Wolas amoress!

Ayer no pude actualizar, porque mi grupo de trabajo hemos tenido la mala suerte de perder una parte del trabajo que teníamos que entregar como mucho hasta mañana y desde ayer que no he parado de trabajar, como consecuencia no he podido ni escribir, ni actualizar esta historia. Pero bueno ahora que estoy en un descanso he deicidio traeros el cap y ya por fin mañana por la tarde seré completamente libre de todos los cargos.. xD

Espero que disfrutéis del cap. Hoy no podré contestar a los reviews T-T El domingo volveré a actualizar ;P

Besos!

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de IcyPanther -.


Capítulo 23 - Butterscotch, Banisters, and Broomsticks! (¡Caramelo, barandillas y palos de escoba!)

Decir que Hermione y Draco cayeron locamente enamorados de Caramelo sería una absoluta exageración. Sería más apropiado decir que los chicos se dieron cuanta al instante de que la vida, simplemente, les había empeorado aproximadamente unas diez veces. Caramelo no era ningún ángel, eso era más que obvio.

Después de que Dumbledore se las hubiera arreglado para sacar a Fawkes de la boca del cachorro, Lupin había cogido a Harry y Caramelo de regreso a su sala común. Y fue entonces cuando los otros dos chicos habían conocido a Caramelo…

- ¡Hermione! – exclamó Leviculus - ¡Harry está aquí! ¡Con una visita!

El retrato se abrió y Hermione salió corriendo, cogiendo a Harry entre sus brazos, proporcionándole un fuerte abrazo.

- ¡Estaba tan preocupada por ti! ¡Me alegra tanto que estés bien!

- Tío Lunático se ha encargado de mí. – dijo Harry sonriendo – Incluso me ha comprado un helado.

- ¡Profesor Lupin! – exclamó Hermione, dándole al antiguo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras otro abrazo - ¡Hacía siglos que no le veía! ¿Cómo le va?

- Bastante bien. ¿Y a ti?

- A mí también me va bastante bien. Aunque este año tenga que asistir a Adivinación…

Lupin soltó una risita entre dientes.

- ¿Y cómo va con Defensa?

Hermione se encogió de hombros.

- Todo bien. Usted sigue siendo el mejor profesor que he tenido, aunque el profesor Skura no está mal. Un poco estricto y tenso, pero al menos nos enseña. ¿Le gustaría entrar un rato? – preguntó Hermione, señalando la sala detrás de ella.

- De hecho, me tengo que ir. En otra ocasión, ¿tal vez?

- Perfecto. ¡Ha sido estupendo volver a verle!

Tan pronto como Lupin se había ido, una pequeña mancha dorada había aparecido correteando, – después de que Lupin le quitara la correa que le había comprado – Hermione gritó cuando se abalanzó sobre ella, cayendo al suelo del impulso. Caramelo, buscaba la cinta de pelo de Hermione y con un gruñido juguetón se hizo con ella, adentrándose en la sala común.

- Es Caramelo. – canturreó Harry felizmente, sentado en el estómago de Hermione – Es mi nuevo perro.

En el interior de la sala común, se empezaron a escuchar unos gritos y Hermione se puso en pie, adentrándose apresuradamente en ella con Harry detrás. El Golden Retriever correteaba alrededor de la sala con un dragón de peluche en la boca mientras Draco lo perseguía y Ron observaba todo con diversión.

- ¡DEVUÉLVEMELO! – exclamó Draco, lanzándose a por el perro y cayendo de bruces contra el suelo - ¡NO ES TUYO!

Caramelo se sentó sobre sus cuartos traseros, moviendo la cola y esperando a que Draco volviera a perseguirle. El enfurecido Slytherin lo hizo y simplemente volvió a estamparse contra el suelo una vez más debido a la agilidad del perro que de desplazó a la izquierda. Perdiendo interés en el dragón de peluche, Caramelo trotó hasta la chimenea empezando a revolcarse contra las cenizas, extendiendo gruesas nubes negras por toda la sala.

Pensando rápidamente, Hermione, conjuró una brisa de viento para disipar el humo fuera de la sala común, pero no fue lo suficientemente rápida como para extraerlo completamente. El hollín manchaba las paredes, cubría la alfombra y a los ocupantes de la habitación. Especialmente a Caramelo. El perro que había sido alguna vez dorado ahora era de un color gris polvoriento.

Antes de que Draco pudiera agarrar al cachorro y evitar que causara más estragos, Caramelo salió corriendo saltando encima del sofá, dejando sus sucias huellas por todo el tejido. Cogiendo uno de los cojines arcoíris empezó a rasgarlo, repartiendo plumas por todo el lugar.

- ¡AAACCHHUUUSS! – estornudó Ron, cuando una de las plumas se posó sobre su nariz. El cachorro al escuchar el sonido que había producido Ron, saltó sobre él y procedió a lamerle la cara.

- ¡TE TENGO! – gritó Draco, cogiendo a Caramelo entre sus brazos. El perro inmediatamente empezó a lamerle, la lengua dejaba huecos donde antes estaba el hollín que cubría a Draco de pies a cabeza.

- Le gustas. – rió Harry - ¿No es genial?

- Ehh… - Hermione miró a su alrededor revisando los daños – Probablemente sólo está un poco emocionado por estar aquí… se calmará. Tal vez deberíamos darle un baño, ¿no?

- ¡Sí! – exclamó Harry estando de acuerdo – Creo que Draco también necesita un baño. Está muy sucio.

- ¿Y es mi culpa? – se quejó Draco, sosteniendo al perro lejos de él.

- ¡Hermione! ¡Los tutores de Ron están aquí! – le llamó Leviculus - ¿Los dejo entrar?

- ¡Hazlo por favor!

Lavender y Terry entraron un segundo después, parpadeando ante el hollín.

- ¿Habéis decidido redecorar? – preguntó Terry.

- No. – Hermione suspiró – El nuevo cachorro de Harry se metió en la chimenea… y como podéis ver, causó un buen alboroto. ¿Cómo están vuestros padres? – preguntó.

- Están bien. – sonrió Lavender – A mi madre le darán el alta mañana por la mañana y al padre de Terry esta noche. Las lesiones parecían peor de lo que eran.

- Me alegro. – alentó Hermione, abrazando a Lavender.

- Parece que también tienes las manos llenas… Vamos a buscar a Ron y a ponernos en marcha. ¿Ha causado algún problema?

Hermione y Draco intercambiaron una mirada.

- De hecho, sí. Aquí tienes, - dijo Hermione, colocando un rollo gigantesco de pergamino en manos de Lavender – un informe detallado. Desde el almuerzo lo hemos tenido sentado en esa silla, aunque incluso así no se ha mantenido fuera de problemas. Decide el castigo que desees después de haber leído eso. Y esto, - dijo, entregándole una caja – es algo tuyo que Ron tomó "prestado".

Lavender fulminó a Ron con la mirada quien le devolvió una sonrisa inocente.

- Estás metido en grandes problemas, Ronald Weasley. – gruñó la chica – Ahora vámonos para que vaya averiguando la mejor manera de que aprendas la lección. – Terry recogió al niño que tenía mala cara y empezó a salir de la sala común mientras Lavender les seguía de cerca.

- ¿Y ahora qué? – preguntó Draco, haciendo una mueca mientras Caramelo seguía lamiéndole la cara.

- Vamos a darle un baño a Caramelo. Venga Draco, llévalo hasta allí. Harry, tú ven conmigo y vamos a buscar algo de jabón.

Unos minutos más tarde, todos estaban reunidos alrededor de la bañera, donde Draco sostenía a Caramelo intentado enjabonar su pelaje sucio.

- Maldito perro. – murmuró, cuando el cachorro le mordió la mano al intentar quitarle el collar. Hermione y Harry observaban con gran interés como Draco seguía luchando contra el collar antes de que finalmente consiguiera deslizarlo por la cabeza del animal.

Justo cuando el Slytherin se disponía a volcar un cubo de agua sobre la cabeza del cachorro, Caramelo se escabulló de las garras de Draco y saltó de la bañera. Desafortunadamente, en el salto, las patas traseras del perro chocaron con Draco y el chico se desplomó sobre el borde de la bañera, semi-hundido en el agua.

- Ahora ya no necesita un baño. – se carcajeó Hermione. Llegando más lejos, cogió la botella de champú y empezó a enjabonar la cabeza de Draco.

- ¡Basta! – gruñó, intentando alejar las manos de la chica.

- Ven aquí y ayúdame, Harry. – sonrió maliciosamente Hermione.

- Pero, ¿qué pasa con Caramelo?

- Está casi limpio y no puede salir de la sala común… nada muy malo debería pasar. – así que Harry extendió las manos y Hermione dejó caer en ellas un chorro de champú. Por ahora, Draco había dejado de moverse, quedándose inmóvil, soltando suspiros aleatorios y lanzando miradas asesinas a una pastilla de jabón, imaginando que era Hermione.

- Cierra los ojos. – le ordenó Hermione – Harry, vuelca el cubo de agua sobre su cabeza. – el niño obedeció y Draco soltó un aullido cuando el agua helada le golpeó.

- ¿QUÉ DEMONIOS HA SIDO ESO? – gruñó, volteando la cabeza.

- ¿Recuerdas cuando tomé una ducha fría por tu culpa? Ahora tienes una muestra de lo que es… un cubo más Harry.

- Oh no, no… - Draco intentó ponerse en pie para escapar, pero Hermione volvió a empujarlo hacia abajo, con la mala suerte de resbalar con algún charco que Caramelo había salpicado por el suelo y cayó dentro de la bañera con Draco. - ¿Te importa bajar de encima? – le espetó a una Hermione sentada en su estómago.

Un grito ahogado les llegó desde la puerta y Hermione se volvió para mirar a Draco ya que no podía mirar por el borde de la bañera.

- ¡Hermione! ¡Draco! ¿Tenía que ser ahora? ¿Y delante de Harry? ¿No creéis que estáis siendo demasiado atrevidos…

El rostro de Hermione se volvió de un rojo brillante.

- ¡Eso no es lo que está pasando! ¡Me caí dentro!

Ginny sonrió satisfecha.

- Claro que sí.

- ¡Ginny! – exclamó Harry, corriendo hasta ella y envolviendo los brazos alrededor de sus piernas.

- Hola a ti también. – sonrió - ¿Qué estáis haciendo todos aquí?

- Intentando darle un baño a Caramelo, pero se escapó y Hermione y yo le estábamos lavando el pelo a Draco en su lugar y Hermione acabó cayendo dentro.

- ¿Lavándole el pelo a Draco? – repitió – Por Merlín, ojala hubiera llegado antes. Aunque de esto todavía se puede sacar una foto decente. – sacando una cámara de su mochila, tomó la foto de una mortificada Hermione, con la cara todavía de un rojo brillante, sentada en el estómago de un Draco haciendo muecas.

- ¡DAME ESA CÁMARA AHORA MISMO, GINNY! – gritó Hermione, luchando por salir de la bañera y corriendo detrás de su amiga.

- Nop, es mía. – le contestó Ginny, guardando de nuevo la cámara en su mochila, antes de que Hermione la alcanzara. Una mirada de confusión cruzó sus facciones un segundo después - ¿Quién es Caramelo?

- El nuevo cachorro de Harry. Lo compró hoy en el Callejón Diagon.

- ¿Habéis ido al Callejón Diagon?

- No, sólo Harry. Cierto alborotador pelirrojo le informó de que si no conseguía un helado moriría… y Harry decidió utilizar los polvos Flu de Draco para ir a por uno. Y compró a Caramelo… Lupin lo mantenía vigilado. Dumbledore se aseguró de que estuviera a salvo.

- ¿Caramelo no será de un color dorado, verdad? – preguntó Ginny nerviosamente, haciendo girar un mechón de pelo entre sus dedos.

- Es por eso por lo que le puse caramelo. – dijo Harry elevando la voz – Es dorado como los caramelos de mantequilla.

- Bueno, la cuestión es que, - rió Ginny de manera inquieta – cuando entré, ya que aún recuerdo la contraseña, algo salió disparado delante de mí y parecía dorado…

- ¿Quieres decir que esa cosa está suelta por el castillo? - exclamó Draco, sentándose en el agua.

- Ese es el resumen general…

- ¡Caramelo podría perderse! – sollozó Harry, con los ojos llenos de lágrimas – Estará aterrorizado.

- No es el perro lo que me preocupa… - susurró Hermione en voz baja – Dejadnos que nos pongamos ropa seca y después iremos todos a buscarlo… sólo podemos esperar que no sea demasiado tarde.

El grupo salió unos minutos más tarde, con una Hermione arrastrando a un reacio Draco detrás de ella, el Slytherin iba protestando que no quería estar cerca de esa cosa. Cuando los chicos voltearon el pasillo, sólo podían mirar con estupefacción los daños causados. Unos cuantos estudiantes estaban sentados en el suelo, con las caras llenas de baba y libros y tinteros rotos esparcidos por todo el suelo.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó Hermione a una Pansy aturdida que agarraba a Neville como si fuera un osito de peluche.

- Un perro. – le contestó Pansy, poniéndose lentamente en pie haciendo muecas. – Simplemente salió de la nada y empezó a asaltar a todo el mundo, destruyendo todo lo que tenía a la vista. Blaise salió corriendo detrás de él persiguiéndole por la posesión de su varita.

- No parecía tan malo cuando lo compré. – susurró Harry.

- ¿Quieres decir que ese perro es tuyo? – exclamó Pansy alarmada - ¡Pensaba que no estaban permitidos en Hogwarts!

- Dumbledore ha hecho una excepción… - murmuró Draco.

- ¿Podemos ayudarles a buscarlo? – preguntó Neville, mirando con adoración a Pansy – Me gusta el perrito.

Pansy observó el rostro suplicante de Neville, a los estudiantes que poco a poco se iban levantando dirigiéndose hacia la enfermería, debido a las contusiones y los golpes, de vuelta a Neville, después le lanzó una mirada a los libros y tinteros por el suelo y volvió a mirar a Neville.

- Bien. – suspiró – Les ayudaremos a encontrar al perro.

- Gracias. – le dijo Harry con suavidad.

- No hay de qué. – le contestó Pansy efusivamente.

El nuevo grupo salió del pasillo, buscando donde había nuevos daños y dirigiéndose en esa dirección. Tapices rasgados, piezas de armadura por el suelo y algunas piedras rayadas eran señales suficientes para saber por dónde proseguir. Y a lo lejos, se oían unos débiles ladridos y algún grito de alarma.

- ¿Tenéis todos vuestras varitas? – preguntó Hermione, mirando sombríamente el pasillo por el que parecían salir todos los sonidos.

- Sí. – dijeron a la vez Draco y Pansy.

- ¿Los niños?

- Lo tengo. – dijo Pansy, recogiendo a Neville y ajustándolo en su cadera.

- Entonces, vamos. – concluyó Hermione, despegando con Harry entre sus brazos. Corriendo por el pasillo, el grupo aterrizó en la parte superior de unas escaleras donde Caramelo saltaba alegremente, lamiendo a Lavender, que había parecido en escena.

Hermione, agarró el collar de las manos de Draco – quien lo había estado llevando todo el trayecto – y se la puso alrededor de la cabeza a Caramelo mientras el perro estaba ocupado intentando coger la cinta de pelo de Lavender. Extrayendo la correa del cinturón donde lo había atado antes de salir, Hermione estiró al perro y lo arrastró hacia atrás.

- ¡Caramelo! – aplaudió Harry, corriendo hacía Hermione y abrazando a su cachorro - ¡Estoy tan contento de que estés bien! – dijo echándose a reír un segundo después cuando el perro trepó hasta él y empezó a llenarle la cara de besos.

- ¡Lo siento mucho Hermione! – exclamó Lavender, envolviendo a su amiga en un abrazo - ¡Y a ti también Draco!

- ¿Qué? – preguntó Draco, ligeramente desconcertado, cuando Lavender también lo envolvió a él en otro abrazo.

- Por lo de los muñecos. Leía el informe de camino a nuestra habitación, que por cierto aún no hemos llegado y sólo puedo decir que, ¡lo siento! ¡No sabía que los cogería! La profesora Trelawney… - en ese momento Hermione resopló, pero por lo demás se quedó tranquila - … me lo dejó para practicar. En las instrucciones dice que si la persona no quiere seguir siendo controlada sólo debe decir "oblittero". Anula el efecto de inmediato y el muñeco ya no hará nada. ¡Ni siquiera sé cómo consiguió abrir mi baúl! ¡Siempre lo tengo bloqueado!

Mientras Pansy, Ginny y Hermione intentaban consolar a Lavender, Blaise, Terry y Draco, estaban a un lado hablando sobre Quidditch. Ron se escabulló hacía Harry, que ahora estaba sentado tranquilamente junto a su nueva mascota dedicándole unas caricias detrás de las orejas.

- ¿Te has metido en problemas? – le preguntó Harry, cuando se sentó junto a él.

- Un montón. – le contestó Ron sonriendo – Lavender me ha dicho que me quedaré sin postre durante una semana, pero no sabe las cosas que tengo escondidas en mi dormitorio. Y se supone que debo sentarme en silencio durante las clases, pero en realidad no puede controlarlo. Y que tengo que ayudar a limpiar la sala común todas las noches. – al decir eso compuso una mueca – De eso no sé cómo voy a poder escapar.

Neville se acercó, sentándose junto a ellos en silencio, acariciando a Caramelo que le lamió la cara de vuelta.

- No deberías haber cogido nada de su baúl. – le reprendió Harry – Si hubiera hecho eso en mi casa, relamente me habría metido en un serio problema.

- ¿Te habrían dejado sin postre también?

Harry sacudió la cabeza.

- Me habrían dejado sin nada. Y me hubieran encerrado en mi alacena.

La boca de Ron se abrió del horror.

- Puedes quedarte en mi casa. – declaró - ¡Mi madre nunca haría eso! ¡Puedes ser como mi hermano! ¡Y formaríamos equipo contra Fred y George!

- ¡Mi abuela también le dejaría quedarse! – exclamó Neville.

- ¿De verdad? ¿Podría quedarme con vosotros?

- Síp. Estoy seguro que a mi madre no le importaría.

- Ni a mi abuela.

- ¡Sois los mejores! – gritó Harry, abrazando con fuerza a Ron y a Neville.

- Harry… no puedo… respirar. – jadeó Ron, mientras Neville asentía en acuerdo con él.

- Oh, lo siento. – sonrió Harry tímidamente.

- ¡Hey! ¡Vamos a deslizarnos por la barandilla! – sugirió Ron – Solía hacerlo en mi casa siempre hasta que se rompió.

- ¿Se rompió? – repitió Harry, mirando por encima de la barandilla hasta el otro extremo.

- Sí, pero esta es de piedra. No debería romperse. ¿Vamos? ¿Quieres probar? ¡Es muy divertido!

- ¿Es peligroso? ¿Podríamos hacernos daño?

- Nah. Mientras pongas una pierna a cada lado de la barandilla, irá bien. Si quieres, bajaré yo primero y me seguís.

- Tengo miedo a las alturas. – dijo Neville débilmente – Yo me quedaré aquí jugando con Caramelo. – concluyó, apartándose de la barandilla y sentándose al lado del perro volviendo a acariciarlo una vez más.

- Vale. – aceptó Harry con lentitud – Así que será como una montaña rusa, ¿no? Me subí una vez en una porque tío Vernon dijo que necesitaba algo blandito para que Dudley no se chocara contra las puertas de metal.

- ¿Qué es una montaña rusa?

Draco que había oído la palabra contestó:

- Un instrumento de un parque de atracciones muggle que funciona con rapidez. – con una mirada afilada a Hermione agregó – mucha rapidez.

- Oh, - dijo Ron – sí, algo como eso supongo.

Anclando un pie en una de las piedras, Ron se elevó a si mismo hasta quedar en la parte lisa de la barandilla y se sentó.

- ¿Ves esa curva de allí? – preguntó, mirando a Harry, señalando la curva en cuestión – Espérate hasta que llegue allí para lanzarte. Recuerda agarrarte bien a la barandilla… no querrás caerte.

Avanzando lentamente al principio, Ron se deslizaba por la pendiente empezando a ir más rápido progresivamente. Soltó un grito emocionado cuando llegó a un desnivel y continuó su camino alegremente. Harry se estaba posicionando cuidadosamente en la barandilla preparándose para lanzarse, cuando escuchó el grito emocionado de Ron, por lo que todos los demás también lo oyeron.

- ¡Harry! ¡No! ¡No… - exclamó Hermione, cuando vio que Harry empezaba a avanzar.

- ¡Por Merlín! – gritó Lavender, señalando la escalera que Harry y Ron habían decidido montar - ¡Se está moviendo!

- No entréis en pánico. – aconsejó Terry, antes de ponerse a gritar y a dar vueltas en círculo. Lavender estalló en sollozos, cubriéndose los ojos.

- ¡Hay que levitarlos! – exclamó Pansy, buscando a tientas su varita. Blaise disparó el hechizo, pero se perdió en el aire, los niños iban demasiado rápido - ¡Muévete! – le espetó, disparando su propio hechizo, que también se quedó corto.

Una fracción de segundo más tarde, Ron estaba en el aire, volando a unos cuantos metros por encima del suelo y en un rápido descenso. Hermione empezó a disparar hechizos que ralentizaban, pero todos caían debajo del niño pelirrojo, que ahora gritaba de terror en vez de excitación.

Unos metros debajo de Ron, cierto profesor de Pociones iba caminando tranquilamente cuando empezó a escuchar un grito, cada vez más fuerte. Mirando hacia arriba, vio una silueta negra y roja antes de que Ron aterrizara con fuerza en la parte superior de Snape, haciendo que los dos cayeran al suelo. Desgraciadamente, el grupo de arriba no había visto a Snape y sólo habían escuchado un ruido sordo.

- ¡SE HA CAÍDO! – chilló de manera estridente Pansy - ¡OH, MERLÍN! ¡REALMENTE SE HA CAÍDO!

Harry salió volando de la barandilla en ese momento y también empezó a caer. Snape que estaba parpadeando con sus ojos después del fuerte impacto, levantó la vista justo a tiempo de ver a Harry caer sobre Ron, aplastando una vez más al profesor. El grupo de adolescentes corrió escaleras abajo, rezando para que los niños estuvieran bien.

"Si está vivo, juro que romperé su castigo y le daré tantos postres como su estómago pueda aguantar. Simplemente que esté bien."

"Si Harry o Ron han muerto nunca podría perdonarme a mí misma. Si pudieras hacer que siguieran vivos, me comprometo a fallar a propósito mi siguiente examen y perder mis calificaciones perfectas."

"Malditos idiotas. Creo que Ron es más estúpido cuanto más joven es. Si no han muerto, por algún milagro, dejaré el Quidditch durante un mes y no tocaré un palo de escoba en dos."

"Me comprometo a no morder a otro ser viviente, si los dos siguen vivos. Por favor, por favor, por favor, que sigan vivos."

"¡BUAAAAA! ¡No pueden estar muertos! ¡Los acabo de conocer! ¿Por qué no los he parado?"

"¿Guau?"

"Estoy muy contento de que a Pansy y a mí nos haya tocado el más miedoso de los tres. Pero espero que esos dos estén bien… no quiero que los expulsen a todos."

"Tienen que estar bien… cálmate. ¡Oh, Merlín! ¡Será mejor que los dos estén bien! De lo contrario te patearé el maldito culo cuando – y sí – alguna vez te encuentro. ¿Me has oído?"

"Uno de los dos es mi novio. El otro mi hermano. Si uno de los dos ha muerto… oh, será un infierno compensarlo."

Mientras que el frenético grupo corría escaleras abajo, Ron sacudió la cabeza para despejar los puntos negros que veía y sus ojos se iluminaron al ver a Snape, quien estaba empezando a recuperar la conciencia.

- ¡Oh, profesor aterrador! – exclamó - ¡Nos has salvado! ¡Estamos vivos!

Harry se sentó con cautela, bajando de encima de Ron hasta posarse en el suelo.

- Gracias, señor. – dijo Harry débilmente, con sus ojos esmeraldas llenos claramente de gratitud.

- ¡Oh, Dios mío! ¡Están bien! ¡Están vivos! ¡Calmaos! – gritó Hermione, quien lideraba la procesión. Ron bajó de encima de Snape y el profesor cuidadosamente se puso en pie, haciendo una mueca ante el movimiento - ¡Muchísimas gracias, profesor! – sollozó, envolviendo a Snape en un abrazo, desmoronándose por completo - ¡Gracias!

Snape le devolvió unas torpes palmaditas en la espalda, confundido y sin comprender plenamente porque estaba consolando a la Gryffindor. Draco la estiró suavemente alejándola de Snape y entonces lo envolvió a él en un abrazo y ahora le tocaba ser al Slytherin quien la reconfortara.

- Están bien. – le susurró, frotando suavemente su espalda en círculos – Cálmate Hermione, están a salvo. No ha pasado nada malo.

Poco a poco, Hermione asintió a la vez que se secaba los ojos con la manga, aunque todavía se mantuvo apoyada en Draco. Harry se acercó a ellos y Draco lo alzó con un brazo, acercado al niño a su cuerpo, así que quedó entre sus dos tutores. Draco, después de asegurarse que Hermione se había calmado lo suficiente, se acercó a su padrino quien todavía seguía tambaleándose un poco.

- ¿Estás bien, tío Sev? – preguntó, agarrando uno de los brazos de Snape y posándolo sobre sus hombros – Voy a ayudarte a volver a tu despacho… creo que es necesario que te acuestes. – Snape asintió, viendo pequeñas botellitas de pociones todavía bailando alrededor de su cabeza – Llevaré a tío Sev a su despacho. – anunció – Hermione, ¿por qué no te llevas a Harry a la sala común? Nos veremos en unos pocos minutos.

Hermione le dedicó un pequeño movimiento de cabeza y después de abrazar a Ron con fuerza - tenía que comprobar por sí misma que estaba bien - se dirigió escaleras arriba con Harry agarrado en una mano y Caramelo en la otra. Cuando Draco se reunió con ellos unos minutos más tarde, se encontró a Hermione sentada en el sofá todavía con Harry envuelto en un abrazo y el perro acurrucado a sus pies.

- Creo que ya puedes dejarlo. – sonrió Draco, sentándose junto a ellos - ¿Cómo estás, Harry? – preguntó, volviendo su atención al niño.

- Un poco dolorido. – admitió – Pero el profesor Snape nos salvó a Ron y a mí. Me alegra que estuviera allí… estaba muy asustado.

- Nosotros también estábamos muy asustados.

- Creo que voy a leer un rato. – anunció Hermione - ¿Te apetece una historia, Harry? Eso debería ayudar a calmarnos.

- Claro. – estuvo de acuerdo el niño.

- ¿Estaría bien si salgo y vuelo un rato? – preguntó Draco. "Sólo bromeaba con esa promesa… ¿sin volar? ¡Nunca!"

- Sí, adelante. Podrías aprovechar para practicar.

Draco sonrió, desapareciendo dentro de su habitación y saliendo de ella un segundo después con su Nimbus 2001 en sus manos. Con un gesto de despedida se marchó de la sala común.

Harry y Hermione comenzaron a leer una historia, pero el niño se percató de que Hermione parecía parar entre palabras hasta que finalmente dejó de hablar. Levantando la mirada vio que se había quedado completamente dormida.

- Debe de estar muy cansada. – murmuró, luchando por salir de su regazo y suavemente posar su cabeza sobre la almohada. Corriendo hacia el armario, sacó una manta estirándola sobre el cuerpo de Hermione.

Al entrar en su habitación, empezó a rebuscar en su baúl hasta encontrar lo que había estado esperando probar durante bastante tiempo. La madera relucía ante él, la letra en oro y cursiva en el mango brillaba intensamente.

- Me pregunto si realmente puede volar… - armándose con su chaqueta, Harry cargó con la escoba – que era aproximadamente el doble de su altura – y se marchó de allí, pero cuando intentó atravesar el retrato, este no se movía.

Retrocediendo, Harry se acercó hasta el ventanal que daba a la cabaña de Hagrid. Levantó el pestillo, sorprendiéndose cuando la ventana se abrió. Y como ayuda adicional, largas ramas de hiedra se entrelazaban alrededor de la ventana hasta tocar el suelo.

Se encaramó tentativamente en el alfeizar – un poco acobardado por las alturas después del episodio de ese día – y empezó a descender por las ramas, con una mano agarraba la Saeta de Fuego y con la otra se aferraba a la hiedra. Unos tensos minutos después, sus pies se reencontraron con el suelo y Harry dejó escapar un gran suspiro de alivio. Al ver el campo de Quidditch, se dirigió hacia allí con la escoba arrastrando detrás de él.

Draco desmontó de su escoba después de una serie de volteretas, bombeando adrenalina. Haciendo una inspección del terreno de juego, se sintió aliviado al ver que seguía vacío, tener todo el campo para sí mismo era bastante extraño. El Slytherin observó una pequeña figura que acababa de entrar y que caminaba con dificultad hacia el centro del campo.

Sus plateados ojos se abrieron desmesuradamente de reconocimiento. ¡Ese era Harry! ¡Y se disponía a montarse en su Saeta de Fuego! Saltando en su escoba, Draco aceleró el vuelo a través del estadio hacia la diminuta figura quien ahora intentaba pasar una tambaleante pierna sobre el mango de la escoba. Tan sólo consiguió ponerse de puntillas antes de salir repentinamente despegado con su escoba y empezara a elevarse por los aires, mucho más rápido de lo que jamás había experimentado.

Harry gritó de la sorpresa ante la velocidad y se apoderó del mango de madera para salvar la vida, con los ojos fuertemente cerrados. Draco se quedó sin aliento al darse cuenta que se dirigía directamente hacía el lago. Extendiéndose todo lo que podía, logró agarrar un poco la escoba y luego viró su cuerpo bruscamente a la derecha quedando colgado en ella, pero por suerte, cambiando el rumbo en dirección hacia el castillo.

Pero tan pronto como Draco pensó que estaba arreglado, se dio cuenta de que no lo estaba ni de cerca. Harry, aterrorizado, estaba inclinado hacia adelante en la escoba e iban en un descenso vertical directos hacía el suelo. Una vez más, Draco logró desviar la escoba de su dirección original.

Durante los siguientes minutos, siguieron en la misma situación, Harry seguía sin darse cuenta de que Draco iba detrás de él todo el rato. Eso fue hasta que Harry se recostó contra la escoba y esta empezó a acelerar muy rápido pero a la inversa.

- ¡Harry! – gritó Draco, en el oído de Harry ya que ahora le quedaba un poco más cerca.

Harry se volvió hacía él, parpadeando sorprendido, pero su boca compuso una perfecta "o" al ver más allá de la cabeza de Draco. Draco se volvió para ver qué era lo que había conseguido que Harry pareciera todavía más aterrorizado de lo que ya estaba. ¿La respuesta? Uno de los muros de Hogwarts se acercaba a gran velocidad desde detrás de ellos.

- Esto va a doler… - murmuró para sí mismo. Un segundo después, se estrelló contra la piedra empezando a caer al suelo, arrastrando la escoba y a Harry con él. Cayó con gran estrepito y con el niño encima de él. Rápidamente Harry se revolvió y se puso en pie, con una máscara de horror en la cara.

- ¿Draco? – susurró, tocando a cara del Slytherin – No te muevas, ¿vale? ¡Voy a buscar a la enfermera!

Corriendo, Harry irrumpió en el castillo y se precipitó por las escaleras que daban a la enfermería; el único lugar de Hogwarts al que sabía llegar de memoria.

- ¡Señora enfermera! – exclamó al entrar en la enfermería - ¡Tiene que ayudarme! ¡Está muy mal herido!

- ¿Quién está herido? – preguntó suavemente, al salir de su despacho.

- ¡Draco! ¡Se ha estrellado contra un muro de piedra! ¡Y todo ha sido mi culpa! ¡No creía que la escoba realmente volaría!

- ¿Otra vez Draco? – dijo suspirando – Él y la señorita Granger deben estar compitiendo por ver quién sale más herido o enfermo de esta. ¿Por qué no me llevas hasta él? Veré lo que puedo hacer.

Harry la guio ansiosamente hasta el muro donde había chocado con Draco, donde ahora una multitud se había congregado.

- ¡Apartaos del camino! – ordenó Pomfrey, empujando a los estudiantes fuera de su camino – ¡Y dejadle algo de espacio para respirar, por el amor de Merlín! – exclamó arrodillándose junto al inconsciente Slytherin, para empezar el diagnostico – La espalda rota, lesiones en la cabeza y algunos moretones. Nada que no pueda arreglar.

Azotando su varita, la enfermera lanzó un suave resplandor azul sobre Draco, quien dejó de hacer muecas dolorosas con la cara.

- Eso le ha curado los huesos. – señaló con orgullo – Pero por lo menos le queda un día entero en la enfermería al señor Malfoy. – levitando el cuerpo de Draco, entró de nuevo en el colegio con Harry a la zaga, arrastrando tras de sí su Saeta de fuego y la Nimbus 2001 de Draco, que un estudiante había traído amablemente desde el campo de Quidditch donde había caído.

Tan pronto como Draco fue posado en una de las camas de la enfermería, Hermione entró corriendo con una cara frenética.

- ¡Aquí estas! – exclamó, envolviendo a Harry entre sus brazos - ¿Qué ha pasado?

- Intenté volar… aunque no pensé que realmente funcionara. Y Draco se colgó del final de la escoba y finalmente caímos.

Hermione observó al Slytherin, quien estaba sumido en un sueño profundo debido a una poción.

- ¡Ah! Ahí estas señorita Granger. – dijo Pomfrey saliendo desde una habitación de detrás con unas botellitas en sus manos – Me preguntaba cuando iba a aparecer. El señor Malfoy se quedará aquí durante un día… se ha roto la espalda y estoy preocupada por una de las lesiones en la cabeza. Pero debería estar bien. – aseguró, al ver que la cara de Hermione se llenaba de miedo – Ha tenido un accidente de escoba por lo que tengo entendido.

- ¿Pero estará bien?

- Sí, después de descansar un poco.

- Entonces será mejor que nos pongamos en marcha, ¿no Harry? – dijo dándole un suave apretón a la mano de Draco y miró a su alrededor antes de volver su atención a Harry – Oh no…

- ¿Qué? – preguntó el niño, también mirando a su alrededor.

- He traído a Caramelo conmigo. – dijo con voz débil – No quería que arruinara la sala común mientras me ausentaba. Pero ahora no está aquí.

- ¿Se ha vuelto a perder?

- Si, podríamos decir que sí. – algún ladrido se escuchó por el pasillo acompañado de varios gritos alarmados y Hermione suspiró – Y allá vamos de nuevo.