Hola, aquí otro capítulo corto. Hay menciones a la dictadura de Franco (debo dejar de tocar el tema en mis fics, mein Gott), que fue entre 1939 y 1975. También, a la disolución de Prusia en 1947. Recuerden que esta historia ocurre en 1976.
La División Azul fue el apoyo español a la Alemania nazi, en el frente oriental.
Respuesta a anónimo:
Alyshaluuzq: Alfred no aparecerá, o al menos no está contemplado que lo haga Estados Unidos. Lo que sucede en este mundo, no es muy diferente a lo que sucede en el nuestro, no es que sean y no sean naciones. Algunos personajes lo son, y otros no. De sus contrapartes, humanas o naciones, no se habla. Saludos :3
Escribo sin fin de lucro.
Disclaimer: Hetalia Axis Powers y todos sus personajes -los amigos y compañeros de viejos y nuevos tiempos - pertenecen a Hidekaz Himaruya.
Generación a Generación: Capítulo 4
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- Un gusto, Arthur, llámame Antonio.-
El inglés intentó sonreír, por más que notara la falsedad en la sonrisa del mozárabe parado enfrente suyo, y la tensión de su mano al apretarla. El sujeto traía una mochila de excursión, como un viajero a dedo. La tenía apoyada contra las piernas al saludarlo, y luego, cuando Francia lo invitó a sentarse (como si fuera el anfitrión o el dueño de casa), sacó de adentro unas cuantas camisas y pantalones para extendérselas al francés.
Intercambiaron unas palabras faltándole absolutamente el respeto a Arthur al hablar, enfrente suyo, en un idioma que no comprendía. Frunció el ceño mirando a Francia, y éste, comprendiendo que una falta había cometido (porque cuando Inglaterra lo miraba así, era por eso) le explicó de qué trataba la conversación.
- Antonio es un muy buen amigo.- Comenzó, señalándolo con la palma hacia arriba.- Supe que vendría por unas semanas y le pedí que me trajera estas cosas.- Palmeó la ropa y la acercó hacia sí. Arthur afirmó con la cabeza, comprendiendo, y se levantó, ofreciéndole al invitado algo para tomar. Éste aceptó en el momento en que llamaban a la puerta y en cuanto el inglés se levantó para abrir, se acercó a Francia para hablarle un poco más en privado.
- ¿Me estás jorobando?- Volteó la cara un segundo, para volver a ver al inglés.- Francia, dime que esto es una mentira.-
- Yo... sólo sabía que existía.- Contestó con una sonrisa, mirándose las manos.
- Que existen, existen, no lo sabré yo que tengo más descendencia en tu casa que en la mía.- Ambos rieron un poco, por lo bajo.- A la última le perdí el rastro hace dos años, se cambió de casa. Creo que iba a casarse.- Comentó, con una sonrisa traviesa. Francia lo miró a los ojos sinceramente.- A lo que me refiero es que te estás metiendo con un... ¿hijo, nieto, bisnieto del cejas? ¿Cómo puede ser a estas alturas? Pensé que eran infértiles, nunca me hicieron abuelo hasta donde sepa.-
- No puedo decirte qué es exactamente, ni cómo, porque es la primera vez que veo una segunda generación.-
- Está fuera de todo lo que se había visto.- Valoró el español. Arthur fue a preparar las bebidas, con las cartas que su vecina le llevó en la mano, ajeno a la conversación.
- Espagne, creo que es él.-
El moreno, perdiendo la sonrisa, bajó la mirada hacia las manos que sostenían las suyas.
- Sabes mejor que nadie que él ya no existe.-
La sonrisa de Francia, lentamente, comenzó a borrarse, aunque no soltó las manos de su amigo. No estaba recibiendo el apoyo que esperaba de parte de España.
- Espagne...- Pidió. El español negó con la cabeza, justo cuando Arthur le puso su vaso enfrente.
- Entonces.- Empezó el inglés, sentándose y mordiendo una manzana- ¿Cómo se conocieron?-
España suspiró, volvió a sonreír para el inglés, que estaba medio recostado en la silla, y se apresuró a inventar una historia simple.
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- ¿Antonio?- Preguntó Francia una vez estuvieron solos, viendo las cargas desplazarse sobre el puente Blackfriars, el domingo siguiente a la llegada del español.
- ¿No te gusta?-
- Sí, solamente me sorprende un poco. No habías cambiado de nombre en ¿treinta y cinco años?- Lo miró curioso, con una sonrisilla.
- Treinta y seis.- España rió.- Pero eso tú no lo entenderías, llevas saltando de nombre en nombre cada dos meses...-
- Claro que lo entiendo. Mi pequeño Canadá ya intentó explicármelo.-
- Esos chiquillos son tan jóvenes. No han vivido lo suficiente para olvidar el primer nombre todavía.- España se apoyó en una baranda, bajando la mirada hacia el agua del Támesis.- Un nuevo nombre es como una nueva vida.-
El francés le miró el rostro sin disimulo, escudriñando las dejaciones del régimen franquista. Como cada vez que un proceso similar ocurría, no podía determinar si esos ojos verdes seguían igual de vivos que antes.
La última vez que los había visto apagarse otro poco, había sido durante la Segunda Guerra Mundial, en una reunión que no dio lugar a abrazos, en la que Prusia los vigilaba con el mismo cansancio. Ellos hablaron sobre una posibilidad de una segunda División Azul, o del aporte de hombres para la Legión Azul. Francia guardó silencio, con la cabeza gacha, mirando a sus dos amigos.
Fue la última vez que los tres se vieron. A la siguiente, Prusia ya había sido condenado.
- Prusse se alegraría de verte con esta nueva vida.- España estiró los brazos, con las manos cogidas, arqueando la espalda. Francia lo miró con cariño al hablar.
- Todavía queda mucho por hacer, todavía no ha transcurrido siquiera un año.- Informó España, pero más que apenado, se escuchó dispuesto.- Entonces, de este chiquillo, ¿qué sabes?-
- No mucho. Pero si lo vieras, España... tiene los mismos gestos, la misma forma de hablar, hasta diría que los mismos lunares.-
- ¿Ni sabes si es él y ya lo revisaste completo?-
- No me molestes, Espagne.-
- Está bien, está bien.- Lo calmó el español.- Lo que se hereda no se hurta, si dices que es igual a Inglaterra, te creo, debes saberlo mejor que nadie. Ya lo vi... y tiene un aire...- España levantó las cejas.- Aún me tienes sorprendido, ¿ya lo hablaste con Escocia?
Al ver la mueca de su compañero, como apretaba los dientes y entrecerraba los ojos, España comprendió que estaba en terreno delicado.
- Uy... Francia, tendrás que hacerlo.-
- Lo sé, no me saques de mi burbuja todavía.- España, torció el morro, negó con la cabeza y suspiró.
- No tienes remedio. Mejor dime que ha sido de ti, no te he visto más que en formalidades en los últimos años.-
Antes de contestar, Francia lo tomó por la cintura, soltando un "¿cómo que no tengo remedio?", comenzando a caminar.
