Por dónde partir. Un saludo enorme a IYL-chan por decirme que EXISTE UNA TIRA CON ESTA IDEA. Por Odín. Quizás no sea exactamente lo mismo (y quizás Tari se puso un poco ansiosa con eso de estar plagiando a Hima-papa sin saberlo, hasta darse cuenta que eso le da un respaldo canon al fic... y que le dieran un par de tortazos) pero me parece genial tras una breve reflexión. También, aprovecho de decirle que su historia me encantó, y no soy de leer usuk (pero al parecer esta última semana me están transformando), pero promete y me da lata no haberla visto antes.
Si alguien no sabe nada de inglés y se pierde, que no se preocupe porque no es importante (y Tari es mala en inglés de todos modos).
Y el otro tema es que no sé si ponerle nombres a los capis o qué, como me gusta que se vea bien la estética :/
Escribo sin fin de lucro.
Disclaimer: Hetalia Axis Powers y todos sus personajes -los que insisten y los que ceden- pertenecen a Hidekaz Himaruya.
PD: Ya falta menos para el cumpleaños de mi mujer y no los veo comprándole boletos para viajar alrededor del mundo.
PD 2: Pega significa trabajo. Es el equivalente a laburo (Argentina), curro (España), chamba (México). Si otros escriben diciendo curro y yo los entiendo, debería darse al revés (por eso les dejo el vocabulario antes :3)
Generación a Generación: Capítulo 2
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Cambió los documentos en su oficina por los viejos y empolvados papeles de su ático. Se había propuesto meses atrás aplicar un ingenioso cambio y añadir una puerta lateral o una ventana para que limpiar allí fuese más sencillo, pero aquello era más importante y las telarañas no eran un impedimento.
- ¿Cómo iniciaba, l'Angleterre? "My pain is yours, your death is mine. You know, that's fine: the fault is ours. Since my ron, since your wine..." ¿Dónde está el resto?-
Abre cajones y saca papeles y libros. No falta el incunable entre tantos documentos. Retrocede siglos con cada caja que deja de lado. Todo por unas cartas que confirmen sus memorias.
"Arthur Kirkland".
Francia suelta una risa que no viene a cuento, un poco histérica. Luego se carcajea, maravillado: no es más que un papel robado de la alcoba de Inglaterra, empero es el pseudónimo que buscaba.
Un viejo poema y su autor.
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Una semana más tarde, Francia mira hacia el piso en que calcula durmió la otra noche. Lleva en las manos un ramo de flores, y una rosa. La favorita de Inglaterra.
Sube y llama a la puerta, Arthur le abre y por un instante se le nota la sorpresa. Se saludan, Arthur se muestra cortante, y Francia le entrega el ramo. Arthur queda anonadado con el obsequio y, mientras se distrae, Francia excava en sus ojos verdes, entre los puntos de color pixelados que conforman sus írises. El británico le agradece el regalo y lo despide.
Una hora más tarde Francia lo ve salir del edificio y encaminarse a un paradero. Paga su café para seguirle, mas, tras ver el movimiento de Arthur junto a un basurero, se detiene a recuperar el ramo.
Lo saca de entre la basura y busca bajo y entre las flores, sin embargo, no encuentra la rosa.
+'+'+'+'+
Regresa de la embajada al departamento que arrienda en Londres, con la cabeza llena de pensamientos respecto a que su lugar es Francia y no esa horrible ciudad. Sin embargo, está convencido de que no pierde el tiempo, que no está equivocado, que sólo hay que hacerle recordar.
Inglaterra está esperando, él lo sabe. Por lo que prepara un plato que recuerda le gusta y se encamina al edificio de Arthur.
Es día de semana.
La música invade el pasillo cuando le abre. El inglés rueda los ojos y desde detrás suyo llegan las ondas, invitándolo a la rebelión. Francia se detiene un segundo, reconociendo el desgañitar de las voces y sacude la cabeza en desagrado antes de intentar entrar. Arthur le corta el paso, mas cuando le dice, amablemente, que ha traído comida y que quiere compartirla con él, le deja pasar. Bastando la primera mascada el inglés se condena a permitirle el paso siempre que venga con un plato preparado.
Francia espera, casi pacientemente, a que le permita cocinar, como el primer día, en su departamento. Y entre su espera -que en su interior son suspiros pesados, uno tras otro, cada vez que marca un día en el calendario de su habitación- eventualmente sucede lo esperado.
No debe precipitarse, aunque quisiera llamarlo por su nombre (no Arthur, sino el verdadero, el que lo designa como nación, el que lleva en las venas, los rasgos y la mente) y hablarle como en los viejos días. Es su lado racional, el que aún se mantiene a flote, el que le susurra que no debe asustar al mortal.
Deja pasar un tiempo, él lo tiene (todo el tiempo del mundo) y piensa que Arthur (Inglaterra) también lo tiene, o al menos lo tendrá.
- Me despidieron.- Le dice un día, con su mejor actuación para que le crea. El inglés tuerce la boca, murmura algo sobre que se lo tiene merecido, que es una rana robándoles trabajo, que ya tienen bastante sin malditos inmigrantes hijos de puta que lo mejor que pueden hacer es quedarse en sus países, si en Londres no encontraran pega ni aunque trabajaran gratis, y Francia siente en el pecho derretírsele un órgano de hielo, como cada vez que ve en Arthur un gesto de Inglaterra, o que descubre entre sus palabras las maneras del que matara.
(Francia descubre a Inglaterra en Arthur. A veces teme acuchillarlo, como tantas veces hizo a través de los siglos, y que muera. Desaparecer y ya no poder verlo más que reducido a polvo y huesos, como dicta la naturaleza de la inmortalidad perdida).
- ¿Y?-
- Ya no puedo pagar el arriendo de este mes. Mi casero es un ser horrible, seguro me echa sin importarle nada.- Continúa mintiendo, porque a Francia no lo han despedido y no tiene un casero horrible y mucho menos lo van a echar y es bueno aprovechando su espectacular capacidad para fingir.
- Deberías regresar a Francia, aquí estorbas.-
- ¿Te estorbo?-
Arthur gruñe, busca en su bolsillo un cigarro y se lo lleva a la boca, mirando por la ventana. Lo enciende (Francia saca su propio encendedor, mas el inglés no le hace caso) y menciona algo sobre que él no está para mantener a un francesito de mierda, menos desde que no ve una puta libra en meses, que se pueden ir jodiendo él y su buena comida.
Porque si Francia ya no le trae comida, no hay razón para seguir recibiéndolo.
Se quita el cigarro de la boca, hablará, quiere hablar y decirle que ha sido un gusto conocerlo (absolutamente cierto, la comida de Francia es deliciosa) y todo, pero que tiene cinco minutos para largarse si no quiere perder ese hermoso rostro. Mira a los ojos a Francia, porque Arthur no es ningún cobarde y mira a su rival directamente siempre, y al hacerlo siente el irrefrenable impulso de abrazarlo. La fuerza del sentimiento es demasiada y lo obliga a bajar la vista. Francia juega con el mismo anillo que intentara regalarle la primera mañana.
- Puedes quedarte.- Acepta.- Pero nada de quejas. Y dame ese anillo.-
Francia no puede sentirse más complacido con la petición. Se lo entrega, Arthur lo examina y sin titubeos se lo coloca en el anular. Decir que le quedó como anillo al dedo sería lo más indicado.
