¡Holaaaaa 8D!
¿Qué tal están hermosores? Espero que bien.
Acá yo escapando de mis deberes de práctica y la uni, porque me dieron vacaciones por la semana de septiembre, acá en Chile se celebran las fiestas patrias 8D. Así que ¡vaguería!
Y aproveché de terminar de sacar el capítulo.
En este cap, una advertencia por smut. Y creo que un poco más dramático de lo normal...Creo.
En fin, ¡disfruten 8D!
Capítulo 12: Deducciones.
Ver a un elfo desconocido aparecerse al medio de su desayuno malévolo no era una novedad. Ver a un elfo desconocido intacto, sin ningún tipo de daño que sus hechizos debieran de haber provocado, si lo era. Voldemort no estaba acostumbrado a recibir mensajes de las despreciables criaturas —sus seguidores (sirvientes, en realidad), sabían que para evitar castigos dolorosos y completamente injustos, tenían que entregar todas sus noticias en vivo y en directo—Definitivamente no estaba acostumbrado tampoco a recibir a un elfo que después de amenazarlo a decir quién era su dueño, decía ser de Potter, de entre todas las personas.
A veces, Voldemort pensaba que sus Horrocruxes no sólo se han encargado de mantener su alma; sino también su suerte, completamente alejada del cuerpo principal. Sobra decir que la situación es sumamente molesta y no es sólo por ahora; sino que tiene casi dieciséis años de mala suerte a la espalda.
Y, ¡oh, dulce ironía! Toda su mala suerte parecía tener como punto común a Harry Potter. Casi como si una fuerza superior estuviera empujándolos mutuamente a ser la peor fortuna del otro.
Ese niño —muchacho, en realidad—, al parecer nunca iba a dejar de sorprenderle.
Sin saber realmente si enojarse o no, tomó el correo que venía con el elfo. No entendía por qué estaba haciendo todo esto, tantas molestias absurdas que hace tiempo dejaron de ser una excusa para aprender sobre su enemigo. No lo iba a admitir, por supuesto, ni siquiera a sí mismo; pero el correo se había convertido rápidamente en una parte importante y esperada de sus días.
(Quizás era la cercanía extraña, singular y diferente que tenía con el muchacho. ¿Eso debió de influir, no?).
Observó como la criatura pequeña y despreciable desapareció en un puff antes de poder decir algo al respecto. ¿Por qué lo envió a él en lugar de la molesta paloma blanca que tenía por mascota? O comentar sobre el hecho de que un elfo de Potter estaba siendo enviado a entregar mensajes a su archienemigo. ¿Qué seguiría después? ¿Canastas de flores para Malfoy y Snape? Miró el sobre amarillento, Potter realmente no entendía cuando le decían que no.
Y si a alguien le preguntaran sobre la sonrisa diminuta, tiesa; bueno, mataría al ser que atreviera a hacer ese comentario. Él sonreía cuando se le daba la gana.
Y absolutamente no tenía nada que ver con Potter y su estúpida carta que se sentía más gruesa de lo normal. Qué sentía una urgencia dramática e innecesaria por leer.
¿Cómo podría sonreír ante eso, realmente? ¿Cómo?
No lo atribuyó a la carta de Potter, ¡absurdo sería eso! Simplemente estaba de un humor relativamente bueno por el buen encausamiento de sus planes maléficos y dignos de todo dictador macabro. Las cosas realmente estaban resultando bien, sus planes de dominio se extendían dentro del Ministerio y dentro de Hogwarts gracias al niñato de Malfoy. ¿Cómo no sonreír ante eso? ¡Cualquier villano estaría eufórico! Todo estaba siendo sangre recién derramada sobre cadáveres, absolutamente fresco y perfecto.
Obviamente, es eso lo que contribuyó a su recibimiento agradable de un correo que había esperado nunca más recibir.
Se acomodó en su mesa, el sobre aún en sus manos y deliberó sobre si leer el correo o simplemente quemarlo. No estaba en contra de las cartas, ganar la aceptación de Harry sin duda alguna ayudaría a sus planes futuros, pero sería una estrategia divertida ignorar el correo y hacérselo saber al muchacho, pues seguramente no se amedrentaría ante eso; sino que seguiría insistiendo. Fastidiándolo como siempre lo ha hecho. Maldito el día en el que sus padres no usaron la protección adecuada y procrearlo.
Optó por abrir el correo. Ya había dado sus planes maléficos y esperaba noticias recién en la tarde, cuando el joven Malfoy llegara con las ideas y planes para desarrollarlos en el año escolar. Esperaba que aquello le diera la perfecta excusa para torturar un poco.
Aunque si todo resultaba satisfactorio le torturaría igual. Pero eso eran detalles.
La carta de Harry estaba escriba de manera sorprendentemente pulcra. Casi como si hubiera tomado más tiempo y reflexión hacerla. ¡Tan considerado el muchacho!
¡Tom! ¿Cómo estás? ¿Me extrañaste?
Yo a ti sí… antes que te dé un ataque respiratorio, termina de leer esto, (que me sentiría muy mal si falleces sin que te haya matado con mi varita y no terminas de leer lo que con tanto esfuerzo te escribí. Sería triste. Y nadie quiere al héroe del mundo triste, ¿cierto?). Cómo te decía, sí, te extrañé, eso se deba a que estoy acostumbrado a que tengamos un correo más o menos regular y fue extraño demorarme tanto en enviar otro.
No fue todo mi culpa, en realidad.
¿Te cuento un secreto? Aunque dudo que no te enteres, seguramente los horripilantes espías que posees pronto te van a ir con el cuento. Pero aún así me gusta ser el portador de primicias, me hace sentir importante y siempre es bueno darte una información que no todo el mundo es capaz de conseguir a tiempo.
No estoy con los Dursley.
Tranquilo, tranquilo, no tienes por qué alarmarte. ¡En serio! No estoy sin hogar y para tu desgracia estoy en un lugar lo suficientemente seguro para mantener tus ansias homicidas lejos de mí. Obviamente no puedo decirte dónde es, sigo siendo un poco más inteligente de lo que suelen pensar; pero los dejé y ya no los veré hasta el final del verano. Honestamente, me alegra mucho tenerlos lejos. Me tenían harto.
No sólo ellos, sino toda la vigilancia que estaba sobre mí. No soy ningún niño pequeño y tú no estás únicamente interesado en mi persona como para que de un momento a otro me secuestres y me asesines. O me tortures, ya tengo tantas amenazas de todas partes que no estoy seguro de quién es cada una.
¿Sabes qué?
Estoy cansando. Muy, muy cansado de todo esto.
Cuando era joven y recién entré al mundo de los magos, tenía una idea totalmente distinta a todo esto. Quería ser una persona en un mundo nuevo completamente anónima, crecer y hacer amigos y estudiar sin mayores preocupaciones. ¿Qué era más importante en ese momento que dejar a los Dursley por todo un año escolar? ¡Nada lo era! Y tenía muchas esperanzas en eso, en crecer como siempre quise. Pero todo se fue a la mierda con el asunto de la profecía y la porquería de ser un héroe.
Todos desde siempre me trataron como si fuera un trozo de vidrio capaz de romperse. Es horripilante y ahora todos temen que vengas a matarme. A mí no me importa. No estoy llorando, no estoy haciendo drama, simplemente estoy dejando en claro una realidad. Voy a vencerte algún día y eso no tendría por qué ser un impedimento para vivir la vida como se me dé la regalada gana.
Creo que por eso me siento tan bien al cartearme contigo. Es diferente a todo, parte de mí se siente rebelde porque nadie es capaz de detenerme ni tener jurisdicción en lo que estamos haciendo y es mi elección. No la del resto.
Y me demostró algo.
Con riesgo a sumar otra tortura horripilante de tu parte, lo que hemos hecho me demostró que no somos tan diferentes. Que estamos solos. Que aunque seas un cabrón completo, fuera de toda tu maldad podremos comunicarnos. ¿Sabes? Es agradable, me gusta conversar contigo.
Me hubiera gustado que nos conociéramos antes, en otras circunstancias sin el mundo a nuestras espaldas. Quizás hubiéramos sido buenos amigos. Quién sabe. No somos tan diferentes, ja, ja, es absurdo, pero estoy sonando como mi profesora de adivinación, me falta poco para hablar del destino y todas esas patrañas.
Hace unos días soñé con algo parecido. No estoy del todo seguro, ni siquiera lo recuerdo bien, pero es importante. No me hagas caso, estoy escribiendo de noche, a oscuras y estoy cansado y a esta hora la lumbrera no me alumbra lo suficiente para escribir con coherencia.
Estoy aburrido, también. No quiero impresionarte, pero terminé todos los deberes en las primeras semanas de vacaciones (de hecho, antes de comenzar a escribirte. No sé si lo recuerdas, pero mi aburrimiento comenzó todo esto) y antes que te caigas de tu trono maléfico y lleno de huesos humanos, no tengo absolutamente nada en qué entretenerme. ¿Algún consejo malvado? ¿Algo que desees que destruya para ti? (qué no involucre la muerte de alguien importante, claro está. Ni de cualquier persona mortal, sólo algo sencillo como…no lo sé, destruir un edificio. Los que contienen pociones, puede ser, por darte un ejemplo).
Y honestamente, si tienes una sugerencia te aconsejo que me la hagas saber (no sé cómo, tendrás que ingeniártelas para enviarme una respuesta. Puedes utilizar a Kreacher, tiene mis órdenes de acudir si tienes algo para mí). Sino envías nada, supongo que podremos volver a ser los enemigos mortales de siempre. No pasa nada.
(Aunque seguramente te siga enviando cosas, me acostumbré a molestarte con mis llantos de adolescente).
Harry.
Al terminar de leer, Voldemort, impresionantemente, se quedó con una mirada pensativa, muda y reflexiva.
Esto no era lo que tenía esperado. Ni a lo que estaba acostumbrado.
¿Y qué era esa emoción que estaba trepando por su garganta? ¿Qué era lo que estaba sintiendo? ¿Qué mierda le estaba pasando?
Estúpido Potter y sus cartas absurdas y emocionales. Estúpida y desconocida respuesta que estaba experimentando.
¿Qué era todo eso?
El muchacho definitivamente estaba fuera de sus cabales, esto era lejos la cosa más estúpida que había recibido. Tendría que quemar la carta, el sobre y al elfo que la entregó. Luego ir a por Potter y ahorcarlo con sus propias manos, rebajarse a un muggle y utilizar la fuerza física para tener más satisfacción al acabar con su vida.
Le haría un bien al mundo, desapareciendo de él a un niño tan desequilibrado y emocionalmente inestable.
Dejó el sobre en la mesa y se agarró las sienes, aún no se acostumbraba a sentir el cabello que antaño tanto le enorgulleció. Seguía siendo raro, pero su apariencia de antaño, su antiguo poder de presencia, era muchísimo más efectivo al torturar y buscar seguidores. La apariencia era importante y él era vanidoso, le gustaba estar así, rondando los cuarenta y ver el terror que la belleza propia impone a los demás.
Aparte que era mejor que verse al espejo y no ver su apariencia cadavérica.
Retomando el asunto de Potter, la situación le molestaba, era desagradable estar conectado de aquella manera al muchacho. No entendía porque era capaz de entender de esa forma, de empatizar aunque fuera un poco.
Le daba asco. Y terror.
¿Cómo el muchacho podía pensar ese tipo de cosas? ¿Ellos, ser amigos? ¿Ser iguales? ¿Agradables sin tocarse y destruirse a hechizos? ¡Vaya estupidez! Esto lo hacía porque le entretenía, porque le gustaba sentir que su poder estaba haciendo al muchacho vulnerable. Por nada más.
En ningún momento por el agrado que sintiera hacía el muchacho. Claro que no. Jamás.
Jamás.
Potter estaba mezclando cosas completamente equivocadas, y ahora por alguna razón, dejó de ser tan agradable y satisfactorio como fue en un principio. No lo entendía.
Por esto odiaba los sentimientos.
El día no transcurrió tal malvado como Voldemort quiso ni esperó. Las torturas comenzaron a verse menguadas por el pensamiento del maldito de Potter, que no dejaba de entrometerse en su cabeza como su fuera un jodido paseo público.
No era la primera vez que pasaba, Potter los últimos años se había dedicado a invadir sus pensamientos de una manera insana. Pero era su enemigo, su némesis, la piedra en el zapato que estaba molestando e impidiendo el dominio bien merecido del mundo.
Ahora, aunque odiaba admitir aquellos errores a sí mismo, los pensamientos que tenía para con Potter eran diferentes a aquellos. Esto era algo más.
No sabía que era, sólo que ya lo despreciaba.
El tiempo que dedicó a responder la carta del chiquillo definitivamente no era adecuado. Más de una hora escribiendo respuestas a una misiva absurda, indecorosa e indigna.
Se repitió en cada letra que lo hacía para seguir garantizando su dominio sobre Potter, que era una forma de mantener al muchacho con ideas absurdas y que eso lo estaba debilitando. Que esos absurdos sentimientos que el chico tenía, las dudas y el miedo (¡hasta las ideas de que pudieran ser amigos!); eran las armas más eficaces para mantener a Harry a raya, en su poder. Completamente indefenso.
(Parte de él, la más oscura y vergonzosa, se decía que no creía mucho aquello Que estaba respondiendo porque quería saber más.
Más.
Todo de él por su propia letra.).
Mientras tanto, en la Madriguera, Harry había dedicado las noches a pensar, a esclarecer la cabeza y realmente a tomar en cuenta su idea de salvar a Voldemort, de acercarse a él y obtener su confianza. De alguna extraña manera no le parecía difícil; todo lo que había hecho en el verano, si lo miraba en retrospectiva, le hizo temerle menos, le demostró que el hombre no era simplemente maldad y hechizos sanguinarios, que había algo dentro de él. No sabía si podía atribuirlo a humanidad —siempre pareció tan lejano, tan monstruoso y aterrador…—, pero ahora el mago oscuro simplemente se le antojaba como un ser viviente más, con el que era capaz de interactuar, conversar y divertirse.
Y eso tenía que significar algo, tenía que haber una manera de acercarse a él, lo suficiente para no resultar asesinado. No tenía idea de cómo, ni porqué, solamente se obsesionó con el pensamiento de poder hacer algo. Quizás era una manera de salir fuera del destino que estaba hecho para él, quizás porque dentro de su alma, habían quedado atrapadas las palabras que hace tres años Tom Riddle le había dicho ("Somos más iguales de lo que crees, Harry"). Quizás… tantas cosas que no conocía ni sabía nombrar pero prendieron su mente, encendieron sus pensamientos con la fiebre del cambio y él estaba tan desesperado de querer creerlo que simplemente se dejó caer y atrapar por la idea, por la ilusión de que era capaz de hacerlo.
Voldemort dejó de ser un ser inalcanzable para él y lo sentía cerca, tan pero tan cerca...
Y era tonto y joven e infinitamente iluso y lleno de ese valor sentimentalista Gryffindor idiota que le hacía cometer las estupideces más grandes. Por eso pensaba que podría llegar a tener resultados, que era la contraparte de Voldemort —el marcado, el elegido, el igual que podría llegar a vencerlo—; y como tal tenía más posibilidades que cualquier otra persona en lograr algo.
Simplemente lo sabía, aquella parte de su interior que generalmente tenía la razón sabía que era capaz. Y él le creía.
Y esa noche, Harry soñó.
Hacía frío, la ropa de verano no alcanzaba a cubrir lo suficiente para evitar que la temperatura de la piedra le traspasara al cuerpo. ¿Dónde estaba? El aire estaba húmedo, vicioso y todo era negro, apenas iluminado por motas de luz que escapaban por los rincones del lugar; parecía Hogwarts y la caga sensación de nostalgia que pellizcaba su piel le decía que era un sitio que conocía pero que no visitaba a menudo. Estaba seguro que no era la Sala Común, al menos. Muy frío e íntimo para que fuera así.
No estaba sólo, sin embargo.
Estaba apoyado en la estatua de una serpiente, los colmillos de piedra aguijoneando su espalda. Manos suaves y dedos largos afirmando el costado de su cadera y recorriendo la piel que parecía sacudirse con electricidad y magia en cada toque. Estaba hirviendo en necesidad de más contacto y no sabía cómo, ni porque, mi cuándo; lo único importante era lograr que la persona que le prodigaba aquellas caricias fuera capaz de tomar todo de él, de desgarrarle la ropa y hacerle suplicar por más atención.
Unos labios le hicieron cosquillas en el pelo, susurrando palabras que no fue capaz de oír. Estaba sin anteojos y no era capaz de ver bien; la iluminación tampoco ayudaba mucho y no interesaba quién fuera ¡Lo conocía, él lo sabía! La silueta masculina cerniéndose sobre él buscando desestabilizarlo. Derrumbarlo bajo sus pies.
Casi se detuvo su corazón cuando aquellos labios maravillosos tocaron su cicatriz. Era absurdo, ni siquiera era una zona erógena, pero el contacto, el pequeño soplo de aire y la presión suave fueron lo suficiente para hacerle gemir indecorosamente en voz alta, expandiendo su exclamación por el lugar, formando un eco de palabras que a la persona extraña le hicieron reír. Fue como escuchar campanas y saborear la luz.
Luego, ocurrió lo más maravilloso que había experimentado hasta aquel entonces. Un beso insistente, rápido y profundo a la vez se apoderó de su boca a medida que las manos fuertes y grandes tiraban de su cabello trazaba el ángulo de su mejilla; había dientes y una lengua áspera exigiendo que abriera la boca y no era perfecto, pero tenía tanto poder, tanta energía que sus rodillas temblaron y no era capaz de controlar el deseo y la necesidad de querer esto para siempre. Podría besar a aquella persona hasta el final de sus días y aún así se sentiría incompleto.
(Era como si desde siempre hubieran estado esperando ese momento. Como si la oportunidad de besarse no ocurriera más que en aquel lugar y la urgencia de poseerse hacía todo desordenado, dominado por las pasiones y el deseo de más).
—Harry. Oh, Harry. Harry. Harry…
Se lamió los labios, el sabor del beso aún rondando y los sentidos aturdidos, destrozados ante las emociones desbordantes que no sabía cómo ni por qué estaba experimentando.
—¿Voldemort? ¿Tom?
Quiso preguntar más, despertar del atontamiento que lo tenía suspirando, gimiendo y dejándose tocar en aquel lugar olvidado y sólo conocido por ellos dos; pero no pudo, estaba fuera de control, consumido por la necesidad extraña y urgente de dejar que Voldemort le tocara cada centímetro de piel. Y de devolver el gesto, sus manos se movían por sí solas, buscando los espacios que la ropa dejaba para escabullirse y sentir la piel caliente, cremosa, deseosa esperando por el toque de sus dedos y ansiosa de ser probada por su boca durante toda la eternidad.
Se movió, apretó su cuerpo contra el de Voldemort y comprobó con satisfacción como no era el único con el cuerpo ardiendo en necesidad de proximidad. De más, más, más, más hasta que no quedara espacio sin conocer, sin trazar. Coló una mano por el torso del mayor y tanteó, disfrutando de la sensación de la piel caliente. Era descoordinado, intentaba concentrarse en tocar pero era complicado pensar en algo mientras tenía unos dientes raspando su cuello y buscando la forma más idónea de dejar una marca permanente, ¡qué se llevara su piel si así lo quería! Lo único que era importante era tener más de la sensación, del ardor que estaba quemando cada partícula de su ser, de la piel que estaba punzante con la electricidad entre ambos.
(Quería más de Voldemort. Todo. Todo lo que el hombre pudiera ofrecerle).
—Oh, Dios. Yo…
No pudo seguir, las palabras murieron en la boca, los bordes oscuros cada vez más claros y difusos. El calor que le envolvía disolviéndose en una tibia agonía. Los labios de Voldemort le besaron, rápido, suave y con una necesidad extraña, desconocida, que parecía decir más de lo que demostraba. De lo que incluso él sabía.
—Despierta, Harry. Es hora de comenzar a moverse. A cambiar el mundo.
(Tenemos un destino juntos).
Y todo se desvaneció en los ruidos del mundo real. No sin antes ser capaz de ver los ojos negros, profundos y ricos antes de despertar.
Notas finales:
¡Ta-dá 8D!
Al fin la interacción de esos dos, quizás no de la forma que todo el mundo esperaba; pero algo es algo. Y debo decir que dará pie a muchos momentos incómodos en el siguiente capítulo xD...
Y bueno, como siempre, muchas gracias por las opiniones, la paciencia y estar allí. Espero que lo hayan disfrutado. Para mis compratiotras de Chile, aprovechen esta semana y coman harta carne y no se curen mucho. Para el resto, pásenlo bien también, que seguro lo merecen.
¡Nos vemos, hermosores c:!
¡Besooos~!
