·Disclaimer: Los personajes son de Rowling...Aún.

·Advertencias: AU, tomo el sexto tomo, pero algunas cosas cambian. Slash. Lemon. Lime. Tortura. Manipulación y otras cosas lindas que se irán viendo a medida que esto avance~.

· Notas del capítulo: Alguna que otra mención de abuso y el recordatorio de que Voldemort está intentando persuadir a Harry ;D. .

El resto de cosas, al final.


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Capítulo cuatro: Conexiones.

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Desde hace días que las cosas para Harry no eran demasiado favorables y por un momento se encontró a sí mismo pensando en qué sería mejor volver a la absurda y asesina tranquilidad y quietud de su cuarto; esa que lo tenía después de aburrirse de contar las sombras del techo, con ideas sobre cómo matarse con una cuchara de té y caminar de manos al mismo tiempo.

Sacudiendo la cabeza como medio para aniquilar esos pensamientos, el muchacho se centró en el trabajo que actualmente lo tenía postrado dolorosamente de rodillas en el jardín de la casa. El sol pegando fuertemente en su nuca.

Tirando con fuerza unas matas resecas, pensó en las consecuencias que la última reunión de la Orden con sus tíos había tenido. Siendo él, para variar, el afectado que no conocía todos los alcances de las cosas.

Claro, en aquel día las cosas ya de por sí habían sido agrias, tanto que incluso la persona más amarga del mundo hubiera sentido vergüenza. Harry, tal como le había contado a Voldemort en su carta, no tenía idea exacta de todo; pero dentro de lo que sabía, el percance con Dudley terminó enrabiando tanto a sus tíos que ellos decidieron elegir una forma de compensación por tener no sólo a Harry allí con privilegios que nunca antes había tenido, sino que también, a la Orden. Grupo que para la familia no significaban más que personas invasoras en su estilo de vida y que no hacían nada más que molestar.

Entre todo y los reclamos y acuerdos que el joven mago nunca escuchó, llegaron a pactar que él tendría que tener ciertas…responsabilidades.

—Lo siento, Harry —había mascullado Tonks con la cara y el pelo rojos de vergüenza. Su mirada repleta de perdón—. Pero es lo mejor que podemos hacer para que tus tíos te dejen en paz… —ella tragó saliva y Harry había reparado en que su pelo se teñía de verde, como el color de la alfombra donde estaba parada, en un intento vano de mimetizarse con él, quizás—. Y también pensamos que algunas actividades hogareñas te harían bien.

Harry estaba seguro que si Ron hubiera aparecido en ese momento diciéndole que era un mortífago dispuesto a matarlo, no se hubiera sentido tan traicionado.

"Actividades hogareñas" había dicho ella, él estaba seguro que eso debería ser patentado en un diccionario de Sinónimos Dursley (y Snape) como tortura sin compasión.

Por lo tanto, sus antiguas tareas con los Dursley habían vuelto en gloria y majestad, reclamando sus pequeñas y laboriosas manos en deberes que él creyó, habían acabado.

¡Y ni siquiera había sido su culpa! Pero claro, aunque él, en toda su juvenil indignación trató de hacer entender ese pequeño y vital punto, nadie le hizo caso. Y él, fastidiado, no sólo terminó viéndose obligado a cumplir con todo, sino que también, acabó maldiciendo su existencia a puntos irracionales, preguntándose qué mierda había hecho en la vida para tener todo eso.

¿Acaso fastidiar a Voldemort y unos cuantos Slytherins era algo malo? Él, seriamente, estaba comenzando a pensar que sí. No es que tampoco estuviera haciéndose un mártir de las circunstancias, sólo era que todo simplemente se pasó de la raya.

Y de su paciencia, que ya de por sí era bastante limitada.

Su cabeza terminó vagando por muchas hipótesis, quedándose con una que dentro de toda su imposibilidad, era más posible que cualquier otra cosa: Por la conclusión que creó, estaba seguro que en alguna de sus vidas pasadas (él no era creyente… pero voilá, ¡estaba tan desesperado que comenzó a creer en ese mismo instante! Casi de la misma forma cuando se encomendaba a una multitud de deidades —conocidas e inventadas— en las épocas de exámenes); él había hecho algo muy malo ¡incluso peor que Voldemort y Grindewald juntos! ¿Cómo qué? Sencillo, matar gatos. Así es, ¿no adoraban todos a esos animales peludos y escurridizos? O si no, lechuzas. O algo similar, como fuera, él estaba seguro que asesinó a miles y miles de ellos hasta que en el mundo no quedó ninguna cría. Y por eso, su karma, endemoniado como no podría estarlo con ninguna otra persona, decidió castigarlo justamente en la vida que estaba viviendo ahora.

Si, esa donde casi todo lo que él tenía, era una mierda. ¡Pero nada parecía ser suficiente!

Decidiendo no enojar más a su karma (seguramente si seguía así le enviaría algo doloroso, cómo… ¡cómo vivir con Snape y hacer pociones! ¡Miles de ellas al día!); volvió a sacudir la cabeza y se centró en la hierba que se acumulaba porfiadamente en los rincones del jardín.

—¿Nunca limpiaron el jardín, por Merlín? —masculló para sí, arrancando violentamente a los enemigos de las plantas que allí crecían—. Claro que no. Que idiotez.

Era obvio que no lo harían si el Elfo Doméstico!Harry no estaba allí. Al menos no de la forma tan meticulosa que él siempre había dedicado al cuidado de las plantas de aquel sitio. Rezongando, a medida que las hierbas caían bajo sus manos con toda la rabia de la que era capaz, se preguntó oscuramente si debería comenzar a hablar como Dobby. Riendo amargamente ante la imagen mental de sí mismo tartamudeando en tercera persona y mirando a todos con los ojos tan abiertos que éstos corrían riesgo de salir de sus órbitas, se preguntó si también debería vestirse con una funda de cojín.

Oh, de acuerdo, quizás estar tantas horas bajo el sol estaba haciéndole más daño del que creyó en un principio. ¡Pero no tenía la culpa! Él definitivamente había perdido la costumbre de trabajar como lo estaba haciendo ahora, tanto tiempo sin hacerlo en aquel instante le volvía un adolescente puberto que quería gritarle al mundo su injusticia. ¡Y él tenía malditamente razón para hacerlo! Pero sabía que por muy Harry Potter que fuera, eso sería imposible y sólo tiraría más leña al fuego.

Y en realidad, no tenía intenciones de meterse en más problemas, no fuera que la Orden decidiera entrometerse de nuevo y le diera alguna brillante solución con respecto a sus conflictos personales.

Ya tenía suficiente con no sólo el regreso de sus antiguos deberes, sino que también con las palabras que su tío había intercambiado con él. Dolorosa y claramente.

Más hierbas y una que otra flor que él decididamente diría que fueron arrancadas por un gato enfermo, volaron en su mano ante aquel pensamiento. Volvió a gruñir, ésta vez emitiendo maldiciones que ojalá, pudiera realizar con una varita en mano.

Decidiendo al rato que no sacaría nada bueno en seguir en aquella postura perfectamente normal para alguien que pronto cumpliría los dieciséis años (¡las hormonas y la rebeldía! ¡Las mejores armas que un adolescente furioso puede tener!), optó por intentar vaciar su mente de todo lo que envolvía a sus familiares y a la Orden y concentrarse en su trabajo.

Aunque eso no evitó que recitara en voz baja cada maldición que había aprendido hasta ese año.


Horas después, cuando el jardín estaba sin ninguna hierba que osara destruir el hermoso espectáculo de las flores de Tía Petunia, Harry subía rumiando a su habitación, mascullando el breve encuentro que había tenido con Tonks.

Ella, cuando él estaba en pleno trabajo jardinero, se le había acercado y él no se percató. Por ello, le pilló maldiciendo en voz baja todos los hechizos que en sus fantasías más siniestras, repletas de la rebeldía adolescente, usaría con sus familiares. Y como era obvio, la joven le regañó por su actitud, remarcándole que eso no debería ni pensarlo. Él, aún dolido por la vuelta de sus trabajos, había replicado que daba igual, que hacía lo que quería y que no era su problema; posteriormente, la bruja, con una mirada entristecida le contraatacó tanto, que Harry se sintió ligeramente culpable, especialmente porque la muchacha le dijo que pensó que había hecho lo correcto y lo hacía por su bien.

Aunque cuando tuvo que trapear y aspirar el interior de la casa, la culpa había desaparecido.

Claro que él no tenía intenciones de maldecir verdaderamente a sus familiares; ¡sólo era una broma inocente! Pero no eran las palabras de Tonks que le habían hecho sentir mal, sino que era la actitud de ella.

Lo trataba como si fuera un niño que habían descubierto haciendo travesuras.

Harry, sin embargo, era grande y no un completo idiota, por eso comprendió, después, cuando su boca aún se derramaba en reclamos contra la joven, que ella quizás lo hacía porque sentía la necesidad de crearle límites que él nunca antes había tenido.

¿Cómo era que lo llamaban? Ah sí, reglas domésticas. O de comportamiento. O algo similar.

A Harry, la verdad, le importaba un knut. Nunca nadie se había preocupado de esas cosas con él, (Sirius no alcanzó a tener el tiempo necesario y el resto si bien le daba consejos, el muchacho nunca los llevó a otros campos donde pudiera aplicarlos); y francamente no creía que ahora, que estaba cada vez más cerca de ser mayor de edad —dieciséis y diecisiete no tienen tanta lejanía—, sabía que no era el momento para que vinieran a decirle cómo comportarse.

Encerrándose en su habitación y aún hablando en contra de Tonks, se tiró en la cama; mueble que desde la mañana albergaba una nueva carta que su enemigo favorito le había enviado. Él aún no la había leído, más que nada por el tiempo, que literalmente de la noche a la mañana, se había vuelto escaso.

Girando sobre sí y pensando que quizás una lectura nueva le haría bien, tomó el sobre y se acomodó sobre su vientre para leer:

Potter:

Intenté preguntarme durante horas. Horas. La razón de tu comportamiento. ¿Y sabes qué? Más allá de confirmar que tu estupidez no tiene ningún maldito límite, no pude encontrar la respuesta a tu precaria forma de mantener un correo. Realmente muchacho, aún no soy capaz de entender lo qué querías lograr. No sé que fue peor, ese intento de humor que destrozó el buen gusto que tengo o la sarta de ridiculeces que escribiste sobre el bien y el mal.

¿Recuerdas nuestro segundo, encuentro en tu primer año? Por lo que veo, olvidaste lo que te dije en ese momento y tu frágil mente se llenó de ideas absurdas que nadie ha tratado de desmentirte.

Harry dejó de leer sólo para gruñir de indignación antes de que en su cara aflojara una mueca sarcástica. ¿Era él quién no tenía a nadie que le desmintiera las ideas que poseía? Pft, si como no; por lo visto, se vería en la obligación de señalarle Voldemort quién de los dos era exactamente el megalómano psicópata que intentaba conquistarlo todo mediante la destrucción.

Después, podrían discutir si era él quién tenía errados los ideales de mal y bien. Oh sí, eso sería deliciosamente interesante, por tantas razones que ni sabía cómo comenzar.

Rodando los ojos, aunque con una mueca que dejaba mucho de ser indignada en su rostro, retomó la lectura:

Recuérdalo siempre, Potter, porque estoy cansado de repetirlo al mundo y especialmente a ti: No existe ni el bien ni el mal, sólo el poder. Y aquellos que son lo suficientemente fuertes para hacerse con él. Si realmente no eres capaz de comprender este pensamiento y si osas, nuevamente, hacer el menor intento de intentar darme clases de moral. A MÍ; lo pagarás tan caro que lo que te haré repercutirá en todos tus familiares muertos. Absolutamente todos.

Ya te ganaste una muerte dolorosa, no empeores más tu destino.

Si yo estuviera en tu lugar, meditaría muchísimo el asunto. No espero muchas cosas de ti, sin embargo, sería agradable destruir a un enemigo que al menos, tiene ideas reales sobre la existencia mágica y los alcances de poder.

Tomando en cuenta que vives para idolatrar a Dumbledore, sé que eso no sucederá; especialmente si tienes contigo a una Orden complicada que al parecer está más preocupada de los traumas de un adolescente, que de mí. No es de mi incumbencia Potter, pero la Orden te trata como si fueras un peligro para la sociedad.

El muchacho arrugó el entrecejo ante la declaración, no sabiendo realmente si la pequeña punzada de rabia que le atravesó correspondía a las palabras llenas de desprecio que era capaz de leer o el insulto para nada sutil. Quizás una mezcla de los dos.

Decidió mantener la mente en blanco y tomando algunas respiraciones, dirigió sus ojos a la pulcra letra del Lord:

Y me preguntó Potter, ¿por qué la Orden parece tan preocupada por ti? ¿Acaso también eres una amenaza en el mundo muggle? De ti no me sorprendería, la verdad. Reconozco que encendiste un rasgo de mi curiosidad que por ti jamás se había manifestado y me veo en la necesidad de pedirte, —si muchacho, antes de que te ahogues en tu propia saliva de la emoción. Te lo estoy pidiendo— que me digas todo lo que necesito saber, especialmente esa mención a las torturas que dices recibir.

¿Existe algún otro enemigo del que deba preocuparme? De ser así, espero que tengas claro que no te comparto con nadie, Potter. Tu eres mío (Sí, Harry también comenzó a hiperventilar y chillar al leer eso. Al mismo tiempo que se sentía más cerca de morir de un ataque al corazón más que nunca antes en su vida) y nadie más que yo tiene derecho a si quiera dirigir un pensamiento de tortura sobre ti.

Por lo tanto, será mejor que me aclares inmediatamente quién te tortura, para hacerle una visita. Y si no lo dices, buscaré un medio para saber la verdad.

Oh y antes de olvidarlo, me veo en la necesidad, nuevamente de aclararte lo que te ha estado molestando tanto sobre mí. Cosa que realmente apreció una enormidad, no sabía que te preocupabas tanto por mí (Harry prácticamente se quedó ciego ante el sarcasmo que emanaba de las palabras). Y como todo lo que he escrito en esta carta, es la última vez que quiero saber algo al respecto:

Si, Potter, tengo una nariz. No soy exactamente un Malfoy, pero he recuperado parte de mi aspecto. ¿Cuáles? Seguramente estarás ansioso de verlos cuando nos enfrentemos a muerte en algún punto de tu año escolar.

Y antes de que lo pienses en algo, no es vanidad; es poder. Incluso mediante un cuerpo atractivo; es algo que también me permite alcanzar un rango de poder que infundado por el miedo, puede hacer grandes cosas.

Claro que es algo que un ser como tú no puede entender al completo.

Finalmente, espero tu respuesta a tus torturas muchacho. Te recuerdo que soy capaz de destruir tu mente con un solo pensamiento y dudo que quieras convertirte en un vegetal; el lado despreciable del Mundo Mágico que cree en ti no disfrutaría de tener un héroe más idiota de lo que es. Así que, será mejor que respondas con cuidado, no estás exactamente en un punto de gracia conmigo y mientras más puedas mejorar eso, tú vivirás un poco más.

Atentamente.

El Lord Oscuro Voldemort.

PS: Por cierto, si fuera tú, antes de proclamar que serás quién me vencerá, primero me aseguraría de aprender, mínimamente, a lanzar un Cruciatus decentemente. Y antes de que lo preguntes, no pienso entrenarte; primero dejaría que Dumbledore me torturara públicamente.

Apenas acabó de leer, Harry sintió su cerebro implosionar rudamente y estuvo a segundos de sufrir un realmente grave colapso mental.

Aturdido en una realidad donde tenebrosas cartas escritas por un más tenebroso señor existían, el muchacho sintió como su masa cerebral era más un pedazo de gelatina derretida que otra cosa. Su mirada concentrada en algún punto muerto, intentando descifrar qué mierda acababa de leer y si su cordura al fin había optado por abandonarlo.

O sea, no importa por donde lo viera. La carta no era una buena señal.

Su vista terminó centrándose en el escrito que aún colgaba de su mano, la que, se dijo firmemente, temblaba por un frío repentino y no por el miedo de haber sucumbido a la demencia más desastrosa; acabó releyendo fugazmente la carta de nuevo y sintiendo una nueva explosión cerebral, se centró en las últimas partes, terminando por bufar, sintiendo una ligera sensación de opresión en el pecho por lo que significaba esa posdata.

(Aunque, interiormente sabía la razón detrás de esas palabras).

—¿Quién se cree que es? ¿Hermione? —reclamó para sí cuando fue capaz de encontrar su habla. Al menos, eso aseguraba una ligera mejoría de su estado de idiotez.

Su ceño se frunció a medida que dejó caer los brazos bruscamente en el colchón.

Bien… no podía negar lo inusual de la carta, las otras que, ante el regreso del poder intimidatorio de sus tíos decidió guardar precavidamente en el tablón suelto del piso. Imagínense, él, el Chico-que-Vivió y otros títulos iguales de extravagantes, guardando como si fueran tesoros, las cartas de Lord Voldemort. ¡Oh!, el chiquillo estaba seguro que si Skeeter pudiera volver a reportear, explotaría de felicidad al saber esto. ¡Si hasta a él mismo le parecía alucinante! Casi tanto como si hubiera consumido kilos y kilos de droga muggle.

Harry, admitió mientras se revolvía el pelo con suavidad, que varias veces pensó que él estaba bajo el efecto de drogas que nunca había ni conocido ni consumido. A veces, eso dentro de toda la fantasía, resultaba lo más idóneo. Y malditamente lógico.

De todos modos, regresando a su análisis de la carta, resopló en que ésta era diferente a las otras. Si, estaba llena de insultos y de la lengua bífida que era casi tan filosa como la de su profesor de Pociones. Pero podía incluso entre esos tonos que estaban dispuestos a aterrorizar a centenares de Aurores, detectar un ligero, mínimo y completamente casi desapercibido, sentido de tacto y preocupación…

O curiosidad, aún no estaba muy seguro y tomando en cuenta quién era el que le escribía, prefería mil veces el pensar que era curiosidad.

O sea, ¿Voldemort preocupado por él? Ajá. Si él pensaba eso, es porque estaba superando los límites de la idiotez humana. Y ni siquiera Harry era tan idiota como para ello.

Fuera como fuera, miró el sobre con suspicacia, como si éste intentara explotar de un momento a otro. Negando con la cabeza, estaba seguro que sólo había detectado emociones inexistentes por su ansia de tener comunicación y ahora que ésta se encontraba establecida, había visto cosas que no existían.

Porque si de algo estaba seguro, es que si Voldemort se preocupaba por él, es que algo mucho peor que el Apocalipsis estaba cerca.


Notas finales:

Hola 8D.

Y bueno, para conmemorar(?) que hoy se cumplen trece años de la muerte de Voldemort (;A; MI LORD, LLORARÉ TODO EL DÍA POR USTED) subo esto. Tenía pensado escribir algo, pero en su lugar inicié un fic largo en mi computadora de Voldemort y Harry. Cuando lo tenga en un estado de avance decente, aparecerá por aquí 8D. Ejemp. Y bueno, este capítulo y el siguiente están muy conectados, así que es seguro que dentro de poco suba el otro.

En fin, lloren por la muerte del Lord o celebren porque Harry ganó y suerte en el comienzo de mes. Gracias también a todos los que comentan, me animan a seguir con la escritura de esto 8DDD.

Suerte~.

¿Review?