Wolas corazones!
Tengo que deciros que a partir del lunes, tendré qeu subir un día si y otro no, porque tengo que hacer una practica para mi curso y estoy bastante saturada... lo siento xiquiss, pero bueno tampoco es tanto ;) Y que ganas e que llegue junio JOOOO...
En fin, disfrutad del cap amoress!
Aviso: ya no quedan muchos caps para cambiar de niñOO, se admiten apuestas ;)
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de IcyPanther -.
Capítulo 8 - Prophecies; New and Old (Profecías; nuevas y antiguas)
Ginny, soltó a Harry, sentándose en cuclillas, mirando al aturdido chico esperando una reacción, con las mejillas encendidas por la vergüenza y el orgullo. Harry miró a la pelirroja, con sus ojos esmeralda refulgiendo con picardía. Sin previo aviso, acercó a Ginny hacia él atrapándola en otro beso, esta vez la pelirroja abrió los ojos exageradamente. Finalmente, envolvió los brazos alrededor de su cuello, profundizando el beso.
Poco a poco unos aplausos empezaron a surgir por el comedor, hasta convertirse en vítores y estruendosos aplausos, creciendo por todo el lugar. Dos minutos después, el beso aún seguía y mientras aplaudían, Draco se aclaró la garganta en brazos de Hermione.
- ¡BASTA! – gritó Snape llegando a grandes zancadas hasta los jóvenes que se besaban, con su normalmente plácido rostro, crispado en una mueca - ¡Veinte punto menos para Gryffindor por comportamiento inadecuado!
- Pero tío Sev. – protestó Draco, agarrando la túnica del Jefe de la casa de Slytherin – Yo hice que Ginny hiciera eso… castígame a mí.
El Comedor, que se había quedado bastante silencioso debido al estallido de Snape, se quedó especialmente en calma al escuchar las palabras de Draco. ¿Snape castigar a su ahijado? No era posible. Con los dientes apretados Snape murmuró:
- Veinte puntos para Gryffindor por nada. – con un rápido movimiento de su túnica, se alejó encaminándose hacia las puertas del comedor, adentrándose en la oscuridad del resto del castillo.
Draco fue atraído en un gigantesco abrazo por Ginny, exprimiéndole como a un oso de peluche.
- ¡Eres la cosa más dulce que he visto nunca! – exclamó la pelirroja, plantándole un beso en la mejilla.
- ¡Y es mío! – canturreó Hermione, sacando a Draco de los brazos de Ginny y abrazándolo a ella - ¡Todo mío! - después de pensarlo un segundo, volvió a dejar a Draco en los brazos de Ginny – Harry ponte para sacarte una foto con ellos y dale un beso a Ginny. – le ordenó, sacando su cámara – Necesito una foto de esto.
Harry se movió un poco, acercándose junto a su nueva novia y Draco sentado en el regazo de Ginny con una gran sonrisa en su rostro. Inclinándose, Harry besó la mejilla de la pelirroja y Hermione tomó la fotografía, junto a todo el resto del Gran Comedor.
- ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO CON MI HERMANA, HARRY? – exigió gritando Ron, atravesando el Gran Comedor, con un gran vendaje alrededor de su mano.
- ¿No lo sabes, Ron? – sonrió Ginny – Ahora somos pareja. – la boca del pelirrojo se abría y cerraba como un pez fuera del agua, hasta que Hermione empujó suavemente su barbilla, manteniéndola cerrada - ¿Ah, sí, tu mano está mejor?
Ron asintió, sin dejar de mirar a su hermana pequeña y a su mejor amigo. Caminando lentamente hacia Harry, haciéndole un gesto para que se pusiera en pie y el moreno lo hizo.
- Si alguna vez le haces algo a mi hermana, tendrás serios problemas. ¿Queda claro?
- Cristalino. – le contestó Harry, con la cara muy seria – Me comprometo a nunca hacer nada para hacerle daño a Ginny… te doy mi palabra.
- Bien. – ambos se miraron a los ojos por un momento, antes de darse la mano, con sus caras iluminadas por una sonrisa. Hermione sonrió, el vínculo hermano-hermana era muy dulce en su opinión. Ginny se sonrojó, sacándole la lengua a su hermano.
- ¿Podemos desayunar ya? – gimoteó Draco, todo el grupo estalló en carcajadas y el resto de estudiantes retomó sus conversaciones.
- Por supuesto. – le dijo Hermione. Le entregó una bandeja a Draco, todavía sentado cómodamente en el regazo de Ginny y la castaña se sentó junto a su amiga – Entonces, ¿Qué se siente al tener una pareja oficial? – preguntó, dándole un codazo a Ginny.
- No muy diferente. – admitió la pelirroja – Sólo que ahora supongo que podemos besarnos y esas cosas… pero como siempre me ha gustado supongo que ya estoy acostumbrada a ello.
- Tiene sentido. – dijo Hermione - ¿De verdad crees que no tendremos clase?
- Probablemente, pero entonces…
- ¡Atención estudiantes! – exclamó Dumbledore desde el frete del Comedor – Ah, gracias. – dijo en cuanto se hizo el silencio – Actualmente, tenemos algunos profesores poniendo varios hechizos alrededor del colegio para que las clases continúen normalmente durante el día. – el anuncio fue recibido con varios gemidos de frustración y alguna que otra maldición – Por favor, terminad el desayuno y dirigiros a vuestra primera clase. Gracias.
- ¿Y adivina que clase es? – Harry le sonrió burlonamente a Hermione – Adivinación.
Hermione se agarró a uno de los pilares de mármol del comedor, mirando a Harry.
- Nunca me llevarás. – declaró solemnemente, mientras sus ojos ardían con determinación.
- Mira. – Harry sonrió, envolviendo sus brazos alrededor de la cintura de Hermione, tirando hacia atrás. La castaña simplemente se aferró aún más a la columna, antes de patear firmemente a Harry en el estómago. El chico la soltó al instante, agarrándose el estómago.
- ¡Ese es el mismo sitio donde me pateó Pansy! – jadeó, doblándose de dolor.
- ¡Oh, Harry! ¿Estás bien? - dejando de lado de columna, Hermione se arrodillo junto a Harry, sólo para ser lanzada por encima del hombro del Gryffindor, mientras este se reía maliciosamente - ¡BÁJAME! – gritó la castaña, cuando Harry se puso en pie, envolviendo un brazo alrededor de las piernas de ella para evitar que le pateara - ¡AHORA MISMO, HARRY POTTER!
Harry, ignorando a Hermione, empezó a salir del comedor, ahora había antorchas iluminando los pasillos. Draco se revolvió del regazo de Ginny, trotando detrás de la pareja, inteligentemente manteniéndose fuera del alcance de los puños de Hermione que estaban arremetiendo contra todo.
- ¿Por qué Hermione está gritando? – le preguntó Draco a Harry.
- ¡PORQUE! – chilló Hermione - ¡HERMIONE NO QUIERE IR A ADIVINACIÓN! ¡LO ODIA! – varios estudiantes que caminaban por el pasillo se detuvieron, mirando el arrebato para nada normal en la bruja - ¡LA ADIVINACION PUEDE IRSE A LA MIERDA! ¡A LA MIERDAAAAAAAAA!
- Silencio. – murmuró Harry, dejando a Hermione silenciada por mal vocabulario. Eso hizo cabrear más a la Gryffindor, que empezó a golpear con fuerza la espina dorsal de Harry, todavía gritando.
- Creo que está enfadada contigo. – observó Draco - ¿No deberías quitarle ese hechizo?
- ¿Y perder el oído? No, gracias.
Durante los siguientes cinco minutos, Harry permaneció en silencio, poniendo todas sus energías en subir todo el camino hasta la Torre Norte con Hermione en brazos.
- Sólo… nos quedan trescientos escalones… para llegar. – jadeó Harry, haciendo una pausa en un hueco en la escalera.
- ¿Por qué no levitas a Hermione? – le preguntó Draco - ¿No sería más fácil?
Harry miró por encima de su hombro y la cabeza de Hermione a Draco, de nuevo a Hermione y después suspiró.
- ¿Por qué no se me habrá ocurrido antes? – dijo pronunciando el hechizo, la castaña salió flotando de su hombro y se quedó suspendida en el aire, golpeando airadamente. Alteró el hechizo para que Hermione le siguiera y comenzó a subir las escaleras, brincando a cada paso.
Llegaron arriba dos segundos después, la trampilla estaba abierta y la escalera bajada.
- ¿Tenemos que subir por ahí? – dijo Draco, tragando saliva. Mirando con temor el espacio oscuro.
- Todo irá bien. – le aseguró Harry, cogiendo a Draco y subiéndolo a la escalera, Hermione se alzó detrás de él.
El aula estaba igual que siempre… incienso quemándose sobre el fuego haciendo el ambiente de la clase pegajoso, pufs rojos y pequeñas sillas colocadas alrededor de mesas circulares y en las ventanas cubiertas por cortinas de un terciopelo estirado.
- ¡Ajá! – Draco pegó un suave grito, hundiendo el rostro en la camisa de Harry, mientras la profesora salía de las sombras que creaban las llamas. Vestía una brillante túnica purpura con un chal de gasa verde, su habitual variedad de pulseras y collares adornaban su cuerpo huesudo.
- Hola, profesora. – le saludó Harry, quitando el hechizo silenciador de Hermione, que ahora flotaba detrás de él en un extraño silencio, fulminando a Trelawney con la mirada – Es… ehm… agradable verla de nuevo.
- Lo mismo digo, querido. – dijo la profesora, inclinándose un poco y posando su mano en la mejilla de Harry – Hace un día demasiado frío… ¿una coincidencia de la alineación de Marte, tal vez? – comentó, abriendo un libro y empezando a hojearlo, mientras Harry colocaba a Draco en el regazo de Hermione - Mi querido muchacho. – murmuró - ¡Dentro de poco caerás muy enfermo y morirás!
Hermione resopló al tiempo que los ojos de Draco se abrían con horror.
- ¡Harry, vas a morir! ¡No puede ser! – Draco, repentinamente se echó a llorar, aferrándose a Hermione que si era posible, fulminaba con más fuerza a Trelawney.
- ¡Mire lo que ha conseguido! ¡No diga ese tipo de cosas en torno a Draco!
- Pero es la verdad. Mi ojo interior lo ve así. ¡Y es mi deber decir la verdad tal como la veo!
Después de eso, varios estudiantes más llegaban para presenciar el sollozo de Draco y a la profesora Trelawney anunciando la muerte de Harry, por segunda vez.
- Por favor, profesora. – le suplicó Lavender, entrando con Terry en su cadera – No deje que los niños escuchen eso… son demasiado jóvenes para los horrores que un día deban afrontar.
Trelawney parpadeó, como si fuera la primera vez que notaba que había estudiantes más jóvenes en su aula, todos mirándola con los ojos muy abiertos debido al llanto de Draco, todavía aferrado a la túnica de Hermione.
- Tiene razón, señorita Brown. Por favor, que todo el mundo tome asiento para poder empezar a explorar el interior de las profundidades de los patrones de los rayos.
Toda la clase se replegó en las pequeñas y blanditas sillas, esperando que la profesora continuara, Hermione suspiró con impaciencia y empezó a tamborilear las uñas sobre la superficie de la mesa. Sólo porque había decidido quedarse no significaba que tuviera que ser agradable.
- Antes de empezar, me gustaría daros la bienvenida a todos a un nuevo maravilloso año de Adivinación. – comenzó la profesora Trelawney mirando a todos sus alumnos por encima de la montura de sus gigantescas gafas – Estoy bastante segura de que todos – miró fijamente a Hermione – aprenderéis y posiblemente disfrutaréis de las maravillas del misterioso mundo del Ojo Interior. – Lavender y Parvati prestaban toda su atención a la profesora, dejando a Ron con el pequeño Terry, el cual enseñaba todos sus dientes sonriéndole a su actual tutor.
- Hoy es un día perfecto para leer los rayos. – continuó Trelawney, moviéndose a través del aula para abrir las cortinas – Sacad vuestro libro "Disipar las Nieblas del Futuro" y abridlo por la sección sobre "Patrones de los rayos".
El roce de papeles y el volteó de páginas era lo único que se escuchó durante varios segundos, hasta que un gran trueno resonó en la clase. Draco gritó, enterrando su cabeza de nuevo en la túnica de Hermione.
- ¿Tienes miedo de los truenos, pequeño? – dijo Trelawney, caminando lentamente hacia un lloroso Draco y posando ligeramente su mano en el pequeño hombro del niño. Draco gimió, hundiéndose más contra Hermione – Dicen, que aquellos que temen a los truenos llegaran a ser grandes – susurró con la voz brumosa y la boca pegada a la oreja del niño – Tendrán poder, riquezas, sus deseos se cumplirán… pero tendrán que pagar un precio. La grandeza es poderosa… pero sin embargo, el poder siempre tiene un precio… piensa en ello… sólo tú puedes cambiar tu destino.
- Como iba diciendo. – continuó Trelawney, con voz normal – Estudiad los patrones de los rayos y cotejadlos con los del libro. Escribid un resumen con la información que obtengáis y los recogeré al finalizar la clase, así que aseguraos de hacerlo bien. Al menos necesitáis tres.
Dicho eso, la profesora regresó de nuevo hacia su escritorio, sentándose en el sillón y mirando una bola de cristal, mientras de vez en cuando suspiraba mirando a Harry para después volver su atención a dicha bola.
- ¿Qué quería decir esa mujer? – sollozó Draco; relajándose ligeramente al darse cuenta de que la profesora ya no estaba a su lado.
- Sólo decía incoherencias. – le dijo Hermione – No hagas caso a ni una palabra de lo que diga… un fraude, eso es lo que es esa mujer.
Draco se quedó extrañamente callado el resto de la clase, dejando escapar algún que otro grito cuando un trueno se alzaba entre las paredes del aula, pero en general se contentaba con estar sentado en el regazo de Hermione mientras la observaba esbozar con rabia el patrón de los rayos en el pergamino.
- Esto no es nada bueno. – murmuró Harry observando su pergamino – Si ese viejo murciélago ve esto, le daré nuevas formas de predecir mi muerte.
- ¿Por qué? – preguntó Hermione, arrebatándole el pergamino.
- Éste, - dijo Harry señalando una de las figuras – significa que la destrucción está por llegar. El segundo habla de una atroz plaga y el tercero dice algo sobre las llamas del infierno… ¿Por qué siempre tengo tan malos augurios?
- Porque eres tú. – río Hermione, ignorando las airadas miradas de Lavender y Parvati cuando su risa había interrumpido su concentración – Los míos no están tan mal. – dijo con voz más suave – Tendré una mina de oro llena de riquezas, me advierte de una caída por las escaleras y que caeré en el amor más inesperado.
- ¿Una caída por las escaleras? – repitió Harry – Será mejor que de ahora en adelante tengas cuidado con todas las escaleras antes de abalanzarte sobre ellas. – le dijo sonriendo - ¿Y quién es el afortunado?
- ¿Tú también estas enamorada? – preguntó Draco elevando la voz, mirando con curiosidad el pergamino de Hermione. Los Gryffindors intercambiaron miradas por encima de la mesa, Harry sonriendo y los ojos de Hermione ensanchados.
- ¿No creerás qué…
- Oh sí, Hermione. Lo hago. – dijo Harry mirando al Slytherin que ahora hacia garabatos en el pergamino de Hermione con una pluma – Definitivamente sería inesperado.
- ¡Ni hablar! Eso es estúpido, Harry. Y además, esto es una tontería, de todas maneras.
- Lo que dijo sobre los truenos no era una tontería. – susurró Harry, queriendo que Draco no le oyera.
- Explícate, Harry. – le dijo Hermione entre dientes.
- Poder, deseos cumplidos… sin embargo, tiene un precio. ¿Puedes pensar en una manera que alguien podría ser así de poderoso?
- ¿Estudiando?
Harry suspiró.
- Piensa un poco más, Hermione. Artes Oscuras… ese tipo de poder.
- Un mortífago. – susurró con sorpresa, mirando a Draco, que seguía ocupado garabateando.
- Ellos tienen todo el poder que puedan desear. – susurró Harry – Y tiene un precio… eterno sirviente de Voldemort hasta la muerte. Quiero decir, ¡mira a Snape! Está atrapado en eso.
- Sólo es una coincidencia, Harry. ¡Esto no es verdad! Lo único que ha dicho de cierto fue en tercer año, cuando habló de… de… - la voz de Hermione se desvaneció al ver la expresión desolada que había invadido los ojos de Harry – Lo siento… no quería evocar esos recuerdos. – dijo en voz baja – Sé que todavía duele. – Harry asintió brevemente, parpadeando para contener las lágrimas que se agolpaban en las comisuras de sus ojos esmeraldas.
- ¡Mirad! – dijo Draco feliz, enseñándoles su dibujo - ¡Somos nosotros! – había tres figuras dibujadas sobre el pergamino, una más pequeña en el centro y dos más altas a los lados – Está eres tú, Hermione. – explicó, señalando la figura que tenía dibujada una falda, el pelo largo y las pestañas exageradamente largas - ¡Y esté es Harry! – dibujada desordenadamente sobre la cabeza de la siguiente figura estaba la famosa cicatriz del chico, además de llevar pantalones largos - ¡Y este yo! – la figuraba del centro tomaba de la mano a cada Gryffindor, con una sonrisa en todas sus caras.
- ¡Es maravilloso, Draco! – le felicitó Hermione, dándole al pequeño un abrazo – Tendremos que colgarlo en la sala común, ¿no crees?
-Sí. ¡Quiero recordar esto siempre! ¿Podre… llevármelo a casa cuando tenga que irme?
- Por supuesto… - le dijo Hermione, volviendo a envolverlo en un repentino abrazo – pero nunca dejaré que te vayas. – dije contra su pelo, demasiado suave para que Draco lo escuchara.
Un timbre resonó en la esquina del aula.
- La clase ha terminado. – anunció Trelawney – Por favor, dejad el trabajo sobre la mesa y continuad con vuestras tareas de hoy. – Hermione cogió a Draco en brazos, dirigiéndose apresuradamente hacia las escaleras mientras Harry, dejaba ambos trabajos sobre la mesa de la profesora y los siguió.
Mientras caminaban hacia su siguiente clase, - Transformaciones – las antorchas de todo el pasillo se apagaron y los estudiantes que allí había gritaron, Draco entre ellos. Rápidamente, Harry sacó su varita conjurando un "Lumos" haciendo que un suave resplandor destacara entre la negrura, mientras otros lentamente siguieron su ejemplo.
- Ya está, ya está.- le consolaba Hermione, frotando su mano en suaves círculos sobre su pequeña espalda - ¿Ves? Todo está bien… ya no está oscuro.
- Pensaba que Dumbledore había dicho que habían arreglado esto para que pudiéramos tener clase. – gruñó Harry – Será mejor que nos dirijamos hacia Transformaciones… McGonagall podría saber algo.
Cuando el trío llego al aula de Transformaciones, McGonagall estaba encendiendo unas velas en su escritorio.
- Por favor, tomad asiento. – indicó – Tengo un anuncio que dar del profesor Dumbledore una vez estéis todo dentro.
Durante los próximos minutos, todos los estudiantes fueron entrando sin esa charla que normalmente les acompañaba y mirando por encima de sus hombros hacia la oscuridad, como si esperaran que en cualquier momento un monstruo les asaltara.
- Al parecer, - empezó McGonagall – hoy ya no tendremos más clases. Nos han informado que la tormenta es demasiado potente para sostener durante más tiempo nuestros hechizos de previsión del tiempo, por favor, volved a vuestras actuales salas comunes. Los elfos domésticos os traerán la comida y la cena. Os pido que no dejéis la sala común. Si lo hacéis se os quitaran puntos y estaréis castigados. ¿Lo habéis entendido?
- Sí, profesora McGonagall. – corearon los alumnos.
- Bien. Como deberes, quiero que leáis el capítulo uno del libro "De Magdalena a Mangosta" y contestad a las preguntas que hay debajo de la lectura. Podéis marchaos.
- ¡Genial! – exclamó Harry dando un puñetazo al aire - ¡Libres el resto del día!
- Vamos. – le dijo Hermione riendo y tirando del eufórico Harry detrás de ella. Llegaron al interior de su sala común un poco más tarde, con la bienvenida de un alegre y crepitante fuego en la chimenea.
- ¿Volverá a irse la luz? – gimoteó Draco, aferrándose firmemente a Hermione mientras se sentaba en el sofá.
- Si lo hace Harry y yo tenemos nuestras varitas. – le aseguró – Voy a empezar a hacer mis deberes… y los de Harry. – dijo suspirando, mientras el niño le empujaba suavemente el libro - ¿Por qué no vas a jugar con Harry un rato, Draco?
Draco asintió alegremente, subiéndose al regazo de Harry en una de las sillas en la que estaba sentado.
- ¿Qué estas mirando? – le preguntó, observando el libro que Harry hojeaba - ¿Quiénes son todas esas personas?
- Es mi álbum de fotos. – le contestó Harry con una triste sonrisa – Estas dos personas son mis padres… y ese soy yo.
- Me gusta el color de pelo de tu madre… a mí también me gustaría tenerlo rojo. – se escuchó a Hermione bufar desde detrás del libro de texto - ¿Puedo conocerla?
- Ella está muerta.
- Lo siento. – se disculpó Draco.
- Realmente no la conocí… no tienes nada que lamentar.
Draco pasó la página del álbum.
- ¿Quién es ese? – dijo, señalando con su dedo a un hombre con un brazo alrededor de los hombros de Lily y el otro alrededor de James, con el pelo negro atado en su nuca y una amplia sonrisa en sus labios.
- Mi padrino. – dijo Harry con rigidez, pasando de página rápidamente.
- ¿También murió? – Harry miró al niño con perplejidad, preguntándose cómo lo sabía - Está en tus ojos. – se explicó Draco – Están tristes… no brillantes como antes… ¿le echas de menos?
- Mucho. – suspiró Harry, dejando caer los hombros.
- ¿Cómo murió?
- El año pasado… Voldemort me engañó para entrar en el ministerio… mi padrino vino a ayudarme y él… él se cayó a través de un velo y desapareció.
- ¿Un velo? ¿Por qué simplemente no sale?
- Ese velo le llevó a alguna parte… y nunca volverá. – dijo al tiempo que una solitaria lagrima caía sobre la imagen en movimiento de Sirius, porque el libro había vuelto a la página anterior. Varias lagrimas más cayeron, mientras Harry estaba allí sentado, con un brazo abrazando a Draco y con la otra mano aferrado al álbum, las gotas que caían de sus ojos empapaban las paginas abiertas – Y todo fue culpa mía. – susurró entrecortadamente – todo es mi culpa…
Hermione se levantó rápidamente del sofá, dirigiéndose hacia Harry y pasándole un brazo sobre sus hombros.
- Nada de eso fue culpa tuya, Harry… tú no pediste que te marcaran con esa cicatriz, ni la fama… nada es culpa tuya.
- Pero si hubiera aprendido suficiente Oclumancia, entonces, nada de eso hubiera pasado… nada de eso. ¡Y ni siquiera necesitábamos la maldita profecía! ¡Dumbledore ya la sabía!
- ¿Qué el qué? – dijo Hermione abriendo la boca y posando la palma de su mano abierta delante - ¿Qué quieres decir, Harry?
- Sólo era una maldita copia… Dumbledore tenía la real en su Pensadero. Trelawney se la dijo cuando era más joven. Básicamente dice que sólo uno de los dos puede vivir y el otro tiene que morir. ¡Lo sabía y no se molestó en decírmelo!
- Probablemente tenía sus razones…
- Esa no es excusa. Me afectaba personalmente… tenía derecho a saberlo.
- ¿De qué estáis hablando? – preguntó Draco, completamente confundido.
- De nada. – dijo Hermione con firmeza, tirando del álbum de foto de las manos de Harry y dejándolo sobre la mesa – No pensemos ahora en eso…
- Tienes razón. – dijo Harry, sorbiendo por la nariz mientras se quitaba las gafas y se secaba los ojos – Vamos todo a leer un cuento juntos.
Y eso fue lo que los tres hicieron el resto del día; leer historias, comieron la deliciosa comida que les habían traído los elfos domésticos, – después de todo, ¿quién podría resistirse a un buen plato de calamar cocido al vapor? – le enseñaron a Draco cómo jugar al ajedrez y simplemente tumbados en el sofá, satisfechos de poder estar así.
- Estoy cansado. – dijo Draco bostezando - ¿Puedo pasar la noche aquí? – actualmente estaba usando la pierna de Harry como almohada y se acurrucó como un gato – Mi habitación está muy oscura…
En respuesta, Hermione conjuró una manta colocándola sobre Draco y arropándolo.
- Buenas noches, Draco. – le susurró, plantándole un suave beso en la frente. Harry hizo lo mismo y segundos después Draco ya había caído dormido.
Hermione suspiró mientras pasaba una mano por el sedoso pelo rubio del niño, con una clara adoración en sus ojos. Cuando levantó la vista, Harry le estaba acusando con la mirada.
- Te lo dije. – le dijo Harry sonriendo – El patrón de tu rayo estaba en lo cierto.
- Que va. – protestó Hermione – Simplemente creo que es dulce… cuando vuelva a ser mayor probablemente será el mismo idiota que conocíamos.
- ¿De verdad crees eso?
- Sí.
- Pues no lo hagas… ¿no recuerdas lo que dijo Dumbledore? Lo recordaran todo de esta etapa. ¿No crees que podría cambiar, aunque fuera un poco?
- Probablemente… ¡pero eso no significa que vaya a caer enamorada de él! – exclamó, levantando sus manos al aire – Tal vez, podríamos ser amigos, ¿pero enamorarnos? ¡Es una locura!
- No sé, Mione. Hay algo especial en él… quiero decir, ¡mira lo que le hizo hacer a Ginny! Si ahora es así, ¿no significa que debería haber algo de todo esto después? Realmente te adora… no me extrañaría que acabarías enamorados.
- ¿Y estarías de acuerdo con eso? – le preguntó Hermione riendo – Todo lo que siempre has querido es matarlo, ¿y ahora quieres que empiece a gustarme?
- Bueno, no es Malfoy.
- Entonces, ¿quién es?
- Draco.
…
- Va, Mione. Vamos a dormir. Mañana tendremos una gran cantidad de clases.
Hermione se acurrucó en el sofá, mientras Harry se inclinaba para atrás, sin querer despertar al Slytherin. Unos minutos después, la sala común estaba en completo silencio, todos se habían quedado dormidos.
A la mañana siguiente la luz del sol se colaba por la ventana, aterrizando directamente en la cara de Harry. Con un gemido se sentó, estirando la mano para ponerse las gafas. En ese momento Draco se despertaba también, saliendo corriendo hacia la ventana.
- ¡Hoy no está lloviendo! – exclamó alegremente. Corriendo de nuevo hacia el sofá, trepó sobre el estómago de Hermione y comenzó a dar pequeños saltitos - ¡Despierta Hermione! ¡Despierta!
- Estoy… despierta. – resolló la chica – Sólo… baja… de encima. – obedientemente, Draco saltó hacia el suelo - ¿Qué vamos hacer hoy?
- GGRRRROOOAAAARRRR. – los tres se giraron apresurándose hacia la ventana, viendo a Hagrid sosteniendo unas gruesas cadenas de metal y tirando de ellas, el otro extremo de la cadena no era visible. Hermione palideció.
- Nos van a devorar.
Esta cap también me encanta! Son todos tan adorablesss...(L)
Que tengáis un buen díaa!
Besos!
Contestación a los reviews sin cuenta:
SALESIA: Espero que ya estés mejor carii! Si no te mando un cálido abrazo y verás como mañana ya estas mejor :D y espero que tampoco se te acumule mucho trabajo, que si no después te dará un derrame cerebral o algo.. xD Sii el cap de ayer era de Draco y Harry y fue perfecto, como adore esa tormentaa.. tan monos (L) Y si Draco es un pillín ajajajaj anda que no sabe manipular el tío, todo hay que decir que los Weasley son demasiado impulsivos así que no era muy difícil sacarla de quicio ajajajaj y como has visto Hermione ha sacado una fotito aunque no del beso, pero si del momento ;) JAJAJAJAJ Siii nada mejor anti sexo que una buena dosis de Pansy xDDD menuda perlita de niña ;) Si hubiera sido genial tener una foto de los tres, aunque no se si a Ginny le hubiera echo tanta gracia.. xDD pero bueno sabemos que ahí no hay amor para nada... sólo u fuerte cariño (L) Sii ahora Draco sabe que allí no hace faltan las fachadaas y que puede ser como él es aparte de que entre ellos se protegen :D como los amoo (L) Espero que te guste el cap de hoy! y nos vemos mañanaaa, Besazoss (L)
