Tengo el capítulo listo desde hace tiempo, pero estaba esperando que más lectores comentaran. Ingenua yo. Un abrazo para 9696 e IYL-chan, que son las personas que sé leen este fic y les gusta :3 muchas gracias.

Escribo sin fin de lucro.

Disclaimer: Hetalia Axis Powers y todos sus personajes -los calmados y los agitados- pertenecen a Hidekaz Himaruya.


Generación a Generación: Capítulo 6

.

.

.

La fecha para reunirse con Escocia era en poco más de una semana.

Una última semana.

Intentó convencerse a sí mismo, a pesar del miedo que escondía en lo más profundo, que la visita de Escocia sería para bien. Un hito, para Arthur y para sí. Y que el cambio que vendría a continuación sería bueno para ambos.

Francia intento sonreír más, mirar más y amar más.

Por su parte, y en un inicio, Arthur no comprendió el afán del mayor por sonreírle más, no quitarle la vista de encima, y hacerle el amor más veces de las que pensó eran soportables o posibles.

Los primeros días fueron aguantables para Francia. Como cada domingo visitaron a Peter, quien mostraba una avenencia y costumbre hacia el francés, de la que Arthur sentía una ligera envidia, sin perjuicio de lo cual la consideraba una buena señal respecto del mayor.

Después de regresar a casa, ni lunes, ni martes, ni miércoles, ni jueves, ni viernes dejó Francia que Arthur saliera del departamento.

- Te noto un poco resfriado, deberías descansar.-

- Francis; nunca estoy "un poco" resfriado. Se le llama alergia, y la he tenido desde siempre. Tú también la tienes.

- Quédate- Francia le miro suplicante, ¿cómo decirle que aquello no era alergia, sino un resfrio mal cuidado desde su mismo nacimiento?- Además, dijiste que no tienes nada que hacer desde que no tienes trabajo.

- Mira tú, buscar uno es una buena forma de gastar el tiempo.

- ¡Qué importa si no buscas por unos días!

- Sucede, darling, que si no me preocupo por encontrar uno ahora, después de todos modos tendré que hacerlo.

- ¿Y eso es un problema?

Se miraron a los ojos, ambos con cara de no dejarse engañar. Por un momento Arthur recordó unos comentarios de Francia sobre lo bien que estarían en París, mas carraspeó y asintió en rendición antes de caminar al perchero, ignorando la sonrisa egoísta de Francia, y sus palabras de agradecimiento.

Tomó la chaqueta y desapareció por la puerta, diciéndole a Francia que antes de aceptar probaría suerte una vez más, dejándolo solo para arreglar el departamento para esos días de hibernación.

Francia regresó con las compras antes que Arthur, guardando las cosas en su lugar rápidamente para ahorrarse las preguntas sobre de dónde mierda había sacado dinero para comprar marcas caras.

Su misma actitud no le pasaba desapercibida. Atrincherarse con Arthur, como si se acercara el fin del mundo.

¡No se acercaba el fin del mundo, Dieu!

Pero ya para el día viernes, Francia amaneció irrefrenable. Arthur lo notó en su forma agitada de mirarlo, en sus manos tiritando mientras preparaba un té.

El punto álgido fue cuando a Francia el tazón con té se le cayó al suelo, rompiéndose en formas geométricas de lados salteados, saltando las astillas hasta lugares remotos bajo las sábanas desparramadas a los pies de la cama, mientras el agua hirviendo lo obligaba, por reflejo, a alejarse, sobándose con fuerza los muslos donde le había quemado.

El instante de silencio bastó para que Arthur abriera la boca, pero el francés lo detuvo antes de que hablara; sin mirarlo se acuclillo para recoger el aza de lo que quedaba de taza.

- Merde.- soltó con rabia y exasperación, mientras el inglés lo miraba fijamente, sin pestañear, ya pisando el suelo.- ¡No te levantes! Puedes cortarte o enterrarte algo.- El menor no se movió, sin sonreír.- Tendrás que esperar unos minutos más, te prepararé otra taza de té.-

- ¿Sucede algo, Francis?- Francia lo miro fugazmente, tres veces, como si con la primera mirada no hubiese vito bien al inglés sentado en la cama (porque era así, una mirada no le bastaba, eran demasiado detalles que atesorar y tan cortos los segundos que no eran suficientes, por sí solas, las miradas de reojo).

- Llamé a mi casa hace unos días, mi madre está enferma y me preocupa.-

Tras levantarse, y escuchándolo hablar, el inglés tomó la escoba y la pala y se las puso en las manos a Francia.

- Puedes cortarte- insistió Francia, tan descalzo como el menor, quien, sacando el estropajo de debajo del lavaplatos, gruño en desacuerdo.

- Con lo eficiente que eres me sorprende que no te hayas cortado tú.- Respondió, estirando el paño sobre la mancha de té.- Si te preocupa al punto de tenerte incapacitado de tan nervioso que estás, deberías ir a verla.- Retomó el tema, por empatía y no por desinterés en la estadía del mayor, por más que su tono de voz no fuese amoroso y tuviera el precedente de tantas veces en que aseguro usar la mínima posibilidad para echarlo.

- ¿Vendrías conmigo?- preguntó Francia, esperanzado. Arthur estrujó el estropajo en el lavaplatos.- Te recibirán bien… comerías mejor, y mi casa es más grande que este departamento… allá tengo un trabajo reservado, nadie más puede hacerlo y sé que me aceptaran de inmediato, no tendrías que preocuparte por nada.- Ante su voz claramente desesperada y suplicante detrás del tono seguro, el inglés bajo la mirada.

- ¿No basta con ir unos días?- Francia separó los labios con sorpresa.- Si es por cuidar a tu madre bastaran unos días nada más.-

- Non, está increíblemente enferma, es un virus y no saben cómo curarlo- Insistió Francia. Arthur arrugo el ceño: conocía gente, amigos, que padecían lo mismo. No pensó en aquel momento en lo curioso que era que lo tuviera una respetable mujer mayor.

- Arthur, por favor. Ni siquiera tendrás que preocuparte por ella, yo me encargaré de todo. Sabes que en París estaríamos mejor, te lo he dicho cientos de veces.

- ¿Y Peter?-

Francia quedó perplejo. ¿Quién era Peter? ¿A quién le importaba Peter? A él no, él tuvo sus propios niños, él estuvo siempre lejos, ¿Qué importaba? Todas las naciones se criaban así.

Peter era el hijo de Arthur.

Peter le importaba a Arthur. Y ninguno de ellos era una nación, eran mortales.

Non!

¡Inglaterra era una nación, debía saber que todos crecían solos, que Estados Unidos y Canadá siempre estuvieron lejos de sus padres y llegaron a ser potencias!

- Puedo acompañarte unos días, y luego regresaré, contigo o sin ti.- sentencio Arthur ante el silencio y la mirada de desconcierto de Francia, quien asintió en silencio, tramando que estaba bien, porque una vez Arthur cruzara el canal podría recurrir a lo que hiciera falta para retenerlo.