Buenas mis pequeños caparichoss!
Este capítulo va dedicado exclusivamente a "roohh-guzman" por su cumpleaños, espero que tengas un día estupendisisisisismOOO y muchisismas Felicidadessss!
Hoy estoy rebosante de felicidad :D Libre como un pajaritooOOOO! ¡Por finnn! Así que como prometí aquí tenéis un nuevo capítulo. A partir de ahora me dedicaré mucho más a escribir, así que no prometo actualizar cada día esta historia porque tengo muchas historias que escribir y retos a los que me he inscrito... lo sé... me autoexploto a mi misma, pero ¿que le hago? Por lo tanto estos días actualizaré todas mis historias que ya va siendo hora y cada dos o tres días esta traducción :D
Disfrutad del capítulo cielitosss (L)
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de IcyPanther -.
Capítulo 24 – Past and Present Events (Eventos pasados y presentes)
Después de dos horas de perseguir al cachorro por todo Hogwarts, Hermione y Harry habían logrado traerlo de vuelta a la sala común, los chicos estaban agotados, pero parecía que el perro seguía en un nivel de excitación elevado.
Actualmente, Hermione estaba tumbada en el sofá y Harry tirado en el suelo, observando como caramelo corría alrededor de la sala con un cojín en la boca, demasiado cansado como para detenerlo.
- No tenía intención de que causara tantos problemas. – se disculpó Harry en voz baja.
- No es culpa tuya.- le dijo Hermione con un suspiro – Mis primos tenían un perro como este hace mucho tiempo… y cada vez era más salvaje; si es que eso podría considerarse posible. Ahora no es más que un cachorro… pero crecerá con el tiempo.
- ¿Así que no estás enfadada?
- ¡No, por supuesto que no! ¿Por qué debería estar enfadada?
Harry se encogió de hombros y distraídamente volvió su atención a jugar con las pelusas de la alfombra.
- Será mejor que haga algo de deberes. – se dijo Hermione a si misma – Después de todo, mañana tenemos clases. – enderezándose se levantó del sofá, dirigiéndose a su habitación y volvió de allí con su mochila en las manos – Primero Runas, ¿qué te parece? – le preguntó a Harry – Así pudo ayudar a Draco con los suyos… no es muy bueno.
De hecho, ni Draco ni Harry eran muy buenos en Runas Antiguas. Como habían cambiado el transcurso de las clases los tres chicos se encontraban en las mismas, algunos de esos cambios no había sido del agrado de todos. Hermione, para su desgracia había terminado en Adivinación y Harry Y Draco habían acabado atrapados en Runas. Y en esa clase, realmente no tenían ni idea de que hacer.
Cuando a Harry se le permitió entrar en esa clase, ya que los niños de cinco años no podían, estaba convencido de que las marcas en las piedras eran puntos y grietas y que nada podría interpretarlos. Así que se pasó toda la clase contando los puntos de las piedras y dependiendo del número de puntos significaba el tiempo de vida de la roca.
Draco lo tenía un poco mejor… al menos tenía el concepto de que las marcas en la piedra eran símbolos y letras. Pero no sabía leer las diferentes lenguas que allí había talladas; no todas eran de una misma cultura. Y debido a eso, cada vez que veía en cada roca una "u" al revés, presumía que significaban lo mismo.
Pero, afortunadamente, ese era todo el alcance de daños en sus horarios. Los tres todavía tenían Herbología, Defensa Contra las Artes Oscuras, Transformaciones, Encantamientos, Pociones, Historia de la Magia y Cuidado de Criaturas Mágicas.
"Y Harry tiene su primera clase con Hagrid, mañana." – pensó Hermione al tiempo que abría su libro de Runas – "Espero que no traiga algo demasiado peligroso… No creo que a Harry le gustara un dragón tanto como lo hizo Draco. ¿Tal vez, un manso unicornio o algo así?"
Colocó el texto junto a un trozo de piedra que la profesora había entregado a cada estudiante para que tradujeran. Observando con atención la pieza, que era de unos diez centímetros de alta por unos cinco de ancha, sabía que estaría en la mesa al menos durante una hora, a pesar de que era increíblemente pequeña. Primero tendría que ordenar las diferentes runas para saber en qué lengua estaba escrito y después de eso tendría que traducir el texto, lo que sin duda le tomaría más tiempo.
Harry se sentó junto a ella, observando como consultaba cuidadosamente el antiguo libro antes de volver la cabeza hacia la piedra, seleccionando constantemente símbolos, girándolos ante sus ojos para ver si podía encontrar el mejor significado.
- Es griego. – dijo sonriendo unos veinte minutos más tarde, observando con orgullo su descubrimiento.
Cogiendo una hoja de pergamino en blanco, comenzó cuidadosamente a copiar cada símbolo verticalmente, dejando mucho margen a la derecha para poder escribir la traducción. Harry se sentó pacientemente a su lado durante todo el proceso, sucumbiendo poco a poco al sueño debido al suave tic-tac del reloj de la sala común, el rasgado de la pluma de Hermione y la lenta respiración de Caramelo quien finalmente se había cansado y ahora dormía tranquilamente.
Deslizando el codo sobre la mesita de café, Harry se preparó para descansar la cabeza sobre su brazo cuando de repente el sonido de cristales rotos resonó a su alrededor. Saltando hacia atrás, Harry comprobó con horror como la tinta del tintero que acababa de romper se extendía por la traducción casi terminada de Hermione, arruinándola y sin posibilidad de reparación.
- Yo… yo… - balbuceó, retrocediendo lentamente lejos de Hermione, temeroso de cuál sería su reacción. Antes de que Hermione pudiera hacer o decir cualquier cosa, Harry arrancó corriendo de la sala común internándose en su habitación. Buscó salvajemente una alacena a su alrededor sin encontrar ninguna, optando por esconderse en el armario. Abrió las puertas y trepó hasta dentro volviéndolo a cerrarlas un segundo después.
Acurrucado junto a un par de botas de invierno y una túnica de repuesto, Harry escuchó con atención cualquier sonido que emitiera Hermione, su corazón latía desenfrenadamente contra su caja torácica y sus ojos esmeraldas estaban ensanchados por el pánico. Honestamente… no había tenido intención de hacer lo que hizo. Hermione probablemente iba a castigarlo… ¿qué sería? ¿Sin comida durante un día? ¿Limpiar toda la casa o en este caso toda la sala común? ¿Cocinar todas las comidas? ¿Encerrarlo en el armario durante algún tiempo? Ninguna de las opciones sonaba demasiado atractiva.
Escuchó como Hermione entraba en su habitación, sus pasos eran suaves contra la alfombra, lentos y cuidadosos.
- ¿Harry? – susurró, dando una vuelta sobre sí misma, buscando al niño con sus ojos – Está bien. – le alentó – No estoy enfadada contigo.
Harry se quedó en silencio, sin querer todavía salir y enfrentarse a ella. Hermione, siempre había sido amable con él y ahora había arruinado el trabajo por el que se había esforzado tanto. Y había herido a Draco al intentar volar. Y al profesor aterrador cuando había aterrizado sobre él. Y había asustado a todos cuando se escapó al Callejón Diagon. Todo lo que conseguía era hacer triste e infeliz a la gente. Aunque a su verdadera familia no le gustara, al menos nunca se había sentido tan culpable cuando hacía algo mal.
El pequeño rayo de luz que se filtraba por la rendija del armario que había estado observando fijamente desapareció en cuanto Hermione se puso delante de las puertas. Temblando, Harry se apretujó contra la esquina más profunda del armario cuando Hermione lo abrió lentamente.
- Está bien. – murmuró ella, arrodillándose para quedar a la altura del pequeño Harry – No estoy enfadada… puedes salir de ahí.
Tímidamente, Harry se deslizó hacía adelante, manteniendo los ojos fijos en el suelo para no tener que mirarle a la cara.
- ¿Por qué estabas ahí dentro? – preguntó en voz baja, con ganas de envolver al niño en un abrazo, pero con miedo de que se apartara.
- No encontré una alacena. – respondió Harry, con la voz tan suave que tuvo que esforzarse por oírla.
- ¿Una alacena? – repitió. Hermione sabía de antes que a Harry le hacían dormir en una alacena porque sus familiares no querían que durmiera en una cama, pero ni siquiera estaba cerca la hora de dormir - ¿Por qué buscabas una alacena?
- Allí estoy seguro. – susurró – Cuando tío Vernon me encierra allí, no tengo que preocuparme por entrometerme en el camino de nadie y así no me puedo meter en problemas.
- ¿Te encierra? – preguntó Hermione, elevando un poco la voz a causa del enfado.
- Solo cuando hago algo mal. – dijo Harry rápidamente, asustado por la furia que Hermione estaba acumulando.
- ¿Y qué… - preguntó, con la voz peligrosamente suave – se consideraría mal?
- Hacer que Dudley llore, – dijo – o conseguir que se enfade. No lavar todos los platos a la perfección. Olvidarme de desempolvar el estante superior del comedor… cosas así.
- ¿Te encerraba por eso? – gritó, con un fuerte gruñido - ¿Cómo se atreve? Eso… eso… - tomando una respiración profunda, Hermione se abstuvo de decir lo que pensaba, en su lugar volvió la atención al niño que estaba ligeramente acurrucado en sí mismo – Está bien, no estoy enfadada contigo. Estoy enfadada con tu tío.
- Pero he arruinado tu trabajo. – murmuró Harry – Y he hecho daño a Draco y al profesor aterrador. Deberías castigarme.
- No. – respondió Hermione con firmeza – Eres un niño, Harry. Solo tienes cinco años. No tienes que ser responsable, ni madurar todavía. Debes ser feliz… jugar y reír. Divertirte con tus amigos. No te preocupes por cosas como mis deberes; no importan. Lo que importa es tu felicidad. Y eso es todo lo que quiero que seas, ¿de acuerdo?
- Pero le he hecho daño a Draco y al profesor aterrador. – insistió Harry - ¡Si le hacía daño a Dudley, tío Vernon me dejaba sin comer y me encerraba!
- ¿Qué él… qué? – dijo Hermione entre dientes, con llamas rugiendo en sus ojos una vez más - ¡Voy a matar a ese maldito tío tuyo!
- ¡No! – exclamó Harry, enganchándose del brazo de Hermione - ¡No quiero que vayas a la cárcel! ¡Por favor, no le hagas daño al tío Vernon!
La furia grabada en el rostro de Hermione murió en cuanto puso su atención en el niño, el cual lloraba al tiempo que se aferraba a su brazo.
- No lo haré. – le aseguró, agarrando a Harry y propinándole un fuerte abrazo – No quiero que te hagan daño, nunca más.
Se quedaron así durante un buen rato, Hermione mecía a Harry suavemente hacia adelante y hacia atrás, obligando a reprimir la rabia que sentía contra la familia de Harry y concentrándose únicamente en que el niño se sintiera mejor.
- ¿Qué te parece si vamos a visitar a Draco? – le sugirió – Estoy segura de que si está despierto le gustaría tener un poco de compañía.
Harry asintió y los dos se marcharon, después de asegurarse de dejar a Caramelo en una jaula que Hermione había conjurado con un tazón de agua y sus juguetes.
- No te preocupes. – le aseguró Hermione, viendo como Harry miraba a su cachorro con ojos tristes – Tan pronto como adquiera modales básicos y no lo muerda todo, no necesitaremos la jaula.
Los dos llegaron a la enfermería unos minutos más tarde, escuchando como la voz severa de la señora Pomfrey demandaba a un Slytherin desobediente que volviera a su cama.
- ¡Se ha roto la espalda, señor Malfoy, me niego a dejarle marchar! ¡Y milagrosamente ha conseguido volver a herirse la cabeza! ¡Si no quiere, tendré que atarle a la cama!
- Hola señora Pomfrey. – saludó Hermione, entrando en la enfermería con una sonrisa - ¿Alguien que sea un mal paciente?
- Ah, hola señorita Granger y Harry. – dijo la enfermera, sonriéndole al niño que a su vez le devolvía una tímida sonrisa.
- Tal vez usted podría inculcarle algo de sentido común al señor Malfoy o por lo menos mantenerlo acostado en su cama.
- Lo intentaremos. – rió Hermione – Vamos Harry. Vamos a asegurarnos que Draco se queda en la cama donde debe estar.
- No eres mi madre. – dijo Draco, mirando con mala cara a Hermione. El Slytherin estaba cubierto con los famosos pantalones blancos de la enfermería y su torso estaba completamente envuelto con un vendaje. Su frente tenía otro vendaje y un gran hematoma se podía intuir en su hombro derecho, con el que en su mayoría había chocado contra el muro de piedra. Harry miró a Draco con consternación y culpa abrumándolo.
- Lo siento. – susurró – No tenía intención de hacerte daño.
Draco le dedicó a Harry una sonrisa.
- Está bien, Harry. Sé que no tenías ninguna intención. – Harry asintió apresuradamente, aliviado de que al parecer Draco no estaba enfadado.
- ¿Cuánto tiempo vas a estar aquí? – le preguntó Hermione, mirándole con preocupación.
- Esa maldita bruja pretende que me quede a dormir aquí.
- Cuida tu lenguaje. – le reprendió Hermione – Hay niños presentes. ¿Toda la noche?
- Eso es lo que ella ha dicho. – le contestó Draco, mirando a Pomfrey – Pero me encuentro bien.
- Bueno, - sonrió Hermione – te he traído unos pocos deberes y ya que te encuentras bien, es hora de empezar.
- Estás bromeando, ¿verdad?
- Nop. No voy a dejar que te quedes atrás con los deberes.
- ¡Es domingo! ¡No se hacen deberes los domingos!
- ¿Y por qué no?
- Porque… porque…
- ¿Porque, qué? – preguntó Hermione.
- ¡Porque es domingo!
Harry se reía en voz baja mientras Hermione sacudía la cabeza.
- Draco, - dijo lentamente Hermione con voz dulzona - ¿por qué no puede hacer deberes un domingo?
- Porque es mi día de descanso. – dijo obstinadamente, cruzando los brazos sobre su pecho – Por eso.
- Entonces parece que me tengo que quedar con esto. – dijo Hermione, cogiendo a Sparkles de la mesita de noche – Después de todo, hay que trabajar antes de jugar. Y si no quieres hacer los deberes, entonces no llegaras a divertirte. Harry, se bueno y pásame esos libros de Quidditch.
- ¡Eh! ¡No los toques! – gritó Draco, arremetiendo salvajemente contra esos libros que acaban de ser transferidos a Hermione.
- Chico malo. – le dijo, sacudiendo su dedo índice ante sus narices – La señora Pomfrey ha dicho que no te muevas. – empujándolo de vuelta a la cama, Hermione cogió a Harry posándolo sobre el estómago de Draco para mantenerlo estirado – Esto debería funcionar. – sonrió, orgullosa de su propia obra.
- Suerte que no tengo moretones ahí. – se quejó Draco y mirando a Harry añadió – No te muevas demasiado, ¿vale? Todavía estoy bastante adolorido.
- ¿Quieres que me baje? – preguntó Harry, preparado para deslizarse de encima de Draco.
- Podrás bajar si Draco promete no moverse. – declaró Hermione.
- Prometo que no me moveré. – dijo Draco, aliviado al ver a Harry pegar un salto hasta el suelo – Pero en serio, Hermione ¿no puedo levantarme ni un poco? No estoy en mi lecho de muerte.
- Pero estás herido. – insistió – Ahora te leeré un pasaje de Historia de la Magia y tú tomarás notas.
- Pensaba que no querías que me moviera.
- Sólo moverás la mano, así que está bien. Harry, ven aquí y vamos a leer juntos. Empezaré yo y tú seguirás con el segundo párrafo, ¿de acuerdo?
- Vale. – le contestó Harry, alegremente.
- ¿Tienes pergamino y tinta, Draco?
- Sí, mamá.
Aclarándose la garganta, Hermione comenzó a leer:
- La Guerra de los Dragones de 1682. A comienzos del 1681 los Dragones León, comúnmente conocidos como los bola de fuego chino, fueron cazados hasta casi la extinción a causa de los magos chinos que sustraían los huevos sin piedad por su potente magia. Con temor, los bolas de fuego huyeron de sus hogares nativos para encontrar refugio en otros lugares. Tu turno Harry. – sonrió Hermione, pasándole el libro.
- Los bolas de fuego encontraron su hogar junto a los Sue… Suec…
- Suecos. – le corrigió Hermione.
- Suecos de hocico corto que habían estado viviendo en los montes Ap… Apala… ¿Cómo se dice esto, Hermione?
- Apalaches. – sonrió.
- Los montes Apalaches. – continuó Harry – Estos Dragones estaban siendo cazados, ¿fustivamente? ¿Está bien dicho?
- Furtivamente.
- Cazados furtivamente por su piel; para confeccionar guantes y escudos. Los hocicos cortos accedieron a ayudar a los bolas de fuego si ellos les ayudaban primero.
- Desde aquí sigo yo. – sonrió Hermione – Excelente lectura, Harry, ¿Dónde has aprendido?
- De los libros. – le contestó en voz baja – Me gusta leer… pero no tanto como a ti.
- Es bueno escuchar eso. – comentó Draco, anotando una nota final – No necesitamos otra Hermione.
- Todo el mundo debería leer como yo. – argumentó Hermione – Si todos lo hicieran seriamos mucho más inteligentes. Imagina que dejas la práctica de Quidditch durante una semana y te dedicas a estudiar. ¿No crees que lo harías mejor en clases?
- Eso, - gruñó Draco – ni siquiera tiene gracia. Y además, no empezaremos el Quidditch hasta febrero. Así que ya le he dedicado mucho tiempo al estudio.
- Pero cuando vuelvas al Quidditch tal vez deberías recortar las prácticas. Querrás mantener tus calificaciones altas, ¿no?
- Realmente no me importa.
De repente, Hermione estaba frente a Draco con una mano envuelta alrededor de su cuello, su pelo parecía crujir con energía y sus brillantes ojos se habían ido oscureciendo misteriosamente.
- No has querido decir eso, ¿verdad? – preguntó con voz venenosa.
- ¡No, por supuesto que no! ¡Me encanta estudiar! – exclamó Draco y Hermione se recostó en su asiento, mientras su ira desaparecía paulatinamente.
- Me alegra escuchar eso. ¿Continuamos leyendo?
Harry la observó con miedo; miedo de que Hermione le electrocutara con su energía.
- Oh, no te preocupes. – rió – Acabo de realizar el encantamiento Candeo que el profesor Flitwick nos enseñó el año pasado. Era simple apariencia, como una máscara.
Cautelosamente, Harry extendió el brazo hasta tocar a Hermione, con gran alivio al comprobar que no le pasaba nada. Y así, la lección de historia continuó, con Harry y Hermione pasándose el libro cada pocos párrafos.
- Pronto será la hora de cenar. – anunció Hermione, estirándose y colocando el libro en la mesita de noche. Debes tener hambre Harry, ya que nos perdimos la comida. Vamos bajando, ¿de acuerdo?
- Y aquí está su comida, señor Malfoy. – dijo la señora Pomfrey, colocando una bandeja con un plato de sopa y algunas galletas saladas frente a él – Cómaselo todo o no dejaré que mañana se marche.
- ¿Podría dejarme, por favor, salir está noche? – suplicó Draco – Me encuentro bien.
- Ya veremos. – le contestó la enfermera con evasivas.
Hermione y Harry se fueron, entre risitas cuando escucharon que Pomfrey le decía a Draco que si no dejaba de moverse ella le daría de comer con la cuchara. Eso sin duda debía de haber herido el orgullo del Slytherin.
La comida fue pacífica, ya que Ron se había quedado en su sala común con Lavender y Terry estaba haciendo una parada en el Comedor para recoger la comida de los tres. Lavender, a pesar de su promesa cuando pensaba que Ron estaba muerto, había extendido su castigo y había decidido que los próximos dos días comerían en la sala común para que no pudiera ver ni a Harry, ni a Neville y los metiera en más problemas.
Tan pronto como Hermione quedó satisfecha con la cantidad de comida que Harry había ingerido – también pensaba que estaba demasiado flacucho y que necesitaba comer más – subieron a la sala común, para encontrarse a Draco tumbado en el suelo usando a Caramelo de almohada y a Sparkles entre sus manos.
- Parece que finalmente están empezando a llevarse bien. – observó Hermione – Pero, ¿qué estás haciendo aquí, Draco? Creía que se suponía que debías quedarte en la enfermería. – acercándose a Draco y arrodillándose junto a él le propino un ligero golpecito.
Draco gritó y se puso en pie de golpe.
- ¿Qué ha sido eso?
- ¿El qué? – preguntó Hermione, bastante confundida.
- ¡Me has pegado!
- Te he dado un ligero golpe. Y si tanto te duele vuelve inmediatamente a la enfermería. ¡No puedo creer que te dejara salir!
Draco murmuró algo que sonaba sospechosamente a "no lo hizo".
- ¿QUÉ? – exclamó Hermione - ¿Me estás diciendo que te has escapado de allí, Draco Malfoy?
- ¡Estaba siendo una maldita zorra!
Hermione golpeó a Draco en la cabeza, desapareciendo dentro del cuarto de baño y emergiendo de él con un bote de jabón entre las manos.
- Ábrela. – le ordenó – Estoy completamente asqueada de tu lenguaje… ¡Y delante de Harry! – con la boca de Draco abierta, Hermione roció un poco de jabón anti-bacterias en el interior y volvió a cerrarla – Ahora traga.
Draco estaba amordazado por Hermione mientras esta le obligaba a beberse el jabón. Volviendo la cabeza hacia Harry añadió:
- Hagas lo que hagas, no se te ocurra repetir las palabras que Draco ha dicho. Son malas.
- Tú, eres malvada. – tosió Draco, sentándose y escupiendo algunas burbujas de jabón.
- Y tu boca estaba sucia y necesitaba limpiarse. No quiero volver a oírte maldecir o habrá más jabón para tu boca. Ahora muévete, volvemos a la enfermería.
- Estoy bien. – le contestó el Slytherin, dejándose caer sobre el sofá – No me hagas volver con esa p…
Hermione le fulminó con la mirada.
- Ese pajarraco. – finalizó Draco.
- Te has salvado. – comentó secamente – Bien, si no puedo hacer que vayas por ti mismo, te llevaré yo.
- ¡Oh, vamos! – protestó el Slytherin, cuando le lanzó un hechizo para levitar - ¡En serio Hermione! ¡Suéltame ahora mismo! – Hermione finalizó el hechizo y Draco cayó sin gracia al suelo - ¡No quería decir así! – murmuró, haciendo una mueca por el impacto.
- La única manera que hay para que no te lleve de vuelta, es que te metas en la cama ahora mismo.
- Voy, mamá. – le contestó Draco sarcásticamente de camino a su habitación – Buenas noches. – dijo por encima de su hombro antes de desaparecer en su interior.
- Probablemente deberíamos ir a la cama también, esto parece un colegio nocturno. – reflexionó Hermione.
- ¿Caramelo puede quedarse conmigo?
- Si se comporta…
- Lo hará, ¡vamos Caramelo! – el cachorro se levantó y siguió a su dueño hasta su habitación.
Cuando Hermione se metió en la habitación de Harry unos minutos más tarde, se encontró con el niño dormido y a Caramelo acurrucado a los pies de la cama.
- Dulces sueños. – susurró, marchándose de la habitación de puntillas. Mirando a escondidas en la habitación de Draco, comprobó que también estaba ya dormido, la cascada que había tenido de niño todavía seguía en funcionamiento, previniendo la oscuridad de la habitación. Al entrar en su dormitorio, Hermione se derrumbó sobre la cama, alegrándose de que el día hubiera terminado.
"Realmente crees que estás seguro, ¿no?" – dijo el hombre entre dientes, con sus ojos rojos brillando a la luz de las llamas – "¿Creías que Dumbledore podría protegerte?"
"¿Quién eres?" – preguntó Harry con temor, retrocediendo por el suelo de piedra mientras la humedad empapaba su pijama – "¿Qué quieres?"
"Es tan triste…" – continuó – "que no recuerdes alguno de nuestros encuentros pasados. Pero está vez, Harry Potter, será la última. Porque está noche vas a morir."
"¡Aléjate de mí!" – gritó Harry, presionando una de sus manos contra su cabeza, la cual había comenzado a latir con fuerza, el dolor cada vez era mayor en oleadas de vértigo – "¿Quién eres?" – susurró mientras el mago se arrodillaba junto a él y cogía al niño por el cuello.
"Tu asesino." – le contestó sonriendo – " Y el de tus padres. Lástima que su sacrificio fuera en vano… voy a matarte está noche y ya no serás el niño-que-sobrevivió por más tiempo… porque estarás muerto"
"¡Tú eres el mago malvado!" – jadeó Harry, pateando sus piernas para desprenderse de las garras de hierro – "¡Tú mataste a mis padres!"
"Eso hice." – se burló de él Voldemort – "Y ahora es tu turno"
"¡Por favor! ¡No!" – gritó Harry – "¡Hermione! ¡Draco! ¡Ayudadme! ¡Por favor!"
"Adiós, Harry Potter"
Caramelo se puso en pie de un salto observando a su joven dueño, quien gemía en voz baja con las dos manos envueltas firmemente alrededor de su garganta mientras su cara iba tornándose azulada. Saltando de la cama, el perro comenzó a aullar golpeando con la pata la puerta, que Hermione había cerrado para que no saliera.
La Gryffindor llegó desgarrada a la habitación de Harry, con Draco pisándole los talones, sabiendo que algo andaba mal debido a los frenéticos ladridos. Abriendo la puerta, Hermione saltó literalmente al perro y voló hacia Harry, quien ya lucía con un leve matiz purpura.
- ¡SE ESTÁ ASFIXIANDO! – gritó Hermione, intentando apartar las manos de Harry de su propio cuello.
- ¡HAY QUE DESPERTARLO! – exclamó Draco, apuntando con su varita a Harry - ¡INUNDANTIA CONSISTO AQUA! – un enfurecido torrente de agua estalló de su varita, empapando tanto a Hermione como a Harry, pero consiguiendo el efecto deseado. Con un jadeó, Harry se sentó de golpe sobre la cama, con los ojos abiertos de par en par a causa del terror.
- Está bien. – susurró Hermione, atrayendo a Harry hasta ella y frotando suavemente su espalda – Está bien.
El niño temblaba entre sus brazos, aferrándose a Hermione como una tabla de salvación. Draco se sentó en la cama junto a ellos y Caramelo se acercó hasta Harry dándole con una de sus patitas en la mejilla. Después de unos minutos de tensión, Harry sacó su cara de la camiseta de Hermione y miró alrededor de la habitación, asegurándose de que estaba a salvo.
Draco conjuró una bolsa de hielo colocándola en la parte posterior del cuello de Harry, donde unos grandes hematomas estaban empezando a aparecer.
- ¿Qué ha pasado? – preguntó Hermione, con voz suave.
- Yo… yo, no lo sé. – sollozó Harry – Me desperté en otro lugar… y el mago malvado estaba allí.
- ¡Voldemort! – jadeó Hermione con la boca abierta, aferrando a Harry a su cuerpo.
- Dijo que… quería… matarme. Y entonces, me desperté aquí.
- Intentó matarte. – dijo Draco con gravedad. Volteándose hacia Hermione, le preguntó – Pensaba que aquí estaba protegido. ¿Cómo ha hecho eso?
- No lo sé. – le contestó Hermione débilmente – Será mejor que hablemos con Dumbledore por la mañana. Pasaré la noche con Harry. No quiero que algo como eso vuelva a pasar de nuevo.
- ¿Puedes también quedarte, Draco? – susurró Harry, mirando al Slytherin esperanzado.
- Está bien. Pero tu cama está empapada. – observó - ¿Vamos a otro sitio?
- Tu habitación estará bien. – decidió Hermione – Voy a ir a cambiarme; Harry, ves con Draco, ¿de acuerdo? No quiero que estés solo. – Harry asintió y agarrando un pijama seco se dirigió con Draco hasta su habitación.
Hermione se unió a ellos unos minutos más tarde, metiéndose bajo las sabanas al otro lado de Harry. Caramelo brincó hasta los pies de la cama y se tumbó.
- ¿Estás bien? – le preguntó Hermione a Harry en voz baja, envolviendo uno de sus brazos a su alrededor. Harry asintió adormilado acurrucándose más cerca de Draco, arrastrando a Hermione con él. Minutos más tarde, Harry estaba profundamente dormido.
- Necesitas dormir. – aconsejó Draco, al ver a Hermione con los ojos abiertos de par en par a los pocos minutos.
- Pero no quiero que le pase nada. – murmuró, pasando los dedos por el rebelde pelo azabache del niño – Ya me siento suficientemente culpable por lo que le ha pasado antes.
- Ninguno de los dos podía evitarlo. Yo lo vigilaré por ahora, y te despertaré en unas pocas horas. He dormido bastante en la enfermería para mantenerme despierto durante un rato.
- Sabes Draco, - susurró, mirándolo sobre la cabeza de Harry – realmente has cambiado… y me alegra mucho que lo hicieras.
- Yo también me alegro. – le contestó Draco, con una sonrisa naciendo en la comisura de sus labios mientras le devolvía la mirada – Yo también…
¿Qué os ha parecido? Bueno, ha sido un poco más dramático de lo normal, pero espero que lo hayáis disfrutado ;P
Nos vemos en un par o tres de días, o si seguís mis otras historias puede que antes ;P
Besos princesis (L)
Contestación a los reviews sin cuenta:
orne: Gracias por tus reviews cielOOO y si Caramelo es adorable y Ron es lo más parecido al diablo que me he encontrado ajajjaja Besooossss (L)
Guest: Siiii, Caramelo es adorable y terrible a la vez, una mezcla explosiva, pero perfecta (L) tan monoOOOO... Me alegra mucho que te guste y diverta tanto la historia :D Gracias por el reeview, besitosss (L)
Guest: Mi chica de las frasesss, awww... (L) adoro tus reviews y siii jajajaja la frase de Terry fue una de las mejoress xD aunque todos se lucieron con sus peticiones a Merlín... xDD Besos cielo y espero seguir viéndote por aquí (L)
SALESIA: JAJAJAJAJAJ Siii, por lo menos les está sirviendo de práctica contra la vida misma... son un peligro para ellos mismos, pero espero que al menos aprendan a como evitar situaciones así o por lo menos a minimizar los daños xDDD Tienes razón, algo deberían hacer para que Ron pasará los últimos días que le quedan como un infernal niño recluido en la sala común o en un baúl... no sé donde vean que menos va a joder... xDD Siii Caramelo es un terremoto, pero como puedes ver en este cap si no fuera por él, no sabemos que podría haber pasado... yo lo adoro (L) Pero si es un petardo adorable... xDDD Joder, pues entonces menos mal que tío Sev tenía a Draco para acompañarlo a su habitación después del tremendo golpe si no puede que hubiera acabado rodando por las escaleras con un traumatismo craneoencefálico y el cuello partido... xDD Siii tienes razón puede que sea mejor no jugar con la fuerzas sobrenaturaes... xD el gran ejemplo es Draco... veremos que más pasa a partir de ahora ;P Besotes amoreeee y a ver si estos días actualizo Pesadillas y Éxtasis líquido ^^
Rosy Fdz: JJAJAJAJAJ Siiii, Caramelo es terriblemente adorableeeee... tan monooooo (L) Gracias por el review y espero que te guste el cap de hoy! Besotes (L)
