·Disclaimer: Los personajes son de Rowling...Aún.
·Advertencias: AU, tomo el sexto tomo, pero algunas cosas cambian. Slash. Lemon. Lime. Tortura. Manipulación y otras cosas lindas que se irán viendo a medida que esto avance~.
·Notas: Yo...soy un ser despreciable, mira que desaparecerme por tanto tiempo D:. Mi única excusa es que este año mi universidad está comportándose tan bitch que no me deja tiempo para nada :c.
¡Disfruta 8D!
·
Capítulo seis: Preludios internos.
·
Harry, podría haber esperado que el encuentro con Remus fuera la única advertencia a que prestara más atención al correo que tenía con el Lord. Podría haberlo hecho. Sólo si su hoja de vida no fuera un indicador de que cuando algo comenzaba, seguía en línea recta hasta terminar. Preferentemente de una manera trágica que solía tener el plus de una masacre extrema.
O algo por el estilo.
Y como esperando que al momento después de darse cuenta de su realización, un Apocalipsis se desatara y destruyera Privet Drive, el muchacho de dieciséis años aguantó la respiración y contrajo su estómago tanto, que por un día, estuvo a punto de desfallecer dramáticamente.
Cuando al siguiente no pasó nada, se permitió relajarse. Nunca sus desgracias tardaban más, mucho menos cuando él era consciente de ellas.
Claro que no contó con que cuatro días después de haber enviado su carta —la larga— a Voldemort, Moody tocaría la puerta de su casa y le preguntaría, sin rodeos, sobre su correo.
Harry no alcanzó a decir ni pío, pues el hombre se limitó a empujarlo del camino y subir a su cuarto, hablando de los peligros de escribirle a extraños del colegio que seguramente podrían ser potenciales Mortífagos o algo peor.
No pudo evitar recordar su cuarto año. De forma ausente pensó en que al hombre que ahora subía de forma apresurada las escaleras, debió traumarle severamente la situación de esa época. Quizás, hasta fue motivante para que su paranoia aumentara a niveles universales…
—Pero…es un Hufflepuff. ¡Hufflepuff! —reclamó con lógica atropelladora, apresurándose a subir, ligeramente nervioso por lo que se avecinaba.
El otro siguió dándole la charla sobre los peligros de contactar a extraños.
Harry se perdió la mitad de ella, demasiado ocupado en maldecir de todas las formas que conocía. Incluso en pársel (en voz ultra baja, claro está). ¿Qué manía tenía la gente en enseñarle cosas de las cuales estaba demasiado grande para aprender? ¡Y a su edad! O sea, si querían, mínimo, podrían haberlo hecho cuando él era un niño de once malditos años…
Quién entendía a los magos, de todas formas.
Ya en su cuarto, el hombre mayor barrió con su mirada y su varita el lugar, como si esperara encontrar congregados allí a un par de seguidores oscuros o similares. Viva la paranoia, oh sí.
—Quiero ver una de las cartas. Pueden ser peligrosas.
Y como para probar aquella premisa, Moody giró dramáticamente su ojo mágico, moviéndolo en ángulos que ni los matemáticos más versados, habían descubierto todavía.
Harry tragó saliva, sintiéndose de pronto como un niño de cinco años que debía confesar ser el autor de crímenes atroces e indescriptibles. No podía simplemente ir y tomar una de las cartas y decir "Y bueno, Ojoloco…aquí es cuando te digo —melodramáticamente, por supuesto— que con quién me estoy carteando es con Voldemort. Ahora, puedes ir y decirle a la Orden y sufrir infartos en conjunto", por muy tentadora y sin duda digno de ver que sería la idea, no podía—…
¿Qué mierda es lo que pasaba por su cabeza para pensar eso?
Ligeramente escandalizado por su propio pensamiento, intentó rebatirlo, pensando para sí que todo era culpa de su estado actual.
Eso o que Voldemort le estaba influenciando más de lo que era capaz de ver.
—¿Puedes explicarme lo que es esto, Potter? —Preguntó Moody y Harry regresó de golpe a la realidad.
El muchacho miró a Ojoloco, quién tenía su ojo sano mirándolo y el otro girando rápidamente en dirección a su escritorio. Tragando saliva y sintiendo como su pulso se iba a la estratósfera, miró lentamente, cual película de terror en su punto más dramático, al escritorio. Sintió, levemente, como el mundo se caía bajo sus pies y no de la mejor manera.
…Allí, Harry tenía una carta a medio terminar.
Por las bolas de Merlín.
—¿Y bien, Potter?
Bien Harry, reflexionó para sí con prisa, éste es tu momento de oro. ¿Le dices que has estado todo el verano escribiéndole a Voldemort y que su correo es la única entretención que has tenido y que por ello has evitado suicidarte por el aburrimiento? ¿O le inventas algo tan ridículo como que eres un Mortífago haciéndose pasar por ti? Siempre te han dicho que la verdad es lo mejor, pero en este punto sabes que Ojoloco va a mandarte derecho al otro lado de la vida si le contestas así.
Eso o tomando en cuenta lo paranoico que es, no decide enviarte a un juicio por traidor antes. El mundo sabe que a aquel hombre le da un poco igual que seas el maldito Salvador.
—Es una carta que le escribo a mi nuevo amigo, profesor Moody —aseguró en su tono más convincente e inocente. Ese que usaba cuando alguna poción salía mal y estaba a punto de explotar y tenía a Snape delante, exigiendo explicaciones—. Remus me dijo que como aún no lo considero un amigo en profundidad, es porque podemos cartearnos.
¿Por qué su vida tenía que ser tan malditamente complicada? ¿No se conformaba su existencia en ser acosado por un Señor Oscuro de una dudosa y sanguinaria moral, sino que también tenía que tener a dementes y paranoicos seguidores de la Luz a sus espaldas?
Claro que no era suficiente. Iluso.
Fue nuevamente, donde el muchacho sintió la imperiosa necesidad de tener un deseo de autodestrucción que le permitía, como mínimo, cortarse el estómago y desangrarse hasta la muerte. Quizás así todo sería más fácil…para él y todo el mundo.
Sin embargo no lo hizo y después de varios minutos de lucha donde Moody le apuntó con la varita, —haciendo la correcta sugerencia de que estaba escondiendo algo por encontrarse tan nervioso—; el mayor convocó la carta que estaba en el escritorio. Y la comenzó a leer. En voz alta. Harry se mordió el interior de su mejilla.
Tom:
¿Alguna vez has tenido pesadillas? Me lo pregunto porque últimamente estoy teniendo y son asquerosas. Un bastardo hijo de puta que seguramente conoces (mínimo, has oído hablar de él), aparece constantemente en mis sueños. Te preguntarás qué son y apuesto a que te mueres de ganas por saber la mierda que pasa por mi cabeza, incluso, cuando estoy durmiendo. Debería recordarte lo extraño y peligroso para tu salud que puede ser tu insana obsesión conmigo. O hacer un comentario al respecto; pero hoy me siento particularmente benevolente. ¿La razón? Supongo que le da más riesgo y emoción a mi vida, si entiendes lo que quiero decir *guiño*.
Y como no tengo la intención de privarte de mi gloriosa presencia que sé, atesoras al punto de soñar conmigo —obsesión, Tom, obsesión—, te comentaré brevemente que son. También porque me aburro a muerte —como ya sabes y sé que lo recuerdas a cada minuto de tu existencia—.
Sueño cosas extrañas, ¿puedes creer que incluso clases filosóficas sobre la moral han aparecido? ¡Increíble! ¡Y lo mejor que de una forma tan explícitamente didáctica que Snape se pondría verde de envidia! Y eso no es suficiente, ahora viene la parte oscura y siniestra: mis pesadillas están infestadas de sangre, muerte y destrucción al por mayor. Es como una película de terror muggle de cuarta categoría, sólo que la sangre que corre, no es falsa. Ni es de salsa de tomate, por desgracia.
¿Y lo mejor? Que ese Señor Oscuro que te mencioné, es tan hijo de puta que el bastardo más infame del mundo sería nada comparado a su lado. Y él se aparece en todas partes. Todas. Las. Putas. Partes. Es todo tan extraño que no tengo forma de describirlo…
El muy cabrón se las ingenia para destruir mi cabeza desde dentro. Estando en ella. Hijo de puta enfermo, en verdad. Pst. Como si mi mente fuera un patio de entretenimiento público, maravilloso, ¿no crees?—
El de ojos verdes sintió, cuando lo que llevaba de carta fue leído, que podría pasar el Apocalipsis por la calle y nada sería peor que lo que le sucedería a continuación.
Oh bueno, quizás estaba siendo algo melodramático. ¡Pero era cierto a pesar de su exageración!
Internamente, de todas formas, agradeció el esfuerzo que le dio a la carta, buscando entremezclarla con odio por las pesadillas que el Lord llevaba causándole sin descanso y comentarios alusivos a la especial situación que tenían los dos. Además, comprobó que una respuesta bien elaborada era muchísimo mejor que un montón de insultos sin sentido… O de acuerdo, algo más venenosamente sútil agregado a sus usuales insultos que mejoraban cada vez y eran tan malditamente adictivos de utilizar.
Se sentía, casi, casi, tan inteligente como Hermione.
—¿Y bien? —preguntó Moody, alejándolo bruscamente de la ensoñación que lentamente comenzaba a llenar su ser y lo llevaba flotando a una nube de paz y felicidad—. ¿Cuánto hace que te conoces con este muchacho, Potter?
—Lo conocí el año pasado…
Y entonces, comenzó a relatar la historia que le había dicho a Remus y que seguramente ya era conocida en los círculos de la Orden. Eso de tener que comprobar cosas para pillarlo en una mentira, era demasiado.
Moody, efectivamente, asintió a todas las cosas que le decía, preguntándole de tanto en tanto respecto a la desconocida identidad del muchacho de la casa de los tejones. Y como un reloj, Harry respondió, inventándose una historia que era una mezcla de su vida, la de Tom Riddle y otras anécdotas que eran una sufrida ensalada de Hermione, Ron, Ginny e incluso Malfoy.
Debería dejar el mundo de la magia y convertirse en un dramaturgo, ¡su vida sería gloriosa!
—Deberías dejar de comunicarte con desconocidos, Potter. No sabes quién puede ser ese muchacho, por muy trágica que sea su vida.
—Él es simpático, algo demente, pero muy agradable para conversar.
—De alguien así, lo único que creo es que es todo, menos agradable —señaló mientras su ojo giraba y se detenía en un punto debajo de ellos mismo—. No le escribas más, muchacho. Dumbledore dejó en claro que debías evitar el contacto.
Harry quiso reclamar que desobedecería, pero las palabras de Moody fueron más rápidas, asegurándole que él estaría vigilando y se aseguraría que las órdenes que le fueron dadas, serían cumplidas. ¡La alerta permanente es primordial en esto!
Por ello, sintiendo una punzada ante la presión súbita que experimentó, pidió, cortésmente que le dejara responder una última vez, para cortar la comunicación. Contrario a lo que esperaba, Moody se negó.
—Ahora Potter, tu no enviarás más cartas. Ni siquiera una para cortar el contacto —dijo Moody, mirándolo en aquella ocasión con sus dos ojos. Harry inconscientemente se estremeció—. Fortaleceré las barreras yo mismo si es necesario para evitar que hagas algo peligroso. Merlín sabe que atraes lo innecesario…
Harry no necesitaba que tampoco le recordaran eso, mucho menos en ese momento de su vida.
—¡Debes mantenerte en alerta permanente, muchacho! —continuó, su ojo mágico moviéndose escalofriadamente en su cuenca—. ¡No sabes los peligros que te acechan a cada instante! Por eso tienes que estar un paso delante, ¡previniendo!
Le explicó que no debería pasar por alto la protección que Dumbledore le dio, incluso si aquello tenía vacíos legales que cualquier persona pudiera aprovechar. Que sería peligroso si ese amigo suyo fuera contactado y torturado y que obviamente, Harry no querría ver sufrir a su entretención veraniega bajo las varitas de los Mortífagos… (El muchacho intentó contener su risa ante la imagen mental que se formó en su cabeza por esas palabras. Con algo de éxito, logró contener su risa en una mueca de arrogancia) y otras palabrerías más que sólo giraban en la misma dirección. Él soportó todo bastante bien e incluso se atrevió a mirar a Moody con cara de pena, sintiendo como su cinismo lo aplastaba desde el fondo de su inconsciencia.
Y cuando pensó que todo lo malo había pasado, un detalle que creyó, sería pasado por alto, surgió a flote.
—Potter, háblame de los sueños que estás teniendo.
—¿Uh?
¡Oh! ¡Su legendaria elocuencia al rescate!
Harry miró a Ojoloco con un aire confundido, realmente no había esperado que esa pregunta viniera de él y le descolocó oírla. Tanto por el grado de dureza que había en las palabras del hombre, como por la forma fija que éste le miraba.
Amenazante, al punto de que su aura era capaz de verse en el aire, Moody volvió a repetir la pregunta, su voz saliendo en un gruñido molesto.
Harry le observó y no se atrevió a mentirle.
Le contó la verdad, los sueños tal y como habían sido. Al menos las partes más importantes que no dejaban en duda que Voldemort era quién los enviaba. Las otras, como la imagen del hombre o la forma tan inusual en que la furia del Lord se demostró mediante una de sus pesadillas, como medio de "preocupación"; prefirió omitirlas, pensando convencidamente que las había olvidado.
Aún con todo ello, no escapó del discurso "deberías mejorar tu Oclumancia, Harry. Quizás el profesor Snape tendría que volver a darte clases" que tan acostumbrado estaba a oír en su vida. Lo divertido del asunto era oír la esencia de la frase con una mirada desaprobatoria que sobrepasaba las de sus amigos y profesores.
Bueno, al menos pudo haber sido muchísimo peor.
Moody siguió mirándolo con aquel aire desaprobatorio cuando acabó de hablar y Harry si se sintió un poco mal por ello. La Orden hacía las cosas para protegerlo y aunque a veces no acertase mucho en sus métodos o ellos no fueran efectivos como debería; si ponían su esfuerzo. En protegerlo a él y al resto. ¿Y cómo lo pagaba? Metiéndose de lleno con quién no debería.
No es que fuera su culpa completa (Voldemort siempre tuvo la oportunidad de no responderle. Fácilmente podría haber quemado su primera carta y ellos podrían haber seguido odiándose como siempre); y tampoco según sus parámetros estaba haciendo algo ilegal y que los condenaría a todos a un trillón de años de oscuridad y perdición y locura, pero tampoco eso evitaba que no se sintiera culpable, muchísimas veces —especialmente cuando escribía— por lo que estaba haciendo. Especialmente porque él no hacía nada por evitarlo, cuando podría hacerlo (¡y tenía el deber de ello!)…
—Yo…uh, intentaré poner mi mejor esfuerzo para evitar que esto vuelva a ocurrir —prometió al final, después de uno breves minutos de culpa avasalladora—. Supongo que podría volver a poner en práctica lo que Snape me enseñó…
Mordió una esquina de sus labios a medida que un gruñido gutural escapaba de los labios del ex –auror, en conjunto con palabras que no pudo entender. De todas formas, él le miró con un rictus que iba entre la rabia y la frustración.
—No es podría, Potter. Es lo haré.
Conteniendo una mueca de fastidio, Harry asintió con vehemencia, colocando en el movimiento agitado de su desordenado cabello, una promesa que no cumpliría. No porque no quisiera (bueno, en parte sí), sino porque él no iba a practicar un arte que sabía, se le daba incluso peor que la Transformación y Pociones en conjunto. ¡Era ridículo! Además, Voldemort había aprendido que meterse en su mente era tan peligroso como luchar contra imposibles. Cómodamente, podía considerarse a salvo…de forma relativa.
Pero claro, el resto no tenía porqué saber de esos pequeños detalles.
Aquella escena se dilató un poco más, gestándose básicamente en miradas y comentarios mordaces con respecto a la alerta permanente y al cuidado en todo momento, porque, claro está, los psicópatas asesinos sediento de sangre y dominio mundial, se encuentran escondidos en las partes más inesperadas del mundo. Como —en el caso de Harry— detrás de la ducha o debajo de la cama, esperando ese momento de distracción perfecta para atacarlo y mínimo, decapitarlo brutalmente, regando su sangre por la habitación de una manera fabulosa. Y muy, muy, muy cruel. Eso, por lo menos, iba medianamente de acuerdo con el planteamiento de Moody.
Harry soportó bastante bien todos esos minutos de charla, haciendo uno que otro comentario al respecto y sonriéndose para sus adentros, sabiendo la probalidad improbable de los escenarios tan…pintorescos que le estaban siendo descritos.
Moody, después de todo ello, dio otro recorrido al perímetro con su ojo mágico y tosió.
—Ahora, Potter; esto es para ti —dijo mientras se sacaba un sobre del bolsillo y se lo entregaba.
Harry, sintiendo un poco de surrealismo en la situación, tanto por la escena como por el corte tan súbito de la anterior, miró unos segundos el sobre de color café claro que no tenía nada escrito en él. Sintiendo una pelota de nerviosismo devorar su estómago con alarmante velocidad,
—Esto…Oh, no. Yo no…Mierda.
Notas finales:
Tanto tiempo sin aparecer...de verdad lo siento muchísimo. Pero entre que tuve algunos problemas para sacar el capítulo y las clases son todas unas bastardas chupa-vida, todo se extendió más de lo que tenía previsto. Ha sido tanto que ni siquiera he podido sentarme a leer los fics que sigo. Si, increíble... En fin, pero lo importante es que logré terminar y espero que aún quede gente siguiéndome... De todos modos, que sepan que este fic no lo dejaré botado, sin importar cuánto me demore en actualizar, lo terminaré~.
Hum, sobre el capítulo no tengo mucho que comentar, sólo que es bastante corto, porque es algo así como una transición al siguiente episodio que volverá la vida de Harry aún más mierda de lo que es~. Gran gatillante de eso es la carta que recibió :3.
Eso sí, el siguiente es muchísimo más largo que esto, tengo un poco menos de la mitad hecho y sobrepasa este xD.
Creo que no tengo nada más que añadir, salvo que alabar su paciencia, ustedes, son personas maravillosas ;3;.
Nos vemos pronto~. (Haré lo mejor de mí para cumplir esto, oh sí).
¡Gracias por leer!
¿Review :3?
