·Disclaimer: Los personajes son de Rowling...Aún.
·Advertencias: AU, tomo el sexto tomo, pero algunas cosas cambian. Slash. Lemon. Lime. Tortura. Manipulación y otras cosas lindas que se irán viendo a medida que esto avance~.
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Capítulo dos: Interludio.
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Era tarde, horas donde la gente normal suele dormir; pero Harry estaba despierto, de espaldas al techo e intentando conciliar vanamente el sueño. Todos esos días de aburrimiento le habían hecho buscar desesperadamente medidas para que el tiempo pasara más rápido y él simplemente había dormido una cantidad de horas absurdas. Y ahora pagaba aquellas maravillosas horas nocturnas con insomnio.
Por lo menos, esa noche Hedwig le hacía compañía, mirándolo desde la ventana, donde estaba apoyada.
El muchacho volteó la cara para mirar a su lechuza, que se perfilaba hermosamente con la luz exterior. Frunció el ceño, a medida que dejó escapar una de las tantas disculpas que le había dado al ave por el acto estúpido que había cometido hace dos días.
—Seguramente el bastardo de Snape estaría contento de escucharme admitir que fui un idiota, Hedwig —masculló sin dejar de observar al ave, que ahora giraba su cabeza en su dirección—. ¡Lo sé! Creo que no estaba pensando cuando envíe esa carta, ni mucho menos pensaba cuanto te mandé a ti.
La lechuza ululó molesta, cansada seguramente de haber escuchado palabras parecidas desde que regresó a casa. Harry hundió la cabeza en el colchón y lanzó un suspiro frustrado que lentamente se convirtió en una risa ahogada al mantener aquella posición.
—Así que… ¿de verdad le entregaste la carta a Voldemort, preciosa? —preguntó mirando nuevamente al pájaro, mostrando los dientes en una gran sonrisa—. Hubiera sido genial ver sus reacciones. Sólo si su cara fuera capaz de tener expresiones faciales, claro está…
Como si esperara que le respondieran, siguió divagando al respecto, imaginando las no-expresiones del Lord al ver su escrito. Su cabeza llenándose de imágenes donde Voldemort leía su carta, la quemaba y salía en llamas —de la manera más literal posible— directamente a matarlo por su osadía. También imaginó que el hombre sencillamente estallaba y dejaba una estela de humo en su lugar, sin poder comprender la estupidez de su enemigo. Dijo en voz alta, que ambos escenarios eran realmente muy buenos y altamente probables, aunque él se decantaba por el segundo.
De igual modo, pensó en que recibiría una respuesta, sólo por un estúpido capricho de Voldemort para mandarle una muy dolorosa maldición vía correspondencia. Aunque como estaba seguro que el hombre no tenía la capacidad para escribirle, deshecho el escenario con rapidez.
Y sin embargo, el destino completamente empeñado en destruir su karma, hizo que segundos después una lechuza oscura entrara en su habitación, parándose frente a él de manera amenazante.
Atragantándose de la impresión y saltando hacía atrás como un desesperado medio de defensa, hasta chocar con la puerta del dormitorio, Harry observó al ave que estaba en su cama y que le traía una carta.
Su mente lo único que procesó en este momento fue una cantidad de improperios que haría sentir orgulloso a la persona más ruin del planeta.
No necesitaba hacer uso de su inteligencia para saber de quién era esa carta, ni siquiera tenía que mirar las iniciales del sobre, donde la curvada letra que conocía de un viejo diario se hacía presente. Sólo era cuestión de sentido común, pues nadie aparte de sus amigos le escribía y como ellos estaban impedidos de hacerlo… sólo quedaba una posibilidad, porque él envió una carta y ésta tenía una respuesta. Oh, por las pelotas de Merlín, esto era algo que no estaba seguro de poder enfrentar ni en un millón de años. Nada lo había preparado para esto.
A nanosegundos de la hiperventilación, Harry terminó por aceptar que El Que No Debe Ser Nombrado, el Señor Oscuro, el Señor de las Tinieblas y básicamente el malo del cuento, no sólo había verdaderamente leído su carta, sino que se había dignado en escribir una —seguramente— muy oscura respuesta.
Preguntándose si su locura había alcanzado algún límite que no conocía, se acercó al ave y le quitó lentamente (¡no fuera que en realidad la carta explotara!) el peso extra de su pata. Luego se dedicó a observar el sobre de pergamino que tenía un pequeño sello en forma de serpiente y la letra del Lord como únicos adornos; fascinado, dejando que lentamente su curiosidad natural aflorara como burbujas por su piel, quitó el sello y cerró los ojos con fuerza, esperando a que algo pasara.
¿Ninguna maldición dolorosa le estaba torturando? ¿No fue transportado a algún cementerio místico? ¿Ni una pequeña explosión? Oh bien…esto se estaba saliendo de control.
—¿Qué demonios está pasando aquí? —masculló mientras sacaba el pergamino del sobre, preguntándose qué carajos podría haber escrito Voldemort a él—. Por todos los cielos…
Potter:
Eso fue uno de los intentos de correo más ridículos que he tenido la desgracia de ver. ¿Qué pretendes? ¿Matarme con tu ineptitud? Lamento destruir tu esperanza, pero eso no resultará conmigo. No sé quién ha tenido la desgracia de ser tu correo habitual, pero aquella persona debe estar sin inteligencia, tu correo perfectamente, destruye neuronas.
No respondo este tipo de cosas, porque nadie tiene la osadía de escribirme algo que yo no desee ver. Pero tu estupidez no tiene límites, Potter, así que simplemente escribo esto para aclararte ciertos puntos, que espero, ayuden a nutrir tu ya alto repertorio de pesadillas.
Primero, ¿crees que porque todo el Mundo Mágico ama tu "valentía" tienes el derecho de considerarme tu entretención personal? Lee muy bien, no soy la entretención de nadie, mucho menos de alguien como tú. Si te aburres en tu patético hogar, no es de mi incumbencia y como te mataré de todos modos, sólo te amenazo con que si vuelves a intentar algo como esto, te torturaré de la forma más dolorosa que jamás has imaginado. Y luego, tal vez, te mate aún más dolorosamente. ¿Qué dices? También podría atraparte y tenerte como mi prisionero durante un tiempo interminable, después de todo, existen varios método de tortura lo suficientemente crueles para satisfacerme sin la necesidad de matar a mi víctima.
Francamente, yo lo considero una idea estupenda.
Segundo, por si no te has dado cuenta, mi trabajo es matar gente. ¿Señor Oscuro te suena al menos un poco? Mato a todo aquel que tiene la más leve intención de alzarse en mi contra. Creí que habrías aprendido algo, Potter. No soy un psicópata sin sentido como tan floridamente relatas al final de tu intento de carta; deberías ver que todos los que mueren, se lo merecen.
Tercero, no estoy obsesionado contigo, simplemente eres una amenaza que intento destruir y que por la suerte, —¡ni si quiera por su talento!—, se me escapa de las manos. Pero tranquilo, pronto acabaré con este circo y te despedazaré.
Y cuarto, lamento destruir tus esperanzas respecto a mi apariencia, pero ya tengo nariz y naturalmente, todo lo que un rostro humano es capaz de poseer.
¿Así que tu preciosa Orden está cuidándote? Bien por ellos, preocupándose de un patético adolescente en lugar de resguardar la seguridad del mundo que tanto claman proteger de mí.
No vuelvas a escribirme nunca más, si no quieres destruir las vanas esperanzas de una muerte indolora para ti.
Con todos mis deseos homicidas,
Voldemort.
No pudo evitarlo, soltó una risa maníaca que escapó de lo más profundo de su alma. Había olvidado completamente que Voldemort se encendía como una vela cuando lo provocaban y ningún mejor testimonio que la carta que reposaba en sus manos.
Releyó la carta varias veces, sólo para asegurarse de que lo sucedido era real. Sin borrar su risa anterior del todo, se mordió los labios, pensando en los puntos que le parecieron más importantes del correo del Lord. Sin duda lo que más le llamó la atención fue la mención de que el hombre tenía nariz, el cómo lo hizo no era tan importante en cómo se vería. Sinceramente su apariencia era repulsiva y por trato de imaginarlo, con su apariencia serpentina pero con una nariz en el medio de su cara…
Segundos después se estremeció completamente.
Oh Dios, la imagen mental era terrible.
Aunque infinitamente mucho mejor que el Voldemort que conocía desde antes.
Harry frunció el ceño, él no debería estar concentrando sus pensamientos en la apariencia de su enemigo. Por mucho que le diera curiosidad por saber cómo se vería actualmente. Sacudió la cabeza para alejar esos perturbadores pensamientos de su mente y su vista volvió a viajar por la carta, buscando otro punto que despertase su interés. Sus cejas se elevaron con curiosidad a la mención de la Orden del Fénix y pensó por un minuto en lo ocurrido ese día con los miembros que estaban en su casa y el grueso altercado que le había costado una extremadamente dura reprimenda de sus tíos (especialmente de su tío Vernon). Torció un gesto de desagrado, mientras una molesta sensación de rabia subía hasta situarse en su garganta.
Aún le dolían las reacciones de ese día.
Gruñó, mientras se dejó abrazar por los sentimientos negativos durante más tiempo del necesario. Sabía que no sacaba nada con ello, pero simplemente se dejó embargar, sin una razón verdaderamente poderosa para ello. Sin darse cuenta arrugó la carta que tenía en las manos y se arrojó nada ceremoniosamente en su cama, su rostro repleto de una mueca de frustración enorme.
Hedwig ululó suavemente desde la ventana y Harry le comenzó a hablar despacio, aún en su boca filtrándose la rabia que sentía:
—No debería enojarme preciosa, ya debería estar acostumbrado a que las cosas terminen así. Pero no puedo evitarlo… —gruñó y sus labios se arrugaron hasta ser una pequeña línea—. A veces me gustaría que tío Vernon se controlara tal y como Ojoloco lo amenazó el año pasado y quizás hubiera resultado...
Volvió a gruñir y pataleó al aire, enrabiado. Su lechuza aleteó y sobrevoló el cuarto, hasta terminar posada en el escritorio.
Harry, viéndola pero a la vez no, no le hizo verdadero caso y continuó con su charla.
—Creo que fue culpa de la Orden —decidió con voz firme—. No debieron meterse así como así en la casa; ellos, maldita sea, saben cómo son mis familiares y me enferma que armen todas éstas cosas, siendo que el único culpable después soy yo.
No es que detestara tampoco a la Orden por hacer lo que hace, Harry sabía perfectamente que ellos desperdiciaron tiempo precioso en él y todo eso. Pero es que él ya es lo suficientemente grande para encargarse de sí mismo. Además, ésta el mismo hecho que le comentó a Voldemort en su carta pasada, masculló en voz alta, aún hablándose a su ave; ellos le protegen sin necesidad alguna. Voldemort y seguramente gran parte de sus mortífagos conocen su paradero, pero no pueden atacarlo. Es como si todos estuvieran de brazos cruzados.
—Agradezco igual todo lo que hacen… —continuó para luego soltar una risilla disconforme—. La verdad, Hedwig, no lo hago; detesto que estén todo el día allí, pegados como tumbas afuera… Ni que me fueran a secuestran en mi casa o yo me fuera a matar. O una de esas cursilerías que están en las novelas muggles. Merlín, es tan estúpido que me cuiden como una niñita de cinco años. ¡Soy Harry Potter, por todos los dioses! He sobrevivido todos mis jodidos años en Hogwarts, un verano para mí no es nada. ¡Nada!
Pero traten de hacerle entender eso a todos los mayores que velan por su maldita seguridad. Si por él fuera, los habría mandado a todos a buena parte desde hace tiempo, sólo para que le dieran un poco de aire. Dale, está bien que tengan miedo de que lo ataquen y todo eso (porque sus propios antecedentes de días sin accidentes eran nulos…), pero lo que le hacían excedía cualquier límite racional.
Harry bufó, molesto.
Aunque su gesto no duró mucho, después de que calló con sus quejas adolescentes, pues sonrió a los pocos segundos.
—Creo que necesito escribirle a alguien ahora —dijo como si nada, levantándose para ir en busca de pergamino— Ya sabes, para desahogar mi frustración de "patético adolescente" con alguien que me escuche.
Harry miró la carta —ahora arrugada— que todavía estaba en una de sus manos. Y acentuó su sonrisa, tratando de lograr una de sus mejores expresiones psicópatas. Él necesitaba urgentemente hablar con alguien para expresar la rabia que se venía comiendo para sí desde hace casi tres semanas atrás… Y sus amigos no le escucharían, así que él único ser que le quedaba, era aquel que le dijo de una forma sumamente amenazante que no le escribiera, pero ¿desde cuándo Harry Potter le hacía caso a cualquier cosa que le dijeran por su propia seguridad?
Para hacer honor a su tradición, no iba a comenzar ahora, por supuesto.
Sentándose completamente emocionado en la silla de su escritorio, agarró un pergamino del cajón (guardando la de Voldemort allí) y se puso a escribir con la pluma. Hedwig, a su lado, le miraba ululando cada cierto tiempo, según Harry, ella le estaba animando a que siguiera con lo que hacía:
Para mí no querido y sumamente odiado (Harry subrayó aquellas palabras varias veces, en trazos chuecos) Voldemort:
¡Soy yo de nuevo! ¿A que no me esperabas tan pronto? ¡Sorpresa!...
Ausentemente, una sonrisa siguió adornando suavemente sus labios mientras redactaba la carta, contándole lo ocurrido con la Orden y las reacciones que él tenía al respecto.
Durante una parte de su carta se detuvo un momento, pensando en que estaba hablando de cosas con quién no debería; estuvo tentado a dejarlo de lado varias veces y escribir cualquier estupidez que se le pasara por la cabeza (porque de escribirle a Voldemort, él iba a hacerlo a cualquier precio); pero terminó decidiendo tras un pequeño debate con su lechuza (tan sabía ella) que lo que comentaba no era de importancia mundial ni destruiría el universo tal cual lo conocía, así que continuó redactando sin importarle mínimamente que se estaba abriendo al Señor Tenebroso.
No es como si Harry fuera consciente de ello al completo, de todas formas.
Agregó en su carta, casi al final el comentario de cierta imagen mental que había tenido de un hombre serpentario con nariz…
¿Quién diría que estaría de esta manera, pasando sus vacaciones?
Cuando acabó no pudo evitar ver que su escrito era ligeramente largo y sintiéndose orgulloso consigo mismo apuró a que la tinta se secara. Pero dejó la tarea abruptamente al ver que estaba amaneciendo y la verdad, no quería arruinarle a su querido pájaro un buen descanso por enviar correo.
—La enviarás en la noche, ¿de acuerdo? —le dijo a Hedwig que no se había movido del sitio que usó en el escritorio tiempo atrás.
El ave ululó suavemente y Harry tomándolo como un asentimiento, decidió ir a dormir algunas horas. Total, aún cuando sus tíos quisieran cometer Harrycidio, ellos no dirían ni pío para que hiciera algo.
Desvistiéndose y tirando toda la ropa por el piso, se acostó a dormir un rato.
Notas finales:
No tengo mucho que decir, salvo agradecer a Smithback y hanna0305 por sus comentarios. También a las otras personas que agregaron alertas y favoritos, aunque si me gustaría saber qué opinan del fic~.
Hum, bueno, estos capítulos son un poco cortos, pero a medida que avance se irán haciendo más largos. Y el plot de las cartas va a seguir durante muchísimo tiempo, pero tengo unas cuantas sorpresas en mente *3*. Si tienen alguna duda o crítica o cualquier cosa, me dicen y les responderé con gusto. Nos vemos pronto.
¡Gracias por leer~!
¿Review 83?
