Wolas amoress!
La verdad no se si este cap viene con retraso o no, porque he tenido un fin de semana un poco loco xD si es así pido disculpas y os dejo disfrutar de este capítulo.
No digo mucho más porque he dormido muy poco y no se casi donde están las teclas... xD siento si encontráis faltas de ortografía.
A leer ^^
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de IcyPanther -.
Capítulo 27 – New Bonds are Forming (Formando nuevos vínculos)
Draco caminaba en silencio por el pasillo en dirección hacia la "niñera" esperando que estuviera de acuerdo con su propuesta. Después de la cena, Hermione había cogido a Harry y se habían marchado hacia la sala común para preparar al niño para la hora de dormir, diciéndole al Slytherin que trajera a la niñera que había elegido.
Deteniéndose delante de la puerta, Draco alzó el brazo para llamar. Golpeó ligeramente la madera, esperando que su padrino aceptara lo que le iba a pedir. La puerta se abrió, revelando a Snape con una mueca en su rostro, pero esta desapareció tan pronto vio a Draco, remplazándola por una sonrisa.
- Entra. – le ofreció, haciéndole un gesto para que se sentara en el sillón - ¿Qué te trae por aquí tan tarde? – preguntó, sentándose en otro sillón.
- Tengo que pedirte un favor, tío Sev.
- ¿Sí?
- Bueno… Hermione y yo teníamos… bueno, tenemos que ir a un sitio. Y no hemos podido encontrar niñera para Harry y…
- ¿Me querías preguntar si yo podría cuidarlo?
- Sí. – le contestó Draco débilmente – Sé que no te gusta demasiado… pero es diferente, te lo aseguro.
- Quieres que haga de niñera de Potter. – le dijo Snape llanamente, con su mirada de acero clavada en Draco.
- Harry, - le corrigió – y sí, ¿por favor, tío Sev?
El profesor de Pociones suspiró.
- Está bien. – nunca podría decirle que no a su ahijado. Draco le dedicó una sonrisa de agradecimiento.
- Esto significa mucho para mí, y para Hermione también. Harry ya se estaba preparando para irse a la cama, lo máximo que tendrás que hacer será leerle un cuento y arroparlo. Simplemente, tienes que tratarlo como si fuera yo.
- ¿Cuándo me necesitas?
- ¿Ahora, te suena bien?
- Bien, déjame coger algunos ensayos para corregir. – recogió una ordenada pila de pergaminos de una de las estanterías de la pared y siguió a Draco hasta el pasillo cerrando la puerta de su despacho detrás de sí.
- Ya he vuelto. – anunció Draco, entrando en la Sala Arcoíris con Snape parpadeando por los colores justo detrás de él – Déjame coger la chaqueta y ya podremos irnos.
Hermione salió de su habitación, con una cazadora de color rojo oscuro impermeable para evitar la lluvia, su varita en una mano y Harry unos pasos detrás de ella. El niño iba vestido con un pijama azul claro y con pequeños balones de fútbol recubriendo sus pantalones. En una de sus manos sostenía un libro de cuentos y con la otra se aferró fuertemente a la cazadora de Hermione, mirando a Snape con miedo. Caramelo apareció detrás de los dos, acercándose a Snape y empezando a saltar sobre el profesor.
- Quieto, Caramelo. – le regañó Draco – No te dará muchos más problemas. – le informó a Snape, sosteniendo firmemente al cachorro por el collar. Lo puedes meter en su jaula si se llega a poner demasiado destructivo.
Soltándolo, Caramelo corrió hacia Harry, sentándose frente a él.
- Harry, te portarás bien con el profesor Snape, ¿de acuerdo? – le dijo Hermione, arrodillándose a su lado. Harry asintió – Buen chico. Te veré por la mañana. – se despidió de él, dándole un suave beso en la parte superior de la cabeza y comenzó a encaminarse hacia el hueco del retrato, Draco le seguió a regañadientes después de haberle dado a Harry un abrazo de despedida – Muchas gracias, profesor. – le dijo la chica, con una sonrisa.
Tan pronto como se habían ido, Harry se quedó mirando fijamente a Snape y Snape a Harry.
- ¿Quiere algo de beber? – le preguntó Harry, tímidamente.
- No, gracias. – le contestó Snape en pocas palabras, sentándose en el sofá y esparciendo los pergaminos delante de él en la mesita.
Sin saber qué hacer, Harry se sentó en el sillón de delante, con su libro de cuentos bajo el brazo. Caramelo saltó hasta el sillón de su joven dueño y se acurrucó para dormir. El único sonido de la sala era el rasgueo de la pluma de Snape mientras corregía los ensayos de pociones.
Después de unos minutos, levantó la vista de los pergaminos encontrándose a Harry mirándolo con sus brillantes ojos esmeralda.
"¡Muchas gracias, profesor! ¡Gracias!"
"Simplemente, tienes que tratarlo como si fuera yo."
"No es James, Severus. Dale una oportunidad."
Snape resopló ante ese último pensamiento que había invadido su mente. Dumbledore se lo había dicho tan pronto como Harry había sido admitido en Hogwarts. Sabía sobre el profundo odio que le profesaba a James y no quería que lo proyectara hacia Harry. Pero lo hizo.
- ¿Quieres que te lea un cuento? – le preguntó suspirando, apilando los pergaminos. Tentativamente, Harry asintió y se aceró hasta el sofá, sentándose a medio metro de Snape. Preguntándose a sí mismo porque estaba siendo tan amable, se acercó más hasta el niño, situándolo en su regazo para la sorpresa de Harry - ¿Qué historia te gustaría?
- Puedes elegir, profesor. – susurró Harry.
Tomando el libro de cuentos de las manos del niño, Snape lo abrió por un cuento de hadas muggle, "La Reina de las Nieves".
- ¿Este está bien? – Harry le dedicó un leve asentimiento de cabeza. Colocó el libro en el regazo del niño – Cuando termine la página, será tu turno, ¿de acuerdo? – Harry le dedicó otro leve movimiento de cabeza – Había una vez…
- No creo que sea seguro salir ahí. – dijo Draco agarrado a uno de los pilares de mármol del desierto vestíbulo de entrada – Tal vez deberíamos quedarnos aquí.
- Draco, vamos a salir ahí. – le dijo Hermione, señalando las puertas – Hicimos un trato, ¿recuerdas? Y no vas a renunciar a él.
- Pero, ¿por qué no podemos quedarnos simplemente aquí? – le dijo con voz suplicante – Desde aquí puedo verlo.
- Iremos fuera. – le contestó Hermione, con firmeza – La única manera de alguna vez afrontar plenamente tu miedo es enfrentándote a él. Así que saldremos. Ahora, vamos. – Draco se mantuvo firmemente agarrado a la columna, con sus ojos plateados anclados en el suelo.
Hermione soltó un suave suspiro y se acercó al Slytherin, colocado delicadamente una mano sobre su hombro.
- Sé que es duro. – le susurró – Pero estaré ahí contigo. Y prometo que no dejaré que te pase nada.
Lentamente, Draco asintió y dio un paso vacilante hacia las puertas de entrada.
- ¿Lo prometes? – preguntó en voz baja, evitando encontrarse con los ojos de Hermione.
- Lo prometo. – le contestó sonriendo, tomando su mano entre las suyas y tirando de él hacia fuera, dedicándole un suave apretón para intentar tranquilizarlo.
La tormenta todavía no había comenzado, a pesar de las grandes nubes oscuras que adornaban todo el cielo y de un viento helado que había empezado a soplar amenazante. Draco se detuvo en el último escalón y miró hacia arriba, temblando cuando un relámpago estalló desde las nubes.
- Está bien. – le dijo Hermione para confortarlo – Los truenos ni siquiera han comenzado todavía. Vamos a sentarnos junto al lago.
- ¿Estás loca? ¡Podría caernos un rayo!
- No, tranquilo… confía en mí. Mientras no nos caigamos al agua, estaremos bien. Confías en mí, ¿no?
- Sí…
- Entonces, vamos. La tormenta va a empezar en unos minutos y debemos estar preparados. – Draco permitió que Hermione le arrastrara a través de los terrenos; con sus ojos perdidos en la silueta del castillo.
- ¡RRAAWWRR!
Harry gritó y corrió a esconderse tras el sofá, con una gran sonrisa en su rostro. Escuchó unos ruidos lentos y golpes sordos que se acercaban y riendo se lanzó hacia otro escondite.
Después de que él y Snape hubieran terminado de leer "La Reina de las Nieves", el profesor se dio cuenta de que el niño no estaba demasiado cansado. Y durante el tiempo de lectura, ambos habían llegado a un nuevo punto en su relación, ya que se habían dado cuenta de ciertas cosas sobre el otro.
Harry se dio cuenta de que el profesor Snape era muy bueno contando historias; le gustaba ponerle a cada personaje una voz diferente. Y no era tan aterrador como Ron le había apodado, realmente le faltaba darse un buen lavado de cabello – Draco era verdaderamente bueno en eso. Tal vez debería dejar que se lo lavara… - y casi siempre tenía el ceño fruncido, pero ahora estaba siendo bastante divertido.
Y Snape finalmente había abierto los ojos ante lo que Dumbledore le había estado intentando enseñar desde el primer año de Harry en Hogwarts. Harry realmente no era James. "Se parece más a Lily" pensó Snape, abandonando su postura y dedicándose a observar "Podrá parecerse físicamente a su padre… pero es amable y cariñoso como Lily… para nada como James."
Y así, Snape había decidido cansar a Harry, entreteniéndolo. Había jugado a esto cientos de veces con Draco cuando era pequeño y Lucius estaba demasiado ocupado con sus "negocios". Y siempre había funcionado bastante bien con su ahijado, así que esperaba que surtiera el mismo efecto con Harry.
Las reglas del juego eran simples. Snape era el dragón y Harry el niño desobediente que no quería irse a la cama. Podía quedarse tanto como quisiera hasta que el dragón le atrapase y lo metiese en la cama.
Snape soltó otro rugido y miró detrás de la silla de la cual acababa de salir Harry. Vio al niño encorvado contra la estantería, el profesor caminó lentamente hacia allí, con pasos decididos y fuertes. Harry al verlo compuso otro gritito y corrió alejándose del hombre.
- ¡No puedes atraparme! – rió Harry, dando vueltas en círculo por toda la sala común.
Snape se limitó a sonreír, observando como el niño seguía corriendo de un escondite a otro.
- No tengo que hacerlo. – dijo riéndose entre dientes – Te estás cansando. – y era cierto, Harry se sentó jadeando detrás del sofá con las piernas demasiado fatigadas como para continuar - ¡TE TENGO!
Harry gritó al tiempo que era lanzando por los aires para aterrizar con seguridad en los brazos de Snape.
- A la cama.
- Ohhh. – Harry se quejó, poniendo mala cara - ¿Podrías leerme otra historia, profesor?
- Ya veremos… ahora vamos a cepillarnos los dientes.
Esa tarea podría ser bastante complicada cuando Caramelo está suelto. Mientras Harry estaba a punto de echarse su pasta de dientes – Azul brillante – en el cepillo, el cachorro saltó hacia él y le arrebató el tubo de las manos.
Snape que había estado apoyado en la puerta del baño intento parar al perro, pero Caramelo se escapó de su alcance y corrió hacia la habitación de Draco. Harry saltó ágilmente hasta el suelo desde el taburete y caminó de puntillas hasta la habitación del Slytherin, abriendo la boca exageradamente del horror.
- Draco no va a estar muy contento cuando vuelva. – susurró Harry. Snape se unió al niño junto a la puerta, abriendo sus ojos del impacto.
El cachorro estaba inocentemente sentado sobre la cama, alrededor de la destrucción que había causado en cuestión de segundos. Todos los libros de Draco estaban esparcidos por el suelo, con algunas páginas arrancadas y pasta de dientes en las cubiertas. La pasta de color azul también se había esparcido por toda la alfombra esmeralda y salpicado las paredes.
Las almohadas de la cama de Draco estaban destrozadas y sin posibilidad de reparación, plumas volaban por todos los alrededores cayendo sobre el edredón hecho jirones. Varios tinteros estaban derramados por el escritorio, manchando la madera de cerezo oscuro con distintos tonos de negro y verde. Las puertas del armario del chico estaban abiertas, rasgadas con diversos arañazos. La ropa colgaba del hueco, algunas prendas estaban rotas y muchos zapatos masticados.
Snape se sorprendió al escuchar otro sonido… un llanto suave. Mirando hacia abajo, vio a Harry frotándose los ojos mientras unas gruesas lagrimas corrían por sus mejillas, antes de que empezara a sollozar, cubriéndose el rostro con ambas manos intentando amortiguar el ruido.
Y el hombre no tenía ni idea de lo que podía hacer.
- ¿Podemos volver? ¿Por favor? – susurró Draco, aferrándose a su chaqueta negra apretándola contra su delgado cuerpo, su cara parecía mucho más blanca de lo normal en contraste con el ambiente.
- Todo irá bien. – le contestó Hermione suavemente, apretando su agarre contra la mano del Slytherin – Estoy aquí y no me voy a ir a ninguna parte. – en ese momento, una gran explosión de relámpagos crujió a través de las nubes, iluminando toda la zona con una gran luz blanca. Y unos segundos después resonó un gran trueno, acompañado por la llegada de las gotas de agua.
Draco gritó alarmado y Hermione tuvo que fortalecer su agarre sobre la mano del chico para mantenerlo con ella de pie junto al lago. El viento soplaba más fuerte y el torrente de agua caía a plomo sobre ellos empapándolos y haciéndolos temblar.
- ¿Podemos volver ya?
- ¿Todavía tienes miedo?
Otro trueno resonó en la zona y Draco pegó un salto.
- Nos quedaremos hasta que te des cuenta que no puede hacerte daño. Escucha… ¿qué más oyes además de los truenos?
- La lluvia.
- ¿Y qué hace el ruido de la lluvia? – le preguntó ella con suavidad.
- Suaves salpicaduras.
- ¿Te da miedo?
- No.
- Y tampoco con los truenos. Ahora relájate, cierra los ojos y simplemente escucha. No hay nada que temer.
Draco lo hizo, pero tan pronto como un trueno retumbó en la distancia, sus ojos se abrieron de par en par con un miedo palpable en sus ojos claros como el cristal.
- ¿Por qué estás asustado? – la pregunta fue tan suave, que apenas fue audible sobre el sonido de la lluvia - ¿Qué te asusta tanto?
- No lo sé. – le respondió Draco igual de suave que ella.
- Tiene que haber una razón detrás de todo. – continuó Hermione, con su pelo azotando al viento detrás de ella - ¿Cuál es?
- ¡No lo sé! – exclamó gruñendo Draco, dándole la espalda a la chica – Me vuelvo al castillo. – cuando se volvió para marcharse, Hermione tiró de nuevo de su mano lo que le obligó a volver donde estaba.
- Si lo sabes. – murmuró la chica de ojos dorados, buscando en su rostro una respuesta – Simplemente no quieres decírmelo.
- ¡Si no quiero hacerlo, no es asunto tuyo!
- Sólo estoy intentando ayudarte. – le dijo en voz baja, tratando de no hacer enfadar más a Draco – Si quieres volver al castillo, entonces ve. No voy a detenerte.
Hermione se volvió hacia el lago y Draco se puso detrás de ella, simplemente observándola.
- Es mi padre. – susurró, mientras su voz se desvanecía con el viento – Es por eso que tengo miedo. Fue la primera vez que me golpeó… cuando los truenos estallaron.
La Gryffindor se volteó, con calidez, empatía y consuelo en sus ojos.
- Entonces los truenos no son la verdadera causa de tu miedo… si no tu padre. Él es el real motivo de tus miedos.
El profesor de Pociones se arrodilló junto al niño, casi con miedo de tocarlo. Cuando Draco era pequeño, no había llorado nunca, ni una sola vez. Snape se preguntó si Lucius le había reeducado para que no mostrase ante nadie sus sentimientos. Por lo tanto, él nunca había tenido que consolar a niños que lloraban. Y ahora…
- Está bien. – le dijo y contra todo pronóstico instintivamente envolvió a Harry entre sus brazos. El niño inmediatamente se tensó, dando a entender que también estaba asustado - ¿Qué va mal?
- Es mi culpa. – susurró, con sus ojos esmeraldas mirando el desastre que había ocasionado su cachorro – He arruinado la habitación de Draco. Y realmente se va a enfadar mucho.
Snape se sorprendió ante eso. Sabía que su ahijado a veces tenía el suficiente temperamento y que podía llegar a ser peligroso si se le enfadaba realmente. Pero también sabía que Draco nunca haría daño a un niño que había llegado a apreciar tanto.
- Draco no se va a enfadar contigo. – le dijo Snape confortablemente.
- Sí lo hará. – sollozó Harry – He destrozado su habitación.
- Ha sido el perro. – señaló el profesor.
- Pero Caramelo es mi perro.
- Y asumiré toda la responsabilidad si Draco se enfada.
Ahora fue el turno de Harry para pensar lo que acababa de decirle Snape.
- ¿Por qué harías eso?
- Porque tú y cualquiera de las cosas que ocurran mientras este cuidándote me corresponden a mí.
- ¡Pero no podías detener a Caramelo!
- Y tú tampoco. - volvió a señalar Snape – Ahora es momento de irse a la cama y después limpiaré este desastre. - sin dejarle tiempo a Harry para protestar, Snape entró en la habitación con le niño todavía en sus brazos y lo metió bajo las mantas.
Caramelo saltó hasta los pies de la cama, levantando una patita hacia el profesor como diciéndole "lo siento". El pelaje dorado del perro estaba manchado con pasta de dientes azul y algunas plumas se habían enganchado a su cola. Snape suspiró.
- Estás perdonando. – murmuró, acariciando torpemente la cabeza del cachorro – Buenas noches, Harry. – dijo con voz más suave – Y no te preocupes, yo me encargo de todo.
- Buenas noches, profesor. – Snape le alborotó el pelo al niño y se encaminó hacia la salida, después de soplar la vela de la mesita de noche. La habitación quedó a oscuras y como siempre hizo con Draco, Snape dejó la puerta entreabierta para que pudiera estar al tanto por si le podía llegar a ocurrir algo.
Volviendo a la habitación de su ahijado, Snape empezó a apuntar con su varita a varios de los objetos tirados, arreglando los que lo necesitaban. Las almohadas y mantas se arreglaron a la perfección, pero las manchas del escritorio habían quedado tatuadas y la pasta de dientes de la alfombra se negaba a abandonar su lugar.
- Por lo menos la cascada está intacta. – murmuró el hombre. A pesar de que hubiera vuelto a ser el Draco adolescente, Snape sabía que el chico aun debía tenerle miedo a la oscuridad, especialmente en noches como esta. Pensando en eso… ¿Dónde había ido Draco? Recordaba, que le tenía pánico a las tormentas desde que tendría unos cuatro años.
Un día que estaba en la mansión Malfoy y una tormenta había aparecido sin previo aviso, Draco había pasado de ser el perfecto niño tranquilo a estar al borde de la histeria. Y cuando Snape le había preguntado qué era lo que le había asustado tanto, él pequeño había contestado que los truenos.
Y si ahora había una tormenta ahí fuera, ¿por qué Draco no estaba acurrucado en su cama o al lado del fuego?
- Han salido. – dijo en un suspiro, cuando la realidad le golpeó con fuerza. ¿Qué estaba pasando?
Cuando el hombre se recostó en el sofá dispuesto a seguir corrigiendo más ensayos, el suave sonido de unos pies llamó su atención. Levantando la vista, vio a Harry junto al sofá, con una manta roja entre sus manos.
- ¿Puedo quedarme aquí, profesor? Sólo hasta que Hermione y Draco vuelvan, ¿por favor?
Snape asintió y sonrió, dejando los ensayos de nuevo en la mesa. Harry se encaramó en el sofá y se sentó cómodamente junto a él, usando al profesor como almohada. Snape agarró suavemente la manta de las manos de Harry, colocándola sobre los dos, la sonrisa en el rostro de Harry mientras iba durmiéndose, era todo el agradecimiento que necesitaba.
Hermione se acercó cautelosamente al Slytherin y envolvió los brazos a su alrededor en un suave abrazo, con la cabeza apoyada en su pecho. Draco se puso rígido, pero se fue relajando poco a poco, apoyando la barbilla en la parte superior de la cabeza de ella. Se quedaron en silencio, mientras la lluvia caía sobre ellos y el frío se filtraba en sus huesos, pero no se movieron.
- No es culpa tuya. – susurró Hermione unos minutos más tarde – Estás en todo el derecho de tenerle miedo.
- Soy un gran cobarde, ¿no es así? – murmuró Draco – Le tengo miedo a mi padre. ¿Cuántas personas más pueden decir eso?
- No eres ningún cobarde… estar asustado sólo indica que tienes miedos y problemas como todos los demás. Es lo que te hace especial… lo que te hace ser lo que eres. Si fueras perfecto y no tuvieras miedo de nada, no serías humano.
Draco observó a la chica de entre sus brazos, mientras ella le devolvía la mirada. Sus ojos brillaban como ascuas ardientes y tenía las mejillas rosadas por el frío. Unos húmedos rizos castaños enmarcaban su rostro y vio como sus labios se alzaban en una pequeña sonrisa. Los ojos de él parecían haber perdido esa dureza y ahora brillaban con fuerza, con su flequillo rubio goteando sobre un lado de su cabeza.
Ninguno de los dos procesaba lo que estaba pasando, pero lentamente se fueron acercando, sin apartar la mirada de los ojos del otro. La mano de Draco se desvió hasta la mejilla de ella; acariciando con su pulgar la tierna carne caliente. Un relámpago estalló en el cielo, iluminando al Slytherin aún más contra el fondo negro. Sus labios casi se tocaban, Hermione contuvo la respiración al darse cuenta de lo que estaba a punto de pasar, pero no hizo nada para detenerlo.
Y entonces, el trueno explotó dejándolos a los dos congelados.
- Deberíamos regresar. – susurró Hermione, sin dejar de mirar los ojos plateados de Draco – Enfermaremos si nos quedamos mucho más tiempo.
Él asintió y Hermione dio un paso atrás, con el corazón bombeando furiosamente contra su pecho a pesar de lo tranquila que había logrado sonar. Draco también sentía su propio corazón latiendo irregularmente y su cuerpo caliente, aunque pareciera tan frío.
La Gryffindor se volvió y empezó a emprender el camino de regreso al castillo, con Draco siguiéndole en silencio de cerca. De puntillas por los pasillos, los dos pudieron llegar con seguridad hasta el retrato de Leviculus, quien roncaba suavemente contra el marco. Cuando Hermione dijo la contraseña, se abrió, aunque él seguía profundamente dormido.
Draco y Hermione sintiéndose incomodos por el momento que acaban de pasar, no pudieron dejar de sonreír ante lo que se encontraron en el sofá. Snape estaba profundamente dormido, con un brazo sobresaliendo por el borde del sofá y el otro apoyado en la cabeza de Harry. El niño estaba dormido, con una enorme sonrisa de satisfacción e su rostro.
- Hey, ¿tío Sev? – susurró Draco, sacudiendo suavemente a su padrino por el hombro – Ya hemos vuelto.
- ¿Mmmm? – Snape lentamente abrió los ojos y parpadeó – Oh.
Se puso en pie con cuidado para no molestar a Harry, se estiró y recogió los ensayos que había estado corrigiendo.
- ¿Te ha causado algún problema? – le preguntó Hermione, preocupada.
- No. – dijo Snape bostezando – Aunque el perro… podrías sorprenderte un poco con tu habitación, Draco. He intentado arreglarlo todo, pero es posible que quieras algunas cosas nuevas pronto. Ahora, si me disculpáis, me vuelvo directo a mi oficina.
Pasando entre ambos adolescentes el profesor salió de la sala común, dejándolos atrás con un silencio incómodo.
- Iré a llevar a Harry a su cama. – dijo Hermione en voz baja – Buenas noches, Draco.
- Buenas noches. – susurró desapareciendo dentro de su propia habitación. Ni siquiera prestó atención a los desperfectos, el Slytherin se cambió la ropa mojada por un pijama seco y se arrastró bajo las mantas, aunque estaba preparado para cualquier cosa menos para dormir.
Repasó los acontecimientos de la noche en su mente… se habían ido al lago… habían visto la tormenta… le habló de su padre… y entonces…. entonces…
- Es mi amiga. – susurró abrazando a Sparkles – Nada más.
Si eso era cierto, entonces ¿por qué estuvo a punto de besarla?
Sólo el tiempo lo diría.
Sii, casi todas acertasteis. Nuestro querido tío Sev... aww a sido adorablee (L) ¿Qué os ha parecido la parte de la tormenta? Por cierto, en el siguiente cap... **TATATACHÁAAANN** Llega lo que muchas habéis estado esperando, ¿sabéis qué es?
En fin, amores, espero tener el cap traducido para mañana o pasado. Todavía no he conseguido recuperar el disco duro... T-T
Besitoss!
Contestación a los reviews sin cuenta:
Chicadelasfrases: JAJAJAJAJAJAJAJA Me ha encantado tu descripción de los gemelos Weasley totalmente acertada xD AAHH los adoro, no se si habrás leído mi fic de Éxtasis Líquido pero en el segundo capítulo les hago de todo a nuestros queridos gemelos... xD Y si tienes razón Ron, es muy adorable a la vez que el demonio en persona... una mezcla peligrosa xD JAJAJAJ me ha encantado la frase del día, una mejor descripción no la encuentro... y si, creo que además de romperle la nariz en tercero el se puso cachondo perdido jajaja ¿tu que crees? Besotes cielo y adoro tus reviews (L)
SALESIA: JAJAJAJ SSIII tu casi lo aciertas... esos gemelos son espectaculares, no tienen el don de la discreción... xD Siii, me gustaría saber donde se había metido Dumbledore para salvarse de esa... chico listo xDD ajajajaa como dices menos mal que son de duración limitada los efectos de tan maravillosos productos si no seguramente todos habrían acabado en las salas de recepción de san mungo por falta de sitio en la enfermería de Hogwarts... xD Siii lo bueno es que la mayoria de alumnos tienen fotos del momento en el que Snape se vengó de los alborotadores gemelos Weasley xDD Esa exposiocion de fotos con todas las que ya han hecho va a ser memorable... xDD JAJAJAJA SI Ginny tiene muy claro lo que siente Hermione aunque ella no quiera ni admitirlo ni negarlo, pero este capítulo seguro que le ha abierto un poco más los ojos, ¿tu que crees? Y ssiii la niñera que tenía pensado Drac para Harry es nuestro adorado tío Sev, ¿qué te ha parecido? Bueno cielo, espero que te haya gustado mucho el cap y espero tener listo el siguiente rápido que se que lo estáis esperando ;P Besotes (L)
orne: Gracias cieloo por el revieww, si todas estamos de acuerdo que adoramos a los gemelos Weasley... es genial verlos juntos (L) Y yo espero con muchas ansias que este capítulo te haya gustado muchoo (L) Besotes y nos vemos pronto en el siguiente!
