Todo aquel día había sido demasiado emocionante para mi cuerpo. Descubrimientos de criaturas extrañas, antes inexistentes salvo en el mundo de la literatura y ahora tomando forma de manera dolorosa y aterradora.
Deslicé mi cepillo por mis cabellos observándome en el espejo y preguntándome en qué podía confiar ahora que nada era lo que parecía. ¿Quién podía asegurarme que no existían más seres sobrenaturales observándonos en algún lugar? Las plantas podían tener vida más allá de la conocida. ¿Y si los cuentos de hombres transformados en lobo bajo la luna llena eran algo más que para asustar a los pequeños que no se van a dormir a su debido tiempo?
Las púas de mi cepillo encontraron un pequeño nudo y tuve que usar un poco más de fuerza para deshacerlo.
Dejando mi cabello sobre mis hombros respiré profundamente aún atolondrada. Puede que necesitase más conversaciones con mi hermano sobre aquel mundo que siempre había creído lejos de mi alcance.
Mis dedos comenzaron a entretejer mis cabellos hábilmente sin necesidad de parar aquella oleada de pensamientos que me tenían ensimismada. Tanto que no me había percatado de la presencia de una de mis criadas en la puerta de mis aposentos.
- Alteza -susurró.
Me giré dando un respingo y sonreí al ver a Kristin. Me levanté de mi pequeño asiento y caminé hacia ella.
- Ha llegado una carta para usted -me miró.
Aquello era muy extraño pues jamás una misiva llegaba tan tarde. Temía que fuese una artimaña de aquel hombre maligno que deseaba mi muerte.
- Gracias -susurré tomando el sobre que me tendía.
Me hizo una reverencia y salió de mi habitación dejándome pálida con aquel sobre que aún no había mirado entre mis dedos. Bajé con miedo mi mirada hasta aquella carta en la que mi nombre estaba escrito junto un remite. Sonreí ampliamente al comprobar que era una carta de Daniel. ¡No pensaba que fuese a recibir respuesta tan rápidamente! ¿Cómo era posible estando él tan lejos? Negué riendo. Aquello era lo de menos, tenía a alguien con quien conversar sobre todo lo acontecido.
Mi señora, Le seré franco y no le negaré que su carta me ha alegrado el día. Solamente al tratarme de queridísimo hizo que mi corazón estuviese a punto de estallar. ¿Puede usted enamorar con una simple palabra? Le recuerdo que antes de que sea capaz de reprocharme mi osadía, jamás acepté no cortejarla a través de misivas. ¡Qué más hubiese deseado que llevarla conmigo, mi señora! Su presencia alegraría todo tormento que debo pasar estando a cada hora lejos de su compañía. Le agradezco que me trate como amigo. Desahóguese conmigo todo lo que usted desee. Prometo callar y llevarme cada uno de sus secretos a la tumba. ¿Cómo que criaturas? ¿Acaso está usted en peligro? ¿Entraron en palacio? No puedo creerme lo que me está relatando. Si pudiera correría ahora mismo para salvarla de todo aquello que la horroriza. Ahora lamento aún más que antes no estar allí o en su defecto haber traído a su alteza junto a mí. La sola idea de que pueda resultar herida me deja sin aliento. Manténgase a salvo se lo ruego pues cuando regrese deseo contemplar aquellos ojos brillantes y vivaces que hicieron presa a mi corazón. Llámeme adulador pero uno no puede negar a su corazón lo que siente y por ese motivo deseo que no le relate a nadie mis intenciones. Tan solo deseo sacar una sonrisa de esos labios tal y como ha pedido. Pues a fin de cuentas, sé debidamente que ni aún con mi atrevimiento seré digno de uno tan solo de esos sedosos cabellos. Pero, reláteme. Se lo suplico. Cada segundo de cada para poder imaginar cada uno de sus movimientos y perderme en mi lectura en su hermosura tan cristalina como el agua de los ríos. Dígame, ¿cree en el amor a primera vista? Puede que sea por eso por lo que no recibo ninguno de sus cumplidos o de sus atenciones dado que entre usted y el conde Byron sucedió algo puesto que su rostro se sonroja cuando le nombra. ¡Oh, cuantísimo le envidio de ser así! Alteza, lo que daría por una de sus sonrisas en este instante. Sé que me alegraría sumamente. Dado que debo combatir por bienes. No deseo ser un pobre ¿entiende? Y en ocasiones las disputas familiares son peores que las guerras. Espero que no le moleste si le relato mi deseo de esta noche. Tan solo espero que entre en mis sueños, alteza. Entre y lléneme de vida mientras le robo un beso indecoroso. Suyo para siempre, Daniel SimmonsUna vez hube terminado de leer pude sentir la sonrisa en mis labios pero el intenso sonrojo en mis mejillas. Tapé estas recordando las palabras, todo lo que allí había relatado. ¿Realmente podía sentirse interesado por mí? ¡Oh, por supuesto Helen! Era la princesa del reino. Cualquiera que no desea ser pobre evidentemente desea engatusar a quien tiene una pizca de dinero y en el caso de Daniel le había tocado la lotería a la hora de poder pillar un poco de ese inmenso tesoro real.
La desilusión invadió mi alma pero sentí fuerzas renovadas dispuesta a zanjar aquel bobo comportamiento impropio de un hombre destinado a ser mi carcelero.
Querido señor Simmons, ¿Acaso me considera una de aquellas jóvenes que ha tenido en su lecho y dejado después solas presas de la desesperación tras haberlas enamorado? Lamento entonces recordarle que no, no soy ninguna de ellas y espero que me trate con mayor respeto. Sé de ante mano que el solo deseo por mí pertenece a su deseo por el dinero que me corresponde por mi linaje. Ya le respondí que podremos tener una gran amistad si así lo desea pero le reitero que cese en su intento de enamorar mi corazón pues no pertenecerá jamás a ningún hombre y pierde en demasía tu tiempo. Si desea que le relate mi día a día no tendré problema alguno siempre y cuando usted haga lo propio, de no ser así no tendría sentido alguno. Lamento escuchar que tenga que sufrir para tener algo y alimento que poder llevarse a la boca. No se olvide que de no poder poseer nada más aquí estará siempre bien alimentado. En cuanto a mi sonrisa la consiguió y también el sonrojo de mis mejillas pero no se atreva a volver a hacerlo o cesaré mis misivas rápidamente. En cuanto a las criaturas, estoy aterrada. ¿Cómo podría una persona defenderse de algo semejante? Espero mañana poder ir a la biblioteca de palacio y leer algún libro sobre el tema. Nunca se sabe. Siempre consideré todo aquello literatura con una gran imaginación pero tras lo sucedido nunca se sabe. ¿Usted qué opina, señor Simmons? Me gustaría conocer algo diferente a lo que mi propia mente me dice. En cuanto al señor Byron, ¡ni se le ocurra volver a nombrarlo! No le amo ni le amaré. No lo haré nunca. Sería como firmar mi propia muerte. Es uno de aquellos vampiros y está obsesionado con mi sangre. ¡Quiere ser mi asesino! Aún mi cuerpo tiembla por el recuerdo. Y en el caso de no ser así, está prometido o lo estará brevemente con mi hermana Susan pues son esos los deseos de mi padre. Espero que pueda regresar pronto para que le reprenda como usted se merece. Cuídese, se lo ruego. Helen Devonshire, princesa de Cronsworld.Dejé la pluma en el tintero y caminé hasta la cama, me metí entre las sábanas y dejé que Morfeo me llevase con él deseando que fuese todo lo vivido aquel día una pesadilla.
