Hola!

La verdad es que hoy se me ha hecho imposible tener el capítulo antes, aquí ya son las 22:30, pero finalmente os traigo el cap! Eso si, no voy a poder contestaros a los reviews porque ahora mismo me voy a cenar por ahí, así que tendréis que perdonarme y a ver si mañana puedo subir el siguiente y ya sólo quedará uno!

En fin espero que disfrutéis del capítulo y que tengáis un final de día estupendo!

Besos y gracias por todos los reviews, favoritos y alertas!

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de IcyPanther -.


Capítulo 36 – Hermione's a Teacher! (¡Hermione es profesora!)

Un mortal silencio siguió al anuncio de Hermione. Draco se congeló. La cuchara llena de avena estaba plantada a medio camino de su boca, suspendida en el aire dejando caer trozos de la sustancia marrón sobre el mantel blanco a causa de sus temblores.

Neville, quien había estado sirviéndose un vaso de leche siguió haciéndolo, mientras la bebida ya rebosaba el vaso y empapaba el mantel, aunque nadie prestó atención a ese hecho.

Harry, quien había estado esperando algo terrible, pero sin saber qué, dejó caer la cabeza entre sus brazos e intentó decidir la mejor manera de desaparecer. Podría aparecerse… pero como bien dijo Hermione una vez, en Hogwarts no teníamos esa posibilidad y tampoco es como si supiera aparecerse. Tal vez con una de esas cápsulas de Fred y George, pero no tenía ninguna. ¿La capa de invisibilidad? Arriba, en su habitación…

Ginny se tapó la boca para contener la risa, fracasando en el intentó y soltando un extraño resoplido amortiguado por sus manos. No sabía por qué le parecía tan gracioso, pero al menos no podían culparla por nada y no tenía la necesidad de sentirse avergonzada. Después de todo, ella no era la que cuidaba a Hermione.

Al otro lado del comedor, Pansy se cayó del banco tapándose la boca con una servilleta para amortiguar sus carcajadas y rodando por el suelo, chocó contra el banco con un golpe sordo.

En la mesa principal, Dumbledore tenía una sonrisa tirando de sus labios, a pesar de que luchaba por permanecer serio. Snape estaba fulminando con la mirada a Hermione y a Harry, culpándolos a ellos por tal declaración. McGonagall tenía una taza de té en sus labios para ocultar su creciente sonrisa.

Al lado de Neville, Blaise estaba tirando de la túnica de su tutor.

- ¿Qué es el sexo? – preguntó en voz baja.

Eso rompió el dique. Los estudiantes rugieron de la risa, Ginny golpeaba con sus puños en la mesa derramando la jarra de leche. La señora Norris, claramente asustada por el ruido (que cada vez sonaba más parecido a un grito de guerra), salió corriendo del comedor con Filch justo detrás de ella.

- ¿Por qué es tan gracioso mi anuncio? – dijo Hermione frunciendo el ceño, dejándose caer de nuevo en el banco y volviendo a recoger su zumo de naranja.

- ¿Qué es? – repitió Blaise, mirando a Neville. El Gryffindor, simplemente se tapó los ojos y comenzó a reír sin control.

- Se ha vuelto loco. – comentó Draco, señalando con la cabeza a Neville, que ahora se balanceaba hacia adelante y hacia atrás.

- ¿Puedes culparlo? – murmuró Terry – Yo también debería estar volviéndome loco…

- Con uno nos es suficiente… - gimió Harry.

Blaise se acercó a Hermione.

- ¿Qué es? – volvió a preguntar.

- Significa que hemos dormido juntos. – le contestó la niña sonriendo.

- ¿Lo hemos hecho?

- Sí. El sexo es cuando dos personas de la misma edad y de diferentes géneros duermen juntos. ¡Y dormiste conmigo ayer por la noche!

- ¿Lo hice?

Flashback

3:26 de la madrugada.

- Hazte a un lado. – susurró Hermione, empujando a Blaise al extremo opuesto de su saco de dormir.

- ¿Qu-qué? – bostezó el niño, rodando a un lado para que Hermione cupiera - ¿Hermione? ¿Qué estás haciendo?

- Quiero tener sexo. – dijo ella, acurrucándose a su lado y arrastrando la almohadada de su propio saco de dormir – Eso está bien, ¿no?

Blaise no le contestó. Se había vuelto a quedar dormido.

- El silencio siempre se toma como un sí. – dijo Hermione – Buenas noches, Blaise.

6:30 de la madrugada.

Sentada en su saco, Hermione observó alrededor de la silenciosa sala común. Bueno… casi silenciosa. Ron estaba roncando como un buldócer en el sofá. Era increíble que alguien siquiera pudiera conciliar el sueño.

Hermione sonrió y le dio unas palmaditas en la cabeza a Blaise. Ya había cumplido sus requisitos. Y de un salto, volvió a su saco de dormir.

Fin del Flashback

- Lo había olvidado. – admitió Blaise - ¿Así qué eso es el sexo?

- Bueno, eso es lo que me dijeron Harry y Draco. Y ellos no mentirían.

Por el momento, el estruendo del Gran Comedor comenzaba a apagarse y todo el mundo miró expectante tanto a Harry como a Draco.

- ¿Por qué nos miran a nosotros? – susurró Harry.

- Porque quieren nuestra explicación.

- Oh. Hazlo tú.

Draco se aclaró la garganta y se puso en pie encima del banco.

- A Harry le gustaría anunciar algo. – dijo con orgullo, antes de volver a tomar asiento.

- Tú… tú… - escupió Harry, apuntando a Draco con el dedo.

- Slytherin. – sonrió Draco.

Harry, mascullando maldiciones en voz baja, se puso en pie para hacer frente a la multitud.

- Uhmm… bueno, veréis… ehh… Hermione… ella…

Draco gimió y empujó a Harry hacia abajo. Lo estaba empeorando, si es que eso era posible.

- Lo qué está intentando decir, - dijo Draco, tomando el lugar de Harry – es que él le explicó que, el sexo, significa dormir juntos. Es decir, que la definición fue sin nada implícito. Anoche estuvo con unos amigos en una fiesta de pijamas… y sólo puedo suponer que lo ha dicho por eso.

- Así que ella no…

- No. – le gruñó Draco a un Slytherin que se había atrevido a insinuar cosas.

McGonagall, finalmente, recuperó el control de sí misma y poniéndose en pie, hizo sonar una cucharita contra su copa de cristal.

- Pido atención, por favor. – dijo, todavía con los ojos brillantes – Entiendo que a todos os gustaría quedaros más rato para hablar, pero las clases empiezan en dos minutos.

El anuncio fue recibido con una oleada de movimiento y pánico.

- ¡DOS MINUTOS! – gritó Terry, metiéndose una última rodaja de naranja en la boca - ¿A dónde se ha ido el tiempo?

- Se ha ido riéndose de nosotros. – dijo Neville miserablemente – Ahora tenemos Transformaciones, ¿no?

- Sí, y será mejor que nos pongamos en marcha. – dijo Harry, poniéndose la mochila al hombro y agarrando a Hermione con el otro brazo, la niña empezó a protestar cuando su medio terminada rosquilla se cayó al suelo.

- La traeremos con nosotros. – dijo Draco, sintiendo que Hermione estaba a punto de gritar. Envolviendo la masa en una servilleta, se la metió en uno de los bolsillos de su túnica y agarró sus propios libros.

El pequeño grupo formado por Harry, Draco, Hermione, Ron, Neville, Terry, Lavender, Blaise y Pansy quien se negaba a caminar junto a Draco, hicieron el camino por el pasillo a gran velocidad, apartando a empujones a los estudiantes que se iban encontrando. Supongo que realmente no eran un grupo tan pequeño…

- ¡Lo siento! – gritó Harry cuando un corrillo de Hufflepuffs fue arrollado por Draco, quien lideraba el grupo y ni siquiera miraba por donde caminaba.

Sin aliento, llegaron a la puerta de McGonagall y se lanzaron dentro de la clase, al tiempo que la campana sonaba detrás de ellos.

- ¡Lo hemos conseguido! – aplaudió Ron, dejándose caer en su escritorio - ¡Hemos cruzado medio castillo en dos minutos! ¡Debe ser un récord!

- El récord oficial, señor Weasley, es de un minuto y seis coma cuatro segundos. – dijo McGonagall, saliendo de su despacho y pasando por delante del pelirrojo.

- ¿Realmente lo cronometró? – preguntó Terry con la boca abierta - ¿Por qué?

- En su día, Hogwarts celebraba todo tipo de carreras y eventos para mantener a los estudiantes en condiciones de primera categoría. Esta carrera, desde el Gran Comedor hasta mi clase, era una de las favoritas así como la del Gran Comedor hasta la trampilla de Sibyll.

- ¿Por qué ya no hacen ese tipo de cosas? – preguntó Pansy, alisándose el pelo.

- No tenía cabida en el plan de estudios. Pero tal vez, podría hablar con Albus para el próximo año… podríamos tener una clase real para el ejercicio.

Neville palideció en cuanto McGonagall se volteó y se dirigió a los estudiantes, con una sonrisa pensativa en el rostro.

- No me gustan ese tipo de cosas. – dijo nerviosamente, retorciéndose las manos.

- Si está hablando de una clase de gimnasia, estoy de acuerdo con Neville. – dijo Harry. Aun recordaba una de sus clases de E.F…

Flashback

Jardín de infancia.

- Muy bien, poneos en fila sobre la línea blanca. – ladró una mujer alta y más bien corpulenta, con un silbato en la boca - ¡Daos prisa!

Un pequeño Harry de seis años, se apresuró a tomar un lugar en la fila, que resultó ser el último. La maestra, la señora Wiegel, fue pasando por la fila, contando unos y doses. Harry fue un dos.

- Ahora, los doses al campo y los unos disponeos a batear. – Harry, dedicándole una última mirada a la seguridad de la fila, fue trotando hasta reunirse con sus compañeros en la pista.

El kickball era uno de los juegos favoritos en la escuela primaria de Harry. Y su maestra, la señora Todd, era muy aficionada a ese deporte y le encantaba que sus estudiantes lo practicaran. Sin embargo, la amigable profesora de educación física estaba de baja por un resfriado y la señora Wiegel había ocupado su lugar.

Con una velocidad casi inhumana, la sustituta, pasó la pelota hacia los bateadores. El brutal lanzamiento alcanzó al primero de los niños en la cara.

- ¡TOMMY! – chilló uno de los gemelos, cayendo junto a su hermano - ¡NO MUERAS!

- Llévalo con la enfermera. – le ordenó la señora Wiegel – Y si no puedes mantener el ritmo, ya puedes marcharte.

El siguiente bateador logró golpear la pelota y esta se disparó en el aire. Harry corrió bajo la creciente sombra, con las manos extendidas.

La pelota chocó sólidamente contra su cara y Harry cayó hacia atrás de la fuerza, sus gafas, que había conseguido ese año estaban notablemente torcidas.

- ¿Estás bien? – le preguntó uno de sus compañeros de equipo, agachándose y recogiendo sus gafas. En el jardín de infancia, Dudley no había tenido ninguna influencia sobre los compañeros de clase de Harry y ninguno tenía miedo de ser amable con él.

- Estoy bien. – le contestó Harry, incorporándose hasta quedar sentado, con una gran marca roja cubriendo la mayor parte de su rostro.

Unos minutos después su equipo se acercó hasta la caja de las pelotas. Harry fue el tercer bateador, los dos anteriores habían sido noqueados con el salvaje lanzamiento de la señora Wiegel. Tomando una profunda respiración, Harry se preparó.

La pelota, rebotaba en el suelo, era una vibrante partícula de brillante rojo. Cada vez se acercaba más. Y más.

Y entonces lo único que vio Harry fue la oscuridad.

Fin del Flashback

- Definitivamente E.F no. – dijo Harry estremeciéndose.

- ¡La E.F es divertida! – argumentó Terry – Hacen un montón de deportes. ¡Y lo calentamientos son de lo mejor! En cuarto curso, antes de venir a Hogwarts, corríamos alrededor de toda la escuela. ¡Fue genial!

- Eres uno de esos fanáticos del deporte. – dijo Harry – A la gente atlética le gustan ese tipo de cosas…

- Síp.

- Odio parecer estúpido pero, ¿qué es la E.F? – preguntó Ron, mientras tanto Draco, Pansy y Neville asentían a favor de su pregunta.

- Son las iniciales de Educación Física. – le contestó Harry volviendo a estremecerse – Se hace en las escuelas muggles. Es malo… muy malo y peligroso.

- La profesora McGonagall está hablando. – susurró Hermione, empujando a Harry para hacerle callar - ¡Silencio! ¡No puedo escucharla!

El grupo se calmó antes de que la profesora les llamará la atención por hablar y sacaron sus libros de texto.

- … no tiene tanta complicación como la mayoría, pero debéis ejercer precaución. Por favor, pasad por la parte delantera del aula y seleccionad un hurón.

Draco, quien había estado bebiendo un sorbo de agua, se atragantó.

- Pero ya tenemos uno. – sonrió Ron, señalando a Draco.

- No pareces un hurón. – observó Hermione.

- Es una vieja broma. – rió Harry – En cuarto año, Draco fue convertido en uno por un profesor.

- Y no es algo divertido. – dijo Draco, frunciendo el ceño.

- ¡Yo voy a buscarlo! – gritó Hermione, corriendo hacia la parte delantera del aula, volviendo al cabo de un minuto con un hurón negro - ¿No es bonito?

- Creo que Draco era más bonito. – sonrió Pansy, dándole unas palmaditas en la cabeza al susodicho. Al ver como el ceño de Draco se profundizaba, dijo en tono alegre - ¡Sólo estoy bromeando!

- ¿Qué se supone que debemos hacer? – preguntó Neville, acariciando a su hurón marrón - ¿Alguien ha escuchado algo?

- ¡Yo sí! – exclamó Hermione, dando saltitos – Pero… no os lo diré.

- Oh, vamos Hermione. Por favor, dínoslo. – le rogó Harry.

- Sólo si me dais mi rosquilla.

- Dale la rosquilla. – demandó Harry. Draco la sacó de su bolsillo, entregándosela a Hermione, quien la mordisqueó alegremente – Ahora, ¿qué tenemos que hacer?

- Ir a la página setenta y uno y seguir las instrucciones. – dijo Hermione, dándole un nuevo mordisco a su rosquilla con glaseado rosa.

El grupo lo hizo y se dispusieron a leer las instrucciones.

- Los tenemos que transformar en binoculares. – anunció Draco.

- Pero los volveréis a convertir de nuevo en hurones cuando hayáis terminado, ¿verdad? – preguntó Hermione entre lágrimas.

- No lo creo. – dijo Harry lentamente.

Un destello brilló en los ojos de Hermione y Harry tragó saliva. Ponía esa mirada cada vez que la Hermione mayor hablada de la P.E.D.D.O.

- Hermione, no puedes devolver a los hurones a su forma de hurón. – le dijo Draco suavemente.

- ¡Tú sí puedes! ¡No podéis dejarlos simplemente así! ¡Son seres vivos! ¡Y merecen tener libertad! ¿Quién dice que deben permanecer como un objeto inanimado?

- Los profesores. – dijo Terry.

A esas alturas, las protestas de Hermione habían llamado la atención de los demás estudiantes e incluso de McGonagall.

- ¿Por qué los condenamos a una vida de miseria cuando podrían ser libres? – continuó la niña - ¿No son parte de la tierra? ¿Del mundo? ¡Sin ellos no estaríamos en la sociedad que estamos hoy!

- Tiene un pequeño punto de razón. – dijo Neville en voz baja – Nosotros le obligamos a transfigurarse.

- ¡Más o menos! ¡Estáis equivocados! ¡Es maltrato animal! ¡Los usamos para nuestro disfrute! ¿Cómo sabemos que la transformación no les hace daño? ¿Qué sabemos que sienten estos pobres animales?

- Señorita Granger, por favor, cálmese. – le aconsejó McGongall. La niña, en su argumentación, había agarrado a un hurón y con sus patitas estaba pinchando a varias personas para enfatizar su punto – Hay ciertas leyes para los animales que tenemos aquí.

- ¿Qué tipo de leyes?

- Los animales, es un hecho conocido, no sienten nada durante la transformación. Fue un programa de muchos, muchos años que consiguieron unos activistas por los derechos de los animales. Y todos los animales que utilizamos tienen la mente limpia para que no se queden atascados en sus pensamientos mientras no pueden moverse. Y si se aplica el contra-hechizo, entonces el animal recupera su capacidad para pensar.

- Pero todavía les obligáis a transformarse. ¿Qué pasa si ellos no quieren ser un objeto?

- Realmente no tienen muchas opciones en este asunto, señorita Granger. Pero sin embargo, le aseguro, que Hogwarts libera a sus animales de sus transformaciones para volver a utilizarlos el próximo año.

-Oh. – susurró Hermione con cara pensativa – Supongo que eso está bien…

Agradecidos de que el debate se hubiera resuelto, Harry y Draco se dispusieron a leer el material de estudio, mientras Hermione se acercaba a Lavender.

- ¿Esto te está aburriendo como a mí?

- Aún más. – suspiró Lavender – Terry no me deja coger al hurón… tiene miedo de que me vaya a morder.

- Oh, ¿quién es? – preguntó Hermione, señalando a una chica que acaba de entrar al aula y que se dirigía hacia el escritorio de McGonagall, con una nota en la mano.

- No la conozco.

McGonagall asintió en dirección a la chica mientras hablaban, antes de tomar la nota. Y la chica se fue. Hermione y Lavender no dejaron de observar a McGonagall mientras leía la nota.

- Disculpad, alumnos. – dijo – Tengo que ausentarme durante unos minutos. ¿Puedo confiar en que os comportareis?

Todos asintieron con la cabeza, dejando escapar un suave "Sí".

- Si algo va mal, os descontare puntos para vuestras casas. – y dicho esto cruzó el aula y desapareció.

- ¡Sé algo para darle vida a esta clase! – sonrió Hermione – Draco y Harry utilizan un lenguaje que dicen que no debo repetir. Bueno, ¿por qué no se lo enseñamos a todo el mundo?

- Pero si te dijeron que no lo repitieras, ¿por qué lo vas a hacer?

- Porque me dijeron que no lo repitiera mucho. – sonrió Hermione - ¿Quieres que vayamos a reunir a otros niños?

- ¡Claro! Nos vemos en la parte delantera del aula.

El grupito que las dos chicas consiguieron reunir consistía en sí mismas, las gemelas Patil, Gregory Goyle y Susan Bones.

- Bien. – dijo Hermione sonriendo, cogiendo un trozo de tiza – Estoy aquí para enseñaros algo del vocabulario que suelen usar nuestros tutores.

- ¿Van a ser malas palabras? – preguntó Susan.

- Creo que todas son malas palabras.

- ¡Genial! – exclamaron las gemelas Patil al unísono.

- Bien, primera palabra. – dijo Hermione, escribiendo en la pizarra. Alinearos en… bueno, en una línea. Cuando os señale, leeréis la letra que sigue a la que ha dicho la persona que tengáis al lado, ¿de acuerdo?

- ¿Eh? – dijo Goyle, metiéndose un dedo en la nariz.

- Ya lo dominarás. – le aseguró Hermione – Yo empiezo. ¡B! – dicho esto, señaló con la tiza a Parvati.

- ¡A!

- Tu turno, Padma.

- ¡S!

- ¿Gregory?

- Eh…

- No, letra equivocada. ¿Alguien la sabe?

- ¡T! – exclamó Parvati, dando saltitos.

- Correcto, buen trabajo. – la elogió Hermione - ¿Lav?

- ¡A!

- ¿Susan?

- ¡R!

- Vale, Greg. ¿Te sabes la siguiente letra?

- ¡D!

- ¿Y alguien se sabe la última letra?

- ¡O! – dijo Lavender.

- ¡Buen trabajo! ¿Alguien sabe cómo se pronuncia?

Todos negaron con la cabeza.

- ¿Y sabéis lo qué significa?

Una vez más, todos sacudieron la cabeza.

- Lo primero es lo primero. Es un insulto. Es lo que Harry le llamó a Draco una vez. Supongo que es bastante mala porque Harry se molestó bastante cuando se dio cuenta de lo que había dicho. La palabra es: bastardo. Bass-tardo. Repetid conmigo.

- Bastardo.

- ¡Otra vez!

- ¡Bastardo!

Los estudiantes que habían estado trabajando en silencio en sus pupitres, levantaron la mirada de un tirón.

- ¡Hermione! – la regañó Harry, dirigiéndose hacia el escritorio de McGonagall e intentar quitarle la tiza de las manos a la niña - ¡No usamos ese lenguaje en el colegio!

- Pero tú lo hiciste.

- Eso fue un error. Ahora, pide disculpas por el espectáculo y ves a sentarte en aquella esquina. Esas palabras son malas, no las deberíais repetir. – dijo Harry, mirando con severidad al reto de niños – Esto también va por vosotros. No quiero oír esa palabra otra vez, ¿lo entendéis?

Todos asintieron con solemnidad y fueron a sentarse a la esquina con Hermione.

- Eso no es exactamente lo que tenía en mente. – murmuró Harry.

- Por lo menos se han quitado del medio. – argumentó Draco – Simplemente déjalos. Sólo están hablando… pero realmente, ¿te das cuenta de la mala influencia que eres para ella?

- ¿Yo? Tú eres el Slytherin, él que le enseña todas esas cosas.

- ¿Qué cosas? – preguntó Draco inocentemente.

Harry carraspeó e intentó imitar al Draco de hace un rato.

- A Harry le gustaría anunciar algo. ¿Qué demonios ha sido eso?

- Eso era yo, siendo un Slytherin. Hay una razón por la que yo estoy ahí y tú en Gryffindor, Harry. Yo soy mezquino… y tú agradable.

- No eres del todo mezquino. Tienes tu lado bueno. Quiero decir… los dos hemos progresado mucho. Apenas el año pasado, estábamos lanzándonos al cuello del otro y siempre nos estábamos metiendo en problemas. Y ahora hasta nos tuteamos, nos ayudamos y tenemos la obligación de cuidar entre los dos a un demonio en miniatura.

Draco asintió, mientras golpeaba su varita sobre el escritorio.

- Lo hemos hecho, ¿verdad? En cierto modo, es… casi agradable. No estás tan mal como pensé que serías. Supongo que algún día tendré que agradecerle a Dumbledore que nos pusiera a todos en un grupo.

- ¿Volvemos al hurón? – preguntó Harry, señalando al hurón con el que habían estado trabajando. La cabeza del animal tenía las lentes de los binoculares, pero el resto seguía siendo el cuerpo de un hurón – Es en momentos como estos en los que uno realmente desea que Hermione no sea… bueno, que ella estuviera aquí. – Draco estuvo totalmente de acuerdo con eso.

De vuelta a la esquina, Hermione estaba llevando a cabo de nuevo su clase, en voz muy baja. Después de todo, tenía un público dispuesto y tenía que ser complaciente.

- Esta es una palabra utilizada por Draco. – dijo, señalando el pergamino – Aunque sinceramente, no veo que tiene de malo…

- Pajarraco. – leyó Susan – No… eso es una palabra medio normal. Quiero decir… los pajarracos vuelan, ¿verdad?

- Verdad. – estuvo de acuerdo Lavender – Me preguntó por qué la usó…

Hermione se encogió de hombros.

- ¿Queréis seguir adelante? – todos asintieron – Bien. La siguiente es una frase. Ron la utiliza mucho.

- ¿Puedo adivinar? – rió Lavender - ¿Maldita sea?

- ¡Eso es! – sonrió Hermione. Y al resto de sus alumnos les dijo – Consideramos que esta frase se utiliza cuando pasa algo realmente extraño o cuando la persona que lo dice está enfadada. Repetid después de mí. ¡Maldita sea!

- ¡Maldita sea!

- ¡Otra vez!

- ¡Maldita sea!

- ¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ?

El aula se silenció de inmediato, la palabra de los niños murió en sus labios. Los demás estudiantes miraban horrorizados al pequeño grupo, sobre todo después de que Harry les hubiera regañado.

- Todos, estáis castigados esta noche. – dijo McGonagall, con sus fosas nasales dilatadas de la ira – En todos mis años en Hogwarts, jamás había visto este escandaloso comportamiento. Y ninguno de vosotros ha hecho nada para detenerlo.

- Pero nosotros…

- Sin peros, señor Potter. Nos veremos todos, incluidos los niños, aquí a las ocho en punto de esta noche. Si llegáis tarde, os restaré aún más puntos. Hablando de eso… - la profesora escaneó la sala, haciendo un conteo de los estudiantes de las diferentes casas – Cincuenta puntos menos para Gryffindor, sesenta menos para Slytherin, cuarenta menos para Hufflepuff y cincuenta para Ravenclaw.

- ¡Profesora, no puede quitarnos tantos puntos! – exclamó Pansy - ¡A todos debería quitarnos la misma cantidad! ¡Eso no es justo!

- ¡Déjalo así! – exclamó Ernie, quien estaba contento con la reducción de puntos.

- Tiene razón, señorita Parkinson. Incluso aunque haya más Slytherins, todos tenéis la misma culpa. Sesenta puntos menos para cada casa entonces.

- ¡Pero yo no quiero estar castigada! – gimió Hermione.

- Demasiado tarde para eso, señorita Granger. Os veré a todos esta noche a las ocho. Sin excepciones.

¡BOOM!

El hurón de Neville salió volando y atravesó el techo.

- Diez puntos menos. – gruñó McGonagall. La campana sonó antes de causar más daños.

Los estudiantes corrieron hacia la puerta, los hurones fueron arrojados a la caja, algunos medio transformados e incapaces de ver o moverse. Un solo pensamiento cruzaba las mentes de los estudiantes de sexto años de la clase de Transformaciones de McGonagall.

¿Qué demonios iba a ser el castigo?