Wolass!
Valeee, si nunca cumplo nada de lo que digo... xD soy así... pero si lo cuelgo ahora pitando, podré dedicarme todo el día a hacer trabajos... a ver si adelanto algo... xD
A leer, este capítulo me encantaa!
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de IcyPanther -.
Capítulo 7 – A Pause for Acceptance (Una pausa para aceptarlo)
Se quedaron en un momento de silencio, los dos jóvenes disfrutando de la tranquilidad de la sala.
- ¿Tengo que irme a la cama? – gimoteó Draco, tirando de la túnica de Hermione – No estoy cansado. – dijo al tiempo que bostezaba, con los ojos muy abiertos intentando reprimir el segundo bostezo que le llegaba.
- Parece que estas bastante preparado para una buena noche de descanso. – observó Hermione – Vamos a cepillarte los dientes y después a leerte un cuento, ¿de acuerdo? ¿Draco?
- Parece que Pansy lo ha agotado. – dijo Harry riendo – Tal vez, deberíamos traerla por aquí más a menudo.
- Creo que no. – Hermione se erizó, comenzando a caminar hacia la habitación de Draco - ¡Mi gato esta empapado gracias a esa pequeña niña! Admito, que a veces puede ser dulce, pero no la quiero aquí todo el tiempo.
Harry se sentó en el sofá mientras Hermione metía a Draco en su cama y volvía a la sala común, después de asegurarse que la luz de noche en la habitación del niño estaba encendida.
- Parece que habrá tormenta esta noche. – comentó la chica, mirando por el ventanal.
Y de hecho, así era. Unas grandes y negras nubes se estaban reuniendo en el cielo por entre las cuales se podía ver cada pocos segundos un rayo de luz solar. Los árboles se inclinaban debido a la fuerza del viento, hojas y otros pequeños objetos volaban por los jardines del castillo.
Harry se unió a Hermione al ventanal y juntos observaron cómo unas gruesas gotas de lluvia comenzaron a golpetear contra el cristal de la ventana, hasta que la llovizna se convirtió en un aguacero impresionante.
- Es el momento perfecto para contar historias de terror. – remarcó Harry.
- No me gustan las historias de terror. – le contestó Hermione mientras se estremecía, apretándose la túnica mientras se rodeaba con los brazos. Un fuerte trueno rasgó el aire, al tiempo que todas las velas y la chimenea se apagaron, debido a una fuerte ráfaga de viento que entró por dicha chimenea – Lu-lumos. – tartamudeó, mientras la punta de su varita se iluminaba, proyectando un brillo escaso sobre su rostro, pálido de miedo – De verdad, que no me gusta esto, Harry. – murmuró, saboreando el calor que despedía el moreno, por el aparente frío que pareció cernirse sobre la sala.
- Te he dicho que era el momento de las historias de terror. – le dijo Harry sonriendo – Vale, tengo una muy buena… ¿quieres que te la cuente?
- No especialmente… pero lo harás de todos modos, así que adelante.
- Era una noche oscura y tormentosa, - comenzó Harry bajando el tonto de voz – tanto como esta. Un anciano estaba sentado en su vieja silla, junto al fuego, con un perro a sus pies mientras le daba una calada a su pipa. Cuando estaba casi dormido, un golpeteo sonó en la puerta principal. – golpeó tres veces con sus nudillos en el alféizar de la ventana, con una diabólica sonrisa en su boca – Pensando que sería un viajero atrapado bajo la lluvia, el anciano fue a abrirle la puerta. Pero cuando llegó allí, no había nadie. Olvidando todo el asunto, volvió a su silla, abriendo el periódico. Pero, minutos más tarde, el golpeteó volvió a sonar. – una vez más, Harry volvió a golpear con los nudillos la ventana – Una vez más, el anciano caminó hacia la puerta, volviendo a encontrarla vacía. Encogiéndose de hombros, volvió a su silla, acariciando al perro que se había incorporado. Segundos después, otros tres golpes volvieron a sonar. Ignorándolos, creyendo que eran parte de su imaginación, el hombre, se quedó dónde estaba. Una vez más sonaron, pero él seguía sentado. El golpeteó cada vez era más insistente, más rápido, haciendo que el perro aullara y el anciano se cubriera sus oídos. Y entonces… ¡se detuvieron! – para ese entonces, Hermione ya estaba agarrando la parte delantera de la túnica de Harry, con los ojos marrones dilatados por el terror.
- Y después, lentamente… muy lentamente… volvieron a sonar tres golpes más. – toc, toc toc. Harry levantó la vista sobresaltado – Era mi papel hacer sonar la puerta, Mione.
- Yo no he hecho nada. – respondió ella con voz temblorosa. Toc, toc, toc. Hermione gritó a la vez que Harry se ponía delante de su amiga de manera protectora, con su varita en la mano.
- ¿Señor Potter? ¿Señorita Granger? ¿Estáis ahí? ¡Abrid la puerta! – exigió la severa voz de la profesora McGonagall.
- Sólo es McGonagall… - dijo respirando profundamente Harry, cruzó rápidamente la sala, abriendo el retrato de entrada.
- Ya era hora. – resopló la profesora - ¿No me oíais llamar?
- S-sí, – exhaló Hermione, intentando calmar su acelerado ritmo cardíaco – pero, ¿Por qué Leviculus no se ha abierto? – preguntó, mientras McGonagall le entregaba una vela a Harry.
- Todos los retratos se han apagado. – dijo McGonagall, volviendo a resoplar – La tormenta les ha quitado el poder con el que funcionaban… ¡la peor tormenta, según Dumbledore, que ha asolado el castillo en cincuenta años!
- Entonces, ¿se está asegurando de que estemos bien? – le preguntó Harry.
- Sí y también necesito a la señorita Granger. Como Prefecta, es su deber venir conmigo y ayudarnos a revivir a los retratos, dándoles un poco de nuestra propia magia. Y por el momento, señor Potter, no vuelva a encender la chimenea, el profesor Dumbledore está preocupado de que las llamas puedan extenderse si el viento sopla adecuadamente. Señorita Granger, sígame.
- Pero, ¿y qué pasa con Draco? – dijo Hermione, lanzando una nerviosa mirada por encima de su hombro a la puerta cerrada del dormitorio - ¡No puedo dejarlo así!
- Estoy segura de que el señor Potter es muy capaz de cuidar del señor Malfoy durante unas horas. – Hermione y Harry intercambiaron una mirada.
- Esperemos que no se despierte. – susurró Hermione y Harry asintió en acuerdo. Echándole una última y triste mirada a la puerta cerrada, siguió a McGonagall, dejando a Harry plantado en silencio en medio de la sala. Otro fuerte estallido de un trueno hizo que el suelo bajo los pies del moreno se sacudiera visiblemente.
- Tengo la sensación de que no me va a gustar esta noche. – murmuró mientras hacia el camino hacia su habitación.
Cambiándose de ropa y poniéndose su pijama pantalón rojo y camiseta dorada – siempre como un verdadero Gryffindor – Harry se arrastró bajo las mantas, dejando escapar un suspiro de alivio de entre sus labios. Todo lo que quería hacer era dormir…
Pero, con una sacudida, se sentó. Probablemente debería comprobar como estaba Draco… Hermione lo hubiera hecho. Gimoteando, se deslizó fuera de su cálida zona de descanso y caminó, despacio, por el pasillo hasta la habitación de Draco.
Abriendo la puerta, Harry se alegró al ver al niño acurrucado en su cama y se dio media vuelta. Después de echar varias miradas por encima de su hombro, vio los diminutos hombros de Draco temblorosos y se escuchaba un llanto ahogado apenas distinguible por encima del rugido de los truenos.
- ¿Draco? – le llamó Harry tentativamente, entrando en la habitación y acercándose al Slytherin. En respuesta, Draco se acurrucó más haciéndose un ovillo, enterrándose bajo las mantas - ¿Qué pasa? – le preguntó, los más suavemente posible.
Fue entonces, cuando el Gryffindor se dio cuenta de que la cascada también estaba apagada, otra víctima de la tormenta. La única luz que entraba en la habitación era la de los relámpagos a través de las ventanas, que iluminaba todo a intervalos.
- ¡Quiero a Hermione! – gimoteó Draco, mirando a Harry con sus ojos plateados ensanchados. Explotó en una nueva ronda de sollozos, que aumentaron en intensidad cuando estalló un nuevo trueno.
- Hey, hey, está bien. – le dijo Harry, sentándose en el borde de la cama, posando su mano en el pequeño hombro de Draco.
Volvió a gemir, apretándose más contra el colchón y deshaciéndose de la mano de Harry. Un repentino flashback de esa misma tarde golpeó a Draco.
"- Realmente se preocupan por ti, Draco. No olvides eso.
- ¿Incluso Harry?
- Incluso Harry. – le dijo Ginny con firmeza – Los dos están haciendo lo que pueden para asegurarse de que seas feliz mientras estas aquí. Nadie hará nada para hacerte daño, ¿lo entiendes?"
Con un gritito suave, Draco se lanzó a los brazos de Harry, los ojos del moreno se ensancharon de la sorpresa. Cautelosamente, envolvió sus brazos alrededor de Draco, meciéndole suavemente, sintiendo como el niño apretaba el agarre en su túnica.
- No me gustan los truenos. – susurró Draco, enterrando su cabeza en el pecho de Harry – Ni la oscuridad… nunca me ha gustado la oscuridad.
- Todo está bien. – murmuró Harry de vuelta, apoyando su barbilla en la parte superior de la cabeza rubia – Yo también solía tener miedo de los truenos… pero no pueden hacerte daño… simplemente hacen mucho ruido.
- No me dejes aquí. – sollozó Draco - ¡No quiero estar solo!
- No voy a ir a ninguna parte. – le aseguró Harry – Me quedaré aquí hasta que te duermas.
- ¡Pero no quiero dormirme! ¡Moriré!
- ¿Y ahora por qué dices eso?
- Porque Voldemort vendrá a matarme si cierro los ojos. – gimoteó Draco.
Harry casi retrocedió con horror. ¿Alguien aparte de Dumbledore y él diciendo el nombre del Señor Oscuro?
- ¿Qué quieres decir, Draco? – le preguntó, sintiendo escalofríos recorriendo su columna vertebral.
- Mi padre dice que si soy malo a la hora de dormir, vendrá y me matará. – exclamó el niño – Dice que Voldemort sólo quiere a gente fuerte con él… y que no soy fuerte si lloro… y cada vez que hay tormenta y oscuridad, lloro… no quiero hacerlo… pero tengo miedo.
- Pues el Señor Oscuro no te matará mientras estés conmigo, ¿entiendes? No dejaré que te haga daño.
- Lo siento, Harry. – dijo Draco suavemente, con voz apenas audible.
- ¿Por qué?
- Pensaba que me harías daño. – murmuró contra la camisa de Harry – Ginny me dijo que te preocupabas por mí… y me alegra haberla escuchado.
Sendas lágrimas picaban por salir de los ojos de Harry, pero parpadeó furiosamente, deshaciéndose de ellas.
- Y Ginny tiene completamente razón… me preocupo por ti, mucho. Yo nunca, nunca, te haré daño o sentir miedo, ¿de acuerdo? Y si lo hago, te doy permiso para pegarme. ¿Trato hecho?
- Pero yo no quiero pegarte. – dijo Draco, sorbiendo por la nariz.
- Es una simple precaución. – le aseguró Harry – Si te hace sentir mejor, en tu lugar, podría decírselo a Hermione y estoy seguro que estará encantada de pegarme por ti. - Draco se mordió el labio antes de dar un pequeño asentimiento de cabeza. Tendiéndole la mano, Harry le hizo un gesto con la cabeza - ¿Qué te parece si vamos a mi habitación? – sugirió – Allí la ventana no es tan grande y no verás tanto la tormenta.
El pequeño Slytherin murmuró un suave "sí" y Harry lo cogió entre sus brazos, como había visto a Hermione hacer tantas veces. Ahora comprendía porque su amiga prefería llevar a Draco en brazos, en vez de dejarlo caminar. Tenía un peso cálido y confortable que te hacía sentir bien interiormente.
Harry se metió en su cama, con Draco todavía en sus brazos, colocándolo bajo las mantas. La vela que McGonagall le había entregado estaba posada sobre la mesita de noche, proporcionando un pequeño resplandor en toda la habitación que de lo contrario estaría completamente a oscuras.
- Todavía no quiero irme a dormir. – dijo el niño tercamente – Quiero a Hermione.
- Ahora mismo no está aquí. – le contestó Harry – Volverá más tarde, esta noche.
- ¿Por qué? ¿Dónde ha ido?
- Tenía que ayudar con algunas cosas del castillo.
- ¿Puedo quedarme despierto hasta que vuelva? ¿Por favor? – Harry suspiró.
- Está bien.
Draco le dedicó una débil sonrisa y el moreno se la devolvió.
- ¿Podemos leer un cuento? No quiero escuchar los truenos. – Draco alargó la mano para alcanzar un libro del estante de Harry y se lo entregó – Vi que Hermione lo había dejado aquí. – dijo, viendo la ceja arqueada de Harry preguntándose qué hacía allí un libro infantil.
- El Gnomo y las tres Hadas. – leyó Harry el título en voz alta - ¿Preparado? – Draco se acurrucó más cerca de él en respuesta – Érase una vez, una familia de tres Hadas… La mamá hada, el papá y el hijo.
- ¿Cuáles eran sus nombres? – interrumpió Draco.
- No lo dice… - Draco resopló y volvió a escuchar – Un día, decidieron ir al bosque a por unas bayas para la cena de esa noche. Mientras estaban fuera, un pequeño Gnomo, sigilosamente, llegó hasta su casa y entró.
- ¿El Gnomo no debería haber llamado a la puerta? No es de buena educación irrumpir en una casa.
- No parece muy amable… "¡Dios mío!" dijo el Gnomo "¡Mira estos deliciosos vasos llenos de zumo de calabaza! ¡Necesito probarlos!" En primer lugar, el Gnomo cogió el vaso más grande "¡Qué asco!" gritó, escupiendo el zumo "Está demasiado caliente" dijo, yendo a coger el vaso de tamaño mediano "¡Horrible! ¡Demasiado frío!" y entonces cogió el vaso más pequeño, dándole un gran sorbo. "¡Perfecto!"
- No debería haber hecho eso. – dijo Draco, frunciéndole el ceño a las páginas del cuento – A mi padre y a mi madre no les gustaría que hubiera alguien en nuestra casa sin que lo supiéramos.
- Es sólo una historia, Draco. – le dijo Harry, riendo – Sigamos con la lectura, ¿de acuerdo? – Draco asintió, acercándose más al libro mientras la varita de Harry iluminaba las páginas – "Tengo que sentarme" decidió el Gnomo. Entrando en una habitación que había al lado de la cocina, se sentó en el primer sillón de grandes brazos, "Demasiado blando" se dijo. Bajando del gran sillón, fue a sentarse en una mecedora, "Se mueve demasiado" se quejó. Después fue a acomodarse en la silla más pequeña y el Gnomo sonrió, "¡Esta es genial!"
- Yo me hubiera quedado en la mecedora. – declaró Draco.
- Para mí el gran sillón. – argumentó Harry – Pero si eso era lo que quería él lo dejaremos así… entonces el Gnomo soltó un sonoro bostezo, "Ahora necesito acostarme" decidió, bajándose de la sillita y haciendo el camino escaleras arriba. Tres camas estaban alineadas ante él. Escalando hasta la primera de ellas, el Gnomo, se hundió en el colchón, "¡Demasiado grande!" gritó. Bajando de ella como pudo, se subió en la siguiente cama, "Es muy dura… mi pobre espalda" gimoteó. Entonces, se dirigió hasta la más pequeña de las tres, "¡Esta me gusta!" dijo. En cuestión de segundos el Gnomo, se quedó profundamente dormido.
Harry esperó por el comentario que soltaría Draco, sorprendiéndose cuando no escuchó ninguno. Bajó la mirada y sonrió, viendo al niño descansando profundamente, apoyado en su hombro.
- Y todos vivieron felices para siempre. – finalizó, aunque no tenía ni idea si ese era el verdadero final del cuento.
Dejando el libro sobre la mesita de noche, posó también sus gafas en la parte superior de la misma y dejó apoyada la cabeza de Draco, suavemente, sobre la almohada. Descansando también su cabeza, Harry le plantó un suave beso en la frente a Draco, el pequeño cada vez estaba más cerca de él, acurrucándose.
- Te quiero, Draco. – susurró Harry, cerrando los ojos. En medio de la oscuridad, la vela brillaba, como una fuente de esperanza y consuelo para cuando fuera a ser necesitada.
Unas dos horas más tarde, Hermione entró en la sala común, mirándose los pies marchitados.
- Estúpidos retratos. – se quejaba, caminando con paso inseguro hacia la habitación – No podían arreglarse ellos mismos… - de repente, se detuvo – Probablemente será mejor que vaya a ver a Draco. – decidió, dándose media vuelta, caminado hasta la habitación del Slytherin, varita en mano iluminando el camino.
Levantando la varita sobre su cabeza, dejó que la habitación se iluminara tenuemente, empezando ligeramente a entrar en pánico cuando descubrió la cama de Draco desocupada. Retirándose de la puerta, fue a toda prisa hasta la habitación de Harry y entró sin llamar, congelándose en seco.
Harry estaba acurrucado en la cama con un brazo colgando de un lado y el otro envuelto alrededor de Draco. El niño se acurrucaba contra su amigo, con una sonrisa de satisfacción en su rostro. Aunque la chica estaba cansada, cogió la cámara de Harry de estante y tomó una foto, con una enorme sonrisa en sus labios.
- No creo llegar de nuevo a mi habitación. – dijo bostezando. Empujando suavemente a Draco más cerca de Harry y a Harry más cerca del borde, Hermione se subió a la cama junto al pequeño y segundos más tarde ya estaba profundamente dormida.
Cuando Draco se despertó a la mañana siguiente, se encontró intercalado entre los dos Gryffindors sin poder moverse. La tormenta todavía rugía en el exterior, ahora también granizo era arrojado contra la ventana, además de la lluvia y el constante estruendo de los truenos.
Así que el niño estaba bastante contento de estar así. Se sentía a salvo y seguro entre sus dos tutores actuales, el aliento de Hermione le hacía cosquillas en la cara y Harry sosteniéndole holgadamente en un abrazo protector.
La vela seguía brillando, aunque le quedaba poco para extinguir su resplandor.
- Por favor, no te apagues. – rogó Draco, observando el parpadeo de la llama. Sabía que aun tendría miedo a la oscuridad, incluso con Harry y Hermione cuidándolo.
- ¿Draco? – murmuró Hermione adormilada, con los ojos medio abiertos - ¿Qué pasa?
En ese preciso momento, la vela decidió apagarse y Draco soltó un grito de terror, antes de sentir los brazos de Hermione envolverse a su alrededor poniéndolo en su regazo al tiempo que se sentaba.
- Tiene miedo a la oscuridad. – se escuchó la voz suave de Harry seguida de un leve "lumos" – Y con la tormenta de fuera esta todo aún muy oscuro. – de repente, el legendario buscador se dio cuenta de que Hermione estaba en su cama - ¿Qué estás haciendo aquí? – le preguntó con recelo.
- Os encontré aquí anoche cuando llegué… y simplemente me quedé. – le contestó Hermione, encogiéndose de hombros – La profesora McGonagall me dijo que cuando nos despertáramos, bajáramos al Gran Comedor. Dumbledore ha hechizado el techo para que se vea soleado y muy luminoso.
- Entonces, vamos. – dijo Harry estirándose y echando a Hermione para poder vestirse, así que la chica cogió a Draco en sus brazos, dirigiéndose a su habitación con la luz de su varita. Unos minutos después, todos se reunieron en la sala común, Draco estaba montado sobre la cadera de Hermione, con sus manitas agarradas fuertemente de su túnica.
Los dos únicos puntos de luz que les guiaban hacia el Gran Comedor, era el de sus varitas, los dos alargaban el brazo en toda su extensión. Cuando por fin llegaron a su destino, Draco dejó escapar un pequeño suspiro de alivio. Estaba como Hermione había dicho. El techo era de un tono amarillo brillante, por lo que efectivamente, todo el Comedor estaba iluminado. Los estudiantes caminaban tranquilamente, hablando en voz baja y cogiendo comida de una gran mesa buffet que había en la parte delantera del comedor.
- Hey, chicos. – les saludó Ginny, mientras se acercaba al trío – Un tiempo horrible, ¿no?
- ¿Por qué suenas tan contenta? – gruñó Harry, sintiéndose de bastante mal humor.
- ¡Adoro las tormentas! – dijo riendo la pequeña de los Weasley – Además, con este tiempo y todas las luces apagándose, ¡es casi imposible mantener las clases! ¿Por qué no vais a por el desayuno? ¡Parecéis estar hambrientos!
Hermione le lanzó una mirada a la mesa del desayuno, donde los estudiantes se empujaban unos a otros y en general era un desastre.
- ¿Podrías quedarte con Draco, mientras Harry y yo vamos a buscarlo? No quiero que reciba ningún golpe.
- Claro. – accedió Ginny, cogiendo a Draco de los brazos de Hermione. Se fueron a un rincón del Comedor y lo sentó, tomando asiento junto a él en el suelo. Pero tan pronto se sentó, Draco se puso en pie, sentándose en su regazo con una sonrisa.
- Tenías razón, Ginny. – le murmuró – Harry es muy amable.
- Claro que sí. – le contestó está sonriendo.
- ¿Es por eso que te gusta?
- ¡No me gusta! – exclamó la pelirroja, con un rubor subiendo a sus mejillas – Harry es un amigo, nada más.
- Eso ya lo dijiste ayer. – observó el niño – Entonces, ¿Quién te gusta?
- Nadie. – dijo acaloradamente, apartando la cara de Draco.
- ¿Por qué no te gusta Harry? – insistió el Slytherin, no queriendo renunciar aun.
- ¡Me gusta Harry! – exclamó exasperada - ¡Pero no de la manera que tú quieres que sea!
- ¿Qué es lo primero que has dicho? – preguntó Draco, con una sonrisa creciendo en sus labios.
- ¡ME GUSTA HARRY! – gritó, dejando a todo el comedor en un creciente silencio - ¿Acabo de gritar eso? – susurró, con la cara volviéndose del color de su pelo – Por favor, dime que no acabo de decir eso.
- Lo has hecho, pero si no te gusta, entonces no deberías molestarte, ¿verdad?
- Que alguien me mate. – murmuró, mientras la gente seguía mirándoles.
- ¿Realmente quieres morir? – le preguntó Draco, muy alarmado.
- Sí.
- No has querido decir eso.
- Sí he querido.
- No.
- Sí he querido.
- Sí has querido.
- ¡No!
- ¡Has picado! – le dijo Draco, riendo felizmente - ¡Eh, mira! ¡Harry y Hermione vienen hacia aquí!
Ginny gimió, cubriéndose la cabeza.
- ¿Qué he hecho?
- ¿Ginny? – le preguntó Harry, arrodillándose al lado de la chica, mientras Draco se balanceaba hacia delante y hacia atrás alegremente - ¿Ginny?
- Le gustas. – informó Draco, completamente serio.
- Como amigo. – susurró Ginny, manteniendo la vista baja.
- Nah, nah. – se opuso Draco – Te gusta, como él.
Harry miraba la escena con confusión, en cuanto Draco y Ginny comenzaron a discutir y unos "si lo haces" y otros "no lo hago" volaban entre los dos.
- No tienes que mentir, Ginny. – le regañó Draco, sacudiendo su dedo índice delante de la pelirroja – No es de buena educación.
- ¡Bien! ¿Responde esto a tu pregunta? – gruñó Ginny, empujando a Draco de su regazo. La sonrisa del Slytherin se ensanchó, cuando Ginny agarró a Harry por la corbata dejando la cara de este a la altura de la de ella.
Respirando profundamente, apretó sus labios contra los de Harry, mientras Draco reía de pura alegría.
A que a sido genial? En este cap adoro a Harry, tan tierno... (L)
Bueno xiquis espero que hayas disfrutado del cap. Voy a contestar a los reviews como si fuera superman o algo ;)
Besacos
Contestación reviews:
Guest: Yo ahora mismo estoy estudiando Educación Infantil y la verdad me da miedo encontrarme a Terrys o Pansys... xDDD Aunque si ves el programa ese de supernany o algo así... dan más miedo que Pansy algunos... jajaja en fin espero que hayas disfrutado del cap, es super tiernoo! Besazos!
Alona: Wolas cielo! Si ya me imaginé que estarías hasta arriba de trabajo... espero que lo estés sobrellevando lo mejor que se puede... xD y lo intento, pero a veces me saturo... como hoy... y Siii han pasado muchas cosas... cada día dan más miedo Pany y Terry, de verdad que te hace pensar eso de querer procrear xDDD Espero que el cap de hoy te guste, es tan tiernooo..(L) Besazos guapsisisma y que la lectura te sea leve... yo te acompaño en el sentimiento ya que ahora me toca ponerme a redactar..(L)
SALESIA: JOOO Espero que te pongas buenaa pronto! Yo hace como años que no tengo ni la gripe.. ni un triste resfriado... la verdad que mejor poruqe la ultima vez que me puse mala fue por unas anginas y casi muero... vale, es una exageración, pero es que yo creo que muero cuando me sube la fiebre por encima de los 39º JAJAJAJ soy una DramaQueen de mucho cuidado... xDD Hoy no puedo responderte a todas tus cuestiones poruqe me tengo que ir pitando, pero en cuanto a lo de Dumbledore, creo que tienes razón, lo está mirando y viendo lo que podría haber sido si no huiera sido por Lucius y el rechazo en general que sufren las serpientes que obviamente se defienden... pero bueno... supongo que de errores se aprende y que si hubiera sido así estoy segura de que a Dumbledore no le volvería a pasar... En fin guapsisima siento no poder contestarte a todo... Espero que disfrutes del cap, a mi me encanta es tan tiernnoo(L) Besazos princesaa!
