¡HOLAAA!
Estoy cumpliendo ehh, aunque nos haya asolado otra ola de calor :D La verdad que tengo muchas ganas de terminar ya esta historia y enfrascarnos en otra aventura ^^
¡Ya sólo nos quedan 3 capítulos!
Me voy a tomar mañana libre y el lunes os traigo el siguiente, lo prometo!
Disfrutada del cap amores!
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de IcyPanther -.
Capítulo 35 – Time for a Sleep Over! (¡Hora de una fiesta de pijamas!)
Harry se despertó por algo que empujaba su rostro y por unos gemidos ahogados que eran el único sonido de la mañana. Intentó abrir los ojos, pero entró en pánico al ver sólo oscuridad. Hurgó con una de sus manos en uno de los cajones de la mesita buscando sus gafas y se las puso en la nariz, aunque la oscuridad todavía persistía.
Alzó las manos para tocarse la cara y se sorprendió cuando sintió el tacto de algo suave y blandito; definitivamente eso no era su piel. Agarrando el borde de lo que fuera que tenía adherido a la cara y tiró de ello, sintiendo un leve escozor en las mejillas cuando el pegajoso material se desprendió de su piel. Pero el horror ante lo que vio supero el leve dolor.
Aturdido, Harry se quedó mirando lo que tenía en la mano, mientras su mente procesaba los acontecimientos de la noche anterior. ¿Había estado borracho? No… él nunca había tomado ni una gota de Whisky de Fuego en su vida. ¿Era Halloween y por eso iba vestido de momia? No… octubre no había hecho más que empezar.
Y una vez que Harry comprendió que nada tenía sentido, excepto por el hecho de que estaba recubierto de compresas femeninas, hizo todo lo que un adolescente normal haría en su lugar. Gritó como un loco.
Draco se despertó ante el grito y casi comenzó a gritar él cuando se dio cuenta de que no veía bien. Pero al darse cuenta de que algo estaba obstaculizando su visión, de un tirón se lo arrancó, observando horrorizado el artículo.
- Tengo una compresa pagada a mí. – se dijo con calma – En realidad, tengo muchas más… - se volvió a decir, observando su cuerpo recubierto de compresas – Y también hay tampones flotando en mi cascada.
Eso último, pareció hacer clic en su cerebro.
- ¡MI CASCADA NO! – corriendo hacia allí, Draco intentó sacar los submarinos que parecían tener vida propia y le esquivaban con facilidad, aunque realmente era el frenesí del Slytherin lo que causaba que se le escaparan.
En su habitación, Hermione se despertó encantada de escuchar a sus tutores. Deslizándose con entusiasmo de su cama, salió de la habitación, jadeando en cuanto sintió agua empapando sus pies en cuanto abrió la puerta. Unos diez centímetros de agua cubrían toda la sala común, saliendo de la bañera y el lavabo que hacía mucho que habían inundado todo el cuarto de baño.
Corrió hacia la pared y lanzó una de las compresas al agua, soltando un gritito cuando vio cómo se hinchaba absorbiendo un poco de agua.
- Es esponjosa. – dijo riendo y lanzando otra al agua. Ladeó la cabeza escuchando los gritos de los chicos – parece que están completamente despiertos. Me pregunto si les habrán gustado las nuevas decoraciones…
Saltando hasta la habitación de Harry, abrió la puerta de un tirón.
- ¡Buenos días, Harry! – canturreó.
El chico la ignoró todavía gritando e intentando quitarle las compresas a Caramelo. Dejando la habitación de Harry, se dirigió corriendo hacia la de Draco.
- ¡Buenos días, Draco! – el Slytherin levantó la mirada de su cascada.
- ¿Has hecho tú esto? – gruñó, señalando las compresas de su cuerpo y los submarinos de su fuente.
- ¡Sí! ¿No es bonito?
Draco gruñó al tiempo que murmuraba algo, pero lo único que Hermione escuchó fue: Matar, muerte y bruja. Ninguna de las cuales sonaba muy bien.
- Creo que me voy a ir ya… - dijo, retrocediendo nerviosamente hacia la puerta. En cuanto abrió la puerta empezó a huir, al tiempo que Draco se abalanzaba sobre ella con un brillo salvaje en los ojos - ¡HARRY! ¡AYÚDAME! – corriendo hacia la sala común y estrellándose con el Gryffindor que acababa de salir de su habitación.
- ¡Aléjate de ella! – gritó Draco - ¡Quiero matarla!
- No, - dijo Harry de manera firme, logrando que las rodillas de Hermione temblaran de alivio – tengo prioridad. – olvidad lo del alivio.
- ¡No… no podéis matarme!
- Obsérvanos. – dijo Draco, acercándose de manera constante con su varita alzada.
Hermione gritó e intentó huir hacia su habitación, pero los dos chicos le bloquearon el paso.
- No pienses que podrás huir. – le informó Harry – Vas a pagar lo que has hecho.
En ese momento, una alegre voz sonó desde el otro lado del retrato.
- ¡Buenos días a los tres! Hemos decidido pasarnos y recogeros para ir a desayunar.
- ¡Es Ginny! – exclamó Harry, corriendo hacia su habitación y cerrando la puerta. Draco hizo lo mismo, aunque el agua que había por toda su habitación se lo hizo un poco complicado. El retrato se abrió un segundo más tarde.
Ron se quedó boquiabierto en cuanto entró a la sala común detrás de su hermana, viendo con horror las paredes. Terry y Neville se quedaron igual.
- ¡Hola a todos! – dijo Hermione alegremente - ¿Qué opináis de la sala común?
- ¿Qué has hecho? – preguntó Pansy, sintiendo como su boca también se descolgaba.
- La he decorado. – dijo Hermione – Ahora las paredes son blanditas, así ni Draco ni Harry se harán daño. ¡Y mira! Cuando tiras las pegatinas se hinchan de agua.
- ¡Déjame intentarlo! – exclamó Lavender, imitando a su amiga - ¡Es muy extraño!
- ¿Qué es esto? – preguntó Blaise, recogiendo uno de los submarinos del agua. Pansy aplaudió a Blaise, una vez más había hablado (todavía era un acontecimiento extraño), pero la alegría murió en cuanto vio lo que tenía en la mano.
- Eso es malo. – dijo Neville, sacando la varita y arrancándole el tampón de las manos, antes de volver a lanzarlo al lago.
- ¡No es malo! – exclamó Hermione - ¡Son mis submarinos!
- ¿Dónde están Harry y Draco? – preguntó Ginny nerviosamente, mirando a su alrededor buscando a alguno de los tutores para que les explicaran este espectáculo.
- ¿Escuchas eso? – preguntó Hermione. El grupo se quedó en silencio y agudizaron los oídos. Unos gritos amortiguados se escuchaban desde la habitación de Harry, más algún que otro aullido – Los dos están en sus habitaciones, pero por alguna razón están muy molestos… no sería inteligente aparecer por allí.
Ginny, haciendo caso omiso de la advertencia de Hermione, se encaminó por la sala común repleta de agua hasta la habitación de Harry, entrando sin previo aviso. Pero lo que vio la hizo retroceder en estado de shock.
- ¿Harry? – susurró con cautela, extendiendo una mano - ¿Ella… ella te ha hecho esto?
Harry asintió con la cabeza, con el rostro enterrado en su almohada y Caramelo justo al lado de su amo.
- No… no es tan malo. – lo consoló Ginny, recogiendo a hurtadillas la cámara de fotos de la mesita de noche y tomando algunas fotos. La pelirroja no iba a utilizarlas en su contra, pero quería que cuando todos volvieran a la normalidad, tuvieran un gran surtido de ellas.
- Es horrible. – gimoteo Harry, levantando sus manos e intentado quitarse una de las compresas del pelo – Son muy difíciles de sacar… y duele.
- Ella no lo sabía… sólo es una niña.
- Va a ser una niña muerta… - aclaró Harry, levantando la cara de la cama, con un brillo peligroso en sus ojos esmeraldas.
- Ya, ya… - dijo Ginny, adelantándose y tirando de la compresa que Harry había estado intentando quitarse, haciendo caso omiso de sus quejidos – No quieres matar a nadie.
- Sí quiero. – gruñó Harry – Pero será largo y doloroso. ¡Voy a vestirla con estas… estas cosas! Y entonces…
- No, no lo harás. Vamos, Harry. No seas tan duro con ella… estoy segura que si Draco y tú le decís que no vuelva a hacerlo, en un ambiente tranquilo y con madurez, no hará más este tipo de cosas.
- Ya es demasiado tarde. Probablemente ya has tomado fotos, ¿verdad?
- Por supuesto que no. – mintió Ginny, acariciando la mano de Harry antes de tirar de la compresa que también tenía allí, dejándole la piel más rosada de lo normal – No te haría eso. Ahora, quédate quieto e intentaré quitarte unas cuantas más…
En la habitación de Draco, el rubio se estaba mirando al espejo, recubierto de las cosas que le había puesto Hermione. Un suave golpe resonó en la puerta.
- Draco, ¿puedo entrar?
- No. – murmuró enfadado. Pansy no lo escuchó y entró de todos modos – Pensaba que te había dicho que no.
- Pero había algo que quería enseñarte. – dijo Pansy, con una sonrisa malévola extendiéndose en su cara – Mírame, Draco. – y el rubio lo hizo, habiendo olvidado por completo la poción que le había dado la noche anterior.
- ¡AAAAHHHHHHH!
La normalmente pálida cara de Pansy estaba recubierta casi al completo de manchas de color azul brillante, bajando por sus brazos y piernas, visible en sus pies calzados con sandalias.
- Tengo alguna teoría sobre quien pudo hacerme esto… - dijo Pansy todavía con voz dulce, mientras le aparecían más manchas en la piel al tiempo que parpadeaba - ¿Qué pasa, Draquito? – preguntó, avanzando hacia él con la cámara en ristre - ¿No te gusta mi apariencia? ¿Algo está mal en ella? Me he puesto un hechizo de ocultamiento durante todo el camino hasta aquí, pero ya ha desaparecido y por alguna razón, no puedo volver a lanzármelo…
Por ahora, Draco, había agarrado la cámara y su varita y se preparaba para tomar una foto de Pansy. Ante su sorpresa, su compañera de Slytherin le dejó tomar esa foto, por lo que él sabía normalmente le habría intentado estrangular.
- Ahora es mi turno. – sonrió la chica, levantando su cámara – Primero un vestido y ahora esto. ¿Qué va a hacer Hogwarts de ti, Draco?
- ¡DAME LA CÁMARA! – gritó Draco, abalanzándose sobre Pansy, quien tomó la fotografía en ese momento - ¡PANSY! ¡DEVUÉLVEMELA AHORA MISMO!
- No. – dijo ella, esquivándolo con agilidad – Iré a publicar estas alrededor del colegio, ahora. Es genial que ese chico, Creevey, me enseñará a sacar solo unas fotos a la vez en lugar de todo el rollo. ¡Te veo luego!
Cuando Pansy salió de la habitación, los gritos de lo que le esperaba en la sala común se escucharon. Draco sonrió; todos acaban de ver el aspecto espeluznante de Pansy. Con suerte, asustaría a todo el mundo y se burlarían de ella. Pero… si publicaba esas fotos. Él empeoraría mucho las cosas.
- Tengo que pensar una mejor venganza para la próxima. – se quejó para sí mismo Draco.
- ¿Qué son estas cosas? – preguntó Lavender, tocando la pared blandita de nuevo - ¿Podemos hacerlo en nuestra sala común, Ron?
- ¡Merlín, no! Vamos, nos vamos de este sitio, ¿Terry?
- Justo detrás de ti.
- ¡No quiero irme todavía! – se lamentaba Lavender, cuando Ron la cogió entre sus brazos y empezó a emprender el camino con el grupo.
- Nosotros también nos vamos. – dijo Neville, cuando Pansy llegó a su lado y recogió a Blaise, quien le lanzaba miradas desconfiadas a la Slytherin – Ginny, ¿estás lista? – exclamó en dirección a la habitación de Harry.
- Síp. – dijo la pelirroja con una sonrisa - Vamos a por algo para desayunar. Vosotros tres, ¡nos vemos en el Gran Comedor! – dijo alegremente, dejando el retrato con el grupo de Neville.
Harry salió de la habitación, con la mayor parte de compresas todavía en su cuerpo, pero había conseguido quitarse algunas.
"Pensamientos agradables… nada de querer matarla. Se amable."
Pero la reprimenda que Ginny le había dado desapareció tan pronto como divisó a Hermione, tarareando felizmente para sí misma y empujando los submarinos alrededor de la sala común.
"No debes… perder… el control" – pero el hecho de que la niña estuviera ilesa, sin avergonzarse en lo más mínimo y feliz al mismo tiempo, hizo a Harry perder los estribos.
Sin embargo, justo cuando estaba a punto de cargar contra ella, Draco salió de su habitación directamente a por Hermione. La niña escuchó el chapoteo del agua y levantó la vista, apartándose justo a tiempo para que Draco se diera de bruces contra el suelo.
Eso provocó a Harry. Con un grito de guerra él también se lanzó hacia adelante, persiguiendo a Hermione por toda la sala común. La niña corrió hacia el retrato, pero como le había dicho Leviculus una vez, no se abrió y por lo tanto no tenía escapatoria.
Mientras se encogía en sí misma, Harry y Draco fueron acercándose lentamente, con los ojos centrados con determinación sobre su presa. Una involuntaria risita se escapó de los labios de Hermione, a pesar de saber que la situación no era precisamente divertida. Pero ahí estaba, siendo acorralada por dos chicos con compresas rosadas por todo el cuerpo.
- ¿Ves algo de divertido en esto? – le preguntó Harry a su compinche.
- Absolutamente nada.
- Entonces, ¿por qué se está riendo?
- ¿Qué más da? Vamos a matarla de todas formas.
Hermione se calló ante eso. Al no ver ninguna ruta de escape y que los chicos seguían acercándose, Hermione se puso en pie, preparándose para prestar batalla. Justo cuando había perdido casi toda esperanza, vio una apertura por la cual escapar. Tomando la iniciativa, se precipitó entre las piernas de Harry, cayendo al agua. Sin perder tiempo, corrió hasta la ventana y la abrió, mirando con temor hacia el suelo.
Levantando la mirada por encima de su hombro, sus ojos se posaron sobre los dos adolescentes, quienes querían matarla. ¿El suelo o una muerte segura? Tomando una profunda respiración, Hermione saltó por la ventana, con los ojos fuertemente cerrados.
- Ha saltado… - cacareó Draco.
- Sí, lo ha hecho… - sonrió Harry nerviosamente.
Entonces, ambos intercambiaron una mirada.
- ¡ACCIO NIMBUS 2001!
- ¡ACCIO SAETA DE FUEGO!
Montándose en sus queridos palos de escoba, ambos Buscadores se precipitaron por la ventana, acelerando hacia la niña que todavía no había tocado el suelo. Harry se abalanzó por debajo de ella, cogiendo a Hermione en su escoba y Draco se puso a flotar al lado de ellos, usando una de sus manos para mantener el equilibrio de la pequeña.
- ¡Me habéis salvado! – exclamó, pasando los brazos alrededor del cuello de los dos chicos una vez que hubieron tocado suelo - ¡Sabía que no me dejaríais morir!
El equipo de Ravenclaw de Quidditch, que había estado practicando en el campo, habían visto toda la escena. A pesar de que la temporada de Quidditch todavía no había comenzado, los miembros del equipo que no eran niños, habían estado practicando nuevas técnicas de entrenamiento para preparase. Sin embargo, la visión de dos adolescentes cubiertos de compresas y una niña que saltaba por la ventana era mucho más interesante.
- ¡Hey, Potter! – exclamó el capitán de séptimo año, Jason Scrumtol - ¡Malfoy! ¿Qué lleváis puesto?
- ¿Puedo matarla ahora? – preguntó Draco, retorciendo los dedos.
- Es… un nuevo… ¿estilo? – dijo Harry.
- ¿Me lo preguntas o me lo dices?
- Es su culpa. – gruñó Draco, señalando a Hermione, quien sonreía inocentemente - ¡Ella ha hecho esto!
Un gran y retumbante estrepito rompió la conversación. Todos miraron hacia arriba para ver una cascada de agua caer desde la ventana, así como varios libros y papeles… y un submarino que aterrizó justo sobre la cabeza de Draco.
- ¿Quién tiene una cámara? – preguntó Jason, aunque sus palabras eran casi ininteligibles por las carcajadas que estaba soltando. Hermione felizmente le entregó una que había encontrado en su dormitorio. Les tomó un segundo para reaccionar a Harry y Draco. Y cuando lo hicieron, no fue una bonita imagen.
Draco se aceleró y abordó a Jason, empezando a luchar por el control de la cámara. Hermione gritó y huyo en cuanto Harry empezó a correr detrás de ella. El resto del equipo de Quidditch intervino para ayudar a Jason, ya que Draco le estaba golpeando bastante duro.
Harry quien ya estaba casi en el campo de Quidditch, detuvo su carrea y se volvió. ¿Por qué estaba avergonzándose a sí mismo quedándose allí por más tiempo? Podía volver a la torre, cambiarse y limpiarse. Asintiendo firmemente, el Gryffindor pasó de largo a los estudiantes que se estaban peleando, cogió su palo de escoba y volvió volando hasta la sala común. Mirando hacia el campo de batalla, el chico se encogió de hombros y se dirigió a su habitación para cambiarse.
El equipo de Ravenclaw, después de darse cuenta de que lo único que Draco quería era la cámara, la dejaron caer y salieron corriendo. Hermione no fue tan inteligente. Quería volver de nuevo a la torre y tenía planeado coger la escoba de Draco o de Harry. Pero no estaba muy preparada para el rabioso Slytherin que la estaba esperando.
Dando media vuelta, volvió a huir una vez más, con Draco pisando sus talones. Salieron de la zona del campo de Quidditch y se dirigieron más allá de los invernaderos.
El profesor Snape, estaba dando un paseo esa mañana. Él no era de los que salían a la calle a apreciar la naturaleza, sino que estaba allí porque la profesora Sprout le había dicho que tenía algunas plantas Beetroot recién cultivadas para su clase.
Acababa de salir del invernadero número cuatro, con dos Beetroot en macetas entre sus brazos, cuando vio a Draco. Su mandíbula se descolgó. Las plantas se estrellaron contra el suelo. Sus ojos se abrieron como platos. Su piel adquirió un tono mucho más pálido.
- ¿Qué va mal, Severus? – preguntó Sprout alegremente, cerrando uno de los invernaderos - ¿Un escarbato se te ha comido la lengua?
Sin dejar de sonreír, la profesora observó los terrenos del castillo y se quedó momentáneamente sin aliento, casi perdiendo el equilibrio.
- ¿Eso es…?
- No lo digas. – dijo Snape, sacudiendo la cabeza para volver a la realidad – Debe ser un hechizo ilusorio de algún tipo.
- Parecen lo suficientemente sólidos. – comentó Sprout, viendo a Hermione correr hacia el lago, lanzando agua con los talones hacia Draco y dejándolo momentáneamente ciego – Están interactuando con materia real.
- Simplemente dime, por mi propia salud mental, que sólo es una alucinación.
- Está bien. No son más que alucinaciones. Ahora, recogemos estás plantas y nos vamos a desayunar. – asintiendo, Snape se agachó y recogió las macetas (las cuales tenían un hechizo anti-rotura) y siguió a la profesora de Herbología hasta dentro del castillo.
Arriba, en su habitación, Harry había logrado quitarse cada compresa del cuerpo y ahora estaba vestido con su túnica, listo para darle la bienvenida al nuevo día. Se las había arreglado para deshacerse del agua de la sala común y había dejado como nuevas las paredes. Pero ahí era donde terminaban las cosas buenas.
A las paredes les faltaban huecos de pintura, bastante obvios contra la pintura de lunares azules y verdes. Los armaritos del baño que eran de madera estaban destrozados y sin posibilidad de reparación por los daños del agua. Los rotuladores que había usado Hermione para pintar los tampones habían vaciado su tinta encima de la alfombra, dejando marcas de colores por toda la superficie.
- Bueno, está mejor de lo que estaba hace unos minutos. – suspiró, pasándose una mano por su indomable pelo negro – Espero que Hermione y Draco vuelvan pronto… realmente deberíamos estar ya desayunando.
Después de esperar más de cinco minutos sin ninguna señal desde la ventana, Harry agarró sus libros y se dirigió hacia el retrato, sonriendo cuando vio el retrato de Leviculus medianamente inundado y al bufón no se le veía por ninguna parte.
Harry se sentó en la mesa de Gryffindor, con Ginny a su derecha y Neville a la izquierda, cuando empezaron a escuchar gritos justo detrás de las puertas. Los estudiantes vieron como Hermione Granger entraba desesperada por las puertas y corría a lo largo de las mesas, con un furibundo Draco Malfoy detrás de ella.
La visión de Hermione corriendo podría considerarse normal. La de Draco… ciertamente no lo era. La mayoría de cámaras fueron sacadas de sus mochilas y carteras y muchos inmortalizaron ese momento para siempre en la historia de Hogwarts. Después de todo, no todos los días se veía al Príncipe de Slytherin recubierto de productos de higiene femenina.
Harry, deseando no tener nada que ver con esos dos, hundió su cabeza entre sus brazos. Pero para hacérselo aún más difícil al Gryffindor, Hermione corrió hasta él precipitándose debajo de la mesa y acurrucándose junto a sus pies. Por supuesto, Draco, intentó lo mismo. Pero, por alguna extraña razón, a él no le funcionó tan bien.
El trasero de Draco se quedó medio atascado debajo del banco y empezó a pateras las piernas al aire para intentando infructuosamente liberarse. Con sus brazos extendidos intentaba agarrar a Hermione, pero quedando a tan solo unos centímetros de ella.
- ¿Puedo fingir que no están aquí? – murmuró Harry – Esto es muy vergonzoso.
- No creo que puedas… - sonrió Ginny, mientras Hermione comenzaba a gritar al ver a Draco sacar su varita con intenciones de utilizarla en contra de ella.
Harry compuso una mueca y apuntó con su varita a Draco.
- Desmaius. – el Slytherin cesó todo movimiento. Y sonrojado como un loco, Harry tiró de él hasta dejarlo sobre el banco y le hizo señas a Hermione para que también saliera de ahí.
Ignorando deliberadamente los susurros y las risitas del resto de la población de Hogwarts, arrastró a Draco hasta la sala común, con una Hermione dócilmente siguiendo sus pasos. Cuando llegaron al retrato, Harry se alegró de ver de nuevo a Leviculus al servicio del retrato un poco húmedo, pero por lo demás completamente ileso. Lanzó a Draco en un sofá, y después se acercó a la ventana para llamar a la escoba del rubio.
- Quédate ahí. – le advirtió Harry a Draco una vez se hubo pasado el efecto del hechizo y volvió a cargar contra Hermione – Habéis sobrepasado mis limites vosotros dos. ¡Draco, tienes dieciséis años! ¡Empieza a actuar como tal! Al menos cuando estés en público. Hermione, tienes que saber que no puedes hacer todo lo que quieras. No debes entrar en nuestras habitaciones sin permiso, ¿lo entiendes? Además, esas cosas que has utilizado no sirven para eso, ¿de acuerdo?
- Lo entiendo. – asintió Hermione – La próxima vez llamaré a la puerta y si nadie me contesta no entraré. Pero, ¿para que se supone que sirven, entonces?
- Algún día lo sabrás.
- Pero quiero saberlo ahora.
- Más adelante.
- Ahora.
- Ahora.
- Más adelante.
- Buena chica, en eso estamos de acuerdo. – sonrió Harry, revolviéndole el pelo - ¿Por qué no vas a vestirte con algo de ropa y te quitas ese pijama? Tenemos un calendario que cumplir.
Fulminando a Harry con la mirada, Hermione saltó del sofá bordeando a Draco y se marchó hacia su habitación.
- ¿No vas a decir nada? – preguntó Harry, sentándose al lado de Draco.
- Todavía quiero matarla.
Sabiendo que sería un golpe bajo, Harry dijo:
- ¿Sinceramente? Creía que sólo los mortífagos hacían eso.
Draco se puso rígido.
- Tú sabes a lo que me refiero.
- Entonces deja de decirlo. Haced las paces e intenta que no te saque de tus casillas. Ha prometido comportarse un poco mejor… ¿puedes hacerlo?
- Tú también estabas muy preparado para matarla conmigo. – señaló Draco.
- Lo estaba… pero recupere mis cinco sentidos. Tú no.
- Bien, bien. Voy a ir a quitarme estas cosas. Tú y Hermione podéis bajar a desayunar. Nos veremos en Historia.
- ¿Estás seguro? – Draco asintió – De acuerdo. Asegúrate de pasar por el comedor para comer algo… no querrás morir de hambre.
- Saltarme una comida no va a matarme. – dijo Draco, rodando los ojos. Y dicho esto, cerró la puerta de su habitación.
Unos veinte minutos después, Harry y Hermione ya habían terminado de desayunar; el del chico consistía en un panecillo de arándanos y una taza de leche y el de Hermione, una rosquilla, unas rodajas de manzana y su zumo de naranja. Y se dirigieron hacia la clase de Historia de la Magia.
Draco llegó unos segundos antes de que sonara la campana, vestido con sus túnicas negras normales, con Sparkles asomado de uno de sus bolsillos y su bolsa de libros colgada del hombro.
- Despiértame cuando esto termine. – susurró, antes de colocar la cabeza sobre la mesa para pronto caer dormido.
Harry lo miró con la boca abierta. No era bueno tomando notas… seguramente también estaría dormido en unos minutos.
"Puede que sean segundos…" – bostezó su mente en cuanto el profesor Binns comenzó la lección, su monótona voz hablando sobre la rebelión de los trolls.
Ambos se despertaron dos horas más tarde por Hermione, quien les informó que la clase había terminado, que había tomado notas por ellos y que se apresuraran o llegarían tarde a Encantamientos.
- ¿Hey, Hermione? – le preguntó Harry después de la clase de Encantamientos, que afortunadamente no fue tan desastrosa como la última - ¿Te gustaría visitar la biblioteca después de almorzar?
- ¡Una biblioteca! ¡Hay una aquí! ¿Realmente puedo ir?
- Claro, si me prometes que estarás callada mientras estés allí. A la señora Pince no le gusta mucho el ruido.
- ¿Quién es?
- La bibliotecaria.
- Ah. – respondió Hermione de manera sensata.
Los tres comieron un rápido almuerzo, Draco todavía evitaba a Hermione y después de eso se dirigieron hacia la biblioteca. Ambos adolescentes buscaron una mesa donde sentarse y hacer los deberes, dejando a Hermione, con toda su emoción, curioseando el lugar.
- Hay muchos libros aquí. – susurró Hermione, observando con asombro las cientos de estanterías y libros - ¿Cuál debería leer primero? – después de unos minutos, había seleccionado un gran número de libros – Me pregunto que será esa zona acordonada… - reflexionó. Observó a su alrededor por si veía alguna persona y sin divisar a nadie, se coló por debajo de la cuerda y fue a examinar los libros de esa zona. Sacó uno al azar de la estantería y lo abrió.
El libro soltó un fuerte grito y Hermione gritó con él. Lanzándolo, el libro se estampó contra la estantería, logrado que se tambaleara al estar más destartalada que la mayoría.
Lentamente se fue tambaleando hacia adelante y hacia atrás, hasta que finalmente decidió caer. Hermione cerró los ojos, para no ver como se estrellaba contra la estantería de detrás, creando así un efecto dominó en cuestión de segundos.
Los estudiantes gritaban en estado de pánico, apartándose del camino de las estanterías que caían y de la lluvia de libros. Hermione se escabulló hasta donde estaban Draco y Harry y actuó con inocencia, dejando la pila de libros que había recogido antes del desastre en una silla junto a ella.
En pocos minutos, todo había terminado. Cada estantería había sido derribada y el polvo de alguno de los más antiguos manuscritos flotaba en el aire, asfixiando a todos.
- ¿Quién ha hecho esto? – preguntó la señora Pince peligrosamente, situándose en el centro de la biblioteca - ¡Qué hable!
Nadie respondió.
- Tal vez… tal vez se ha derrumbado por sí mismo. - sugirió un pequeño Gryffindor – Algunas estanterías están muy viejas.
La bibliotecaria resopló con desdén.
- Lo dudo. La biblioteca tiene un hechizo de localización de cualquier hechizo de derrumbe o demolición. Si encuentro rastros de ello en el aire, sabré a quien buscar. Ahora, todos vosotros fuera, para que pueda arreglar este desastre.
- Me pregunto quién habrá sido. – reflexionó Harry cuando salían de la biblioteca y se unían a la multitud de estudiantes en la escalera. Hermione se mantuvo en silencio – Bueno Mione, ¿qué piensas de la biblioteca?
- Es muy grande. Y hay mucho que leer… ¿podemos volver cuando todo esté limpio?
- Claro. – le dijo Harry.
El resto de la tarde transcurrió con tranquilidad, terminando el día con una lección de Transformaciones. Hermione había estado demasiado inmersa en un libro sobre plantas que le había prestado Neville que no podía causar ningún daño, obteniendo un sincero agradecimiento de McGonagall la cual todavía no había olvidado su primer encuentro con la niña.
Aunque la cena cambió todo eso.
- ¡Hey, Hermione! – canturreó Lavender – Ron y Terry me han dicho que podía quedarme aquí si estaba con tus tutores
- ¡Genial!
- ¿Eso está bien? – preguntó Draco con cautela.
- ¿Podemos hacer una fiesta de pijamas? Por favor, ¿por un cepillado de dientes?
- Podemos ayudaros también a supervisar. – dijo Ron, sentándose junto a Draco en la mesa de Gryffindor.
- Supongo que entonces estaría bien… - dijo Harry lentamente, con la voz ahogada por los grititos de Hermione y Lavender.
- ¡Vamos a invitar también a Blaise! – sugirió Hermione.
- ¡Sí! ¡Vamos! – exclamó Lavender, saltando del banco y corriendo hacia la mesa de Slytherin, donde estaban sentados Pansy y su grupo.
Dos minutos después volvieron.
- ¡Ha dicho que sí! ¡Y Neville ha dicho que también vendría! Pansy ha dicho que no… que no irá a ningún lugar cerca de donde esté Draco. Sin embargo las manchas azules ya le están desapareciendo.
Y así fue como Draco y Harry se encontraron con tres niños salvajes (bueno, en realidad dos. Blaise era un niño muy tranquilo) y tres amigos (cuya compañía encontraban mucho más agradable).
La noche pasó tranquilamente, los adolescentes jugando al snap explosivo, mientras los niños coloreaban, jugaban a juegos de palmas o acariciaban y perseguían a Caramelo e intentaban sacar a Crookshanks de su escondite.
- Nunca le había visto reír tanto. – comentó Harry, observando a Blaise.
- Es agradable de ver. – coincidió Neville – Hermione, por extraño que parezca, es una buena influencia para él.
- ¿Creéis que sería hora de que se fueran a dormir? – preguntó Draco – Casi es medianoche.
- ¡Mañana tenemos clase! – gritó Ron - ¡Deberían haber estado en la cama hace siglos!
Los niños fueron esparcidos por el baño, metidos en sacos de dormir (Hermione en el medio, Blaise a su derecha y Lavender a la izquierda) y les dedicaron besos de buenas noches y abrazos. Y los tutores se repartieron por todo el lugar. Draco se metió en su cama y Harry en la suya. Ron tomó el sofá y Neville el sillón. Y Terry la cama de Hermione.
El despertar fue lo más difícil. Los estudiantes lucharon como animales por la ducha (todos preparados para tirar la puerta abajo cuando Draco decidió tomar una ducha de más de media hora) y vestirse fue un desastre.
- ¿Alguien ha visto mi túnica? – gritó Ron, excavando en una pila aleatoria de cosas en el suelo.
- ¡No puedo encontrar mis calcetines! – exclamó Terry.
- ¿Quién ha cogido a Sparkles? – exigió saber Draco. Hermione rió - ¡Devuélvemelo!
- He perdido mi cuarta Recordadora. – dijo Neville, mirando debajo del sofá.
- ¡DEVUÉLVEME A SPARKLES!
- ¿Alguien tiene mi cepillo de dientes? – preguntó Harry, saliendo del baño – No lo encuentro.
- ¡He encontrado mi túnica! – gritó Ron triunfante – No, espera. Esta es de Neville.
- Entonces creo que yo estoy usando la tuya… - dijo el chico y entonces se intercambiaron las túnicas.
- ¡LO DIGO ENSERIO, HERMIONE!
- ¡ATRÁPAME SI PUEDES!
- ¡Me has pisado un pie! – exclamó Lavender, fulminando a Terry - ¡Cuidado!
- ¿Necesitas ayuda para levantarte, Blaise? – preguntó Ron, arrodillándose junto al niño. Blaise asintió y el chico se dispuso a ayudarle.
- ¡HERMIONE ME HAS MORIDO! – gimió Draco, agarrándose el brazo.
- ¡LA PRÓXIMA VEZ NO COJAS MI DRAGÓN!
- ¡ES MÍO!
Finalmente, estuvieron listos para partir. Los ocho se apilaron en la mesa de Gryffindor y Harry le sirvió a Hermione su preciado zumo de naranja.
En mitad del desayuno, Hermione se puso en pie encima del banco y carraspeó fuertemente llamando la atención de todos.
Pero nadie le prestó la más mínima atención.
- ¡TENGO UN ANUNCIO QUE HACER!
Eso calmó a todo el mundo. Ya se habían acostumbrado a la extraña niña y después del día anterior estaban preparados para escuchar cualquier cosa que ella pudiera encontrar interesante.
- ¿Por qué tengo la sensación de que está a punto de decir algo malo? – murmuró Harry.
- Ni idea. – se encogió de hombros Ron – Tal vez quiera decir algo sobre la fiesta de pijamas.
Ron estuvo equivocado y Harry en lo cierto. Porque lo que Hermione dijo fue:
- ¡AYER POR LA NOCHE TUVE SEXO!
En fin... espero que durante esa ultima frase no estuvierais bebiendo nada y os haya hecho escupir lo que tuvierais dentro... xD Hermione es perturbadora... xD Veremos como acaba esto ;)
Nos vemos el lunes!
Besos!
Contestación a los reviews sin cuenta:
Chicadelasfrases: Pues no has tenido que esperar mucho para leerlo :D JAJAJAJA Si me imagino que la experiencia del corsé te hizo crecer profundamente... y por supuesto que te da el derecho a tirarle una piedra a quien te de la gana, no por nada te estás ahogando a propósito... xD JAJAJAJA Bueno Hermione no anda nada desencaminada... puedes comer caramelo del pecho o... de Draco... MMMMMmmMmMmmM Eso si sería dulce y sucio a la vez... en fin, voy a dejar de fantasear o se me va el santo al cielo... xD Espero que hayas disfrutado del capítulo de hoy y nos vemos el luness :D Besotess princesa!
Karla: Sii, la autora de este fic no deja de sorprendernos con capítulos estúpidos que hacen que te partas de risa... xD JAJAJA La parte de la pregunta del sexo es buenisisma y si te imaginas las caras de circunstancias de los chicos... xDDD Si, Hermione es un monstruito... mucho pero que Harry, Draco y Ron juntos... xD En fin espero que hayas disfrutado del capítulo y nos vemos el lunes con el siguiente! Besos!
SALESIA: JAJAJAJAJA Bueno me alegra que esta vez leyeras el cap a una hora más prudente, tienes que estar prevenida con estos capítulos xD Y bueno, te entiendo perfectamente, yo después de habérmelo releído como 50 veces, todavía me sigo riendo... xD Mi teoría de como Draco "logra" manejar a Hemrione, porque eso es muy relativo (él está ya hasta los cojones xD) es porque creo que a la Hermione pequeña también le gusta Draco y ya sabes lo que dicen, que si de pequeño te gusta alguien lo que haces para llamar su atención es molestarle y bueno, eso es lo que hace Hermione muy bien con Draco y por eso a veces consigue estar tranquila a su lado, a veces... xD Y no, por dios, que no le vuelvan a dejar un dulce cerca, si tiene que irse a dormir pronto... dios que hiperactividad... aunque yo tampoco me he creído nunca lo de los subidones de azúcar... de pequeña me hinchaba a chucherías y más azúcar que eso tienen pocas cosas... xD JAJAJAJ Yo también pensé que diría que había tenido sexo con Draco, pero recuerda que Harry dijo que solo se aplica a gente de la misma edad. Jajjajajajaja Yo tampoco creo que vuelvan a repetir el experimento... En fin cielOOO, espero que hayas disfrutado del capítulo de hoy y nos vemos el lunes con el siguiente! Ya solo quedan tres para empezar la siguiente traducción, estoy ansisosaaaa! Besososs (L)
Guest: Siii, Hermione es demasiado creativa... xD Es un pequeño monstruito jajaja! Espero que disfrutes del capítulo de hoy! Besos!
