Hola amores, siento muchísimo haber abandonado esto durante más de una semana sin avisar.
Pero la ola de calor que ha asolado españa esta ultima semana ha sido para mí casi mortal. Era impensable ponerse más de media hora frente a un ordenador y me he pasado los días de la playa a la piscina. Llevamos dos días de tregua, así que al fin he podido acabar la traducción, espero que lo entendáis :(
No puedo prometer cuando volveré a subir el siguiente, pero espero no tardar mucho. El siguiente será el nuevo cap de "Partners" y el siguiente de esta historia espero poder colgarlo antes del lunes, pero de verdad que no prometo nada, por si acaso...
En fin disfrutad del capítulo :D
Besitos desde el infierno... xD
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de IcyPanther -.
Capítulo 30 – The Food that Teaches: Jell-O. (El Alimento Educativo: Gelatina.)
Tomó un tiempo para que todo se encauzara y volviera el orden. Pomfrey tuvo a Harry y Draco acostados en la enfermería para poder suministrarle algunas pociones – para descontento de los dos – y vendar algunas de las lesiones anteriores.
Hermione tuvo que quedarse "quietecita" en una esquina sin moverse de la silla, mientras miraba sombríamente como la enfermera trataba a los chicos, manteniéndose allí simplemente bajo la amenaza de quedarse todo el día pegada literalmente a la silla.
Y así tuvo que permanecer todo el tiempo hasta la hora del almuerzo mientras Draco descansaba en la cama y Harry, después de haberle dado el alta, había regresado a la sala común para poner todo en orden y consolar a su pobre perrito, quien todavía seguía encogido bajo el sillón.
- Me aburro. – se quejó la niña sobre las doce y media, el carrito con el almuerzo ya había pasado y su interés por la comida había decaído tan pronto su estómago estuvo lleno - ¿No puedo bajar ya de esta silla?
- No. – le contestó Draco con firmeza, sentado desde su cama mientras leía la lección que se había perdido de Transformaciones y la de Encantamientos – la clase que se estaba perdiendo mientras estaba allí sentado – estaba esperando sobre la mesita de noche.
- ¿No puedo leer un libro? ¿Por favor, Draco?
El Slytherin vaciló. Claro, casi lo había matado, había herido a Harry, traumatizado a toda una clase de Transformaciones y convertido a varios de ellos en sapos… pero sólo era una niña y estaba aburrida. Y Draco se sentía un poco culpable por hacer que se sentara en una silla durante más de cuatro horas.
"No, se fuerte. Contrólate, Malfoy. Eres un Slytherin. No tienes que ceder." – y entonces, Hermione utilizó un truco que rompió la determinación de Draco.
Unos enormes ojos color miel le miraban desde la silla, acuosos y brillantes.
"No son peores que los de Caramelos… no son peores que los de Caramelo…" – se repetía Draco en la cabeza, intentando imaginar los ojos del cachorro – "No funciona. No voy a dejarme influir por unos ojos. Soy un Slytherin. Ya he sido demasiado blando, pero es momento de actuar contundentemente."
- ¿Por favor? Te prometo que no haré nada… de verdad. Si quieres, lo leeré en la silla. No haré pedazos ni arrancaré las páginas.
Draco suspiró.
Hermione: 1 Draco: 0
- Ven aquí… sin embargo, no tengo ningún libro que vaya a gustarte. – la niña se acercó con cautela, asustando a Draco más que si hubiera ido corriendo y gritando con los dientes al descubierto. Al menos, entonces sabía que debía esperar un ataque, ahora… no tenía ninguna advertencia.
- ¿Puedo leer contigo? – preguntó, señalando el libro de Transformaciones – Parece interesante.
- Tengo que leerme este para mi clase. – puntualizó Draco – Tengo un metro de notas que tomar.
- Puedo leértelo mientras tú tomas notas. – sugirió, mientras ya trepaba a la cama.
- ¿Te encuentras bien? – le preguntó Draco, colocando una mano sobre su frente – No estás caliente. – murmuró para sí mismo - ¿Te duele el estómago? ¿La garganta?
- Me encuentro bien. – respondió ella con sinceridad - ¿Por qué?
- Porque… bueno, porque no me estás amenazando, ni dañándome, ni gritando o cualquier cosa que Hagrid calificaría como inofensiva.
- ¿Quién es Hagrid?
- Un profesor de aquí. Y el guardabosques. Pero ese no es el punto.
- ¿Crees que soy siempre así? - Draco asintió – No siempre. – dijo Hermione en voz baja – Pero ahora mismo estoy aburrida y no me apetece estar sentada en una silla. Y este libro pare de lo más interesante, pero lo estas usando y yo no puedo. Así que podríamos utilizarlo los dos si me dejaras leerlo.
"Todavía sigue siendo inteligente… y lógica. Al igual que la Hermione que conozco. Y le seguían encantando los libros… simplemente debía tener cuidado con su lado no tan dulce."
- Bien. – accedió Draco – Tú lees y yo escribo. Pero no te lo inventes, ¿de acuerdo?
- Prometido. – prometió la niña sonriendo, deslizándose bajo las mantas y apoyándose en la almohada junto a Draco – Bien, ¿por dónde lo has dejado?
- Por el segundo párrafo de la segunda página. – le contestó Draco, posando un pergamino en sus rodillas y blandiendo una pluma. No esperaba mucho de una niña de cinco años al leer un libro de hechizos de sexto año, pero pensó que eso la pondría de buen humor.
Un párrafo más tarde, Draco tuvo que corregirse a sí mismo.
- Contrariamente a la creencia popular, la forma de la vela si tiene un impacto en el marco de fotografías. Las velas hechas a mano en inmersión, sin ningún uso de magia, muchas veces tienden a crear un marco torcido con una cubierta de vidrio ondulado. En 1936 estos marcos se hicieron muy populares en el mundo muggle, algunos los utilizaron como espejos en los parques de atracciones muggles, sustituyendo los espejos por estos vidrios. – leyó Hermione.
- Las velas hechas a mano, que utilizan la magia para sumergir la mecha sin ningún problema en la cera hirviendo se convertirá en un marco con forma circular u ovalada, muchas veces se colgaban de las paredes en lugar de situarlas encima de las mesas. La tendencia de colgar las fotografías circulares fue inspirada por un hombre llamado Clag Leid. Quien comenzó a colgar las fotografías familiares en los marcos circulares a lo largo de las paredes de su salón y al ser un rico hombre de negocios muchas personas visitaban su casa, quienes se quedaron con la idea y comenzaron también a utilizarlos, creando una tendencia. Hoy en día, en muchas de las familias más antiguas de magos, los retratos circulares son todo un espectáculo muy común.
Cuando Harry volvió a entrar en la enfermería, se llevó una gran sorpresa – y el miedo volvió a invadirle – viendo a Hermione leyendo un enorme libro de texto mientras Draco escribía tranquilamente lo que la niña iba dictando.
- ¿Todo bien por aquí? – preguntó con preocupación.
- No estoy muy seguro. – respondió Draco, cautelosamente - ¿Cómo está Caramelo?
- Calmado, finalmente. Sin embargo, por el momento está escondido bajo la cama y no creo que vaya a salir. Pero se recuperará… espero. Le dejé un poco de agua y comida por si tenía hambre mientras estamos fuera.
Draco asintió.
- ¿Podrías preguntarle a Pomfrey si me puedo ir ya? Pociones va a empezar en pocos minutos y debería por lo menos intentar asistir a una clase.
Harry asintió, desapareciendo dentro del despacho de la enfermera mientras Hermione regresaba a la lectura. Segundos después la niña se detuvo cuando Harry volvió a salir con una sonrisa en su rostro.
- Eres libre para irte. Simplemente ha dicho que te lo tomes con calma y que no hagas nada peligroso.
Draco le lanzó una mordaz mirada a Hermione quien le devolvió una inocente sonrisa.
- Podemos intentarlo. – dijo Draco suspirando – Vámonos de aquí, entonces. – un minuto después sus libros volvían a estar colocados en su cartera y los tres se encaminaron hacia las mazmorras.
- Hace… mucho… frío. – castañeó Hermione con los dientes.
- Son las mazmorras. – le contestó Draco, perfectamente cómodo con el frío, después de haber vivido allí durante cinco largos años – No te preocupes, estaremos más calientes en el aula por los calderos.
- ¿Calderos? ¿Cómo los que usan las brujas? ¿Puedo hacer una poción? ¿Tienes ojos de rana? ¿Y colas de rata? ¿Y pies en escabeche? – Draco y Harry se fueron tornando de un ligero matiz verde cuando la lista de ingredientes de la niña iba en aumento - ¿Y piojos? ¿Y sanguijuelas? ¿Y patas de araña? ¿Y…
- Y creo que con eso ya es suficiente. – la interrumpió Harry – Además, tú no vas a poder hacer una poción.
Los ojos de la niña se endurecieron.
- ¿Qué quieres decir con que no voy a poder hacer una poción?
- Es sólo para estudiantes. – contestó Draco con nerviosismo; empezando a poner distancia entre él y la chica y apretando su mano contra la varita – No eres estudiantes, así que no vas a poder hacer nada.
- Haré una poción. – dijo con vehemencia – ¡Y no vais a poder detenerme!
- Te ataremos y asaremos. – le amenazó Harry – Podemos pararte y no dudaremos en usar la magia.
- Me gustaría ver como lo intentas. Yo también tengo una varita.
Harry y Draco saltaron hacia atrás cuando la niña se metió la mano en el bolsillo de su túnica y blandía un palo hacia ellos, con una pequeña hoja verde todavía adherida a él. Inmediatamente los dos jóvenes, se calmaron.
- ¡Te aturdiré y te ataré! – declaró Hermione, agitando el palo compulsivamente - ¡Si intentáis detenerme no dudaré en utilizarlo!
Harry se encogió de hombros.
- Venga adelante, inténtalo. Pero no vas a hacer una poción.
Hermione se quedó completamente inmóvil, antes de volver a poner su "varita" en el bolsillo. Tomando un cuidadoso paso hacia adelante y de repente cargó, gritando con toda la fuerza de sus pulmones. Pero esta vez, Harry y Draco estaban preparados.
- ¡Immobilus! – gritaba Draco a la vez que Harry gritaba un "¡Petrificus Totalus!". La niña se congeló a medio paso, perfectamente equilibrada sobre un pie, con los brazos extendidos y una mueca en su cara. Sus ojos, lo único que era capaz de mover, se alternaban entre los dos jóvenes con un ardor casi palpable.
- ¿Deberíamos levitarla? – preguntó Harry.
- Vamos. No quiero que vuelva a la vida mientras la estamos llevando.
Y así, Hermione entró en el aula de pociones, flotando a varios metros sobre el suelo y extrañamente silenciosa e inmóvil. Harry finalizó el hechizo de levitación y la niña cayó sobre una silla con una mirada matadora centrada en el niño-que-sobrevivió.
- Sentimos llegar tarde. – dijo Draco con indiferencia, dejándose caer en su asiento.
- Tranquilo, está bien. – le contestó Snape, mirando con recelo a Hermione – Confía en que hayas estado bastante ocupado. – y volviendo a mirar a toda la clase, el hombre ladró – Las instrucciones están en la pizarra. ¡Comenzad! ¡Tenéis hasta el final de la clase!
- Hoy tenía que ser el día en el que teníamos que preparar algo. – suspiró Harry. Durante toda la semana pasada habían estado investigando las propiedades de la Poción Perenne, justo la que iban a elaborar esa semana. Era bastante complicada y Hermione se había desinflado cuando se dio cuenta que ella nunca tendría la oportunidad de hacerla.
La poción era más para usarse con plantas, no con humanos. La señora Pomfrey le había pedido a Snape si sus alumnos de sexto año podían elaborarla; algunas de las plantas que tenía en la enfermería empezaban a marchitarse. Esa poción garantizaba una vida más larga en las plantas, de ahí el nombre Perenne.
- ¿Crees que debemos atarla? – cuestionó Draco, mirando a la niña, quien afortunadamente, todavía estaba petrificada.
- Eso sería demasiado cruel. – dijo Harry – Además, has dicho que antes se estaba comportando, ¿no?
- Pero eso ha sido porque estaba aburrida. Ahora que estamos aquí, no creo que se quede sentadita leyendo un libro. ¿Qué tal una correa?
- No la restringe totalmente. Tendría un pequeño perímetro para correr y ya que tendremos que mantenerla a nuestro lado, seguramente le haga algo a nuestra poción. – el brillo travieso que atravesó los ojos de Hermione en cuanto dijo eso, no hizo más que confirmar las sospechas de Harry.
- ¿La dejamos petrificada?
- No, probablemente la dañaríamos o algo. Los efectos secundarios, ya sabes.
- ¿Qué tal si la encerramos en el despacho de tío Sev?
Una imagen de Hermione de pie en medio del despacho con botellas rotas y todos los ingredientes esparcidos alrededor de ella y a Snape sacando su varita y apuntándole a él, atravesó la mente de Harry.
- No, eso no suena como la opción más segura. Podríamos simplemente dejarla desatada…
- ¿Y dejarla libre por toda la sala? No lo creo.
- ¡Pues piensa tú en algo!
- ¡Estoy pensando!
- Oohh. – exclamó la niña en cuestión - ¡Colas de rata! – dándose la vuelta, los dos chicos tragaron saliva cuando se percataron que los hechizos habían terminado y que ahora Hermione estaba libre. El resto de la clase también se había dado cuenta y detuvieron todo movimiento; con miedo de llamar la atención de la niña.
- Hermione… - dijo Harry con tanta calma como pudo, cerrando la mano una vez más sobre su varita – No. Toques. Nada.
Demasiado tarde.
Con un fuerte golpe, la tabla que albergaba todos los ingredientes de pociones cayó al suelo, rompiendo botellas y frascos, porque Hermione se había apoyado con demasiada fuerza al intentar coger las colas de rata. desafortunadamente, eso no fue lo único que pasó.
Lavender gritó con fuerza cuando uno de los ojos de sapo la golpeó en el pie, haciendo que la niña saltara hacía atrás… justo contra los estantes que bordeaban las paredes. Eso, por supuesto, provocó una reacción en cadena en cada uno de los estantes, haciendo que cayeran como piezas de dominó, todos los frascos, cayendo sobre los estudiantes que tenían debajo.
Estallidos de humo y colores brillantes comenzaron a propagarse por toda la sala, creando una mezcla de ingredientes impredecible y los gritos, el ruido, la confusión, el humo y el terror estaban engendrando el caos.
- ¡BASTA! – gritó Snape desde el frente del aula - ¡QUÉ NADIE SE MUEVA! – el silencio, salvo por el goteo de ingredientes al azar y el burbujeo de las mezclas en el suelo, se apoderó del aula. Más calmado y compuesto, continuó - ¿Hay algún herido?
- No lo creo. – dijo Terry desde la derecha – Pero no puedo ver nada.
Snape lanzó un hechizo para disipar el humo, que se esfumó inmediatamente, devolviéndole a los estudiantes la capacidad para ver y el daño fue revelado. Todo estaba hecho un asco.
- Bueno, - dijo Harry con forzada alegría – podría haber sido peor.
- Ja. Ja. – murmuró Draco, fulminando a Hermione - ¿Cómo podría haber sido peor?
- Bueno… alguien podría haberse hecho daño.
Draco rodó los ojos.
- Tú… - gruñó, señalando a Hermione – Siéntate ahora mismo donde estás y no te muevas. O al final te ataremos.
Gruñendo, pero por una vez haciendo lo que le decían, Hermione se sentó, con el frasco de colas de rata todavía entre sus manos. Bajo las órdenes de Snape, los estudiantes comenzaron a limpiar y a enviar varios hechizos de reparación en la clase.
- Ahora, - dijo el profesor una vez estuvo todo limpio – os sugiero que volváis a trabajar en vuestras pociones, todavía os queda alrededor de media hora. – suspirando, los estudiantes comenzaron una vez más a reunir los ingredientes, deseando que les hubiera dejado el resto de la hora libre.
- Tío Sev, - dijo Draco suavemente, dirigiéndose hacia su padrino – Sé que va en contra de las reglas pero, ¿podemos dejar que Hermione haga algo? No le hará daño a nadie, es sólo para mantenerla entretenida. – ambos miraron hacia donde Harry estaba sosteniendo a la niña con una mano, mientras esta intentaba colar las colas de rata en el caldero.
- Sería la mejor idea… - dijo Snape, suspirando – Esto, – dijo entregándole a Draco un gran frasco – es gelatina en polvo, está destinada para los primeros cursos, pero ¿por qué no le llevas un poco? El agua hirviendo no es demasiado peligrosa, ¿verdad?
- Verdad. – le contestó Draco, sonriendo – Gracias, tío Sev. – el hombre le dedicó un gesto amable y él se encaminó de vuelta a su mesa – Tengo la solución. – anunció, orgullosamente – Hermione, puedes hacer una poción.
Inmediatamente la niña dejó de intentar llegar hasta el caldero de Harry y miró con curiosidad al Slytherin.
- ¿Quieres decir que puedo hacer una poción?
- Sí. Todo lo que tienes que hacer es hervir tres tazas de agua. Y una vez que esté hirviendo, agregas una taza, pero sólo una, de estos polvos, ¿de acuerdo?
- De acuerdo. – dijo Hermione, sonriendo. Harry y Draco, intercambiaron miradas aliviadas y volvieron a concentrarse en su poción, dejando a la niña haciendo gelatina.
Mientras Harry estaba cortando pequeños pedazos de corteza de madera de cerezo, le propinó accidentalmente un codazo a Hermione, quien saltó del taburete sobre el suelo, sorprendida.
- Lo siento, Her… - comenzó Harry a pedir disculpas volteándose. Nunca llegó a terminar.
Una vez empezó a darse la vuelta, lamentablemente se las arregló para pisar el borde de la túnica de Hermione, logrando hacer una extraña pirueta, antes de caer sobre el caldero de agua hirviendo, que por alguna razón tenía dentro más de veinte copas de agua, cuando debían ser tres.
Con un chillido, Harry saltó del caldero, grandes y rojas quemaduras ya cubrían sus brazos y su espalda, incluso sus ropas estaban quemadas en algunos lugares.
- ¡Harry! – gritó Draco, arrodillándose junto al chico para ayudarle, aunque el Gryffindor retrocedió con un grito.
- A la enfermería, Potter. – dijo Snape, desde la parte principal de la sala - ¿Le gustaría que Draco le escoltara hasta allí?
Tambaleándose temblorosamente para ponerse en pie, Harry repasó las posibles opciones en su cabeza.
"Ir hasta la enfermería con Draco significaba que Hermione también iría con él. Y eso podía significar más dolor. Ir por mi cuenta, sin Hermione."
- Iré yo hasta allí, profesor. – jadeó con los ojos llorosos.
Snape asintió, con un atisbo de empatía en sus oscuros ojos al ver a Harry alejarse temblorosamente hasta la salida. En el pasillo, le llevó toda su fuerza de voluntad mantenerse en pie, concentrado en poner un pie delante del otro y así ir avanzando poco a poco.
"Sólo unos cien metros más… vamos Harry… tú puedes hacerlo… puedes… hacerlo…" – con un golpe suave, Harry se desplomó contra el frío suelo de piedra, sin ni siquiera haber llegado a salir de las mazmorras.
De vuelta al aula, Draco observaba a Hermione, quien le estaba dedicando una tímida sonrisa.
- ¿Por qué había tanta agua? – exigió saber el Slytherin.
- No era suficiente. – le contestó Hermione con mala cara - ¡Las tres tazas apenas lo llenaron!
- La próxima vez, haz caso de lo que decimos, ¿lo entiendes? Tienes suerte de que Harry estuviera lo suficientemente bien como para caminar por sí mismo… de lo contrario estarías en serios problemas. – desafortunadamente, Draco no tenía ni idea de que Harry no se encontraba en absoluto bien.
- ¿Puedo añadir más polvos? De lo contrario la poción quedará muy diluida. ¡Gracias Draco! – exclamó, sin siquiera esperar una respuesta. Recogiendo el frasco de la mesa, vertió todo el contenido en el caldero, tornando el agua de un fuerte color azul y burbujeando sin control. Reaccionando rápidamente, Hermione cogió una enorme cuchara de madera y comenzó a remover la poción con entusiasmo. De repente, se detuvo y olfateó el humo que salía del caldero.
- Esto es gelatina… no una poción. ¡Quería hacer una poción!
- Eres demasiado pequeña. – replicó Draco – Agradece que te hayamos dejado hacer eso.
- Lánzale un hechizo de enfriamiento. – demandó la niña.
- ¿Por qué?
- ¡Hazlo!
- No, - le contestó Draco con calma – no voy a hacer nada por ti.
- Lo voy a dejar caer. – sorprendido, Draco levantó la vista para ver a Hermione sosteniendo su dragón de peluche peligrosamente sobre la mezcla de gelatina – Si no haces lo que te pido, lo dejaré caer.
El Slytherin gruñó.
Draco: 0 Hermione: 2
- Congelo. – murmuró, agitando su varita sobre el caldero. Al hacerlo, el fuego se apagó y el líquido en el interior se convirtió en una sustancia suave, más conocida como gelatina.
- Ahora siéntate. – le ordenó Hermione, maniobrando al dragón y ahora dejándolo colgado sobre el burbujeante caldero de Draco. El resto de la clase dejó de trabajar para centrarse en lo que iba a pasar, después de esconderse detrás de sus propios calderos, por mera seguridad.
Draco, sin dejar de mirar a su animal de peluche, se sentó de mal humor en el suelo.
- Bien y ahora… - dijo Hermione sonriendo maliciosamente – Te vas a comer toda la gelatina que he hecho.
- ¿QUÉ? – exclamó Draco - ¡Allí por lo menos hay gelatina para medio centenar de personas!
- Lo sé. – le dijo Hermione alegremente – Pero como has intentado engañarme, tendrás que comértelo todo. ¿Qué harás, Draco? ¿Dejar que tu dragón se cueza en el caldero o comer un poco de esta deliciosa gelatina?
Draco observó a su alrededor, con la esperanza de que alguien se apiadara de él, pero todo lo que obtuvo fueron miradas y asentimientos de cabeza hacia la gelatina.
- Bien. – gruñó – Dame la maldita gelatina.
Con una sonrisa diabólica en el rostro, Hermione cogió un cuenco y acercándose al caldero empezó a llenarlo de gelatina.
- Esa es una de las cincuenta porciones que te quedan. – le dijo intencionadamente, dejando el cuenco con una gran cantidad de masa pegajosa y tambaleante delante del Slytherin - ¿Crees que podrás hacerlo?
- Observa y verás.
Unos veinte minutos más tarde, Draco estaba tendido en el suelo con las dos manos sujetándose el estómago.
- Ya no más. – gimoteo – Simplemente devuélveme el dragón.
- ¡Pero sólo has terminado doce cuencos! ¡Todavía te quedan treinta y ocho! ¡No puedes rendirte! O si no… - tomando un par de tijeras, Hermione cortó parte de la cuerda que había atado alrededor de Sparkles y que lo sostenía sobre el caldero burbujeante – Nunca volverás a ver a tu dragón de peluche.
A Pansy le sobrevino una repentina idea, se precipitó desde detrás de su caldero hasta agacharse tras el escritorio de Snape. Una vez que Draco había vuelto a engullir los cuencos de gelatina, Pansy agitó su varita en dirección al dragón de peluche.
- Accio Sparkles. – susurró, al tiempo que veía como el dragón y la cuerda de alrededor de su cuello volaban hacia ella - ¡LO TENGO, DRACO! – exclamó con felicidad.
Hermione gritó de rabia y cargó contra Pansy, quien gritó asustada y empezó a huir de la niña, con el dragón agarrado fuertemente entre sus manos.
- ¡Petrificus Totalus! – exclamó Ron, agitando su varita hacia Hermione. La niña se congeló a medio salto, mientras Pansy chocaba contra una pared por ir mirando hacia atrás, pero estaba más o menos ilesa.
- ¿Estás bien? – preguntó la Slytherin, corriendo hasta Draco - ¡HÁBLAME!
- Mi estómago… duele… - gimoteó Draco.
- Lo sé. – le dijo intentando consolarlo – Te sentirás mejor dentro de un rato… aquí tienes a Sparkles. – Draco envolvió al dragón entre sus brazos, murmurando un leve gracias – Tranquilo, no hay de qué.
- ¿Qué hacemos con toda la gelatina? – preguntó Ron, con la boca hecha agua.
- ¿Podemos comérnosla, profesor? – preguntó Terry.
Snape se lo pensó. Si dejaba que se la comieran, sería como decir que estaba siendo amable con los Gryffindors, pero si no lo hacía… se lo tendría que comer todo él o tirarlo a la basura. Y tirarlo estaba seguro que no se le permitiría, ya que era un desperdicio de alimentos.
- Adelante. – dijo suspirando – Simplemente no forméis ningún desastre.
- ¡FIESTA DE LA GELATINA! – exclamó Ron, precipitándose hacia el caldero de Hermione - ¿QUIÉN QUIERE? – muchos gritos de "yo" se escucharon por el salón a excepción del débil "no" de Draco, mientras que Hermione en su estado petrificado, no dejaba de mirar maliciosamente a Pansy. La pobre chica de Slytherin tenía ahora un nuevo enemigo.
En otra parte del castillo, McGonagall salía de sus aposentos, con una sonrisa relajada en sus labios.
- Ese ha sido el descanso que necesitaba. – sonrió, con un pergamino entre sus manos – Sin niños, sin señorita Granger y sin gritos. - después de entregarle esa carta a Severus tenía una clase con alumnos de cuarto, ninguno de los cuales estaba al cuidado de niños.
Mientras hacia el camino de ida hacia las mazmorras, la profesora de Transformaciones agradeció todavía más que ahora le tocara una clase con lo de cuarto año al empezar a escuchar los gritos que salían del aula de Pociones.
- Tengo que agradecer no tener clases con esos niños hasta el miércoles. Agradezco que Albus haya puesto estás barandillas en las escaleras que impiden que me caiga. Agradezco esas antorchas colgadas de la pared que hacen posible la visión. Agradezco ese cuerpo que le da algo de decoración a este sombrío pasillo. ¿Agradezco que haya UN CUERPO?
Acelerando hacía allí, la profesora se arrodilló, dándole la vuelta a la figura para comprobar su identidad.
- ¡¿Señor Potter?! – exclamó alarmada - ¿Puede oírme? ¿Señor Potter? – pasando la vista por las oscuras quemaduras, presumiblemente de más de segundo grado, McGonagall estrechó sus ojos canela – Vamos a la enfermería, Potter. – pero Harry no hizo ni ademan de levantarse ni reaccionó siquiera al sonido.
Le lanzó un hechizo de levitación y se precipitó por las escaleras, con el cuerpo de Harry flotando detrás de ella.
- ¡Poppy! – exclamó la profesora, irrumpiendo en la enfermería - ¡El señor Potter necesita ungüento para quemaduras!
La enfermera salió de su despacho, dejando caer la mandíbula al ver el estado de Harry.
- Déjalo sobre una de las camas. – le indicó – Boca abajo, por favor. – Harry gimió débilmente mientras le daban la vuelta con suavidad.
- ¿Potter? ¿Puede abrir los ojos? – preguntó McGonagall junto a él mientras Pomfrey le quitaba las ropas hechas jirones y se puso manos a la obra a untar el ungüento de color purpura en su espalda y brazos.
- ¿Qu…qué? – preguntó Harry, levantando levemente la cabeza de la almohada - ¿Profesora?
- Tiene graves quemaduras por el cuerpo, señor Potter. En toda la parte de atrás, para ser más exactos. – dijo la enfermera – Tendrá que quedarse toda la noche aquí. Ahora si deseas curarte esas quemaduras de las piernas, tendrás que ponerte esto. Iré a por un nuevo conjunto de ropa, cuando vuelva quiero que todo ese ungüento lo tengas encima, ¿entiendes?
- Sí, señora Pomfrey. – dijo Harry en voz baja, intentando incorporarse, ya que el dolor estaba remitiendo en la espalda y los brazos.
- Buen chico. – a medida que la enfermera se alejaba en busca de ropa nueva, Harry comenzó a frotar la sustancia pegajosa sobre las quemaduras y McGonagall volvió a encaminarse hacia las mazmorras, con el presentimiento de que determinada niña había sido la causante de eso.
Cuando llegó al aula de Pociones, estaba sorprendentemente vacía a excepción de Snape que sentado en su escritorio comía un cuenco de gelatina de frambuesa azul.
- ¿Severus? ¿Puedo entrar?
El hombre asintió y alzó en el aire una cuchara grande.
- ¿Gelatina, Minerva?
- Un poco. – le contestó, acercando un taburete hasta él y tomando asiento a su lado – Pero, ¿por qué exactamente estamos comiendo gelatina?
- La señorita Granger hizo suficiente como para alimentar a toda la clase y un poco más…
- Hablando de la señorita Granger… ¿le ha hecho algo al señor Potter?
- Se cayó en un caldero de agua hirviendo. – admitió Snape – Pero afirmó que podía ir hasta la enfermería por cuenta propia, así que pensé que no era tan grave. ¿Por qué?
- Lo encontré derrumbado en las mazmorras hace unos minutos, Severus. Tiene quemaduras de segundo grado en todo el cuerpo. Poppy le ha recomendado pasar la noche allí.
Snape parpadeó sorprendido.
- ¿Tan grave ha sido? Sin embargo, parecía estar medianamente bien. Un poco inestable, pero…
- Estamos hablando de Harry Potter. – dijo McGonagall suspirando.
- Tienes razón. ¿Has avisado a Draco?
- No, todavía no. ¿Dónde está?
- Lo más probable es que en el Gran Comedor como los demás estudiantes. Iba a dirigirme hacía allí después de terminarme la gelatina.
- Bueno, iré a informar al señor Malfoy del paradero de su pareja. – con un leve adiós, McGonagall volvió a subir hasta el Gran Comedor, sintiendo lastima (por primera vez) por Draco al darse cuenta de que tendría que pasar toda la noche solo con la señorita Granger.
Mientras tanto en el Comedor, los dos estaban sentados en la mesa de Gryffindor, donde Hermione estaba comiendo un plato de espaguetis sin, afortunadamente, hacerle daño a nadie y Draco descansaba su cabeza sobre la mesa, completamente agotado.
- ¿Señor Malfoy?
Draco levantó la mirada, con un matiz verde en su tonalidad.
- ¿Uhhm?
- Sólo quería informarle que el señor Potter está en la enfermería. La señora Pomfrey ha dicho que debe quedarse allí toda la noche.
- ¿Por qué? – preguntó Draco, ahora más alerta – Han sido quemaduras menores, ¿verdad?
- Me temo que no… tenían bastante mal estado.
- ¿Podemos ir a verlo? – preguntó Ginny, quien estaba sentada junto a Draco.
- En estos momentos está descansando, aunque si el señor Malfoy quisiera traerle un nuevo conjunto de ropa y la tarea de hoy, estaría bastante bien. – e inclinándose sobre el Slytherin le susurró – Buena suerte con la señorita Granger.
- Gracias, profesora. – le contestó Draco – Vamos, Hermione. Iremos a por algunas cosas para Harry.
- ¡Pero no he terminado de comer!
- Vas por el segundo plato… además después de visitar a Harry podrás comer más gelatina. Todavía nos queda bastante. – Snape, después de darse cuenta de que no podrían terminarse la gelatina incluso con Ron allí, decidió darle a cada estudiante un tarro lleno de gelatina para que se lo llevaran a sus salas comunes.
Despidiéndose de Ginny y Ron, Draco se dirigió hasta la sala Arcoíris, con Hermione a cuestas.
- Quédate ahí. – le ordenó Draco, señalando el sofá una vez hubieron entrado en la sala – Vuelvo enseguida. – y desapareció dentro de la habitación de Harry, sorprendiéndose al ver a Caramelo asomar la cabeza por debajo de la cama al tiempo que gimoteaba suavemente - ¿Qué te pasa? – le preguntó Draco, mientras sacaba un conjunto de ropa del baúl de Harry.
El perro dirigió la mirada hacia la puerta que conducía a la sala común.
- Hermione, ¿eh? Sí, pero por lo menos tú no tienes que cuidarla. – Caramelo dejó escapar un suave ladrido - ¡Hey, no te quejes! Tú puedes esconderte, yo no. – otro ladrido - ¿Harry? Oh, está en la enfermería. No volverá hasta mañana, así que tendré que cuidar también de ti.
Caramelo saltó encima de la cama de Harry acomodándose entre las almohadas, mientras gimoteaba suavemente. Después de dedicarle al cachorrito una palmadita de despedida, Draco salió de la habitación y cerró la puerta detrás de él, soltando un suspiro aliviado al comprobar que Hermione todavía estaba donde la había dejado.
Los dos llegaron a la enfermería a los pocos minutos, Draco exhausto después de haber tenido que perseguir a Hermione por uno de los pasillos inutilizado porque la niña había visto un fantasma y quería ir a tocarlo. El fantasma había resultado ser el Barón Sanguinario y ambos habían terminado huyendo de él que enfurecido había empezado a perseguirlos.
Harry era el único en el lugar, tumbado sobre las almohadas y sus gafas descansando sobre la mesita de noche. La parte superior de su torso y los brazos los tenía completamente vendados y en alguna de las zonas todavía se podía apreciar la asquerosa sustancia purpura que se había tenido que poner en casi todo el cuerpo.
- ¿Te encuentras bien? – le preguntó Draco, dejando los libros al lado de las gafas en la mesita de noche y la ropa limpia en la cama vacía de al lado.
Con cansancio Harry entreabrió los ojos, parpadeando incómodamente antes de que Draco le entregara las gafas.
- He estado mejor. – contestó finalmente – Pomfrey dice que he tenido suerte de que no me vayan a quedar peores cicatrices.
Un suave lloriqueo se escuchó antes de que Draco pudiera decir nada. Ambos chicos se miraron entre si y observaron a Hermione sentada en el borde de la cama de Harry, frotándose los ojos suavemente.
- ¿Hermione? – preguntó Harry preocupado.
- Lo siento. – susurró la niña – No pretendía que te hicieras tanto daño. ¡Lo siento! – exclamó, lanzándose a por Harry. Aunque esta vez, simplemente apretó la cara suavemente contra los vendajes, a la vez que pequeños sollozos hacían que sus hombros temblaran. Harry se estremeció del impacto, pero después pasó muy lentamente los brazos alrededor de la niña, en un abrazo.
- Está bien, fue un accidente. – murmuró – No llores, Hermione.
- Pero si os hubiera hecho caso, no habría puesto tanta agua en el caldero y no estarías tan mal herido. Así que si es mi culpa.
- Te perdono. – dijo Harry en voz baja – Está bien, de verdad. Estoy bien.
- ¿De verdad?
- Claro. – le contestó con una sonrisa. Dedicándole una sonrisa acuosa, se lanzó inmediatamente hasta Draco, dejando al Slytherin casi sin tiempo para reaccionar – También lo siento, Draco. Realmente te hice daño…
- Lo hiciste. – Draco estuvo de acuerdo con ella – Pero ahora estoy bien. Sólo tienes que aprender a calmarte un poco.
- Lo sé. – suspiró Hermione, con los brazos todavía fuertemente apretados alrededor del brazo de Draco – Es sólo que… cuando me porto así y me meto en problemas, mamá y papá me prestan atención.
- ¿Te descuidan en tu casa? – preguntó Harry, mirando con inquietud a la niña. Él había conocido a los señores Granger y le había parecido que tenían una buena relación con su hija, pero tal vez no había sido así de pequeña.
- En realidad no. – dijo Hermione – Pero mamá y papá trabajan todo el tiempo. Se marchan de casa antes de que me levantara para el desayuno y no vuelven hasta después de la cena. Y entonces están cansados y sólo quieren irse a dormir.
- Entonces, ¿quién te cuidaba durante el día? – preguntó Draco, con el ceño fruncido. Él al menos había tenido a Dobby y los demás elfos domésticos para mantenerle vigilado.
- Voy al colegio por la mañana. – dijo Hermione, con una pequeña sonrisa en su rostro – Me gusta estar allí. Excepto por Garrett. Es malo y un día me empujó del tobogán en el recreo y me rompí el brazo.
- ¿Le dijiste a alguien que fue Garrett? – preguntó Harry a la vez que algunos recuerdos de Dudley empujándole de los columpios en el parque y como tenía que volver solo a casa caminando con un grave esguince, invadían su mente. Él, por su puesto, le había dicho a tío Vernon que se había caído solo.
Hermione sacudió la cabeza.
- Garrett me dijo que volvería a hacerlo si se lo decía a alguna profesora, así que no lo hice. Pero ahora, cada vez que se acerca, le ataco yo primero. – dijo con orgullo – Consigo alejarlo, ¡y no ha vuelto a hacerme daño!
Harry y Draco intercambiaron una mirada mientras Hermione se dedicaba a explicarles que le había hecho a Garrett – que incluía, morderle, tirarle del pelo, puñetazos y le lanzamiento de objetos cercanos – para mantenerlo alejado.
Aunque sus tendencias violentas no eran nada de lo que enorgullecerse, ahora entendían un poco más de donde salían. En primer lugar siendo agresiva, evitaba que le hicieran daño, aunque le hiciera parecer un demonio en primera impresión.
- Bueno, guarda todo eso para Garrett. – dijo Harry, con el puño al aire – Aunque tienes que prometerme que cuando vuelvas a casa se lo contarás a tus padres, ¿de acuerdo? Lo que hace ese niño no está bien y seguro que con una lección no volverá a lastimar a nadie más. ¿Me lo prometes?
- ¿Pero qué pasará cuando los adultos no estén allí? Me podría volver a empujar del tobogán…
- Te pondremos un hechizo protector antes de que vuelvas. – le dijo Draco – De esa manera no podrán volver a hacerte daño.
- ¿Un hechizo mágico? – preguntó Hermione con los ojos abiertos como platos - ¡Eso es genial!
- Pero tendrás que decírselo a tus padres y a los profesores.
- Vale.
- ¿Y quién cuida de ti durante el resto del día? – le preguntó Harry – ¿Después del colegio?
- Mi niñera. – dijo Hermione con una mueca – No me deja hacer nada y siempre me dice que me quede sentada en mi habitación. Allí tengo mis libros, pero sigue siendo aburrido. Pero si causo problemas y consigo que ella me regañe, después tengo la oportunidad de hablar un poco con papá y mamá, aunque sea para regañarme.
- ¿Tus padres pasan tiempo contigo aparte de regañarte? – volvió a preguntarle Harry.
- Cuando pueden. Normalmente los fines de semana que no tienen muchas citas; sólo papeleo. – le contestó Hermione – Sin embargo, no es culpa suya.
- ¿Así que sientes la necesidad de meterte en problemas sólo para pasar más tiempo con tus padres? – le preguntó Draco, obteniendo un pequeño asentimiento de cabeza de la niña.
- Hermione, esa no es una buena manera de intentar que tus padres te presten más atención. – le dijo Harry con suavidad – No es bueno ni para ti ni para ellos. Sé que eres muy inteligente… ¿has intentado hablar con ellos al respecto?
- No. - susurró ella, apretando sus manitas contra la manga de la túnica de Draco – Yo no quería molestarlos.
- Oh, Mione. – dijo Harry abriendo sus brazos para que la niña se envolviera en ellos, Draco fue arrastrado también hasta allí porque Hermione se negaba a soltar su túnica – Estoy seguro de que agradecerían que les molestaras por algo como eso.
- ¿De verdad?
- De verdad. Son tus padres y te aman. Si supieran que eres tan infeliz, sé que querrían arreglarlo.
Hermione asintió y se secó los ojos con las manos.
- Yo también quiero arreglar lo que hice. – dijo – Quiero pedirle disculpas a esa profesora por convertirla en un sapo y al director por ser tan grosera.
- Sus disculpas son aceptadas, señorita Granger. – dijo Dumbledore sonriendo, entrando en la enfermería. Había oído casi toda la conversación y estaba bastante impresionado con el manejo de la situación de los dos jóvenes - ¿Confío en que tendrá un mejor comportamiento después de esto?
- Sí, señor, lo tendré. – declaró, asintiendo con entusiasmo.
- Estoy seguro de que la profesora McGonagall también aceptará sus disculpas. Tal vez pueda decírselo cuando la vea en la próxima clase. Pero ahora, señor Potter, creo que es momento de que descanse un poco.
- Sí, profesor. – le contestó Harry asintiendo – Gracias por traer mis cosas, Draco.
El Slytherin asintió y se puso en pie, Hermione se deslizó de la cama y aterrizó en el suelo.
- Espero que te encuentres mejor. Tenemos Criaturas Mágicas después del desayuno.
Harry gimió, dejándose caer sobre las almohadas al tiempo que Dumbledore soltaba una sonrisita por lo bajo. Con un gesto de despedida y un "buenas noches", Draco y Hermione se marcharon de la enfermería.
Un momento después, Dumbledore y Harry estaban alerta y en pie en medio de la enfermería debido a los gritos que empezaron a escuchar desde el pasillo.
- ¡NO TOQUÉIS AL BARÓN SANGUINARIO Y VIVIRÉIS! ¡MORID, ESTÚPIDOS MORTALES!
- ¿Qué habrán hecho está vez? – preguntó Harry, cogiendo el libro de Encantamientos.
- ¡OS MATARÉ! ¡MORID! – se escuchaban más gritos, pero cada vez eran más débiles. Harry se encogió de hombros, no era su problema. Dumbledore simplemente se rió entre dientes.
De vuelta en los pasillos, Draco y Hermione huían por sus vidas con un fantasma muy cabreado detrás de ellos.
- TENÍAS QUE TOCARLO, ¿NO? – le gritó Draco a Hermione quien iba a cuestas sobre él.
- ¡LO SIENTO! ¡QUERÍA COMPROBAR SI MI MANO PODÍA ATRAVESARLO!
- ¿Y POR QUÉ HA TENIDO QUE SER A ESE FANTASMA?
- ¡NO LO SABÍA! – se lamentó la niña.
Llegaron a su retrato justo con el Barón Sanguinario detrás de ellos.
- ¡PARVULUS! – le gritó a Leviculus, entrando inmediatamente cuando este se abrió.
- Corres realmente rápido. – le comentó Hermione, sentada en la espalda de Draco cuando este cayó al suelo - ¿Podemos hacerlo otra vez?
Draco ni siquiera tuvo fuerzas para decir que no. Lo cual no le favoreció mucho porque Hermione tomó ese silencio como un…
- ¡Sí! – exclamó, lanzando sus brazos al aire – Lo haremos otra vez mañana por la mañana, ¿de acuerdo?
Draco simplemente gimoteó en respuesta.
ATENCIÓN: Este fic tiene una secuela en la que en teoría iban a profundizar más en las relaciones adolescentes y donde Lucius y Voldemort también iban a tener más papel al ser Drama/Romance y no humor como esta. Pero no está acabada, está en Hiatus desde el 2011 y sólo tiene 14 capítulos. Por eso no creo que la vaya a colgar (no me gustaría tener una historia a medio acabar), pero puedo asegurar que si Icy en algún momento decide terminarla, pues la acabaré de traducir y la colgaré. Siento decirlo.
Bueno, ya podemos entender de donde sale la agresividad de Hermione, pobre. Me gusta este fic porque a parte de tener ese humor estúpido que nos saca sonrisas en cada escena cuanta una realidad que muchos niños viven, carencias afectivas y abusos. Hemos visto el maltrato físico de Lucius a Draco, el maltrato psicológico que ejercían los tíos de Harry sobre él y ahora hemos visto la agresividad que puede engendrar un niño simplemente por el hecho de sentirse "abandonado" por sus padres, incluso aunque ellos la adoren... es una triste realidad...
Pero fuera de dramas espero que os haya gustado el cap ;) y que nos veamos pronto!
Contestación a los reviews sin cuenta:
Angelique: JAJAJAJAJA Si, esa Hermione podría considerarse una terrorista, espero que te haya gustado la parte de la clase de pociones ;) Besos y gracias por el review cielOO! PD: Acabo de ver tu segundo review, aww eres adorable (L) Estoy perfectamente, pero la ola de calor que nos ha invadido me impedía pasar más de 15 minutos delante del ordenador y me he pasado la mayoría de días en remojo como un pececillo... xD Sienot haberte preocupado cielo y espero poder actualizar pronto :D Muchas gracias una vez más y millones de besos más ;)
mia luna: JAJAJAJA SI el capítulo anterior es para partirse en dos de la risa... esos dos atrincherados en la enfermería por lo aterrorizados que están de una niña de cinco años xDD Siento haber tardado más de lo normal en actualizar, pero me ha sido imposible acabar de traducir con la ola de calor... muchas gracias por el review y espero que hayas disfrutado del cap! Besos!
SALESIA: JAJAJAJA Espero que finalmente tus vecinos o te dijeran nada por reírte como una loca desquiciada... xDD y también me alegro que al final no te atragantaras con el pastelito xD Tienes razón ahora la señora Pomfrey tiene que sentirse empatizada con ellos, pero bueno con ese pequeño monstruo detrás de ellos dudo que ese muy contenta de verlos aparecer xD JAJAJAJAJAJ me ha matado lo del demonio de Tazmania, buenísimo xDDD JAJAJAJAJAJ SIII Hermione seguro que causa el pánico entre las filas del señor Oscuro, es terrorífica... xD Y si tienes razon en el uso de la magia de Hermione, ya sabemos que es la bruja más inteligente de su generación, pero también que su magia no se anda con chiquitas xD Bueno Harry le pasó su energía a Hermione en el comedor para apagar aquel incendio que comenzó en la mesa de Slyhterin, pero fue magia involuntaria por el miedo, Hermione se ha sacado de la manga varios hechizos y ¡le han salido bien! ¡INCREÍBLE! Pero bueno en este cap hemos comprendido porque Hermione es así, es una táctica para llamar la atención de sus padres, para pasar más tiempo con ellos, aunque solo sea para que la regañen... me da una penita... T-T Siento mucho haber estado desaparecida más de una semana, pero en serio esto era el infierno... ahora se ha calmado un poco y espero que tarde unos días más en volver a subir la temperatura... En fin cielo, muchas gracias por el review y espero que nos veamos pronto, BESOTESS!
karla: Me alegra muchísimo que te esté gustando la historia, me sacas una sonrisa :D Y si Hermione debe ser un demonio escapado del infierno... xD Es terrorífica jajaja muchas gracias por el review y espero que te haya gustado el cap de hoy, en el que hemos podido profundizar más en el porque de la agresividad de Hermione ;) Besos!
kathy: Wolasss me alegra mucho que te este gustando la historia y si Hermione va a tener que pedir unas cuantas disculpas xD Espero que te guste el cap de hoy y siento haber tardado más de lo normal en colgar el siguiente cap, espero no tardar tanto la próxima ;) Besitos y gracias por el review!
