Wola, wolaaa!

Dentro de dos semanas tengo tres exámenes y estoy con todo a tope, actualizo porque tengo un rato libre, pero no voy a poder contestaros a los reviews, tengo que seguir hincando codos T-T

Tampoco voy a poder actualizar mis fics de "Pesadillas" y "Éxtasis líquido" hasta después de los exámenes que son el 23 de mayo, I'm so sorry! Pero la traducción seguirá, así que la próxima semana también tendréis cap e intentaré sacar un rato para contestaros a todos, lo prometooo ;P

Disfrutad del capítulo, amoress!

Besitoss (L)

PD: se me había olvidado revisarlo... xD así de saturada voy... perdón si os ha llegado la notificación. Revisado, editado y resubido xD

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de IcyPanther -.


Capítulo 17 – Teapots in Transfig, Oh Dear (Teteras en Transformaciones, ¡oh, Díos!)

Después de que Ginny hubiera llegado a la divertida escena, Hermione comenzó a recuperar el control de sí misma, aunque si miraba a Draco se echaba a reír una vez más. Ginny, después de asegurarse que Harry estuviera bien les dedicó a los tres las buenas noches y se marchó hacia la torre de Gryffindor.

En ese momento, el pequeño grupo marchaba de vuelta por el corredor de Encantamientos, los ojos de Hermione se cerraron y una de sus manos se entrelazó con la de Harry, quien era el que la guiaba por el pasillo. Draco caminaba delante, con un leve rubor todavía tiñendo sus mejillas.

Cuando llegaron al retrato, Leviculus les sonrió, había escuchado la historia de su amigo el monje que se encontraba en el lugar en un cuadro del pasillo.

- Es bueno ver que todavía lo tienes todo intacto, Draco. – se rió el bufón entre dientes.

Hermione se largó a reír una vez más, cayendo al suelo frente al retrato, agarrándose los costados. Draco resopló con desdén y murmuró la contraseña, el retrato al abrirse le dio en la cabeza a Hermione, Leviculus no notó como su cuadro embestía a la pobre chica.

- ¿Estás bien? – le preguntó Harry, agachándose junto a ella y ayudándola a incorporase, a todo esto la chica no dejó de reír ni un momento. Sacudiendo la cabeza ligeramente, Harry ayudó a Hermione a entrar en la sala común y a sentarla en el sofá, antes de dirigirse hacia el cuarto de baño para volver con un trapo húmedo entre sus manos y posarlo suavemente en el creciente bulto de la parte posterior de la cabeza de Hermione.

- Gracias. – le dijo Hermione, colocando su mano en el bulto – Normalmente no actuó así. – dijo, sonriéndole a Harry – Pero haber visto a Draco así… no tiene precio.

- No era mi intención hacerle daño. – murmuró Harry, mirando sus pies.

- Oh, no te preocupes, realmente no le hiciste daño. Sólo su orgullo ha salido profundamente herido. No te preocupes demasiado por ello. Draco sólo se está comportando como un estúpido en este momento.

- No quiero que se enfade conmigo…

- No lo está. Creo que está más molesto conmigo por reírme de él. Se limitará a quedarse de mal humor en su habitación supongo que hasta mañana.

- Oh.

Hermione miró el reloj que había en la sala.

- ¡Mira qué hora es! ¡Ya son las ocho! Vamos, la hora del baño.

Obedientemente, Harry entró en el baño y unos minutos más tarde estaba sentado bastante satisfecho en una bañera llena de burbujas, mientras Hermione le frotaba el pelo con el champú.

- Tienes el pelo muy espeso, Harry. – comentó – Cierra los ojos. – le ordenó, antes de volcar un cazo de agua sobre su cabeza.

- ¿Eso es malo? – preguntó el niño, preocupado.

- No, en absoluto. Yo también tengo el pelo muy espeso. La diferencia es que el mío es mucho más largo.

Un poco más tarde, Harry ya estaba vestido con su pijama rojo y dorado y Hermione le había metido en la cama. Actualmente la chica estaba buscando entre la estantería un libro divertido para poder leerle y Harry se movía inquieto en la cama, no muy acostumbrado a ser atendido.

Recordando su casa, dormía en un colchón en el suelo de su armario con una triste manta. Nunca en su propia habitación, ni en una cama de verdad. Ahora que lo pensaba, nunca había ingerido tanta comida como ese día, ni había conocido a tanta gente amable. Estaba tan acostumbrado a ver a Dudley recibir amigos en casa, mientras pasaba el tiempo escondido en su armario para no molestarlos.

En este sitio, Ron se había ofrecido a ser su amigo y parecía ser muy agradable. Y había visto a otros niños que le miraban con curiosidad y no con odio. Sabía que allí había magia y la magia se suponía que era mala… pero entonces, ¿Cómo es que se sentía mucho más feliz ahora? Tal vez no toda la magia era mala, algo tenía que tener de bueno.

- ¿Quieres leer un cuento de hadas mágico o muggle? – le preguntó Hermione, sentándose en la cama junto a Harry, con dos libros en sus manos.

- ¿Qué es un muggle? – preguntó Harry.

- Gente no mágica. Al igual que tu tía y tu tío y lo que te pensabas que eras hasta ahora.

- ¿Podrías leerme uno mágico?

- Por supuesto. Vamos a ver por aquí… ah, esté está bien. El Dragón amigable. ¿Suena bien? – Harry asintió dando su consentimiento y Hermione puso el libro en su regazo para que Harry pudiera ver las imágenes de colores brillantes y comenzó a leer.

- Erase una vez, en una tierra muy lejana atravesando el mar, vivía una gigante con su hijo en una casa de piedra de gran tamaño. Nadie les molestaba y los dos vivían en paz. Pero un día, un barco apareció en el horizonte trayendo gente a la tierra de los gigantes.

Los gigantes estaban listos para recibir a sus visitantes, pero en cambio les dijeron que se alejaran, o la gente los mataría. Así, la madre y su hijo se trasladaron a las montañas que rodeaban sus tierras. En su nuevo hogar, se establecieron y vivieron pacíficamente con las demás criaturas de la montaña.

Cuando el invierno llegó, la mamá gigante enfermó y ya no podía salir al frío exterior a por leña. Su hijo, Titus, se ofreció a ir en su lugar y no tardó en verse todos los días paseando por esos densos bosques reuniendo madera de pino por toda la montaña.

El frío, comenzó a ser más y más duro, la nieve cada vez era más profunda y mucho más difícil transitarla, mientras su madre seguía enfermando. Un día, en su camino de regreso a la cueva, cayó en un gran hoyo que había en el suelo. Sorprendido, pero ileso empezó a intentar salir cuando oyó que una voz le llamaba.

"Espera, por favor, ven aquí." le susurró la voz desde las sombras de la fosa. Curioso, el pequeño gigante se acercó. Acurrucado en un rincón había un dragón negro, sus ojos rojos como rubíes eran del mismo color que la sangre que le cubría "Ayúdame." le dijo el dragón "Ayuda, por favor."

El gigante sabía que los dragones eran criaturas malignas y peligrosas, ¿por qué debería ayudarlo? Pero el lado atento y compasivo del gigante ganó la batalla y se cuidó del dragón, dándole comida y limpiando sus cortes. Una semana más tarde, el dragón estaba mucho mejor y esperaba a Titus cuando esté le vino a visitar.

"Te doy las gracias." le dijo el dragón, inclinando la cabeza "Mi nombre es Kaida y siempre estaré en deuda contigo. Si hay algo que pueda hacer por ti, házmelo saber. Toma esto." le dijo Kaida, entregándole una de sus escamas "Acaríciala y di mi nombre si alguna vez necesitas mi ayuda."

Con un poderoso rugido, el dragón se elevó al cielo, desapareciendo en la distancia. Titus regresó a la cueva y le contó a su madre lo que el dragón le había dicho. Ella se limitaba a asentir, demasiado enferma para hablar. No estaba hecha para la frialdad de la montaña y debía volver a su casa de piedra al otro lado de la montaña.

Al día siguiente, Titus sacó la escama y susurro: "Kaida". Minutos más tarde, la poderosa bestia había aterrizado en la entrada de la cueva, plegando sus grandes alas.

"¿Me has llamado?" le preguntó.

"Sí. Por favor, Kaida, ¿podrías hacer que toda la gente pequeña que hay al otro lado de la montaña se marche? Mi madre está muy enferma y tiene que volver a casa."

"Tu petición será concedida." dijo Kaida, despegando hacia el cielo tan rápido como había llegado.

Pasaron dos días hasta que el dragón volvió.

"Su casa está a la espera de vuestra llegada. ¿Hay algo más que pueda hacer?"

"¿Podrías llevar a mi madre hasta allí? No creo que pueda hacerlo por su cuenta"

"Tu petición será concedida. Ayúdala a subir a mi espalda y sube tú también." un rato más tarde, los dos gigantes estaban de vuelta en su casa y Titus le hacía a su madre una taza de té sobre un pequeño fuego. Pronto, la giganta empezó a mejorar hasta que estuvo completamente recuperada.

Pasaron los años y Titus atesoró la escama del dragón, sin volver a llamar a la magnífica criatura nunca más. Ahora era feliz y tenía todo lo que necesitaba, a su amada madre. Pero desde la distancia, el dragón observaba a la familia, agradecido de saber que había sido capaz de devolverle a Titus todo lo que había hecho por él.

Fin.

- Ha sido una historia muy bonita. – dijo Harry en voz baja, acurrucándose junto a Hermione, con la cabeza apoyada en su regazo – Me alegra que todo el mundo fuera feliz.

- A mí también. – le susurró Hermione, besando al niño en la frente – Hora de que duermas un poco.

- Buenas noches, Hermione. – bostezó Harry, acurrucándose más entre las sabanas – Pero…

- ¿Pero qué? – preguntó la chica, mirando a Harry con confusión.

- ¿Está bien que duerma aquí?

- ¿Dónde más ibas a dormir? Está es tu habitación.

- Quiero decir en la cama.

Hermione encaró una ceja.

- ¿Quieres dormir en el suelo? Puedo conseguirte un saco de dormir si quieres.

- ¿Pero se me permite dormir en la cama?

- ¿Por qué no ibas a poder?

- Tío Vernon no me deja… duermo en un colchón sobre el suelo.

Hermione miró al niño cuidadosamente, recordando los incidentes con Draco.

- ¿Alguna vez te ha hecho daño?

- No… pero grita mucho.

Hermione dejó escapar un suspiro de alivio.

- ¿Te han alimentado lo suficiente? Creo que, por supuesto que no. – se dijo a sí misma. Un repentino pensamiento la golpeó – Si no duermes en una cama… ¿tienes dormitorio?

- No… duermo en la alacena bajo la escalera.

El rostro de Hermione se contorsionó de rabia y Harry se encogió de miedo, miedo de que hubiera hecho algo para molestarla.

- Le estas asustando. – observó Draco, apoyado contra el marco de la puerta con sus ojos plateados alternados entre Harry y Hermione.

Inmediatamente la ira que había llenado los ojos de Hermione se desvaneció, aunque ahora estaban llenos de lágrimas. Sin previo aviso abordó a Harry atrapándolo en un apretado abrazo.

- Lo siento. – susurró ella – Lo siento mucho.

- ¿Qué es lo que sientes? – preguntó Harry, con la voz amortiguada contra Hermione – No has hecho otra cosa que ser amable conmigo.

Eso sólo hizo que Hermione sollozará más fuerte y que apretara más a Harry contra ella.

- Vas a matarlo si no dejas que respire. – dijo Draco, quien todavía seguía apoyado contra el marco de la puerta.

- Lo siento. – volvió a susurrar Hermione, aflojando el agarre sobre el niño. Desenvolviendo los brazos de su alrededor, Hermione volvió a acomodar al niño en la cama tirando de las mantas hasta su barbilla – Que duermas bien. – le susurró, dándole otro beso en la frente – No dejes que las chinches te cojan.

Harry asintió y se acurrucó más contra la almohada mientras Hermione salía de la habitación, Draco cerró la puerta suavemente detrás de ella y la siguió.

- ¿Lo has oído? – le preguntó Hermione, sentándose en el sofá, tirando de una manta a cuadros rosas y naranjas sobre su regazo.

- Sí.

- Me siento tan mal por él. Se supone que soy su mejor amiga… y nunca lo supe. Quiero decir, sabía que no le gustaba vivir con sus tíos, pero nunca imaginé que hubiera crecido así.

- ¿Quién lo iba a saber? Es el famoso Harry Potter. Todos pensamos que creció siendo tratado como a un príncipe.

- Lo sé… pero aun así… y mañana tenemos clases de Transformaciones primero. Y realmente eso no es bueno.

- ¿Por qué?, pensaba que te gustaba Transformaciones.

- Y así es… es sólo que… Bueno, Harry tiene miedo a la magia o a una parte de ella ahora. Parce estar mejorando en ese aspecto, pero allí transfiguramos cosas. Se quedará aterrorizado cuando vea como se transforman las cosas.

- Será una buena experiencia de aprendizaje. Tal vez si ve que las cosas que pasan a su alrededor son inofensivas, se sentirá mejor al respecto.

- ¿Quién hubiera imaginado que podías ser inteligente?

- ¿Eso ha sido un insulto?

- No, era un cumplido.

- Pero lo has dicho como un insulto.

- Yo no he hecho eso.

- Si lo has hecho.

- Qué no, era un cumplido. Mira, - dijo Hermione alzando la mano para pedir silencio – no vayamos a entrar en otra discusión sin sentido. Tenemos diecisiete años, no deberíamos actuar como niños.

- Yo tengo dieciséis.

- Igualmente. Tu cumpleaños es en junio, ¿verdad?

- Sí… pero, ¿cómo lo sabes?

- ¿Recuerdas cuando te caíste dentro del caldero en Pociones? Te tomaste un montón de poción para dormir sin sueños y Harry y yo te tuvimos que llevar San Mungo. El Sanador necesitaba información sobre ti, cuando le dije que no sabía cunado era tu fecha de nacimiento, me dijo que era en junio… pero no recuerdo el día.

- El día cinco.

- Se siente bien ser la mayor. – rió Hermione, a la vez que le sobrevino un bostezo.

- ¿Cuándo es tu cumpleaños? – preguntó Draco.

- El diecinueve de septiembre. Soy un año mayor que Harry y unos meses más mayor que Ron. – Hermione volvió a bostezar, acurrucándose en el sofá.

- Parece que tú también deberías irte a la cama.

- Simplemente me quedaré en el sofá… estoy demasiado cansada para irme a la cama.

Con un suspiro, Draco se inclinó recogiendo a Hermione entre sus brazos, quien dejó escapar un gritito de sorpresa. Entrando en la habitación de ella, la dejó sin muchas contemplaciones sobre la cama.

- No tenías que dejarme caer. – se quejó Hermione, quitándose la túnica y metiéndose bajo las sabanas, sin importarle mucho que aun estuviera vestida con su ropa.

- No puedes esperar que sea un perfecto caballero. – le contestó Draco, cogiendo la túnica que Hermione había tirado en el suelo y la colgó en la parte posterior de la silla del escritorio de la chica.

- Todavía puedes ser… agradable. – dijo Hermione, cerrando los ojos sucumbiendo al sueño.

- Eso… lo intentaré. – prometió Draco, soplando la vela de la mesita de noche de Hermione. Saliendo de la habitación de la Gryffindor, Draco entró en la propia y después de ponerse el pijama se metió bajo las mantas, con Sparkles bajo el brazo – Realmente lo intentaré, Sparkles. – le dijo en voz baja a su dragón – Lo haré.


A medianoche, Draco se despertó de una sacudida cuando un trueno retumbó en los terrenos, un relámpago iluminó los diversos objetos que había en su habitación antes de que un torrente de lluvia comenzara a golpear la ventana.

- Sólo es un trueno… - se susurró a sí mismo, acurrucándose bajo las mantas – No puede hacerte daño. No puede hacerte daño.

Otro estruendo se escuchó, haciendo que se estremeciera sintiendo de repente mucho frío y soledad. Cuando había sido un niño, sabía que Hermione estaría allí para tranquilizarlo… abrazarlo y para decirle que todo estaría bien. Pero ahora era mayor… y no debía tener miedo de una cosa tan insignificante.

Por lo menos estaba feliz de que ahora ya no le tenía miedo a la oscuridad. En realidad, había que retirar eso. Justo en ese momento, sí que tenía miedo de esa oscuridad que llenaba su habitación. Cuando se había ido haciendo mayor, su miedo a la oscuridad había ido desvaneciéndose, sobretodo cuando le seleccionaron para Slytherin y había tenido que acostumbrarse a vivir en las mazmorras.

Pero tan pronto como había empezado a escuchar la tormenta, ambos temores habían regresado con fuerza, sintiéndose como si tuviera cinco años. La mayoría de la gente solía tener una razón para tener miedo a algo… pero él no. Todo lo que sabía es que el sonido de los truenos le daba miedo. Con los rayos no tenía problemas, pero los truenos…

Normalmente cuando había tormenta, Draco colocaba un hechizo silenciador a su cama para que nadie escuchara sus ocasionales grititos de terror, quedándose despierto toda la noche, dando vueltas sin ni una pizca de sueño esperando que el siguiente trueno estallase.

Y eso hizo… pero no hubo gran diferencia. Aquí, tenía su propia habitación y nadie le oiría. Cuando otro relámpago volvió a iluminar la habitación seguido de un gran trueno, Draco se enterró todavía más bajo las mantas y abrazó con fuera a Sparkles.

- ¿Draco? – preguntó Hermione, entrando en la oscura habitación, que un rayo iluminó por un segundo. Su cabello castaño y ensortijado caía por su espalda, con su bata de baño roja apretada fuertemente alrededor de sus hombros - ¿Estás bien?

- Estoy bien. – susurró el Slytherin.

- Mentiroso. – dijo Hermione, sentándose en la cama junto a la cabeza de Draco - ¿Son los truenos? – Draco permaneció en silencio a la vez que se estremecía, mientras la tormenta seguía rugiendo afuera – Es eso. – concluyó – Tener miedo no es nada de lo que avergonzarse. – continuó.

- Sí que lo es. – le espetó Draco, suavemente.

- Todo el mundo tiene miedo de algo. A Ron le aterrorizan las arañas. Tú tienes miedo de los truenos. Y eso no es malo.

Draco sacudió la cabeza.

- Ni siquiera sé por qué les tengo miedo… no me pueden dañar. Sólo es un ruido estruendoso… pero yo…

- Y algún día tu miedo desaparecerá. Sólo tienes que enfrentarlo.

- Pero no quiero hacerlo.

- Bueno, Vamos hacer un trato.

- ¿Un trato?

- Sí. Yo tengo miedo a las alturas… mucho miedo. Es por eso que no me gusta volar… me aterroriza. ¿Qué tal si yo me enfrento a mi miedo de las alturas y tú al tuyo de los truenos?

- ¿Cómo?

- Bueno, podrías llevarme en tu escoba… eso sería vencer dos temores. Y para la próxima tormenta, saldremos a la calle para verla juntos. – le dijo Hermione, tendiéndole la mano expectante.

Incorporándose en una posición sentada, Draco se quedó mirando la mano que le ofrecía antes de agarrarla ligeramente y darle una leve sacudida.

- Bien, trato hecho. – Hermione se levantó para salir de la cama, cuando Draco agarró su muñeca y de un tirón la volvió a sentar en la cama.

- ¿Puedes quedarte… sólo por esta noche?

- Leviculus dijo que no podíamos a menos que fuéramos los niños…

- No vamos a hacer nada. – sonrió Draco, antes de que su sonrisa desapareciera a causa de otro estruendoso trueno.

- Bien. – dijo Hermione, abriendo las sabanas y metiéndose bajo ellas – Tienes suerte de que Harry no parezca necesitarnos en este momento. Él es nuestra principal prioridad.

- Lo sé… ¿Cómo estaba?

- Dormido como un tronco. La tormenta no parece molestarle en absoluto… ahora silencio, es hora de mis dulces sueños.

- Si, vas a necesitar muchos de esos. – Hermione, aporreó en la cabeza a Draco por eso – Sólo bromeaba – le dijo riendo.

- Ja, ja, muy gracioso. – resopló Hermione – Ahora duerme.

Y Draco lo hizo, después de atrapar a Hermione contra él como si fuera un oso de peluche. Hermione rodó los ojos, pero pronto también sucumbió al sueño.

A la mañana siguiente amaneció muy temprano, la tormenta debía haber desaparecido durante la noche y ahora los rayos de sol se filtraban por la ventana.

- Es hora de levantarse dormilón. – sonrió Hermione, sacudiendo a Draco por el hombro – Vamos, levanta.

- Cinco minutos más. – murmuró Draco, tirando de la manta sobre su cabeza para esconderse de la deslumbrante luz.

Sonriendo, Hermione agarró el extremo de la gruesa manta y tiró de ella, deleitándose los oídos con el gritito de Draco.

- No tendrías tanto frío su durmieras con algo más que unos pantalones. - le dijo Hermione – Ahora levántate, vamos a bajar a desayunar en quince minutos.

Un repentino pensamiento cruzó la cabeza de Hermione mientras se dirigía hacia la habitación de Harry.

"¡Estaba a medio vestir! Oh, Dios… ¿Qué hubiera pasado si Harry hubiera entrado? ¿O si McGonagall hubiera irrumpido por algún motivo?"

- Buenos días, Hermione. – dijo Harry, quien ya estaba completamente vestido y con la cama hecha.

- Buenos días, Harry. – le sonrió Hermione – Eres un madrugador. ¿Te has cepillado los dientes?

- Síp.

- Muy bien. Iremos a desayunar en unos quince minutos.

- Vale.

Después de que Hermione se vistiera, entró en la sala común y se sorprendió al ver que Harry ya estaba allí, enderezando los cojines de sofá y había doblado la manta que había usado la noche anterior. El niño no había notado su presencia y en ese momento sacaba un trapo empezando a limpiar las estanterías, mientras la boca de Hermione se abría de asombro.

- ¿Harry? ¿Has limpiado tú la sala común?

El niño se paralizó y comenzó a darse la vuelta con aire de culpabilidad.

- Sí…

- Oh cariño, no tienes que hacerlo.

- Pero mi tía siempre me hace limpiar la casa.

Hermione se erizó a causa de la rabia. Entonces, dándose cuenta de que podía volver a asustar a Harry, obligó a la rabia a alejarse y compuso una sonrisa.

- Pues aquí no tienes que hacerlo, ya lo hacen otros.

- Pero…

- Nada de peros. No tienes que limpiar esta sala… sólo tu habitación, ¿de acuerdo?

Harry asintió con la cabeza, aunque seguía confundido. Desde que podía recordar, siempre había limpiado después de que todos en su casa se despertaran y le habían dicho que no limpiar era como decir que la magia era real… algo muy malo. Pero Hermione le gustaba, así que la escucharía a ella, a pesar de que lo que le pedía fuera extraño.

Draco salió de su habitación segundos después y los tres emprendieron el camino hacia el Gran Comedor. El desayuno, curiosamente, transcurrió en relativa calma. Sin grandes accidentes, ni explosiones, ni cualquier cosa que pudiera clasificarse como peligrosa. Cuando llegaron a la mesa para desayunar, se sentaron y segundos después entró el grupo de Ron, quien reclamó asiento junto a Harry.

Después de asegurarse de que Harry hubiera ingerido un abundante desayuno, se fueron con el grupo de Ron hacia Transformaciones. Al entrar al aula, Hermione miraba a su alrededor para ver qué era lo que debían transfigurar está vez.

- Oh, mira. – le susurró Lavender, tomando asiento en la parte delantera de la sala – Neville es pequeño.

El chico propenso a los accidentes ahora era un niño pequeño, a pesar de que parecía que la torpeza no había desaparecido. Se estaba disculpando con Pansy por haberle pisado un pie.

- ¿Me prestáis atención por favor? – exclamó McGonagall desde el frente del aula – Gracias. Hoy, trabajaremos la transformación de ratones en tazas de té y teteras. Por favor venid aquí y seleccionad un ratón de la caja.

- Quédate aquí. – le dijo Hermione a Harry, antes de que ella y Draco se dirigieran a la parte delantera y precedieron a coger uno de los pequeños roedores. Una vez que todos volvieron a sus asientos, McGonagall comenzó a hablar.

- El hechizo que estáis a punto de realizar no es en absoluto difícil, siempre y cuando prestéis atención. En ambos casos debéis pronunciar "Yunomi Jawan" acentuando la primera a de jawan. Para la taza de té debéis dar un giro con la varita y después deslizarla firmemente a la derecha. Para la tetera, girar hacia abajo, hacia arriba, a la izquierda, otra vez arriba y para finalizar a la derecha. Tendréis una bonificación si conseguís hacer la tetera. ¿Alguna pregunta? Sí, señorita Granger.

- Profesora, he leído que se puede realizar este hechizo en otros animales, ¿es cierto?

- Sí, lo es. Pájaros pequeños, gatos y sorprendentemente los seres humanos, pero si veo a alguien intentando transformar a nadie, seréis severamente castigados. Comenzad, tenéis hasta el final de la hora.

Hermione miró a su ratón, que chillaba y corría en círculos sobre su escritorio.

- No vas a hacerle daño, ¿verdad? – le preguntó Harry con preocupación, extendiendo la mano para acariciar al roedor.

- No, no te preocupes. No sienten nada cuando se transforman. Y McGonagall les pone un hechizo en el que mientras son teteras no piensan. De lo contrario sería muy cruel.

A su lado, Draco murmuraba las palabras del hechizo mientras agitaba su varita en dirección al ratón, que muy a su disgusto no estaba cambiando ni lo más mínimo.

- Lo estás diciendo mal, - le regañó Hermione – Es "yun-O-MI" no "yun-A-ME"

- Lo siento.

Después de practicar varias veces la pronunciación, Hermione se sentía con suficiente confianza como para intentarlo. Sacudió su varita ante la nerviosa criatura y pronunció:

- Yunomi Jawan.

Pero tan pronto como las palabras habían salido de sus labios, sintió que alguien chocaba contra ella desviando su hechizo y el ratón salió ileso.

- Lo siento. – exclamó Neville, mirando nerviosamente a Hermione – No era mi intención chocar contigo, lo prometo.

- Está bien, Neville. – rió Hermione – No pasa nada.

- Es posible que desees reformular eso. – le dijo Draco, con los ojos muy abiertos.

Hermione siguió la trayectoria de la mirada de Draco hasta un lugar en el suelo cerca del escritorio. Allí posada había una pequeña tetera con la tapa de color negro y con el diseño de un rayo en uno de los lados de la verde tetera.

- No me digas que he hecho…

- Sí. – dijo Draco – Felicidades Hermione. Ahora Harry es oficialmente una tetera.