con una especie de rama de muérdago sobre ella.
Siempre le había gustado, pero desde que vivía con su marido, había dejado de ponerlo en navidades porque parecía ser que atraía a los nargles.
Desde el marco de la puerta, Xenophilius le miraba incómodo, sin saber como actuar y consciente de haber fallado en algo.
-Ven, cariño-dijo tendiéndole la mano-. Luna está dando patadas.
Esa simple frase iluminó el rostro de su marido.
Dieciocho de Abril de 1981, la Madriguera, afueras de Ottery St. Catchpole, Devon.
Los Weasley celebraron emocionados el sustancioso aumento que le habían concedido al señor Weasley. A parte de que habían aceptado su propuesta de coches voladores, y no sólo eso, sino que además el primer coche se lo quedaría él y sería un Ford Anglia azul eléctrico.
Molly intentaba controlar a sus seis hijos para no quedar en evidencia ante los invitados, pero a duras penas lograba controlarse a sí misma, además, su abultado abdomen le complicaba ligeramente eso de controlar a niños llenos de azúcar por la tarta que habían comprado.
Sus cuñados, los Potter, los Black-Lupin, los Longbottom y McGonagall-con la que habían estrechado mucho la relación después de la "traición" de Dumbledore- les acompañaban y celebraban con ellos.
-Y ahora en serio-comenzó Sirius con la copa en la mano, Remus puso automáticamente los ojos en blanco mientras sostenía a Reg-, ¿cómo lo has conseguido?
-Es un gran trabajador-se apresuró a afirmar Molly.
Sirius chasqueó la lengua con sarcasmo.
-A mí no me la dais, conozco a Alecto Carrow, venía a jugar a Grimmauld Place a veces, sé que no haría algo bueno por nadie sin ningún motivo.
-¿Iba a jugar a tu casa?-James hizo una mueca.
-Se dedicaba a hablar de lo "genial" que sería ser una Black y a hacerle ojitos a mi hermano todo el día-rió divertido-. Lo único que este le decía era: "Que no me llames Reggie".
Rieron.
-A tu hermano no le gustaría Alecto, ¿no?
-En absoluto, ¿por?
-Bueno, puede que todo lo que celebramos venga de que escuchase una conversación algo comprometedora con un hombre.
Todos se miraron entre ellos.
Sus cuñados cogieron aire.
-Cuñado…
-… Ya nos estás diciendo…
-… Que quiere decir eso.
-Y con detalles-añadió James, ignorando el codazo de Lily.
-Yo estaba en mi despacho-comenzó a contar-, y oí una de esas absurdas risitas de coqueteo, o un intento de ello. Morgana, que risa más horrible.
-Lo confirmo-dijo Remus-, yo y Sirius la vimos coquetear con Régulus.
-Fue horrible-confirmó Sirius-. O muy divertido. Me sentí dividido entre el sadismo y la compasión. Hoy día sigo sin saber como me siento al respecto.
-Bueno, que la oí llamar a alguien "osito"-esperó a que acabasen las risas-, este le respondió con un "pinchoncito", y, ojo al dato, ella fingió que no le gustaba y él lo cambió por "primor"-las risas se volvieron a escuchar.
-Sólo…
-… Sirius…
-… Sabe decirlo…
-… Sin que suene patético.
-Años de esfuerzo y práctica, Gideon, años de esfuerzo y práctica.
-Bueno, después manifestaron lo tiernos que se consideraban el uno al otro y pasaron a hablar de lo difícil que era su relación y que debían llevarlo en secreto para que su hermano no se lo cargara.
-¿No es un poco exagerado?
-No, Padfoot tuvo que rescatar a Régulus de un reloj de pie a los cinco años-mencionó James.
-En cualquier caso-continuó-, se dieron un rato el lote, y cuando salieron, aproveché para conseguir que aceptase mi propuesta y me diese el día libre.
-¿Y lo del aumento?
-Eso fue después-admitió carraspeando-. Sé que estuvo mal, pero bueno, ¡tengo siete hijos!
Todos rieron divertidos.
-Por Arthur-dijo Remus levantando la copa-, para que siga encontrándose con aumentos detrás de las puertas.
Brindaron divertidos y Arthur hizo una mueca. No le apetecía volver a encontrarse con uno de esos "aumentos".
-¿Y con quién se ha liado?-preguntó Alice riendo- ¿Severus ha perdido la esperanza?
Los Weasley perdieron la sonrisa.
-Con… Peter Pettigrew-dijo al fin Molly.
Las sonrisas se apagaron.
-Entonces el cabrón me copio lo de "primor"-dijo al fin Sirius-. El hijo de puta.
Y todos sabían que no se refería a ese halago.
Como ha dicho el señor Weasley, es común encontrar aparatos muggles en el mundo mágico, después de que éstos hayan sido adaptados. Se supone que deben llevarlo en el más absoluto secreto porque Voldemort depende del apoyo de las antiguas familias sangre puras, y a ellos no les gustan estas adaptaciones, aunque ya hayan asimilado la mayoría de ellas.
Harry, Ron y Neville, van a pasar mucho tiempo juntos. Quieren que hagan piña entre ellos, ya que temen como se los va a recibir en Hogwarts. No sé si ya lo había mencionado porque he sometido la historia a tantos procesos de edición que me pierdo hasta yo.
La madre de Luna se llamaba Amelia, pero, por culpa de la mala organización de HPWiki, yo me enteré de eso después, cuando ya había decidido llamarla Mina, y a su hermana Lucy. Es curioso que decidiese homenajear el libro de Drácula teniendo en cuenta que no me gustó mucho, pero bueno. En cualquier caso, aquí se llama Mina, recordemos la excasa, por no decir nula, autoridad que tiene JK en este fic.
El que Sirius pudiese con dos hombres sujetándole, no tiene nada que ver con el que lo adore ni con que intente mitificar el personaje. Para encerrarle en Azkaban tuvieron que sujetarle cinco.
Que a Alecto le gustase Régulus lo saqué de La Maldición de los Black. El que ahora esté con Colagusano es un detalle, a mi entender, bastante lógico y creíble.
Bonnie: Yo amo a Sirius, créeme, te comprendo;) Aysh, vas a sonrojarme, que cosa más bonita, eso de que hago magia con las palabras. Ya, bueno, jeje, he tardado, ¡pero lo he hecho! PD: Es un kneazle precioso color natillas, se llama Misifú.
Sé que tengo mucha cara pero... Los kneazles nacen de ocho en ocho, Misifú ha perdido a todos sus hermanos, no hagáis eso a los pobres animalitos.
