Intenté estar tan serena como mi cuerpo me lo permitía. Mi hermano, la persona en la que más había confiado en toda mi vida ahora ya no era él. Me había ocultado durante años un oscuro secreto, uno temible y desgarrador. Era un vampiro, un ser nauseabundo que se perdía entre las sombras de lo que alguna vez creí sincero.

Apoyé una de mis manos sobre mi estómago sintiendo unas intensas ganas de devolver comida que aún no había ingerido. El malestar era considerable.

Gabriel pareció percatarse de mi desasosiego por lo que mantuvo distancia entre ambos.

- ¿Te…. te alimentas? -le pregunté intentando contener las náuseas que solo imaginarlo me producía.

- ¿Acaso tú no lo haces, Helen? Es algo natural en todo ser sobre esta tierra.

Le miré horrorizada mientras intentaba pensar pero, ¿acaso nosotros no éramos también asesinos cebando a animales hasta celebrar su san martín y después festejar su muerte comiéndonos su cadáver? Respiré profundamente y apretando mis manos en puños volví a mirarle.

- ¿Has matado a alguien desde que eres… esto?

Negó varias veces. Rápidamente una gran sombra escapó del rostro de mi hermano. Había podido aceptar no sin años de intentar comprender porqué lo hacía, que mi hermano hubiese arrebatado vidas tan solo para defender a Cronsworld o por diversión de nuestro padre. Sabía que mi hermano detestaba arrebatar vidas y eso me consolaba.

- Gabriel -susurré- antes dijiste que estabas controlando mi cuerpo para que no saliera huyendo. ¿Es acaso una de las facultades de tu nueva naturaleza?

Alzó su mirada hasta encontrarse con la mía, aquellos ojos que había podido leer tantas veces como si de mi propia mente se tratase, ahora parecían haberse vuelto oscuros y tan inaccesibles.

- Desconozco todas las habilidades que poseo pero sí, es una de mis facultades siendo lo que soy.

- ¿Qué otras conoces? -pregunté levemente curiosa.

- La velocidad, la fuerza, puedo convencer a la gente de lo que yo desee tan solo mirándoles detenidamente, es como si pudiese quitarles su propia voluntad y convertirla en la mía.

Intenté comprender la grandeza de sus palabras, la propia admiración por sus habilidades pero era superior a mí. Debía preguntarle algo más.

- ¿Te gusta ser lo que eres?

Supliqué internamente porque la respuesta fuese negativa. Si me respondía positivamente había perdido a mi hermano, aquel que detestaba la violencia pero debía matar bajo las órdenes de mi padre solo por ser este el rey.

- Tú me conoces, Helen. Odio tener que ser un monstruo que vive matando solamente para subsistir. Si por mi fuera yo mismo me mataría pero desconozco manera alguna de poner fin a mi existencia. Aunque también admito que las facultades fuera de la caza a humanos que posee mi naturaleza cautivarían a cualquier hombre -respondió con seriedad.

Agarré una de las columnas del dosel de mi cama intentando buscar algún apoyo que me mantuviese allí de pie.

- ¿Cómo sabes que el conde Byron es igual a ti?

- Luché contra él, Helen. Cuando vino y deseó acercarse a ti mientras estabas con Edward Norton. Te desea, Helen. Te desea de alimento y eso jamás lo permitiré. No deseo que veas a ese hombre nunca más.

Sus palabras hicieron mella en mi autocontrol y un gritito escapó de mi garganta. Acababa de decirme que alguien deseaba cazarme, deseaba alimentarse de mí.

- No tiene otro deseo. Anhela tu cuerpo, tu piel y arrancará de ti todo rastro de vida -siseó apretando su mandíbula- moriría, si es que siendo un vampiro se pudiese fallecer, por tenerte. Es lo único que desea.

La sangre debió de abandonar mi rostro al recordar aquel momento en que bailábamos solos en el lago. Los deseos de acercarme más a él habían sido cosa de su naturaleza. Todo lo que había pensado o sentido se debía a su deseo de poseer mi vida, de derramar mi sangre hasta tragarla y despojarme del resto de mis días.

Gabriel avanzó y tomó mis brazos sujetándome. En sus ojos pude ver como estaba asustado y seguramente razones tenía. Aquella noticia junto a toda la información que había recibido en la última hora había hecho que estuviese al borde de la locura.

- ¿Estás bien?

Negué mirándole y las lágrimas volvieron a florecer. Alguien deseaba matarme, querían arrebatarme la vida.

Gabriel me apretó contra su pecho y lloré, dejé escapar mi miedo, mi dolor, todos mis sentimientos en aquellas lágrimas. La desolación de sentirme traicionada por mi propio hermano, aquella naturaleza que debía matar para mantenerse viva, el relato de mi hermano sobre los deseos de mi padre en el campo de batalla.

Cronsworld era un lugar oscuro a pesar de ser aparentemente uno de los mejores lugares para vivir del resto de los reinos de la zona.

- No dejaré que te ocurra nada, Helen. Sigo siendo el mismo a pesar de todo. Sigo siendo tu hermano. Cuidaré de ti como te prometí. No me importa lo que a mí me suceda ¿recuerdas? Siempre tu sonrisa antes que cualquier otra cosa.

Sonreí suavemente al recordar aquel momento en que se fue a la batalla por primera vez. Me prometió que siempre defendería mi sonrisa antes que cualquier otra cosa. Siempre lo ha cumplido. Nunca me había dejado sola ni había permitido que la vida y los problemas que me atormentaban me alejasen de la felicidad.