Frozen no me pertenece.

Capítulo 2

Beso en la frente.

Cualquiera que conociera a la más pequeña de las herederas de Arendelle, se daría cuenta de lo hiperactiva que era, siempre jugando, saltando de aquí para allá, corriendo, y últimamente, jugándole pequeñas bromas a Elsa; en fin, siempre buscando que hacer.

En otros momentos era común escucharla cantar, rompiendo el silencio del castillo e inundándolo todo de alegres melodías, desde que las puertas del palacio se abrieron gustaba de dar paseos en el pueblo o en el jardín con Olaf, también amaba charlar con su hermana, ambas gustaban de pasar tiempo juntas, no era mucho debido a las obligaciones de Elsa como reina, pero aprovechaban cada momento juntas; de igual manera gustaba de una buena lectura, podía pasarse el día entero leyendo novelas románticas.

Pero esa calurosa tarde no parecía ella, nada de las cosas que ella amaba la animaban.

Anna se encontraba sentada bajo el frondoso y viejo roble del enorme jardín del palacio, abrazaba sus piernas con sus delgados brazos, mientras sentía como la refrescante brisa la acariciaba delicadamente y contrarrestaba un poco el calor.

Su flequillo se mecía suavemente mientras su mirada parecía perdida en algún punto del inmenso jardín, su expresión seria daba a entender que estaba pensando demasiado algo.

-Kristoff- dijo en un susurro.

De las cosas que gustaba realizar, no podía faltar pasar tiempo con Kristoff, disfrutaba la compañía de aquel hombre.

Cuando Elsa le dio su permiso al rubio para cortejar a Anna, la pelirroja se sintió sumamente feliz. A partir de aquel momento su relación era algo más formal.

Cuando estaban juntos, ella le hacía saber lo mucho que lo apreciaba, con alguna caricia, besos o con lo que mejor hacia Anna, diciéndole cosas bonitas; por otro lado, Kristoff no era muy bueno expresando sus sentimientos con palabras y Anna lo sabía, pero para ella eran más que suficientes las muestras de cariño que él le regalaba.

Anna suspiro sonoramente ante el recuerdo de aquel joven, era por el que ella se encontraba ahí, esperar ando.

Habían pasado dos semanas desde la última vez que se vieron, su trabajo en las montañas lo alejaba de la princesa, ella no lo culpaba, pero se suponía que aquel día llegaría temprano; casualmente aquel día tenía un significado especial.

La espera había sido larga, y el cansancio comenzaba a hacerse presente en el cuerpo de la princesa; sus ojos se cerraban lentamente, su cabeza se columpiaba de vez en cuando, hasta que ella ya no aguanto más y se quedó dormida a la sombra de aquel árbol.

Un leve cosquilleo en los labios la hizo reír suavemente, una delicada caricia en su mejilla logro robarle un suspiro, pero el oír entre sueños el sonido de cierta voz pronunciando su nombre la hizo abrir los ojos lentamente. Recordó que aún se encontraba en el jardín y un ligero escalofrió le recorrió el cuerpo entero, recargo las manos en el suelo y se acomodó para quedar bien sentada.

Un gran bostezo salió de su boca, provocando la risa de una persona frente a ella, tallo sus ojos para aclarar su visión y se dio cuenta de que la figura ante ella era la persona por la que había estado esperando todo el día.

Kristoff se encontraba de cuclillas ante ella, divertido por los movimientos de la princesa y cautivado, a la vez, por la figura ante él.

En el momento en que Anna lo reconoció expresión de emoción se dibujó en su rostro y se abalanzó sobre él, rodeando su cuello con sus delgados brazos; el rubio no tuvo tiempo de reaccionar y cayó sobre su propia espalda, Anna quedo encima de su fornido pecho, ante tal suceso, ambos rompieron en sonoras carcajadas.

Sus miradas se encontraron y las risas se detuvieron lentamente; el primero en reaccionar fue el rubio, quien al percatarse de la posición en la que estaban se sonrojo y carraspeo un poco, Anna lo noto y sus mejillas se colorearon ligeramente, inmediatamente se hizo a un lado, poniéndose de rodillas y permitiendo que Kristoff se sentara frente a ella, en una posición similar a la de los indios, ella noto que el rubio parecía haber escondido algo detrás de él, pero no le dio mucha importancia.

El tiempo había pasado y la noche abrazaría pronto a Arendelle, seria cuestión de tiempo para que tuvieran que entrar en el castillo.

-Hola -dijo Anna.

-Hola -respondió el.

Ambos se miraban con una sonrisa en sus rostros, hasta que Anna recordó que estuvo esperando por el todo el día, cruzo sus brazos y giro su cabeza a un lado, haciéndose la ofendida; Kristoff recargo ambas manos en sus piernas y arqueo una de sus cejas, confundido ante el repentino cambio de actitud.

-¿Qué pasa?- se atrevió a preguntar el, pero ella no contesto- Anna?

-¿Dónde estuviste todo el día?- pregunto ella sin devolverle la mirada.

Ante tal respuesta, Kristoff entendió el comportamiento de Anna.

-Yo...- comenzó a decir el nerviosamente.

-Tu...- dijo ella mientras seguía en la misma pose.

-Yo estuve en el pueblo- dijo el rubio mientras se rascaba nerviosamente la cabeza.

-Estuviste paseando, y no me llevaste?- Anna rompió su pose de enfadada y ahora lo miraba con ojos tristes, la mirada de ella lo hacía sentir un poco mal.

-No estuve paseando, estuve... buscando algo.

-¿Qué cosa?- pregunto ella curiosamente mientras sentía ligeramente a su corazón acelerarse.

-Pues...- el color subió a las mejillas de Kristoff- buscaba... un obsequio, para ti.

Anna sintió sus mejillas arder y una gran sonrisa se marcó en sus labios, se sintió un poco avergonzada, pero su alegría era más que evidente.

-Recordaste que día es hoy.

-Nunca lo olvidaría- dijo él.

Aquel día, aquella pareja cumplía meses juntos.

-Lamentó haberlo arruinarlo Anna.

-Que dices...

-Sé que pude venir más temprano, no sé, tal vez pasar por ti y...- el rubio no dijo nada más, Anna se abalanzó nuevamente hacia él, rodeando su cuello con sus delegados brazos; Kristoff apoyo una mano en el suelo para no volver a caer y con la otra la tomo por la cintura.

-¡Felices tres meses!- dijo alegremente Anna mientras se separaba lentamente del rubio.

-Felices tres meses- repitió el mientras sacaba un pequeño paquete de detrás de él, lo acerco a las manos de la pelirroja quien lo recibió emocionada.

Una expresión de asombro se apodero de su rostro al descubrir el contenido de la cajita de cartón, y pequeñas lágrimas resbalaron por sus rosadas mejillas.

-Yo sé, que no es la gran cosa, tu mereces más y...

-Kristoff- interrumpió la pelirroja mientras se limpiaba sus húmedas mejillas- es muy lindo, es el mejor regalo que me han dado.

El rubio le regalo una sonrisa torcida. Anna se puso de pie y saco del paquete el pequeño collar con un dije en forma de girasol.

-¿Me ayudas?

Él se levantó y ella le paso el pequeño collar, cuando lo tomo ella le dio la espalda, y lo paso por encima de su cabeza, sin dificultad alguna lo aseguro. Ella se dio media vuelta y envolvió las manos de Kristoff con las suyas.

-Gracias- dijo ella con una gran sonrisa en su rostro.

El rubio no dijo nada, se limitó a mostrarle una ligera sonrisa. Se soltó del dulce agarre de la princesa solo para posar sus grandes manos en los hombros de Anna, se acercó a ella y deposito un delicado y tierno beso en su frente; Kristoff se perdió en el dulce aroma de Anna; ante este contacto, ella cerro los ojos y sonrió ampliamente mientras lo abrazaba tiernamente por la cintura, le agradaba que el rubio tuviera gestos de ese tipo con ella. Se separaron segundos después.

-Eso fue lindo, no es que el regalo no lo haya sido, ese fue grandioso, increíble, pero debo decir que los besos también me gustan, no es que solo piense en besarnos, bueno a veces sí, ¿Que dije? olvídalo, pero el que te portes así es maravilloso, no estoy diciendo que nunca tengas este tipo de demostraciones...- y ahí estaba la Anna de siempre, balbuceando, haciendo graciosos ademanes y enamorando más y más a aquel hombre. El tomo una mano de la princesa y la entrelazo con la suya, al contacto Anna no dijo nada más; algo similar a un chispazo eléctrico recorrió el cuerpo de ambos, era increíble como aquel simple contacto causaba una sensación tan poderosa. Ambos lo percibieron y se sonrieron.

La temperatura había cambiado, comenzaba a hacer frio, la noche ya había caído en Arendelle; el jardín estaba iluminado por cortesía de una hermosa luna llena que brillaba en lo alto acompañada de miles de estrellas.

-Sera mejor que entremos- dijo el rubio al ver que Anna se estremecía ligeramente- hace frio y debes comer algo.

-Si, además, es adentro donde te daré tu regalo.

-¿Enserio? entonces... que estamos esperando- dijo el mientras le movía coquetamente las cejas a Anna. Ella se sonrojo fuertemente y se soltó del agarre de Kristoff.

-¿Que? No ¿Que estás pensando?- su rostro se pintó de mil colores al imaginar lo que sus palabras querían decir. Kristoff soltó una carcajada al ver su reacción.

-Era solo una broma- dijo el entre risas.

Anna le golpeo ligeramente el brazo. El casi no era de bromas y está realmente la tomó por sorpresa. El simplemente la envolvió por los hombros con un brazo y la acerco a su cuerpo depositando un suave beso en su cien derecha, ambos se dirigieron al interior del castillo, aun había tiempo para celebrar su pequeño aniversario.

Ya lo tenía desde hace mucho en el celular, y me dije "ahora es cuando".

Esto lo escribí el 26 de Abril; como es que lo recuerdo? Pues ese día fue el examen de admisión para la prepa, y mi hermano fue a presentarlo. Lo acompañe a él y a mi mamá, y en lo que esperábamos a que saliera, me puse a escribir, ya que mi mamá se puso a platicar con otras señoras que también acompañaban a sus hijos.

Gracias por leer.

Cualquier opinión y/o sugerencia es bien recibida, si esto les gusto o no háganmelo saber escribiendo en el recuadro de abajo, no cuesta nada. (solo no sean tan malvados)

"If you never try, then you'll never know..."