Me acabo de despertar... y no estoy en mi mejor momento de lucidez, intentaré contestar a los reviews... pero puede que me quede dormida... o que no se entienda nada de lo que diigo...

Por cierto, empezaré mañana lo del día si y día no de actualizar, tengo qu entregar dos trabajos para el lunes y con el cumpleaños de ayer... ya sabéis.. xD

Espero que tengáis un buen sabado yo me quedaré aplanada n el sofá todoo el día...

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de IcyPanther -.


Capítulo 10 – Watch out Hogsmeade! (¡Cuidado Hogsmeade!)

- Draco, - dijo Hermione, llamando a la puerta cerrada del dormitorio - ¿Estás preparado para irnos? – no hubo respuesta desde el interior y Hermione sonrió – Te lo merecías Draco… no te enfades… tu decidiste hacerlo.

Todavía estaba en silencio.

- Supongo que entonces, no quieres ir a Hogsmeade, ¿no? – el pomo de la puerta giró, revelando al niño con los ojos plateados abatidos. Seguía vestido con el pijama de hacía unos días, no había visto necesidad de cambiárselo.

- ¿Por qué esa cara tan larga, Draco? – preguntó Harry, saliendo de su propia habitación, vestido con su bufanda dorada y roja y con un conjunto de ropa bien ceñido, para protegerse del frío que había llegado a principios de ese año.

- Ya lo sabéis. – contestó el niño sombríamente.

- Lo hicimos por tu propio bien. – le reprendió Hermione, cogiendo a Draco en brazos y volviendo a meterlo en la habitación - Si permitimos que siempre te salgas con la tuya, ¿en qué tipo de persona te convertirías?

Dejándolo sentado sobre la cama, Hermione se acercó al baúl del niño sacando su habitual conjunto de ropa negra.

- Vístete y después ves a cepillarte los dientes. – le ordenó la chica, colocando la ropa junto a Draco.

Cuando Hermione salió de la habitación, Draco empezó a vestirse y a ordenar el pijama, aunque seguía refunfuñando por lo bajo. Tan pronto como habían vuelto a la sala común después de cenar hacia dos días, Hermione le había dicho su castigo por el truquito con Pansy en la mesa de profesores.

Tuvo que quedarse el resto de la noche en su habitación, sin leer, ni hacer nada. Al día siguiente asistiría con ellos a clases, pero debería quedarse en silencio y sin hablar con ninguno de sus compañeros de cinco años de clase. Tan pronto como las clases finalizaron ese día, tuvo que ir directamente a su habitación y quedarse allí el resto de la tarde, excepto para darse un baño. Harry le había traído la cena, pero sin postre. Y se le permitiría salir a la mañana siguiente para la visita a Hogsmeade, que era en ese momento.

Durante todo el día de ayer, Draco se había divertido tarareando algunas melodías o había estado tan aburrido casi hasta para ponerse a llorar, a veces se sentaba en la puerta, como si esperara que alguien la abriera y le devolviera la libertad.

Saliendo de su habitación por primera vez en dos días sin escolta, Draco se dirigió hacia el cuarto de baño, poniendo la pasta dentífrica con sabor a menta en su cepillo de dientes, comenzando el proceso de limpieza diaria de dientes.

Varios minutos más tarde, Draco se puso su capa y se acercó a Harry y Hermione, que ya le estaban esperando junto al retrato de salida.

- ¿Has aprendido algo de todo esto, Draco? – le preguntó Hermione, mientras el trío salía de la sala común.

- Sí. – murmuró – No hay que hacerle más bromas a los profesores.

- ¡Ahí estas, Draco! – exclamó una voz bastante aguda, proveniente desde el fondo en el pasillo - ¡Te he echado muuuchooooo de menos! – dijo la pequeña Slytherin mientras se lanzaba sobre Draco, aplastándolo.

Los dos Gryffindors intercambiaron miradas cuando Neville y Blaise aparecieron a la vuelta del pasillo mirando alrededor con pánico.

- ¿Habéis visto a… - Hermione señaló a los niños – Gracias. – jadeó Blaise, inclinándose e intentando recuperar el aliento.

- Pensaba que también habíais castigado a Pansy. - comentó Harry, mirando con diversión como Pansy seguía aplastando a Draco, para después pasarle hacerle cosquillas.

- Lo hicimos. Aunque no parece haber funcionado. – gimoteó Neville – No pudimos detenerla en clase como hicisteis tú y Mione con Draco, no tuvimos la oportunidad de comer bien a la hora de la cena y se fue a la cama a las seis… y sin postre. Pero sigue sin escucharnos.

- Simplemente está acostumbrada a conseguir lo que quiere. – señaló Hermione – Y castigarla una vez no supondrá realmente un cambio en ella. Draco, por el contrario, parece haber aprendido la lección.

- Todavía está unido a Pansy. – sonrió Harry – No parece que todo haya salido tan bien. – Hermione golpeó a Harry en la cabeza – Estaba bromeando… pero admítelo, ella le contagia.

- La primera vez que estuvimos con él, - dijo Hermione suspirando, con una mirada pensativa en sus ojos – Era tan dulce y educado… pero ahora, está teniendo una racha bastante problemática.

- Uhm, ¿no deberíamos estar dirigiéndonos hacia los carruajes? – preguntó Neville – Se supone que deberían estar saliendo ahora. – Hermione gritó de la sorpresa, dando una zancada hacia adelante y cogiendo a Draco de los brazos de Pansy, arrancando a correr por el pasillo, el resto – Pansy iba en brazos de Blaise – iban detrás de ella apresuradamente.

- ¡Daos prisa! – gritó Ginny desde uno de los carruajes que justo empezaba a moverse. Hermione de un saltó consiguió entrar dentro y Harry la siguió, justo a tiempo de que la puerta se cerrara justo detrás de él - ¿Qué os ha retrasado tanto?

Ron estaba sentado al lado de su hermana, con una expresión de miedo en su cara mientras sus ojos estaban fijos en Terry, sentado en el regazo de Lavender.

- Nos encontramos con Pansy. – dijo Harry como única explicación, tomando asiento junto a Ginny pasando inmediatamente un brazo sobre sus hombros y Hermione se sentó con Draco junto a Lavender.

- Hola. – saludó Terry, sonriendo con todos sus dientes a Draco – Soy Terry.

- Draco. – se presentó el pequeño, tendiéndole una mano. Terry acercó su mano para agarrarlo y de repente, saltó del regazo de Lavender, para morder al Slytherin.

- No sabes bien. – dijo escupiendo, pedazos de pelusa negra que se le habían quedado entre los dientes de los guantes que Draco – afortunadamente – llevaba.

- ¡Terry! ¡No muerdas a la gente! – le regañó Lavender.

Draco gruñó entre dientes, saltando del regazo de Hermione para abordar al otro niño, quien empezó a gritar alarmado. Draco chasqueó los dientes con rabia, mordiéndole la mano a Terry, antes de que ambos empezaran a rodar por el suelo, luchando para ganar.

- ¡NO OS PELEÉIS! – gritó Hermione agarrando en sus brazos a Draco, mientras Lavender hacia lo mismo con Terry. Draco observó al niño en el regazo de Lavender, con una contusión formándose en su pálida piel y como un ojo se le iba volviendo negro a Terry.

- Lo siento. – murmuró Draco, con lágrimas acumulándose en su ojos.

- Todo está bien. – le aseguró Hermione, dándole un suave abrazo – Mírame… quiero ver tu mejilla. – Draco lo hizo a su vez que Hermione conjuraba una bolsa de hielo y se la puso en la mano – Sostenlo sobre el golpe hasta que baje la hinchazón, ¿de acuerdo? – Draco asintió - ¿Y cómo está tu mano?

- Está bien. – murmuró el niño. De todos modos, Hermione le quitó el guante, aliviada de ver que no tenía ninguna herida, el grueso guante debía de haberle protegido por completo del mordisco de Terry.

Lavender también había conjurado una bolsa de hielo y se la estaba sosteniendo a Terry sobre el ojo, pero a diferencia de Hermione le estaba soltando una charla al niño.

- … y no puedes ir mordiendo a la gente sin razón. Está mal y es doloroso. Tal vez incluso no deberías ir a Hogsmeade.

- Pero Lavender, - empezó a aquejarse Terry con mala cara – me dijiste que podía ir.

- Eso fue antes de que mordieras a Draco.

- Él me ha dado un puñetazo. – volvió a quejarse el Ravenclaw.

- Y se lo has devuelto. Tú has empezado Terry, así que por lo tanto, eres tú el que debería ser castigado.

- ¡Pero quiero ir! – gimoteó Terry - ¡Tienes que dejarme ir!

- Yo no tengo que dejarte hacer nada. – dijo Lavender con firmeza.

- ¿Pooor favooor? – le rogó – Seré bueno. Lo prometo.

- Una oportunidad. Sólo una. Si haces algo mal volveremos directos al castillo. – Terry asintió con felicidad, manteniéndose en silencio el resto del trayecto hasta el pequeño pueblo de magos.

Tan pronto como el carruaje se detuvo, Draco salió corriendo con ganas de poner la mayor distancia posible entre él y ese pequeño monstruo. Hermione alcanzó a Draco, mientras Ginny y Harry la seguían, paseando por el centro de la calle principal del pueblo.

- ¿Qué os gustaría hacer primero? – preguntó Hermione al grupo, poniéndose a su altura.

- No sé. – contestó Ginny.

- ¿Caramelos? – sugirió Draco, con un brillo de emoción en sus ojos. Los tres adolescentes intercambiaron una mirada y se echaron a reír.

- Claro, vamos a buscar unos cuantos caramelos. – le dijo Ginny riendo – Pero aún no hemos desayunado, ¿no deberíamos hacer eso primero?

- Buen punto. – dijo Hermione todavía sonriendo – Después de todo, no queremos arruinar el apetito de Draco antes de que coma algo saludable. – Draco le sacó la lengua a Ginny y ella se la devolvió.

- Conozco un pequeño restaurante de desayunos un poco más hacia abajo. – dijo Ginny - ¿Por qué no vamos allí primero?

- Suena como que tenemos un plan. – sonrió Harry, mientras se escuchaba su estómago rugir sonoramente. Ginny le golpeó suavemente su estómago antes de rodearlo con los brazos y seguir calle abajo, con Hermione y Draco a la zaga.

- ¿Pero prometes que iremos a la tienda de caramelos? – le preguntó Draco, teniendo que dar grandes zancadas para igualar el ritmo de las largas piernas de Hermione.

- Después iremos a Honeydukes. – le prometió Hermione – después de todo, yo también quiero comprar más piruletas de arco iris.

- ¿Qué tienen de especial?

- Cuando te la has acabado de comer, cada vez que sonríes tus dientes están teñidos de un color diferente. Personalmente me parecen bastante divertidas.

- Mis favoritas son las bolas de helado levitadoras. – declaró el niño.

- Entonces me aseguraré de conseguir unas de esas para ti, pero también iremos a comprar ropa, ¿de acuerdo? Y no quiero ninguna queja. – dijo Hermione con severidad, notando como Draco fruncía el ceño.

- Pero Hermione…

- Sin peros. Haremos cosas que quieres hacer tú y cosas que quiero hacer yo… y eso incluye ir a comprar ropa para ti. – Draco abrió la boca para discutir, pero la volvió a cerrar sin saber que decir – Ahora vamos a alcanzar a Harry y Ginny.

Los cuatro llegaron frente al pequeño y acogedor restaurante, buscando un sitio donde sentarse a desayunar. Aunque aún fuera sólo septiembre, ya colgaban algunas guirnaldas de acebo de las altas vigas y unos grandes lazos de color rojo brillante adornaban bajo los marcos de las ventanas.

Con una sonrisa, Ginny abrió la puerta y entraron en una cálida estancia, una gran chimenea en una de las paredes, caldeaba el ambiente. Las mesas que había alrededor estaban llenas de numerosos grupos de estudiantes de Hogwarts y una gran puerta en la parte de atrás que continuamente se abría y cerraba por el personal de la cocina que salía de allí con bandejas llenas de comida.

- ¿Puedo llevaros a una mesa, queridos? – les preguntó una mujer alta, de pelo rubio con sus labios curvándose en una sonrisa dirigida hacia Draco, quien dio un tímido paso atrás.

- Sí, para cuatro, por favor. – sonrió Ginny – Por casualidad, ¿se sigue sirviendo la Tostada Francesa con salsa de fresa? – le preguntó, mientras la camarera les conducía hacia una mesa desocupada.

- Por supuesto. Ahora vendrá alguien a tomaros el pedido. ¡Qué tengáis un buen desayuno! – les deseó, colocando cinco menús en la mesa, la mujer se marchó hacia la entrada para seguir recibiendo clientes.

- Estoy tan contenta. – suspiró Ginny con felicidad – Cada vez que veníamos aquí, mi madre siempre me elegía esas para mí.

- Creo que los panqueques hinchables con jarabe de arce suenan bien. – reflexionó Hermione, observando todos los platos que habían en el menú - ¿Qué te apetece, Draco?

- Las galletas con helado y chispas de chocolate. – le contestó rápidamente, con los ojos brillantes - ¿Puedo tomar eso? ¿Por favor, Hermione?

- Supongo que podemos permitirnos el lujo de mimarte por una vez… pero para la cena de esta noche comerás algo saludable y fruta – Draco asintió, estando de acuerdo con la decisión tomada - ¿Y tú que quieres, Harry?

- Creo que pediré una tortilla de queso y jamón. – contestó el chico, mirando por encima de su menú - ¿Podemos pedir una guarnición de frutas?

- Eso estaría genial. – dijo Ginny – En el menú pone que hoy sirven melón y melaza. ¡Ñam!

- Parece que también sirven problemas… - murmuró Harry – Que nadie se dé la vuelta… no quiero que nos vea o…

- ¡Pansy! ¡Aquí! – gritó Draco, agitando los brazos mientras se ponía de pie en la silla. La niña empezó a tironear de sus dos tutores hacia la mesa, con una enorme sonrisa en su rostro.

- O Draco puede arruinarlo. – reía Ginny disimuladamente – Pobre, pobre Harry… - dijo, dándole una palmadita en la cabeza – No puede ser tan mala.

- Simplemente observa. – gimoteó Harry.

- ¿Puede traernos tres sillas más por aquí? – le preguntó Hermione a una camarera que pasaba por ahí. Con un guiño y un movimiento de su varita, la camarera agrandó la mesa y se añadieron tres sillas más - ¡Gracias!

- ¡No sabíamos que te encontraríamos aquí, Draco! – canturreó Pansy, trepando a la silla de al lado de Draco y apretándolo en un abrazo.

- Apuesto a que no… - gruñó Harry, pero afortunadamente Pansy no lo escuchó.

- Ohh, ¿has pedido esto? ¡Parece delicioso! ¿Quieres que compartamos una? No creo que pudiera acabármelo todo yo sola.

- Claro. – dijo Draco amablemente – Está bien, ¿verdad, Hermione?

- Está muy bien. – le aseguró Hermione. Durante los siguientes minutos, los niños miraban el menú de postres, mientras los cinco adolescentes mantenían una conversación trivial.

- Hola a todos. Soy Barb y seré vuestra camarera. ¿Queréis algo para beber?

- Estos dos, – dijo Hermione, señalando a los niños – tomaran leche y yo un vaso de zumo de naranja.

- De manzana para mí, por favor. – dijo Ginny sonriendo.

- De naranja. – dijo Harry.

- De pomelo. – sonrió Neville.

- Yo de brócoli. – dijo Blaise. Todos miraron al Slytherin extrañados – Está bueno. – se defendió – Hay que hervir el brócoli, luego exprimir sus jugos, mezclarlo con agua y añadirle un poco de sal. – Ginny había empezado a cambiar de color debido a la descripción de la bebida deseada de Blaise y salió escopeteada de su silla en dirección al baño.

- Muy bien, entonces… - dijo Barb, anotando el pedido – Vuelvo en un segundo.

- ¿De verdad te vas a beber eso? – le preguntó Hermione, levemente – Quiero decir… he visto zumo de tomate o incluso de espinacas… ¿pero de brócoli?

- Es lo que me ha dado mi apuesta apariencia. – bromeó el chico de piel oscura, lanzándole a Hermione una encantadora sonrisa – Crecí bebiendo ese tipo de zumos en vez de zumos de frutas… mi madre es alérgica a todos los cítricos y odia las manzanas.

- Lo siento. – le dije Hermione – No sé qué habría hecho en mi infancia sin mi zumo de naranja diario.

- Vale, haré una nota de eso. – río Harry, haciendo que escribía en una de las servilletas y guardándosela en el bolsillo – Nunca se sabe cuándo puede que me sea necesario.

- Aquí tenéis. – dijo Barb, regresando a la mesa con una bandeja llena de bebidas - ¿Ya habéis decidido que tomareis?

- Sí. – dijo Hermione – Los niños compartirán una de galletas con helado y chispas de chocolate y yo unos panqueques hinchables con jarabe de arce. Pediré por Ginny ya que no está, quiere unas tostadas francesas con salsa de fresas.

- Yo quiero la tortilla de jamón y queso y unas tostadas con mantequilla. – dijo Harry, entregándole su menú.

- Tomaré lo mismo. – dijo Neville, asintiendo en dirección a Harry.

- Yo tomaré unos panqueques normales y un muffin de arándanos. – dijo Blaise.

- ¿Podría traernos también una guarnición de fruta? – preguntó Hermione.

- En un momento les traeré el pedido. – dijo Barb asintiendo, poniéndose la libretita con los pedidos en el bolsillo.

Ni diez minutos más tarde, Barb reapareció con unas bandejas flotantes detrás de ella, cargadas con los pedidos de los chicos. Ginny ya había vuelto del baño, poniendo su bolso delante del vaso de Blaise mirándole vilmente.

- Vamos a ver, - dijo Barb, observando a los estudiantes – Creo que las galletas con helado y chocolate son para estos dos angelitos… - Draco y Pansy agradecieron dulcemente a la mujer, para un segundo después lanzarse a por las galletas – Las tostadas francesas para ti… - una bandejita se deslizó sobre la mesa hasta frenarse delante de Ginny – Dos tortillas por allí… - dos bandejitas más se posaron frente a Harry y Neville – Unos panqueques normales para ti… y unos hinchables para ti. Y aquí tenéis la guarnición de fruta. ¡Disfrutad del desayuno!

- Parece delicioso… ¡Y sabe aún mejor! – murmuró Ginny, con la boca llena de comida - ¡Prueba un poco, Hermione! – dijo levantando el tenedor, con un trozo de tostada pinchado en él.

- Déjame probar el mío primero, Gin. – río Hermione – Ne he comido de estos en mucho tiempo. – cogió el cuchillo para cortar el panqueque cuando de repente, comenzó a hincharse… creciendo más y más a cada segundo.

- ¡Va a explotar! – gritó Neville, agachándose debajo de la mesa, arrastrando a Pansy con él. Hermione echó la silla hacia atrás, pero no pudo esquivar la explosión. El panqueque explotó sobre ella, llenándola de pegotes amarillos y pegajosos esparcidos por su túnica negra.

- Creo que ha funcionado. – comentó una voz desde una de las mesas más alejada.

- Estoy de acuerdo. ¡Se ha hinchado a un tamaño considerable!

- ¡Corta el rollo! ¡Estas empezando a sonar como Percy!

- Pues lo siento, querido gemelo.

- ¿Fred? ¿George? ¿Qué estáis haciendo aquí? – preguntó Ginny, acercándose a la mesa donde estaban sus hermanos.

- Probando algunos de nuestros nuevos productos. – sonrió George – Sabíamos que este fin de semana había vista a Hogsmeade, así que vinimos a ver qué cosas nuevas necesitaban los alumnos de Hogwarts.

- ¿Y qué? – exclamó Hermione con irritación - ¿Qué se supone que es esto? – la chica era un espectáculo digno de verse… parecía un monstruo. La explosión del panqueque la cubría de pies a cabeza, esparcida por toda su ropa y aferrada a su pelo. Trocitos de masa impregnados de jarabe de arce corrían por su cara y el zumo de naranja se había derramado por la manga izquierda de su túnica.

- Una explosión pastelera. – explicó Fred – Es un relleno de frutas y cuando alguien acerca un cuchillo o un tenedor se hincha hasta explotar. Como no queríamos que nos vieras, te lo colamos en el plato, mientras el cocinero estaba distraído.

- No creo que lo que habéis hecho sea muy agradable. – dijo Draco frunciéndoles el ceño a los gemelos - ¡Podríais haberle hecho daño a Hermione!

- ¿Quién es el niño? – preguntó Fred, mientras George lanzaba un hechizo de limpieza sobre Hermione y la mesa.

- Es Draco. – dijo Harry – Y ella es Pansy.

- Encantada de conoceros. – dijo la niña haciendo una reverencia, antes de acercarse a los dos y darles una patada en la espinilla - ¡Estoy de acuerdo con Draco! ¡Eso ha estado mal!

- Draco… ¿Draco Malfoy?

- Venid aquí un momento. – dijo Harry, tomando a Fred por la túnica de color azul que llevaba, arrastrándolo a través del restaurante, George iba detrás de ellos - ¿Alguno de los dos ha oído hablar del proyecto del colegio?

- No, no podemos decir que hayamos oído nada. – dijeron al unísono.

- Dumbledore ha dividido a todos los alumnos de sexto años en grupos de tres. En mi grupo estamos Mione, Draco y yo. Uno de los tres debía beber una poción que te convertía en un niño de cinco años, sin recuerdos del presente, excepto los que habían experimentado hasta ese entonces.

- ¿Así que nos estas diciendo que Malfoy no conoce a ninguno de nosotros? ¿O qué no recuerda nada de lo que ha hecho? – Harry negó con la cabeza - ¡Esto será divertido! – exclamó George alegremente, con una sonrisa idénticamente retorcida en su cara y la de Fred.

- No le vais a hacer nada. – dijo Harry con firmeza, agarrando a los gemelos por la parte de atrás de sus túnicas – Nos ha cogido un gran cariño a todos y no vamos a estropear esa confianza.

- ¡Pero podríamos sacar un chantaje de por vida! – exclamó Fred.

- Dumbledore nos dijo que una vez vuelvan a sus edades originales lo recordaran todo. Los dos esperamos que cambie para mejor.

- ¿Así que no podemos chantajearle? – dijo George haciendo un mohín.

- Nop. – dijo Harry alegremente – Y ahora, ¿por qué no volvemos donde lo habíamos dejado?, vosotros os disculpáis con Hermione y os presentamos a Draco y Pansy. Pansy también le ha tomado cierto cariño a Hermione por lo que si le hacéis algo "significativo", incluso aunque sea una broma, esa chica os hará daño. Creerme.

El trío volvió de regreso a la mesa del desayuno, donde todos estaban comiendo, Ginny compartía su desayuno con Hermione.

- Lo sentimos, Hermione. – dijeron los gemelos a la vez, con un brillo de picardía todavía en sus ojos – No lo volveremos a hacer.

- Bien. – contestó sonriendo – Pansy, discúlpate por las patadas. – la niña murmuró una débil disculpa, mirándoles fijamente – Fred, George, él es Draco. – dijo empujando al niño hacia el encuentro con sus amigos – Es muy tímido, así que…

- No soy tímido. – interrumpió Draco, con las manos en las caderas – Sólo un poco tranquilo… eso es todo.

- Por suerte para él, yo soy muy escandalosa. – sonrió Pansy – Vosotros dos parecéis demasiado viejos para ir a Hogwarts… ¿por qué estáis aquí?

- Tenemos una tienda de artículos de broma en el Callejón Diagon y…

- ¿Bromas? ¿Quieres decir cómo travesuras?

- ¿De qué tipo?

- ¿Cuánto cuestan?

- ¿Tenéis más de esos pasteles que explotan?

Fred y George parecía que habían encontrado a su hermanito y hermanita perfectos.

- ¿Queréis decir que a vosotros dos os gusta gastar bromas?

- ¡Me encanta! – sonrió Pansy.

- No vayáis a darles ninguna idea. – les advirtió Hermione, cogiendo a Draco entre sus brazos y tapándole los oídos – Acaban de salir de un castigo por encender un montón de fuegos artificiales en la mesa de profesores.

Los gemelos le sonrieron con complicidad a la niña de Slytherin.

- ¿Todo el mundo ha acabado con su desayuno? – preguntó Ginny, apilando su plato con el de Harry – Porque los caramelos me están llamando…

- ¡A mí también! – exclamó Pansy, saltando de la silla - ¡Vamos! – antes de que nadie ni siquiera pudiera protestar, Pansy había retirado a Blaise y Neville de sus sillas empezando a arrastrarlos hacia la salida.

Blaise se metió la mano en el bolsillo y lanzó varios sickles sobre la mesa antes de estar demasiado lejos, Hermione pagó su cuenta y Harry y Ginny ya lo habían hecho. Fred y George también aportaron algún knut y algún sickle más de propina y todos se marcharon del restaurante, con los estómagos llenos, pero aun con algún espacio para dulces.

Una campanilla tintineó en cuanto abrieron la puerta de Honeydukes.

Draco y Pansy soltaron grititos emocionados, corriendo hacia el estante más cercano llena de gusanos de gominola, que podías sentirlos moverse en el estómago muchos después de habértelos comido.

Harry se fue hacia las ranas de chocolate, cogiendo un puñado de cajas del estante, aparte de unas dulces telas de araña, más unos cuantos caramelos con sabor a cerezas silvestres.

Ansiosamente, Hermione agarró varios de sus deseadas piruletas de arco iris de los estantes y un rollo de hilo dental mentolado para sus padres.

Ginny sonriendo, cargó con un montón de hormigas de caramelo en una bolsa. No se las comería todas… a veces, le colaba alguna en la sopa a Ron, y entonces él se volvía loco durante toda la noche, odiando la sensación de hormigas recorriendo sus piernas.

Los gemelos se abastecieron de un gran surtido de caramelos, consistente en un poco de todo, desde estallidos de sangre hasta súper ventosas escandalosas.

Neville compró el famoso dulce de azúcar de Honeydukes y Blaise se sirvió de gusanos de gominola.

Más de una hora después, todos salían de la tienda, con los bolsillos ligeramente más ligeros y un montón de bolsas llenas de dulces. Pansy y Draco masticaban con emoción una pompa de goma, cada tanto se hinchaba y explotaba en la boca.

- ¿Ahora hacia dónde, Mione? – preguntó Ginny, sirviéndose algunos de los caramelos de Fred.

- Creo que es hora de ir a por algo de ropa para Draco. – contestó Hermione, viendo rechazo en el rostro del niño - ¿No crees, Harry?

- En realidad íbamos a ir a la tienda de Quidditch. – dijo Harry tímidamente, señalándose a sí mismo y a Blaise, Neville y los gemelos Weasley.

- ¿Puedo ir a comprar contigo? ¿Por favor, Hermione? ¿Porfa, por favor? – le rogaba Pansy.

- ¿Puedo ir a la tienda de Quidditch? – rogó Draco, aferrándose a la túnica de Harry.

- Sí a Pansy y no a Draco. – dijo Hermione - ¿Qué tal si nos encontramos los cinco en las Tres Escobas en unas dos horas?

- Por nosotros bien. – dijo Harry.

- No dejes que me lleve. – se lamentaba Draco, envolviendo sus brazos alrededor de las piernas de Harry - ¡No quiero ir a comprar ropa!

- Lo siento, Draco. – se disculpó Harry – Si eso es lo que Hermione quiere, no tenemos nada que decir.

- ¡NO QUIERO IR! – gritó, mientras Hermione le arrancaba de las piernas de Harry, colocándoselo en la cadera - ¡HARRY POR FAVOR! – Harry y compañía agitaban la mano con tristeza viendo como las chicas más un desesperado Draco seguían calle abajo.

- Siento que hemos hecho mal. – dijo Neville.

- Yo también. – estuvo de acuerdo Harry – Pobre chico… me pregunto qué harán con él.

Mientras tanto, las chicas estaban teniendo uno de los mejores momentos de sus vidas en una tienda de ropa para niños. Pansy cargaba con una gran cantidad de pequeños vestidos y conjuntos de ropa que las dos chicas le entregaban, saliendo del vestidor cada pocos minutos con el artículo más reciente puesto.

Draco… era una historia completamente diferente. Actualmente, Ginny lo iba persiguiendo por toda la tienda para intentar embutirlo en "el suéter más bonito" que había encontrado… Draco se agachó bajo un maniquí, arrastrándose hasta debajo de uno de los estantes de la tienda, encontrándose cara a cara con los pies de Ginny.

- ¡Te pillé! – exclamó Ginny alegremente, recogiendo al niño que seguía pataleando, llevándolo de nuevo hasta Hermione.

- Creo que es demasiado azul. – decidió Pansy, quitándose la chaqueta que Hermione le había dado - ¿Puedo probarme la rosa otra vez, Hermione?

- ¡Lo tengo! – aplaudió Ginny, dejando al niño frente a Hermione - ¿Qué opinas del suéter? – había conseguido meterle el suéter por la cabeza mientras iban de regreso.

- Está guapo. – dijo Hermione sonriendo – Aunque los conjuntos azules apagan sus ojos… ¡Vamos a por aquél! ¿Qué opinas de esta chaqueta de cuero que he encontrado?

- ¡Con eso estaría adorable!

Despacio, Draco comenzó a moverse en la dirección opuesta, pero se chocó contra un estante de ropa.

- ¡Oh, mira! – chilló Ginny, mientras capturaba a Draco una vez más - ¡Pantalones de cuero y una camiseta negra debajo de la chaqueta!

- Pensaba que no querías ropa negra. – dijo Draco, esperando que la chica perdiera el interés en el cuero.

- Oh y no queremos… pero esto es diferente. – segundos después, Draco ya estaba vestido con las ropas de cuero y con na mueca en su cara - ¡Es tan mono! ¡Estás tan guapo! ¡Añádelo a lo demás, Ginny!

Por el resto de las dos horas, Draco siguió siendo una muñeca, mientras Hermione y Ginny seguían añadiendo artículos de ropa a la "pila de la compra", la cual resultaba un montículo bastante considerable.

- Creo que ya es suficiente. – observó Hermione, lanzando algunos de los conjuntos para Pansy en la pila de ropa – Vayamos a ver cuánto cuesta.

- Una cosa, Hermione. – le susurró Ginny a su amiga - ¿De quién es el dinero que vamos a usar?

- Algo de Draco y mío… yo compraré las cosas de Pansy. No hemos comprado demasiado para ella, después se lo digo a Neville y ya me lo devolverá.

- ¿Pero esto no es malgastar? Sólo van a ser niños un poco más de tiempo…

- Haré que la ropa crezca con ellos. ¿Te imaginas después a Draco con cuero? – se quedaron con expresiones soñadoras, antes de que Ginny sonriera.

- Siento que el amor está en el aire. – canturreó, dando una vuelta dramática.

- Déjalo. – susurró Hermione, llevando una mano hasta la boca de Ginny.

- ¿O sea que te gustaría? – preguntó Ginny.

- ¡No! Sólo digo que le quedaría bien, eso es todo.

- Ajá… Bueno, hora de pagar esto. – Ginny se alejó rápidamente, dejando a Hermione mirándola con la boca abierta.

- No me gustaría verlo así… - se dijo con vehemencia a sí misma – Y nunca lo haría.

Cuando sus pensamientos llegaron a esa conclusión, Hermione se abrió paso hasta la caja y minutos más tarde, los cuatro salieron de la tienda, cargados de bolsas y más bolsas.

- Voy a usar un hechizo reductor. – resopló Hermione – Echaos a un lado.

Pronto, se movieron mucho más ligeramente, ya que ahora las bolsas eran del tamaño de un knut.

- Es hora de ir a por unas cervezas de mantequilla y luego volveremos al castillo. – anunció Ginny, abriendo la puerta de las Tres Escobas.

Encontraron la mesa de los chicos con relativa facilidad, estaba repleta de artículos de Quidditch que habían comprad y que ahora comprobaban.

- ¿Habéis disfrutado del viaje de compras? – preguntó Harry, buscando las bolsas.

- Muchísimo. Le hemos comprado unas cuantas cosas nuevas a Draco.

- ¿Unas cuantas? – preguntó Draco con incredulidad - ¡Ginny y tú habéis comprado casi toda la tienda!

Hermione río con nerviosismo, tomando un sorbo de una de las cerveza de mantequilla que acaban de llegar a la mesa.

- ¿Para qué necesita tanta ropa? – exclamó Harry.

- Todo le quedaba tan bien… - dijo Ginny de manera exagerada, abrazando al niño con fuerza – No podíamos simplemente elegir uno.

Salieron del bar un poco más tarde, sintiéndose mucho más felices, con la cerveza de mantequilla todavía burbujeando en su interior.

- Hora de que os vayáis. – dijo Fred, abrazando a Ginny, mientras George también la rodeaba por la espalda quedando entre los dos – Ha sido un placer veros de nuevo.

- Y ha sido genial conoceros a vosotros dos. – dijo George sonriendo a Pansy y a Draco.

- ¡Nos vemos! – con un crack, los gemelos desaparecieron.

El grupo fue caminado de regreso hasta los carruajes, Harry también había encogido sus bolsas, cuando una figura irrumpió en medio del camino, con el pelo rubio brillando a los rayos del sol y su túnica negra ondeando al viento.

- Y ahora… ¿Qué tenemos aquí?


Bueno, tengo que avisar que el cap que viene no es demasiado agradable... pero supongo que es necesario...

Otra cosa, creo que el fic se hizo por el 2006 y creo que aun no habían salido varios de los últimos libros, así que por eso Norberto sigue siendo Norberto y no una dulce hembra ;)

Por ciertooo, recomiendo muy mucho a la gente que tenga cuenta en Fanfiction que vaya a echar un vistazo al foro de "Las cuatro casas" Es una pasada, te seleccionan para una casa y consigues puntos según juegos, mini-retos y retos, hay un topic que es el Gran Comedor donde todos los miembros de todas las casas pueden interactuar, estoy enganchadísima ¡SOY GRYFFINDOR! Si queréis información pedídmela por PM ;)

Besitos!

Contestación a los reviews sin cuenta:

SALESIA: Wolassss hoy no estoy muy lucida... me acabo de levantar y son las 5 de la tarde.. :S Tienes razón Draco+Pansy=DESASTRE TOTAL, a mí me dan miedo... xD JAJAJA SIII yo no me desprendería de la cámara en todo el día, una nunca sabe cuando va a ver algo que debería inmortalizarse :D Yo tampoco creo que Norberto fuera a comérselo, sólo estaba dándole una vueltecita :D Sii Hermione se preocupa mucho por Draco... es tan adorable como le ha cogido cariño ya veremos que pasa cuando sea mayor que ya quedan pocos caps ;) bueno xiquii hoy ya no se que más decir... estoy sobada, me duele la cabeza... así que nos vemos el lunes cieloo (LL) Bsos!