Hola a todos jaja, estoy aquí una vez más con estas ideas locas rondando en mi cabeza, ya que la inspiración se cortó un poco

Hola, de nuevo, jaja estoy muy ansiosa, jaja he encontrado salir de aquél estado de no inspiración gracias a esto, así que a lo mejor intentaré volver con mi otro fic, pero no por eso los abandonaré. Este capítulo estará interesante, a todos los que se preguntan si Bella no recordaría a Edward… veamos que sucede. Y habrá un APOV, es necesario para que se vayan ensamblando las piezas de la historia.

Pero antes que nada debo recordar como siempre: NADA ME PERTENECE TODOS LOS LUGARES Y PERSONAJES SON DE LA SUPER ESCRITORA STEPHENIE MEYER, YO SOLO ADAPTO SU HISTORIA A MIS IDEAS LOCAS.

Disfruten…

Recuerdos.

APOV.

Hoy iba a ser un día distinto, podía percibirlo en el aire, por suerte la tensión de este se calmó en cuanto vi a mi querido Jasper, mi novio, había salido con él desde hacía ya siete años, cuando me di cuenta de que no podía despegarme de él y él de mi, al principio fuimos amigos, él, su hermana, mis hermanos, Angela, Ben y yo, éramos los mejores amigos hasta por lo menos diez años atrás cuando nuestra amiga Bella Swan tuvo que mudarse con su madre a otro estado, recuerdo perfectamente ese día como si fuera ayer, cuando nos enteramos sentí que algo dentro mío se partía en mil pedazos, pero al que más le afecto fue a Edward, aún no lo entiendo, pero a partir de la salida de Bella de nuestras vidas él se tornó algo fanfarrón, egoísta, y su humor de vez en cuando andaba por los suelos, tal y como lo demostraban sus canciones cuando el tocaba el piano en casa, una de sus máximas pasiones, con el tiempo me fui acostumbrando a este nuevo Edward, a decir verdad nunca llegaría a acomodarme a él del todo, extrañaba su risa, su simpleza, que al parecer se había ido como nuestra amiga. Solo recuerdo que el día del cumpleaños de Edward nos enteramos de que ella se marcharía en una semana, teníamos ocho años, así que dedicamos nuestro tiempo a jugar con ella, pero aquella noche Edward y Bella se alejaron un poco y no los volví a ver hasta que apareció una Bella hecha lágrimas pidiendo a gritos quererse marchar cuanto antes, más tarde Edward regresó hecho una furia, lo que nos sorprendió a todos. El día en que Bella se mudó Emmett, mis padres y yo la fuimos a despedir, Edward no nos quiso acompañar, sabía lo mucho que le disgustaban a mi hermano las despedidas, pero Bella había sido nuestra mejor amiga, nunca nadie podría reemplazarla.

Al principio le escribía un poco a mi amiga, pero yo no soy de aquellas personas que les gusta escribir, así que pronto dejé de hacerlo, pero nunca la olvidaba. El único que pareció olvidarle en todo Forks fue mi hermano, y eso me dolió mucho, pues sabía que Bella le quería demasiado.

Era extraño que las memorias de mi infancia volvieran, por lo que tal vez, solo tal vez este día estaría lleno de sorpresas y no tardaría en sorprenderme.

-Te veo en el almuerzo, amor- se despidió Jasper de mí en frente del aula de Literatura.

La clase era de lo más aburrida, en eso estaba de acuerdo con Edward. El salón estaba ya casi lleno, pero había un aura que rodeaba al salón, una ola intensa de curiosidad se asomaba a través de los murmullos de la clase, me dirigí a mi lugar en espera de que empezara el día, pude ver a Angela y Ben entrando en el salón, todos estaban tomando asiento, Edward todavía no llegaba, seguramente Tanya lo había retrasado otra vez, esa chica me caía muy mal, no entendía aun por qué mi hermano salía con ella, eso había provocado una discusión entre Emmett, él y yo y no nos hablamos por una semana entera, hasta que al fin decidimos perdonarle un poco.

Alguien al lado del Profesor Berty atrajo mi atención, era una chica de estatura promedio, pelo castaño oscuro largo, por lo poco que podía ver de su rostro era pálida, estaba mirando fijamente al suelo, y sus mejillas estaban coloradas, debía de ser una chica nueva, pero había algo en ella que se me hacía familiar. Aunque a decir verdad, esta chica necesitaría en seguida un cambio de look, para mi gusto estaba muy simple.

-Buenos días- saludó al fin el señor Berty, quien tomó del hombro a la chica y la jaló al centro del pizarrón a la vista de todos.

-Buenos días- respondimos a coro.

La chica comenzó a ponerse más roja aún, seguramente sabía lo que le esperaba, la típica presentación. Me reí por lo bajo. El timbre sonó a lo lejos, mi hermano aún estaba desaparecido, él y Tanya… no me extrañaba.

-Hoy tenemos una agradable sorpresa- un murmullo se extendió por todo el salón- una nueva alumna ha llegado, démosle la bienvenida a Isabella Swan- cuando el profesor pronuncio su nombre una ola de alegría me invadió, ¡Bella había vuelto a casa!- señorita Swan siéntese al lado de la señorita Cullen- la pobre se veía muy tímida, tal y como aún la recordaba.

Le sonreí, esperando que me recordara. Avanzó cuidadosamente entre las tres primeras filas para sentarse a mi lado, no había rastro de que me hubiera reconocido, lo que se me hizo extraño.

-Hoy debatiremos el tema de la muerte de Romeo y Julieta- empezó el profesor, Bella sacó una libreta- por lo que dos de ustedes pasarán al frente…

-¿Bella?- la miré alegre y confusa, esperaba que así me reconociera.

-¿Nos conocemos?- murmuró confusa.

-¡Me has olvidado!- exclamé enfadada.

-¿Alice?- me preguntó sorprendida.

-Hola- reí divertida, al fin me recordaba.

Este iba a ser un día interesante. Justo en ese instante entro mi querido hermanito seguido por la odiosa de Tanya, Edward no iba a cambiar. Algo dentro de mí me dijo que no me precipitara y esperara, porque sentía que las sorpresas aún no acabarían.

-Lo siento profesor- dijo Edward.

-Pase señor Cullen- dijo molesto el profesor Berty- usted también señorita Campell.

Ambos tomaron sus lugares como de costumbre.

-Como iba diciendo, antes de la interrupción llamaré a dos de ustedes para debatir la muerte y el amor de estos dos personajes…- el profesor tomó la lista en sus manos- Mmm…

Bella a mi lado se tensó, ¿habría reconocido a Edward o por qué estaba así? Dejaría esta vez que el destino actuara por sí solo.

-Señorita Swan- Bella levantó la mirada, estaba aterrorizada, tuve que reprimir una risita- y por qué no… Señor Cullen- esto iba a ponerse de las mil maravillas.

¿Habrá Edward reconocido a Bella? Un rugido invadió al salón, Bella pegó un respingo, los chicos reían. Rodé los ojos, estos nunca cambiarían, desde que mi hermano se convirtió en el capitán del equipo lo han apodado el León, de ahí el chistecito del rugido.

-Una pequeña broma- le susurré a Bella, debía enterarse de lo que era bueno y lo que no en este pueblo, que había cambiado tanto en su ausencia- lo llaman el León…

Bella se puso nerviosa, podía sentirlo. La chica había cambiado mucho en estos diez años, su mirada antes alegre tenía un brillo de tristeza, una pena muy grande, su piel seguía tan pálida como la recordaba, pero no era la misma Bella, tenía algo distinto como una muralla difícil de traspasar. Me prometí a mi misma ayudar a Bella en lo que necesitara, como lo había hecho siempre. Ojalá no fuera la misma cabezota de siempre, pues en eso se parecía un poco a Edward, ellos dos harían una buena pareja…

-Señorita Swan usted nos explicará el por qué esta de acuerdo con la muerte y el amor imposible de estos dos jóvenes, y usted señor Cullen el por qué esta en contra- les explicó el profesor.

Realmente esto se iba a poner interesante.

BPOV.

Sentí mis orejas arder mientras avanzaba al centro del salón, seguida por este chico de ojos verdes. Algo de él se me hacía familiar, pero no sabía qué.

-Bien, los escucho- exigió el profesor, yo suspiré.

Las miradas posaban sobre nosotros, como si fuésemos un programa de televisión de lo más interesante.

-Eh…- comencé tratando de aclarar mi garganta, estaba nerviosa, por lo que decidí agachar la mirada- yo… estoy a favor de…

-Respira- me susurró el chico a mi lado, por lo que pegué un respingo.

Seguí su consejo sin apartar la mirada de mis pies. Al fin me armé de valor y levanté la mirada, todos me miraban con curiosidad.

-Estoy de acuerdo con el final y la trama de Romeo y Julieta- comencé, sentía como la vergüenza iba disminuyendo- en primer lugar la forma de descripción de Sheakespeare es solemne, como cada obra de él, en esta le destaca las consecuencias de un amor peligroso, un amor que trasciende las barreras de la lógica, y es prohibido como sucede en cada novela romántica, recordemos por ejemplo a Drácula y su amor por Mina, una historia siempre atrapa cuando el fruto prohibido es probado, porque siempre resulta la mejor historia, en el caso de los personajes de Sheakespeare sus familias estaban enfrentadas, pero aún así Romeo y Julieta se enamoraron, descubrieron que eran el uno para el otro y no podían vivir el uno sin el otro, de ahí que la muerte fuera necesaria para la unión de sus familias, que comprendieron al fin el significado del amor…

-Estoy en contra- me cortó el ojiverde, yo lo miré confusa- no se puede hablar de un gran amor cuando estos dos personajes a penas se conocieron una noche en un baile, no sabían nada el uno del otro, su amor es meramente pasional y no es algo maduro, por lo que nadie podría negar que Romeo estaba enamorado antes de otra joven hasta que conoció a Julieta, es un poco inmaduro de su parte pues decía profesar amor eterno a la otra chica, incluso el acude a la fiesta para verle pero se tropieza con Julieta, una chica más hermosa, que no conoce nada del amor, y que esta gustosa en salirse de las reglas que le impone el padre, por ello opino que su amor es inmaduro y puramente pasional, en cuanto a la muerte eso fue beneficioso para Verona, pero bien podría haber sido mejor que Romeo no fuera tan débil y dejara que las cosas marcharan por su camino, bien él y Julieta podrían encontrar a otras personas…- fue en ese entonces en el que sus ojos y los míos hicieron contacto.

Fue entonces que recordé, fue entonces que le recordé.

20 de Junio de 1998.

Edward cumplía años hoy, estaba de lo más feliz, sabía que me quedaba muy poco tiempo para disfrutar de ellos, alejarme especialmente de él, sería muy doloroso. A pesar de que éramos amigos, siempre me había gustado secretamente, ni su hermana Alice lo sabía y no tenía por qué enterarse. Al fin y al cabo solo teníamos 7 años casi 8.

Estaba contenta porque lo iría a ver, hacia por lo menos una semana que estaba encerrada en casa empacando las cosas con mamá para volver a Phoenix. Yo no quería irme, pero igual sabía que debía hacerlo.

Llegamos a la casa de los Cullen, una mansión a decir verdad, los padres de mis amigos eran lo que mi madre llamaba ricos con suerte. Pero a mi no me importaba, Alice, Emmett y Edward eran como mis hermanos, desde que tenía uso de razón estábamos los tres juntos a pesar de que Emmett nos llevara un año de diferencia.

-¡Feliz Cumpleaños!- corrí a abrazar a Edward en cuanto le vi.

Él me devolvió en abrazo, aunque parecía un poco molesto, no entendía por qué.

Nos dedicamos a jugar como siempre, inventamos historias para caracterizarlas, en más de una ocasión Edward me ayudaba a no tropezar conmigo misma, cosa que agradecía, era patéticamente patosa, eso lo había heredado de papá como recordaba mamá siempre. Esta vez jugamos a que unos vampiros nos perseguían, y debido a mi patosidad yo era la débil humana que debía ser rescatada por los otros valientes y buenos vampiros: los Cullen y los Hale, los malos en esta ocasión eran Ben y Angela, nuestros amigos parecían disfrutar del juego como nosotros.

Fue entonces cuando Edward me llevó al jardín. Decía que debía protegerme de los nómadas, como habíamos llamado a Ben y Angela. No puse objeción y le seguí. Su expresión se tornó dura en el momento en el que se volteó a verme, nunca le había visto así.

-Te vas a ir- me dijo.

-¿De qué hablas?- él sabía muy bien como me dolía el alejarme.

-Será como si nunca hubieras existido, y lo mismo pasara conmigo, me olvidarás- me respondió.

-Edward ¿de qué hablas?- podía sentir mis ojos arder, las lágrimas amenazaban con salir.

-Prométeme que te cuidaras, prométeme que te mantendrás a salvo y yo a cambio que todo será distinto- me dijo frío.

-Edward, yo nunca voy a olvidarte- le dije.

-Pero yo si- me miró frío- puede que tu memoria sea mejor que la mía pero yo prometo que no te recordaré.

-¿No me quieres?- las lágrimas me rodaron por mis mejillas.

-Lo siento…- sus ojos esmeraldas me miraron con odio intenso.

Salí corriendo en dirección a la mansión quería huir, quería irme a Phoenix ya, no me importaba ya Forks, odiaba este lugar verde y húmedo, quería irme ya. No me importó que Alice quisiera que me quedara demande irme enseguida y lo conseguí. Me juré a mi misma odiar eternamente a mi ahora ex amigo Edward Anthony Cullen, el chico de los hermosos ojos esmeraldas…

-El hecho de que no creas en el amor no quiere decir que no exista- le dije con odio y rabia.

-No hay nada que compruebe que existen las almas gemelas- me respondió duro, aún no sabía si me recordaba o no.

-¡El hecho de que no conozcas el amor Edward Cullen no significa que no exista!- le grité.

Fue entonces que me percaté de que estábamos en medio de un salón con la mirada de todos los presentes posada en nosotros, Alice me miraba sorprendida. Entonces hice lo que mi instinto me dictó: salí corriendo del salón, dejando atrás a un profesor y sus alumnos atónitos.

EPOV.

Me quedé atónito frente a lo ocurrido, cómo esa chica sabía mi nombre, nunca la había visto o al menos no la recordaba. Era una chica extraña, pero sus ojos miel me eran terriblemente familiares, estaban llenos de tristeza en un momento y luego, cuando soltó todo aquello, su mirada fue de odio intenso ¿Cómo podía alguien odiarme sin conocerme? Fue una pregunta que estuvo rondando en mi mente todo el día.

Iba a descubrir quién era ella, y por qué me odiaba tanto, algo me decía que estaba muy cerca de conocer la respuesta…

¿Y bien? ¿Qué les ha parecido?

Se que fue rápido, pero creo que debían saber un poco de la historia de estos dos ahora y no hasta el final… jaja

Gracias especialmente a:

Dark Warrior 1000: Es bueno saber que te gusta la historia, trataré de hacer más EPOV, lo mejor que pueda XD.

Bueno chicos yo me despido, y los espero en el siguiente capítulo.

XOXOX

Aye436 (¿quién más si no?)