Wolas xiquis!
Tengo que deciros que voy a estar 1 semana y media o así sin publicar. Creo que me he sobrexplotado a mi misma y ya no creo dar más de mí... en fin entre la práctica, los trabajos, las traducciones, las actualizaciones, mi fic de Pesadillas y algún que otro reto... ehh... no tengo tiempo para nada, por eso he decidido dejar de actualizar durante dos semanas y así adelantar mis fics, acabar con la práctica y todo lo que tengo encima, eso si estaré pululando por el foro "Las cuatro casas", así que si alguien quiere acosarme o algo, por ahí andaré los ratos libres. Lo siento xiquis, pero mi cabeza está a punto de colapsar...
Adoro este cap, espero que os guste tanto como a mí ;)
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de IcyPanther -.
Capítulo 12 – Life Hurts (La vida duele)
Ya habían pasado varios días desde la visita a Hogsmeade, once para ser más exactos. Y muchas cosas habían pasado desde entonces…
Para empezar, habían bautizado a Sparkles y le habían dado un nuevo hogar. Había sido una gran ceremonia, con agua bendita y todo – "bendecida" por Hermione – Sparkles iba vestido con el típico vestidito blanco para los niños y hasta habían conseguido una vela bautismal.
Draco se había hecho pasar por el padre de su nueva responsabilidad, Harry había sido el sacerdote y Hermione los invitados. Mientras la chica y el supuesto padre observaban, Sparkles fue inclinado ante la bañera y empapado en agua "bendita", antes de sacarlo de allí y lanzarle un hechizo para secarlo.
Posteriormente el "sacerdote" se lo entregó a su nuevo propietario, quien se comprometió a amar y cuidar de ese recién nacido. En caso de que os lo estéis preguntando, ese recién nacido no era otro que el dragón de peluche que Hermione y Harry le habían regalado a Draco.
Después de haber sido aceptado con gusto en la familia, Sparkles y Draco se hicieron inseparables. En todas y cada una de las clases que asistían el dragón siempre estaba sentado en el regazo del niño, se quedaba en la seguridad de la mochila de Hermione durante las clases de Cuidado de Criaturas Mágicas y se sentaba junto a él en todas las comidas.
Por supuesto, muchas otras cosas le habían ocurrido a Draco en su estancia con sus nuevos tutores. Se las arregló para gastarles varias bromas, después de haberse hecho con la varita de Harry, todo con la ayuda de Pansy por supuesto. Estas pequeñas bromas iban desde ponerle un caramelo Longuilinguo en el desayuno de Hermione hasta colgar la ropa de Harry como banderín desde la Torre Norte, con la ayuda de la Saeta de Fuego del mismo.
Los dos Gryffindors, principalmente Harry, se habían quedado impresionados de que el niño hubiera podido controlar la escoba más rápida jamás creada. Así que por supuesto, le había llevado al estadio de Quidditch y habían dado varios largos paseos sobre el lago y alrededor de los terrenos de Hogwarts.
Pero, había que recordar que se trataba de Draco, un chico propenso a los accidentes a pesar de que no tuviera intención de crearlos. Y encima de las escobas, a gran velocidad y con un fuerte viento soplando, llegaban los accidentes… y así fue como Hermione se encontró acampando durante dos días en la enfermería, porque Draco y Harry estaban allí siendo tratados por una neumonía después de haber caído al lago helado.
La señora Pomfrey les había dicho que habían tenido suerte… sólo era septiembre y el lago todavía no estaba tan frío como lo estaría en los meses de invierno, aunque ya estaba bastante frío por ser otoño.
Y por supuesto, Terry siempre proporcionaba un poco de diversión, él y Draco había acabado en términos bastante negativos. Tenían que mantenerlos separados, por temor a que Terry atacara a Draco y que él se defendiera.
Una vez, Ron tuvo que separarlos físicamente porque estaban gruñéndose entre ellos y Terry había terminado con marcas de dientes por todo el brazo intentando llegar hasta Draco, quien "accidentalmente" había empujado un vaso de zumo de calabaza por encima del regazo de Terry.
Draco también había tenido su primera clase de Herbología y la verdad sea dicha, estuvo aterrorizado. Durante toda la lección había estado aferrado a Sparkles y Hermione intentando convencerle de que no todas las plantas se lo iban a comer.
Hermione seguía dándole vueltas al hecho de que a Draco no le importara ser devorado por un dragón, pero la sola visión de una planta medianamente inofensiva – tal como la flor de plumas fluorescente – le había hecho esconderse bajo la mesa.
Actualmente, Hermione estaba acurrucada en un sillón, inmersa en la lectura de Hogwarts: Una historia, mientras Harry estaba recostado en el sofá observando como Draco corría alrededor de la sala detrás de Crookshanks, quien tenía el dragón de peluche del niño en la boca.
- ¡MALDITO GATO! – gritó Draco - ¡VUELVE AQUÍ AHORA MISMO, BOLA DE PELO NARANJA!
- ¡Draco! – le regañó Hermione, levantando la vista del espeso texto en el que estaba inmersa - ¿Dónde has aprendido esas palabras? ¡Están mal!
- De Ron. – admitió el niño bajando la cabeza y parando su persecución.
- ¡Oh! – dijo enfurecida, cerrando de un golpe la tapa del libro - ¡Me va a oír! ¡Lavender tenía razón! ¡Los niños imitan su manera de hablar! – Draco simplemente sonreía, mientras veía a Hermione marchándose hacia el retrato hecha una furia.
Obedientemente la puerta se abrió y la chica salió de allí a grandes zancadas, escuchándose un fuerte golpe segundos después.
- ¡Señorita Granger! ¡Por favor miré por donde va! – resopló la profesora de Transformaciones.
- Lo siento. – dijo Hermione de manera amortiguada desde debajo de la mujer.
Con un quejido, McGonagall se puso en pie, ofreciéndole una mano a la chica.
- ¿Se iba? Me gustaría que escuchara algo primero.
"Mutilar a Ron podría esperar…" – concluyó mentalmente Hermione.
- Claro, adelante. – le invitó, caminando de vuelta hacia la sala común, Leviculus miraba el intercambio con una tonta sonrisa en la cara.
Ambas entraron y McGonagall se sentó en uno de los sillones, observando al niño rubio con diversión que una vez más volvía a perseguir al gato alrededor de la sala, intentando alcanzar su juguete.
- Tengo algo importante que deciros. – dijo la profesora con una expresión seria, metiéndose la mano en el bolsillo interior de su túnica y le entregó un frasquito con una poción de color rojo oscuro a Hermione, que se había sentado junto a Harry en el sofá – Ya han pasado dos semanas y ya es hora de que el señor Malfoy vuelva a la normalidad.
- ¿Ya? – murmuró Hermione, con la sensación de lágrimas inundando sus ojos – Pero no puede haber pasado…
- Han pasado catorce días desde entonces, señorita Granger. Hemos discutido el tema con la profesora Tobin y hemos hecho un cambio en el sistema… hoy, sólo tomara una poción el señor Malfoy, en dos días, tanto usted como el señor Potter tomareis la poción para saber quién será el siguiente niño.
- ¿Por qué esperar? – preguntó Harry.
- Sentimos que los estudiantes podrían necesitar un descanso, para simplemente ponerse al día con sus amigos y posiblemente con sus compañeros… y yo intuyo que algunos podrían necesitar incluso tiempo para estar solos.
- ¿Hay que dársela ahora? – preguntó una vez más Harry, esta vez con la voz ahogada.
- Sí. Tardará en eliminarse unas horas… probablemente vuelva para la hora de la cena y así pueda ir a cenar. Y toda la ropa que tenga en su baúl y puesta volverá con él a la normalidad.
Hermione palideció.
- ¿Quiere decir que tienen que estar dentro del baúl?
- Eso es.
Con un suave gritito Hermione corrió hacia la habitación de Draco, el sonido de un baúl se estrelló contra el suelo y empezó a llenarlo en medio de la habitación.
- ¿Qué está haciendo Hermione con toda mi ropa? – preguntó Draco, trepando hasta el regazo de Harry, con Sparkles asegurado entre sus brazos – Me dijo que las doblara… y ahora ella lo está deshaciendo.
- Tiene que meterlo todo en el baúl ahora. – explicó Harry, enjuagándose con una mano las lágrimas que se habían agolpado en sus ojos.
- ¿Por qué lloras? – le preguntó Draco, extendiendo la mano y limpiando una lágrima que a Harry se le había escapado.
- Me marcho ya, señor Potter. –anunció McGonagall, poniéndose en pie. Sonriéndole con tristeza al niño, le alborotó los mechones rubios y luego continuó hacia la abertura del retrato, saliendo por él.
- ¡Ya lo he metido todo para que se adapte! – exclamó Hermione, saliendo de la habitación de Draco con una sonrisa de satisfacción en su rostro, pero echándole un vistazo al niño aferrado a su dragón, encima del regazo de Harry le sobrevino un ataque de tristeza.
- ¿Por qué estáis llorando los dos? – preguntó otra vez Draco, con la preocupación inundando sus rasgos angelicales.
- Ven aquí, Draco. – murmuró Hermione, extendiendo los brazos hacia el niño. Saltando del regazo de Harry, Draco se dejó coger en brazos y se marcharon hacia a su habitación, con Harry a la zaga.
- ¿Qué está pasando? – Hermione no contestó a la pregunta del Slytherin, simplemente lo colocó bajo las mantas y ella se sentó en el borde de su cama con Harry al otro lado - ¿He hecho algo mal?
- No has hecho nada. – le susurró Hermione, empujándole suavemente para que se estirara sobre la almohada - Absolutamente nada malo. – Harry que había estado sosteniendo el dragón de peluche se lo pasó a Draco que inmediatamente se aferró a él.
- ¿Por qué me estáis arropando? Todavía no es ni la hora del almuerzo.
- Sabes que te queremos, ¿verdad, Draco? – le susurró Hermione, dándole un beso en la frente. Draco asintió con la cabeza, más confundido que nunca – Necesitamos que te bebas esto, ¿de acuerdo? – murmuró, extendiendo el brazo con el frasquito.
- ¿Por qué?
- Es… algo que McGonagall está probando… tiene buen sabor, sin embargo. – le aseguró Hermione, con la voz contenida debido al llanto.
- Siempre te querremos y cuidaremos de ti, no importa lo que pase. – le susurró Harry, plantándole un beso en la parte superior de la cabeza - ¿Recuérdalo, vale? – Draco asintió, sentándose en la cama para recibir el frasquito que le ofrecía Hermione.
- Tenías razón. – sonrió – Tiene buen sabor. ¡Sabe igual que los arándanos! – Hermione acunó al niño entre sus brazos, mientras empezaba a flojear, el cristal se resbaló de su manita destrozándose contra el suelo, al tiempo que Draco cerraba los ojos cediendo ante el sueño.
Harry arrancó al niño de los brazos de Hermione, dejándolo de nuevo acostado en la almohada, tuvo que sostener a Hermione para que no se lanzara a arropar a Draco una vez más. Poco a poco, observaron con gran expectación, como Draco empezó a cambiar.
Segundos más tarde, un adolescente de dieciséis años de edad estaba acostado en la cama, con un brazo todavía envuelto alrededor de Sparkles y una pacífica expresión adornada sus rasgos. Hermione estalló en ruidosos sollozos, el niño al que habían cuidado oficialmente había desaparecido.
Harry la agarró suavemente por los hombros, sacándola de la habitación hasta el sofá de la sala común, sentándola allí y la abrazó intentando consolarla.
- ¿Por qué ha tenido que cambiar? – sollozó, enterrando su cabeza en el hombro de Harry - ¿Por qué no pudimos simplemente mantenerlo así?
- Porque no debería ser así. –le murmuró Harry de vuelta – Por lo menos hemos llegado a pasar buenos ratos con él, ¿no? ¿Y quién sabe…? Tal vez cambie.
- Espero que sí. – susurró Hermione, recostándose sobre el sofá mientras se limpiaba los ojos.
- Además, vosotros dos estáis destinados a estar juntos. – sonrió Harry – Y no sería divertido que eso pasara si sigue siendo un imbécil.
- ¡Nosotros no estamos destinados a nada! – gritó Hermione, enrojeciendo de vergüenza – Inesperado podría ser cualquiera… ¡cómo tal vez que me enamorara de Snape! – Harry mentalmente intentó imaginarse a la pareja y se atragantó.
- No vuelvas a decir eso otra vez. – le rogó, con todavía imágenes desagradables rondándole la cabeza – Por favor, por favor, no lo vuelvas a decir.
- Sólo te estaba dando un ejemplo. – dijo Hermione, sorbiendo por la nariz.
Por el resto del día, los dos pasearon tranquilamente alrededor de la sala común, sin tener ningún hambre a la hora del almuerzo. Hermione logró terminar sus deberes para el lunes siguiente y aun tuvo tiempo de regodearse de ya no tener que hacer los deberes de su amigo, viendo como hincaba los codos de lo lindo. Cuando el reloj dio las cinco, vino acompañado de un fuerte gruñido.
- Creo que tengo hambre. – rió Harry entre dientes, agarrándose el estómago - ¿Bajamos a cenar?
- ¿Qué pasa con Draco? – murmuró Hermione, mirando la puerta cerrada detrás de la cual dormía el Slytherin - ¿Qué pasa si se despierta?
- No creo que seamos lo primero que quiera ver. – dijo Harry suavemente, posando una mano sobre el hombro de Hermione – McGonagall dijo que algunos de ellos querrían estar solos… y creo que Draco entraría en esa categoría. Ha pasado mucho… necesita algo de tiempo para pensar en ello.
- Supongo que tienes razón… - le concedió Hermione a regañadientes – Pero debería de estar despierto ya, ¿no? Voy a preguntarle si quiere venir con nosotros.
Harry abrió la boca para decir que no era buena idea, pero Hermione ya estaba parada frente a la puerta de Draco. Su mano giró el pomo, pero para su sorpresa estaba cerrada.
- ¿Draco? ¿Estás bien? – murmuró, sin esperar realmente una respuesta. No obtuvo ninguna – Bueno, se ha despertado. – le anunció en voz baja a Harry, alejándose de la puerta cerrada – Le podemos traer algo después de cenar… seguro que tiene hambre para ese entonces.
Lanzando una última mirada preocupada a la puerta cerrada, Hermione salió por el retrato dirigiéndose hacia la cena. Al entrar en el Gran Comedor, se entristeció de ver que ya no quedaba ningún niño, todos volvían a ser adolescentes. Terry seguía sentado en la mesa de Gryffindor, pidiendo disculpas a todo el mundo.
- ¡Tendríais que haberlo visto! – rió Lavender, cuando Hermione y Harry se sentaron - ¡Hace unos minutos se ha acercado y ha abrazado a Snape!
Harry miró con los ojos desorbitados al Ravenclaw.
- ¿Qué has hecho qué?
- Le abracé. – rió el chico – Quería disculparme por morderle… y algunos de los efectos de la poción seguían persistiendo… todavía esperaba abrazos y aún tenía ganas de morder a la gente.
- ¿Has mordido a Snape? – repitió Hermione, débilmente – Estoy sinceramente sorprendida de que no estés muerto.
- Nosotros también. – murmuró Ron – Los constantes abusos de Terry nos han llevado de un lado a otro.
- ¡Ya he dicho que lo sentía! – exclamó Terry - ¡Sinceramente no pretendía llevarte hasta el hospital!
- Ya… - se quejó Ron de vuelta.
- ¿Cómo han podido tus padres manejarte? – le preguntó Lavender, interesadísima en la respuesta. Terry se frotó la parte posterior de la cabeza con incomodidad.
- Ellos no me daban ningún tipo de dulce o pastel… eso es lo que me hace actuar de esa manera.
- Somos tan idiotas… - gruñó Lavender, golpeándose la cabeza contra la mesa – Si simplemente lo hubiéramos sabido… - entonces, un pensamiento cruzó por su cabeza - ¿Por qué no nos dijiste nada de los dulces?
- ¿Por qué iba a hacerlo? Me privaron de azúcar cuando era un crío… no me puedes reprochar que fuera a decíroslo de buena gana a ti y a Ron cuando no lo sabíais.
- Hola, Mione. – dijo Ginny, deslizándose hasta el asiento junto a su amiga - ¿Dónde está Draco? – preguntó mirando alrededor del Comedor – No lo veo por ninguna parte.
- Se ha encerrado en su cuarto. – dijo Hermione en voz baja – Necesita estar solo un rato.
- ¿Hermione? Quiero decir… ¿Granger? – preguntó una voz desde detrás de la Gryffindor. Se volvió para ver a Pansy removerse inquieta detrás de ella, retorciendo su pelo negro entre sus dedos.
- Es Hermione, Pansy. – dijo Hermione con firmeza, tendiéndole la mano a la Slytherin – Somos amigas, ¿no?
Después de un segundo de indecisión, Pansy sonrió tomando la mano que le ofrecía, dándole una pequeña sacudida.
- Me preguntaba… ¿sabes dónde está Draco?
- Encerrado en su habitación. – dijo Hermione con tristeza – Harry y yo estamos dándole un poco de espacio… puede que necesite algún tiempo para pensar.
- Oh… bien. Bueno… cuando lo veas dile que espero que se sienta mejor. – Hermione asintió, mientras Pansy daba media vuelta regresando a su mesa. Había comprendido lo que había querido decirle la Slytherin… quería que le hiciera saber que se preocupaba por él y que seguía siendo su amiga.
- Voy a volver a la sala común. – declaró Hermione, envolviendo un panecillo en una servilleta – Y prometo no molestar a Draco. – prometió, notando la mirada que Harry le estaba dedicando.
Caminando por el pasillo, Hermione suspiró. Todo el mundo parecía estar bien en sus formas originales, aunque tal vez un poco avergonzados, como Terry. Pero Draco… todo lo que habían aprendido de él… era todo lo que él quería mantener en secreto. ¿Cómo alguien podía esperar volver a lo que era antes con todo lo que habían pasado?
Al entrar en la sala común, Hermione se sentó en el sofá y cogió un libro que leer, desesperada por conseguir que su mente se alejara de Draco. Pero después de unos segundos de lectura, un suave sonido perturbaba su concentración y dejó el libro a un lado.
Deslizándose hasta la puerta del Slytherin, presionó su oído contra ella y ahora pudo distinguir el sonido perfectamente. Un llanto. Draco estaba llorando. En ese momento, los instintos maternales que había empezado a desarrollar la golpearon. Intentando desesperadamente abrir el pomo de la puerta, fulminándolo con la mirada cuando se negó a hacerlo.
- Alohomora. – susurró, agitando su varita en dirección a la puerta. En silencio, la puerta se abrió y Hermione se adentró en la habitación, sintiendo como sus ojos se empañaban al ver la escena ante ella. Draco todavía usaba las túnicas negras de antes y seguía bajo las mantas y sus brazos aferraban con fuerza a Sparkles a pesar de que sus hombros se sacudían con suaves sollozos.
Cruzando la habitación en silencio hasta la cama, Hermione trepó hasta ella deslizándose bajo las mantas junto al chico, envolviendo de manera vacilante los brazos en torno a él en un cálido abrazo. Draco no la alejó como ella había esperado, se limitó a atraerla hacia él y a hundir su cara en su cuello.
- Está bien. – murmuró, haciendo pequeños círculos en su espalda – Todo está bien.
Con una repentina sacudida, Draco se incorporó, alejando a Hermione con los ojos plateados brillando de ira y lágrimas.
- Nada está bien. – siseó – Y nunca lo estará.
- Draco…
Más o menos brusco se desprendió de la mano que se había posado en su hombro, alejándose aún más en la cama.
- Simplemente déjame solo, Granger… por favor. – susurró Draco, entrecortadamente.
- Sólo quiero que sepas… que lo que dijimos Harry y yo era verdad. Realmente te queremos Draco… y sólo queremos ayudarte.
- No necesito ninguna ayuda. – murmuró Draco, mirando hacia sus manos entrelazadas – Para ayudarme… tendrías que no haber nacido.
Hermione retrocedió como si hubiera recibido una bofetada, con una clara expresión de dolor en su rostro.
- Realmente no eres tú el que habla. – murmuró después de un minuto, con los ojos fijos en el suelo – Me dijiste tantas veces que me querías… que ha tenido que significar algo.
- Pues no. – gruñó Draco – Olvida que todo eso ha pasado.
- Ha pasado y no lo voy a olvidar. Durante dos semanas, eras un Draco más humano. No tenías miedo a mostrar tus sentimientos, a contarnos tus problemas, nos permitiste consolarte. ¿No importa que dijeras que nos querías, qué aceptaras los brazos que te ofrecimos? No te atrevas a intentar decirme que no significó nada.
- Tal vez simplemente quiero que no signifique nada. – replicó Draco – No te quería en mi vida… ¿Por qué tenías que ser amable conmigo? – susurró, con lágrimas corriendo libremente por sus mejillas - ¿Por qué simplemente no me ignoraste y alejaste? Entonces, esto no habría pasado.
- ¿El qué no habría pasado? – preguntó Hermione en voz baja, cada vez más cerca de él ahuecando su mejilla con la mano y limpiándole una lagrima con el pulgar. Draco se tensó, pero no se alejó.
- No habrías hecho que me importaras.
Awwww (L) Espero que ese final os haya encantado, yo lo adoro, veremos que pasa a partir de ahora :D En el siguiente cap sabremos quien será el siguiente angelito ;P
Besotes!
Contestación a los reviews sin cuenta:
Guest: Si... Lucius... ese cerdo hijodep... pero si el final es demasiado dulce como para empañar lo que ese cabron hizo, los actos de amor siempre tienen más impacto emocional que un abuso, así que espero que ha Draco se le olvidara el mal rato que paso con su "padre". Besitos y espero que te haya gustado este cap!
Mery: Espero que este cap lo disfrutes, yo lo adoro! Besotes!
SALESIA: Bueno como ves en este cap, no hace falta que nadie le diga nada a Draco, el pobre lo esta procesando todo y bueno... parece que por lo menos es sincero, aunque le haya costado un poquito, es tan tiernooo (L) Si, Lucius creo que en este fic esta enajenado, suele dar asco, pero golpear así a un niño de cinco años, yo creo que ha visto la oportunidad de volver a ponerle la mano encima, creo que no lo hacía desde seguramente que entró a Hogwarts, ya que supongo que Draco no querría que vieran sus golpes y acabó cediendo ante todo lo que su "padre" le exigía... toda una fachada para esconder sus secretos... muy triste T-T Ya veremos que más pasa a partir de ahora que Draco ha vuelto a la normalidad y que pasa con lo de Lucius y todo ;D Ese rato con Dobby es genial, para comerselos a los dos :3 Espero que te haya gustado mucho el cap de hoy, yo lo adoro y nada siento tener que ausentarme durante unos días, pero esque ya no doy abasto.. xD pero seguiré escribiendo paara pesadillas y las demás traducciones ;P Besotes cielo!
lobita17: Wolas! Sii mi nuevo lema es ¡MUERTE A LUCIUS! es un cerdo hijodepu... Sii menos mla que el cap fue final mente agridulce... es tan mono Dobby y Draco ya ves es que te lo comes vivo... :3 JAJAJ No, no he visto el vídeo de Voldy bailando, pero si que sabía que existía, lo tengo que ver ;) Besotes guapa!
