·Disclaimer: Los personajes son de Rowling todavía :´c.


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Capítulo 7: Ningún bien presente.

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Voldemort podría decir que el transcurso de su vida estaba mejorando notablemente: sus nuevos planes de ataque iban viento en popa, pronto iniciaría a nuevos Mortífagos dentro de su maravillosa empresa, la Orden del Fénix no era más que un molesto dolor que cabeza que podría irse con una simple poción calmante… Y la guinda de su pastel personal, el último punto que hacía que por fin su vida estuviera tomando un buen rumbo ese verano: Los mensajes que se enviaba con Potter estaban obteniendo resultados espléndidos, tanto, que a veces él mismo dudaba que fueran reales y se sentía, ligeramente empujado, a comenzar a considerar la locura que tanto le atribuyen poseer; es decir, incluso a él en toda su magnificencia le intrigaba y quizá, tal vez, posiblemente, en el interior de su ser estuviera teniendo un poquito —¡un minúsculo! — punto de miedo por estar teniendo al fin las cosas en su completo control y a su disposición. Sin siquiera presentar el más mínimo índice de error o síntoma de trampa destructiva.

Tal y como debería haber sido desde el momento que se convirtió en el poderoso y temible Señor Oscuro que es ahora, claro está.

El mayor ejemplo que tenía de lo último se encontraba representado en la última carta que había recibido de su joven enemigo y que aún tenía en sus manos. Sonrió. La manera en que Potter hablaba de los sueños que él tan bondadosamente le entregó para sembrar ciertas dudas y cuestionamientos en su desordenada cabeza, mostraba perfectamente bien de sus habilidades manipuladoras y siempre era un aire fresco recordar que aún no las había perdido. Interiormente estaba seguro que lo que estaba haciendo resultaría; sólo tenía que tener paciencia y él se encontraba más que acostumbrado a lidiar con ella. Trece años como un no-cuerpo flotante ayudaba mucho en eso, realmente. También lo hacía el tener que soportar a un séquito de seguidores que a veces le hacían dudar de su lealtad y claro está, un adolescente destinado a "derrotarte" y que a veces se volvía tan difícil de intentar de matar como él mismo.

Si no fuera porque simplemente era imposible, Voldemort pensaría que Harry había encontrado una manera de volverse inmortal como él, rió cuando la idea se asomó en su cabeza. Eso ocurriría cuando Dumbledore resultara ser un mago oscuro como él. Si claro… Sacudió la cabeza y sintiéndose con el humor suficiente como para dar una relectura a la carta del muchacho, la tomó y comenzó a leer.

Sin ser consciente, con el rostro indescifrable pero con una sensación interna que podría definirse como algo cercano, en cierta medida, a la alegría, leyó el principio de la carta, aquella donde con una desfachatez asombrosa, Potter le hablaba respecto a los sueños que le ha provocado y las reacciones que aquellos han tenido. Su proyecto de alegría interna evolucionó en uno de satisfacción, tanto por la forma en que el muchacho se refería a las cosas, como se notaba en ellos que realmente le afectó y también, al lenguaje que sin necesidad de ser soez, rozaba la falta de respeto de una manera asombrosa.

Pst. Como si mi mente fuera un patio de entretenimiento público, maravilloso, ¿no crees? —releyó, casi palpando la indignación del joven mago— No sé qué es lo que piensa la gente al respecto de esto. Primero ese molesto Señor Oscuro con sus sueños detestables y a veces Snape con sus intromisiones mentales. Al menos me pude librar del segundo por las peleas que hemos tenido —qué, déjame decirte, rozaban lo dramático— y ahora me deja en paz. Pero el Señor Oscuro sigue golpeándome la espinilla. Pero no te preocupes mi querido amigo —si, Voldemort también se atragantó un poco—, pronto me libraré de él y podré dormir en paz una noche.

Pero, ¿sabes qué? Es muy raro y me he estado preguntando cosas… ¿Podrá tener razón? Porque es cierto, hay cosas que no se deberían hacer y realmente pienso que…no sé, quizás…

Voldemort intentó de nuevo leer lo que seguía a aquella declaración, pero le fue imposible, las palabras estaban tachadas y la tinta impedía leer con claridad. Aún así, quiso pensar que lo que Potter quería decir era algo como "quizás tenga razón".

Rió ligeramente ante la posibilidad.

No era tonto, sabía que una sola carta y un sueño real no harían más que asustar al muchacho y si tenía suerte, dejarlo sin dormir algunas noches. Pero no era suficiente. Si él quería un cambio real tendría que seguir trabajando en sus métodos. Tenía tiempo para ello, por supuesto y podría juntar aquel plan con los que ya tenía respecto a sus fieles seguidores metiéndose al interior de Hogwarts en el año escolar que se acercaba cada vez más. Oh, sería tan poéticamente hermoso ver aquello, ¡si era capaz de visualizarlo! Harry Potter por un lado, cayendo bajo su trampa e involucrándose cada vez más en dudas que nunca antes se había planteado y por el otro, la misión de Draco Malfoy en la escuela para destruir a Dumbledore. ¡Era tan hermoso! Y quién sabe, si trabajaba bien sus movimientos o lo apresuraba un poco, podría darse incluso la oportunidad de unir ambos planes y hacerlos uno solo. Hum, la delicia de sólo pensarlo…

La idea de que Potter, estuviera ayudándolo a destruir su propio lado, trabajando en conjunto con aquellos que consideraba sus enemigos, no dejaba de causarle una alegría maquiavélicamente inmersa a su inexistente corazón.

Era una idea perfecta que él ya tenía pronosticada con un final aún más hermoso. Con aquel plan que germinó su mente y éste minuto se regodeaba de su resultado. Ya tenía el fin de todo, enmarcado en la destrucción del muchacho, sólo tenía que seguir trabajando tal como estaba y podría verlo pronto terminado.

Con aquello en mente, terminó de releer el escrito, aunque lo último simplemente eran palabrerías respecto al aburrimiento que el muchacho tenía y la forma en que cartearte con él le ayudaba a palear aquello. Resopló. Ese muchacho era increíble, ¡tratarlo de aquella manera a él! Sin embargo, por increíble que pareciera, le agradaba —¡No gustarle, no, eso no! — sentir el sarcasmo, el humor negro y quizás la leve diversión que emanaba el pergamino. La razón se debía a que hace muchísimo tiempo que no se permitía recibir semejantes respuestas, sus seguidores le temían y los diálogos que tenía con Dumbledore no tenían la emoción del correo.

Voldemort sabía, aunque no lo admitiría jamás, que independientemente del motivo porque él seguía manteniendo el correo con Potter, disfrutaba de él por la nueva movilidad que le traía a su vida (acalló el susurro de su consciencia que le decía que lo mismo ocurría con el chico). Era entretenido, ya lo había aceptado hace mucho. Pero eso no quitaba todo lo demás, naturalmente. Él tenía un objetivo y no lo iba a perder solo por unos instantes de diversión y agrado.

Aún así, había algo que seguía molestándolo…

—Con qué amigos, ¿Eh, Potter? —susurró a la nada, mientras doblaba el sobre, se ponía de pie y lo guardaba en la gaveta, donde tenía pulcramente doblabas las otras cartas del muchacho—. Amigos.

Saboreó la palabra a medida que una extraña e indescifrable sonrisa le recorría el rostro y emociones desconocidas nublaban su corazón.


Muchísimo antes, a kilómetros de allí, Harry miraba con un ligero temblor de manos la carta que Moody le había entregado. Tragó saliva y asomó la vista por la carta que Severus Snape le mandaba. De todo el correo que había pensado recibir…

Oh, de acuerdo, él ahora sabía internamente que podría recibir correo de cualquiera, pero esto sinceramente superaba todas las expectativas que tenía en mente. Todas. Bueno, el asunto de Voldemort también, pero ya estaba acostumbrado, quizás la diferencia era esa. Realmente no estaba seguro.

—¿Qué sucede, Potter? —preguntó Moody con una desagradable sonrisa.

Harry tomó el pergamino y lo estiró desde las puntas, tensándolo tanto que podría partirse en dos. Leyó la carta de Snape con una mueca.

Potter:

Usted volverá a tener las clases de Oclumancia conmigo, en las vacaciones. Esto simplemente es un recordatorio que debería preparar su mente sino desea que tragedias controlables vuelvan a ocurrir.

Severus Snape.

La escueta carta fue suficiente para hacerlo querer quemar la casa o matar algo, con urgencia. Preferentemente profesores de cabello negro y grasiento. Sin embargo, con una renovaba rabia que no experimentaba desde hace muchísimo tiempo, intentó contenerse sin poder evitar uno que otro ligero temblor emocional mientras miraba a Moody y le relataba a grandes rasgos, la carta.

—Snape sabe lo que hace y deberías hacerle caso —opinó—. Bien, Potter. No me queda nada más que advertirte que tengas cuidado. Y recuerda mis advertencias.

Dicho eso, procedió a irse. El taconeo de la pata de palo desapareciendo con monstruosa suavidad por la escalera.

Harry, lo único que podía pensar con la extraña sensación circulando por su piel, era que Moody sabía, de alguna forma que el destinatario de sus mensajes era de todo, menos un Hufflepuff.

Se arrojó en la cama con aire de pesadumbre, pensando en lo que acababa de ocurrir y la cantidad de cosas increíble que volvieron a rellenar su vida en un tiempo tan malditamente corto.

Sin embargo, lo que más le causaba molestia, era lo de Snape. ¡Él ya tenía su mente protegida! No de la forma que todos creían, claro, pero protegida al fin y al cabo y eso era lo importante ¿no? Si Voldemort ya sabía que meterse a su cabeza no funcionaba y los sueños aunque odiosamente asquerosos, molestos y detestables en toda su extensión, no le hacían tanto daño. O al menos eso quería creer.

Sentía que Voldemort quería decirle algo, pero no estaba seguro qué.

—Me pregunto qué pensará nuestro querido Señor Oscuro de todo esto, Hedwig —dijo mirando a su ave, que se había posado hace un rato en la cabecera de la cama—. Quizás podría pedirle que torture a Snape un rato por mí…

Se entretuvo en ese pensamiento unos momentos, en parte escandalizado por decir nuestro y querido en la misma frase que Señor Oscuro; en parte divertido con la idea de contarle aquello al hombre. Mínimo, le sacaba unas cuantas canas en la calva. Además, sentía que darle denominaciones absurdas y odiosas ya no iba, no pegaba tan bien como antes ¡ni siquiera su lengua era capaz de darle el odio de antaño! Claro, lo despreciaba y quería verlo muerto y bailar sobre su tumba una macabra danza de la victoria cuando lo derrotara. Todo eso, pero por algún motivo, tratarlo con adjetivos repletos de odio y aborrecimiento incluso en sus pensamientos, había perdido la chispa.

De alguna manera, ahora le parecía más divertido y apropiado llamarlo querido o amigo, con la voz o la tinta dependiendo el caso,repleto de sarcasmo e ironía.

Días normales pasaron y sin darse cuenta, entre una carta más que recibió de Voldemort, ya estaba a quince de julio. Ociosamente, el muchacho volvió a releer la carta que se moría por responder, pero que, al fin, cayendo presa de su sentido de autoconservación que parecía desarrollarse sólo cuando su vida corría destinos inciertos, se abstuvo de si quiera, comenzar a pensar en cómo responderla.

Bueno, que Moody volviera a visitarlo y asegurarse de que él no pudiera enviar nada, podría tener mucho que ver. El ex-auror, que ahora había pasado a engrosar la larga lista de bastardos en su vida, se atrevió a hacer real lo que había dicho la primera vez que se vieron. Y él más encima le dio razones para ello, desobedeciéndole.

A Harry se le acabaron entonces las groserías. Tanto mágicas como muggles.

Fue al día siguiente, ese que pensó que sería aburridísimo a más no poder (Oh, sus dos primeras semanas de vacaciones regresando en gloria y majestad…), cuando recibió un correo que nunca, en su corta existencia, esperó tener (contando entre lo que esperaba —al menos ahora— el correo del Señor Oscuro e incluso el de Snape): una carta del mismísimo Albus Dumbledore.

Harry, de todas formas y quizás aún preso de su propia paranoia, dejó la carta de Dumbledore en el escritorio durante dos días, no sintiéndose capaz de leerla. Era ridículo e incluso él sentía que estaba actuando como un adolescente imbécil, pero no podía evitarlo; había estado durante tanto tiempo carteándose con Voldemort, el sinónimo de Diablo y Herejía que hacía a los niños pequeños temer por sus vidas, que no se sentía con el derecho suficiente como para leer una carta de su director; el opositor más fuerte de la persona con la que lentamente, fue estableciendo comunicación.

Comunicación que siempre alegraba sus días.

No, no, definitivamente él no tenía la moral suficiente como para ahora, leer a Dumbledore. Y eso que su sentido de moralidad estaba bastante manoseado, por decir lo menos.

De todos modos, si no hubiera elegido justamente ese momento para actuar como el noble Gryffindor lleno de valores que hacía que las mujeres puras se desmayasen a sus pies, se hubiera ahorrado una cantidad de problemas tan grandes, que sus amigos estarían orgullosos por su buen juicio.

Pero él era Harry. Y Harry nunca hacía esas cosas.

Fue en ese tren de pensamiento que inundó sus lentos días, que fue sorprendido por el toque en la puerta principal de su casa una tarde. Visita, para variar, que tampoco esperaba.

Los gritos de su primo abajo, llamándolo con temor y horror, le hicieron dejar de leer aburridamente el libro de Defensa de sexto año y bajar la escalera con la curiosidad haciéndole mella en el cuerpo.

De todas formas, nada lo hubiera preparado lo suficiente para lo siguiente.

—Buenas tardes, Harry.

El muchacho se tensó, en el último escalón de la escalera y vio como la persona que menos quería ver en ese minuto, estaba allí; sonriéndole con ojos tan brillante, que casi se quedó ciego.

Oh, santísima mierda; pensó, ante de contener la respiración y formar una sonrisa forzada. Demasiado sorprendido, en realidad, para esbozar algo con sentimiento.

—Hola, profesor Dumbledore.


Notas finales:

Ta-dá 8D.

Es curioso...revisando esto, lo terminé haciendo de nuevo y se acortó muchísimo, pero me gusta más como quedó ahora que la primera vez. Al menos, ahora realmente avanzan las cosas y tanto Harry como Voldemort se aprecian un poco más de formas que no deberían hacerlo. El problema...es que Dumbledore les complicará las cosas~~.

No es importante, pero durante la semana estaré modificando los capítulos, tanto en dedazos como en ciertas fechas que un lector muy amable me señaló que estaban algo enredadas (¡Gracias xXxMartelxXx!). No afectan a la trama, así que no será necesario estar subiéndolos de nuevo o algo así, simplemente confundían las cosas. Así que si realmente alguien se confundió al respecto, les pido mis disculpas, no me había fijado. Ahora todo estará corregido :3.

Increíblemente no tengo nada que decir, así que será la nota más corta que haya hecho.

Nos vemos pronto gente :D. ¡Gracias, como siempre por leer!

Y ya saben, si me comentan, me alientan a escribir más rápido 83.

¡Suerte~!