·Disclaimer: Los personajes son de Rowling...Aún.

·Advertencias: AU, tomo el sexto tomo, pero algunas cosas cambian. Slash. Lemon. Lime. Tortura. Manipulación y otras cosas lindas que se irán viendo a medida que esto avance~.

·Notas del capítulo: Adolescente!Harry entra en escena 8D.

El resto de cosas, al final.


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Capítulo cinco: Desde dos ángulos.

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—¿Quién te ha estado escribiendo, Harry?

Harry debería haber sabido que algo estaba mal desde que se levantó esa mañana y descubrió que había dormido con la carta, la maldita carta de Voldemort arrugada en una de sus manos. ¡Cómo si fuera un tesoro! Tesoro que sin duda él negaría incluso con Veritaserum, que leyó hasta quedarse dormido… Y con algo parecido a una mueca de alegría en su cara.

Debería haberse dado cuenta que eso —y casi todos los signos de mala suerte en toda su mañana—, no era más que el indicio de un día horrible. De esos que ni siquiera deberían dignare a comenzar.

Allí, en forma de la sonrisa amable y tranquila de Remus, estaba su respuesta que debería haber interpretado con anterioridad.

Remus se encontraba a su lado, en un pequeño negocio que estaba cerca del hogar de Privet Drive, esperando pacientemente a que comprara algunas cosas extras para la cena de esa noche y el desayuno de mañana. Bueno, también vigilándolo porque salió de las barreras de su casa; pero el muchacho ya había aprendido a pasar ese detalle por alto, no sin cierta picazón de rabia que demoraba un buen rato en desaparecer.

Y Harry hubiera podido ignorar la pregunta, balbuceándole a Remus con un acento que intentaba hacerse pasar por francés, que no entendía de qué le hablaba. O podría haberse puesto a llorar en su hombro, lanzándose cual niño de cinco años a sus brazos, diciéndole que aún no superaba la muerte de su padrino y que le escribía a alguien que ya no era capaz de responderle…

Incluso podría contarle la verdad. Pero él no quería ser el autor del paro cardíaco de un hombre lobo en medio de los muggles.

—A un amigo —optó por contestar, medio ignorando al otro mientras terminaba de hacer sus compras.

Internamente rogó, suplicó y se arrastró mentalmente a un montículo donde imaginaba una multitud de deidades de piedra, que el director no haya dicho nada sobre las barreras.

—El director dijo que las barreras evitaban que le escribieras a tus amigos, Harry.

Puta mierda.

De alguna manera, el muchacho sintió una ligera pizca de pánico envolverle. Seguramente se debía a que si descubrían a quién le estaba escribiendo, él terminaría en un lugar peor que San Mungo en el mejor de los casos. Eso y que no deseaba ciertamente que descubrieran los contenidos de las cartas.

Harry se volteó, mirando al amigo de sus padres y colocando su mejor cara convincente, apresuró a explicar que no era un amigo como tal, sino un compañero de la escuela que conoció un poco más el año pasado… Básicamente un conocido y que por ello, las barreras no actuaban como deberían.

Bueno, pensó mientras intentaba empujar el pánico a lo más profundo de su mente y se aseguraba de fortalecer su gesto de convencimiento; no era una mentira completa. A fin de cuentas, no conocía en profundidad a Voldemort como para llamarlo su amigo (¡Merlín lo prohíba!) y ciertamente el año pasado si vio una faceta del mago que nunca había visto… ¿Necesitaba recordar la horripilante posesión? ¿No? Maravilloso.

—¿Recuerdas lo del AD, Remus? —preguntó como último recurso de credibilidad. Ante el asentimiento del hombre, se apresuró a añadir con una de sus mejores sonrisas—: Lo conocí de allí, es un Hufflepuff.

Si una media mentira elaborada en cinco segundos, más el añadimiento de que supuesto amigo era de la casa de los tejones no funcionaba. Harry entonces se prepararía mentalmente para hacerse responsable de la muerte de un hombre lobo por colapso mental y múltiples infartos cardíacos. A la vez.

La cara de Remus, obviamente indicaba que no le creía del todo y Harry se preguntó si la condición lobuna le permitía tener una sensibilidad a las sensaciones (porqué él sudaba nerviosismo por todos los poros de su cuerpo)… Maldita sea, ¿por qué no estudió cuando Hermione se lo decía? Sin embargo y por fortuna, el hombre lobo no dijo nada, salvo un recordatorio de que si se hacía amigo de ese muchacho, las barreras le impedirían escribir y que debería tenerlo en cuenta.

Para Harry, eso fue una clara advertencia que quería decir que si seguía escribiendo, volverían sobre la discusión de una forma que completamente, sería diferente a ésta.

Seguramente más charla aburrida sobre la prevención/cuidado/precaución e insensatez que él tenía por escribirle a la gente y no pensar que las cartas podrían ser seguidas y que básicamente el mundo tal y como lo conocía podría extinguirse en un haz de oscuridad si no era más atento y hacía caso…

Bah, patrañas.

Después de un momento incómodo, el mago más joven se aseguró de tener todo lo que necesitaba y comenzó a caminar con Remus de regreso a su hogar. Éste se despidió en la esquina de la casa y Harry hizo el camino con lentitud, intentando detener la ansiedad que todavía recorría por su ser.

Se preguntó si ahora no sería un buen momento para correr lejos, buscar un puente y tirarse por él.


Ese mismo día, después de haber estado trabajando frenéticamente alrededor de toda la casa. En parte por sus tíos, en parte por la sensación amarga que todavía recorría su espina dorsal cuando pensaba en el encuentro que tuvo con Remus; Harry estaba tirado indignamente en su cama, obligando a su mente a pensar y procesar todas las cosas que había vivido desde que la carta de Voldemort llegó a sus manos. Todavía seguía sufriendo algo muy cercano a las taquicardias cada vez que su mirada se topaba accidentalmente con el pergamino que aún se encontraba en su cama, a un lado de donde él estaba. Y eso sumado a Remus le llevaba a un estado donde se preguntaba por qué aún no había muerto de un shock nervioso.

En ese estado, estaba intentando al fin, lograr encontrarle un poco de lógica a la última carta; intentando analizarla lo más que le era posible.

Sin embargo, incluso para él eso era suficiente. Especialmente porque no estaba llegando a nada, ni siquiera era capaz de analizar algo o salir de la especie de trance estúpido en el que se había inducido por la conmoción ¿Qué era? ¿Un patético adolescen—?

—¡Maldita sea, Voldemort!

Gruñó, recordando como el Lord lo trató así antes y para su humillación, descubrió que estaba actuando exactamente como él lo dijo. Como un idiota adolescente que se dejaba acobardar por una maldita carta que ni siquiera decía expresamente lo que él creía y ahora lo tenía tirado allí, sin razón alguna. Decidió que era suficiente de estar pensando en la inmortalidad del cangrejo, esperando sufrir un colapso tan grande que su boca terminaría llena de espuma.

Él, definitivamente, no iba a darle el placer a Voldemort de matarlo mediante una carta. A menos claro, que ésta estuviera hechizada o algo por el estilo.

Sentándose, mientras el colchón crujía bajo su peso y sacudiendo la cabeza para despejarse, tomó el pergamino del Señor Oscuro y lo guardó bajo la tabla suelta.

—Soy un idiota.

Un idiota que no era capaz de llegar a nada. ¿Dónde estaban las mentes femeninas que eran capaces de poder captar las sutilezas de las cosas cuando las necesitaba? ¡Él no servía para esto! Quedó perfectamente claro en su anterior año escolar, donde las indirectas y sutilezas de la vida pasaban por alto frente a su ser, aún cuando éstas le golpeaban la cabeza con crueles pesadillas visionarias.

Lo único que tenía claro, es que cuando llegara el momento de escribir una carta, él iba hacer caso omiso a las exigencias del Lord.

Sintiéndose tan frustrado e irritado que asesinaría a la primera persona que se atreviera a pedirle algo; decidió bajar a hacer la cena y descargar su negatividad útilmente con la ensalada. O alguna receta donde tuviera que usar muchísimo el cuchillo y pudiera rebanar cosas hasta el fin del mundo.

Cuatro días después de haber recibido el correo, Harry sentía su espalda siendo perforada por la mirada de Hedwig de tal forma, que Dumbledore hubiera sentido vergüenza por sus ojos centelleantes.

—¿Qué pasa, Hedwig? —optó por preguntar, deteniendo la limpieza que le estaba haciendo a su habitación, dejando a medio camino su ardua tarea de emparejar los calcetines que en el verano siempre se perdían.

Por toda respuesta, el búho ululó agresivamente, batiendo sus alas como si quisiera emprender un vuelo inmediatamente. Harry la miró un largo rato, rogando que Voldemort hubiera podido hablar con las lechuzas y ese don le hubiera sido transmitido, junto con el pársel; como aquello no sucedió optó por ignorar a su ave y volver a luchar con su ropa.

Total, no iba a morir atravesado por los brillantes ojos de su propio pájaro. Si el director y Snape no pudieron hacerlo durante sus cinco años de escuela, nadie podría.

Pero nooo, tenía que venir su pájaro asquerosamente inteligente y pellizcarle el pelo dolorosamente para terminar situándose en su escritorio, donde tenía algunos pergaminos en blanco y otros con sus tareas desordenados, esperando a ser guardados eventualmente, en su baúl.

—¿Quieres que escriba? —cuestionó, aventurándose en alguna respuesta sobre el comportamiento inusual de su lechuza.

Al parecer, estaba en lo cierto, porque ella ululó de tal forma, que Harry juró que le dijo que sí.

Oh claro, ella esperaba que le enviara una carta a Voldemort.

Frunciendo el ceño y dirigiéndole una mirad dolida y traicionada a su ave, Harry le dijo que no iba escribirle. Que todo terminó y que los dos iban a volver a su rutina aburrida del verano, hasta que volvieran a Hogwarts.

Claro que minutos después, densos minutos después, la verdad; pensó un poquitito más las cosas, situándose en la posición de su adorada mascota.

Si él se aburría, para Hedwig, que siempre parecía maravillada cuando tenía correo que entregar (¡y el siempre tenía tan poco que enviar!), debió ser un infierno infinitamente más grande que el propio. Y ahora que tenía la oportunidad de salir y realizar lo que para ella constituía la misión de su vida, ser repentinamente dejada de lado, debió ser tremendamente duro.

Con un poco de culpa al respecto, reclamó en voz alta que no iba a escribir sus traumas a un Señor Oscuro que seguramente cuando lo matara, colgaría su cabeza arriba de la chimenea, como un trofeo. Un horripilante trofeo, en realidad. Esto no pareció afectar a su lechuza, que seguía mirándole tan insistentemente que llegó a pensar por un momento, que su ropa ya tendría agujeros.

Al final, obviamente, Hedwig ganó la batalla.

Gruñendo, Harry volvió a dejar en el olvido sus calcetines y se dirigió a su escritorio, sacó un pergamino y comenzó a escribir. Dirigiéndole de tanto en tanto, miradas de odio a Hedwig, que ahora ululaba con satisfacción. ¡Jodida osadía!

Mascullando sobre estúpidas palomas mensajeras que tenían encantos de compulsión en sus ojos, examinó las pocas líneas que había escrito ya:

Tom:

¡Heriste mi sensible corazón! ¿Cómo puedes intentar destruir la moral que por años mi familia y el colegio han intentado darme? Si es que eres un maldito bastardo enfermo,Tom.

Pero detesto ser yo quién arruine tus palabras… (En realidad no, pero ya sabes a lo que me refiero *guiño*), no hay nada que puedas hacer; ya es un poco tarde y yo estoy un poco mayor para este tipo de lecciones. Podrían habérmelas dado mis padres, pero están muertos; así que muchísimas gracias, supongo.

Sonrió indulgentemente, su tono de atrevimiento sin duda haría que Voldemort comenzara a criar canas verdes en su calva y eso sumado a que tenía pensado en algún punto utilizar una lapicera muggle para escribir…Oh, bendito, con razón el otro hombre pensaba que quería morir; sus ideas no hacían más que apuntar a eso.

¡Pero eran tan buenas como para dejarlas pasar!

Y además, contribuían a distraer al Lord en su furia por su estupidez, para así alejarlo de las cosas que él no habló en la carta. Quién sabe, si su idea resultaba, no tendría por qué estar rindiendo cuentas después por omitir información que no pensaba entregar ni muerto.

Era una idea brillante, en su opinión.

Con una sonrisa que oscilaba entre la malicia y la alegría (combinaciones que solamente él podía lograr), retomó la escritura.

Decidió no ser tan cruel y como de todas formas Voldemort ya conocía la situación a grandes rasgos de su actualidad con la Orden, y optó por utilizar el escrito como un medio de desahogo, digno de cualquier muchacho que con su prontuario psicológico, estaría tratando con tres terapeutas diarios. ¡O más!

Con gusto, encontró que la carta era de un grosor decente y que sin duda distraería a Voldemort lo suficiente como para que pensara en dejar de acosarlo.

También, Hedwig se fue feliz, así que podía dar su día por completo…

…Claro, cuando haya terminado de trabajar con sus calcetines. ¡Oh, estúpidos duendes que esconden la ropa!


Voldemort miró la carta de Potter, escuetamente escrita sobre cosas absolutamente banales y que no le daban ninguna información con respecto a lo que quería saber. Claro que le sirvió para comprobar lo que todo el mundo conocía sobre el escalofriante universo adolescente: que todos son unos seres viles, regodeándose continuamente sólo con lo que ellos desean y pobre del ser que no cumpla sus ideas o caprichos. Eso y que viven en un estado de agitación que les hace explotar como volcanes islandeses.

Para mantenerse a salvo de su propia locura y rabia, por haber sido llamado con su odioso nombre muggle de esa manera tan grosera, decidió ignorar incluso, la escritura con lapicera que adornaba las últimas líneas del escrito. Ya sabía que el muchacho era corto de luces y esto no iba a hacer más que aumentara algunos minutos sus torturas sobre los incompetentes Mortífagos que no hacían su trabajo como deberían.

Sin embargo, fuera de eso y ver que Potter seguía teniendo un carácter de mierda, no había nada que podría considerar como útil (salvo una que otra respuesta sobre la propiedad y moral que sin duda él se encargaría de despejar personalmente. Muy pronto). Y lo que él quería, principalmente, era saber sobre las condiciones de vida que el maldito chiquillo tenía en su hogar. ¡Eso le daría tanta información que ni siquiera sabía cómo enumerarla bien! Necesitaba saberlo de la propia mano de Potter, porque él escondía todo tan bien que ni su espía fue capaz de decirle algo que valiera la pena tomar.

¿Así que Potter quería jugar al gato y al ratón? De acuerdo, le seguiría el juego, sólo hasta que el muchacho se diera cuenta de lo ridículo que estaba siendo y de que no sacaría absolutamente nada con llevarle la contraria y no darle lo que quería.

Fue así, como comenzó a enviar misivas cortas, en las que pedía —u ordenaba con sutileza. Salazar bendijera su carisma— que el chico le contara lo que le estaba molestando. Lo que él quería saber.

Él creyó que con una o dos sería suficiente, la verdad.

Pero se olvidó el detalle de que Harry "el terco" Potter era un hueso duro de roer cuando se trataba de esconder secretos.


Fue casi una semana, donde las cartas de Voldemort siguieron llegando, aunque Harry no estaba seguro si las pocas líneas que le exigían que hablara de los aspectos más personales de su vida, merecían ser llamadas así. ¿Quién se creía que era Voldemort para hablarle de esa manera? ¿Uno de sus Mortífagos? ¡Por favor!

El joven siguió ignorando todas las misivas que cada vez se tornaban más agresivas. Si el otro mago esperaba que hablara de temas que ni siquiera había contado a sus amigos, es porque estaba más demente de lo que había creído en un principio.

Sin embargo, cuando el correo sobrepasó las siete cartas, decidió que debería dejarle en claro que no iba a hacer nada. Que incluso, prefería cortar los lazos comunicativos y volver a su relación de odio eterno. Así que ahora se encontraba en el escritorio, escribiendo en el reverso de uno de los tantos pergaminos que el Lord había enviado. Envuelto en la incomodidad de comenzar a sentirse ligeramente, acosado.

¿Qué eres ahora, Riddle?

Escribió con saña, sabiendo que la mención de su apellido le haría hervir de rabia casi tanto como escribirle con su nombre. Dejó que sus emociones tomaran el control de su mano y de sus letras.

¿Acaso te convertiste en mi terapeuta personal? Porque tanto interés —más del que sueles darme— en mi vida íntima me está haciendo pensar eso. No es que no me halague que quieras saber tanto de mí… pero la verdad no tengo intenciones de contarte nada. Mira, por mucho que me guste escribirte y leer tus respuestas no es de tu incumbencia meterte en mi vida personal.

Si quieres saber algo, definitivamente no será por mí.

Potter.

Le hubiera gustado escribir más, pero el pergamino que escogió era bastante corto y de todas formas, sintió que dijo lo necesario y al menos sirvió para descargar la tensión que el otro hombre le había hecho acumular con sus misivas.

Sin pensarlo mucho, ni releer tampoco, envió el pergamino atado escuetamente en la pata de Hedwig. Se quedó sentado allí, mirando como su lechuza se perdía en el horizonte y pensando ligeramente en lo que acababa de escribir, un poco tarde, quizás.

Una parte del escrito, se repitió incesantemente en su mente. Demasiado para su gusto.

"… por mucho que me guste escribirte y leer tus respuestas…"

Harry pensó en aquellas palabras más tarde, medio atragantándose al darse cuenta de lo que había escrito y el significado que le estaba dando tiempo después de haber enviado su respuesta.

Él no estaba seguro de que eso era algo que los enemigos hicieran, la verdad y...

Oh, mierda.

Por Merlín, Por Godric. Por Salazar, maldita sea, le había dicho a Voldemort ¡A Voldemort! Que disfrutaba del correo que tenían.

¡Era un idiota! Si es que Hermione tenía razón, que cuando se dejaba llevar por sus emociones, nada bueno resultaba. ¡Aquí tenía una prueba realmente grande de ello!

Maldiciéndose, sin saber ciertamente si lo hacía por lo estúpido que parecería —bueno, más de lo común— ante el otro mago o porque aquellas palabras eran ciertas, intentó dejar de lado la frase que había escrito, pero que no dejaba de resonar en su cabeza, con una voz burlona.

"…por mucho que me guste escribirte y leer tus respuestas…"

Lo triste es que él sabía, más que nadie, la realidad de esas palabras.

No se había parado a pensarlo bien, pero ahora que la realidad y su estupidez se encargaron de hacerle conocerse a la fuerza, reconocía que le gustaba muchísimo cartearse con el Lord. No sólo porque el tipo era el único correo que había tenido en el verano, sino que también porque era uno de los pocos con los que se había carteado tantas veces sin perder el interés ¡Ni con sus amigos lo había hecho tan seguido! Con una respuesta prácticamente inmediata. Mordiéndose la parte inferior del labio, pensó que escribirte a Voldemort era un riesgo y una diversión a partes iguales. O sea, fuera de ser el mismísimo Señor Oscuro y todos los demás títulos, le entretenían las respuestas, el sarcasmo irónico y burlesco que se impregnaba en cada letra elegante y puntiaguda del otro hombre. Pero que si miraba bien, era capaz de detectar algo cercano a la preocupación e interés por saber lo que él pensaba, por lo que pudiera decir. No es que haya finalmente comenzado a aceptar que Voldemort, se preocupaba por él. De todas las personas del mundo; claro que no…

Mierda, él no había esperado que su correo burlesco terminara en esto.

Riéndose por los nervios de sus aterradores descubrimientos, se levantó del escritorio y bajó a la cocina, esperando que el hacer la cena sería un distractor lo suficientemente potente para hacerle olvidar la declaración que sin querer no sólo le había hecho al Lord, sino a sí mismo también.


De acuerdo, cuando el Señor de las Tinieblas esperaba un correo del muchacho, definitivamente esto no entraba en sus reducidos estándares. No se engañaba a sí mismo y no esperaba nada lleno de flores y rosas, pero tampoco aquella misiva escrita en su propio pergamino. Con esas palabras que lo único que provocaban era que fuera a cortarle la lengua a Potter con un hechizo especialmente doloroso.

¡Nadie, ni siquiera Albus Dumbledore, le hablaba con semejante falta de respeto!

Completamente ofuscado, decidió darle al muchacho una desagradable lección que no tenía más fin que mostrarle que ni el Diablo, jugaba con él.

Con ese pensamiento en mente, Lord Voldemort salió con una muy cruel sonrisa en sus facciones a reunirse con sus mortífagos a ejecutar el ataque que llevaba planeando durante meses.

Era hora de entregarse a la diversión de su trabajo.

Mientras Voldemort se divertía, aterradoramente por supuesto, el muchacho de ojos verdes se encontraba soñando de forma agitada, sus sueños entremezclándose lentamente con imágenes indeseadas, que no había presenciado desde hace muchísimo tiempo. De formas borrosas aparecía una pequeña ciudad, donde en el refugio que daba la noche un montón de capas negras y máscaras de plata se movían sin temor, con la sangre entusiasmada por lo que harían y con los ojos brillantes del deseo que proporciona la destrucción.

Se removió inquieto, queriendo gritar y advertir a la gente que dormía tranquilamente en los hogares que pronto serían azotados por la muerte, que volaba indiscriminadamente y con crueldad en aquel lugar.

Mas sus intentos eran truncados por la simplicidad de que a pesar que vivía aquello, él no estaba allí.

—¿Puedes verlo, Potter? —preguntó el Lord con los ojos rojos brillando en sentimientos tan intensos que Harry podía sentirlos recorriendo asquerosamente su piel. Voldemort seguramente no lo veía, porque su mirada estaba enfocada a un sitio vacío, pero uno donde cualquiera supondría que él, al ser testigo de una visión ajena, debería estar—. ¿No es hermoso lo que el poder puede causar? Aquí hubieron muchos asesinos y personas que según tu, no eran buenas. Pero yo las maté. ¿Me hace eso malo o bueno por destruir a gente que causaba daño?

La risa oscura que escapó de aquellos labios luego de esa declaración, le hizo ver a Harry por primera vez, al Señor de las Tinieblas. Al verdadero Voldemort que el mundo temía y del que él simplemente desafiaba con un valor que muchas veces, no sabía de dónde venía. Sintiendo los cabellos de la nuca erizarse ante el miedo, contempló como el otro mago seguía enfrascado en aquel discurso, en esa muestra de la doble moral.

—¿Puedes ver aquella casa de allí, chico? —volvió a preguntar el Lord y Harry vio como señalaba un hogar que ahora era consumido por una maldición de fuego—. En aquel lugar, vivía un mago que tenía a su sobrino con él. Lo trataba como un esclavo y no le daba los cuidados que cada niño debería ser digno de tener. De hecho… —el menor vio como la sonrisa cruel del otro se quedaba estática, pero podía detectar como en sus esquinas una mueca de asco aparecía—. Usaba al muchacho de maneras inusuales. Inapropiadas e indignas para cualquier mago.

Una punzada que Harry estaba seguro era una mezcla entre la repentina furia del Lord y sus propias emociones, le estrujó el alma; se quedó mirando como el hogar se quemaba y vio a un grupo de mortífagos sacar a un mago que el muchacho de ojos verdes estaba seguro, rondaría por la edad de su tío. A poco ligeramente mayor.

Reparó en él y como era tratado con desprecio, con su piel siendo arrancada por una Bellatrix. Con ese escenario de fondo, Voldemort volvió a hablarle, diciéndole que ese hombre abusaba de su sobrino.

Y Harry comprendió a que se refería el otro y otra oleada de sentimientos mezclados le envolvió tan fuerte, que casi se perdió las últimas palabas del Lord.

—…Y lo mató, Potter. Entonces, ¿Quién es el malo aquí? ¿Puedes decírmelo tú con tu preciosa moral?

Él no estaba cuestionándose nada, pero…lo último que dijo repercutió muchísimo en su cabeza, tanto que ni siquiera reparó mucho en que en ésta visión, Voldemort poseía un aspecto diferente al que él había visto antes.

El aspecto que según el otro, verían en un enfrenta—.

De acuerdo, esto no es lo que había tenido en mente cuando le dijo que iban a enfrentarse. Sin embargo, aún así, no se centró demasiado en el Lord y cuando se quiso realmente dar cuenta de él, su propio cuerpo reaccionó ante la inusual pesadilla y se encontró a sí mismo gritando a todo pulmón, despertando de la horrenda realidad que se estaba llevando a cabo en otro lugar, en aquel mismo instante.

Ignorando los golpeteos furiosos que momentos después de gritar retumbaron en su puerta, prendió la luz y se abalanzó a su escritorio, buscando desesperadamente una de las tantas misivas que él le había enviado.

Encontró una, donde Voldemort le pedía de una forma que Harry no podía identificar si era enojo o no, que le hablara de los castigos y del dolor que obviamente no lo tenían a él como causante.

Lamiéndose los labios que se encontraban resecos por su inesperado despertar, Harry hizo las conexiones necesarias entre las cartas y lo que vio.

No necesitaba ser un genio para comprender que Voldemort, el muy idiota, quería sonsacarle información a cualquier precio. Incluso si en el paquete promocional venía incluida la tortura mental y psicológica; bueno, eso no era de extrañar, el otro hombre amaba la destrucción y se suponía que básicamente atentaba contra la vida de todo el mundo. A pesar de eso, le preocupaba de sobremanera el porqué el de ojos rojos quería repentinamente saber algo así de él.

Suspirando con frustración, pensó que quizás aún estaba siendo presa de sus emociones cambiantes y detonantes, porque seguramente en otro estado donde su raciocinio debería ser normal y eficiente, no se le habría pasado por la cabeza que debería ser un poco egoísta y darle el gusto a Voldemort para que no se le ocurriera mandarle más visiones.

Total…en esta ocasión gente cruel había muerto. Y eso…eso estaba bien, ¿verdad?

Refugiándose completamente en esa idea y siendo consciente a medias de que quizás, con mucha suerte, se estaba echando una muy liviana soga al cuello; tomó un pergamino y comenzó a escribir; pensando en que se estaba ateniendo a cosas que Snape había visto en su memoria y las cuales, indudablemente, el otro hombre ya sería conocedor.


Voldemort sonrió, triunfante cuando por fin la carta que tenía en sus manos se sentía con un grosor decente. Sin borrar el sabor de la victoria que se extendía por haber ganado aquella batalla ante Potter y no sólo eso, aquella mañana comprobó con gusto que su ataque alertó a los Aurores y a la Orden.

La vida era buena.

Con ese regocijante pensamiento en mente, fue que tomó la carta e inicio su lectura, teniendo a su lado un vaso de uno de sus licores más fuertes y antiguos. Salazar sabía cuánto lo necesitaba cada vez que leía a Potter.

Riddle:

No sé qué mierda tienes en tu puta cabeza enferma, debe ser un jodido infierno. ¿Tanto te divierte enviar visiones a un adolescente que te destruirá? Es triste, creí que tenías mejores cosas que hacer que cazar adolescentes patéticos, como me dijiste tiempo atrás.

Supongo que es una victoria para ti, regocíjate en ella, Voldemort.

El Lord alzó suavemente una ceja ante la mención de su último ataque. ¿Así que el muchacho aún seguía dándole vuelta a aquella visión? Eso era bastante interesante, especialmente porque le daba no sólo una oportunidad inesperada de atormentar al muchacho, sino que también de sembrarle dudas en su camino…

El resto de aquel párrafo le hizo sonreír, porque era más que evidente que el humor de Potter no estaba exactamente en su mejor momento.

¿Sería el responsable por todo eso también? Lo dudaba, pero si fuera así, sería maravilloso. Porque no sólo tenía al muchacho en un estado mental inestable, sino que también, por lo que había visto y podía deducir, era posible que en esta carta finalmente encontrara las respuestas que tanto había deseado tener. Contando, especialmente, con que la emocionalidad patética de Potter, que siempre estaba a flor de piel, sería un impulsador enorme a que él escribiera todo lo que quería sacarse del interior, llevado por la ceguera que producen los sentimientos y su necesidad de limpiar su mente.

Él, mejor que nadie, sabía lo que un temperamento alterado, podía hacer.

A veces, ser el portador de una conexión con un adolescente patético, hacía maravillas.

Pensando que de lejos, éste era el mejor correo que había intercambiado nunca con el chico (aquel, donde el joven mago reconocía que le gustaba intercambiar cartas con él no contaba mucho. O al menos eso quería creer y por ello el asunto siempre quedó hundido en las profundidades de su mente); retomó la lectura; ignorando los patéticos intentos del muchacho de insultarlo, al llamarlo por su apellido.

Con todo el correo que guardaba de Potter, podría decir que ya era inmune a ello.

No sé qué quieres saber, ni que conseguirás con ello; pero si así dejarás de comportarte como un maldito acosador conmigo, comentaré algo de mi vida privada.

Eh…no es mucho lo que te puedo decir, no hay nada interesante en mi pasado (¡y no pienso entregarte todo en bandeja tampoco!) Así que tomé una de las cartas que me enviaste y aún tengo guardadas y encontré allí que pedías que te hablara de las torturas y cuán acostumbrado estoy a ellas.

Bueno… Snape siempre fue un hijo de puta conmigo. Desde primer año me trató mucho peor a como tu tratas a tus Mortífagos (en serio, deberías buscar una mejor forma de tener seguidores. Los actuales no te dudarán mucho si sigues así, aunque no me quejo. Mejor para mí si sabes a lo que me refiero *guiño*) y siempre dedicó gran parte de su tiempo a darme las más variadas y pintorescas detenciones.

Pero casi todo mi soporte a las torturas proviene de mis parientes. Lamento decepcionarte en profundidad y odio con mi alma herir tu ego, pero tus intentos de asesinato no me destrozaron tanto como imagino que te empeñas en creer. Imagino que debes saber de ellos así que no te comentaré nada al respecto de sus vidas; la gran historia es ésta:

Soy su elfo doméstico desde que tengo memoria y como todos los muggles consideran a la magia una abominación. Toma eso, mezclado y tendrán como resultados una multitud de abusos representados en tratamientos despectivos psicológico y golpizas y tendrás a mi vida desde que fui dejado aquí cuando tenía poco más que un año.

Tadá.

Todo gracias a ti, debo decir.

De todas formas, no escribiré más al respecto. No quiero cavar mi tumba emocional y te digo cosas que seguramente Snape debe de haberte comentado ya. Es tu espía después de todo y él vio esto cuando me enseñó Oclumancia.

¿Qué quieres que te diga? ¿Lo del armario? ¿La caza de Harry? ¿Los huesos rotos? ¿Lo—…

No lo pudo evitar. Detuvo su lectura mientras su mente analizaba las cosas escritas por el muchacho.

Ahora entendió a que se refería Potter con que estaba acostumbrado a las torturas. No fue en primer lugar como él pensó, por culpa él mismo o sus mortífagos (¡algo completamente decepcionante!). Era su propia familia muggle la que le propinaba aquel trato.

A Voldemort le daba lo mismo el sufrimiento de Potter, por él, lo promovería con bombos y platillos en verdad. Pero lo que si le encabronaba y sacaba a lucir todo su poder homicida, era que los muggles hubieran osado levantarse la mano a un mago. Incluso —admitió rechinando los dientes— si ese mago era Harry Potter.

(Él como mago estaba completamente fuera de discusión, como igual ser mágico que el resto, tenía el derecho —y deber incluso— de ejercer su poder como le diera la regalada gana. Con violencia y terror o no)

El resto de la carta, sin percatarse mucho, se quemó producto de su repentino despliegue emocional.

Retomó su hilo de pensamiento, pensando en que ya había oído de Snape algunas cosas que desestimó por considerarlas menores. Todos los muggles son unos idiotas después de todo y ellos temen y actúan con horror respecto a lo que desconocen. Nunca creyó que Potter, de todas las personas, sufriría de esa manera y mucho menos, utilizaría aquel estado para crear una resistencia enorme.

Eso, explicaba muchísimas cosas.

De todas formas, no pudo evitar, a media que su furia ante los hechos se desencadenaba (no como preocupación, se dijo); que la información recibida sería una de sus mejores armas. La utilizaría en contra de Potter como otro medio de cercanía. Como un paso a su destrucción.

Salió de su cuarto, dispuesto a descargar su creciente furia con un alma no inocente. Seguramente aún le quedaban los magos criminales de su ataque anterior y si no, iría feliz —o lo que fuera que los Lords Oscuros sintieran y se acercara a esa sensación— a atormentar pueblos cercanos.


Una hora más tarde, a kilómetros de allí, Harry Potter despertó gritando por una pesadilla donde torturaban a personas de maneras horribles.

—¡Cierra la boca, chico! —gritó su tío detrás de la puerta—. ¡No me importa que la Orden esa que tu llamas tanto venga, si vuelves a chillar, ya sabrás lo que te pasará!

Los golpes en la madera siguieron un poco más, Harry simplemente guardó silencio, no queriendo responder para tener complicaciones indeseadas. No es como si el tema tampoco le preocupara demasiado ahora, pues su cabeza sólo tenía pensamiento para lo que acababa de pasar.

O sea, ¿qué mierda le pasa al mundo? Él simplemente contó en su carta lo ocurrido el otro día. Luego Voldemort le mandó misivas donde le pedía hablar sobre su vida familiar y después como no respondió, atacó su mente de una manera tan bestial que Snape se hubiera puesto a llorar de orgullo ante sus pesadillas.

No lo entendía.

Por más que intentara hacerlo le era imposible concebir que el malo de su vida estaba preocupado —o la mierda que fuera que Riddle pudiera sentir— por él…

Se rió cuando la idea terminó de pasar por su cabeza. ¿Y luego qué? ¿Snape vendría a verlo para pedirle perdón por ser un bastardo grasiento? ¡Por favor! ¡Era absurdo!

Voldemort no se estaba preocupando por él, el hombre le odiaba con su alma —si es que tenía— y quería matarlo apenas le viera. Lo de ahora simplemente fue producto una escabrosa coincidencia que le llevó a pensar erróneamente; sólo porque estuvieran entablando una especie de conversación por correo y estuvieran intentando sabotear los ideales que le formaron desde siempre, no significaba ningún cambio en su relación de odio y perdición mutua.

No era nada más que eso, ¿cierto? Una malinterpretación de las circunstancias.

Con ese pensamiento rondando en su mente como una mantra para convencerse, Harry volvió a dormir, esperando no tener pesadillas.

Y si las tenía, ya se encargaría él de mandarle a Voldemort una carta con sus más floridas palabras por ser tan cabrón.


Notas finales:

Holo 83. ¿Qué tal todo gente bellísima? Espero que bien, acá yo pasando la vida con la U toppeándome bruscamente, intento darle lucha 8D.

Este...es el capítulo más largo que he hecho y siempre me sentí orgullosa de él. Ains, hermoso.

Estoy tan feliz con este capítulo... Apuesto a que nadie esperaba a la Orden aparecer de esa manera. Espero.

Pobre Harry, casi siento pena por hacerle ver que su karma es un asco. Casi...

En fin, algunas cosas aclaratorias:

¿Recuerdan los problemas que tuvo Harry hace tres capítulos atrás? He aquí al fin aclaración de todo ello. Considerando que los Dursley tuvieron al chiquillo como casi un esclavo toda su vida, no creo que desearan desprenderse tan rapido de sus servicios (y de las otras atenciones de su tío), especialmente porque dudo que alguien más que tía Petunia hiciera las cosas de la casa. Vamos...los Dursley son la típica familia donde es la mujer que hace todo. No pueden negarlo...

Como sea, teniendo la oportunidad para negociar un acuerdo, es más que factible que lo hicieran. Y la Orden si tenía la intención de que sería bueno para el muchacho salir un poco, ya saben, distraerse de todo...Pero no fue una buena idea, porque no estaban completamente seguros de lo que las labores domésticas significaban para Harry. Son magos, no videntes ni nada por el estilo y tenían la mejor intención. Y como la verdad Harry había perdido la costumbre de estar todo el día haciendo labores y si eso es sumado a su corto genio, es natural que él estuviera en un modo de adolescente!irritable todo el maldito día. Por muy salvador del mundo mágico, aún es un adolescente y como todos, tiene sus momentos de rebeldía donde el mundo y todos los demás, valen una mierda.

Y como Harry es Harry, ese estado lo lleva incluso con Voldemort :D.

Oh si, les recuerdo que Manipulador!Voldemort está al ataque en las cartas y en las visiones ocasionales (las cuales, permito decir que no serán como una conexión mental poderosa...pero tendrán su utilidad 8D), buscando exprimir así las debilidades de Harry, así que si éstas suenan ligeramente fuera de foco, es por eso; después de todo, Voldemort quiere pretender que comprende y tiene la confianza del muchacho, para que sea más fácil llegar a él. Por esto mismo, es que en lugar de ir primeramente a destruir la mente del muchacho, decidió convencerlo mediante las misivas...Después, como no es un ser que podamos decir paciente, optó por lo más sano para él 8D.

Pero no debería quejarse, al menos, obtuvo resultados. Aquí entra el dicho de "las soluciones menos obvias, son las mejores"...

Y sobre las intervenciones de la Orden, de alguna manera era obvio, si ellos sabían que Harry no podía cartearse con nadie y él estaba enviando lechuzas tan seguido, es lógico que aparecieran e hicieran preguntas. En mi mente, Remus va primero porque tiene la confianza de Harry y trató de ver qué sucedia (por cierto, lo siento por el OoC de ese hombre. No hubo caso y no pude manejarlo mejor :C)

Como siempre, esto es sólo el inicio de los problemas del chiquillo...

Merlín, cada vez las notas son casi tan larga como el fic(?).

En fin, creo que no tengo nada más que agregar. Salvo, volver a agradecerles a todos los que me leen y especialmente a aquellos que se toman el tiempo de comentar; es maravilloso no sólo saber lo que piensan de esto, sino también leer sus ideas al respecto. ¡Ustedes son geniales 8D! Y más encima, me animan muchísimo a seguir escribiendo y lo mejor de todo, a apresurarme (Merlín sabe lo floja que soy para actualizar ...). Por eso, nuevamente, gracias, gente. Son la rajulía *chilenismo plz*

Nos veremos en otra actualización...Hablando de eso, el lunes empiezo otro año en la universidad y si bien haré todo lo que mi ser me permita en escribir a un ritmo decente (mi horario es una mierda y sé que llegaré hecha cenizas a casa), no prometo nada. Aún así, si me demoro, seguiré esto; -y el otro fic, que es más difícil que las matemáticas(?)- me gusta demasiado el proyecto como para abandonarlo~.

Ya. Ahora si es todo, sino si volveré ésta nota más larga que el fic D:!

¡Gracias por leer~!

¿Review? Si lo dejas, harás que escriba más rápido, por ende, estos dos se enamorarán antes 8D.