Holiiii :D

Siento haber tardado más, pero mi prima tiene el disco duro donde está esta traducción y he tenido que volver a traducir el cap y el siguiente tambien voy a tener que volver a traducirlo, porque mi prima se ha ido dos semanas a Mallorca y no tengo llaves de su casa... así que puede que tarde un poco más en colgar los caps, pero es porque los estoy traduciendo ;P

En fin aquí tenéis el nuevo cap, disfrutarlo.

Hoy no voy a poder contestar los reviews, porque estoy en casa de unos amigos y no puedo apoderarme de su ordenador tanto rato... xD En dos días tendréis el siguiente cap, lo prometo!

Y el otro día publiqué nuevo cap de Pesadillas, por si a alguien le interesa ;P

Besos!

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de IcyPanther -.


Capítulo 26 – The Invasion of… Gred and Feorge? (La invasión de… ¿Gred y Feorge?)

De repente el rostro de Hermione se quedó relajado entre el griterío y se sentó, terminando de comerse su comida con mucha calma.

- ¿Qué estás haciendo? – le exclamó Draco, manteniendo su varita apuntada contra la puerta de entrada - ¡Nos están atacando!

- No, no nos están atacando. Escucha con atención los gritos. ¿Te suenan como personas a las que están atacando?

Draco inclinó la cabeza, con una expresión pensativa en el rostro.

- Parecen… animados. – dijo con voz baja – Bastante animados. ¿Pero por quién?

- Quizás ha vuelto Umbridge y los estudiantes la están torturando. – intervino Ginny sonriendo – Creo que iré a unirme a la diversión. – en el momento en el que estaba a punto de levantarse, las puertas dobles de la entrada al Gran Comedor se abrieron con gran estrepito dando la entrada a dos pelirrojos larguiruchos e idénticos hasta la última peca.

- Ginny. – dijeron a dúo, corriendo hacia la chica y estrujándola entre ellos.

- Es tan bueno verte, querida hermanita.

- ¡Deben de haber pasado años desde nuestro último encuentro!

- ¿Cómo te va?

- Esperamos que espléndidamente.

- ¿Estáis locos? – susurró Ginny, entrelazando sus brazos con los de ellos y tirando hacia abajo para sus caras quedaran a su altura.

- A veces nos han llamado locos.

- Pero todos sabemos que lo que realmente quieren decir es…

- Talentosos.

- Únicos.

- Brillantes.

- Apuestos.

- Yo no iría tan lejos. – dijo Hermione riendo.

Ambos le dedicaron una fingida mirada de dolor.

- ¿Quieres decir que no crees que seamos guapos? – le preguntó Fred, tomando la mano de Hermione con la suya y plantándole un beso en ella – Mademoiselle, debería saber, que nosotros pensamos que su belleza es verdaderamente impresionante. – ante eso Hermione se sonrojó, bajando la mirada hasta sus pies.

- Cortad con eso. – les espetó Ginny, golpeando con fuerza las dos cabezas pelirrojas – Ella ya tiene un novio.

- ¿Lo tengo?

- ¿Lo tienes? ¡Maravilloso! ¿Quién es ese tío tan afortunado?

- Pero yo no teng…

- ¡Debemos conocerlo! Queremos asegurarnos que es el adecuado para nuestra pequeña hermana adoptiva.

- ¡No tengo novio!

Fred y George se quedaron sin aliento.

- ¡Pero Ginny ha dicho que sí! Ella no nos mentiría…

- Bueno, pues lo ha hecho.

- Pero tiene el ojo puesto en alguien especial. – dijo Ginny sonriendo, pero volvió a fruncir el ceño inmediatamente después mirando a sus hermanos fijamente - ¿Qué creéis que estáis haciendo aquí? – les gruñó suavemente.

- Pues visitar a nuestros pequeños y adorables hermanos, ¿qué si no?

- Sois idiotas. – les espetó, volviendo a golpearles en la cabeza - ¿Recordáis el proyecto que se está llevando acabo aquí?

- ¡Oh, sí!

- ¡Claro que lo recordamos!

- ¿Y dónde está Draco? Ese maravilloso bromista.

- Estoy aquí. – contestó el Slytherin con calma, con Harry sentado en su regazo quien miraba a los gemelos con los ojos como platos.

- Oh… pero tú no…

- Correcto. – susurró Ginny - ¿Y adivinad quien es el pequeño ahora y que cree que vosotros tenéis siete años?

- ¿Ronnie?

- Correcto otra vez. Así que sería mejor que vosotros dos…

- ¡Hey! – el pequeño grupo se volvió al oír el grito, viendo a un niño pelirrojo que corría a través del comedor con Lavender y Terry siguiéndole - ¿Quiénes sois? – preguntó, señalando a los gemelos.

- Ron, tus modeles. – le reprendió Lavender.

- Ehh… soy Feorge. – exclamó Fred.

- Y yo Gred. – dijo apresuradamente su hermano gemelo.

- ¿Así que vosotros no sois Fred y George?

- Nop. Somos Feorge y Gred. – dijo George, lo suficientemente alto como para que lo escucharan las personas de su alrededor. Los estudiantes al ver como guiñaba un ojo asintieron y empezaron a transmitir el mensaje de mesa en mesa.

- Feorge y Gred. – repitió Ron - ¿Estáis seguros?

- Absolutamente. – dijeron sonriendo.

- Ahora que eso está arreglado. – anunció Lavender, recogiendo a Ron entre sus brazos – Es hora de ir a acostarse.

- Pero ya me encuentro bien. – se quejó Ron. Sin prestar la más mínima atención a sus protestas, Lavender salió de allí con el niño encima de su hombro, quien había empezado a golpear con sus puñitos su espalda y Terry quien les seguía con cuidado de no ser golpeado.

- Entonces, ¿realmente por qué estáis aquí? – volvió a preguntar Ginny, aliviada de que Ron no hubiera profundizado en el tema.

- ¿Necesitamos tener una excusa para ver a nuestra hermanita? – preguntó George – Y también esperábamos ver a dos de nuestros alborotadores favoritos, pero por desgracia, parece que han crecido.

- Gred. – le dijo Hermione advirtiéndole – Bien, vale… - sonrió – Este es Harry. Harry, estos son Gred y Feorge.

- Hola. – dijo Harry tímidamente.

- Hola a ti también, Harry. – le contestó Fred sonriendo - ¿Te gusta Hogwarts?

- Es agradable… ¡Y Dobby es muy divertido!

- ¿Por qué no estáis en la tienda? – preguntó Hermione, tomando otro bocado con su tenedor.

- Hemos cerrado por un día. Queríamos probar varios de nuestros nuevos productos.

- Entonces, ¿por qué no los estáis probando? – preguntó Ginny, ahora con confusión.

- Porque queremos que sean los estudiantes los que lo hagan. – dijo George sonriendo – Hemos puesto algunas pequeñas cámaras en toda la escuela para así evaluar los resultados. No te preocupes, - añadió rápidamente al ver la mirada de Hermione - ¡nada es peligroso! Sólo queremos saber lo que piensan los estudiantes antes de venderlos.

- ¿Y dónde están esos productos? – preguntó Draco con cautela.

Los gemelos miraron al Slytherin intentando decidir si debían decirle la verdad o no. Les llegaron algunas imágenes del pequeño Draco, tan dulce y torpe y se dieron cuenta de que realmente no había nada de lo que preocuparse, él no estaba en el bando del Señor Oscuro.

- Oh… ya verás. – le contestó Fred con evasivas – Simplemente vigiña tus alrededores. Ese es nuestro consejo. ¡Tachán! – y en una brillante nube de humo rojo, desaparecieron.

- ¿Dónde se han metido? – preguntó Ginny, girando salvajemente a su alrededor buscando a sus hermanos.

- Estamos aquí. – dijo George, su voz sonaba muy cerca, pero no se le veía por ningún lado.

- Este es uno de los productos que estamos probando. – dijo Fred, sonriendo – Nos las arreglamos para conseguir pelo de Demiguise y lo multiplicamos y así no hemos perdido casi beneficios en esto. Ya sabes que es muy caro.

- Entonces elaboramos una poción y la enfrascamos en pequeñas capsulas. Cuando la haces estallar el humo te cubrirá y te hará invisible.

- Pero, ¿por qué? – preguntó Ginny

- Porque con los pelos de Demiguise se fabrican las capas de invisibilidad. – aclaró Hermione – El Demiguise se encuentra en el Lejano Oriente asiático, pero es muy difícil de encontrar, ya que puede hacerse invisible a voluntad y solo puede ser visto por aquellos magos que han sido entrenados para encontrarlos. Su pelo se utiliza para hacer las capas y supongo que su nueva poción…

- ¿Podría conseguir uno gratis por ser vuestra pequeña y adorable hermanita? – dijo Ginny sonriendo, habiendo ubicado a Fred y abrazándose al invisible chico - ¿Por favor?

- Más tarde. Puede que te enviemos algunos para Navidad. Oh espera, vendrás a casa, ¿verdad?

- Sip, así que arrasaré con vuestros suministros cuando esté allí.

- No te atreverás. – amenazó George, apareciendo detrás de Ginny – O no dudaremos en convertirte en… ¡un mono!

- ¿Un mono? – les contestó soltando un bufido – Primero, vosotros no sabéis como hacer transformaciones animales. Y segundo, nunca sería tan estúpida como para caer en una de vuestras trampas.

- Solo tienes que esperar, Ginny. – dijo Fred sonriendo.

- Creo que me quedaré aquí el resto del día. – anunció Draco – Porque sé que no habéis podido poner nada en mi asiento mientras he estado sentado, así que aquí estoy perfectamente seguro.

- Pues no estés tan seguro. – le contestó George, guiñándole un ojo – No sabes lo astutos que podemos llegar a ser.

- No más de lo que puede llegar a ser un Slytherin a la hora de escabullirse. – replicó Draco – Somos absolutamente los mejores.

- Nunca nos hemos enfrentado antes. – sonrió Fred – Sólo espera, Draco Malfoy. Y verás quienes son los mejores.

Un segundo después, Fred y George se marcharon dejando a un grupo muy cauteloso detrás de ellos.

- ¿Qué calculas que podrían llegar a ser esos nuevos productos? – preguntó Ginny, masajeándose nerviosamente la trenza.

- Probablemente algo inofensivo. – le contestó Hermione, cogiendo a Harry del regazo de Draco y trasladándolo a su cadera – Vamos, tenemos Historia de la Magia.

La clase pasó sin ningún incidente relevante y solo un tercio de los estudiantes habían conciliado el sueño, ya que la mayoría estaban demasiado nerviosos por los rumores de que había trampas en todo el colegio. Draco estaba dentro de ese tercio y Hermione le hizo saber lo que pensaba con respecto a eso mientras se dirigían hacia el lago para pasar su hora libre.

- Es una clase importante, Draco. ¡Tenías que prestar atención!

- ¿Y por qué iba a necesitar saber ni un poco sobre las guerras contra Dragones? No tienen ninguna relevancia en mi futura profesión.

- ¡Me dijiste que todavía no sabías que ibas a hacer en un futuro!

- Y no lo sé… pero estoy seguro que no tendrá nada que ver con la historia.

Su discusión fue interrumpida cuando dos pelirrojos sonrientes se cruzaron en el camino del trío.

- ¿A dónde vais vosotros tres? – preguntó Fred, sacando a Harry de los brazos de Hermione y colocándolo en sus hombros.

- Hacia el lago. Hace un día bastante agradable y pensé que podríamos hacer nuestros deberes fuera.

- ¡¿QUÉ?! – chilló Draco – Hasta ahora no habías dicho nada sobre deberes. Se supone que tenemos que disfrutar de una hora libre; no trabajar durante la misma. Os veré más tarde entonces. – finalizó dándoles las espalda y emprendiendo el camino hacia el castillo.

Lección número uno: Nunca des la espalda a un gemelo Weasley.

Una fracción de segundo después, Draco yacía en el suelo, quien había aterrizado con la cara en un gran charco de barro. A medida que el Slytherin se levantaba una rana saltó encima de su cabeza, croando estridentemente. Hermione empezó a reírse tontamente y sacó la cámara tomando una fotografía.

Sacudiendo la cabeza, Draco se puso en pie y la rana saltó hacia el lago.

- ¿Qué ha sido eso? – preguntó Draco peligrosamente, con la cara cubierta de barro y hierbajos.

- Estallido de barro. – anunció George alegremente - ¿Ves esto? – preguntó, sosteniendo en alto una pequeña piedra marrón – Se lo tiras a la persona que quieras que caiga y se formará un charco de barro antes sus pies en el cual caerá de cara. Genial, ¿verdad?

Las cejas de Draco se retorcieron y Hermione se largó a reír con más fuerzas todavía, la expresión del Slytherin era de enfado pero su aspecto era tan cómico. Entonces, los gemelos también se echaron a reír y Harry se les unió. Draco suspiró, sabiendo que ya no podría gritarles porque eso podría asustar a Harry. Se pasó la manga por la cara, haciendo una mueca ante la gran cantidad de suciedad que se había quedado en su túnica negra.

- Lo sentimos por eso. – se disculpó Fred, viendo como el Slytherin estaba haciendo todo lo posible por no estallar - ¡Pero Hermione tiene razón es un buen momento para hacer deberes!

- Mira quien fue a hablar… - dijo Draco, caminando pesadamente de vuelta hacia el pequeño grupo.

- ¡Pasamos con las mejores…

- … calificaciones de nuestra clase!

- Nunca tuvimos que estudiar…

- … éramos demasiado inteligentes.

- Sois los peores mentirosos del mundo. – dijo Hermione suspirando – Ni siquiera os graduasteis, os lo saltasteis.

Los dos se encogieron de hombros.

- Da lo mismo. Éramos tan inteligentes…

- … que la mujer sapo nos dijo…

- … que ya no necesitábamos más educación…

- … por su parte. Y así abrimos paso al mundo real.

- Toma. – dijo George, colocando una de esas piedrecitas de barro en la mano de Draco – Úsala cuando te apetezca. Es nuestra manera de disculparnos. – los gemelos se voltearon para empezar a emprender el camino, pero se ubicó junto a ellos lanzando la piedrecita contra la espalda de Fred. Segundos después, se dio cayó de bruces contra el barro y George y él se echaron a reír como locos.

Lección numero dos: Nunca le des la espalda a Draco cuando esté enfadado contigo.

La sesión de deberes en el lago transcurrió sin incidentes. Hermione logró terminar todos los deberes que le habían asignado y después había llevado a Harry hasta la orilla y los dos caminaron por el agua, enrollándose los bajos de los pantalones hasta las rodillas y dejando los calcetines y zapatos en la arena para que no se mojaran.

Aburrido hasta las lágrimas, Draco apartó la vista del pergamino en el que se suponía debía estar escribiendo sobre los tres tipos de plantas más venenosas para Herbología y miró hacia el agua desde su posición elevada en una gran roca, calentada por el sol. Se sobresaltó al reconocer a dos personas que se acercaban hasta donde habían dejado los zapatos, mientras Hermione y Harry eran ajenos a lo que ocurría.

Fred le lanzó una mirada a Draco junto a un saludo y después se llevó el dedo índice a los labios. El Slytherin observó con interés como George vertía algo dentro de los zapatos de Hermione y después de eso se marcharon, sin que en el lago nadie notara nada. Un rato más tarde, Draco había vuelto con aburrimiento a su ensayo y Hermione y Harry se encontraron con él con sus zapatos en las manos.

- ¿Preparado para irnos? – le preguntó la Gryffindor, sentándose en la roca para ponerse los calcetines y luego los zapatos - ¿Qué pasa? – preguntó al no obtener respuesta de Draco quien simplemente miraba sus zapatos.

- Uhmm, Oh nada. Vamos, será mejor que volvamos ya. La cena estará lista en breves.

Hermione asintió y saltó de la roca hasta el suelo. Pero tan pronto como sus pies tocaron el suelo, se disparó ahcia arriba una vez más, volando más alto…

Y más alto.

Y más alto.

Y más alto.

Y tan alto, que era una simple motita en el cielo, su grito hacía eco en la tierra.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó Harry tímidamente, mirando el punto que poco a poco se iba encogiendo.

Draco se encogió de hombros y siguió mirando al cielo, observando como lentamente el punto que era Hermione se iba haciendo más grande y sus gritos cada vez más fuertes. En lugar de precipitarse contra el suelo, aterrizó suavemente e inmediatamente se agarró a la roca.

- ¿Qué acaba de pasar? – preguntó sin aliento. Cuando Draco miró hacia sus pies con una enorme sonrisa en sus labios, ella supo que algo estaba pasando – Dímelo ahora mismo. – le exigió.

- Digamos que cierto par de pelirrojos idénticos manipularon tus zapatos. – lo siguiente que Draco vio fueron las estrellas cuando Hermione le dio una fuerte bofetada, con los ojos ardiendo de rabia.

Lección número tres: No guardarle secretos a Hermione.

El trío emprendió el camino de vuelta al castillo, Draco se sobaba la mejilla por el dolor que le producía la bofetada de Hermione, Harry caminaba tentativamente a su lado, lanzando discretas miradas por encima de su hombro a una lívida Hermione un poco más rezagada.

- ¿Qué es exactamente lo que has hecho para que esté tan enfadada? – le susurró a Draco.

- No le dije que esos malditos gemelos le habían puesto algo en los zapatos. – resopló Draco – Y en realidad ni siquiera ha sido mi culpa.

Cuando entraron en el Gran Comedor, se dieron cuenta de que había no se salvarían tan fácilmente. McGonagall corría por un pasillo perseguida por un cocodrilo y varios estudiantes estaban convertidos en árboles increíblemente altos de hoja perenne.

Enormes espejismos como agujeros cubrían el suelo, haciendo que los estudiantes se apartaran de ellos corriendo pensando que iban a caer en su interior. Los famosos fuegos artificiales de los gemelos danzaban al azar por todo el lugar, logrando que muchos de los alumnos tuvieran que huir de ellos.

En los bancos de las mesas, los compañeros estaban convertidos en diferentes animales después de haber comido algo de las bandejas que obviamente contenían algunos de los experimentos de Fred y George.

- ¡Se han vuelto locos! – exclamó un pequeño lémur de color rojo y negro que corría hacia Hermione.

- ¿Ginny? – preguntó la chica con incredulidad - ¿Eres tú?

- ¿Tú qué crees? ¡Sí! ¡Me han convertido en un maldito mono!

- Pensaba que eras demasiado inteligente como para caer en uno de sus trucos. – bromeó Draco.

- No he caído en ningún lado. – resopló el lémur – Me arrojé a ello.

Los tres le miraron con cara de perplejidad.

- Lanzaron al pobre Neville por los aires y me dijeron que lo atrapara, ya que Pansy y Blaise están atados por el momento. – todos miraron hacia la mesa de Slytherin, los tutores del niño propenso a los accidentes estaban atados de pies y manos por una cuerda – Salté de la mesa para atraparlo, pero habían rociado su ropa con algo de su más reciente producto… polvos de lémur. Y tan pronto como lo toqué… bueno, ya veis.

Lección número cuatro: Bajo ninguna circunstancia intentar atrapar a Neville cuando los gemelos Weasley estén en la sala.

- También pudieron con Draco. – sonrió Hermione – Ha recibido el privilegio de familiarizarse con un charco de barro y una rana.

- No te rías tanto. Has sido tú la que ha volado a cien metros sobre el suelo.

- Por lo menos no le ha pasado nada a Harry. – dijo Hermione aliviada, abrazando al niño - ¿Debemos buscar algo que comer?

- Yo no tocaría nada si fuera tú. - aconsejó Ginny, correteando por la pierna de Draco e instalándose en su hombro – Casi cada pieza de comida contiene alguno de sus trucos.

- Y todos los profesores parecen muy ocupados. – comentó Draco, observando cómo Flitwick corría con las piernas llenas de setas, mientras más hongos le perseguían - ¿No deberíamos decirles que pararan?

- Yo no me acerco a ellos. – dijo Ginny estremeciéndose, mirando de reojo a sus hermanos, que estaban de pie en la tarima principal, supervisando el resultado de sus productos.

- ¿Por qué no? Ya eres un mono. ¿Qué más podrían hacerte?

- Muchas cosas. Y preferiblemente no quiero descubrirlo.

- ¿Por qué no vas tú, Draco? – le preguntó Hermione, dándole un leve empujón hacia adelante – No tienes miedo, ¿verdad?

Draco la fulminó con la mirada.

- ¿Y por qué no lo haces tú? Los Gryffindors sois valientes.

- Prefiero quedarme aquí y ver cómo te conviertes en un árbol.

- Es un pensamiento reconfortante. – dedicándole una última mirada matadora a Hermione, Draco comenzó a acercarse a los gemelos, esquivando la maraña de estudiantes que se interponían en su camino - ¡Eh! ¡Vosotros dos! – les llamó, deteniéndose a un metro y medio de la mesa principal.

George saltó de la tarima y aterrizó junto a Draco.

- ¿Qué opinas de nuestro Gel Volador? ¿Hermione se ha divertido?

- Tiene miedo a las alturas. Así que puedo decir con seguridad que lo ha gustado mucho.

- Ups. – sonrió – Parece que se nos olvidó ese pequeño detalle. ¿Necesitas algo?

- A petición del lémur, estoy aquí para deciros que dejéis los trucos.

George puso mala cara.

- Pero si acabamos de empezar. ¿No es una visión hermosa? Ah, mira a Snape. Una imagen tan apropiada. – Draco miró donde le decían y casi se cayó al suelo en estado de shock. El hombre iba vestido con un traje de baile Medieval, bolso y un abanico.

- Es mi padrino. – gruñó Draco.

- Bueno, no debería haber comido uno de nuestros malvaviscos medievales… tranquilo, volverá a la normalidad en pocos minutos. – añadió rápidamente. En ese mismo momento, Snape volvió de nuevo a su yo ordinario, con su túnica negra y un ceño bastante peligroso en su rostro mientras se dirigía hacia los gemelos.

- ¡Feorge! ¡Tenemos un problema! – gritó George, señalando al lívido profesor de pociones.

Ambos comenzaron a correr entre las mesas sin mirar atrás. Grave error.

Lección número cinco: Nunca, jamás, vistas a Snape con un vestido e intentes salirte con la tuya.

- ¡ACCIO GEMELOS WEASLEY! – exclamó Snape, agitando su varita hacia las dos formas que se batían en retirada. Al instante, sus pies dejaron de tocar el suelo y empezaron a volar hacia atrás, aterrizando en el suelo junto a los pies de Snape.

- Ehh, ¿hola? – dijo George, sonriendo descaradamente.

- Nosotros ya nos ibam…

- No lo creo. – les contestó Snape, sonriendo maliciosamente – Es hora que probéis de vuestra propia medicina.

Lección número seis: Lo que va, vuelve. Efecto boomerang.

Minutos después, unos gemelos muy avergonzados estaban pegados al suelo debido a uno de sus productos y vestidos como lo había estado Snape hacia tan solo un rato, Fred iba de azul y George de un verde pastel muy bonito. Unas barbas rojas y largas colgaban desde sus barbillas hasta el final de sus rodillas y un bigote parecido a un manillar de bicicleta había crecido debajo de cada una de sus narices.

El comedor había dejado a un lado el pánico, ya que la mayoría de trucos y bromas habían perdido su efecto y todo el mundo estaba sacando fotos de los dos gemelos, los cuales hacían sendas reverencias y saludaban a la gente de manera muy femenina. Ginny se había caído del hombro de Hermione – en el cual se había posado tan pronto Draco fue hacia los gemelos – y ahora rodaba por el suelo con su forma humana.

- Muy buena, tío Sev. – le felicitó Draco, tomando una fotografía de Fred y George.

- Gracias. – sonrió el hombre – Creo que les hace bastante justicia.

Tan pronto como los efectos de los productos dejaron de tener efecto. Fred y George hicieron un anuncio formal.

- Gracias, Hogwarts. – agradeció Fred a los fuertes aplausos.

- Realmente, agradecemos vuestra colaboración…

- … por probar nuestros nuevos productos.

- Una lista completa de nuestros productos la encontrareis en todas…

- … las salas comunes y esperamos que nos visitéis pronto.

Con una gran bocanada de humo, los gemelos Weasley una vez más desaparecieron, con la intención de una salida rápida para no ser retenidos por la gente.

Una vez que el comedor quedó en silencio, los estudiantes habían vuelto a sus platos y a las charlas con los compañeros, Dumbledore se puso en pie para anunciar algo.

- Estoy bastante seguro de que todos habéis disfrutado de la vistita de nuestros antiguos alumnos. Pero debo recordarles que no debéis emplear esos productos con los profesores o el personal. Y a petición del señor Filch, los Estallidos de barro no están permitidos en Hogwarts. – un gimoteo colectivo se elevó por el lugar y Dumbledore simplemente sonrió. También os aconsejo que esta noche os mantengáis dentro del castillo, una gran tormenta se dirige hacia aquí.

Hermione miró a Draco, quien de repente parecía un poco más pálido.

- ¿Estás listo? – le preguntó, llegando hasta él y dándole un pequeño apretón en la mano.

- No. – murmuró - ¿Tenemos que hacerlo?

- Sí. Hicimos un trato.

- Bueno, ¿quién va a vigilar a Harry?

Hermione se giró hacia Ginny.

- Hey Gin, ¿crees que podrías cuidar de Harry está noche? Draco y yo tenemos algo que hacer.

- ¿Algo que hacer? – preguntó Ginny, arqueando una ceja - ¿Es algo que no queréis que Harry vea?

- ¡Oh, no! – exclamó, agradecida de que Draco estuviera hablando con Terry y no la hubiera oído – Iremos fuera a enfrentarnos a la tormenta y no creo que Harry debiera estar allí. Seguramente será mucho más tarde que su hora de dormir.

- Lo siento, Mione. – se disculpó Ginny – Tengo que hacer un ensayo para McGonagall y realmente tengo que concentrarme en él.

- Está bien. – en su cabeza, Hermione ya estaba buscando diferentes posibles niñeras. ¿Blaise y Pansy? No, ellos ya se habían retirado a su sala común y ya podrían estar durmiendo. ¿Lavender y Terry? Nop, Ron estaba enfermo y no quería que Harry se contagiara. Entonces, ¿quién podría cuidar de Harry?

- Tengo a alguien en mente. – intervino Draco, notando la mirada pensativa de Hermione.

- ¿Quién?

Draco sonrió diabólicamente.

- Tendrás que esperar y comprobarlo.