Disclaimer: Draco Malfoy, Ginny Weasley y todo lo que reconozcan pertenece a Rowling; excepto Henry Cavil (el personaje, no el actor), ese sí es enteramente mío.
Gracias a… por sus reviews en el capítulo anterior.
.
Malentendidos
En la sucursal del infierno no existen ventanas
La Nena - Ricardo Arjona.
.
Ella es Luna. Todos la conocen. Es la Lunática de Hogwarts. Está chiflada. No sabe ni donde está parada. ¿Ya la ubican?
Bien, pues Luna, esa Luna, alguna vez tuvo que cambiar.
Alguna vez dejé de creer en sueños construidos en nubes,
y empecé a construir sueños de papel.
.
Luna puede ver cosas fantásticas. Puede creer en cosas que sólo existen en su imaginación. Puede ver a los thetrals. Luna recuerda muy bien a su madre. Si se concentra lo suficiente puede ver sus ojos (marrones, del color del chocolate), puede ver su eterna sonrisa (el labio superior mordiendo el inferior), y puede oír su voz (dulce, acompasada, perfecta).
.
Alguna vez miré mi mochila,
Y no encontré más que vacío.
.
Luna puede entender lo que los demás no pueden o no quieren entender. Porque ella supo antes que cualquiera que había algo terrible y nauseabundo en la Cámara de los Secretos. Porque ella supo que el profesor Remus Lupin era un lobo (antes incluso que Hermione Granger) y en vez de juzgarlo se propuso convertirse en su amiga. Porque ella supo que había algo extraño en el Torneo de los Tres Magos. Porque ella supo antes que cualquiera, antes que él mismo, lo que era Harry Potter (el cordero donde se expiaban los pecados de los que hicieron posible la guerra) y lo que tenía que hacer en el mundo (sacrificarse por los demás).
.
Alguna vez creí que estaba sola,
y al mirar atrás vi a mi sombra burlándose de mí.
.
Luna entendió a Ginny. Entendió su soledad, su tristeza, su ansia de tener amigos. Pues era el mismo deseo que ella tenía y que jamás había manifestado. Luna entendió a Voldemort. Entendió al niño herido y humillado detrás del adulto, el niño que ansiaba el poder porque sentía que era lo único que valía en el mundo. Luna entendió a Draco. Entendió al niño que quería convertirse en hombre con demasiada rapidez para que fuera sano, al niño que quería que su padre estuviera orgulloso de él, al niño que creyó que hacía lo correcto adentrándose en las sombras de las cuales no podría salir.
.
Alguna vez pedí un deseo a una estrella,
Y ella tardó siglos en concedérmelo.
.
.
.
El expreso de Hogwarts humea con fuerza. La plataform está sorprendentemente vacía. Pocos alumnos se atreven a volver a marcharse a Hogwarts, y pocos padres los dejan ir a ese infierno. Porque Hogwarts ya no es Hogwarts. Lo dice la plataforma con su rumor de silencio y tensión, lo dice el triste expreso con su desvaída pintura roja (cosa de los mortífagos cuando buscaban a Potter el primero de septiembre), lo dice los tristes sonidos que forman las mascotas de los alumnos. Pero así y todo, Draco Malfoy y Ginny Weasley (ambos por su parte), suben al tren.
.
Te sientas con Seamus Finnigan. El irlandés ha cambiado. Ya no es tan torpe y atolondrado, ahora es más sosegado, más taciturno. Seamus te mira y sólo asiente. No hablan, no dicen nada. Ambos aguantan el miedo.
- ¿Has sabido algo de él? - preguntas.
- No.
Asientes. Te lo imaginabas. Pero no por eso pierdes la esperanza de volver a verlo, de ver a Dean.
- No lo agarrarán - asegura Seamus.
Parece intentar convencerse a sí mismo, y tú no lo contradices. Tú también esperas que esté bien. Que no lo agarren. Que esté vivo. Ya no son novios, es cierto, pero antes de ser novios habían sido amigos, y por más que sea te duele lo que le pase.
- Malditos mortífagos - mascullas.
Y Seamus asiente.
El resto del viaje lo pasan en silencio. Parvati Patil y Lavander Brown pasan al mediodía y se sientan con ustedes. Tampoco hablan. En un momento crees que Parvati está hablando de que sus padres no querían que volviera a Hogwarts.
- Mamá dice que nuestra casa es más segura, y papá que está haciendo arreglos para enviarnos al extranjero. Pero ni Padma ni yo queremos quedarnos en casa. No con todo lo que está pasando. No somos unas cobardes, les dijimos y vinimos a Hogwarts.
- Ya - intervienes -. Mamá tampoco quería dejarme venir.
Todos te miran. Sin Neville ni Luna, tú eres la que estás al mando de la pequeña revolución que protagonizan, así que respiras profundo y te preparas para la pregunta.
- ¿Has sabido algo de ellos?
- No. Absolutamente nada. Rumores solamente.
- Nosotros también hemos escuchado rumores - dice Ernie. - Qué están en Australia. Qué se han ido de vacaciones a Tahití. Unos pocos dicen que se fueron al campo. Pero no pasan de eso, de rumores. ¿Cuál es la verdad? - finalizó su perorata alzando la voz.
- Baja la voz - le advierte Lisa Turpin.
Ernie se encoge de hombros.
- Estamos protegidos por un hechizo insonorizador - dice Michael -, pero nunca está de más extremar la seguridad, Ernie.
- Ya, como sea.
- ¿No sabes nada entonces, Ginny? - pregunta Hanan.
- No, lo siento.
-o-
- ¿Qué hacían, chicos? - pregunta la señora del carrito.
- Hablar de clases - responde Pansy sin inmutarse.
Tienes que reconocérselo, ella sabe mentir como nadie; sólo superada, quizás, por Daphne. Pero tú admiras el estilo de Pansy. Se muerde los labios, atrapa el labio inferior entre los dientes y lo aprieta, luego te mira con ojos de "yo no fui", para después hablar con su voz más encantadora, una voz que te seduce.
La señora del carrito se marcha y tú aprietas a Pansy contra la pared.
- ¿Hablar de clases?
- ¿Qué querías que le dijera? ¿Qué nos lo estamos montando?
- Tal vez.
Ella se ríe. Te besa y obliga a tu boca a darle la entrada. Accedes y la besas de vuelta. Ella rompe el beso y mueve sus labios hasta tu cuello. Sabes que dejará marca, pero no te molestas. Nunca te has molestado porque ella te marque como suyo.
El beso se hace cada vez más pasional. Jadeas y suspiras de placer. Ladeas la cabeza y la ves. Es Astoria Greengrass recostada en una pared del expreso, mirándote fijamente. Te sonríe cuando la pillas y luego da media vuelta. Resoplas, y Pansy se da cuenta.
- ¿Qué? ¿Qué sucede?
- Nada - contestas.
Pero ya Pansy ha volteado y alcanza a ver a Greengrass perdiéndose en alguno de los compartimentos. Voltea y te mira. Por alguna razón su mirada te pone nervioso.
- ¿Qué?
- ¿Desde cuándo te preocupas si alguien nos ve?
- ¿Qué?
- Contéstame, Draco.
- No… No me preocupo por eso.
- ¿Y entonces por qué?
No contestas. Pansy entrecierra los ojos. Tú cuentas hasta diez. Ella entonces insiste:
- ¿Es por Greengrass?
Algo debió ver en tu rostro, algo debiste mostrar que Pansy lanza una exclamación de sorpresa. Se aleja de ti y te mira acusadoramente. Tú te sientes como un niño al que han atrapado en una travesura. Sólo que tú no eres un niño y no sabes qué tipo de travesura hiciste. Sólo sabes que la embarraste y que debes limpiarla, un poco.
- ¿Por Greengrass? ¿Por ella?
- No… No es lo que piensas…
- ¿Ah, no? ¿Y qué es lo que yo pienso, Draco?
- Yo…
Pero no sabes qué decir. Tienes la sensación que cualquier cosa que digas, empeorará la situación.
Pansy niega con la cabeza.
- ¿Sabes qué? Olvídalo.
- No, Pansy espera…
Pero ella se da media vuelta y se aleja. Te deja solo. Solo y siendo el centro de miradas. Malditos sean los mirones, piensas.
- Está bien, vete. Vete y no vuelvas.
En la multitud divisas a Greengrass. Gruñes y vas hacia ella. Tu cara debe haber sido de asesino en serie. Todos se apartan; unos niños de primero corren asustados. Pero Greengrass no. Permanece allí, inmutable, serena. Como si no quisieras hacerle pagar por la situación en la que estás metido, como si no quisieras quitarle esa sonrisa pretenciosa, como si no quisieras averiguar el porqué de su actuar.
- Ahora sí, ¿qué coño te pasa?
Ella alza las cejas. Tú te maldices. La educación, Draco, donde está tu educación, dice una voz en tu cabeza, una voz que se asemeja a tu madre. Con lo raro que es oír voces en tu cabeza.
- No lo voy a repetir. ¿Qué rayos te pasa?
- ¿A mí? Nada.
La gente los deja solos. Los curiosos poco a poco se alejan. En el pasillo sólo quedan Astoria y tú.
- ¿Quieres matarme acaso? - preguntas, - ¿Quieres darme problemas con Pansy? ¿Quieres acaso volverle loco?
- No, para nada.
- ¿Y entonces?
- ¿Entonces qué?
Lanzas un gruñido de frustración.
- No te hagas la lista conmigo, niña.
- ¿La lista?
- Sí. No quieras ser más inteligente que yo, ¿estamos claros?
Ella te sonríe condescendiente, como si fueras un niño que no entendiera que dos más dos son cuatro, y que por más que le explicas la lección no comprende.
- Yo soy más lista que tú, Draco.
Aquello te deja paralizado en el piso. Ella no puede estar hablando en serio. No puede, ¿verdad? Sonríes burlón.
- ¿Ah, sí? E ilumíname, ¿por qué crees que eres más lista que yo?
Ella te sonríe encantadoramente, como si fuera un ángel que no rompiera un plato.
- Yo no me ando besando con leonas pelirrojas.
Uno… Dos… Tres… Greengrass no ha dicho lo que ha dicho, ¿cierto? No ha… No… No es posible, ¿verdad? Ustedes han estado pendientes. Ustedes examinan los pasillos antes de besarse. Ustedes… Te quieres golpear mentalmente. Está claro que no han sido tan cautos como creyeron. A ver, revisas. La torre de Astoronomía… el pasillo del tercer piso… los baños de Myrtle… la sala de los Menesteres… ¡Carajo! Ninguno de esos sitios es privado, todos son sitios públicos. En todos, alguien, no sólo Greengrass, cualquiera los podría ver…
- Pansy te perdonará… algún día - te dijo Astoria mientras se alejaba de ti.
Mientras te dejaba con un mal sabor en la boca.
-o-
Lo ves desde lejos. Tú bajas del expreso y él se sube a uno de los carruajes manejados por thetrals. Piensas que a esas alturas todo el mundo puede ver los caballos fantasmales, y ese pensamiento no te llena de alivio, al contrario. No te gustan los thetrals, y no te sorprendes cuando Malfoy aparta la mirada de esos bichos con un gesto de disgusto. Porque significa que has visto la muerte, significa que el mundo en el que naciste ya no es como antes. Antes había colores, ahora sólo hay gris.
Colin y Dennis se apresuran a entrar en uno de os carruajes. Sus padres no están de acuerdo en que vayan a Hogwarts, pero no pudieron hacer demasiado. Ambos hermanos están decididos a combatir a Voldemort, cueste lo que cueste.
- Disculpen, ¿puedo subir yo también?
Te volteas. Se trata de un chico alto, más alto que tú que eres bastante alta, cuyo mayor atractivo reside en una larga y apretada trenza de su cabello castaño.
- Cavil - dices a modo de saludo mientras frunces el ceño.
- Weasley - te saluda él con una sonrisa.
- ¿Qué quieres?
- Ya lo dije. Subir.
- No hay espacio - alegas.
- Tonterías. Hay espacio para que cuatro personas entren en ese carro.
Hizo ademán de subir pero le bloqueaste el paso.
- Ya te dije que no hay espacio.
La sonrisa de Cavil decae un poco. Tal vez se dé cuenta que no estás bromeando, y deje de darte la lata con eso de subir al carruaje. No vas a salirte con la tuya, piensas.
- ¿Por qué no quieres dejarme subir?
- Porque no.
Te planteas el cerrarle la puerta en las narices, pero eso sería muy descortés y todavía te queda un poco de dignidad. Así que simplemente te plantas en la entrada del carruaje y lo miras desafiante.
- ¿Acaso… acaso me tienes miedo, Ginny?
Contienes el impulso de reírte en su cara. ¿Miedo de él? ¿De qué tendrías miedo de un Casanova encantador como él?
- ¿Por qué? ¿Tienes dientes para morderme?
Él esboza una sonrisa burlona. Qué pagado de sí mismo es, piensas. ¿De verdad cree que estás coqueteando con él? No, jamás.
- Quizás.
Esbozas una sonrisa desganada.
- Pues aléjalos de mí.
Y ahora sí le cierras la puerta en la cara. Te sientas y suspiras con frustración.
- ¿Qué fue eso? - pregunta Dennis.
- Nada. Sólo unas palabras con un idiota - contestas.
- Ya ha pasado - dice Colin, como finalizando el asunto. Y se pone a hablar de las Navidades.
Pero tú no les prestas atención.
Piensas en las razones de Cavil para querer sentarse en ese carruaje. Piensas en el mismo Cavil. Algunas chicas dicen que es atractivo. Tú opinas que sólo es un chico que se cree mucho.
Luego niegas con la cabeza. Cavil es insignificante y no tiene nada que hacer en tu vida.
Qué equivocada estabas.
-o-
Contentas a Pansy en la hora de la cena. No fue muy difícil. Sólo tuviste que asegurarle que no estás interesado en Greengrass. Pansy sonrió y dijo:
- Ya decía yo. Es que era lógico, ¿sabes? No puedes compararme con Astoria.
- Por supuesto.
Pansy entrecerró los ojos con sospecha.
- Eso es cierto, ¿no? No es sólo para alegrarme la noche, ¿verdad?
- No. Lo digo porque es así, porque así lo siento.
- Bien.
Tú sonreíste. Volvías a estar bien con Pansy. Ahora sólo faltaba Greengrass. Levante el rostro y la viste. Greengrass estaba con sus amigas, hablando y conversando, pero cuando sintió tu mirada, alzó su cabeza y te buscó. Te sonrió al verte.
- Voy por ti - le dijiste sin pronunciar sonido.
Ella se encogió de hombros, para luego seguir conversando de banalidades con sus amigas.
Te planteas la mejor forma de hacerle pagar el mal rato que te hizo pasar ella. Barajas muchas posibilidades: desde acusarla de algo hasta pintar sus bragas de corazoncitos rosas. Claro que cabe la posibilidad que la Greengrass vista bragas de corazones rosas, en cuyo caso tu broma no tendría el efecto deseado. Pensar en las bragas de Astoria Greengrass te hace sonreír. Sí, puede que sea una estupidez, pero de igual forma sonríes. Sería interesante averiguar de qué color son las bragas de Astoria.
Las bragas de Pansy son blancas. Recuerdas la primera vez que la viste. Creíste que era una broma. Hasta te reíste de buena gana.
- ¿Qué? ¿Qué pasa? - te preguntó la morena.
- Son… Son b…lancas - dices entre resoplidos de risa.
- ¿Y?
La miraste incrédulo.
- ¿Qué todas sus bragas son blancas?
- Pues… la mayoría sí - te dijo sonrojada.
Ahora Pansy no usa bragas blancas. Usa bragas negras, rosas, azules, verdes… pero jamás blancas.
El pensar en bragas, te hace pensar en Ginevra. Parece mentira que no puedas decir de qué color son sus bragas. Con la cantidad de tiempo que pasan juntos… Entonces te dices que a partir de hoy esa es tu nueva meta: ver las bragas de Weasley. Y de paso ver las de Astoria.
-o-
Torre de Astronomía, luego de la cena.
Terminas de leer la nota y la arrugas. La ira te sube por el esófago como si de un volcán se trata. ¿Quién se ha creído? ¿Quién se cree que eres? ¿Piensa acaso que eres una especie de sirvienta? ¿O alguna actriz e su teatro? ¿Piensa acaso que es el director de la obra y que tú sólo necesitas de su señal para entrar en escena?
Muchos maleficios pasan por tu cabeza. Algunos más terribles que otros. Pero todos chocan con tu dignidad, con tu ética y tu moral. Y fulminas a Draco. Él está en la mesa de Slytherin con sus amigos, ajeno a la rabia que burbujea en tu sistema. Ajeno a tus pensamientos de muerte y tortura.
No vas a ir, te dices. El rubio levanta la cabeza y la fija en ti. "Irás", parece decirte desde la lejanía. "No", le replicas. Esta vez no. Esta vez no te vas a dejar convencer. "O vienes por las buenas o por las malas". "No. Y es mi última palabra".
Pero una hora después, estás en la torre de Astronomía.
-o-
- ¿Dónde está Luna?
Alzaste una ceja.
- Weasley, esos modales… - susurraste para luego chasquear la lengua.
Ella, sin embargo, te ignoró.
- ¿Dónde está? - te preguntó con su voz más dura.
Suspiraste con desgana.
- En mi casa.
- ¿En tu casa? ¿O en el calabozo?
Te encogiste de hombros.
- ¿Tú qué crees?
Ella cerró los ojos. Una lágrima brotó de sus ojos. Ella se la secó de un manotazo.
- ¿Cómo está? - pregunta con voz ronca.
- Está bien.
Ella asintió. Como resignada. Resignada a lo que pasara. Pero la conocías, la conocías y sabías lo que realmente sentía. Ella tenía miedo. Miedo de Luna, miedo de lo pudiera pasarle, miedo de lo que pudiera pasar a todos. Pero no se atrevía a mostrar su miedo, no contigo. Gruñiste. Porque ella no confiaba en ti. No confiaba en que podías comprenderla, en que podías entenderla. Abriste la boca para decirle sus cuatro verdades, luego la cerraste. Porque te diste cuenta… Te diste cuenta de que tú tampoco confiabas en ella.
Cerraste los ojos.
- Ella está bien, bien en lo que cabe. Tiene una manta para que no pase frío, comida y un techo. No se morirá de hambre.
Abriste los ojos. La pelirroja te miró fijamente.
- Pero se morirá de otra cosa.
- ¿De qué?
Ella suspiró.
- Luna es un espíritu libre. Y los espíritus libres no pueden estar enjaulados.
- ¿Por qué? - preguntaste.
Ella te miró extrañada.
- Porque se mueren. Se mueren de algo más horrible que la muerte. Se mueren de hastío, de pena, de tristeza. Se van apagando, marchitando, empequeñeciéndose… Luna pertenece a esa clase de espíritus libres. Esa clase de personas que no sirven para mantenerse tras las rejas.
Y tuviste la impresión de que Ginevra no estaba hablando de Luna. De que estaba hablando de alguien más. ¿Pero de quién? ¿De Potter? ¿De su espíritu libre? ¿O de alguien más?
Pero Ginevra borró de un plumazo tus pensamientos. Se acercó a ti y te besó. Devoró tu boca e hizo que te olvides de todo, de todo y de todos. Hizo que la preocupación sea más leve, que la guerra deje de tener importancia, y que la vida por un instante sepa a los colores de antes. Es una vía de escape, te dices. Un escape de la realidad, de los problemas. Un olvido de insignias, de apellidos, de tradiciones… Un olvido de todo, hasta de sus propios nombres.
Y sonreíste. Más liviano. Más tranquilo. Más adicto. Le devolviste el beso. Le devoraste igualmente la boca. La hiciste olvidar. Se separaron para tomar aire. Tú recorriste la piel de su cuello. Ella dio leves tirones a tu cabello. Luego cambiaron las tornas: tú halaste su cabello, ella bajó hasta tu cuello.
- ¿Qué es esto?
Se detuvo. Abres los ojos (¿en qué momento los cerraste?). Y la miraste. Ginevra tenía el ceño fruncido, crispado. Te preguntaste qué le pasaba. ¿Estaba en sus días del mes, acaso? Te contuviste antes de preguntarle eso.
- ¿Qué es qué?
- ¡Esto!
Y señala algo en tu cuello.
- Sé más específica, Weasley. No puedo ver mi cuello.
Ella frunció aún más el ceño si cabe.
- Tienes un chupón en el cuello, Malfoy.
Malfoy, no Draco… Y apenas te das cuenta de ese cambio cuando caes en cuenta de quién te hizo el chupón. Maldita Pansy. Maldita sea ella y su manía de marcarte como de su propiedad. Tú no eres de nadie, de absolutamente nadie.
- ¿Y bien? - preguntó Weasley.
- ¿Y bien qué?
Ella rueda los ojos exasperada.
- ¿Por qué tienes un estúpido chupón en el cuello?
- ¿Acaso importa?
- ¡Por supuesto que importa!
- ¿Por qué?
El gesto de molestia de la pelirroja decae. Desarmada. Obligada a pensar en una respuesta que la dejara salir con dignidad de esa situación. Sonreíste burlón. Ella se dio cuenta de tu sonrisa y gruñó.
- ¿Sabes qué? Olvídalo.
- ¿Qué lo olvide? ¿Y eso por qué? Tú empezaste.
- Y yo termino. Me marcho.
- ¿Pero qué…?
Y por tercera vez en ese día te dejaron hablando solo. Gruñiste.
- Mujeres. ¡Bah! ¿Quién las necesita? Todas están locas. ¡Completamente locas! Primero, Pansy. ¿Para qué carajos me pregunta por Greengrass? ¡Si ni siquiera la conozco! No sé nada de ella más allá del hecho de que es hermana de Daphne y que toca el piano. Eso no es suficiente para conocer a una persona, ¿verdad? Pero claro, cuando Pansy está celosa, cualquier chica sirve para ser el destino de sus celos. ¡Loca, está loca! - Hiciste una pausa -. Si quería estar celosa, ¿por qué no elije a otra? ¿Qué tal Weasley? Con Weasley me lo estoy montando, ¿sabes Pansy? Nos vemos casi toda la noche y nos besamos como si no hubiera un mañana. Oh, pagaría por ver tu cara de cachorra abandonada si te enteraras de esto. - Hiciste otra pausa. - La que si sabe es Astoria. ¿Cómo demonios se enteró? ¿Nos espió? No, no creo que sea de su estilo. Nos pilló en algún momento. Debo asegurarme que no lo haga de nuevo. Si esto llega a oídos de mi padre… o de mi tía… o de Voldemort… Seré hombre muerto, sí señor. - Tomaste aire. - Eso no quita que las mujeres están locas. ¡Todas ellas! ¡Completamente locas! ¿Quién las necesita?
Saca otro cigarrillo y mira hacia el cielo.
Y al final no pudo saber de qué color eran las bragas de la Weasley.
¿Reviews?
