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Solo un poco de fe

La castaña había apelado a la poca cordura que le quedaba a Amber, vio como se debatía en su fuero interno, la vio luchar con su subconsciente tratando de sacar su lado bueno, su verdadero ser. Para sacar a flote la personalidad bondadosa de la chica que sabía que en el fondo luchaba por salir.

No podía sentir odio hacia Amber, por alguna razón sabía que no era ella misma cuando la atacaba, aun recordaba el día que había entrado llorando a la torre de premios anuales y se topo con ella, tenia fresco ese recuerdo en su mente, se vio abrazándose a ella y llorando con desesperación, con cuidado la chica Turpie la condujo a su habitación, permaneció con ella consolándole, sin hacer pregunta, solo la reconfortaba acariciando su cabello para que se calmara, hasta que la venció el sueño. Amber no era mala, orgullosa y caprichosa quizás, pero no mala.

La mujer que la secuestro y torturo hasta casi matarla no era la verdadera Amber, porque no podía ver en sus ojos azules el brillo que siempre tenían, sus ojos ahora eran opacos y no transmitían la esencia de la chica.

Hermione cerró los ojos entregándose a su destino cuanto escucho a Amber pronunciar esas palabras. Su último pensamiento lo dedico a Draco, trato de pesar solo en su amor, resignada a la muerte.

Esperaba solo el impacto, no sabía cómo debía sentirse recibir la maldición imperdonable, solo espero que llegara. Pensaba en que nunca encontrarían su cuerpo en ese lugar tan escondido, y eso le dolía un poco, sus padres y amigos no tendrían una tumba que visitar.

Amber sostenía su varita con la mano temblorosa y vio como Hermione cerraba los ojos después de verla como le apuntaba con su varita, y aun así no veía en su rostro algún rastro de odio o resentimiento, estaba tranquila esperando su muerte, no le reprochaba nada.

Su mano temblaba, pero su mente estaba descontrolada. Y en eso escucho algo que jamás espero.

-Pase lo que pase Amber, te perdono porque sé que no eres tú misma la que está haciendo esto. -Dijo con tal convicción la castaña a pesar de la debilidad de su voz, que le causo un dolor inmenso en el pecho al escucharla, no sabía claramente razón, porque su mente le impedía razonar con claridad quizás era causado por ¿Culpa? ¿Miedo? ¿Arrepentimiento?, no lo sabía, pero tenía claro que ya no era odio.

-Eres una estúpida, y como tal morirás. AVADA KEDAVRA -Conjuro pero escuchaba esas palabras como si no fueran suyas, como si alguien más las hubiera pronunciado.

Llevo su mano que portaba el anillo a su corazón, para sentirlo cerca y contuvo el aliento cuando el Avada resonó en el eco de la cueva.

Hermione esperaba el impacto, pero nada la golpeo, solo se escucho un estruendo en el interior del lugar, un fuerte crujido y un temblor, la cueva parecía colapsarse.

En el último segundo Amber no pudo hacerlo. Levanto la varita haciendo acopio de todas sus fuerzas y el rayo de luz se impacto con el techo de la cueva haciendo que toda la cueva se cimbrara por el impacto y con un gran estruendo todo alrededor comenzara a temblar.

El techo de la cueva caía a pedazos, al igual que grandes piedras de las paredes naturaleza del lugar. Cortinas de polvo se levantaron con la sacudida y la caída de los muros.

Una gran roca estaba cayendo sobre Hermione, sin duda la aplastaría.

Amber lanzo un bombarda con su varita partiendo la roca pero un gran trozo cayó sobre ella, golpeándola tal fuerza que la hizo caer aturdida a un lado de la castaña.

Hermione no podía hacer nada, no se podía mover por más que lo intentara, su cuerpo no le respondía había perdido mucha sangre, tenía las costillas fracturadas al igual que una pierna y sumado a eso no tenia su varita.

Todo fue confusión por unos minutos, quedaron completamente a obscuras cuanto la antorcha quedo sepultada entre los escombros de la cueva, cuando todo se calmo el pánico comenzó a apoderarse de Hermione.

Tosió por el polvo que inundaba el lugar, sentía su garganta seca y lastimada con un sabor metálico por la sangre seca y el polvo en el aire que estaba inhalando, la fuerte tos solo le provocaba más dolor, si eso era posible, pues con el esfuerzo sus costillas se movían provocando fuertes punzadas.

-¿Amber? -Le llamo en un susurro cuando todo quedo en silencio, pero no recibió respuesta.

Intento moverse de nuevo, pero un intenso dolor la hizo desistir, ya no sabía a ciencia cierta que le dolía mas, pero está a punto de caer en la inconsciencia, pero se obligaba a si misma a resistir.

-¿Amber? -Volvió a llamarla esperanzada

La obscuridad le impedía ver algo, se quedo quieta esperando respuesta, pidiendo a Merlín que Amber estuviera viva, que ambas tuvieran la oportunidad de salir vivas de ese lugar.

Paso un par de minutos que se hicieron interminables, la castaña estaba entrando en pánico al sentirse sola en aquel lugar y sin poder hacer nada. -Amber….Amber contesta por favor. -Dijo entre sollozos.

Pero nadie respondía, todo era silencio.

Reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban intento mover sus manos, que era lo único que podía hacer y palpo el piso buscando a la chica Turpie.

Con lentitud logro moverse un poco y la obscuridad encontró algo a su lado, su mano temblorosa inspecciono lo que había encontrado.

-Lumus. -Dijo la castaña y la punta de la varita se ilumino dando luz.

Así pudo ver que tendida a su lado estaba Amber inconsciente boca abajo y que su cabeza tenía una gran herida que sangraba mucho.

-Amber Despierta. -Le pidió y movió un poco su cara, su cabello rubio estaba ahora coloreado de sangre. -Por Merlín despierta, abre los ojos. -Le suplico llorando. -Enervate -Conjuro y los ojos azules de Amber se abrieron con pesadez. Hermione sonrió al verla despertar.

-Lo siento. -Dijo débilmente y sus ojos volvieron a cerrarse, haciendo que Hermione gritara con desesperación.

Puso su mano sobre su rostro y con alivio comprobó que aun respiraba, solo se había desmayado.

Las fuerzas le abandonaban, había pasado por tantas cosas y sentía tanto dolor que su mente estaba nublada, no sabía que hacer.

Comenzó a llorar desesperaba, llena de pánico, estaba en shock. Tan débil estaba que no podía mantener el lumas y de nuevo reino la obscuridad haciéndola sentir aun más mal.

Estaban perdidas, pensó la castaña, perdiendo toda esperanza que las encontraran, la cueva había colapsado, estaban atrapadas en las entrañas de una desconocida cueva en lo más remoto del bosque prohibido, ese será su última morada, tu tumba.

Cerró los ojos tratando de sumirse en su sopor, deseando morir de una buena vez para dejar de sentir esos tremendos dolores que la estaba consumiendo. Dejaría de luchar, se entregaría sin resistencia al largo sueño de la muerte, ya no quería luchar, ya no tenía fuerzas, con ese pensamiento se sumió en la inconsciencia.

Y soñó, vio a una pequeña niña de unos seis años cabello enmarañado sentada en una silla en el balcón de su casa leyendo ávidamente un enorme libro, tan grande que apenas podía sostenerlo, era ella en casa de sus padres, desde ahí podía ver a su madre cantando mientras arreglaba las rosas del jardín y un poco mas allá su padre lavando su auto.

-Mami, ¿Crees que existe el cielo? -Le grito desde el balcón y dejando el libro a un lado se asomo por el barandal para ver a su madre.

La mujer sonrió con dulzura y levanto la vista para ver a su pequeña. -Claro Hermione, el cielo existe.

-¿Y cómo lo sabes? -Pregunto curiosa.

-Simplemente lo sé. -Le contesto con tranquilidad, Hermione frunció el ceño confundida.

Su mama al darse cuenta se levanto del césped, quitándose los guantes y sacudiendo su delantal entro a la casa y subió al segundo piso para sentarse en el balcón en una silla.

-Ven aquí. -Le pidió con dulzura y la pequeñita se paro y corrió para sentarse en las piernas de su madre, abrazándose con cariño.

-Cariño hay cosas que no podemos contestar, porque simplemente no tenemos todas las respuestas que quisiéramos. Pero me preguntas que sí creo en el cielo, sin duda puedo decirte que se que existe. Solo es cuestión de tener fe.

-¿Fe? Pregunto la niña viendo a los ojos a su madre.

-Tener fe, es creer en algo sin poder comprobar que existe, cierra tus ojos. -Le pidió y la niña obedeció de inmediato. -Sientes el viento acariciar tu rostro.

-Si -Contesto la niña con una sonrisa aun cerrando los ojos.

-No lo ves pero sabes que existe porque lo puedes sentir. Abre tus ojos. -Le pidió.

-Yo creo que el cielo existe, porque mi corazón me los dice, yo se que hay algo mas allá de la muerte, por eso hay que ser buenos. No lo puedo comprobar cariño, pero mi corazón no se equivoca, porque tengo fe.

El rostro de la niña se ilumino con una gran sonrisa y beso con cariño a su madre. -Creo que ya te entendí. -Le dijo risueña y se separo de su madre para seguir leyendo.

El sueño cambio y se encontró de repente en la que era su habitación en la casa de sus padres, ese día por la mañana había llegado una persona de Howard el colegio de magia y hechicería para explicarles que había un lugar disponible para Hermione. Después de asimilar la noticia sus padres contentos aceptar inscribirla a petición de su hija.

-Mami ¿En verdad crees que tengo magia? -Le pregunto a su mama mientras esta la cobijaba en su cama para que durmiera.

-Te acuerdas cuando hablamos del cielo y la fe.

-Sí, lo recuerdo. -Contesto la niña de cabello castaño desordenado.

-Bueno, entonces creo que basta decir que tengo Fe en ti cariño, en tu magia y aun cuando no pudiéramos comprobarlo mi corazón me dice que serás una encantadora brujita. -Le contesto sonriente y beso su frente.

Hermione sonrió feliz al recordar esos instantes felices en el sueño. De nueva cuenta el lugar cambio y se encontró en el colegio, ella flotaba como si fuera un fantasma pero podía ver sus recuerdos con claridad, Harry, Ron y ella pasando un sinfín de aventuras.

Sonreían felices los tres. Soñó también con el día en que Ron los dejo cuando buscaban los horrules y después regresaba arrepentido.

-Eres una Gryffindor, tienes que ser valiente, pudiste quedar en otra casa pero tus decisiones te llevaron a la casa de los leones. -Escucho la voz retumbar en su cabeza, era la voz del director Albus Dumbledor.

Eso la hizo despertar.

-Lumus. -Conjuro y la luz ilumino de nuevo el lugar. Toco el rostro de Amber, estaba pálida pero aun respiraba, hizo un pequeño hechizo para cerrar su herida.

Hermione se había tranquilizado, seguía escuchando esas palabras en su mente. -Eres una Griffindor. -Las repitió.

No tenía mucha fuerza pero cerró los ojos con decisión, sabía que no tenía la fuerza suficiente para salir por su cuenta, pero tenía fe.

La fe que le había enseñado su madre.

-Te necesito, ven por favor. -Repetía una y otra vez en voz alta sin cesar, acariciando el anillo que le había regalado Draco. -Ronald Billus Weasley mas te vale que no tardes.