Hola aquí de nuevo actualizando este FF, muchas gracias por sus comentarios eso alimenta mis ganas de seguir escribiendo, sin más aquí les dejo el capítulos, disfrútenlo. :]
Advertencia: AU Occ
Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen si no a su creadora Rumiko Takahashi.
"Corazones de Tinta"
Capítulo 3
— Así que la chica que te rechazo en el parque es tu nueva terapeuta—dijo Inuyasha mientras se reía a carcajadas.
Sesshomaru bebió de un solo golpe el vaso de cerveza que hace apenas unos minutos le habían traído.
—Tranquilo hermano, no bebas tan rápido—menciono Inuyasha mientras tomaba un sorbo de su vaso.
—Esa mujer…
No pudo terminar la frase ya que recordó lo que había pasado esa mañana, lo que ella le había dicho al término de su sesión.
—Una vez que analice los exámenes, buscare un método eficaz para sensibilizarte—le dijo la chica mientras realizaba anotaciones en su cuaderno.
—No necesito sensibilizarme—le había dicho con dureza.
—Eso dicen todos lo que vienen, que no necesitan ayuda, y al decirme eso es cuando más lo necesitan—menciono la chica dejando a un lado su cuaderno para concentrarse en él.
—Cuando comienzas hablar de ese modo no logro entenderte—dijo resignado.
—Con el tiempo lo harás, no seas pesimista — había dicho ella con una gran sonrisa.
—Realmente quiero escribir ese libro.
—Tranquilo lo lograras, es solo que reconozcan que tienes una barrera que impide que tus verdaderos sentimientos salgan a la luz.
— ¿Qué clase de barrera?
—Hasta ahora solo puedo deducir, que el abandono de tu padre te ha hecho madurar a rápidamente, de igual forma el cuidado de tu hermano y tu madre demostró que a tu corta edad fuiste muy responsable—menciono la chica concentrándose en sus anotaciones— Lo que tuvo como resultado que tus sentimientos no se desarrollaran adecuadamente, es decir corriste antes de aprender a caminar.
—Eso no es difícil de saber, hasta yo lo sé.
—Eso es lo que me preocupa, que lo sepas y que no hagas nada por cambiarlo.
—A mis 28 años es difícil cambiar unas cuantas cosas.
—Lo entiendo, pero para estoy yo, para que realices esas adecuaciones en tu vida.
—El cambio es difícil.
—Pero no imposible—menciono la chica mientras se ponía de pie—Nos vemos mañana a la misma hora, no te retrases.
—De acuerdo—dijo él mientras se ponía de pie.
Esa mujer era buena en lo que hacía, sus palabras era las adecuadas y las más acertadas, pero no podía permitir que todos esos sentimientos afloraran, ya que acabaría como su madre, amando a los demás antes que ella misma. Su madre era el claro ejemplo, ella adoraba a su padre, lo idolatraba y todo lo que hiciera, fuera bueno o malo, ella lo apoyaba. No quería ser como ella, amar ciegamente, porque el amor era ciego, algo que te ata a los demás y con el tiempo se vuelve tan indispensable como el aire que respiras.
— ¿Qué ibas a decir? —pregunto Inuyasha sacando de sus pensamientos a su hermano.
—Es una muy buena terapeuta—dijo sin pensar.
—Valla así que es muy buena, bueno hermano tal vez ella si lo puedo solucionar todo.
—Tal vez no todo, pero lo intentara.
— ¿Pondrás de tu parte?
—Tengo que hacerlo.
—Hay hermano cuando entenderás que si quieres hacer algo no tienes que estar obligado a hacerlo, tienes que desearlo.
—Deja de hablar y bebe tu cerveza.
—Bien, por cierto hablo mama por la mañana.
— ¿Qué dijo?
—Nuestro padre ha regresado a casa—dijo Inuyasha bajando la mirada—al parecer la mujer con la que anda está embarazada.
Sesshomaru se quedó en silencio, podía imaginar cómo estaba su madre en estos momentos.
—Él le ha pedido a la mujer que aborte, pero ella no ha querido.
—Lo utilizo ¿No es así?
—Sí, madre se lo dijo muchas veces, pero él estaba segado por la belleza y juventud de esa mujer.
—Eso le pasa por idiota—menciono mientras ordenaba otro vaso.
—Deberás que el amor te hace cometer locuras.
—El amor no te deja pensar claramente y nuestros padres son el claro ejemplo.
—Tienes razón, desde que recuerdo ellos se la han pasado peleando, mamá lloraba todos los días, aún más cuando papá no llegaba a dormir—dijo dolorosamente—aunque ella te diga que no es necesario que vayas, tienes que ir a verla, en estos momentos debe estar llorando amargamente.
—Eso mismo estaba pensando, pero no creo que quiera verme, después de todo yo le dije en un principio que ese hombre la engañaba, desde eso me ha odiado.
—Claro que no, es solo que no se puede personar por estar con un hombre como papa y más un que uno de sus hijos haya visto a su padre con otra mujer.
—Que lo deje entonces.
—Eso será muy difícil, sabes cómo es papá, odia los escándalos y un divorcio seria su perdición.
—El amor que se tenían se acabó, aquél lazo que los unía se rompió, no hay forma de repararlo, lo mejor es que se separen de un buena vez.
Ambos hermanos resignados siguieron tomando, Sesshomaru agradecía tener a un hermano, que a pesar que le sacaba canas verdes, de su comportamiento infantil, entre otros defectos, era el único que lo apoyaba, el único que estaba siempre que el necesito y ahora que estaba atravesando un momento bastante importante en su carrera profesional agradecía su presencia, claro jamás se lo diría, pero las palabras estaban de más.
— ¡Dejemos de hablar de la situación sentimental de nuestros padres, divirtámonos! —dijo con entusiasmo Inuyasha mientras brindaba con su hermano.
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Kagome se encontraba almorzando con Sango en un pequeño restaurant que se encontraba cerca de su consultorio.
—Por eso no iré mañana Kagome.
—Entiendo Sango, no te puedo impedir que salgas con tu novio.
— ¡Ya te dije que no es mi novio! —dijo la chica sonrojada.
—Soy tu amiga, reconozco cuando alguien te gusta.
—Me conocer tan bien Kagome, pero no aun no es mi novio, espero que en la fiesta me lo pida.
—Ya verás que sí y si no lo hace es un tonto.
Ambas chicas rieron atrayendo las miradas de la gente, a las chicas pareció no importarles por lo que siguieron con su conversación.
—Pasando a otra cosa, sí que es guapo el nuevo paciente—dijo Sango emocionada—Si no tuviera a Miroku créeme ahora estaría conquistando al famoso escritor.
—No es tan guapo además está prohibido tener alguna relación con los pacientes Sango—dijo a regañadientes Kagome.
—Vamos Kagome, hace ya más de un año que no tienes un novio, debes de hacerle caso a Koga.
—Ni que tuviera 40 años, aun soy joven Sango además el tema de koga ya está aclarado.
—Ya lo creo, pobre, me llamo llorando, es un poco dramático.
—Lo es, pero en fin es un buen chico.
—Eso nadie se lo quita, también tiene un trabajo estable y es muy guapo, espero que encuentre a una chica que lo ame.
—Estoy segura que lo hará.
—Pues una lástima que Sesshomaru Taisho sea tu paciente, ustedes dos harían una buena pareja.
—Sango de casualidad no golpeaste la cabeza, ni aunque fuera el último hombre en la tierra me fijaría en él, es un engreído, frívolo y sarcástico.
—Pero su belleza y su voz varonil lo compensa amiga, además hace cuanto que no tienes una aventura romántica, como lo que dicen sus libros.
Kagome se quedó de mil colores por el comentario de Sango, la cual la miraba divertida.
—Si no mal recuerdo ha escrito una novela de esa trama, donde un doctor se enamora perdidamente de su paciente, una frágil mujer que tiene un pasado perturbador.
—No se enamoró Sango, más bien la deseaba, solo eso—dijo corrigiendo a su amiga— además de que al final la chica murió en la operación y él se buscó a otra inocente chica con la cual jugar.
—Bueno como sea, pero no te gustaría practicar con él todas las posiciones que menciona el libro.
— ¡Claro que no Sango!
—Vale, solo fue una broma.
Kagome casi se atragantaba cuando Sango dijo aquello, últimamente había leído ese libro, Sesshomaru Taisho tenía una habilidad innata para la escritura, así como los desenlaces más inesperados , aunque siempre le pareció que los finales carecían de sentimiento. Ahora lo comprendía todo, la falta de tacto, el querer aparentar algo que no era, eso era, él nunca había amado, no de verdad. Carecía de amor paternal y eso un niño representa numerosas incapacidades para encontrar a una pareja, con la cual comparta algo más que solo sexo, si no que le entregue su corazón, su alma.
—Me voy ya—dijo Kagome poniéndose de pie y dejando dinero en la mesa—que te diviertas esta noche Sango.
— ¿Pero a dónde vas?
—Gracias a ti he descubierto algo, nos vemos—dijo corriendo hacia la salida.
Lo tenía, gracias a la conversación que tuvo con Sango pudo darse cuenta de las debilidades de Sesshomaru, lo primero que haría sería hacerle ver que el amor, no solo es hacia una pareja, puede ser hacia un objeto o algún familiar, no exactamente hacia una mujer. Él tenía que aprender a comunicar lo que sentía, sin guardarlo expresarlo para no alojarlo en su corazón y causar resentimiento o cierto temor hacia el amor.
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— Así que te cortaste el cabello.
Koga, quien se encontraba en la cafetería de la clínica donde trabajaba como enfermero, miro con mucha sorpresa a la chica que estaba de pie frente a él.
—Kagome ¡Que milagro verte por aquí! —dijo el chico abrazándola efusivamente.
—No me has vuelto hablar desde ese día, temía por tu vida—dijo la chica con una sonrisa mientras se separaba del abrazo.
—No seas engreída Kagome, que no te queda para nada—menciono el chico mientras le daba un pequeño golpe en la cabeza.
—Lo siento, debí llamarte—dijo la chica seria.
—No te preocupes, he estado muy ocupado—dijo el chico mirando a su alrededor.
—Lo sé, Sango me contó hoy en la hora de la comida.
—Hablando de ella, me ha invitado a ir a la dichosa fiesta de Halloween.
—Pero si ya son las nueve de la noche—dijo mirando su reloj.
—Es a las 12, ¡vamos! salgo en media hora—dijo mientras tomaba su mano y la entrelazaba con la de él.
—Mañana tengo consulta Koga, no puedo desvelarme—menciono la chica mientras jugaba con la mano del chico.
— ¿Hace cuánto que no sales de fiesta?
Kagome se quedó muda ante el comentario de su amigo, hacía ya bastante tiempo que no salía o que no se arreglaba para una fiesta, es decir para impresionar a los chicos y ganarse el odio de las mujeres que asistían. Pero más que eso, simplemente no le gustaba, era enemiga de las fiestas, mucho más los desvelos que implicaban ir a una fiesta, prefería leer un buen libro, mirar la televisión o incluso hablar por horas con sus amigo; pero ir a una fiesta, eso jamás, odiaba esos ambientes y más cuando eran personas totalmente ajenas a ella.
—Sabes que odio ir a esas cosas, además de que no bebo—dijo ella apretando la mano del chico.
—Pues cuando vivíamos en Japón, bien que bebías—dijo mientras le devolvía el apretón a la azabache.
—Eso fue hace más de 6 años koga, además era Sake—dijo justificándose.
—Lo sé, qué tiempos aquellos.
—No soy más esa jovencita de 20 años—dijo ella desasiendo el agarre de Koga —mejor ve y conoce a alguien.
—Pero si tú dijiste la otra vez que es lo peor que puedo hacer, conocer a chicas en fiestas.
—Lo sé, pero no soy tu madre para decirte que hacer—dijo riendo—puedes o no tomar mi consejo.
—Lo que te dije ese día era broma—Dijo de repente el chico.
Kagome suspiro, de nuevo con el mismo tema; sabía que era insistente pero no sabía cuánto.
—Koga—dijo ella mientras sujetaba su rostro con ambas manos.
—No me rendiré contigo—dijo el acariciando sus manos.
—Eres mi mejor amigo—dijo con una sonrisa —y yo tu mejor amiga, te diría que no te rindieras, pero si la chica a la que intentas enamorar soy yo, entonces te pido que recapacites.
—No quiero Kagome, este sentimiento que tengo por ti, esa sonrisa que se dibuja en mi rostro cada vez que te veo, no es un error, el amor que siento por ti no es un error.
—El amor no es error Koga, el amor es lo que es, amor.
—Por eso, vamos Kagome dame una oportunidad—dijo sujetando el rostro de la chica—solo una oportunidad.
Kagome bajo la vista, no quería hacerle daño, él había hecho muchas cosas por ella, le había brindado su apoyo incondicional, había sido su paño de lágrimas y el único hombre que le enseño que ella era una maravillosa mujer. Por todo eso, sentía un compromiso hacia él.
—Lo pensare Koga, pero no te ilusiones mucho.
Koga le dio un pequeño beso en los labios a Kagome, la chica ni se inmuto; no había sido su primer beso ni el último, pero sabía que en el fondo solo estaba alimentando una fantasía, que solo era eso, una fantasía.
— ¡Bien me voy!—dijo Kagome separándose de él—diviértete y no bebas en exceso.
—Claro.
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Kagome nunca se había sentido tan sola como se sentía ahora, apenas llego a su casa tiro sus cosas en el sillón y se metió en la cama, cubrió su rostro con las mullidas almohadas. Tenía el mismo sentimiento de aquel día, el día en que sus padres murieron, cuando por primera vez se sintió sola en el mundo. Aquel día llovió, lo recordaba bien, tanto que pareciera que fue ayer, cuando ya habían transcurrido 10 años desde eso. Ellos lo eran todo para ella, los amaba enormemente, estaba orgulloso de ellos, del amor que su padre le profesaba a su madre día a día.
Ese día, desde que amaneció tuvo un mal presentimiento, supo que algo malo pasaría. Se arrepentiría de todo ese mismo día; ya que esa fecha era el cumpleaños de su amiga, habían acordado ir después de la escuela a su casa, de igual manera invitaron a los chicos, entre ellos estaba Koga, quien apenas y conocía. Durante la reunión se encontraba intranquila y por primera vez le mintió a sus padres, diciéndoles que se encontraba en la biblioteca estudiando.
El ambiente de la fiesta cambio abruptamente, su amiga había sado unas cuantas botellas de Sake, las cuales según ella, su padre guardaba. Solo contaba con 16 años, todos teníamos esa edad, como cualquiera quería experimentar, quería probar el Sake, quería madurar. Nadie en esa fiesta había bebido antes, cada copa, cada trago se volvía adictivo y con ello llego el mareo, las náuseas, la embriagues;
Los chicos que fueron los que aguantaron más se fueron ya que no querían tener problemas con los padres de la festejada, quedándose únicamente las chica; Kagome apago inmediatamente su celular, en su mente comenzaba a formular la segunda mentira que les diría a su padre, se quedaría en la casa de su amiga, dormiría ahí y al día siguiente llegaría a su casa como si nada hubiera pasado.
La noche había sido larga, por suerte el padre de su amiga estaba de viaje, las idas constantes al baños la dejaron exhausta, los malestares no le dejaban dormir y su mal presentimiento de igual manera. Al día siguiente, más tranquila y lucida prendió su celular dispuesta a hablarles a sus padres, sabía que la regañarían, pero con el tiempo la perdonarían, para su desgracia el celular estaba descargado. Se despidió de su amiga y salió rumbo a su casa, al llegar no encontró a nadie y eso le pareció extraño. Corrió al cuarto de sus padres y su cama estaba intacta, haciéndole saber que ellos no habían dormida ahí. Inmediatamente corrió a su cuarto y puso a cargar su celular, espero unos minutos y llamo a sus padres, pero nadie contesto, su mente comenzaba a formular diferentes teorías y cada una de ellas era más catastróficas que la anterior.
El día le pareció eterno, hasta que su celular sonó, espero que fueran sus padres, pero por el contrario era su tío, escucha atentamente lo que su tía le decía, donde tenía que ir, como tenía que ir, no le dijo nada más y en media hora ya estaba el en la puerta vestido de negro. Al verlo supo que su presentimiento no fue en vano, las lágrimas salieron por sí misma, sin previo aviso. Sus padres habían muerto en un accidente automovilístico mientras conducían por la autopista buscándola desesperadamente. Nunca se había sentido tan culpable como ese día, esa mañana de primavera arruinada por la lluvia y por la gran pérdida de sus padres, rompieron el alma de la chica.
Esos recuerdos vienen a su mente constantemente, aquella culpa de la cual no está exonerada aun, debajo del montón de almohadas comenzó a llorar, en silencio en la penumbra de su casa vacía.
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Sesshomaru tiro a su hermano en la cama, ya ahí le quito los zapatos y lo abrigo bien, sus mejillas estaban rojas, debido a tanta cerveza que había tomado. Antes de irse apago la luz de la habitación y cerro detrás de él. Inuyasha era todo un caso, no recordaba el número de cervezas que había tomado, pero fueron bastantes. La conversación giro entorno a sus padres y a su desgastado matrimonio, de igual manera Inuyasha revelo los planes que tenía para su futuro, donde figura un intercambio académico, la búsqueda de una buena mujer y la formación de una familia.
Rio al recordar a su hermano hablar de todo ello, tan feliz tan embriagado de alcohol, el simplemente escuchaba y observaba, el hablo todo el día; desde pequeño fue muy platicador, jamás se le gastaban los chistes, o las anécdotas, siempre tenía que decir algo. Lo admiraba en secreto, pues el desearía ser como el, demostrar lo que siente, dar sin esperar nada a cambio; Sabía muy bien que no podía cambiar, que los esfuerzos por años no habían tenido efecto, también estaba el hecho de que sus padres se la pasaban discutiendo día y noche, en cualquier momento que consideraban oportunidad y siempre frente a ellos.
Amaba a su madre, pero detestaba su debilidad, era tan bondadosa y benevolente, amaba ciegamente a su padre, ese amor la lleva a enfermarse, a no dormir, a no comer. Con el tiempo el odio a su padre creció enormemente, las llegadas tardes, los gritos, los jarrones destrozados, las marcas y moretones en el cuerpo de su madre alimentaron ese sentimiento. El solo pudo cuidar a su hermano, decirle que todo estaría bien, que era cosa de adultos; con el tiempo y mientras Inuyasha fue creciendo sus mentiras ya no surtían el mismo efecto en su hermanito, el comenzaba a darse cuenta que lo que su padre hacia estaba mal.
Hubo un tiempo en que su padre los dejo, su madre lloro por una semana, durante la segunda semana lo asimilo poco a poco, y con los meses siguientes la aceptación llego, esos fueron los 2 años que más disfruto, donde su amor por la lectura y la escritura surgieron. Comenzó con pequeños poemas, luego siguió con pequeñas narraciones y por ultimo novelas más complejas; su madre estaba orgullosa y los poemas que él le leía a su madre antes de dormir, siempre le dejaban una sonrisa y un buen seño. Pero todo eso cambio cuando su padre volvió, su madre se había rendido ante él, perdonando el abandono y sus infidelidades. Fue cuando decidí irme, Inuyasha estaba ya más grande, el sabría cómo sobrellevarlo y velar por la seguridad de su madre. Las cosas materiales que su padre le daba, las fue vendiendo y el dinero lo fue ahorrando, cuando tuvo la suficiente cantidad, se fue de su casa. Ni los llantos de su madre, ni las miradas frías de su padre los detuvieron.
Aquellos recuerdos lo llevaron a mirar el calendario, los días pasaban y el aun no tenía nada pensado, no tenía una trama ni mucho menos alguna idea.
—Soy un caso perdido—dijo mientras apartaba su vista del calendario.
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Su mirada ambarina miraba hacia la frágil figura de aquella mujer, él se encontraba recostada en un sofá, mientras que ella realizaba anotaciones en una libreta; ella estaba sentada a un lado suyo, serena, tranquila.
— ¿Ocurre algo con mi rostro? —pregunto de repente Kagome.
— ¿De qué hablas?
—Desde hace cinco minutos estas mirando mi rostro, por eso pregunto si tengo algo.
—No tienes nada, es solo que pude darme cuenta de que estas muy seria.
—Estoy concentrada y cuando se hace normalmente se está serio—dijo Kagome mirando a Sesshomaru.
—Entiendo—dijo mirando hacia otro lado que no sea ella.
Kagome noto que él estaba algo extraño, estaba más callado de lo normal, parecía ausente.
— ¿Ya se te ocurrió un tema? —pregunto Kagome para romper ese silencio.
—Nada aun, parece que cuando pienso en un tema no se me ocurre nada.
—Tu mente está bloqueada, de seguro piensas en otros temas menos en el que debes de pensar.
—Tan certera como siempre—dijo Sesshomaru mirando al techo—esto del amor no es lo mío.
— ¿Has tenido novia?
—Sí, bastantes.
Kagome pudo imaginarse el número de chicas que estaban detrás de él, entre ellas figuraba una en particular.
—Pero solo una fue especial—hizo una pausa—Rin.
Lo supo desde el día que tuvieron la cena, la mirada del chico cambiaba con la presencia de Rin, podía ver cierto brillo.
— ¿Cuánto tiempo salieron?
—Dos años.
—Bastante tiempo, no preguntare por qué, pero quisiera que me describieras cuales fueron tus sentimientos hacia ella, lo que sentías cuando estabas con ella.
Él lo pensó por unos segundos, de pronto sintió las suaves manos de la chica cerrando sus ojos, el permaneció recostado y con los ojos cerrados, podía escuchar la respiración de la chica.
—Sentía que al fin encontré la felicidad, me sentía realizado como hombre, sentía ternura.
Kagome se sorprendió enormemente al oír todo eso, no podía imaginar a ese hombre sonriendo y amando a una persona, su semblante era sereno, duro e incluso carente de emociones, Imaginárselo haciendo lo contrario era muy difícil.
— ¿Qué sientes ahora por ella? —pregunto Kagome.
—Amistad, ya que puedo hablar con ella sin miedo a que me juzguen y ella muchas veces me dice mis verdades.
—Bien para terminar la sesión, ¿Qué crees que es el amor?
Hubo un silencio muy largo, de pronto Sesshomaru abrió sus ojos sorprendiendo a Kagome enormemente.
—El amor no debió existir, es algo ambiguo, te ciega y te obliga a ser algo que no eres.
—Entonces tu visión del amor es que obliga a cambiar a las personas.
—Así es, cuando en las novelas te lo pintan como un lazo que une a dos personas, donde comparten algo más que su cuerpo, su alma, convirtiéndose en una sola.
—Muy interesante punto de vista.
Kagome cerró su cuaderno y se puso de pie, Sesshomaru supo que la sesión había terminado, así que se sentó en el sofá.
—Si tienes remedio.
Sesshomaru miro a Kagome atentamente, esa mujer tenía el don de decir palabras acertadas.
—Solo tengo que ampliar tu visión acerca del amor, hacer que transformes tu pensamiento.
—Eso es cambiar.
—Yo nunca dije cambiar, dije transformar.
Sesshomaru miro como la mujer camina hacia su escritorio, reviso unos cajones y saco de ellos un pequeño libro.
—Este libro te ayudara mucho—dijo colocandolo en el escritorio.
El chico miro el libro y al instante miro a la chica con una cara de pocos amigos.
— ¡Es un diccionario! —dijo furioso.
—Lo sé—dijo la chica tranquila y sosteniendo la mirada de él —tu tarea para el fin de semana es leer todo este diccionario, aprenderte cuando menos 50 palabras, las que más te gusten.
— ¿Para qué me servirá esto?
—Tres pasos: memorización, síntesis y amplificación—menciono Kagome con una sonrisa—créeme te ayudara y el lunes lo comprobaras.
Sesshomaru tomo el libro y lo examino minuciosamente, era como cualquier diccionario, no había nada extraño.
—Bien, lo haré—dijo al fin.
—Nos vemos entonces—dijo ella caminando hacia la puerta.
El chico camino detrás de ella, la puerta se abrió dejando ver parte de la sala de espera, había dos ancianos y una madre con su hijo. Kagome saludos a los 4 pacientes con una sonrisa. Sesshomaru se colocó su abrigo mientras veía de reojo como la chica se acercaba al niño y hablaba con él. Al salir dio una última mirada hacia la azabache, sin duda alguna había llorado, lo supo desde el momento en que entro a su oficina. Sus ojos estaban hinchados y no tenían brillo alguno, algo le sucedió y por una extraña razón estaba ansioso por saber que era.
Continuara…
¿Qué les pareció este capítulo? Espero sus comentarios, ya que de ellos aprendo mucho, también sugerencias y teorías.
Me despido de ustedes, su amiga Ina-chan :]
