Wolas caracolas!
Espero que estéis teniendo un principio de semana estupendo!
Puede que mañana no pueda actualizar por la mañana... estamos en pleno semestre y tengo un montón de trabajo que hacer, pero lo intentaré, si veo que estoy muy saturada está semana, pues la siguiente empezaré a actualizar un día si y un día no... Lo sientoo! Pero cuando llegue junio estaré completamente libre durante 2 meses y medio! UEUEU
Disfrutad del capítulo!
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de IcyPanther -.
Capítulo 6 – Pansy, The Horror… Oops! I Meant Angel! (Pansy, el Horror… ¡ups! ¡Quería decir Ángel!)
- Supongo que os han podido ayudar en San Mungo, ¿cierto? – preguntó Dumbledore a las tres personas llenas de hollín que habían aparecido por su chimenea y aterrizado en su gran alfombra.
- Sí profesor, han podido ayudarnos. – dijo Hermione alegremente, se puso en pie, sacudiéndose la ceniza de sus ropas y después las de la ropa de Draco – Sería mejor que nos dirigiéramos a nuestra sala común para asearnos. Gracias por dejar que fuéramos a San Mungo.
- No ha sido ningún problema. – contestó Dumbledore con una sonrisa y con un brillo familiar en los ojos mientras miraba al pequeño Draco - ¿Quieres un caramelo de limón, Draco? – le preguntó, amablemente.
Draco abrió la boca para decir que sí, pero Hermione le ganó la carrera.
- Draco, di: no gracias, profesor Dumbledore. Ya se ha comido bastantes dulces, mientras estábamos fuera, ¿no es así Draco? – el niño sacó su labio inferior en un adorable puchero.
- Bueno, no quiero arruinar tu apetito para la cena. – dijo Dumbledore alegremente – Ya podéis marcharos… y ¿Señorita Granger, señor Potter? He hecho que os envíen los deberes que os han puesto en vuestra ausencia a vuestras habitaciones.
- Gracias, profesor. – dijo Hermione con gratitud – Vamos, Harry, Draco. – les dijo, dirigiéndose hacia la escalera. Draco la siguió, mirando con tristeza el tarro de caramelos, mientras Harry le daba una palmadita de despedida a Fawkes.
- ¡Ahá! ¡Aquí estáis! ¿Qué ha pasado con vosotros tres? – les preguntó Leviculus, con una sonrisa traviesa en su rostro y su gorro de bufón tintineando alegremente mientras saltaba.
- Un pequeño accidente. – dijo Hermione suavemente, prefiriendo no entrar en detalles – Hemos estado todo el día en San Mungo, por eso no hemos estado por aquí.
- ¡Oh, dios mío! – jadeó el bufón, llevándose dramáticamente las manos al corazón - ¿Estáis todos bien? – preguntaba al tiempo que sus ojos recorrían al trío en busca de cualquier signo de lesión, pero a pesar de su escrutinio, sólo pudo hallar restos de hollín en sus ropas.
- Todos estamos bien, Leviculus. No es algo de lo que preocuparse. – le aseguró Hermione – Pero estamos muy cansados y sucios… ¿te importaría dejarnos entrar?
- ¿La contraseña, querida? – le preguntó el bufón de manera encantadora.
- Parvulus.
Con una elegante inclinación, Leviculus abrió el retrato para dar paso a la extrañamente decorada habitación. Con un suspiró Hermione entró, trotando hasta el sofá, dejándose caer en él, mientras se frotaba el cuello distraídamente.
- ¿Qué te pasa, Hermione? – le preguntó Draco, saltando en el sofá junto a ella, con sus ojos plateados atravesando los acaramelados de Hermione - ¿Te duele el cuello?
- Sólo me duele un poco, Draco. – el chico le mantuvo la mirada durante un momento, antes de correr hacia la habitación de Hermione, abriendo la puerta. Tanto ella como Harry, permanecieron inmóviles, preguntándose que era lo que iba a hacer. Un momento después, salía de la habitación con un cuenco marrón cuidadosamente entre sus manos.
- Es esencia de Murtlap. – dijo Draco con orgullo, trepando hasta el lado de Hermione – Lo encontré en tu baúl ayer.
- ¿Y qué hacías con mi baúl? – le preguntó ella, aceptando el cuenco con una sonrisa. El niño bajó su mirada a sus pies.
- Tenía curiosidad. – murmuró.
- Está bien, no estoy enfadada. – le dije, dándole un suave abrazo – Eso sí, no lo vuelvas a hacer, ¿de acuerdo? – Draco asintió – Bien. Y ahora, ¿Por qué no nos arreglamos todos y después bajamos a cenar? ¡Tienes que estar muriéndote de hambre, Draco!
- Estoy un poco hambriento. – admitió con una tímida sonrisa.
Los tres se dirigieron hacia sus habitaciones, volviendo a salir de ellas varios minutos después, vestidos con ropas limpias y libres de hollín en sus rostros.
- ¿Listos? – preguntó Hermione alegremente, cogiendo a Draco entre sus brazos.
No estaba muy segura de por qué, pero le gustaba llevar al niño en brazos a pesar de que tenía la edad suficiente para caminar. Simplemente algo de la forma en que lanzaba sus brazos alrededor de su cuello o la pequeña fuente de calor que desprendía su pequeño cuerpo le derretía el corazón y eso le hacía querer abrazarlo.
El trío caminaba en silencio por el pasillo, bastante agotados por los acontecimientos del día, excepto Draco, aun en marcha gracias al exceso de azúcar. Se mantenía tranquilo desde que había percibido que sus tutores estaban bastante cansados.
Ya en el Gran Comedor, Hermione casi se derribó en el banco, con la cabeza apoyada en la de Draco como almohada. El niño se retorció incómodamente, haciendo que su estómago se apretara en el borde de la mesa. Ginny dándose cuenta de la situación, cogió a Draco del regazo de Hermione, sentándolo en el banco junto a ella.
- ¿Tienes hambre? – sin esperar respuesta, Ginny puso una cucharada grande de espaguetis en el plato de Draco, seguido de varias barritas de zanahoria y un pedazo de pan – A comer.
Draco no necesitó que le insistiera dos veces. En cuestión de minutos – incluso con la delicada manera de comer de Draco y sus costumbres – el plato volvía a estar reluciente. Sorprendida, Ginny le dejo unas galletas y una ciruela como postre en el plato.
- Gracias… uhm, ¿Cómo te llamas? – murmuró Draco, con un pequeño rubor cubriendo sus mejillas.
- Ginny. – le contestó la chica - ¿Quieres algo más de comer?
- No, gracias, Ginny. – le respondió Draco educadamente – Estoy lleno.
Junto a él, Hermione dormitaba, con la cara hundida en un tazón de gelatina, completamente ajena a la sustancia pegajosa que se adhería a su pelo. Harry estaba prácticamente igual que Hermione; aunque su cara simplemente estaba tendida en el mantel, con la cuchara sopera todavía en una de sus manos.
- ¿Por qué están tan cansado? – preguntó Draco.
- Harry y Hermione han tenido un día largo. – río Ginny. Todo el colegio ya se había enterado del accidente en clase de pociones que implicaba al pequeño Malfoy. Y a causa de ello, la mayoría de Gryffindors, que siempre se habían considerado a sí mismos enemigos jurados de Draco Malfoy, realmente le habían tomado cierto cariño al niño. Después de todo, había conseguido que Snape no castigara a Harry y Hermione.
- ¿Qué han hecho?
- Volverse locos por ti, asumo. No te preocupes. – se apresuró a decirle Ginny al ver como los ojos de Draco se ensanchaban – Fue por una buena causa. Realmente se preocupan por ti, Draco. No olvides eso.
- ¿Incluso Harry?
- Incluso Harry. – le dijo Ginny con firmeza – Los dos están haciendo lo que pueden para asegurarse de que seas feliz mientras estés aquí. Nadie hará nada para hacerte daño, ¿lo entiendes? – Ginny también había notado la forma en que Draco miraba a Harry a veces y poco a poco creía haber descubierto la pieza que faltaba en lo que ella pensaba sería la solución exacta. Tendría que consultarlo con Hermione para confirmarlo, pero por ahora se aferraría a su idea.
- ¿Te gusta Harry? – Ginny se quedó mirando con la boca abierta a Draco, debido a lo fortuita e intensa que era la repentina cuestión.
- ¡Sólo es uno de mis mejores amigos!
- Ajá… - dijo el niño, con una sonrisa en su rostro.
- ¡Es sólo un amigo! – Draco volvió a dedicarle una sonrisa, antes de beber un sorbo de leche, ignorando deliberadamente la situación.
- ¿Qué? – dijo Hermione, sacando la cabeza de la gelatina - ¿Qué le has dicho a Ginny?
- Nada. – dijo la pequeña Weasley con irritación, cruzando los brazos sobre su pecho - Voy a ir a ponerme con mi trabajo de Pociones. Después hablamos, Mione. Ah, y tienes gelatina en la cara. – dijo sacando su mochila de debajo del banco y saliendo del Gran Comedor con un rubor todavía tiñendo sus mejillas.
Furiosamente, Hermione se frotó la mejilla para eliminar la pegajosa substancia, Draco miraba como dos chicos se levantaban de la mesa de Slytherin con una pequeña niña agarrada de sus manos, con interés en sus ojos.
- ¡Hermione! ¡Pansy está viniendo hacia aquí! – gritó el chico con entusiasmo. Harry pegó una sacudida en su asiento, con sus ojos esmeraldas desorbitados por el terror.
- En ese caso, yo ya me iba. – anunció, comenzando a ponerse en pie, pero a tiempo Hermione le dio un tirón en el brazo devolviéndolo a su sitio.
- Oh, no. No lo harás. – dijo entre dientes Hermione – Ambos tenemos que cuidarla, antes estuviste de acuerdo.
Harry estaba a punto de decirle que prácticamente le había obligado a ello, pero en ese momento, Blaise, Neville y Pansy llegaron a la mesa de los Leones, los tres sonrientes.
- Aquí la tienes, Mione. – dijo Neville, dándole un leve empujón a Pansy en dirección a la Gryffindor – Recuerda, Pansy, tienes que ser una buena chica, ¿vale?
- ¡Vale! – gritó, subiendo al banco junto a Draco - ¡Adiós Neville! ¡Adiós Blaise! – un poco desconcertados, por la actitud de la pequeña Slytherin, los dos chicos salieron de allí apresuradamente, dando brincos incluso, al darse cuenta de que serían libres durante varias horas.
- Vosotros dos, vamos. – dijo Hermione, tirando de cada niño de la parte de atrás de sus túnicas – Es hora de que nos vayamos a nuestra sala común. – alegremente, Draco y Pansy siguieron a Hermione mientras Neville se detuvo junto a Harry para que pudiera ir con él a recoger alguno de los pijamas de Pansy.
- Ya hemos llegado. – anunció Hermione, parándose frente al retrato de Leviculus. Con un susurro le dijo la contraseña y el retrato se abrió, el bufón estaba medio dormido, con la cabeza apoyada peligrosamente cerca de una espada.
- ¡Qué brillante! ¡Me encanta! – exclamó Pansy, corriendo hacia el sofá de color naranja, empezando a saltar encima de él con entusiasmo – Mi sala común es aburrida, sólo verde y azul. ¡Esta me encanta!
- Me alegra que a alguien le guste. – murmuró Harry, entrando unos segundos después, con un pequeño montón de ropa entre sus brazos – Me hubiera gustado que nos tocara la sala azul y verde.
- ¡Pero los colores son bonitos! ¿Cómo puedes no querer esta sala? – preguntó Pansy, mirando con curiosidad a Harry, mientras tenía agarrada entre sus manos un cojín amarillo - ¡Es como un arco iris!
- Algunos preferimos no quedarnos ciegos todos los días. – le contestó Harry, todavía parpadeando al ver las paredes de lunares.
Una fracción de segundo después, Harry estaba saltando a la pata coja por toda la habitación debido al dolor, agarrándose la espinilla que la pequeña Slytherin le había pateado, con el ceño fruncido.
- ¡TE GUSTA LA SALA ARCO IRIS!
- ¡BIEN! ¡ME GUSTA! – gritó Harry, fulminando a Pansy con la mirada, que de repente sonreía inocentemente con las manos detrás de la espalda.
- ¡Ven, Draco! ¡Vamos a jugar! – dijo Pansy agarrando al otro Slytherin, arrastrándolo hasta su habitación y Harry suspiró de alivió al ver que la chica había desaparecido.
Hermione cruzó por encima de la mesa y cogió la pila de deberes que Dumbledore les había traído.
- Hora de hacer deberes, Harry. – dijo apresuradamente, mientras dividía la pila por la mitad y cogiendo su parte.
Harry resopló en cuanto vio una de las tareas que debían hacer.
- Escribir un diario que represente las actividades que has hecho durante el día. Después compararlas en la sección de "Eventos Diarios" de vuestro libro "Disipar las Nieblas del Futuro" – leyó Harry - ¿Adivinas lo que eso significa, Mione?
- ¿Qué tienes otra estúpida tarea de Adivinación?
- Sí. Que tú también tienes la estúpida tarea de Adivinación. – Hermione levantó bruscamente la cabeza – Comprueba tu pila de deberes… recuerda que Tobin dijo que era recomendable cambiar algunas de nuestras clases.
Frenéticamente, Hermione empezó a buscar entro sus deberes, abriendo la boca extremadamente, al encontrar un pergamino idéntico al de Harry.
- Esto no me puede estar pasando. – murmuró - ¡No puedo ir a esa clase, simplemente no puedo!
- Y no te olvides de nuestra apuesta. – dijo Harry sonriendo, con una expresión alegre en su cara – Tienes que hacer mis deberes durante una semana… aquí tienes. – dijo, empujando su pila de deberes hacia Hermione – Este es el primer día.
Un fuerte grito interrumpió lo que podría haber sido un argumento de la castaña, al tiempo que Draco salía corriendo de su habitación, con Pansy pisándole los talones. El hermoso pelo rubio del chico ahora estaba teñido de un color rosa brillante y de punta.
- ¡MIIOONNEEEE! – se lamentó Draco, escondiéndose detrás de Hermione, al tiempo que Pansy se daba de bruces contra ella - ¡MIRA LO QUE LE HA HECHO A MI PELO!
- Pansy. – dijo Hermione medio riendo, intentando sonar severa y fallando miserablemente en el intento - ¿Qué le has hecho a Draco?
- Le he teñido el pelo. - dijo riendo - ¡Creo que ahora le queda mejor!
- ¿Cómo lo has hecho?
- He utilizado una varita.
- ¿Una varita?
Como respuesta, Pansy levantó la mano con una varita muy familiar… la varita de Harry.
- La vi en su bolsillo… sólo la quería coger prestada un ratito.
Se escuchó un lastimoso maullido y Crookshanks se escabulló de la habitación de Draco, con su habitual anaranjado pelaje ahora color verde lima.
- ¡También se lo he hecho al gato! – después de pensarlo un segundo, levantó la varita en dirección a Harry - ¡Crispus! – al instante, el pelo de Harry se convirtió en una masa de rizos, muy a lo afro - ¿Puedo hacerlo también en tu pelo, Hermione? – Pansy pensó que sería cortes preguntarle antes, ya que ella le había ayudado esa mañana.
- No, por favor. – dijo Hermione débilmente, con la risa burbujeando en su interior. ¿Draco con el pelo rosa y de punta y Harry como un afro? Necesitaba plasmarlo… antes de que cualquiera de los chicos pudiera escapar; apresuradamente tomó una fotografía, mientras ya reía como una loca, Crookshanks también había sido capturado en una de las esquinas de la fotografía.
- ¿Puedes arreglar mi pelo? – rogó Draco, estirando la túnica de Hermione - ¡No lo quiero rosa! – con un movimiento de su varita, el pelo de todo el mundo volvió a su color y forma habitual, el gato de Hermione se acercó a ella para agradecérselo antes de salir corriendo hacia el baño, escapando de Pansy.
- ¡Lo has arruinado!
- Lo he arreglado. – le corrigió Hermione – Y ahora, ¿Por qué no le devuelves a Harry su varita? – con un suspiro, la niña de mala gana se la entregó a Harry - ¿Y ahora por qué no vais a jugar tranquilamente?
Los dos niños volvieron a meterse en la habitación de Draco y Hermione volvió a sentarse en el sofá, recogiendo una vez más, con las manos, el pergamino de la tarea de Adivinación.
- ¿Por qué me tiene que pasar esto? – se quejó, arrugando el pergamino en una bola - ¡No voy hacerlo! ¡Ese fraude no puedo hacerlo!
- Es de evaluación. – dijo con calma Harry, recogiendo la bola de papel de donde Hermione la había tirado – Si no lo haces, tu promedio de calificaciones bajará y ya no serás la bruja más inteligente de tu generación. – a medida que Harry hablaba la cara de Hermione palidecía.
Murmurando una maldición, Hermione le arrebató el papel de las manos a Harry, comenzando a escribir notas en uno de los laterales. Harry tomó un libro de Qudditch de una de las estanterías y comenzó a leerlo, mirando por el rabillo del ojo como Hermione hacia las tereas de los dos montones de papeles.
Habían estado trabajando en relativo silencio durante los siguientes minutos cuando otro grito, una vez más de Draco, hizo añicos la tranquilidad. La puerta de la habitación del pequeño Slytherin volvió a abrirse y Draco salía de allí perseguido por Pansy.
Pero esta vez en lugar del pelo, el problema estaba en su cara. La tenía llena de pintalabios rojo con una sombra de ojos verde aplicada desordenadamente. Dos círculos de color rosa brillante cubrían sus mejillas en un intento de simular un rubor.
- No es de extrañar que Neville necesitara un descanso. – murmuró Harry comprensivamente, mientras Draco volvía a ponerse detrás de Hermione.
- Pansy… ¿Qué has hecho esta vez? – preguntó Hermione, frotando la mejilla de Draco, con un pañuelo que había conjurado.
- He decidido hacerle un cambio de imagen a Draco… cogí el maquillaje de mi baúl. – dijo, enseñando entre sus manos varias barras de lápiz de labios y otras cosas que había usado cuando era la Pansy adolescente.
- No creo que a Draco le guste eso y no te aconsejo que vuelvas a hacerlo. – le advirtió Hermione, dándole un abrazo a Draco cuando todos los productos de su cara habían desaparecido.
- No lo haré. – una vez más, Pansy agarró a Draco por el brazo arrastrándolo hasta su habitación.
- Parece ser bastante dominante. – reconoció Harry, después de haber estado observando la escena con gran interés.
- Pobre Draco… me pregunto cómo acabaron haciéndose amigos, él es tan dulce y ella es tan…
- ¿Horrible?
- Esa podría ser la palabra correcta… definitivamente no es un ángel.
Afortunadamente para los dos adolescentes, - ya que Hermione todavía tenía que hacer los deberes de los dos – los niños se quedaron en silencio durante la siguiente hora, de vez en cuando se escuchaba alguna risa seguida de suaves voces.
Con un bostezo, Hermione miró el reloj, sorprendiéndose de ver que eran casi las ocho. Quería que Draco estuviera metido en la cama a las ocho y media por lo que debería darse prisa en el baño.
Estirando su espalda, la castaña dejó los deberes encima de la mesa y se encaminó hacia la puerta de la habitación de Draco. Los niños estaban estirados en la cama de Draco, coloreando un libro de dibujos y ni se habían fijado en Hermione.
- El dragón tiene que ser de color verde. – insistía Pansy, sosteniendo entre sus dedos el color deseado.
- Rojo. – protestó Draco.
- Verde.
- Rojo.
- Verde.
- Rojo.
El silencio reinó por un momento, hasta que cada uno atacó al dragón con su respectivo color, Hermione miraba con fascinación como el dibujo en realidad empezaba a quedar bien.
El color verde cubría el cuerpo del dragón mientras que el rojo de Draco cubría los picos de la espalda y el fuego que salía de su boca.
- Terminado. – dijeron a coro, sonriendo hacia adelante.
- Ha quedado muy bien. – comentó Hermione.
- ¿De verdad? – le preguntó Pansy, obviamente intentando conseguir más elogios.
- El color verde y el rojo funcionan muy bien juntos… después de todo, son colores complementarios.
- ¿Colores complementarios? – preguntó la niña, frunciendo el ceño con perplejidad - ¿Cómo vecinos?
- Algo así. Los colores complementarios son los que están frente a frente en el círculo cromático. La gente dice, que aunque sean opuestos, se complementan o se adaptan muy bien entre sí.
- Oh.
- Odio romper la sesión de colorear, pero ambos tenéis que tomar un baño y ya se está haciendo tarde.
- Joooo – se quejaron, haciendo un puchero – No queremos tomar un baño. – dijeron a la vez.
- Una pena. Ninguno de los dos se dio un baño ayer, así que ahora lo recibiréis. Vamos. – cuando vio que ninguno de los dos se movía, Hermione acabó de entrar en la habitación y cogió a Draco entre sus brazos, el cual estaba inmóvil, con los ojos caídos y adormilados. Al parecer el alto nivel de azúcar que había ingerido empezaba a desaparecer.
Pansy, por el contrario, estaba de todo menos cansada. Harry se apresuró al rescate de Hermione, sacando a Pansy de la cama e intentando detener sus puntapiés, sin mucha suerte. Unos minutos más tarde, los niños estaban dentro de la bañera, mientras Harry sostenía una bolsa de hielo contra su estómago, debido a los moratones que rápidamente habían aparecido.
- ¿Ya hemos terminado de bañarnos? – gimió Pansy, deslizando entre sus dedos un puñado de agua. Viendo lo pequeños que eran, no habían tenido problemas en meterlos juntos en la bañera, con lo cual les hacia el trabajo más fácil ya que Pansy parecía calmarse alrededor de Draco.
- Ni siquiera cerca. – dijo Hermione riendo – Daos la vuelta, tengo que lavaros el pelo. – obedientemente, Draco y Pansy hicieron lo que les pedía y Hermione se echó un chorro de champú en las manos.
- ¡ME HACES DAÑO! – gritó con fuerza Pansy cuando Hermione empezó a frotar su cabeza, apretando en el cuero cabelludo para limpiar bien todas las zonas.
- Quédate quieta. – gruñó Hermione, empezando a verter un cubo lleno de agua en la cabeza de Pansy – Y cierra los ojos. – añadió, no queriendo que el champú se le metiera en los ojos. Draco río, disfrutando de ver que su amiga obtenía lo que merecía después de lo que le había hecho.
La risa Draco finalizó cuando Hermione empezó a lavarle la cabeza a él, empezando a gritarle que parara y ahora era Pansy la que reía.
- ¿Hemos terminado ya? – preguntó Pansy.
- Nop. – dijo Hermione, entregándoles a cada uno una esponja llena de jabón – Enjabonaros vosotros mismos y después quedaros aquí un momento, mientras voy a buscar los pijamas. Harry… vigílalos. – el chico asintió miserablemente, todavía sosteniendo la bolsa de hielo en su estómago.
Una vez que Hermione había salido del baño, Pansy se puso un dedo en los labios y con la mano libre señalo a una de las repisas del baño. Crookshanks estaba tumbado en un lado, con la cola colgándole. Con idénticas sonrisas, Pansy tiró de la cola del gato el cual cayó directamente en la bañera.
Draco, rápidamente, le puso una mano en la boca para evitar su maullido, Pansy se inclinó hacia la repisa de abajo, cogiendo el champú. Vació casi toda la botella sobre el enfadado animal, empezando a enjabonar su pelaje, decidida a que el gato también tomara un baño.
Cuando Hermione volvió al baño, la boca se le abrió del horror.
- ¡Crookshanks! – gritó, corriendo hacia los niños y tirando del gato fuera de su alcance – Mi pobre angelito, ¿estás bien?
Como respuesta, Crookshanks escupió unas burbujas al tiempo que daba un salto hasta el suelo, agitando su pelaje, haciendo volar un montón de espuma blanca por el aire, antes de salir corriendo del baño con un siseo.
- ¡Draco! ¡Pansy! ¿Qué estabais haciendo?
- Dándole un baño al gatito. – dijo Pansy sonriendo – Estaba sucio.
Hermione fulminó a Harry con la mirada en busca de un culpable.
- ¡Ni siquiera lo he escuchado, Mione! ¡Te lo prometo!
- ¡Eres imposible! – le gritó, dándole un golpe en la cabeza – Vosotros dos, fuera del baño, ahora. – los dos cogieron una toalla que había aun lado de la bañera y salieron de ella, sin dejar de sonreír con picardía.
Después de estar secos, Draco y Pansy se vistieron con el pijama que Hermione les había traído. El de Draco era un pantalón largo y una camiseta negra y el de Pansy era un camisón verde con encaje en los puños.
- ¿Me haces una tranza, Hermione? – le preguntó Pansy, tirando de la manga de la chica - ¡Quiero que esté rizado cuando mañana me despierte! ¡Entonces esos dos idiotas no tendrán que hacerme nada en él!
Hermione asintió, haciéndole señas a la niña para que le siguiera a la sala común. Draco y Harry las siguieron justo después, Harry caminaba doblado debido a las patadas que le había propinado Pansy.
Colocando a la niña delante de ella, Hermione comenzó a coger unos mechones de cabello oscuro haciéndole una apretada trenza, mientras Draco miraba con interés y Harry se desplomaba en el sofá. Justo cuando Hermione terminaba con la trenza, la voz de Leviculus llegó a la sala.
- ¡Dos jóvenes caballeros están aquí diciendo que vienen a recoger a Pansy!
- ¿Por favor, podrías dejarles entrar, Leviculus? – amablemente el retrato se abrió, revelando a Blaise y a Neville, que al entrar se pararon observando los brillantes colores de la sala.
- Gracias por cuidarla, Mione. – le dijo Neville, dedicándole a su amiga una sonrisa – Espero que no haya sido un problema.
- No, en absoluto. – dijo Hermione, haciendo que la boca de Harry se abriera de la sorpresa. Pansy había resultado ser un pequeño demonio en su opinión – Hora de irse, Pansy. Hemos pasado un rato muy agradable.
- No, gracias por haberme permitido venir. – dijo la chica, inclinándose en una pequeña reverencia. Tanto ella como Draco se dieron un abrazo de despedida y haciendo un gesto a Hermione y Harry la niña se fue, dejando la sala una vez más en calma.
- ¿Puede venir otra vez mañana Pansy? – preguntó Draco.
Los dos jóvenes se miraron, viéndose reflejados en las facciones de horror del otro. Entonces, muy claramente, dijeron a la vez:
- ¡No!
JAJAJA como adoro a esta pequeñaja, pobre Draco, pobre Harry, pero sobre todo pobre Crookshanks... xDDD
Espero que os haya gustado, nos vemos mañana, pero será un poco más tarde de lo normal ;)
Besacos!
Contestación a los reviews sin cuenta:
Guest: Me alegra que te guste la historia! Sii Draco es puro amor, tan comestible... (L) y tío Sev es tan adorableee, yo creo que esa es una faceta de Snape que existe, seguro que si hubiera acabdo con Lily hubiera sido un padrazo! ;) JAJAJAJA Pansy es una cosa... que mejor tener lejos.. xDDD Espero quqe disfrutes del cap ;) Besos!
SALESIA: JAJAJAJAJA pobre Harry con lo que ha tenido que sufrir en este cap por culpa de la diablilla de Pansy.. xD en su defensa diré que creo que el pobre no está acostumbrado aún a ser "papá", pero creo que en el siguiente cap te robará el corazón ;) lo sé ^^ jajajaj Si creo qeu es más el encanto Draco, poruqe si se comportara como un Malfoy... pero no Draco es puro amor y encandila a todo el mundo con el que se cruza, aiss es tan comestiblee :3 JAJAJA como hemos podido ver Pansy es GENIAL lógicamente Neville y Blaise necesitaban un descanso... xDD Si, han tenido suerte con Snape de tener a Draco como compañero de grupo jajaja es tan increible ver bajar la cabeza a Snape ante su ahijado jajaja los amoo! YEEEYY eres la única que se ha dado cuenta de lo de la profesora Sprout, bien visto ;) ya veremos que pasa cuando todo vuelva a la normalidad ;) Han sobrevivido aunque por poco... sobre todo Harry y Crookshanks... Espero que te guste el cap! Besazos guapaaaaaa! (L)
