¡Wolas pequeñuelos!
Me quedan dos días para los exámenes y ya seré LIBRE! Que ganas tengo... AAHHHH... en fin, hasta que no lo acabe no tengo tiempo para nada, así que una semana más no puedo contestaros a los reviews, perOO ya se acaba esta etapa de estrés y saturación mental y podré dedicarme a escribir mis fics que me muero de ganas y a actualizar esto más seguidoo UEEE!
Así que, volveré con las pilas recargadas dentro de poco ;D
Besotes con sabor a libertad!
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de IcyPanther -.
Capítulo 18 – What Do You Mean There's No Cure? (¿Qué quiere decir con que no hay cura?)
- ¿Pro-profesora? – tartamudeó Hermione, mirando aun en estado de shock a la inocente tetera – Yo… yo…
- ¿Sí, señorita Granger? – preguntó McGonagall llegando hasta donde estaba Hermione.
- ¡YO NO HE QUERIDO! – gimoteó, cayendo de rodillas y hundiendo la cabeza entre sus manos - ¡HA SIDO UN ERROR! ¡LO PROMETO! ¡NO QUERÍA CONVERTIRLO EN UNA TETERA!
La profesora se arrodilló frente a Hermione.
- ¿Qué quiere decir señorita Granger? El señor Malfoy parece estar bien para mí.
- No soy yo, profesora. – rió Draco – Habla de Harry.
Con un sobresalto, McGonagall se puso en pie, observando asombrada la tetera negra y verde que ahora estaba encima del escritorio.
- Yo no tenía intención… - sollozó Hermione, mirando directamente a la profesora – Ha sido un accidente… de verdad.
- Le creo, señorita Granger, ahora por favor, cálmese. – le dijo suspirando la profesora McGonagall – Veamos si el señor Potter aún puede comunicarse con nosotros. – cogiendo la tetera, McGonagall le dio la vuelta hasta quedar frente a la trompa – Harry, - dijo de manera que pareciera reconfortante - ¿puedes oírme?
Un agudo silbido sonó desde la tetera y la clase pegó un salto debido a la sorpresa.
- Bien. Un silbido significará sí y dos significaran no, ¿entiendes? – Harry volvió a silbar – Buen chico. – dijo sonriendo la mujer – Ahora, no te preocupes. Lo arreglaremos… de alguna manera. – murmuró en voz baja – Señorita Granger, señor Malfoy. Llevad a Harry a la enfermería, a ver qué es lo que dice la señora Pomfrey.
Hermione asintió aun con lágrimas en los ojos y tomó a Harry suavemente de las manos de McGonagall, ambos salieron del aula y unos minutos más tarde estaban en las puertas de la enfermería, mientras Hermione aún seguía secándose las lágrimas.
- Deja de llorar ya, ¿quieres? McGonagall dijo que lo traerían de vuelta a la normalidad.
- Me siento terrible. – lloriqueó Hermione, agarrando a Harry con fuerza – Y pobre Neville… debe de sentirse aún peor en este momento. En realidad no fue su culpa… aunque un poco sí.
Al entrar en la enfermería la enfermera gimió al ver sus caras entrar.
- ¿Otra vez aquí? Es increíble como vosotros tres no paráis de meteros en problemas. ¿Qué ha pasado está vez?
Hermione con mano temblorosa le entregó a Harry y la enfermera lo cogió con una expresión de asombro en sus facciones.
- ¿Una tetera? – preguntó.
- Es Harry. – aclaró Draco – Hermione lo convirtió en Transformaciones y McGonagall nos ha enviado aquí. ¿Hay algo que pueda hacer? Ella está empezando a molestarme. – susurró, señalando con la cabeza a Hermione que sentada en una esquina, seguía llorando en silencio.
- Esto no había pasado antes. – reflexionó la enfermera, tocándose la barbilla de manera pensativa – Dejadme que le eche un vistazo y si no puedo lograr nada os enviaré a San Mungo. – posó a Harry sobre una de las camas, se apresuró hacia un armario y comenzó a sacar varias herramientas, antes de acercarse a Harry de nuevo – Esto no te dolerá ni un poco. – consoló a la tetera.
Draco se acomodó junto a Hermione en otra silla, observando con interés como la enfermera trataba a la tetera con varios geles y lociones diferentes, Harry parpadeaba en diferentes colores hasta finalmente regresar al suyo original.
Con tristeza, Pomfrey sacudió la cabeza.
- No tengo ni idea de cómo solucionarlo. Ninguno de los hechizos comunes o las pociones de Snape funcionarían. Tomad, - dijo, entregándole a Draco la tarjeta purpura que ya habían poseído una vez - Utilizad la chimenea de mi despacho para viajar a San Mungo. Intentad estar de vuelta antes de la cena, pero si no, enviadnos una lechuza a mí o al profesor Dumbledore.
Draco asintió, mientras cogía la tetera y a Hermione dirigiéndolos hasta el despacho de la señora Pomfrey y cogió un buen puñado de Polvos Flu del escritorio de la enfermera.
- San Mungo. – anunció a la vez que entraba en las llamas, tirando a Hermione detrás de él. Los dos llegaron a la sala de la Red Flu completamente llenos de hollín.
- Estoy bien. – dijo Hermione sumisamente, cuando Draco volvió a tirar de ella – No debería estar actuando así.
Draco asintió.
- No hay nada de qué preocuparse, siempre y cuando nadie rompa a Harry. – Hermione se detuvo en seco, con su cara volviéndose espantosamente pálida - ¿Qué pasa? – le preguntó el Slytherin.
- No te atrevas a dejarlo caer, Draco Malfoy. Sí lo haces, yo misma te mataré.
- Está bien. – aseguró Draco, acariciando la tetera - ¿Verdad, Harry? – la tetera soltó un corto silbido – No te preocupes, - dijo, dirigiéndose a Hermione – está perfectamente seguro. ¿A qué planta tenemos que ir? – preguntó, mirando el cartel informativo de encima del mostrador principal.
- Planta cuatro, creo. – supuso Hermione – Es de daños por hechizos… si esto no es eso, entonces no sé qué es lo que puede ser. Vamos, cuanto más rápido hagamos esto, mejor.
Ambos se dirigieron a un ritmo bastante apresurado hacia las escaleras, bordeando a las brujas y a los magos que se movían más lentamente que ellos. A medida que se acercaban al último tramo de escaleras, un hombre pasó corriendo junto a Draco, chocando accidentalmente contra él. El hombre, murmurando una disculpa, continuó su camino, pero Draco se había paralizado de terror.
En el impacto, Harry había volado de sus brazos y estaba descendiendo hasta la primera planta. En cámara lenta y con gracia se elevó por encima de sus cabezas antes de empezar a caer, mientras Hermione y Draco salieron corriendo detrás de la tetera, aunque los dos sabían que nunca lo lograrían. Los pacientes que había en el descansillo de la escalera, se apartaron del camino cuando Hermione y Draco iban escopeteados detrás de la tetera voladora.
Diez…
Sobrevolaba una familia que todos tenían orejas de conejo, se alejaron correteando como conejitos al tiempo que los tutores de Harry pasaron a través de todos ellos.
Nueve…
La tetera golpeó con las alas de una chica que volaba alrededor del techo, mientras su padre la tenía atada por el tobillo aferrándola a él desesperadamente. Rebotando contra las alas, voló de nuevo hacia la parte superior de las escaleras, rápidamente Hermione y Draco cambiaron de dirección precipitándose por donde habían venido.
Ocho…
Harry golpeó en una camilla en la parte superior de la escalera, que unos trabajadores estaban levitando por el pasillo. Rebotando otra vez contra el elástico material, la tetera, una vez más comenzó a descender por las escaleras, esta vez pasando de largo con éxito a la chica con alas.
Siete…
Hermione y Draco volvieron a cambiar de dirección y una vez más descendieron como dos locos tras los pasos de Harry, quien continuaba volando por los aires, mientras soltaba un silbido ruidoso debido al miedo que sentía.
Seis…
Harry golpeó contra una lámpara de araña y aun se elevó más en el aire, golpeó contra una pared y comenzó una pesada caída en vertical, yendo directamente hacia el suelo. Hermione gritó cuando saltó de las escaleras, flotando en el aire durante un segundo, con los brazos extendidos intentando coger a Harry.
Cinco…
Justo antes de que Harry chocara contra el suelo, milagrosamente, rebotó contra la cabeza de una mujer, que llevaba una gran sombrero de color rosa y siguió cayendo escaleras abajo, mientras la gente rápidamente se apartaba para no verse afectados.
Cuatro…
Hermione se estrelló contra el suelo en la tercera planta, incorporándose bastante aturdida, justo a tiempo de ver a Draco usarla a ella como trampolín para impulsarse en el aire intentando atrapar la tetera. Harry por su parte, seguía deslizándose por el aire, con el persistente silbido a todo volumen.
Tres…
Hermione se estampó de nuevo contra el suelo cuando Draco exitosamente se había impulsado con su cuerpo, ni siquiera se molestó en incorporarse. Draco estaba volando por el aire, con las manos casi alrededor de Harry cuando su túnica, que se había hinchado detrás de él, quedó atrapada en la lámpara de araña y quedó colgando de ella como una piñata, observado con horror como Harry continuaba su fatal descenso.
Dos…
Hermione levantó la cabeza del suelo, con los ojos infinitamente abiertos por el destino que le deparaba a Harry. Sabiendo que nunca podría llegar a tiempo, cerró los ojos con fuerza, Draco hizo exactamente lo mismo.
Uno…
Los dos esperaron el sonido de porcelana al romperse cuando Harry finalmente cayera al suelo, a pesar de que no oyeron nada.
Cero.
Con miedo abrieron los ojos, con la boca abierta del asombro por lo que veían en la parte inferior de las escaleras. Una mujer pelirroja y de aspecto amable estaba parada al pie de las escaleras, observando la escena de manera sorprendida. En sus brazos, estaba la preciada tetera; ubicada cómodamente en la pila de toallas que llevaba entre sus brazos.
Hermione se levantó lentamente, sin poder creerse su suerte. Con cautela, se llevó una mano a la parte de atrás de la espalda, donde notaba que se le estaba hinchando a causa del impulso que había tomado Draco. El Slytherin empezó a rasgar su túnica hasta que consiguió arrancarla por completo, cayendo al suelo con un fuerte golpe.
Las demás personas que bajaban o subían por las escaleras, continuaban a lo suyo como si esas cosas fueran de lo más normal. Por otra parte, estaban en San Mungo, probablemente habían asumido que Draco y Hermione estaban locos y los habían dejado hacer. Ambos "padres" se dirigieron hacia la mujer, que ahora estaba mirando a su alrededor intentando averiguar de dónde había salido la tetera.
- ¡Por Merlín, Hermione! ¿Qué ha pasado? – exclamó la señora Weasley, mirando la apariencia desaliñada de la chica - ¿Estás bien, cariño?
- He estado mejor. – admitió Hermione – Muchas gracias. – exclamó de repente, abrazando a la señora Weasley con fuerza, pero teniendo cuidado de que a la mujer no se le cayera Harry de los brazos - ¡Pensaba que iba a morir!
- ¿Quién? – preguntó Molly, ahora muy confundida.
- ¡Harry! ¡Es la tetera!
- ¿Harry? ¿Cómo ha pasado esto?
- Lo he transfigurado por accidente en clase. – susurró Hermione, cogiendo a la tetera que sostenía la señora Weasley, sosteniéndola protectoramente entre sus brazos - La señora Pomfrey nos ha enviado aquí a ver si conseguían devolverlo a la normalidad.
- ¿Os ha enviado? – repitió la mujer.
- A Draco y a mí. – como si fuera una señal, Draco se posicionó junto a Hermione, con sus ropas rasgadas surcando un caminó desde su hombro hasta el lado derecho de su estómago – Aquí está… - sonrió Hermione, llenando el incómodo silencio en el que se habían sumido. Sabía que Draco había cambiado, pero no completamente. Y después de todas las cosas hirientes que había dicho sobre la familia Weasley estaba segura que no sería perdonando tan fácilmente.
- Hola, señora Weasley. – dijo Draco en voz baja, mientras observaba sus pies.
- Hola, señor Malfoy. – le devolvió el saludo la señora Weasley.
Hermione gimió interiormente. Sabía que no se llevaban bien, pero no quería que tuvieran una relación tan… tan formal entre sí. Tal vez con el tiempo, podrían tener una relación más cálida. Sin embargo, esa era una vaga esperanza.
- Será mejor que nos vayamos. – dijo Hermione, entrando en la conversación – Queremos que Harry vuelva a la normalidad tan pronto como sea posible.
- Muy bien, querida. Te veré durante las vacaciones de Navidad, ¿no?
- Claro. – sonrió la Gryffindor - ¡Nos vemos entonces, señora Weasley!
- ¿Vas a su casa durante las vacaciones? – le preguntó Draco, cuando empezaron a recorrer el camino de vuelta por las escaleras, está vez con mucha más cautela.
- Sí. Harry también viene. ¿A dónde iras tú?
- Probablemente vuelva a casa. – respondió el Slytherin con evasivas, haciendo una pausa para mirar por encima de su hombro cuando notó que Hermione dejaba de caminar.
- ¿Volver a casa?, pero… no puedes.
- ¿Por qué no?
- Pensaba qué… tu padre…
- Trataré con él. – le contestó Draco, encogiéndose de hombros con una triste sonrisa en sus labios antes de despejarla – Venga, vámonos.
- ¿Por qué no puedes simplemente quedarte en Hogwarts? – preguntó Hermione, trotando hasta alcanzar a Draco.
- Mi padre querrá verme. – le contestó – Y por lo general no es una buena idea decirle que no, pero por lo menos pasaré el verano en casa del Profesor Snape, ¿no?
- Sí… - sonrió Hermione, aunque por dentro fruncía el ceño. No podía dejar que se fuera a su casa… después tendría que pensar en una excusa para que se quedara en el castillo, ahora debía centrarse en Harry – Espera un segundo. – dijo de repente, volviendo a pararse - ¿Por qué le has llamado profesor Snape?
- Así le he llamado durante todos mis años en Hogwarts. – sonrió Draco – Además, tío Sev suena… infantil.
- No, no lo es… es bonito. Además, no puedo ver a Snape como un idiota con un nombre tan adorable.
- Entonces, ¿por qué no le llamas tío Sev?
- ¿Te parece que tengo deseos de morir?
- Buen punto.
En ese momento, ya habían llegado a la pequeña oficina de información en la planta principal, una bruja de pelo negro estaba detrás del escritorio leyendo una revista.
- ¿Qué necesitáis? – les preguntó, cuando Hermione hizo sonar una campanita que había encima del escritorio.
- Tenemos que ver a un Sanador. – dijo Hermione.
- ¿Cuál es la razón?
- Nuestro amigo es una tetera…
- Entrad en la primera habitación a la derecha. Alguien os atenderá en breve. – dicho esto, la mujer volvió a su revista.
- Qué grosera. – resopló Hermione, tan pronto llegaron a la habitación que les habían dicho – Una pensaría que contratarían a gente con modales.- afortunadamente, antes de que Hermione entrara en una diatriba, la puerta se abrió y entró una joven Sanadora, con una sonrisa en su rostro.
- Hola. – saludó, dirigiéndose hacia ellos y sacudiendo la mano de cada uno – Soy la Sanadora Brandi. ¿Qué fue lo que pasó?
- En clase de Transformaciones, transfiguré accidentalmente a nuestro amigo en una tetera. – confesó Hermione – Y la señora Pomfrey nos mandó aquí porque ella no podía hacer nada.
- Ya veo. – dijo Brandi - ¿Puedo echarle un vistazo? - Hermione le entregó a Harry, mordiéndose las uñas, cuando Brandi se puso a inspeccionar la tetera - ¿Es capaz de comunicarse con nosotros? – preguntó, examinando el dibujo en forma de rayo.
- Sí. – le contestó Draco – Un silbato significa sí, dos significa no.
- Muy bien. – sonrió Brandi – Debo apuntarme vuestros nombres y…
Alrededor de una hora más tarde, habían rellenado todos los documentos, en medida de lo posible y se habían llevado a la tetera a otra habitación, Harry silbó alarmado cuando sus tutores desaparecieron de su vista.
- Nos pondremos en contacto con vosotros, en cuanto la transformación esté completa. – les dijo Brandi, reduciendo todos los documentos para que pudieran ajustarse en una sola carpeta – Simplemente quedaos en algún lugar del edificio.
- Vamos a la sala de té. – dijo Draco – Podríamos bebernos una taza.
- Bien. – dijo Hermione estando de acuerdo, estirándose después de haber estado sentada en la silla en una posición incómoda durante un buen rato – He oído que también tienen una tarta muy buena… tomaré un trozo.
Subieron un tramo más de escaleras sin accidentes y ambos adolescentes se encontraron sentados en una mesa con una taza de humeante té entre las manos, un momento después un gran trozo de tarta aparecía frente a los ojos de Hermione, quien empezó a devorarla mientras Draco la observaba con diversión.
- Ten cuidado, – le advirtió – o te vas a ahogar.
- Estoy bien. – dijo Hermione, con la boca llena de pastel – Estoy estresada… eso es todo. Estoy muy preocupada por Harry, ahora estará aterrorizado con la magia… lo sé.
- Harry estará bien. – la consoló Draco, tomando un sorbo de su té – Lo superará… no te preocupes. Además, parece que te llevas muy bien con los niños… realmente te ha tomado mucho cariño, lo sabes.
- ¿Quién?
- Y te llaman la bruja más inteligente de tu generación… - bromeó Draco - ¿No te has dado cuenta de que le gustas a todos los niños? Quiero decir, a Pansy le gustabas y eso es mucho decir para ella.
- Solía cuidar niños antes de venir a Hogwarts y durante las vacaciones de verano cuidaba a los hijos de mis vecinos. Simplemente me gusta jugar con ellos… son tan agradables.
- ¿Todos son agradables? – preguntó Draco, con una ceja arqueada.
- Bueno… todos tienen su lado dulce. No sé… probablemente si no me hubiera enterado que soy una bruja hubiera sido profesora.
- ¿Entonces, serás profesora en Hogwarts?
- Realmente no lo sé… McGonagall me dijo que dentro de unos años se retiraría, así que tal vez, podría trabajar allí… eso sería divertido. O tal vez, en alguna librería del Callejón Diagon. ¿Y tú qué?
- En realidad no he pensado en ello.
Hermione abrió y cerró la boca unas cuantas veces como si fuera un pez.
- ¡Estamos en sexto año! – gritó alarmada - ¡Tienes que tener una idea de lo que quieres hacer!
- Pues en realidad no. Estaba pensando que quizás el Quidditch… pero no soy tan bueno en ello.
- ¿Qué quieres decir? ¡Eres el capitán del equipo además del buscador! Y siempre ganáis los partidos… a no ser que sea contra Gryffindor. – se corrigió Hermione.
- Ese es el problema. Nunca he podido vencer a Harry… y si él se uniera a cualquier equipo en contra mío, cada vez que nos enfrentáramos perdería.
- Harry quiere ser Auror. – le contestó Hermione, sonriendo – Así que no tienes que preocuparte por eso.
- Es un pensamiento alentador… pero sigo sin querer hacerlo, sabiendo que alguien puede ser mejor que yo. Quiero ser el mejor y si Harry siempre me puede ganar, entonces es que no lo soy.
- Sólo necesitas más práctica, eso es todo. No te preocupes Draco, seguro que mejorarás.
- Sí tú lo dices. – suspiró Draco.
- Me pregunto por qué tardan tanto. – murmuró Hermione, unos minutos más tarde - ¿Tan difícil es que vuelva a la normalidad?
- Tengo curiosidad. – dijo Draco, con una expresión pensativa en el rostro – McGonagall dijo que el hechizo podía ser usado en seres humanos, pero se suponía que sólo era para transformaciones animales.
- ¿A dónde quieres llegar?
- Bueno… ¿y si no pueden cambiar a Harry?
- Vamos a visitar la biblioteca… ahora. – dijo Hermione, saltando de la silla.
- Pero se supone que no debemos abandonar el edificio. ¡Y no vamos a encontrar una biblioteca en un hospital!
- Tienen que tener libros de medicina a mano, ¿no?, así que vamos.
Sólo dándole a Draco tiempo para coger lo que quedaba de su túnica –que había dejado en el respaldo de la silla – Hermione le arrastró fuera de la sala de té y empezaron a bajar las cinco plantas del edificio hasta llegar al mostrador principal.
- Disculpe. – dijo Hermione - ¿Tenéis algún libro de medicina al cual pueda echarle un vistazo rápido?
- Sí que tenemos. – les dijo la bruja que daba la bienvenida al hospital, con una sonrisa – Id por ese pasillo de la derecha y la primera puerta a la izquierda. Todo lo que tenemos está ahí, no arruinéis nada, por favor.
- Muchas gracias. – dijo Hermione, antes de volver a arrastrar a Draco detrás de ella.
- Reduce la velocidad, ¿quieres? – declaró Draco, mientras literalmente era arrastrado detrás de Hermione mientras, el Slytherin no conseguía poner firmemente sus pies en el suelo – Muy bien, no me hagas caso. – murmuró, a la vez que Hermione aceleraba.
Segundos después, la Gryffindor y un seminconsciente Slytherin llegaron frente a la puerta indicada y Hermione tiró de Draco nuevamente antes de dejarle caer sobre todos los estantes.
- Me… duele… - gimoteó Draco, sentándose y agarrándose la muñeca, que Hermione había tenido aprisionada.
- Vivirás. – le contestó ella, pasando sus dedos sobre los gruesos volúmenes médicos buscando el libro deseado - ¡Ajá! – exclamó un segundo después - ¡Aquí lo tenemos! ¡Hechizos para Juegos de Té! Si no está aquí, entonces buscaremos en maldiciones.
Sentándose en el suelo junto a Draco, Hermione hojeó las páginas hasta que encontró la que buscaba. Y decía:
A partir de la fecha actual (30 de septiembre) sólo dos personas muy desafortunadas han estado bajo el hechizo Tetera. Se supone que este hechizo se tiene que utilizar en ratones, pequeños pájaros y gatos, aunque por accidente a veces los humanos caen bajo sus efectos. Las palabras para convertir al ser vivo en una tetera o una taza de té son "Yunomi Jawan" y en función del movimiento de muñeca y de varita, deberá convertirse en una taza o una tetera.
Al principio de la década de los 90, un hombre con el nombre de Malory Dutroppet fue víctima de este hechizo por su esposa, quien estaba intentando convertir una plaga de ratones en su casa en un juego de té. Vivió como una tetera sesenta y cuatro años, antes de morir a la madura edad de ciento dos, todavía como una tetera. Actualmente está enterrado en el Cementerio de Kensintong incinerado como tetera, sin que nunca se encontrara una cura.
La segunda persona que se convirtió en tetera sigue vivo hoy. Albert Princeton, fue convertido en una brillante tetera de color verde lima, gracias a un amigo suyo que pronunció "Yunomi Jawan" en lugar del hechizo "Yunomi Jowan" que le habría dado a Albert una taza de té para beber. Actualmente, Albert está exhibido en el Museo de Magia Accidental, ubicado en el Callejón Diagon.
Por el momento, no existe cura, por lo que se pide que este hechizo se use con extrema precaución. Desafortunadamente, muchos no saben que no se puede volver a convertir una tetera en ser humano y por lo tanto siguen usándolo, a veces, con resultados desastrosos.
El libro cayó al suelo de las manos de Hermione con un ruido sordo, con los ojos vacíos.
- Ahora ya sabemos porque están tardando tanto… - sonrió Draco, antes de que su expresión se volviera seria.
- Esto… no puede estar pasando… no puede… debe de haber algún error…
- Hermione, - le dijo Draco suavemente – el libro está actualizado… no hay error.
- ¡Tiene que serlo! – exclamó, con los ojos temblando a causa de los sollozos reprimidos - ¡Es mi mejor amigo! ¡No puede vivir así para siempre!
Saliendo apresuradamente de la habitación, Hermione corrió de vuelta hasta la bruja del mostrador principal, con el libro fuertemente aferrado a su pecho.
- ¿REALMENTE NO HAY CURA? – gritó histéricamente, estampando el libro contra el mostrador, abierto por la página de la tetera.
- E-es ci-cierto. – tartamudeó la enfermera, con miedo debido a la lívida expresión en el rostro de Hermione.
- ¡PERO TIENE QUE HABERLA! ¡HARRY POTTER ES UNA TETERA!
- Bien hecho. – le murmuró Draco, llegando a pararse junto a ella.
- Perdonad. Reportera del Diario el Profeta, disculpad por favor. – una mujer joven y delgada se abrió paso a codazos entre la multitud, con el pelo rubio amontonado en un moño rizado en la parte superior de su cabeza. Una brillante túnica roja hacia juego con sus uñas color carmesí, la luz rebotaba en sus gafas enjoyadas, por lo que era difícil mirarla a la cara – Ah, eres tú. – dijo mirando a Hermione – Bueno, no importa. ¿Te importaría contarnos todo lo que pasó con el famoso Harry Potter para que acabara convertido en una tetera?
- ¿Qué demonios acabas de hacer? – siseó Draco observando como las personas se congregaban a su alrededor. Hermione no le contestó, simplemente cayó hacia atrás entre los brazos del Slytherin, mientras Draco la miraba con preocupación, antes de que levantara la mirada viendo con horror como el rostro de Rita Skeeter componía una sonrisa.
Mientras tanto arriba, en una sala privada, todos los Sanadores estaban agrupados alrededor de Harry, incapaces de hacer nada y sintiéndose terrible.
- Se supone que es nuestro salvador del que-no-debe-ser-nombrado. – susurró Brandi – Y no tenemos ni idea de cómo curarlo. ¿Qué le diremos a todo el mundo?
- Es terrible. – dijo otra Sanadora – Pobre chico. La señorita Granger dijo que ahora él tiene cinco años… tendrá que ser horrible vivir tanto tiempo sabiendo que eres una tetera.
- Bueno, ¿debería hacer una taza de té? – bromeó Erin, una de los trabajadores más jóvenes – Sólo estaba bromeando. – se defendió, al ver las miradas que le dirigían sus compañeros de trabajo – Joder, sois todos tan serios.
Llamaron a la puerta y entró un joven con una bandeja llena de suministros que debían ser embotellados.
- Oh, lo siento, me pareció que era la sala de almacenamiento. – se disculpó – Ya me ¡VOOOOY! – gritó alarmado cuando tropezó con sus enormes pies y el contenido de su bandeja salió volando, aterrizando alrededor de la tetera.
En vez de soltarle una reprimenda, las Sanadoras se apresuraron hacia la tetera, que ahora estaba cambiando dramáticamente. La decoración de rayos estaba desapareciendo dejando sólo uno y el color negro de la tetera estaba cambiando a un tono melocotón. Ahora Harry estaba escupiendo grandes cantidades una especie de substancia por el pico de la tetera, que era el resultado de la mezcla de ingredientes que había dentro de él.
Mientras observaban con fascinación, lentamente la tetera comenzó a alargarse y crecer, hasta que un niño pequeño estaba sentado en la mesa, escupiendo por su boca la repugnante sustancia.
- ¡Por Merlín! – jadeó Brandi – Se ha curado. – actuando con rapidez, colocó un cubo bajo la boca de Harry, comenzando a darle unas palmaditas en la espalda, para conseguir que expulsara toda la sustancia de su sistema.
- Asegúrate de mantener una muestra de esto. – dijo, sobre el fuerte clamor que estaban creando las demás Sanadoras, quienes ya tomaban notas – Deberíamos llevarle una muestra a Albert.
- Iré a llamar a la señorita Granger y al señor Malfoy. – gritó Erin con entusiasmo. Corriendo hacia el intercomunicador mágico, pulsó el botón.
- Llamando al señor Malfoy y a la señorita Granger. Llamando al señor Malfoy y a la señorita Granger. Por favor, presentaos en la sala trescientos ochenta "B" de inmediato. En la trescientos ochenta "B". Vuestra responsabilidad se ha curado.
Draco quien había estado intentado revivir a Hermione, mientras mantenía a los reporteros a distancia, se incorporó con una gran sonrisa en su rostro.
- ¿Oís eso? – dijo dirigiéndose a la audiencia – Harry ya no es una tetera. – cuando los flashes de las cámaras saltaron él les galardonó con una sonrisa de la que Lockhart se hubiera sentido celoso, Draco se volteó, cargando a Hermione en un rápido sprint.
Irrumpió en la habitación unos minutos más tarde, sin aliento y bajó a Hermione suavemente al suelo.
- Él… realmente… ¿está bien? – jadeó, apoyado contra el marco de la puerta.
- Estará bien. – aseguró Brandi desde la cama – Tan pronto como expulse toda esta sustancia verde estará perfectamente bien.
- Pensaba que no había cura. – dijo Hermione, despertando de su desmayo, mirando a Brandi.
- Y no la había. Acabamos de encontrarla. – sonrió Brandi - ¿Por qué no venís los dos aquí? A Harry no le vendría mal una cara familiar en este momento.
Hermione tomó el lugar de Brandi, envolviendo sus brazos alrededor de Harry, mientras este seguía escupiendo la sustancia verde y Draco se sentaba a los pies de la cama los dos esperando que terminara. Cuando Harry estuvo totalmente vacío, Hermione le pasó una toalla para limpiar su rostro y un vaso de agua.
Tan pronto como terminó con ambos, Harry comenzó a llorar en silencio, los acontecimientos del día se le echaron encima. Hermione tiró de él en un abrazo, enterrando la cara en su oscuro pelo.
- Lo siento tanto, Harry… Lo siento.
Harry simplemente asintió, agarrándose fuertemente a la túnica de Hermione. Draco observó al dúo, nunca había sido del tipo de persona que daban abrazos reconfortantes.
- Una cosa… - susurró Harry al cabo de unos minutos, limpiándose las lágrimas que surcaban su rostro.
- Cualquier cosa. – le dijo Hermione.
- ¿Podemos dejar de tomar té por un tiempo?
Hermione sonrió.
- ¡Claro!
