¡Wolas mis amores!
Tengo dos noticias:
Primera: Hoy no voy a poder contestar a los reviews, porque una chica me ha pedido si podía pedir el permiso para traducir una historia Harry/Daphne y le he echado un vistazo, me ha encantado, le he enviado un PM al autor del fic y me ha dicho que ¡SÍ! así que quiero traducir el capítulo para mañana y poder subir el primer capítulo de la historia. Tiene 16 caps, pero son muyyy largos por eso no voy a poder contestar si mañana quiero tenerlo :D Espero que os paséis por allí porque tiene muy buena pinta ^^ Os espero! La historia se llama: "Partners" y su autor es "muggledad"
Segunda: Os dije que la siguiente historia que traduciría después de está sería "The Serpent" de "waterflower20" pero como todavía no está acabada y creo que está traducción no tardaré mucho en acabarla, pensé en otra traducción y hace poco que ha acabado la historia y es una de mis favoritas, le pedí el permiso y me lo concedió ¡AHHH! estoy muy emocionada :D La historia se llama : "Lady of the Lake" y es de "Colubrina" Sé que os va a encantar y ya tengo muchas ganas de empezarla, pero esa empezará cuando termine Parenting Class :D
Espero que os hayan gustado las noticias y espero que nos veamos mañana con el primer capítulo de "Partners" y si no, pasado subiré el siguiente de PC ;P
Besos amores, disfrutad del cap!
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de IcyPanther -.
Capítulo 28 – The Entrance of a New Terror (La llegada del nuevo Terror)
Los días siguientes pasaron en un rápido borrón, un torbellino de sonidos y colores. Cuando Draco se despertó a la mañana siguiente de la tormenta, Hermione le había saludado desde el sofá donde leía un libro, con voz calmada y uniforme. Fingiendo que no había pasado nada. Y Draco le respondió con el mismo tono, dándose cuenta que era mejor olvidar todo el asunto. Sería más fácil para los dos.
Caramelo continuó haciendo estragos con todo lo que tenía a la vista, especialmente parecía que le gustaban la colección de zapatos de Draco. El Slytherin había tenido que ir a comprar nuevos después de que el cachorro acabara con la mayoría. Incluso cuando Draco tenía la puerta de su habitación cerrada, Caramelo se las ingeniaba para entrar y atacar sus zapatos, saliendo siempre de allí con uno como premio.
Pero lentamente, muy lentamente, fueron entrenando al pequeño perro desobediente. Hermione había encontrado un libro en la biblioteca y con Harry habían empezado a enseñarle, a menudo con una gran bolsa de golosinas en las manos por si se conseguía un buen trabajo. Pero no habían conseguido que Caramelo dejara de destrozar los zapatos de Draco.
Las clases de Pociones no eran tan horribles como solían ser. Por supuesto, Snape nunca fue tan amable con Harry como aquella noche que había tenido que hacer de "niñera". Pero a veces lanzaba pequeñas y neutrales sonrisas o palabras amables a algún Gryffindor al azar.
Draco había arrastrado a su padrino a la enfermería después de haber felicitado a Neville por su poción – quien estaba aún más aterrado de lo normal ya que sólo tenía cinco años y simplemente había añadido un ingrediente a la mezcla – y le exigió a la enfermera que le hiciera un examen completo, esperando desesperadamente que algo estuviera mal en él. No era por el hecho de que no le gustara que Snape fuera amable con los demás, pero como Slytherin tenía que mantener su reputación. No es que Draco estuviera muy apegado a las costumbres… pero, ¡Snape sí! ¡Era el jefe de su casa!
Pero para la consternación del chico, Pomfrey dijo que Snape estaba perfectamente sano. Después de eso, Draco mantuvo su ojo puesto en el profesor de pociones; con miedo de que se lanzara a cantar o a abrazar a algún Gryffindor o alguna otra imagen perturbadora como esa. Lo único que le tranquilizó fue cuando volvió a pensar en su padrino dándole a los gemelos Weasley lo que se merecían.
Ron había experimentado una nueva sensación de libertad cuando Lavender le advirtió que se portara mejor después de su encuentro con el Nundu. Por desgracia, esa nueva libertad para Ron trajo más desastres para los que le rodeaban. La clase de Transformaciones se convirtió en un caos cuando el niño se las apañó para dejar salir de una jaula un montón de serpientes de cascabel que se suponía debían transfigurar en sonajeros. Pero con la rápida actuación de McGonagall y Hermione, todos los reptiles fueron aturdidos antes de que pudieran llegar a morder a alguien.
También se las había arreglado para hacer estallar media mesa de Gryffindor en el Gran Comedor, – todavía nadie tenía ni idea de cómo había conseguido hacerse con la varita de Terry – les tiñó a todos el pelo de color "arcoíris" e irritó tanto a las mandrágoras del invernadero que había conseguido que le mordieran y acabado en la enfermería una vez más.
Pansy y Blaise tenían las manos ocupadas desde los últimos días con Neville, parecía haber desarrollado alguna especie de paranoia desde la tormenta, pensando que en cualquier momento podría alcanzarle un rayo si no estaba tocando en todo momento a sus dos tutores actuales.
Así, después de eso Neville tenía que ser llevado en brazos en todo momento o se envolvía alrededor de una de las piernas de Pansy o Blaise y se negaba a soltarlos, por lo que caminar se les hacía bastante difícil. Aunque este recién adquirido miedo le impedía crear más accidentes, ya que casi nunca caminaba por sí mismo.
Era una agradable y tranquila mañana para todos los habitantes de la sala "Arcoíris" quienes aún estaban profundamente dormidos, incluso Caramelo. Así que Draco no se despertó de muy buen humor al escuchar al bufón gritando que la profesora McGonagall estaba allí esperando y tenía que entrar. Gruñendo y desenrollándose de sus calientes mantas, fue a abrir el retrato.
- ¿Sí, profesora? – bostezó volviéndose y tirándose en el sofá - ¿No es demasiado temprano? Sólo son las siete.
- Sí, señor Malfoy, estoy al tanto de eso. Simplemente he venido a dejar la poción para el señor Potter. Hemos decidido que la mejor manera es dársela mientras están durmiendo… tuvimos varios accidentes la última vez.
- ¿Cómo cuál? – preguntó Draco con curiosidad, tomando el frasquito que le ofrecía la profesora.
- No voy a dar nombres, pero varios tutores sufrieron lesiones graves ya que algunos niños pensaron que era veneno. Otros nos reclamaron por interrumpir el sueño de los niños, perdieron la comida y el comportamiento infantil siguió incluso en la cena. Para evitarnos esos problemas, le administraremos la poción a los niños mientras todavía estén dormidos, por consiguiente estarán despiertos para la hora del almuerzo, con la esperanza de que los efectos no pasen de ese momento.
- ¿Cuándo se tomará la poción Hermione? – preguntó el Slytherin.
- En dos días. El lunes por la mañana les traeré el frasco.
- Bien… gracias, profesora.
McGonagall asintió y se marchó para seguir su camino a las demás salas comunes antes de que cualquier niño se despertara.
- ¿Esa era McGonagall? – preguntó Hermione medio adormilada, saliendo de su habitación - ¿Necesita a los prefectos para algo?
- No. Ha venido a traer esto para Harry. – dijo Draco levantando la poción roja y la boca de Hermione se abrió de par en par.
- ¡No pueden haber pasado dos semanas! ¡Todavía quedaba más tiempo! – voló hacia el calendario que colgaba en uno de los lados de una estantería, en busca de la pequeña botella roja que había dibujado cuando el tiempo de Harry se terminaba - ¿Qué día es hoy?
- Veintinueve de Septiembre.
- Pero eso es… no…
- Es hora de traerlo de vuelta, Hermione. McGonagall quiere que le demos la poción a Harry mientras esté dormido… habrá menos complicaciones de esa manera. Mira el lado bueno, tú eres la siguiente.
- ¿A eso le llamas el lado bueno? – resopló, rascándose los ojos – Yo elegiría mejores palabras.
- ¿Entretenido? ¿Emocionante? ¿Peligroso?
- La última suena bien.
- Adoras los libros. Adoras estudiar. Todo lo que Harry y yo tendremos que hacer es llevarte a la biblioteca y todo irá bien. – Hermione simplemente le dedicó una sonrisa antes de girarse y dirigirse hacia la habitación de Harry, arrastrando a Draco detrás de ella.
Por suerte, el niño todavía estaba profundamente dormido, con un brazo envuelto alrededor de Caramelo y el otro sosteniendo un firme agarre sobre su manta.
- ¿Quieres dársela tú, o lo hago yo? – preguntó Draco, acariciando el frasco mientras observaba a Harry.
- No importa. – le contestó Hermione en voz baja, sentándose al lado de Harry y pasando sus dedos por el pelo rebelde del niño. Draco apretó suavemente la botellita en su mano.
- Hazlo tú. – la chica le sonrió entre lágrimas y la destapó.
- ¿Puedes mantenerle la cabeza erguida? No quiero que se atragante. – Draco asintió y colocó a Harry entre sus brazos, el niño se removió pero no se despertó, aunque Caramelo dejó escapar un leve gruñido y saltó de la cama, que ahora estaba demasiado concurrida para el gusto del cachorro.
Segundos después, Harry se había tragado el antídoto, Draco volvió a dejar su cabeza suavemente contra la almohada y después se levantó para que cuando empezara a crecer de nuevo no estuviera en su camino. Hermione, gimoteando, salió también de la cama situándose junto a Draco, ambos observando como el niño empezaba a estirarse, volviendo a sus características adolescentes.
- Ha vuelto. – susurró Hermione, cayendo de rodillas junto a su mejor amigo y estrechando su mano con fuerza.
- Vamos. – le dijo Draco amablemente, tirando de Hermione para que se pusiera en pie – Se despertará alrededor de la hora del almuerzo, aquí sentados no hacemos nada.
La Gryffindor se dejó llevar desde la habitación de Harry hasta el sofá, donde Caramelo se les quedó observando y quejándose con voz baja.
- Está bien. – le dijo Hermione al perro – Puedes ir con Harry ahora.
- Así que… - dijo Draco acomodándose en el sofá - ¿Alguna cosa que te gustaría compartir antes de volverte pequeña?
- Nop. – dijo sonriendo, tomando una profunda respiración para intentar controlarse. Sabía que al menos Harry cuando volviera no cambiaría tanto como Draco, pero lo de Voldemort podría afectarle. Y por supuesto, nunca sería capaz de volver a mirar a la cara a McGonagall, Hagrid o Dumbledore y nunca volvería a estar en la misma habitación que Snape – Tendrás la oportunidad de descubrirlo todo cuando lo veas.
- ¡Eso no es justo! – exclamó Draco haciendo un mohín.
- ¿Cómo qué no? Harry y yo no teníamos ni idea de nada sobre ti. Y ninguno de nosotros sabía nada de Harry.
- Pero sigues diciendo que eres peligrosa… si salgo lastimado, sabrás que tendrás que pagar por ello, ¿verdad?
- No puedo decirte que hacer. Es como ser padres, tu trabajo es cuidarme y asegurarte de que nada me pase. O a cualquier otra persona…
Para el resto de la mañana, Draco siguió intentando sacar algo de Hermione, ambos todavía con los pijamas puestos y sin mucha hambre para el desayuno. Pero Hermione hizo un excelente trabajo evitando sus preguntas, dejando a Draco furioso y frustrado.
Se habían enfrascado en otra batalla de miradas – Draco iba ganando. Dieciocho a cero – cuando Caramelo dejó escapar un corto ladrido. Ambos se volvieron para mirar hacia la puerta de Harry, quien salía de allí con sus dieciséis años de nuevo. Les dedicó una pequeña sonrisa, con el perro entre sus brazos.
- Hey, Harry. – le dijo Hermione, devolviéndole la sonrisa - ¿Cómo te encuentras?
- Exhausto. – admitió, sentándose en el sofá junto a su amiga – Y un poco sorprendido… han pasado tantas cosas. Quiero decir, ¡tengo un perro! – de repente un pensamiento golpeó a Harry - ¿Qué haré durante el verano? ¡Mi tío me matará si lo llevo a su casa!
- Ohh no, ese tío tuyo no va a hacer nada. – gruñó Hermione – Iré a enseñarle una lección.
Harry se sobresaltó y recordó lo que le había contado cuando era un niño sobre su tío.
- ¡No, Hermione no tienes que hacer eso! Realmente, ahora estoy bien.
Hermione le lanzó una mirada valorando su respuesta.
- ¿Así que te alimenta bien? ¿No te obliga a limpiar excesivamente? ¿Tienes ropa de tu talla?
- Sí. – le aseguró Harry – Remus y los demás le gritaron algunas cuantas cosas el verano pasado y le dijeron que estarían atentos. Y Moody les asustó un poco, por lo que ahora estoy bien allí.
- Aun así. – resopló ella – Iré a tener una charla con tu tío de todos modos. Lo que te hizo antes de eso no estaba nada bien y voy a hacérselo saber.
Harry suspiró. No tenía sentido discutir ya que sabía que Hermione no iba a dar el brazo a torcer.
- Pero, ¿qué haré con Caramelo? – preguntó, rascándole detrás de las orejas – Incluso aunque hablaras con él, no creo que me permitiera quedármelo… Dudley es alérgico.
- Si no te importa, podría llevármelo conmigo. No creo que a mis padres les importara.
- Dime, Harry. – le dijo Draco son una sonrisa y un brillo juguetón en sus ojos – ¿Qué le dirás al abuelo cuando le veas? ¿Y a la tía Minnie? ¿Y al tío Haggid?
Harry gimió lastimosamente, dejando caer la cabeza entre sus manos.
- ¿Creéis que podría fingir que nunca ha pasado? No, en realidad, no contestes a eso. – dijo, viendo como Hermione abría la boca para contestarle – Estoy más preocupado por Snape…
La sonrisa de Draco se ensanchó.
- Tengo que recordar llevar mi cámara para inmortalizar ese momento. – sonrió cruelmente – Oh, el horror a la espera de ser capturado para siempre en una fotografía.
- Yo tengo algo aún mejor. – rió Hermione – Tengo muy bueno momentos de unión entre Harry y Snape. ¡Sois adorables juntos! Como la relación de un tío y su sobrino. – se corrigió rápidamente, al ver la cara de horror que habían compuesto los dos chicos.
- Pero, ¿cómo? – preguntó Draco – Ninguno de los dos estábamos aquí…
- Cierto, - sonrió – pero… - cruzando la habitación, Hermione se agachó y sacó algo envuelto de la chimenea – La tenía programada para tomar una foto cada dos minutos. – volvió a reír al ver como los ojos de Harry se ensanchaban con incredulidad – ¡Así que debemos tener muchos momentos adorables para añadir a nuestro cartel!
- ¿Y no se ha quedado ya sin carrete? – preguntó Harry con desesperación, esperando contra toda esperanza que la cámara de Hermione hubiera dejado de tomar fotos antes de que terminara la noche.
- No. Están fabricados para que nunca se quede sin carrete o sin película hasta que terminemos o sea tratada. Por desgracia, tenemos que devolvérsela a Dumbledore al finalizar el proyecto… son muy caras. Pero eso no viene al caso.
- Así que… ¿te sientes bien con todo? – le preguntó Draco a Harry con cautela – Quiero decir… yo estaba mal… ¿te sientes bien?
- Aww, sigue con el rol de padre. – sonrió Hermione – Pero, ahora en serio Harry, - dijo, volviéndose a su amigo - ¿estás bien?
- Sí… estoy bien, de verdad. Un poco choqueado, un poco sorprendido y un poco avergonzado, pero aparte de eso, estoy bastante bien. Y tengo algunas disculpas que dar. Siento mucho lo de los muñecos… no era mi intención haceros daño a ninguno de los dos. Y sobre el incidente del primer día en la enfermería, no fue mi intención que Pomfrey empujara a Draco por las escaleras o que los dos os enfadarías entre vosotros.
- Oh, está bien. – le dijo Hermione sonriendo – Ya lo sabíamos.
- Y siento lo de la lanza. – sonrió Harry, con sentimientos encontrados.
- Oh, estoy seguro de que lo haces. – resopló Draco.
- Y lo siento por…
- Harry, está bien. – le interrumpió Hermione – Todo está perdonado. Quiero decir, si yo tengo que pedir disculpas por todo lo que haga cuando sea una niña, creo que estaremos aquí varios días.
- Está bromeando. – le aseguró Draco – Lo estás haciendo, ¿verdad?
- Nop. – canturreó Hermione – Os vais a divertir de lo lindo.
- Pero lo que realmente quiero deciros es… gracias. A los dos. Aunque lo de la tetera…
- ¡Lo siento! – gritó Hermione - ¡No fue mi intención! Yo, yo realmente…
- Te perdono. Aunque lo que os dije fue totalmente cierto; no quiero ni ver el té durante un tiempo.
- Al igual que yo no quiero volver a ver otra lanza u otros muñecos. - dijo Draco asintiendo.
- ¿Qué tal si nos vamos a almorzar? – sugirió Hermione – Ninguno de nosotros ha comido nada desde la cena de anoche y podemos ir a reunirnos con los demás.
- Suena bien. – dijeron Draco y Harry a la vez.
Después de dejar a Caramelo en la habitación de Harry – el chico había dicho que el perro no masticaría nada de su dueño y Hermione esperaba que estuviera en lo cierto – se pusieron en marcha hacia el Gran Comedor.
- ¡Hey, Harry! – le saludó Ginny, corriendo hacia él y lanzando los brazos alrededor de su cuello, en un opresivo abrazo.
- Me alegra mucho volver a verte. – Harry le sonrió, dedicándole un dulce beso en la mejilla - ¿Cómo le está yendo a Ron?
- ¿Puedes creerlo? – dijo el pelirrojo en cuestión gruñendo, acercándose al grupo y señalando a Ginny con la cabeza - ¡Me mintió! ¡Me dijo que su apellido era Weal!
- Y te salvó de un montón de preguntas. – rió Hermione, abrazando a Ron.
- Aun así. – se quejó él.
- ¿Sabes lo que pienso? – continuó Ginny – Que los dos vais a ir hasta la mesa principal a pedirle disculpas a Snape. – Ron la miraba como si le hubieran brotado cuatro cabezas – Se lo debes por salvar tu vida en las escaleras, por supuesto, no fue culpa de Harry. Y especialmente tú Ron, tienes que pedirle disculpas por lo del tutú. Ahora.
- No puedes estar hablando en serio. – resopló Ron – Le llamaba profesor aterrador, ¿recuerdas? Tendré suerte si no me maldice nada más acercarme. También le clavé un tenedor en el trasero e hice eso de los animales en pociones y…
- ¿Le clavaste un tenedor a Snape? – repitió Hermione, con una gran sonrisa en sus labios – Oh, travieso y desobediente Ron. Ahora tienes que ir a pedir disculpas.
- No me podéis hacer esto. – volvió a resoplar Ron, cruzando los brazos sobre su pecho.
- Oh, sí que podemos. – dijeron Hermione y Ginny a la vez, desenfundando su varitas y apuntándole con ellas – Ahora, los dos iréis hasta allí y le pediréis disculpas.
- Mejor hacer lo que dicen. – murmuró Harry – Yo voy. – Ron, después de lanzarle una mirada asesina a su hermana – no podía enfadarse con Hermione – siguió a su amigo hasta la mesa principal.
- ¿Podemos ir a comer algo mientras hablan? – gimoteó Draco – Tengo hambre. ¿Y por qué no comemos en mi mesa? Son todos lo suficiente mayores como para cuidarse por sí mismos, ¿no?
- Claro. – Hermione estuvo de acuerdo – Y no he visto a Pansy ni a Blaise desde hace unos días. ¿Te unes, Ginny?
- ¿Por qué no? – el trío se dirigió hacia allí mientras que Harry y Ron se acercaban a Snape.
- Ehh… ¿profesor? – preguntó Harry con voz débil. Snape levantó la vista de su comida con una mueca en su rostro – Sólo queríamos decirle… - se apresuró a continuar – que lo sentimos, por todo. Y yo quería darle las gracias por… uhmm… ser tan amable conmigo cuando me cuidó.
Snape le ofreció a Harry un atisbo de sonrisa, y el chico suspiró, dándose cuenta de que le había perdonado. En cuanto a Ron, Snape seguía esperando esa disculpa.
- Yo… ehh… también lo siento mucho. – murmuró el pelirrojo – Por todo… especialmente lo del tutú y lo del tenedor.
Snape encaró una ceja.
- Eso espero, Weasley. ¿Por qué no va a tomar asiento antes de que le anuncie a toda la sala lo que hiciste? – Ron tragó saliva nerviosamente y se dirigieron directos hasta donde estaban Hermione y los demás.
- Hola, Harry, Ron. – saludó Pansy, tomando un bocado de pudín e indicándoles con un gesto que se sentaran junto a Blaise - ¿Cómo os ha ido con el tío Sev?
- No tan mal. – dijo Harry, tomando un sándwich de mantequilla de cacahuete y mermelada de una de las bandejas – Por lo menos ha aceptado nuestras disculpas.
- No creo que todavía esté muy contento conmigo. – dijo Ron fulminándolo con la mirada – Estúpido gra…
Ahora fue el turno de Draco, Pansy y Blaise de fulminarle a él.
- Ya sabes que él te salvó la vida. – puntualizó Pansy – Podrías comportarte un poquito mejor…
- Bien, vale, me callaré.
- Parece que te toca ser el siguiente pequeño. – le dijo Draco a Blaise, sonriendo – Eso va a ser divertido.
- Sí tú lo dices. – suspiró el Slytherin – Yo simplemente preferiría evitarlo.
- Te cuidaré bien. – le aseguró Pansy, sonriéndole a Blaise desde el otro lado de la mesa – Y Neville también… dondequiera que esté. – en ese momento, el chico propenso a los accidentes llegó corriendo hasta la mesa de Slytherin. Antes de que ninguno pudiera parpadear, se había lanzado a los brazos de Harry en un abrazo, antes de retirarse rápidamente.
- ¡Lo siento mucho, Harry! – exclamó - ¡Nunca quise tropezar con Hermione! ¡Te convertí en una tetera! – volvió a exclamar, lamentándose.
- Está bien, Neville. – le consoló Harry, levantándose y acariciando suavemente su hombro – Fue un accidente.
- ¡Pero te convertí en tetera! ¿Y si te hubieras roto? ¿O si no hubiera habido cura? – Draco se atragantó con el zumo de calabaza al oír eso.
- Es que no la había… - dijo, riéndose entre dientes. Neville no esperó para escuchar el resto… se desmayó.
- La próxima vez, no digas nada. – suspiró Hermione.
- ¿Qué querías decir? – preguntó Harry entrando en pánico.
- Que no había cura. – repitió Draco – La descubrieron accidentalmente mientras estábamos allí, por lo que no te preocupes.
Harry simplemente asintió con la cabeza, pasando rápidamente sus ojos hacia Hermione vigilando que no volviera a golpearle accidentalmente con otro hechizo.
El resto del día y el siguiente pasaron con normalidad. Harry fue citado en el despacho de Dumbledore y cuando entro estuvo sonrojado y mirando sus pies, a la vez que murmuraba todo el rato. El hombre le dijo que tan pronto como el proyecto terminara, le gustaría que él volviera a tomar clases de Oclumancia ya que Voldemort había estado realmente muy cerca de matarlo. Harry estuvo de acuerdo, con la sensación de que esta vez Snape no sería tan molesto.
Pasó el resto de los dos días saliendo con Ginny. Draco se alarmó cuando Harry no volvía por el retrato después de las ocho y Hermione pasó la siguiente hora burlándose de él sobre el buen padre en el que se estaba convirtiendo. La chica le dijo que Harry ya era todo un "chico grande" y que ahora ya no necesitaba atención constante.
El domingo por la noche los tres estaban reunidos en la sal común, disfrutando del último día de paz.
- Sabéis, – dijo Draco de pronto, estirándose cómodamente frente al fuego – Hay algo que me molesta.
- ¿El qué? – preguntó Hermione, sentada en el suelo junto al sofá, con Crookshanks en sus brazos ya que Harry y Caramelo lo habían reclamado y estaban estirados cómodamente en él.
- Cuando era pequeño recuerdo que Harry me dijo que también tenía miedo a los truenos, pero estabas bien…
- La única razón por la que alguna vez tuve miedo por eso fue porque no tenía a nadie que me arropara antes de irme a dormir. – dijo Harry en voz baja – Normalmente estaba solo, pero con vosotros dos por aquí la primera vez y después con Snape, nunca estaba solo.
Hermione sonrió.
- Me alegra haberte ayudado con eso, Harry. Draco ya no parece tan asustado.
- Sólo un poco menos. – admitió Draco con el ceño fruncido – Es solo que… no sé… no me gustan.
- Hay otra razón por la que les tienes miedo. – dijo Hermione en voz baja.
- ¿Podemos no hablar de eso? ¿Por favor?
- Claro. – se apresuró a añadir Hermione – De todos modos, creo que es hora de que todos nos vayamos a la cama. Dijiste que McGonagall llegaría mañana por la mañana con la poción, ¿no Draco?
- Sí, como siempre. – le contestó el Slytherin bostezando, poniéndose en pie y estirándose – Bueno, buenas noches a los dos. – se dirigió hasta su habitación, cerrando la puerta un segundo más tarde.
- Buenas noches, Hermione. – le dijo Harry adormilado, recogiendo a Caramelo entre sus brazos y dirigiéndose a su propio dormitorio – Nos vemos por la mañana.
- Buenas noches, Harry.
Hermione se retiró unos minutos más tarde, con un claro sentimiento de temor, aunque también había emoción creciendo en su estómago. Mañana volvería a tener cinco años de edad. Mañana Draco y Harry entrarían en el horror más grande de sus vidas. Oh sí, eso iba a ser divertido.
A la mañana siguiente, Hermione se levantó temprano, a las cuatro y media para ser exactos. Acurrucada en el sofá con Crookshanks en sus brazos, esperaba que Leviculus les llamara diciéndoles que McGonagall estaba allí. Por supuesto no iba a tomar la poción hasta que Harry y Draco estuvieran levantados… no sería bueno que ella se convirtiera en una niña pequeña mientras ellos estaban dormidos… sería un desastre. Por lo menos si estuvieran despiertos tendrían la oportunidad de defenderse.
- Recuerda, Crookshanks. – le advirtió al felino – Si deseas permanecer a salvo, no te acerques a mí. No puedo prometerte no hacer algo de lo que luego me arrepienta. Y no provoques a Caramelo. Ambos os habéis estado llevando bastante bien, no lo estropeéis, ¿de acuerdo? – el gato maulló y acarició su peluda cara contra la de Hermione – Buen chico.
A las seis en punto, se escuchó la voz de Leviculus.
- Para cualquier persona despierta, la profesora McGonagall tiene la poción. – Hermione se dirigió hacia el retrato y este se abrió.
- Vaya, se ha levantado temprano. – comentó la profesora de transformaciones – Le diría que buena suerte, pero ya que usted va a ser la pequeña no significa mucho.
- Gracias, profesora. Les pasaré el mensaje a Harry y Draco.
- Tome la poción antes del desayuno… Me sentiré mejor con su presencia en clase. – tan pronto como la profesora se había marchado, Hermione sacudió la cabeza.
- Puedo garantizarle que no lo hará…
- ¿No hará qué? – preguntó Harry, saliendo de su habitación con Caramelo pisándole los talones.
- Oh, nada. Date prisa y vístete y asegúrate de que Draco se despierta ya.
- ¿Por qué tanta prisa?
- Mira lo que tengo. – sonrió, con un brillo maligno en sus ojos – Mi poción está esperando…
- Hermione, - dijo Harry con calma, aunque su voz estaba teñida de miedo – dame esa botella.
- ¿Por qué?
- Simplemente dámela.
- No. – gruñó Hermione, agarrando fuertemente el frasquito – Me la voy a tomar… y si no te das prisa, será ahora mismo. – esa declaración puso a Harry en movimiento.
Corrió hacia la habitación de Slytherin de la cual se escucharon varias maldiciones salir, cuando Harry le aventó un vaso de agua helada en la cara a Draco para despertarlo y explicarle la situación. Hermione simplemente sonrió y fue a cambiarse con un nuevo conjunto de túnicas limpias y peinarse un poco antes de cambiar.
- ¿Estáis preparados, chicos? – preguntó, saliendo de su habitación, y observando como los dos revoloteaban nerviosamente alrededor de su puerta – Será mejor que cojas mi varita. – reflexionó, entregándosela a Draco – Y me disculp ahora por lo que pueda pasar. Recordad, que no puedo evitarlo.
Harry se abalanzó sobre Hermione, intentando arrebatarle la poción, pero ella la engulló rápidamente.
- ¡Nooo! – gimoteó Harry, mirando a su amiga - ¡No lo hagas!
- Demasiado tarde. – sonrió ella – Nos vemos, chicos.
Unos segundos más tarde, Hermione comenzó a empequeñecer, su pelo cada vez estaba menos espeso y rostro se redondeó, hasta convertirse en una pequeña niña.
Los dos chicos evitaron correr a dirigirse hasta las puertas de sus dormitorios.
"Harry estaba tranquilo." – pensó Draco para tranquilizarse – "tengo un poco de miedo, pero está bien. No parece tan terrible."
"Era estirado y un poco nervioso, pero con Draco no lo hice nada mal. Con Hermione no puede ser peor."
La niña levantó la vista hasta ellos, alternando la mirada entre los dos y estrechando los ojos a cada segundo que pasaba.
- Vosotros… - dijo lentamente, enderezándose - ¡ME HABÉIS SECUESTRADO! – sin previo aviso se abalanzó hacia adelante contra los dos chicos congelados y enseñándoles los dientes.
Harry gritó y la esquivó, casi siendo golpeado por la cola de caballo que llevaba la niña en el pelo. Desafortunadamente, Draco no tuvo tanta suerte. La niña hundió profundamente sus colmillos en la pierna del Slytherin, sólo entonces el chic recuperó la movilidad de su cuerpo.
Gritando, brincaba por toda la habitación intentando sacudirse a Hermione de encima, aunque ella permaneció firmemente aferrada con sus dientes y la sangra ya manchaba la tela de sus pantalones.
- ¡AYUDA! – gritó Draco y cayó con Hermione al sofá, esperando que se soltara. Y lo hizo.
Sólo para coger impulso y clavar sus dientes en el brazo del Slytherin mientras con sus manitas tiraba de su cabello, Draco chillaba y daba tumbos por la habitación, con una explosión de dolor en sus brillantes ojos. Dumbledore y Snape que pasaban fuera del retrato que daba a la sala común de los chicos, pudieron oír los gritos que de allí salían.
- ¿Deberíamos entrar? – preguntó Snape con preocupación.
- Espera un minuto. – le contestó el director – Tal vez la señorita Granger está conociéndolos.
En el interior, Harry había salido al rescate de su amigo. Aunque la pequeña Hermione no entendiera nada de eso. Cuando Harry se puso del lado de Draco, ella empezó a dirigir sus piernas hasta el estómago y la cara de Harry.
- ¡NO DEJARÉ QUE ME ATRAPÉIS! ¡SECUESTRADORES! ¡VÁIS A MORIR AHORA!
- Realmente creo que deberíamos entrar, ahora. – dijo Snape.
- Estoy totalmente de acuerdo. Aunque me temo que no sé la contraseña. – dijo Dumbledore, riendo entre dientes.
Snape le devolvió la mirada boqueando, pero sin decir ni una palabra. Empezando a correr por el pasillo, se dirigió hacía el despacho de Tobin, creyendo que la vida de su ahijado dependía de ello.
- ¡DEBÉIS MORIR! ¡MALVADOS SECUESTRADORES! ¡OS VOY A MATAR!
- ¡HARRY! – gritó Draco con absoluto terror, la sangre se escaba de varios de los rasguños que tenía en el rostro - ¡QUÍTAMELA DE ENCIMA!
- ¡ESTOY UN POCO OCUPADO! – gritó el niño que sobrevivió, intentando agarrar los pies de Hermione mientras está continuaba pateándolo, sus gafas ya estaban destrozadas y tiradas inútilmente en el suelo y su visión estaba totalmente desdibujada.
- ¡PUES ENTONCES, DESOCÚPATE! ¡VA A MATARME!
- ¡TIENES TODA LA RAZÓN! ¡LOS SECUESTRADORES COMO TÚ DEBEN MORIR! ¡Y YO HARÉ JUSTICIA! – mirando por encima de su hombro, Hermione dirigió su pie con fuerza hacia la ingle de Harry, componiendo una gran sonrisa cuando vio cómo se desplomaba en el suelo y se encorvaba del dolor - ¡TE HE PILLADO, HOMBRE MALVADO!
- ¿HARRY? ¿QUÉ HA PASADO? – gritó Draco, ya que ahora sentía las patadas de Hermione en sus piernas, y que la niña había asaltado por competo su cuerpo - ¡HARRY! ¡AYUDAAA!
Dumbledore suspiró detrás del retrato. Leviculus sonreía.
- Parece que se están uniendo. – sonrió el bufón – La señorita Granger es una chica bastante animada.
- ¿Seguro que no puedo entrar? Soy el director.
- Lo siento, señor. Pero estoy bajo las estrictas órdenes de la profesora Tobin; no abrirle a nadie a menos que tengan la contraseña o que sea una emergencia.
- ¿Y eso no se clasifica como una?
- No, me temo que no.
Mientras tanto, en la Torre Este jadeando y resoplando frente a la puerta del despacho de Tobin estaba Snape.
- ¡ERIN TOBIN! – gritó golpeando con las dos manos la puerta - ¡ABRE LA PUERTA AHORA MISMO!
La profesora de maternidad abrió su despacho, con rulos en su pelo y vistiendo un camisón azul pastel.
- Buenos días, Severus. – saludó bostezando - ¿No es un poco pronto para ponerse a gritar?
- ¿Cuál es la contraseña para retrato del bufón? – preguntó apresuradamente, sacudiendo a menuda mujer por los hombros cuando vio que no le contestaba - ¡DÍMELA ERIN!
- No hay necesidad de gritar. Es Parvulus, pero ¿Por qué la necesitas? – preguntó, observando como Snape ya estaba marchándose de allí a toda prisa, murmurando la palabra entre dientes.
- ¡VOY A MORIR! – gritó Draco, viendo muchas estrellas a su alrededor por los golpes que le estaba dando la niña contra la pared.
- ¡SI PIDES CLEMENCIA TE CONCEDERÉ UNA MUERTE MÁS RÁPIDA!
- ¡LOS MALFOY NO PIDEN CLEMENCIA!
- ¡ENTONCES MORIRÁS! ¡AL IGUAL QUE TU AMIGO!
- ¿HAS MATADO A HARRY?
Hermione dejó escapar una carcajada diabólica.
- ¡COMO TE ATREVES A MATAR A HARRY! ¡LE NECESITAMOS PARA DERROTAR A VOLDEMORT!
- ¡NO TENDRÁS QUE PREOCUPARTE POR ESO POR QUE VOY A ACABAR CONTIGO! ¡PREPÁRATE PARA MORIR, SECUESTRADOR!
- ¡NUNCA! ¡NUNCA ME VA A DERROTAR UNA NIÑA PEQUEÑA!
- ¡PUES ESTÁS A PUNTO!
- Ah, hola, Severus. – le saludó Dumbledore – Les está amenazando en estos momentos. ¿Tienes la contraseña?
- Parv… parvu… parvulus. – jadeó Snape, inclinándose débilmente contra el retrato.
- Muy bien. –exclamó Leviculus – Adelante. – se abrió y permitió que los dos hombres ingresaran dentro, encontrándose con una horrible escena.
El sofá estaba volcando, Caramelo estaba escondido con miedo bajo uno de los sillones. Harry yacía acurrucado en el suelo gimoteando y sosteniendo con sus manos una preciada parte de su anatomía. Gritos rebotaban contra las paredes, todos salían de Draco mientras Hermione le montaba, quien había dejado de morder su brazo para utilizar la boca para gritarle al chico y con las patadas dirigirlo, como si montara un caballo.
- ¡DETENEOS DE UNA VEZ! – gritó Dumbledore con voz autoritaria y dominante. Inmediatamente Hermione dejó de torturar a Draco y miró al hombre por encima de su hombro.
- ¡Oh, señor! – gritó la niña, dejando atrás a Draco y corriendo hacia el director. El Slytherin se arrugó en el suelo, mientras Snape corría hacia él para asegurarse de que estuviera bien – Esos terribles hombres me han secuestrado y…
- Estás perfectamente a salvo, señorita Granger. – le dijo Dumbledore, arrodillándose ante ella – Draco y Harry serán tus tutores temporales durante las dos próximas semanas.
- ¡Pero me han secuestrado!
- Le puedo asegurar que ninguno de los dos le ha secuestrado. Tuve una reunión con sus padres y ellos le han dejado venir y unirse a nuestro programa de dos semanas en el que dos de nuestros estudiantes se hacen cargo de un niño de cinco años.
- ¿Así que no son secuestradores?
- Así es. – dijo Harry, poniéndose dolorosamente en pie – Ni siquiera nos has dado la oportunidad de explicarnos.
- Bueno, señorita Granger. – sonrió Dumbledore – Bienvenida a Hogwarts.
