No tengo excusa. Bueno, sí las tengo, miles, pero básicamente fue un bloqueo de escritor brutal que se vio sumado a que me vi Sherlock de la BBC y el fandom me absorbió de una manera bestial. También tuve un semestre lleno de cosas en la uni y ahora estoy con el último de mi carrera... Y bueno, el tiempo me topó, pero de todas maneras las excusas no bastan.
Realmente, muchas, pero muchas gracias por el apoyo a pesar de mi inconsistencia; no tengo palabras para agradecerlo. Les mando un abrazo monstruoso a todos, corazones.
PD: Demi, amor, esto es para tí. Millones de gracias, hermosi.
Capítulo 11: Planificaciones.
La verdad sea dicha, Harry, como cualquier animal de costumbre, se había adaptado a determinado estilo de vida en la Madriguera y la presencia de Kreacher simplemente no era insertable en la ecuación de dicha vida. Por ello fue una desagradable sorpresa verlo en la casa, intentando malograr todo lo que podía las órdenes que la señora Weasley le daba. Fue bastante desagradable ver en el desayuno avena mezclada con un líquido blanco que definitivamente no era leche.
En definitiva, Kreacher era una de las tantas pruebas que sus buenas intenciones no siempre eran tan buenas. Una lástima, en realidad. Sin embargo a Harry le alegraba un poco el día el ver cómo la criatura tenía que guardarse todas las opiniones. A pesar que lo detestara, el verle y recordar que era su dueño —escalofríos, muchos escalofríos al pensarlo—, le dio una idea. Una excelente idea, de hecho y que casi le hacía olvidar todo lo indigno que era el elfo: ya encontró el medio de enviar la carta a Voldemort.
En la mañana al levantarse con la cabeza despejada y la mente clara, el para nada elaborado escrito le estaba esperando; aún dudoso sobre si enviarlo o no, todas las dudas que tenía se despejaron cuando contempló todo lo que, en un arranque increíble de culpabilidad y estupidez, había escrito.
Honestamente, estaba a punto de quemar todos los pergaminos que tenía y jamás volver a tocar una pluma. Lo de anoche demostraba que era un peligro para la sociedad escritora. El pensamiento, naturalmente, no lo dejó en paz toda la mañana, ¿cómo había sido tan idiota? ¡Dejarse llevar de aquella manera, como una doncella enamorada o una chiquilla con un diario! Totalmente dispuesto a derramar sus secretos y temores a Voldemort, ignorando el peligro ridículamente alto al que se estaba exponiendo por propia voluntad. O falta de ella.
Al parecer, todas las enseñanzas de sus años anteriores le habían entrado por un oído y salido por el otro sin dejar nada al medio como aprendizaje. Joder, que era idiota.
Y sentimental. Exageradamente sentimental. Estaba fuera de su entendimiento como todo ese caudal de emociones traicioneras y horriblemente culposas fueron las que gatillaron a hablar, a expresarse tan profundamente con la primera persona que tenía a mano. O más bien, a aquella que estaba tan involucrada como él en el escabroso asunto que había transformado su vida.
Si era sincero, y aprovechando el inesperado momento de introspección; nunca esperó que todo esto terminara así, no era capaz de entenderlo, de adivinar el punto exacto donde todo acabó en este caos extraño e inusual. Lo único que sabía que era en gran parte su culpa —para variar compartiendo el resto con Voldemort—, que debió de parar apenas tuvo la oportunidad y evitar que las emociones, que los pensamientos se involucraran tanto. ¿Quién diría que él tenía todo tan a flor de piel? Era un misterio que sin duda estaba más allá de él.
Lo único que hasta ahora tenía claro, es que lo que pensaba que eran sus límites ya no existían. Al parecer estaba a un paso de salir de la casa de Ron y correr con un letrero para anunciar que estaba allí, disponible para que cualquier Mortífago lo atrapara.
Y si lo hiciera no le sorprendería. Seguramente hasta se largaría a reír, con esa risa demencial que la gente inestable muestra en las películas y que últimamente ha estado tan tentado en utilizar. Seguramente combinaría con sus actitudes actuales. Suspiró y se mordió el labio, tragándose la ridiculez de todo el asunto y su comportamiento. El problema estaba tan presente en él que ya se notaba en su comportamiento; era como la tercera vez en el día que Hermione le preguntaba si le pasaba algo, al haberle pillado pensando y con cara de sufrimiento horripilante, en palabras de ella.
Por segundos, pensó en hablar del tema al menos con uno de sus amigos. Hermione era la inteligente y era una chica, ella seguramente sabría lidiar con estos temas tan extraños. Merlín sabía que las mujeres tenían un sentido especial para las cosas enredadas, especialmente cuando se mezclaban los sentimientos. El inconveniente seguía siendo —y lo sería hasta el fin de los días— que Voldemort estaba involucrado y él temía que la chica se horrorizara, que le juzgara sin comprender verdaderamente la intención detrás de sus actos. Él no quería que todo terminara como estaba ahora y francamente lo había hecho con la mejor de las intenciones.
(E interiormente él ya sabía que era difícil que lo entendieran.
A veces era mejor hacer las cosas solo y arreglárselas como pudiera).
—¿Tienes miedo?
Finalmente Hermione se había cansado de preguntarle si pasaba algo y le lanzó algo concreto. Creía que no iba a llegar nunca ese momento. Había esperado esa pregunta sin saberlo. Tenía miedo, mucho miedo, ¿cómo no tenerlo? Tendría que ser un hombre de hielo para no sentir como la garganta se le cerraba o la bola se sentimientos que se había atorado en sus estómago sin ser consciente de cuándo. A pesar que todavía no terminaba de digerir todo, de sentir el peso real de lo que su vida se había convertido; a pesar de todo eso tenía miedo.
No sabía a qué. Quizás a tantas cosas. A fallar. A morir. A no ser lo suficientemente bueno y fuerte para salvarlos a todos.
(A no poder detener el destino que jugaba con ellos. Con ambos. Con el mundo entero).
Probablemente una multitud de cosas que ni siquiera conocía todavía y que definitivamente no quería conocer jamás.
—No —contestó, una sonrisa punzante, dolorosa, se extendió por su rostro—. Todavía no.
Ya había sido así el año pasado, cuando nadie le había creído al explicar lo que sentía. ¿Para qué tendría que ser diferente ahora? No sacaba nada con explicar que sí tenía miedo pero que aún no experimentaba el terror. Eso seguramente iba a asustar más al resto y a él mismo; y él no se sentía lo suficientemente preparado para aceptar, para enfrentarse a la situación.
Prefería desterrar los problemas que parecían lejanos y refugiarse en el inmediato, que carcomía su mente y nublaba sus sentidos de una manera incomprensible.
Hermione simplemente asintió, haciendo un sonido nada comprometedor. Harry sabía que no le creía, pero no iba a hacer nada por intentar hacerla cambiar de opinión. Que no le dijera nada ya era suficiente, en realidad.
—¿Sabes? A veces me gustaría que todo fuera diferente —comentó, tirando ausentemente las semillas de maíz a las gallinas que estaban alimentando.
—También a mí —mencionó Hermione, la boca torcida en tristeza.
Harry simplemente aprovechó el momento de confianza que se creó y si bien él jamás iba a decir todo, soltar un poco. Los dioses sabían que él era un mentiroso terrible y no era como si fuera la primera vez que utilizaba este método: decir la verdad de a poco, en pequeños trozos. Además, todo era tan irreal, tan inverosímil, que nadie le iba a creer. Y cuando llegara el momento —porque simplemente sabía, sabía que en algún futuro todo se va a descubrir y él tendría que enfrentar las consecuencias, la verdad absoluta y esperar los resultados de sus acciones frente a los ojos juzgadores más importantes para él—; simplemente podría escudarse en que lo dijo y nadie le creyó.
Además, sacarse la carga de encima a oídos sordos era lo mejor.
—Sí, bueno. Seria genial si se pudiera hablar este tema. —continuó. El corazón comenzando a acelerarse y el nervio trepando por su columna. Sonrió, sintiendo la tensión acumularse en su cara. Optó por conversar de la manera más simple, resumiendo todo sin decir nada revelador—. No sé, enviarle una carta a Voldemort expresando el descontento por su resurrección y la guerra anterior.
No había esperado con su declaración que Hermione se atorara con su propia respiración. En realidad, a él eso le dio risa, no sus propias palabras como ella al parecer creyó. Pero aprovechó la oportunidad y continuó con la idea, recitando algunas partes de las cartas que había escrito, aquellas que cuestionaban el método de Voldemort, la muerte exagerada y sin sentido, la dudosa lealtad que era atada por el miedo. Todas esas cosas tenebrosas que hacían del Lord un líder terrible y altamente cuestionable. Uno de los tantos dictadores que siempre obtenían el poder por un período de tiempo ridículamente corto y terminaban cayendo por sus propias culpas, por su propio poder ganado a base de las sumisiones incorrectas.
Naturalmente sus palabras fueron recibidas con risa. Durante un momento, mientras Hermione intentaba respirar entre el absurdo que ella considera que era todo, Harry interiormente, se preguntó si cuando las leyó en su momento, Voldemort se rió también. Probablemente lo hizo, ¿quién cuestionaría sus métodos con aquella elocuencia sarcástica ridícula? ¿Cómo alguien haría algo tan estúpido?
Y sin poder evitarlo, esos pensamientos sin sentido que llegan a veces a perturbar las mentes, también se cuestionó como se escucharía la risa real del Señor Oscuro, no esa fría que erizaba los vellos y sonaba hueca y vacía, sino una que proviniera de lo más profundo, que se sintiera y remeciera el cuerpo con alegría hasta agotar la respiración.
(Pensó, también, que le hubiera gustado escuchar reír a Tom Riddle. Un rostro bonito como ese debe de tener una risa a juego, igual de armoniosa, perfecta y contagiosa).
—No sé porque te ríes. Yo lo considero una idea increíble. Lo que al mundo mágico le falta es comunicación —dijo encogiéndose de hombros, total, tenía la razón. Y lo sabía.
—Obviamente, Harry; no discuto tu idea, pero tendría que enviarla alguien que estuviera completamente demente y con un deseo suicida enorme.
—Sí —asintió con seriedad—. ¿Quién reuniría las dos cualidades?
Él, al parecer, las tenía. Y con creces.
Definitivamente, Harry no tenía el don de la palabra ni nada que se le acercara lo más mínimo. Su conversación con Hermione no resultó como esperaba y lejos de alivianar la carga que se había instalado en sus hombros al poseer secretos tan grandes e inconfesables; ahora se había multiplicado, añadiendo a todo el ligero sentimiento de ofensa al ver que su método no había sido aprobado, ¡sino que tomado a la risa! Aunque seguramente, si pasara una de las cartas para ser leídas, la alegría ante sus "absurdas ideas" acabaría.
Con Ron la conversación no había ido mucho mejor. Si la muchacha se había reído de él, el pelirrojo simplemente explotó en felicidad; revolcándose en su cama y haciendo bromas inadecuadas que sin saberlo, acertaban a la verdad con precisión asombrosa.
Harry aún tenía la frase que Ron le había dicho dándole vueltas por la cabeza: "Si alguien le manda una carta hablándole de sus errores. Lo siguiente que pasará es que tu le enviarás una misiva declarándole amor eterno". Aquello todavía, inexplicablemente, hacía que un rubor furioso se apoderara de sus orejas y mandara pulsos insolentes a su corazón, que parecía tener la intención de salírsele del pecho a la par que una emoción irreconocible le recorría y creaba una explosión en el estómago, como una bomba.
Le había echado la culpa a la comida, diciendo que le causó indigestión.
No sabía lo que le pasaba, pensó frustrado mientras descansaba en una de las camas de los gemelos. No era capaz de entender todavía todas las emociones que sentía cuando el tema de Voldemort o algo relacionado a él salía al aire. Antes podía decir que le profesaba odio o algo parecido, pero fuera como fuera eran sentimientos oscuros, horribles. Pero pareciera que fueron años de eso y ahora no era capaz de sentir con el mismo fervor, con la misma pasión desbordante, la furia de antes; es como si de un momento a otro algo en el verano le hubiera hecho cambiar de opinión, atenuando las emociones que siempre estaban prendidas, como compuestas por púas venenosas para con el hombre. Ahora todo era confusión. Una mezcla de sensaciones agradables y punzantes; era espeluznante y terriblemente odioso no poder definirse por un solo camino.
¿Odiar o querer —por inexplicable que fuera— a Voldemort?
Para tener los sentimientos a flor de piel, no sabía manejar ninguno de ellos.
Harry decidió no amargarse más con el tema. Hace tiempo había asumido que no iba a lograr descifrar nada que valiera la pena y con aquello en mente se levantó de la cama y tomó la carta de anoche, que estaba ya guardada en un sobre en el rincón más siniestro de su baúl. Había meditado largo y tendido durante todo el día sobre si enviarla o no. Era peligrosa, quizás, especialmente por todo lo que hablaba, por la forma en que su corazón estaba regado en cada palabra.
Mientras una parte pequeña de su ser decía que no hiciera nada, que dejara el juego absurdo que ya había dejado de ser un juego; el resto se burlaba de sí mismo, diciendo que estaba siendo un cobarde, que tenía miedo de un simple escrito.
Pero, él no le tenía miedo a nada. Además, ¿qué podría hacer Lord Voldemort con lo que había dicho? No había nada peligroso allí, al menos ningún asesinato terrible y horripilante que fuera a destruir su status —sea cual fuera el que tuviese en el mundo—; sólo era él expresando todo en unos cuantos pergaminos. Y Voldemort odiaba el sentimiento, el amor y todas esas cosas que él parecía exudar a cada respiración. ¿Qué podría hacer? Lo más probable es que se burlaría, reiría un poco y le respondería con todo el sarcasmo que era capaz de reunir en su letra bonita y elegante.
O seguramente le enviaría un Vociferador. Oh…eso sería abrumadoramente entretenido de oír.
Y él no tenía miedo de lo que Voldemort pudiera decirle, de lo que pudiera provocar con sus acciones. No pensaba que fuera peligroso ni que tuviera consecuencias más graves.
(Esa emoción agridulce que mezclaba la culpa y la felicidad, la amargura de un sentimiento que no entendía, pero le comenzaba a inundar, a anidarse en lo más hondo de su alma durante un tiempo infinito.
Y él no sabía lo que todo esto era, sólo que quería seguir adelante sin entender razones ni oír argumentos).
Y aún así iba a seguir, en contra de todo, de su raciocinio prudente que estaba intentando salvarlo de una locura inentendible.
Sabía ya que hace muchísimo rato cruzó la línea de la diversión. Ahora era diferente, algo fuera de su alcance que le empujaba a seguir, ¿por qué? No tenía idea y esperaba averiguarlo. Albergaba la idea terca que si continuaba, las respuestas solas iban a llegar, como casi siempre pasaba.
Merlín sabía que su vida se regía por el principio de hacer algo, obtener razones después.
Ante ese pensamiento tan lógico y racional para su gusto, fue que en medio de la noche, cómo un vulgar criminal o traficante de animales tiernos y peludos, llamó a Kreacher. La criatura, naturalmente no le recibió con lo que pudiera decirse, la mejor de las sonrisas y la disposición servil…
Harry se contentó con mostrarle el pergamino y darle las instrucciones.
—Esto, Kreacher, es para Lord Voldemort. Se la llevarás a él y se la entregarás únicamente a él; nadie más, ni siquiera tú, será capaz de leerla. Y ni una palabra de esto. Jamás. ¿Entendido?
Una cosa era enviar el maldito sobre; otra muy distinta, atreverse a escuchar opiniones.
El sonido de la desaparición del elfo, que no había dejado de mirarlo con incredulidad, tragándose todos los comentarios por culpa de su orden; marcó algo tan grande que nunca sabría reconocer lo que hizo.
Se fue a la cama con la mente tranquila, sin embargo también ansioso de ver el giro de los acontecimientos.
Notas finales:
Es corto, pero rehice esto tantas veces que al final fue ésta la versión que más me convenció. Ahora si que me comprometo a acabar esto pronto, tengo todos los caps trazados y ya en el otro pasan cosas interesantes, que muchos parecen están esperando xD.
Como siempre, tenía muchas cosas qué decir, pero se me olvidaron. Lo que sí, ha pasado tanto tiempo que me llega a dar vergüenza responder los reviews que me dejaron, así que, díganme ustedes si les respondo o no, porque aparecer en sus bandejas de entrada tras tanto tiempo me da cosa xDU.
Nuevamente, muchas, pero muchas gracias por soportar a esta escritora tan floja ;_;.
¡Gracias por leer!
