Su brazo rodeaba mi cintura apretando mi cuerpo al suyo mientras girábamos al ritmo de la música que lentamente se entremezclaban en el ambiente. El mundo había dejado de tener sentido entre sus brazos.

Sonreía observando mi rostro guiando nuestros cuerpos por el césped de aquel improvisado salón de baile. El lago era nuestro espectador y las luz del sol el único foco necesario para iluminar cada rasgo de su rostro de manera que pareciese más atractivo si era eso posible.

El conde Byron frente a mí, con aquel porte majestuoso, conseguía arrebatar mi alma de un solo suspiro cuando sus azules ojos contemplaban los míos.

Sus cabellos perfectamente peinados hacia atrás dejaban apreciar toda la belleza de aquel hombre seductor que se sabía objeto de deseo.

Mi corazón se aceleraba conforme los segundos iban pasando. Podía sentir como iba conquistando mi alma con aquel baile que no deseaba que terminase jamás.

Su brazo me acercaba más a él, rodeando mi cintura con más fuerza y sentí como si hubiese nacido para ello cuando sus labios se entreabrieron regalándome su aliento.

¿Aquello era lo que se sentía con el amor? ¿Puede que solamente por ser el primer hombre que hubiese tenido tan cerca la flaqueza de mi cuerpo fuese tan pronunciada?

Recorriendo sus facciones ascendí hasta sus ojos y el corazón se me paralizó al contemplar como se volvían rojos y mortuorios. Chillé presa del pánico e intentando escaparme de sus brazos comencé a correr sin éxito.

Sus brazos se mantenían firmes en mi cintura y sentí su cuerpo pegado al mío, algo indecoroso. El frío que emanaba de él me hizo gemir de angustia pero a él pareció gustarle, ese monstruo que tanto dolor causaba con mirarle.

Sin ningún tipo de pudor dejó que sus manos acariciaran mis brazos hasta llegar a mi cuello mientras me debatía por salvar mi vida. Sus dedos virtuosos quitaron los mechones de mi cabello de su objetivo. Las lágrimas recorrían mis mejillas y no paraba de chillar. Avalanzose sobre mí y perforó mi cuello con sus fauces.

Abrí mis ojos dando un enorme respingo. Mi cuerpo estaba sudoroso y frío, mis cabellos se habían pegado a mi piel y me dolía el pecho. Mi corazón quería abandonar mi cuerpo.

No era capaz de ver nada. Todo era borroso y no sabía donde estaba, solamente esperaba que no hubiese pasado nada de lo que había vivido pero… de ser así. Llevé inmediatamente una de mis manos a mi cuello pero este parecía intacto lo cual consiguió aliviar mi ansiedad de manera considerable.

Parpadeé varias veces y pude observar el dosiel de mi cama. Sonreí al saber que estaba en mi habitación y que solamente había sido un sueño, uno horrible pero al fin y al cabo un sueño.

Por unos instantes la sensación de paz tras despertarse dejaba que fluyera por mi cuerpo. No recordaba nada doloroso y mi ser estaba feliz de yacer sobre aquel colchón.

Cerré un segundo mis ojos y el cuerpo sin vida de Brigitte apareció en mi mente haciendo que tuviese en seguida ganas de llorar y de vomitar al mismo tiempo. Tras esa horrible imagen, los ojos rubíes de mi hermano Gabriel volvieron a mi memoria y apenas tuve tiempo de comprender que lo soñado podía haber sido real.

Me levanté de un solo movimiento de mi cama y corrí hasta la ventana abriéndola de par en par buscando aire, necesitando calma y sosiego que no encontraría en ese ambiente tan enrarecido de palacio. Todo lo que había considerado en algún momento seguro ahora era extraño y monstruoso.

El suave viento rozó mis mejillas pálidas y arrancó de un golpe la sensación de ahogo que me iba consumiendo.

Cronsworld parecía sereno, tranquilo, viviendo en un mundo ajeno a sus peligros. Los pájaros cantaban como cada mañana, las hojas se movían al ritmo que la brisa les marcaba mientras esta se deslizaba en los huecos que las ramas le dejaban para continuar su camino. El sol iluminaba casi con mimo cada edificio, cada tela, cada gota de rocío.

Respiré profundamente en un par de ocasiones hasta que un ruido llamó mi atención. La brisa que entraba en mis aposentos jugaba con las hojas del escritorio de madera maciza que me habían dispuesto allí tan solo dos meses atrás.

Sobre folios garabateados con mi caligrafía parecía haber un sobre sin abrir. Quizá aquello podía conseguir aliviar mis tormentos, puede que necesitase despejarme con algo ajeno a todo lo que ahora rondaba mi mente.

Me giré sobre mí misma y caminé hasta el escritorio. Coloqué las hojas dentro de uno de los cajones y después tomé el sobre entre mis manos. Desconocía esa letra. Sabía que no era de nadie de mi familia y mucho menos del señor Norton.

Giré el sobre que iba dirigido a mí para encontrarme con el sello de cera rojiza. Lo abrí con cuidado pues no había sello impuesto en el pegote de cera. Desplegué las hojas y me dispuse a leer.

"Mi querida señora, Lamento no haber podido decir estas palabras yo mismo antes de los hechos acontecidos. He de irme, durante un tiempo indefinido. Asuntos de suma importancia familiares necesitan de mi atención. ¡Oh, mi ama, le ruego que no me despida ni tampoco que se sienta molesta conmigo! Le suplico clemencia y que su dulce y tierno corazón me perdone por no haberme disculpado ante usted por semejante abandono. Fielmente suyo, Daniel Simmons."

¿Daniel? Se había ido. ¡Oh, Dios! La única persona en la que podía ahora mismo confiar había desaparecido de mi lado. Me senté sobre la silla que estaba frente a mi escritorio y suspiré dejando escapar el dolor que esta noticia me había provocado.

Girando el sobre nuevamente pude observar que había un remitente por lo que podría escribirle. Necesitaba hablar con él, necesitaba desahogarme con alguien que pudiese hacerme sonreír aunque fuese en la lejanía.

Cerrando mis ojos sonreí ante la nada para al abrirlo estar aún más decidida si cabe que en el momento de cerrarlos.

Busqué pluma y saqué los folios del cajón dispuesta a explayarme con todo lo que a mi alma ahora ahogaba. Daniel, Daniel era mi salvación. Cuantísimo me agradaba haber conocido a ese adorable rufián.

Queridísimo señor Simmons, Primeramente, le daré gracias por al menos haberme avisado de su ausencia de alguna manera. Le agradará saber que la guardia real no tendrá que buscarle entonces hasta dar con un usted y traerle de vuelta aunque sus llantos y gritos supliquen por lo contrario. En cuanto a mi alma y mi corazón compasivos, puede que necesiten aún algún regalo como una sonrisa sacada por alguna anécdota suya o quizá el relato de la razón de su abandono. Sí, he dicho abandono dado que en estos instantes le necesito más que a ninguno de los que en este edificio viven pues ya no puedo fiarme ni de mi misma. ¡Oh, señor Simmons si supiera lo que realmente ocurre en Cronsworld quedaría horrorizado! Tras el alba un chillido me despertó y no podrá imaginarse lo ocurrido. Brigitte, una de las criadas a mi cargo ha aparecido muerta a unas habitaciones de distancia de la mía. Pude ver ese cadáver frío y destrozado. ¡Parecía obra de un animal! Pero en su lugar supe después que se trataba de una criatura. ¿Puede usted imaginarse que existen criaturas? Sí, criaturas que disfrutan matando y alimentándose de la sangre de todo aquel que desean. ¡Incluso mi hermano es uno de ellos! Me mostró sus ojos rojos como el rubí pero oscuros como la noche. El terror aún recorre mis venas y me llena de escalofríos tan solo su recuerdo. ¿Por qué no ha podido llevarme con usted a un mundo donde estos terrores no existan? Imagino que desconocería la existencia de estas almas condenadas al infierno y de su procedencia pero le aviso para que se ande con ojo, para que no confíe en cualquiera que le ofrezca ayuda. Quiero que haga todo lo posible por mantenerse a salvo, en usted confío y por eso le doy este secreto que no debía salir de mis labios. ¡Júreme que no permitirá a nadie leer esta misiva y mucho menos que la comentará con nadie más! Quizá no sea correcto que confíe en usted pero a fin de cuentas usted es el hombre en el que más debería confiar pues se encarga de mantenerme encerrada y sin posible visita alguna de ningún hombre que desee ser mi esposo, ¿o me equivoco? El rey siempre sabe a quién escoger para sus labores y sé que le tendré de por vida al servicio de su majestad. Sea usted mi amigo y no una carga, sea usted un consuelo y no solamente un carcelero. Espero que no le incomode que esté escribiéndole esta carta. Vi que me otorgó el remitente y necesitaba descargar mi angustia a como diera lugar. Espero lo antes posible una respuesta suya y deseo que no sean tan graves los acontecimientos que requieren de su presencia. Helen Devonshire, princesa de Cronsworld

Dejé la pluma en el tintero y sequé las primeras palabras sin sentido que mandaba a alguien a quien prácticamente no conocía y debía odiar.

Respiré profundamente mientras doblaba aquellas hojas con la tinta ya seca y colocaba el sello de la familia real sobre unas gotas de cera aún semilíquida.

Me levanté de la silla y fui hasta la puerta. Agarré el pomo y de esta y la abrí de par en par observando a mi hermano que descansaba su espalda en una de las paredes. Miré a uno de los guardias que siempre hacían custodia a cada lado de mis aposentos y le entregué el sobre.

- Envíelo, con urgencia.

Asintió y tras hacerme una reverencia devolví a mi hermano mi mirada con mi corazón latiendo a gran velocidad.

- Necesito saber más -murmuré al fin.

Él un poco más aliviado caminó y entró a mi habitación cerrando la puerta tras de sí.