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Gracias por sus reviews y comentarios a Natt Wizard (me alegra que influya en tus gustos), Lui Nott (aquí está el nuevo capítulo), Pinki (me alegra que te guste la idea, gracias!), y Hard Lohve (gracias por ese gran review).


Pasillo

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Años después se verían en el andén 9 y ¾. Ella de la mano de Potter y él tomando la mano de Astoria Malfoy. Ella con una prole de mocosos, que como su padre no conocerían lo que es el peine. Él con un chico que sería su viva estampa, su heredero.

Pero en ese momento, en ese pasillo del tercer piso, - muy cerca de donde escondieron la piedra filosofal -, sólo estaban dos adolescentes con las varitas levantadas en ristre. No atacaban, se limitaban a mirar a su adversario; un curso con Barty Crouch Jr les había enseñado de la importancia de mantenerse en alerta.

- Malfoy - escupió la pelirroja a modo de saludo.

- Weasley - dijo él de la misma forma.

Ella enarcó una ceja.

- ¿Disfrutando de un paseo lejos de tu seguro nido de serpientes?

Draco hizo una mueca.

- ¿Y tú? ¿Disfrutando de una prohibida caminata a medianoche, en la que cualquier prefecto puede restarte puntos? - Ginny abrió la boca para replicar -. O mejor aún, ¿estás disfrutando de los muros de Hogwarts mientras tu novio arriesga el cuello allá afuera? - Ahora fue el turno de Ginny de hacer una mueca. - Suerte que no eres la tonta de Chang, sino hace rato que nos hubieras ahogado con tu llanto.

Ginny frunció el ceño.

¿Malfoy no tenía otra forma de burlarse de sus sentimientos? ¿Por qué tenía que sacar a la boba de Chang? Ginny no la odiaba, en serio. Creía que Chang tenía buen gusto, se había interesado en Harry, ¿no? Ginny la celaba y mucho. ¿Y si después de todo Harry asegura que ella, Ginny, no era suficiente para él y decidía estar con Chang? Sí, podía ser una tontería, pero Ginny vivía con ese miedo. A fin de cuenta si ya se gustaron una vez podrían volverse a gustar, ¿cierto? Detestaba pensar en esa posibilidad. Malfoy era el culpable, por supuesto, recordando a Chang y a la fama de llorona que se ganó luego de la muerte de Cédric Diggory.

- Harry no está muerto - masculló la pelirroja.

- No le falta mucho, ¿no crees?

- No está muerto. Él ganará la guerra.

- Sí, claro, seguro - ironizó el rubio -. Tarde o temprano lo atraparán, Weasley.

- No, no lo harán. Él…

Draco lanzó una carcajada.

- Palabras, palabras, palabras comadreja. Todo el mundo lo está buscando. Mortífagos, carroñeros, el mismo Señor Tenebroso. Más temprano que tarde lo atraparán, y las cosas serán muy diferentes.

- Represivas - replicó Ginny - Las cosas serán más represivas que nunca.

Él se encogió de hombros.

- Al menos él está haciendo algo, ¿no? Huyendo. Escondiéndose. Alejándose de los problemas. - Hizo una mueca burlona - Tú y tus amigos en cambio…

- ¡No te atrevas a decir que no hacemos nada!

- No iba a decir eso. De veras - aseguró con una sonrisa apenada que no alcazaba a cubrir sus intenciones -. Iba a decir que mientras él se esconde, tú y tus amigos reciben castigos de los Carrows sólo por oponerse a su régimen.

- Mientras tú le haces la pelota Voldemort - dijo Ginny con rencor.

Draco se encogió de hombros.

- Nunca lo he negado. Pero yo no diría que le hago la pelota - replicó -. Pienso que más bien sigo sus ideales.

- ¿Y crees que es lo mejor?

Draco no respondió enseguida. Levantó aún más la varita. Ginny tuvo el deseo de reír. Lo contuvo a duras penas.

- Eres palabras y gestos, Malfoy. Amenazas pero no haces nada concreto.

- Créeme Comadreja - y ensanchó su sonrisa - no querrás que haga algo concreto.

- ¿Por qué no? ¿Me torturarías? ¿Acabarías conmigo a base de crucios? ¿Me condenarías, tal y como hizo tu padre, a ser poseída por un monstruo?

Apenas esas palabras salieron de su boca, Ginny lanzó un gemido ahogado. No había querido decir eso. De veras que no había querido decirlo, pero el recuerdo de su primer año, un recuerdo siempre latente y terrible, había hecho que hablara sin pensar en lo que decía.

Malfoy la miró sombrío.

- ¿Todavía recuerdas… recuerdas lo que pasó?

La voz de Draco no tenía el tinte usualmente burlón de siempre. No parecía que se burlaba de ella. Parecía más bien que la compadecía. Ginny frunció el ceño. Ella no necesitaba la compasión de nadie. Era su karma, el de nadie más, y ella hace rato que había superado los hechos ocurridos en la Cámara Secreta.

- No te importa, Malfoy - rijo con más violencia de la que pretendía.

Hubo un relámpago de ira en los ojos de Malfoy.

- Tienes razón, no me importa. No me importa lo que sea que te haya pasado.

- Lo que me pasó por culpa de tu padre. Él es el verdadero culpable.

- Yo no sabía nada de eso. Absolutamente nada. No tienes derecho a quejarte conmigo por algo que ni siquiera sabía.

Ginny se cruzo de hombros.

- No lo haré entonces.

Draco negó con la cabeza.

- Eres increíble, ¿sabes? Te pregunto si todavía lo recuerdas. Me mandas a que me meta en mis asuntos. Te digo que yo no tengo nada que ver con ello y no lo aceptas. - Ginny fue a hablar. - ¿Sabes? Sólo intenté ser…

- No digas amable - le cortó Ginny.

Draco frunció el ceño. Él no era amable, todos lo sabían, eso no era ningún secreto. Aunque tampoco era un monstruo. Su amistad era selectiva, trataba bien a los de su mismo círculo social, e intentaba hundir a los demás. Era ley de vida, ¿no?

- Iba a decir decente, Comadreja.

Ella entrecerró los ojos.

- ¿Tienes decencia?

- Por supuesto que la tengo - replicó Draco ofendido. - No como otras…

Ginny entrecerró más los ojos. Ella tenía decencia, por supuesto que la tenía aunque no viviese en una mansión como la de Malfoy, ella sabía lo que era la decencia.

- Oh, perdón, príncipe de Slytherin, temía que las misiones de Voldemort te hubiesen atrofiado la parte del cerebro en que está incluida la decencia.

Draco enarcó una ceja. Se estaba burlando de él. La Comadreja menor se burlaba de él y no prestaba atención a lo que él podía hacer.

- Por el contrario parece que a ti se te olvidaron varias lecciones.

- No, no es así. Simplemente tenemos diferentes percepciones de lo que es la decencia.

Draco lanzó una carcajada.

- ¿Más diferencias, no? Vivimos en viviendas diferentes. Fuimos elegidos para casas diferentes. Snape no te soporta, yo soy su ahijado. Tú eres amiga de Potter y yo no…

- Te olvidas de que fui su novia.

- Tenemos además - continuó Draco - diferentes percepciones de lo que significa ser sangre pura.

Ginny negó con la cabeza.

- Sí, tenemos diferentes percepciones. Pero la verdad no me importa eso, ¿sabes? A fin de cuentas yo soy una traidora a la sangre que…

Draco la interrumpió:

- Sigues siendo una sangre pura. Si tú quisieras podrías casarte con un verdadero sangre pura. La gente lo aceptaría, ya que tienes sangre puramente mágica en tus venas. - Se encogió de hombros - Defectuosa, por decirlo de una forma pero…

- ¿Defectuosa? ¿Así me llamas? ¿Qué clase de…? No eso no puede ser insulto, ¿cierto? ¿Defectuosa? ¿En serio? ¿Acaso todos los traidores a la sangre somos defectuosos? - Draco fue a hablar. Ginny negó con la cabeza. - Estoy decepcionada. Muy pero muy decepcionada, ¿sabes? Te creí más original.

- ¿Más original?

Draco pensó que eso casi parecía un halago. Aunque viniendo de la Comadreja Weasley era muy difícil asegurarlo.

- Sí, ya sabes… Todos los insultos que inventas. Cara rajada, por ejemplo.

- ¿Te das cuenta que te parece original decirle a tu novio cara rajada? - se burló Draco.

Ginny frunció el ceño.

- Harry no es mi novio. Ya no, al menos - murmuró para sí, pero Draco pudo escucharla -. A lo que me refiero es, que aunque crueles, son buenos insultos. Este es cambio…

- Esa expresión es de mi padre, Weasley, no mía.

- Debí suponerlo - gruñó Ginny.

- Supongo bien cuando digo que no te gusta mi padre, ¿verdad?

Ginny asintió.

- Supones muy, pero muy bien.

Draco decidió que no podía culparla. Había visto a Weasley en su primer año. Estaba pálida, ojerosa, casi sin vida. Él se había burlado de ella. Para después pasar su sexto año casi de la misma forma que la pelirroja.

Así que no, no podía culparla, se dijo Draco.

Weasley empezó a bajar la varita. Draco parpadeó confundido. Ella se encogió de hombros.

- Me duele el brazo - contestó a su muda pregunta.

Draco contuvo las ganas de reírse.

- ¿No temes que te lance un hechizo cuando claramente no estás preparada?

- No, la verdad es que no - contestó Ginny con indiferencia.

- ¿Por qué no? - preguntó con curiosidad

- Porque no me vas a atacar.

Draco la observó, buscando indicios de broma. Tenía que ser una broma. No era posible que Weasley, precisamente Weasley, dijera que no iba a atacarla.

- ¿Confías en que no voy a atacarte en cualquier momento, en serio?

- Estoy segura de ello.

Draco la miró atentamente. Ginny hubiera preferido que no lo hiciera. De alguna forma se sentía nerviosa con la mirada que Malfoy le dedicaba.

- Soy un Malfoy, ¿sabes? - Bajó la voz hasta que se convirtió en un susurro -. Puedo hacer lo que quiera y nadie me lo va a impedir. Puedo destruirte y nadie, absolutamente nadie, lo lamentará.

Inevitablemente, Ginny tembló. Sabía que había esa posibilidad. Pero se negaba a aceptarla.

- Podrías, pero no lo harías - se obligó a decir.

- ¿Qué te hace pensar eso? - preguntó Draco intrigado.

Ginny suspiró profundamente.

- No eres lo suficientemente malvado, o lo suficientemente cruel, o lo suficientemente sádico, para herirme de verdad.

Al menos no como él, pensó Ginny. Nunca me harías daño como él. Nadie podría por más que se esforzara. La única forma de volver a pasar por eso, sería que él, Tom, volviera a ella. Volviera para seguir haciéndole daño.

Draco gruñó:

- Soy un mortífago Weasley. Desalmado y vil. Fue el primero de mis amigos en tomar la marca. - Reflexionó un segundo y luego agregó una pequeña mentira -. La tomé voluntariamente. Nadie me obligó. Yo solito pedí la marca y asistí al ritual.

- ¿Hay un ritual para hacerse mortífago? - preguntó Ginny curiosa.

La curiosidad mató al gato, Weasley, dijo Draco para sí.

- Sí, hay un ritual. Una especie de ceremonia de iniciación.

- No me digas. Es doloroso, sádico, y profundamente perverso, tal como Voldemort.

Malfoy tembló ante ese nombre.

- No dudo que hayas tomado la marca voluntariamente. Pero tengo serias dudas de que seas tan malo como Voldemort.

- Bueno, el Señor Tenebroso tiene más de cincuenta años, Weasley. Lógicamente ha tenido mucho más tiempo para prepararse y…

Ginny lo interrumpió:

- Voldemort fue cruel desde mucho, mucho antes. A los dieciséis fue capaz de matar sin que le temblara la varita.

Draco recordó los últimos minutos al frente de Dumbledore. Dumbledore se veía imponente, incluso mientras resbalaba por la columna de la torre de astronomía. Mientras que él temblaba por dentro y por fuera. Por tener que atar al director. Por tener que enfrentarse a un mago tan poderoso siendo él un chiquillo. Draco había tenido miedo, mucho miedo ese año. La amenaza de Voldemort sobre su familia no era cosa de risa. Y aún estaban "en deuda" con el Señor Tenebroso. Debía andar con pies en polvorosa, mientras el señor seguía su campaña de miedo y extorsión.

Draco no era igual a Vodemort. Inexplicablemente aquellas palabras lo llenaron de júbilo. Era una tontería, por supuesto, pero se alegró. Malfoy bajó lentamente la varita.

- Esto no cambia nada, Weasley.

Ginny frunció el ceño.

- Lo sé.

Él hizo una mueca.

- Te entregaré a los Carrows.

- No esperaba menos de ti, Malfoy.

- Y ahora lárgate.

Ginny parpadeó. Estaba sorprendida.

- ¿Qué?

- ¿No vas a entregarme? - preguntó ella.

Draco alzó una ceja.

- ¿Quieres que te entregue?

- No, la verdad es que no - admitió.

- ¿Entonces?

- ¿Por qué?

- ¿Por que qué?

- ¿Por qué no me entregas?

- ¿Quién te ha dicho que no te entregaré?

Ginny bufó.

- Explícate.

- No, no quiero.

- Malfoy…

El rubio se encogió de hombros.

- Yo que tú me apresuraría. Carrow debe estar cerca. No creo que quieras recibir un castigo, ¿oh sí?

- No.

Se miraron por un segundo. Luego Ginny se dio media vuelta y empezó a correr. Draco se apoyó en una columna del pasillo. Los pasos de Aymcus Carrow se estaban oyendo, se acercaban a él.

- ¿Quién está ahí? - preguntó la ronca voz del mortífago -. Ah, eres tú, Malfoy.

- Sí, soy yo. Un paseo nocturno, Carrow.

- Um… - Carrow pareció meditarlo. - ¿Y a cuántos listillos has agarrado?

- Muy pocos me temo. Una pareja en Astronomía. Dos chicos en el salón de Transformaciones…

Carrow rió.

- Maricones de mierda. Espero que hayan recibido su merecido.

- Así fue.

Carrow sonrió, estaba bastante satisfecho con él. Malfoy no había resultado ser una decepción como su padre. Al menos tenía las agallas de mostrarse interesado en el movimiento del Señor Tenebroso.

- Bueno, Malfoy espero que sigas disfrutando de tu paseo. Si ves a esos Gryffindor campando a sus anchas por aquí me avisas de inmediato.

- Por supuesto, señor.

Carrow asintió y se fue, por el mismo pasillo por el que se había marchado la Weasley. Malfoy se encogió de hombros.


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