Disclaimer: Harry Potter es absoluta propiedad de Jk Rowling. La trama es completamente mía.
Cada cosa en su puesto II
Pero el silencio es la mejor forma de mentir
Tu silencio - Bebé
Es como una película. La observas desde afuera. Eres simple espectadora. No participas. Tus acciones no perturban la trama. Estás tan sólo mirando.
No es una película de terror. Mucho menos es una película romántica. Es una película de drama. De suspenso. De guerra.
Ves flash de la película. Tampoco la ves completa. Te ves a ti misma corriendo por los pasillos, desoyendo a tu madre, luchando con los mortífagos. Es 2 de mayo de 1998. La sangre corre. La muerte los devora a todos. Y el miedo se ríe de todos.
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Besas a Malfoy en esa aula vacía. Te abrazas a él. Te quemas con él. Esta vez no hay tiempo para preliminares.
Es rápido, funesto, un rapidito de esos que nadie se acuerda al día siguiente. No hay tiempo para besos finales. Para cigarrillos que llenan el cuerpo de nicotina y lo elevan de la realidad.
La realidad está allá afuera. Aterradora. Terrible. Opresora. Ustedes son prisioneros de ese salón. De sus silencios. De lo que ocultan. Son prisioneros de ustedes mismos.
Tú y él, los dos. Y de repente vuelven a encontrarse en medio de la batalla. Y son enemigos. De nuevo…
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I will follow you into the Dark
Tú lo seguiste siempre. Metiéndose en los linderos de la oscuridad. Interpretando sus gestos. Sus opiniones. Metiéndote con sus demonios. Metiéndose él en los tuyos.
La gente dirá siempre que él te pervirtió. Te corrompió. Pero tú sólo seguiste la senda que él te marcó. La senda que tú ya habías visto. Pero tenías tanto miedo de ella…
Y ahora tienes miedo de quedarte en ella. En la senda de la oscuridad. De la soledad. No quieres darle la espalda a tus amigos. A tu familia. A Harry…
No quieres el infierno. No quieres la oscuridad seductora que él te ofrece. Prefieres el cielo. Prefieres sueños de colores. Así que tarde o temprano debes despertar del sueño de la oscuridad.
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Ser o parecer
¿Qué es lo qué somos? ¿Para qué vivimos? ¿Para qué nos unimos de dos en dos?
¿Somos lo que parecemos? ¿O terminamos siendo lo que hemos parecido?
Con él eras una. Con los demás, eras otra. Al menos eso fue lo que siempre pensaste. ¿Pero de verdad era así? ¿No eras siempre la misma?
Siempre creíste que él te conocía más que cualquiera. Él nunca te halagó. Él nunca te intentó proteger. Más bien, siempre quiso destruirte. Siempre.
¿Ser o parecer?
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- Yo siempre lo supe… Siempre supe que estaban juntos… Que se escondían para desnudarse uno frente al otro… Yo siempre supe que nunca serías mía
Él tosió, ahogándose con la sangre que le salía de la boca. Atragantándose con sus propios fluidos.
- Ya no hables. Ya no hables…
- Tengo que hacerlo… Tengo que… Esta es mi última vez.
- No…
- Detesto las despedidas.
- Entonces no te despidas…
Él te miró. Sonrió ampliamente.
- Siempre quise esto. Que estuvieras a mi lado. Que quisieras complacerme.
- Yo siempre creí que era un juego…
- Al principio, sí, lo fuiste… Luego… luego ya no.
Tú negaste con la cabeza. Asustada. Nerviosa. También tú tenías sangre en la sien. Tus cabellos estaban sucios y sin vida. Los de él estaban empapados en sangre.
- Los vi una vez, ¿sabes…? A ti y a él…
- Ya no hables más.
- Y se veían tan bien… Era un buen contraste. Él… tú… Parecían dos piezas de un puzle.
- No… No lo somos…
- Tal vez pienses que no… pero yo pienso que sí.
Tragó la sangre. E hizo una mueca. Lo besaste. En la mejilla, en la comisura de los labios. Ahí donde la sangre estaba más fresca. Y la lamiste… No sabía igual. Nada igual a la sangre de Draco… ¿Por qué decían que todas las sangre sabían igual? A ti no te lo parecía.
- Te ves tan bien… absorbiendo esa sangre… llevándote algo de mí… Para recordarme…
- ¿No te parece asqueroso?
- No la verdad es que no.
- Debes estar tan enfermo como yo entonces…
- Tal vez…
Henry Cavil cerró los ojos. Tenía ya muy pocas fuerzas. Apenas pudo apretarte la mano una última vez. Luego todo su cuerpo quedó laxo. Inerte.
Una lágrima cayó en tu mejilla. Cerraste los ojos. Acariciaste aquella mata de cabello castaño. Porque no debía ser así. No deberían morirse así. Es injusto. ¡Maldito Tom!
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Harry está lleno de sangre. Está más delgado que nunca. Famélico casi. No se ha afeitado en una buena temporada, por lo que su barba está muy tupida. Sus ojos estaban opacos. Y parecía cansado, muy pero muy cansado.
Se acostó en su cama. Y tú te acostaste a su lado, intentando no despertarlo. Aspirando su olor. Embebiéndote del pasado. Aún dormido, él te pasó un brazo por los hombros e hizo que te recostaras en su pecho. Lo hiciste.
Lo miraste a la cara. Los ojos de Harry estaban fuertemente cerrados. Parecía tranquilo. No tenía una de sus extrañas pesadillas.
Lo miraste y lo miraste hasta cansarte. Hasta que tus propios ojos se cerraron sin poder evitarlo.
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Mes de agosto, 19:00 horas
- ¿Entonces no vas a volver? - le preguntó Harry.
Era increíble lo bien que habían obrado esos meses. Harry estaba un poco más alto. Ligeramente musculoso. Y sus ojos brillaban igual que siempre. Se veía bien.
- No, creo que no - le contestaste -. No me apetece volver a Hogwarts sin ti.
- Irá Hermione.
- Sí, lo sé. Pero no quiero volver, Harry. Demasiados recuerdos…
El tema de la guerra era delicado. Lo habían tocado sí. Pero no era tan fácil hablar de la muerte de tantos por la victoria de pocos. Harry seguía pensado en Remus, en Tonks, en Fred. Ginny pensaba en todos ellos, y también pensaba en Colin, en Henry, y en Draco…
- Te entiendo - dijo Harry.
Asentiste. Harry jamás te iba a presionar. Siempre iba a dejar que tomaras tus propias decisiones. Y siempre, siempre te apoyaría. Era un gran hombre, era un gran hombre. Nada como Draco, no señor.
Hiciste una mueca. No querías recordar a Draco en ese momento. No querías tener algo que ver con él.
- Ea, lo siento.
- ¿Qué por qué?
- Bueno, estaba hablando sobre que me ofrecieron el entrenamiento de Aurores y estaba planeando empezar ya pero si te parece que…
- ¡No! - exclamaste rápidamente -. Me gusta, me gusta mucho la idea. Es lo que siempre has querido, ¿no? Está bien, me gusta.
- ¿Estás segura? Porque creí que…
- No es nada, estaba sólo pensando en… no importa - hiciste un gesto para que aquel pensamiento cayera en el olvido -. Me parece fantástico la idea de que vayas a entrenar ya.
- Sí, es que así no pierdo el tiempo.
- Por supuesto.
Se quedaron mirándose. Tú sonriéndole, él suspicaz.
- ¿Estás bien?
- Sí, Harry, muy bien.
Harry lo dejó estar. Pero por primera vez se preguntó qué había vivido su novia en todo el año en que él no estuvo presente.
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13 de Septiembre, cumpleaños de Hermione, Hogsmeade, Tres Escobas, 21:00 horas.
Ya han picado el pastel. Ya la cumpleañera ha abierto sus regalos. Ha recibido más que el año pasado. Ya han descorchado varias cervezas de mantequilla. Y ahora hay una ronda de chupitos de whisky de fuego.
Madame Rosmerta está encantada. Su clientela siempre ha sido numerosa, pero ese día el bar estaba a rabiar. Todo Reino Unido debe estar allí.
Tú bailas con Harry. Harry siegue siendo torpe para bailar, pero tú lo llevas con paciencia, con mucha paciencia. Están tocando una vieja canción de las Brujas de Macbeth. Tu grupo favorito de todos los tiempos. Si tuvieras buena voz te unirías a ellas, pero como sirves más para volar que para cantar, prefieres unirte a un equipo de quiddicth.
- ¿En qué piensas? - pregunta Harry.
- Me gusta esto. Esta paz. Esta tranquilidad… Me gusta.
- A mí también.
Ron les dice que ya se van. Que la fiesta sigue en su casa, porque es muy tarde y todo eso. No dice el motivo real: Hermione está harta de los periodistas. Pero no hace falta porque todos lo sospechan y se van sin chistar.
La casa de Ron y Hermione es considerablemente pequeña, pero los amigos se las apañan para caber. Son todos héroes de guerra. Del Ejército de Dumbledore la mayoría. Allí está Luna, todavía recuperándose del encierro en Malfoy Manor. Allí está Neville y Hanan, ambos parecen muy unidos. También está Michael y sus amigos, Dean y Seamus, y muchos otros que conoces. Todos defendieron el castillo, todos acabaron con Voldemort.
Y todos están felices ahora.
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Tres años después, Pascua, Callejón Diagon, Túnicas de Madame Malkin.
- Y una túnica de gala, madame.
- ¿Masculina o femenina?
- para hombre.
- Um… veamos.
Madame Malkin se conoce al dedillo su tienda. Probablemente ni siquiera sus dependientas saben de todas las túnicas que hay en local. Mientras la ves, buscar entre sus mejores túnicas, miras a través de la ventana.
El Callejón Diagon ha vuelto a su normalidad. Al bullicio de los clientes, a al entusiasmo de los vendedores, y a la alegre camaradería de los pacientes.
- Hola, Weasley.
Te volteas. Repentinamente alarmada. Nerviosa. Casi asustada. Reconocerías esa voz a través de un montón de personas. Y no te equivocas. Está más alto, tiene menos ojeras, y su cabello está más brillante, pero sigue siendo el mismo.
- Malfoy - dices a modo de saludo.
- Weasley - saluda él con un gesto de la cabeza.
- Es Potter - lo corriges.
- ¿Disculpa?
- Es Potter - repites, mientras muestras el anillo de matrimonio -. Me casé hace un año con Harry.
- Um… Bueno, felicitaciones.
Por un momento, adviertes la incomodidad y la molestia. Luego, Malfoy parece sonreír. ¿Lo habrás imaginado? ¿Has llegado hasta el punto en el que piensas que Malfoy tiene sentimientos? ¿Qué puede llegar a molestarse por su unión con Harry?
- Gracias…
Madame Malkin los interrumpe:
- Señor Malfoy, no sabía que había vuelto a Inglaterra.
- Llegué hace muy poco - contestó Draco.
Malfoy, ¿recuerdas?, es Malfoy. Malfoy, no Draco. Obligas a tu consciencia a callar, y preguntas:
- ¿Te habías ido?
- Me fui a Durmstrang por un tiempo. Ahí terminé mis estudios. Luego, viajé a Francia, ahí volví a ser a Astoria Greengrass. ¿La recuerdas?
¿Qué si te acordabas? Claro que sí. Recordabas a la chica que encendió tus celos en el Gran Comedor. A los ojos verdes que parecían seguirte sin descanso.
Pero ni muerta, dirías que te acuerdas de ella.
- ¿Y la túnica? - preguntas.
- Aquí tienes, cielo.
- Gracias. - Y luego como de pasada, agregas -. Es para Harry. Para su nombramiento como auror.
A Madame Malkin le brillan los ojos con la sed del chismorreo.
- ¿Ya es oficial?
- Aún no. Pero lo harán pronto.
- ¡Ah! Dele mis felicitaciones de mi parte. ¿Está bien?
- Así lo haré. Descuide.
Tomas la túnica. Te giras. La mirada de Malfoy es indescifrable, no te da ningún indicio de sus emociones. Por un momento quieres preguntarle qué le pasado, cómo se siente, qué piensa de tu matrimonio con Harry. Pero son preguntas estúpidas y te muerdes la lengua.
- Malfoy.
- Weasley.
Te giras para marcharte, pero antes escuchas la conversación entre Madame Malkin y el rubio.
- ¿Y usted a qué venía?
- A comprarle algo a mi futura esposa.
¿Eres tú o hay mucha alegría en la voz de Malfoy? Lo miras de reojo. Malfoy parece casi feliz. Relajado y cómodo, casi entusiasmado. Y te preguntas si es verdad, si realmente se va a casar.
- ¿Y quién será la afortunada?
- Astoria Greengrass…
Sales de allí antes de poder escuchar más. Antes de que puedas… no mejor ni pensarlo. Sales de la tienda Madame Malkin con el corazón latiéndote locamente en la caja torácica. Caminas por el Callejón Diagon como en una bruma. Como si volaras sobre el pavimento. Tienes que hacer otras compras, pero mejor lo dejarás para después, no tienes paciencia para encarar a los vendedores. Así que te diriges al muro que conecta los dos mundos.
Entras al Caldero Chorreante. Decides tomarte una cerveza de mantequilla. Tal vez puedas tranquilízate con un poco de alcohol y volver a la contienda que se hace llamar "ir de compras".
- Una cerveza, Hanan, por favor.
Hace muy poco, Hanan abrió el Caldero Chorreante. Tom decidió retirarse y vender el local. Hanan tomó la responsabilidad y el Caldero marchaba viento en popa como siempre.
La aludida le sonrió y le pasó la cerveza por la barra.
- Una taza de alhelí para mí - dice otra voz.
- Por supuesto, Greengrass.
Greengrass… Sólo hay dos chicas con ese apellido en Inglaterra. Rezas porque sea la primera. Porque sea Daphne. No Astoria. Rezas para que no te tengas que topar con la futura esposa de Draco. Volteas. Ahí está. Ahí, a sólo dos banquetas de la tuya, está Astoria.
Demasiado perfecta. Demasiado hermosa. Demasiado… lo que tú no eres. Sólo su perfecta túnica vale más que tu sueldo de una temporada con las Arpías. Y ya ni hablar de su cabello, sus uñas, sus joyas, y el maquillaje ligero que adorna tu cara.
- Gracias, Abbot.
Y ni siquiera puedes contentarte con que sea una chica boba y estúpida. O descarada. O grosera. ¡Es demasiado perfecta! Una mujer no puede ser demasiado perfecta. No puede. Pero al parecer ella sí. Astoria sí. Y eso te molesta.
Te levantas. La botella de cerveza intacta. Los galeones colocados de cualquier manera. Y tú corriendo hacia la chimenea. Hacia el refugio de tu casa.
Eres una estúpida, te dices. Una completa estúpida.
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Dos horas después
La pequeña fiesta ha sido un total éxito. Están Ron y Hermione. El resto de tus hermanos, junto con Fleur y Angelina, la novia de George. También está Neville y Hanan. Luna está con el nieto de Newt Scamander, Rolf. Rolf Scamader es tan rubio como ella, y tan interesado en las criaturas mágicas como ella. También hay un par de Aurores recién egresados, del mismo año que Harry. Uno tiene novia, el otro es soltero.
- Gracias - te dice Harry.
- Vamos, si es sólo una fiesta.
- Gracias por estar siempre a mi lado.
- Y siempre lo estaré - prometiste.
Ron descorcha una botella de whisky de fuego y empieza a repartir.
- A que no adivinan a quién me encontré hoy - reta.
- ¿A quién, Ron? - pregunta Luna.
- A Pansy Parkinson, en el Ministerio. ¿Pueden creerlo?
- Eso no es raro - dice uno de los Aurores. Si no te equivocas, su nombre es Mac Cavil. Sí, es primo del fallecido Henry. Te obligas a no pensar en Henry, y sí en lo que Mac está diciendo -. Ella es la asistente de secretaria del Jefe de Arurores.
- ¿En serio? ¿Y eso cómo por qué? - pregunta Seamus.
Mac se encoge de hombros.
- Esto de acuerdo con Mac, no es raro - interviene Hermione -. Luego de la guerra, Parkinson fue "obligada" a prestar servicio a la nación. Como nadie sabe qué papel jugó en la guerra… Decidieron que como era amiga de Malfoy y heredera de una familia de sangre limpia, lo lógico era que ella tampoco apoyaba a los muggles.
- Ok, eso se entiende. A duras penas pero… - Ron niega con la cabeza -. ¿Cómo explicas que termine siendo la asistente de una secretaria?
- Ahí sí que no sé.
- Yo me conseguí a Malfoy - dices.
- ¿A Malfoy?
- ¿En serio?
- ¿En dónde?
- Creí que no estaba en Inglaterra…
- ¿Ha vuelto?
- Al parecer sí - contestas -. Me lo encontré en el Callejón Diagon.
- Ese caradura - gruñe Ron.
Hermione niega con la cabeza.
- No vale la pena, Ron. No importa.
- Oí que se iba a casar - dice Lavender.
Casi irreconocible, con una fea cicatriz en el rostro, pero intentando sobreponerse. Greyback puede ser muy malo cuando quiere, piensas con un estremecimiento.
- Yo que se iba a divorciar - dice Parvati.
- Se va a casar con Astoria Greengrass - les informas. No sabes porque lo haces. Simplemente sabes que si te quedas con eso por dentro, tendrás problemas, muchos problemas.
- ¿Greengrass?
- ¿En serio?
- No la conozco - dices Dean, Seamus y Ron al unísono.
Los demás se ríen. Ellos fruncen el ceño.
- Es la hermana de Daphne - dice Hermione -. La que siempre estaba con Pansy. La de pelo ligeramente rizado. También era castaña.
- Sigo sin saber quién es - asegura Ron.
- Ella siempre estuvo pendiente de Malfoy - apuntó Parvati - Si es que quiso ir al Baile de Navidad con él. ¿Te acuerdas, Padma?
- Sí, claro.
- Pero él claro, no iría con una niña dos años menor, no señor.
Algunos se rieron. Tú te sentiste mal. Porque te reconociste en esa niña. Podías verla, metiéndose en su cama, llorando a lágrima viva porque el chico de sus sueños no le hacía ningún caso. Podías ver a Astoria. Y te podías ver a ti misma. Ambas eran parecidas, y también eran diferentes. Negaste con la cabeza. Te estabas comportando muy estúpida.
Te disculpaste y te dirigiste a la cocina.
- ¿Estás bien, Gin?
Era Luna. Te había seguido.
- Eh… sí. Estoy bien.
- No lo parece - observó.
- Estoy bien, Luna. En serio. Sólo… sólo estoy un poco cansada.
- Um… ¿Quieres volver?
- Sí, claro… Vamos.
Decides pasarla bien. Y apartar a cierto rubio egocéntrico de tu cabeza. Por tu bien y por el de los demás.
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Es como una película. Ves las secuencias. Te llenas de dicha al ver a los protagonistas. Los malos luchan contra los buenos. Los buenos ganan. Y el protagonista se queda con la chica más hermosa.
¿Pero alguien alguna vez le preguntó a la chica hermosa si eso era lo que quería? ¿Si realmente ella quería quedarse para toda la eternidad con el protagonista? ¿Alguien alguna vez pensó que la chica hermosa bien podría quedar con el villano de la película?
No, nadie se preguntó eso. Y las cosas siguieron su curso original.
Notas de la autora:
- Um… en el próximo viene el epílogo.
- ¿Tomatazos? ¿Crucios? ¿Amenazasa de muerte? Envíelas por ese cuadrito de allá abajo.
