Hola estoy de vuela para dejarle el siguiente capítulo, muchas gracias por sus comentarios y por su apoyo.
Advertencia: AU Occ
Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen si no a su creadora Rumiko Takahashi.
"Corazones de Tinta"
Capítulo 2
Kagome Higurashi se había graduado de la universidad a las 20 años, era la más joven de toda su licenciatura, debería de agradecer a sus maestros de primaria por haberla saltados unos cuantos años, ya que demostraba gran capacidad e inteligencia en todas las asignaturas. Sus padres eran los más orgullosos pero se lo guardaban ya que Kagome creció con el objetivo de que es bueno sentirse orgullosa de sus logros pero no te hace una mejor persona presumirlos. Su padre siempre le decir que debes demostrar lo que sabes con actos y buenas acciones no con palabras y acciones que te den ventaja sobre otros, ir al ritmo que te indicaba tu corazón, no más ni menos.
—Entonces nos vemos la próxima semana señor Yin—dijo Kagome con una gran sonrisa despidiéndose de aquel anciano que había perdido a su adorada esposa hacía ya un año.
—Si señorita Higurashi, nos vemos—dijo en anciano con una sonrisa paternal.
Kagome observo como el señor Yin salía de su oficina y una vez que no estuvo a su vista suspiro, apenas llevaba ya dos sesiones y se sentía cansada, tal vez era por estar leyendo hasta altas horas de la noche, la culpa era del libro, estaba tan interesante y no pudo dormir hasta que no lo hubiera terminado. La puerta de su oficina se abrió dando paso a una chica de unos 25 años, cabello castaño y ojos del mismo color, vestida con un colorido vestido.
—La señora Tanaka cancelo su cita, tiene que salir del país de urgencia—Le informo a Kagome.
— ¿Cuánto tiempo tengo?
—Una hora, Tu próxima cita es a las 11 en punto con Thomas.
—Entiendo, saldré un rato ¿Quieres algo Sango?
Sango Fujiwara era una chica alegre y muy extrovertida, era muy buena como secretaria y a todos los pacientes le agradaba, tal vez era por su forma de vestir, tan alegre y jovial o simplemente porque era del tipo de chicas que agradaba a todos. Kagome la había conocido en una fiesta que koga la había prácticamente obligada a ir, Ella y koga eran amigos de la infancia y vecinos por más de 10 años; así que no tardaron en encontrar un tema del cual hablar, Koga y sus travesuras.
Desde ese momento se hicieron grandes compañeras y con el tiempo amigas. Por un tiempo Sango estuvo viviendo en su casa, ya que fue despedida de su trabajo por pedir demasiados permisos, la razón era que ella estaba al cuidado de su padre, el cual tenía una enfermedad terminal; cuando su padre murió tuvo que vender su casa para pagar los gastos médicos y el funeral. Sin trabajo ni donde vivir Kagome la acogió en su casa. En ese entonces Kagome había planeado abrir su propio consultorio y no era muy buena para organizar las citas ni mucho menos con las computadoras, así que le pidió a Sango que le ayudara, ella acepto gustosamente y con el tiempo ella encontró un lugar donde vivir.
—No estoy bien, ve y olvídate un poco del caos que hay aquí—dijo con una sonrisa Sango
—Bien, no tardo solo iré por un café y daré un paseo.
Sango salió de la oficina para concentrarse de nuevo en el noticiero matutino; Kagome salió de su oficina, se colocó el abrigo y tomo su bolso, antes de salir le dedico una sonrisa a su amiga, la cual le agito la mano en forma de despedida. Ya fuera alzo su mirada al cielo, el cual estaba despejado, aspiro y sintió en sus pulmones el aire puro y fresco; tenía ganas de una buena taza de té, caliente y dulce así que comenzó a caminar hacia su destino, la cafetería de la esquina.
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— ¿Qué estás diciendo? —pregunto Sesshomaru levantándose de su escritorio.
— A las diez veremos a la terapeuta en el restaurante Paradise—repitió de nuevo Rin.
—Yo no necesito terapia Rin, lo que necesito es inspiración—dijo como defensa.
—Es que ella puede reparar lo que sea—dijo la chica con entusiasmo.
—Yo no tengo nada malo—dijo mientras miraba por el gran ventanal—no escribo de amor por que no creo en él.
—Tus padres vivieron el mayor tiempo de tu niñez separado y estuviste cuidando de tu hermano y madre, puede ser que eso te haya afectado.
— ¡Jamás!, ¿Cuántas personas no hay con esos problemas?, yo no tengo nada malo simplemente no se me da escribir de un amor puro.
—Tal vez ella pueda ver qué hay de malo en ti.
—No lo creo—dijo enojado Sesshomaru—mejor me largo de aquí antes que quieras llevarme con una bruja o algo por el estilo.
—Kohaku acepto—dijo con una sonrisa la mujer.
Sesshomaru la miro de golpe, aquella pequeña mujer tenía una sonrisa de triunfo, se maldijo por permitir que ella fuera su publicista, su amiga y en el pasado su amante. Ahora ella era la que mandaba en su vida profesional y comenzaba a creer que también en su vida personal.
—De acuerdo—dijo refunfuñando— ¿A qué hora?
—A las 10:30 nos vemos ahí— dijo la chica con una sonrisa.
El chico dejo la oficina molesto, no quería ir pero si Kohaku ya estaba enterado y de igual manera los socios, no podía quedar mal, iría pero sin esperar nada de aquella desconocida, es más ya comenzaba a odiarla. De seguro era una mujer de avanzada edad con la cara estirada y mandona; estaba seguro de que nada ni nadie podía ayudarlo.
—Yo no tengo nada malo—se dijo a si mismo mientras salía de su oficina.
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El té de limón era su favorito, más si estaba caliente y con la cantidad de azúcar adecuada, mientras le daba un sorbo a su té se encontraba caminando por un pequeño parque, podía escuchar los cantos de las aves y las risas de los niños jugando con sus padres.
—La niñez es una etapa sumamente hermosa—Dijo a la nada.
Subió por un pequeño cerro y encontró una banca vacía la cual miraba al lago, la vista era hermosa así que se sentó a contemplarla , en el lago habían unos cuantos patos; se sentía realmente afortunada de que su consultorio estuviera tan cerca del parque, los restaurantes y las cafeterías, realmente era una área confortable. De repente sintió como tiraban de su cabello, voltio rápidamente y era un pequeño de tan solo 6 años el cual le sonreía y de igual manera le llamo mamá; se quedó sorprendida por las palabras del pequeño, aquello le había hecho recordar la plática que tuvo por la noche con koga.
—Kagome no quiero ser fastidioso pero realmente quiero salir contigo en una cita—había arrojado Koga sin nada de sutileza.
—Koga son las 12 de la noche, trato de dormir, porque no hablamos mañana—dijo la chica algo somnolienta—sé que te duele escuchar esto, pero, solo te veo como un amigo.
—Realmente no me duele Kagome, porque estoy acostumbrado a que me lo digas a diario.
—Entonces si lo sabes no preguntes más—dijo la chica levantándose de su cama.
— ¿Es que acaso te gusta alguien? —le había preguntado koga desde el otro lado del teléfono.
—No para nada, es solo que por ahora no quiero ninguna relación sentimental, por fin tengo lo que siempre he querido.
—Ya te realizaste profesionalmente Kagome, ¿Pero cuando te realizaras personalmente? —arrojo sin más koga.
—No me digas eso, parece que estoy escuchando a mi abuela, ya quiere bisnietos.
—Ahí lo tienes, sé que solo tienes 26 años pero ¿No te gustaría formar una familia, tener hijos, criarlos, verlos crecer?
—Claro que quiero Koga, pero aun no es tiempo.
—Kagome soy un buen chico, jamás te engañaría por Dios te seria devoto—confeso el chico con desesperación.
—Lo se Koga, sé que eres un buen hombre, pero yo te quiero como a un hermano, el cual vela por mí, me apoya en los momentos difíciles—dijo agradecida—sabes que te amo pero…
—No me amas como yo te amo—declaro Koga.
—El amor es diferente para cada quien, no tiene forma, ni mucho menos un tiempo específico, ese amor que tú quieres jamás lo vas a tener de mí, aun no aparece la persona que ame como pareja, con la que quiera estar mis días y mis noches hasta que envejezca.
—Eres muy complicada Kagome, cuando te pones a hablar de eso modo me confundes, pero bueno lo acepto—dijo con voz tranquila—acepto tu amor hacia mí, claro que no es lo que quisiera, pero si por lo menos ocupo un lugar en tu corazón, con eso me basta, sigue durmiendo.
—Eres un gran chico koga, estoy seguro que la vida te retribuirá muy bien—dijo Kagome finalizando la conversación.
Los gritos de una mujer la sacaron de sus pensamientos, tomo al niño entre sus brazos y bajo rápidamente por el montículo, eran esos momentos en que agradecía estar en condición física; una vez bajado el cerro llevo al niño hacia su madre, la cual seguía gritando desesperadamente; bajo al niño y este corrió hacia su madre, al ver esto, la mujer pareció aliviada, Kagome le sonrió y se apartó, mirando como madre e hijo compartían un amoroso abrazo.
Tal vez era hora de que comenzara a buscar a esa persona especial, con la cual formaría un familia y viviría feliz por toda su vida.
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Sesshomaru caminaba por las ruidosas calles, había demasiado ruido, los pájaros cantando una horrenda melodía, o eso era lo que él escuchaba; le llamo la atención aquel pequeño parque, el cual hasta ahora supo que existía. Decidió despejar su mente con una caminata por el reducido parque ,le sentaría de maravilla; ya que era pequeño no tardo en rodearlo así que aburrido busco una banca libre, la cual quedaba enfrente del patio infantil, donde los niños jugaban alegremente con otros, alrededor estaban sus madres, aquellas mujeres tenían una cara de felicidad y eso en una mujer era simplemente hermoso; eso le llevo a pensar que su madre tenía bastante tiempo sin sonreír, todo gracias a su padre, quien jamás vio por ellos, les daba dinero, lujos y cualquier cosa material, pero amor, jamás dio, ni muchos menos tiempo.
Siendo el mayor, Sesshomaru tuvo que ver por su hermano menor y por la frágil salud de su madre; cuando cumplió la mayoría de edad decidió mudarse a Los Ángeles, sin embargo siempre velo por su madre y su hermano; fue algo duro para él, pero necesitaba hacer su vida, necesitaba ir por su sueño el cual era ser un reconocido escritor, quería ser publicado y meses después lo logro, siempre se había sentido feliz de todos sus obras, cada una de ellas ocupaba un lugar especial en su corazón, pero era lo único que tenía o al menos lo único que quería tener hasta ahora.
Ahí sentado recordó las palabras que Inuyasha le había dicho: "Una chica lo puede todo hermano, deberías buscar una para estabilizarte, ya estas algo grandecito" solo en lo primero tenía razón, sentencio el ambarino, necesitaba una mujer, si quería escribir sobre el amor necesitaba estar con alguien que sepa de ello y quien más sino una mujer.
— ¡Ya lo decidí! —Dijo poniéndose de pie—no necesito a una terapeuta, solo necesito salir con una mujer.
Con las que conocía no eran una opción, ella simplemente querían aprovecharse de su fama, dinero y claro tener sexo con él. Necesitaba a alguien común y corriente una mujer con una sonrisa autentica no con una fingida.
—Este parque es muy pequeño—Susurro mientras alzaba la vista hasta la pequeña estancia infantil—y de seguro todas están casadas.
Avanzó un poco más hasta llegar a un pequeño lago, ahí tal vez habría alguna mujer, sin hijos. Miro a su alrededor, no había casi nadie del sexo femenino solo un par de chicos andando en bicicleta, siguió observando a su alrededor hasta toparse con una mujer de cabellos castaños, era linda pero al oír que gritaba desesperadamente, supuso que estaba buscando a un chico o alguien más; entonces vio como una mujer bajaba corriendo del pequeño cerro, tenía en sus brazos a un pequeño de no más de 6 años, la mujer llego con suma rapidez hacia la otra que gritaba desesperadamente. Observó en silencio como la chica de cabellos azabaches bajaba al niño y como este corría a los brazos de su madre, una escena bastante dramática. La chica se apartó y les brindo una sonrisa; aquella sonrisa había sido una de las pocas que él había visto en una mujer, la recorrió con suma cautela, sus cabellos eran azabaches y estaban sujetos en una coleta alta, llevaba un vestido negro hasta las rodillas y unas botas del mismo color, su abrigo estaba abierto dejando ver la piel de su cuello, la cual era blanquecina. Era linda y tenía un buen cuerpo, además de que de seguro era más joven que él, no era su tipo pero estaba dispuesto a intentar cualquier cosa, cualquiera que no fuera ir a ver a la estirada terapeuta.
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Kagome observaba como madre e hijo se alejaban, el pequeño le decía adiós con una amplia sonrisa, ella le devolvió el saludo junto con una de su más bellas sonrisa. Eso era todo lo que necesitaba para que su día fuera mejor, con un pequeño gesto todo su día puede ser diferente; miro su reloj solo faltaban 20 minutos para su próxima cita, se acomodó el saco y alzo la mirada topándose con unos ojos ambarinos, pestaño un par de veces, el hombre que esta frente a ella era sumamente atractivo y su mirada era penetrante.
—Eso ha sido demasiado dramático—dijo el hombre con algo de sarcasmo.
Permaneció callada y solo se limitó a analizarlo, estaba vestido con un traje sastre, camisa azul y una corbata con colores apagados; dedujo que era un hombre frio y carente de sentimientos.
—Ni siquiera te dio las gracias por haber encontrado a su hijo—hablo de nuevo el hombre mirándola directamente.
Ese hombre era petulante, había pedido encontrar al hombre perfecto para ella, pero este era todo lo que ella odiaba, sarcástico, petulante y sabelotodo, solo faltaba que sin conocerla le pidiera una cita.
—No se lo digo a cualquiera pero ¿no quieres salir a tomar algo conmigo?
Lo miro sorprendida, ese hombre sin conocerla le estaba pidiendo una cita. Molesta rodo sus ojos y se cruzó de brazos, lista para ponerlo en su lugar.
—Gracias por decir que no soy una cualquiera—dijo con vos firme y tranquila—pero no puedo decir lo mismo de usted y no muchas gracias, tengo mejores cosas que hacer que salir con un extraño.
Kagome bajo sus brazos y se fue de ahí lo más rápido que pudo, claro sin parecer una loca que corría por su vida; aquel hombre era un completo y redomado idiota. Llego rápidamente a su despacho, vio como Sango estaba tomando su café de lo más tranquilo.
— ¡Qué bueno que llegas Tomas ya está en tu oficina! —dijo la chica percatándose de la presencia de Kagome.
— ¿Hace cuánto llego? —pregunto la chica mientras se quitaba el abrigo y lo colgaba en el perchero.
—Unos dos minutos, ¿Por qué estas sudada? —pregunto sango al mirar como unas gotas de sudor bajaban por el rostro de la recién llegada.
—Salve a un niño de perderse y hui de un extraño que me pidió una cita—Dijo mientras entraba a su oficina y cerraba.
Sango no supo qué hacer si reírse o preocuparse por ella, lo dijo como si fuera lo más normal del mundo; Kagome Higurashi sin duda era una mujer muy extraña pero era bondadosa y muy alegre, además era su mejor amiga y de eso no había duda, más tarde le preguntaría que era todo eso de la salvación del niño y de la cita que el extraño le había pedido.
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Él había sido rechazado, jamás una mujer lo había tratado como lo hizo la mujer del parque; en primer lugar estaban esos ojos color chocolate, grandes y expresivos, los cuales mostraban desdén, en segundo estaba la respuesta que le había dado, él no lo dijo con afán de ofenderla, simplemente no estaba acostumbrado a pedir una cita ya que siempre las chicas eran las que pedían que saliera con ellas.
—Mujer estúpida—dijo mientras conducía de regreso a su casa.
Al llegar a su casa, estaciono su auto y bajo con rapidez, quería recostarse y no pensar en nada más que no fuera escribir un buena historia. No estaba para más escenas dramáticas.
—Hermanito, no hay nada que comer— dijo Inuyasha abriendo la puerta principal.
— ¿Qué quieres que haga? —Pregunto Sesshomaru mientras cerraba la puerta—Pide algo de comer.
—De acuerdo, pero dame dinero.
Sesshomaru miro a su pequeño hermano con molestia, estaba ya bastante irritado por lo ocurrido con esa mujer y ahora Inuyasha se comportaba como un bebe, pidiendo comida, dinero y necesitando de él, no era posible que a sus 20 años no podría comportarse como un hombre.
—Tómalo de mi billetera—dijo resignado—tomare una siesta por favor no hagas un desastre.
Inuyasha intuyo que algo le había pasado a su hermano, había pensado en ir a comer fuera con él, pero por su actitud pudo deducir que no estaba de humor, y cuando su hermano no estaba de humor, era mejor no molestarlo y mantenerse al margen del asunto.
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Kagome estaba cerrando las persianas de su oficina, el sol ya comenzaba a ocultarse, había tenido un largo día, muchos pacientes y muy poco tiempo para descansar su mente de todos los problemas que eran revelados; sin duda alguna estaba cansada pero para su desgracia aun no terminaba su trabajo.
—Kagome ya he terminado con todo—dijo Sango apagando el monitor—Te mande a tu correo las citas que tienes para mañana, por suerte todas están ocupadas.
—Agradezco tener pacientes, pero tener todo el día ocupado me desanima enormemente—confeso la chica cerrando con seguro su oficina.
— ¿Y eso? hoy estas demasiado rara—dijo Sango tomando su bolso— ¿Es por el hombre que te invito a salir?
—No, no tiene nada que ver con él, es solo que aún tengo un paciente más.
— ¿Privada? hace tiempo que no tomabas un paciente en privado.
—Pues me suplico la chica, así que no hay más remedio, espero que este caso no sea tan complicado y se acabe cuanto antes.
—Eso espero también, bien me voy, no te desveles amiga—dijo dándole un abrazo y saliendo del local.
Kagome cerró su local y camino hacia su auto, eran ya las 8 de la noche y estaba bastante cansada, tal vez una buena copa de vino la despertaría; recordó que el restaurante al cual tenía que ir era unos de los mejores en Los Ángeles, así que se alegró de ello, al menos comería algo decente y tomaría una copa de vino, al final se iría a la cama con una sonrisa.
—Bien apenas llegue correré unos kilómetros, tomare un baño y me arreglare—Dijo mientras arrancaba para dirigirse a su casa.
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Al despertar de su reparadora siesta había decidido ir a ver a la dichosa terapeuta, no tenía las esperanzas puesta en ella, pero al menos no perdía nada con intentarlo si en un mes no veía resultados dejaría todo y buscaría su propia inspiración; loco o no él se consideraba normal, no había nada malo con él, por lo que no había nada que reparar.
— ¿A dónde vas? —dijo Inuyasha entrando a su habitación.
—Por Dios Inuyasha no me hables como si fueras mi esposa—dijo mientras se colocaba un saco negro.
—Lo siento recordé que no das explicaciones a nadie, ni a tu propio hermano—le recrimino el chico.
—Iré a cenar, es un asunto de trabajo—dijo mientras se hacía una coleta alta.
— ¿Trabajo? Así que tu nuevo libro está por salir ¡ya quiero leerlo! —dijo emocionado.
—Lo harás, es solo cuestión de tiempo—dijo Sesshomaru saliendo de su habitación.
—Sigue mi consejo, una mujer lo soluciona todo—menciono Inuyasha mientras ambos bajaban por las escaleras.
Sesshomaru recordó a la mujer de cabello azabache, simplemente una mujer no era la solución, ella había sido el claro ejemplo de eso.
—No, eso no es la solución—suspiro resignado—una mujer solo complicaría las cosas.
—Así que eso es lo que paso, ¿Alguien te rechazo hoy hermano? —dijo con una sonrisa burlona.
—Me voy, no me esperes querida—Dijo Sesshomaru con una sonrisa y cerró la puerta tras él.
Inuyasha sonrió, al fin apareció la mujer que le sacaría canas verdes a su hermano, eso tendría que verlo, después de todo ver a su hermano en ese estado era algo que no se podía perder.
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Rin se encontraba sentada en la terraza del restaurante Paradise, había ordenado una copa de vino mientras esperaba a la terapeuta, tenía grandes esperanzas en ella, tal vez podía ayudar a Sesshomaru.
— Busco a la señorita Rin Narada.
Alzó la vista hacia la recepción, una joven de aproximadamente unos 25 años, había mencionado su nombre, observo como sus cabellos azabache caía con delicadeza sobre su espalda, llevaba un vestido purpura con mangas de tres cuartos, el cual le armaba a la perfección dejando ver su fina y estética figura. La chica junto con el mesero caminaba hacia su dirección, Rin no podía creer que esta era la famosa terapeuta que había ayudado a sus amigos. Era joven, linda y tenía una cara tan angelical que hasta podía decir que su alma era pura y frágil.
—Señorita Narada su invitada ha llegado.
Rin se levantó automáticamente de su silla, despacho al mesero y cuando este se fue fijo su atención en la chica.
—Disculpa pensé que eras mayor—dijo Rin dándole la mano a Kagome en señal de saludo.
—Si lo sé, no luzco como una terapeuta—dijo Kagome devolviéndole el saludo.
—Puedes llamarme Rin ya que por lo visto tenemos la misma edad, ¿Puedo llamarle por su nombre?
—Claro, es un gusto, ¿En qué puedo ayudarte?
—Espero que si puedas, veras soy publicista y el escritor que trabaja para la empresa Daigo tiene unos cuantos problemas—dijo Rin mientras tomaba un trago de su vino—se nos ha otorgado un máximo de cinco meses para escribir un libro sobre una historia de amor.
— ¿Y cuál es el problema? —pregunto Kagome, ya que no le había quedado muy claro la situación.
Rin se calló inmediatamente, Kagome supuso que el dichoso cliente había llegado, ella permaneció en silencio y a la espera de poder ver al hombre con el que trabajaría por cinco meses.
— ¿Por qué te has callado Rin? —Dijo una voz masculina— ¿Acaso te comió la lengua el gato?
Kagome sintió como los cabellos de su nuca se erizaban, la voz profunda de aquel hombre era penetrante y por alguna razón le pareció familiar.
—Para nada, pensé que no llegarías—dijo Rin mirando hacia Kagome—déjame presentarte a la psiquiatra Kagome Higurashi.
Sesshomaru se concentró en la chica que estaba de espaldas, así que avanzo hacia ella, quedando enfrente de ella. Kagome escuchaba los pasos de aquel hombre, acercándose, alzo la vista y con gran sorpresa reconoció que el hombre frente a ella era nada más y nada menos que el hombre del parque.
— ¡Tu! — Grito Kagome mientras se levantaba de su asiento y apuntaba al hombre.
Toda la gente a su alrededor voltio ante tal alboroto, la cara del hombre permaneció normal, no mostro ninguna expresión, pero, después de unos segundos él endureció su mirada.
—La mujer es…—estaba por terminar la frase pero recordó que estaba en público—del parque—dijo al fin.
La cara de Kagome quedo de mil colores, no podía creer su mala suerte, aquel hombre de mirada ambarina estaba frente a ella y no solo eso, él era su paciente. Al pensar en lo último trato de relajarse y comportarse como todo una profesional. Así que se sentó de nuevo.
—Lo siento, lo he confundido con otra persona—dijo mientras miraba el menú.
Sesshomaru que hasta ahora permanecía de pie, tomo su lugar entre las dos mujeres, mientras fulminaba a los curiosos con la mirada, Rin se encontraba curiosa por la actual situación.
— ¿Ustedes se conocen? —pregunto la chica con ansias.
—No, la señorita ha dicho que se equivocó—repitió Sesshomaru mientras se enfocaba en la mujer en cuestión.
Lucia diferente de como la vio en el parque, su vestido purpura dejaba ver parte de su pecho y de su piel blanca, su cabello estaba suelto y caí por su espalda, sin duda alguna nunca hubiera pensado que esa chica fuera una psiquiatra ni mucho menos la que le ayudaría con su libro. Era algo estirada y enojona, pero era joven y linda.
—Tengo que ir al baño, disculpen—dijo Rin mientras se ponía de pie y caminaba con rapidez al baño.
Kagome centro de nuevo su vista en el menú, no podía creer que ese hombre seria su paciente, ahora mismo se encontraba arrepentida de lo que le había dicho en el parque, sin duda alguna actuó muy mal.
—Así que por eso no aceptaste mi invitación—dijo de repente Sesshomaru.
—Si—dijo la chica mirando apenas al hombre.
—Mi nombre es Sesshomaru Taisho—menciono mientras extendía su mano para saludar a la mujer.
—Soy Kagome Higurashi, siento lo de esta mañana—dijo estrechando la mano de Sesshomaru.
Sesshomaru miro a la chica de nuevo, sus ojos color chocolate se encontraban iluminados por las luces del lugar, tenía que admitir que realmente era linda, pero no lo suficiente como para tentarle, además estaba el hecho de que era su terapeuta.
— ¿Cuántos años tienes? —exigió saber.
Kagome tomo un sorbo de su vino, sintió que realmente estaba en una cita romántica no en el trabajo, así le mostro una de sus más grandes sonrisas al hombre, claro sin parecer muy exagerada.
—26 años, si mi juventud le preocupa, tengo documentos que avalan mi desempeño profesional y todos mis pacientes han superado con éxito sus limitaciones.
—No me preocupa tu juventud, solo requiero de tus servicios.
—De acuerdo, pero Rin no me dijo lo que realmente necesitas,
—Me han pedido escribir una novela romántica, un amor puro y que guste a todos.
—He leído tu último libro, realmente es muy difícil que escribas uno de esa clase, cuando todas tus obras son sobre amores furtivos, infidelidades entre otras cuestiones.
Sesshomaru sonrió ante el comentario de la chica, realmente no era tonta, comenzaba a agradarle.
—Así que has leído mis libros, eso te hace una de mis fanáticas.
—No me llamaría una fanática, de hecho prefiero tus libros de misterio, esos si me gustan realmente.
El chico se sintió ofendido por el comentario de la chica, pero no demostraría su molestia ni mucho menos su verdadero ser.
—Bueno al menos estas al corriente de mis trabajos eso debe ayudar.
—Supones bien, pero no del todo, antes que nada debes acudir a mi consultorio, para que te haga diferentes exámenes psicológicos, primero debo saber de ti y de los que sientes.
—Créeme soy todo un reto—dijo Sesshomaru con un sonrisa.
—De acuerdo puedo con ello—respondió Kagome con un brillo especial en sus ojos, el cual no paso desapercibido para el hombre.
La cena transcurrió tranquilamente y sin ningún otro percance, la mayoría de la conversación fue entre Rin y Sesshomaru, Kagome solo se limitó a escuchar y a observar cómo se relacionaban ambos, se dio cuenta de que tenían algo especial, tal vez eran amantes o simplemente eran bueno compañeros. Suspiro resignada, hasta que no realizara esos exámenes no sabría cómo realmente era aquel hombre de ojos ambarino y cabellera platina, la cual era extraña pero que hacía verlo muy enigmático.
—Bueno fue una cena bastante interesante—confeso Rin en la puerta del restaurante.
—Concuerdo contigo—dijo Kagome mientras se colocaba su abrigo negro.
— ¿Quieres que te lleve Rin? —dijo Sesshomaru hacia la chica de ojos negros.
—No gracias traje mi auto, entonces pasado mañana a las 8:00 am en tu consultorio—dijo mirando a Kagome.
—Así es, sean puntuales por favor.
Rin le dio un abrazo a la joven, mientras que Sesshomaru ni la voltio a ver, realmente no le interesaba despedirse de él, después de todo aun creí que era un petulante. El valet parking trajo primero el coche de Rin, la cual se subió rápidamente y se despidió de ambos con una enorme sonrisa. Kagome esperaba que trajeran rápido su coche, era incomodo estar al lado de ese hombre, el cual permanecía callado.
—Me adelantare, nos vemos pasado mañana señor Taisho—dijo la chica mientras salía corriendo de ahí.
Sesshomaru la miro irse, su cabello se agitaba de un lado a otro mientras ella corría, de nuevo escapaba, de él, de su silencio de su falta de tacto hacia las personas. Jamás se había encontrado en esa situación, se sorprendió cuando la chica comenzaba hablar acerca de su trabajo, mencionando infinidad de autores, exámenes, test, entre otras cosas; realmente había conocido dos facetas de ella, la primera en el parque y la de hace unos minutos, realmente era una mujer muy compleja y casi podía sentir celos la persona que fuera su pareja, porque estaba seguro que tenía novio, una mujer como ella no puede carecer de pretendientes. Su auto fue aparcado cuando la silueta de Kagome Higurashi desapareció en la noche, esos cinco meses serían muy interesantes, pensó, sin duda alguna tenia fe en aquella frágil mujer. Tal vez ella era la clave para buscar su inspiración.
Continuara…
¿Qué tal? ¿Les ha gustado? Agradecería mucho sus opiniones y comentarios; espero que este capítulo haya sido de su agrado, nos estamos escribiendo.
Atte: ina-chan :]
